domingo, 1 de marzo de 2026

Moreno Bonilla y Morante de la Puebla


El pasado sábado 28 de febrero, el presidente de la Junta impuso la medalla de Andalucía al torero Morante de la Puebla. Se trata de ese tipo de asuntos que no se pueden trivializar porque, aunque parezcan menores, poseen gran calado político. Estoy de acuerdo con quienes lo consideran una aberración institucional, un guiño explícito a una actividad incompatible con los valores contemporáneos de bienestar animal”. A estas alturas, distinguir a un torero con una de las máximas condecoraciones autonómicas no puede ser considerado un homenaje a la cultura regional, por mucho que se empeñen. Es una ofensa a la sensibilidad de buena parte de la ciudadanía.


Por otra parte, las afinidades del torero Morante con Vox y la relación personal de este con Santiago Abascal, acreditada por infinidad de fotos de los dos personajes juntos y felices, permiten deducir que Moreno Bonilla, aunque se esfuerce por trabajarse una imagen de perfil moderado en el seno del Partido Popular, también le pone ojitos a la ultraderecha cada vez que lo ve rentable. Escrúpulos, ¿eso que es? Conviene no olvidar nunca que llegó a presidente andaluz gracias a los votos de Vox. El andaluz fue el primer parlamento autonómico en el que entraron los fascistas (12 diputados en las elecciones diciembre de 2018) y cuando las matemáticas los hicieron imprescindibles para la investidura, Juanma no tuvo inconveniente en contar con ellos y cortejar sin pudor a su cabeza de lista, el inefable y controvertido juez Serrano, porque sin su apoyo no hubiera podido ser investido.


Necesitaba sus 12 votos porque el PP solo había conseguido 26 escaños. Los 21 de un Ciudadanos entregado a su causa no eran suficientes para llegar a la mayoría absoluta de 55 y Moreno no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad de echar al PSOE del gobierno andaluz después de casi cuatro décadas de hegemonía socialista. Así que no se lo pensó dos veces. 


Insisto: aunque va de "suavón" y buena gente, las políticas de Moreno Bonilla son derecha pura y dura, entre otras cosas porque recorta y restringe derechos sociales y favorece sin reticencias el negocio privado frente al servicio público. Veamos algún ejemplo: el gasto en Sanidad por habitante (1883 euros anuales) está muy por debajo de los 2300-2440 de Asturias, País Vasco o Extremadura. En los últimos años han aumentado estrepitosamente las listas de espera para especialistas y cirugía, esto según datos oficiales del propio Servicio Andaluz de Salud. Sindicatos médicos y plataformas ciudadanas han denunciado un déficit estructural de personal, el cierre intermitente de camas y un aumento de los conciertos con la sanidad privada. Para aliviar demoras, dicen, pero ellos saben que eso acaba consolidando el trasvase progresivo de lo público a lo privado. En pleno escándalo de los cribados de cáncer de mama, se ha continuado recortando en personal hospitalario.


En Educación, el destrozo es aún más evidente. Desde que gobierna Moreno Bonilla, se han cerrado 2.758 aulas públicas en Infantil y Primaria, 360 solo para el curso 2025-2026. ¿La excusa? Baja natalidad. ¿La realidad? Trasvase masivo a la concertada. Más de 1.100 millones extras a la privada concertada desde 2018, un 3,5 por ciento más en 2025. 


En cuanto a la dependencia, la Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM) lo llama "el gran fraude". La Junta solo le dedica poco más de uno por ciento del PIB andaluz frente al 7 de sanidad o 4,8 de educación. Es la segunda comunidad en tiempos de espera, 512 días, 332 por encima del límite legal . En 2025, 6.784 personas murieron esperando su turno. CCOO lo califica de "tragedia silenciosa" porque se trata de derechos anulados en la práctica. Eso sin hablar de cómo se favorece el crecimiento de residencias privadas. 


En paralelo, el gobierno andaluz ha impulsado rebajas fiscales, sobre todo en el tramo autonómico del IRPF y en impuestos patrimoniales, con el argumento de atraer inversión y dinamizar la economía. Rebajas que, en la práctica, lo que hace es reducir el margen para políticas redistributivas en una comunidad cuyas tasas de pobreza y desempleo están por encima de la media nacional. 


En cuanto al nivel de intromisión y de manipulación en Canal Sur, la televisión pública andaluza, se acaban los calificativos. Buena parte de la plantilla lleva años denunciando que es imposible aplicar criterios profesionales en su trabajo. Los que intentan ser honestos suelen acabar callados por miedo a represalias, o intentando colar verdades en piezas pequeñas. Frustrados y quemados, han decidido hacer pública su protesta cada martes. 


En resumen, que lo de la moderación de Moreno Bonilla es un cuento chino. Sus políticas (como la presión fiscal directa, un mayor protagonismo del sector privado y contención del gasto social) son las mismas que las del resto de presidentes autonómicos del PP, pero lo disimula algo mejor. Aunque a veces se le vean las costuras otorgando reconocimiento institucional a personajes como Morante de la Puebla.


J.T.



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