La mañana en que Núñez Feijóo afirmó que tenemos ganas de que Juan Carlos de Borbón vuelva a España y pueda vivir aquí tranquilamente perdió una vez más la excelente oportunidad de permanecer callado. ¿Qué significa “tranquilamente”, señor Feijóo? ¿Qué significa “tenemos ganas”, a quienes incluye en ese plural? Ni para hacer la pelota sirve, porque si lo que quería era echar una mano a la monarquía acabó echándosela al cuello, como quedó claro cuando la Casa Real se vio obligada a salir al paso para recordar públicamente que el emérito puede volver, claro que sí, pero que lo primero que tiene que hacer en ese caso es fijar su residencia fiscal en España.
En su línea de distorsionar mensajes y utilizar sistemáticamente la mentira como instrumento de trabajo, aquí se le fue la mano de nuevo al todavía líder del PP porque, al intentar desviar la atención, acabó centrando el foco en el perfil de delincuente del huido de Abu Dhabi. Juan Carlos, señor Feijóo, se refugió en Emiratos tras descubrirse el pastel de sus tejemanejes económicos, asunto este que comprometía seriamente a su hijo, y no lo decidió por hacerle un favor (parece claro que el anciano rey no tiene ninguna conciencia de culpa) sino como consecuencia de los desencuentros que estaban teniendo lugar entre padre e hijo.
Tan escasa conciencia de culpa tiene que, cuando le preguntaron si dará explicaciones, respondió con aquel exabrupto, ¿explicaciones de qué? que todos recordamos. Quiere vivir en la Zarzuela y hacerlo “tranquilamente” como sugiere Feijóo, algo a lo que su hijo no está dispuesto y ha de ser este, mire usted por dónde, quien matice lo de la “tranquilidad”. Igual la razón oculta es que, dado que su libro está despertando mucho menos interés del deseado, quiere hacer una gira para promocionarlo.
La ocurrencia de Feijóo, por otra parte, igual no fue tal ocurrencia sino una maniobra orquestada si tenemos en cuenta, por ejemplo, que su propuesta se hacía al tiempo que los principales diarios del país apostaron ese día en sus primeras páginas, tras la desclasificación de los papeles del 23F, por resaltar que fue el rey quien paró el golpe. En este blog ya dejamos constancia el jueves de esa vergonzosa unanimidad, cuyo objetivo parecía ser dejar claro que el rey emérito está limpio de polvo y paja y que nunca supo nada de las conspiraciones que llevaron a la sublevación militar. Nadie se lo cree, pero todos juegan a lo mismo. Que el líder de la oposición rematara la faena pidiendo esa misma mañana el regreso del monarca podía no ser pues una ocurrencia aislada.
Nunca nos vamos a creer que Juan Carlos no estaba enterado de lo que se estaba cociendo entre los golpistas. Eso por una parte y por otra, ¿de verdad hay que recordarle a los muñidores de este blanqueo que el emérito no se encuentra en Abu Dabhi por su papel en el 23F? Si no hay tal relación causa-efecto, ¿a qué viene esta salida en tromba para reclamar su regreso?
J.T.

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