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miércoles, 7 de octubre de 2015

¡Sacad vuestras manos de los medios públicos!

Conozco muy pocos casos de jefes que, tras ocho años de gestión, el día en que dejan el cargo sus subordinados le dediquen un largo y prolongado aplauso de despedida.

Uno de esos extraños casos es el de Fran Llorente, director de los Servicios Informativos de TVE durante la época de Zapatero. Aquel día de junio de 2012 en que abandonó su sillón en Torrespaña, Llorente hizo mutis por el foro y se retiró a desconocidos cuarteles... hasta este martes cuando, en la sección que Mariola Cubells tiene en "La Ventana" de Francino, escucho la siguiente reflexión por parte del invitado del día:

"Si cuando los políticos hablan de regeneración lo hacen en serio, solo será verdad si sacan sus manos de los medios públicos".

Era él, era Fran Llorente, cuarenta meses después resumiendo en veintidós palabras una idea que muchos no solo compartimos, sino que nos esforzamos en propagar lo máximo posible. Parece mentira que cueste tantísimo trabajo inocular en la mente de quienes se dedican a la política que la esencia de la información es trabajar para las personas a quienes ésta va dirigida y no para quienes están en el poder.

La información atraviesa momentos de grave crisis por muchos factores (económicos, tecnológicos, laborales...) pero entre ellos está la cobardía de una buena parte de los profesionales que jamás se cuestionan escribir para el común de los mortales, que solo piensan en sus jefes y en sus amos cuando se ponen delante del ordenador. Olvidan que su único patrimonio es su firma y que, si defraudan al lector o al espectador, están dilapidando el único capital que tienen, y más en los tiempos que corren.

"Hay dos premisas a mi juicio imprescindibles para que la cosa funcione: -les decía Llorente a Cubells y Francino- La primera, que los periodistas nos esforcemos en conectar con la sociedad y ganemos su confianza. Y en segundo lugar, que el ciudadano exija una información decente".

El comportamiento de los políticos con los medios de comunicación en general es una verdadera vergüenza, pero con los públicos es ya de juzgado de guardia. Por eso, cuando un periodista de un medio público se pliega a los intereses del poder, la cosa acaba como el rosario de la aurora (Canal Nou, Telemadrid, Tve...)

Si el periodismo no es molesto con el poder, no es periodismo. El periodismo es la garantía del ciudadano de que el político lo tendrá difícil si pretende actuar con impunidad. El lenguaje del periodista ha de ser el de la gente de la calle, no el de los cenáculos, ni el de los comités federales o las comisiones ejecutivas, ni siquiera el del parlamento o el senado.

Yo no sé dónde ha estado metido Fran Llorente estos años (dijo en la Ser que continuaba en Tve) pero se agradece mucho volver a escucharlo. Saber que alguien que nos ayudó a reconciliarnos con el periodismo sigue estando en la brecha, y nos vuelve  a recordar que otra manera de hacer información pública fue posible.

Creo que este país necesita muchos "Fran Llorentes" que devuelvan la dignidad a la información. Cuarenta meses de mezquindad han devastado lo que fue una Tve que, como el resto de los medios públicos, están pidiendo a voces una regeneración moral, un drástico cambio que nos devuelva la fe en la importancia de contar historias con competencia profesional y con decencia. Basta con eso.

El cambio en este país pasa sin duda por el vuelco político. Pero el vuelto político no será completo ni creíble si no se produce un contundente viraje en la manera de entender la información en general. Y en particular, la manera de gestionar los medios públicos. Basta con que consigamos recuperar el carácter de servicio público que nunca debieron perder. Políticos de todo color y condición: sacad vuestras manos de los medios públicos. Y echadle valor de una vez para crear las condiciones legales que impidan a quien esté en el poder, sea quien sea, ceder a la tentación de volver a meterlas.

J.T.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Esa "huérfana" llamada Manuela Carmena

14424912075378Ocurrió el pasado jueves. Manuela Carmena hacía balance de los cien primeros días al frente de la alcaldía de Madrid y disparó:
“Casi todos los grupos políticos tradicionales tienen medios de comunicación que los apoyan. Nosotros hemos llegado huérfanos y nos hemos dado cuenta de que el lenguaje de la verdad puede convertirse en el lenguaje del desprestigio”.
La frase tiene su miga y, aunque antes de comentarla he preferido esperar un par de días para digerirla, he de admitir que se me ha indigestado. Tu quoque, alcaldesa? ¿Tú también -le hablo a usted de tú porque es como prefiere que se le trate- piensas que la solución al vergonzoso discurrir de la mayor parte de los medios de comunicación en España es controlarlos? ¿De verdad crees, admirada Carmena, que frente a los infames e injuriosos ataques que habéis recibido por parte de los esbirros que el poder tiene en los periódicos, radios y televisiones, la solución es ponerse a su altura y contar con medios afines?
No me puedo creer que, desde tu probada y comprobada altura intelectual y política, respetada alcaldesa, desconozcas que reclamar la existencia de medios afines para trasladar tus mensajes se llama propaganda y no periodismo.
No me puedo creer que tus lamentos ante el injusto tratamiento del que habéis sido objeto tú y parte de tu equipo desde el minuto uno en que tomasteis posesión se traduzcan en sentimiento de orfandad porque eso significaría que has caído en la trampa de la derecha depredadora y desprejuiciada. Los medios que te han atacado y la manera en que lo han hecho son cualquier cosa menos periodismo. No se puede entrar en su juego y echar de menos medios que hagan lo contrario. A menos que, como te decía, busques contar con medios de propaganda y no de información. El periodismo es otra cosa, Manuela, y yo sé que tú lo sabes. El periodismo es independencia, servicio al lector, a quien hay que respetar propiciando que sea él quien extraiga conclusiones de la información que le ofrecemos.
En España hemos caído muy bajo a la hora de gestionar los medios de comunicación. No es culpa de la crisis, porque llevamos casi cuarenta años arrastrando un malentendido lamentable: hay periodistas que reclaman su cuota de mérito en que la transición saliera bien y ahí empezamos a fastidiarlo todo.
Los dueños de los medios privados contrataron a periodistas amigos de políticos y comenzó una polarización que cada vez ha ido a más, sobre todo desde que las deudas se comieron el poco aire fresco que quedaba en algunos de ellos, y todos acabaron albergando a bancos y fondos de inversión en los sillones de sus consejos de administración. En cuanto a los medios públicos, la desfachatez con que manipularon Tve desde los primeros ochenta definió el estilo de gestión que practicaron todas las radios y televisiones públicas -autonómicas y locales- a medida que fueron naciendo.
La torticera utilización de TV3%  (como la llama Gregorio Morán) estos días de campaña electoral en Catalunya es la demostración más palpable de hasta qué punto se puede perder el decoro, el pudor y la vergüenza.
Quiero imagino, Manuela, que cuando te quejas de “orfandad”, no estás echando de menos un medio como la radiotelevisión pública catalana. Imagino que cuando lamentas no tener “padrinos mediáticos” no estarás queriendo insinuar que aspiras a que te bailen el agua como los medios privados catalanes han hecho, durante tantos años, con los inquilinos del ayuntamiento barcelonés y con la Generalitat a cambio de sustanciosas subvenciones.
Estoy seguro que no quieres decir eso, admirada Manuela. Estoy seguro que tienes claro que la libertad de expresión es patrimonio irrenunciable de toda sociedad democrática y que lo que estás haciendo es denunciar las prácticas infames de algunos periódicos para que dejen de mentir y recuerden de una vez para qué nacieron.
El lenguaje de la verdad nunca puede convertirse en el lenguaje del desprestigio, como tú dijiste el viernes. Discrepo, porque el lenguaje de la verdad, si en realidad lo es, acaba finalmente imponiéndose: el tiempo se encarga de poner las cosas en su sitio como tú, que has sido víctima de tantas injusticias a lo largo de tu vida, sabes bien. De hecho ya está ocurriendo también con los cañones que apuntaban al ayuntamiento desde que llegasteis. Ya se van serenando, ya van entendiendo que el camino de mantener una postura crítica no puede ser la infamia ni la injuria permanentes. Es verdad que estamos huérfanos, todos, no solo tú, de una prensa más decente, de una asociación de la prensa más honesta que denuncie tanta tropelía como silencia y no pierda el norte emprendiéndola contra vuestra web municipal. Es verdad que muchos periodistas llevan muchos años mangoneando donde y como no deben, e intentando usurpar las funciones de quienes gobernáis gracias a los votos.
Pero los votos no dan derecho a promover medios propagandísticos ni sumisos, sino independientes y críticos. Los votos no dan derecho a los políticos a cabrearse con las informaciones que no les gustan ni a decirle a los periodistas de lo que tienen que hablar o no.
Que la prensa española, en este momento, produzca auténtica vergüenza leerla no dota a ningún político de autoridad moral para querer meter sus narices en ella. Que haya muchos que lo hagan porque existen presuntos periodistas que lo permiten no puede acabar sugiriendo a políticos honestos como tú que la solución pasa por continuar con el mismo juego.
Llevo mucho tiempo diciendo que el periodismo en este país, como la política, necesita un auténtico reseteo. Esa es una de las razones por las que hemos apostado por proyectos políticos como el que tú encabezas. Para resetearlo todo, no para echar de menos medios afines ni para que os proclaméis huérfanos. A los profesionales del periodismo nos preocupa mucho la falta de prestigio internacional de nuestros medios. No sé si eso es orfandad, pero desde luego es una vergüenza. ¿Por qué no nos ayudas a solucionar este problema en lugar de preconizar la existencia de medios donde tú y los tuyos podáis decirle a los profesionales que trabajen en ellos lo que queréis que cuenten y lo que no? Ese no es, ni puede ser jamás, el camino de una opción de cambio y frescura como la que representáis quienes nos hicisteis felices el día en que tomasteis posesión del gobierno del ayuntamiento de Madrid.

domingo, 8 de marzo de 2015

En TVE solo quieren adhesiones inquebrantables

A mi compañero Alejandro Torrús, encargado en Público de la información sobre televisión, se le amontona el trabajo solo con el interminable culebrón que se vive en TVE. Nunca el ente público llegó a caer tan bajo como lo está haciendo ahora ni jamás la vileza de sus gestores pudo llegar a mayor altura.

No contentos con los vergonzosos ejercicios de manipulación diaria, insatisfechos con los resultados de la pertinaz caza de brujas que han practicado los últimos tres años, temerosos con que la entrada por la puerta trasera de once contratados para articular en informativos una redacción paralela no surta el efecto deseado, los comisarios políticos que han destrozado TVE han decidido subir más aún el listón de sus fechorías. Buscan ahora la adhesión inquebrantable a la causa pepera de todos aquellos que trabajan para los informativos, la peor humillación que puede sufrir un profesional del periodismo.

Uno a uno, los escasos vestigios que aún quedaban en pie de le época anterior, la que más prestigio le proporcionó a TVE en toda su historia, han ido desapareciendo o han caído literalmente destrozados. Ni rescoldos quedan ya de aquella televisión apreciada por la audiencia, premiada y reconocida internacionalmente de la que pudimos disfrutar hasta comienzos de 2012.

No haya piedad para quien se empeñe en hacer una pieza sobre Gürtel y colocarla arriba en la escaleta, aunque la noticia sea que el juez instructor del caso ha decidido abrir juicio oral a cuarenta presuntos delincuentes. Unas colas al final del informativo y vas que te matas. ¡Ay de quien se atreva a no abrir un telediario con informaciones a la mayor gloria del gobierno del pp y su excelente gestión!

Aprended del ABC y copiad párrafos textuales de sus informaciones, que no pasa nada; ofreced como noticia –y si hace falta, en plan copia y pega- los comunicados que nos mandan desde Moncloa; aprended de las tertulias y dejad de protestar , que ahí sí que saben hacer las cosas. Pudiendo contar con excelentes periodistas del ABC, la Cope, La Razón, Telemadrid… ¿para qué queremos otros? ¿Pluralidad? Sí, pero “nuestra pluralidad”, que ya está bien de infiltrados. ¿Al Consejo de Informativos? ¡Ni agua! Y el tal Fran Llorente (director de informativos hasta la victoria del PP) ¿cómo es posible que no se aburra y resista el tío sin marcharse de la empresa a pesar de las putadas que le hacemos?

Hacednos caso, porque todos los que nos ayuden a retorcer la información serán generosamente recompensados. Obedeciéndonos y abandonando la resistencia os irá mejor a todos y lo sabéis. ¿Miedo a lo que pase después de las elecciones? Que nadie tema por su puesto de trabajo, porque vamos a continuar gobernando cuatro años más y sabremos recompensar bien los servicios prestados. ¿Por qué tenemos que andar cogiéndonosla con papel de fumar? ¿No os dais cuenta que no nos podemos permitir que esto se nos vaya de las manos? Aprended del eficaz Sergio Martín en su ejemplar espacio “24 horas”. Así os queremos a todos, malandrines. A ver si entendéis de una puñetera vez que TVE es un objetivo estratégico para el PP.

¿Televisión pública? ¿Acaso no es para todos los públicos? Si los rojos no la quieren ver, que no la vean, pero los nuestros tienen que estar contentos con lo que les contamos. Nuestra clientela tiene que ver y escuchar las cosas que le gustan, tenemos que reforzarlos para que el día de las elecciones salgan todos a la calle blandiendo sus papeletas como quien, espada en mano, se dirige al campo de batalla.

Queridos tertulianos del ABC y demás medios afines, continuad con vuestra excelente labor, que lo estáis bordando. Querida redacción paralela de informativos, que no os amedrenten esos cuatro incautos que todavía no han entendido que vamos a hacer con TVE lo que nos salga de las narices. Sea todo perpetrado a mayor gloria del PP. Ya sabéis: los dóciles seréis premiados; los díscolos ya podéis iros preparando porque, nunca mejor dicho, os quedan tres telediarios.

J.T.

lunes, 7 de julio de 2014

Los términos "regulación" o "control" no deben usarse ni en broma


Si me pongo a ello seguro que encuentro mil razones, pero voy a tratar aquí de exponer solo diez. Diez argumentos por los que, a mi juicio nunca, bajo ningún concepto, los términos "regulación" o "control" deben relacionarse ni en broma con el ejercicio de la libertad de información.

1. La información no es como el algodón, el trigo o la leche.

2. Cuando nos referimos a información, nunca -y cuando digo nunca, quiero decir NUNCA- deben emplearse los términos regulación ni control. Esa película jamás acaba bien, por muy buenas intenciones que tengan los guionistas. Como periodista no quiero que nadie me proteja para tener libertad. No hay protección sin precio.

3. Si el precio de la libertad es que existan los oligopolios, habrá que inventar fórmulas para contrapesar su influencia. Y hasta ahí. Ese es el límite.

4. Regular y controlar la información no es estar con la gente, no es sentido común, no es aplicar la declaración de Derechos Humanos. Se vista como se vista.

5. ¿Que los medios de comunicación están en manos de la manida "casta"? Creemos otros, abramos el abanico, motivemos y propiciemos iniciativas que contrarresten y cuestionen esa hegemonía, creemos las condiciones para que, los profesionales de la información que trabajan para los medios, sepan que no van a perder su puesto de trabajo por desarrollar su tarea con rigor y profesionalidad ni por mucho que sus reportajes puedan incomodar a quienes les pagan.

6. Las libertades que tenemos son imperfectas, incompletas, escasas... Pero ni una sola medida, con la coartada de favorecer una mayor libertad en el desarrollo de la labor periodística, puede ni debe tomarse en nombre de esa imperfección ni de esa escasez. ¿Que los del oligopolio propician una programación impresentable? ¿que fabrican televisión basura? ¿que son unos fachas? Mala suerte. Una putada, pero es el precio ¿que eso tendría que cambiar? De acuerdo, pero lo tiene que cambiar "la gente", no el poder.

7. ¿Cómo era aquello? "No estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida porque jamás dejara de tener la oportunidad de decir lo que dice por mucho que me disguste". Pues eso.

8. Lo de controlar y regular es como estar embarazada. Cuando se controla y se regula, se controla y se regula. Que nadie me venga con aquello de la puntita nada más, que no cuela.

9. El funcionamiento de las televisiones públicas es la mejor prueba de que el control es directamente pornográfico. Canal Sur mantiene listas negras, Canal Nou murió de indignidad, Telemadrid y tve son una verdadera vergüenza, no hay tele autonómica que se salve... Que alguien me diga dónde pone el  límite de la censura, el control y la manipulación cuando deja un medio en manos de un comisario político. Porque para regular, aunque sea con el argumento de defender la libertad de los currantes, tendrá que haber alguien que lo gestione. Y ese comisario, sí, comisario, que me diga su jefe político qué criterios va a seguir para nombrarlo. ¿Independencia? ¡Amos, anda! 

10. ¿Que el 80 por ciento de los medios está en manos de dos oligopolios? Pues nos jodemos y buscamos la manera de abrir otros caminos. Es lo que hay. Mediante un debate amplio y riguroso, habrá que inventar algo, por supuesto, pero ese algo no puede estar basado en el control ni en la regulación. Fuera esas dos palabras, por favor. Ya.

Llevo cuarenta días ponderando la bocanada de aire fresco que para este país ha significado la aparición de Podemos en el escenario, pero mantengo aquí y ahora que insinuar cualquier tipo de control de los medios es pegarse directamente un tiro en el pie. Ha sido el primero, por mucho que Pascual Serrano o Antonio Orejudo jaleen la iniciativa. Estoy en la línea de lo que han escrito Ramón Lobo o Enric González. Como digo, espero que más pronto que tarde se plantee un debate amplio y profundo sobre todo esto. Hagámoslo cuanto antes, no dejemos pasar ni un solo día  más manteniendo en la ambigüedad un asunto tan sumamente grave.

J.T.

domingo, 27 de abril de 2014

Por qué los periódicos se nos caen de las manos


La vida real es mucho más interesante que las películas. Las cosas que nos pasan a diario suelen esconder historias de bandera, historias de primera página que, por lo general, los periodistas de los medios tradicionales ni las huelen: ni las olemos. O nos las comemos con patatas.

La mayoría de los medios de comunicación parecen más interesados en competir con las novelas y con el cine que en rescatar la única e insustituible esencia del oficio periodístico, que es ir a un sitio, ser testigo de lo que ocurre, hablar con cuantos más protagonistas del asunto, mejor… y acto seguido, contarlo antes y mejor que nadie. ¿A que parece que está tirado? Pues nada: en la mayoría de los medios tradicionales ni se va a los sitios donde pasan las cosas, mucho menos se buscan historias propias; ni se habla con protagonistas, ni tampoco se tiene ninguna prisa en contarlo cuanto antes. ¿Mejor que nadie? Pero si muchos se limitan a cortar y pegar, sin detenerse siquiera a revisarlo por si existe alguna falta de ortografía… Un desastre. 

¿Por qué sucede esto? Hay quien lo achaca a la convulsión que ha supuesto internet, pero mucho antes de la aparición de la Red, los periódicos ya habían renunciado a su verdadero cometido. Hace muchos decenios que la colonización publicitaria convirtió en imposible indagar en las tripas de aquellas instituciones o empresas que financian la supervivencia de los medios. A los políticos, claro, se los llevaban los demonios porque mientras a ellos los medios los ponían a parir, a las empresas anunciantes nadie les metía mano. Hasta que alcaldes, ministros y presidentes de la diputación descubrieron que las subvenciones eran mano de santo: subvención al papel, ayuda a las cuotas de la seguridad social, subvención por difusión, contratación de propaganda y publicidad institucional… 

El tiempo ha ido pasando y la conjunción astral ha sido tal que la libertad de información, sobre todo en los grandes conglomerados de medios, se ha convertido en una verdadera quimera. Entre la crisis global, la revolución digital, la agonía del papel impreso, la diversificación de la oferta, el adelgazamiento de las plantillas, el teletrabajo y las megadeudas, cada vez parece que es más difícil contarle a la gente lo que le ocurre a la gente. Acabamos contando auténticos cuentos chinos: yo, banquero dueño de un medio, te cuento lo que me interesa contarte y me la trae al pairo que te lo creas o no. Lo que realmente me importa es mantenerte al margen de mis manejos, conchabeos y corruptelas varias. 

Sobre el futuro del periodismo se sabe muy poco. Existe la certeza de que las cosas dejarán muy pronto de ser como son. Pero nadie sabe cómo serán. Los grandes periódicos pierden los lectores, las televisiones la audiencia y los periodistas el trabajo. Y para sobrevivir, mientras las cosas se aclaran, las empresas periodísticas, unas más entrampadas que otras, se han entregado atadas de pies y manos a los bancos y a los patrocinadores. Ya apenas existen los editores vocacionales como Antonio Asensio, Jesús de Polanco o Juan Tomás de Salas, por ejemplo. Ahora la propiedad de buena parte de los medios está en manos de bancos, fondos de inversión, multinacionales… Vocacionales estos de la cuenta de resultados y punto. ¿Qué para eso hay que hacerle la pelota hasta la saciedad al gobierno de turno? Se le hace. Que todo el problema sea ese. 

Con este panorama, ¿qué margen le queda al periodista profesional para desempeñar su oficio honestamente? En los últimos meses, los tres periódicos más importantes de España han cambiado de director. Los anteriores no le gustaban a Soraya Sáenz de Santamaría, espada flamígera de Rajoy en materia de medios de comunicación. A Pedrojota Ramírez no le perdonaron que aireara en “El Mundo”, el periódico que dirigió durante casi veinticinco años, los mensajes que el presidente del gobierno intercambiaba con Bárcenas, el corrupto tesorero del pp, y en los que le instaba a ser paciente y le aseguraba que “estaba haciendo lo que podía”. 

En Moncloa decretaron la sentencia del siempre controvertido director y la empresa editora de “El Mundo” no dudó en servir su cabeza en bandeja de plata para que el gobierno levantara pedal, se apiadara de ellos y decretara el final de la asfixia financiera. En “El País”, tres cuartos de lo mismo: con más de tres mil millones de deuda, los dueños han sabido entender, perfectamente también, la voluntad de Soraya: colocar un director de fiar que les permitiera dormir tranquilos y tener cubierto ese flanco a conveniencia de los intereses gubernamentales y del partido que los sustenta. En “La Vanguardia” su propietario, el conde de Godó, fue en su momento convenientemente llamado al orden porque tenía un director, Josep Antich, demasiado alineado con las tesis independentistas catalanas. Moraleja: fuera Antich y dentro Màrius Carol, probado hombre de bien que durante años se dedicó a la información institucional y mantiene excelentes relaciones hasta con Zarzuela. 

Así es como funciona la cosa. Esto es lo que hay. Verifíquenlo ustedes mismos. Abran su periódico favorito (local, regional, nacional, da igual) por cualquier página y comprueben cómo se parece cada día más a los boletines institucionales o a los catálogos comerciales. Son cada vez más turiferarios del poder y menos servicio público, menos contadores de historias, menos denunciadores de injusticias, más propicios a los ajustes de cuentas… El propietario de una cadena andaluza de periódicos suele proclamar sin reparos que él no quiere tristezas en portada, ni inmigrantes, ni desahuciados, ni pobres, ni descamisados ni gente con problemas. Esos no compran periódicos, suele decir. A mí ponedme noticias de empresas y de empresarios en primera, que esos son lo que nos compran. ¿Se trata de una excepción? Ni mucho menos. Ese es el comportamiento habitual, que unos reconocen en voz alta y otros no. 

Por eso los periódicos se caen de las manos. Por eso cada vez se acerca menos gente al quiosco a comprarlos ni siquiera para envolver el pescado del día siguiente. Porque no contienen historias, porque dentro no se le cuenta a la gente las cosas que le pasan a la gente, sino solo aquellos asuntos que el poder y el dinero no tienen inconveniente en que salgan a la luz. O peor aún, tienen mucho interés en que aparezcan, en cuyo caso, como se sabe, no estamos hablando de periodismo ni de información, sino de propaganda o de publicidad. Las cifras de difusión de los periódicos de papel van cuesta abajo y sin frenos y los que queremos continuar dedicándonos a contar historias intentamos como locos descubrir cuanto antes por dónde demonios irá el periodismo en el futuro. Mientras tanto, vamos pedaleando como podemos para evitar caernos de la bicicleta.

J.T.

(Publicado en "Público" y, bastante más ampliado, en el número uno del periódico "De-Cerca", de El Ejido (Almería) dirigido por José Antonio Gutiérrez)

jueves, 30 de enero de 2014

Soraya, la mano que mece la cuna

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
Nunca le perdonó que llevara a primera página aquella insinuante foto enseñando pantorrilla que ella se había dejado hacer para el suplemento. No tanto la foto, para la que al fin y al cabo ella había posado, como la transgresión de un pacto. Las fotos eran para el suplemento y no para la portada, pero él no estuvo dispuesto a desaprovechar aquella excelente ocasión de vender periódicos. Profesional del incumplimiento de palabra, traidor porque como el escorpión cuando clavó su aguijón a la ranita en medio del río, es su carácter y no sabe evitarlo, él tampoco pudo imaginar que, entre las miles de putadas que llevaba perpetradas en su vida, la que le iba a buscar la ruina iba a ser aquella foto sexy de una portavoz parlamentaria de treinta y siete años.

Fue en enero de 2009 y desde entonces ha llovido tela. "Ser mujer y joven es una combinación explosiva", decía ella en la entrevista que acompañaba a la foto. Y tan explosiva. No lo sabía él bien.Tres años después, instalada ya en la vicepresidencia del gobierno, empezó a tejer la madeja de un poder que ejerce de manera tan discreta como implacable. Engañados, muy engañados están, los que piensan que es Rajoy quien se encuentra detrás de la estrepitosa defenestración del inefable Pedro José. Rajoy es lo que parece, un funcionario mediocre, sumiso y dubitativo. Soraya no. Soraya es sinuosa, escurridiza, hábil para escaparse de los incendios y tajante, rotunda en sus determinaciones.

¿Alguien se ha preguntado a qué tanta prisa con la ley anti escraches, promovida poco después de que ella fuera objeto de una protesta a las puertas de su confortable casa en el madrileño barrio de la Fuente del Berro? ¿Por qué se dejaron sin emitir muchas imágenes de esa protesta? ¿Alguien duda de la docilidad de Antena3?¿Por qué en Cuatro y en la Sexta cada vez se atan más los machos? Mucha caña a Montoro, a Gallardón, a Guindos, a Báñez... Pero a Soraya prácticamente ni la nombran, salvo por sus comparecencias los viernes tras el Consejo de Ministros. Lleva dos años escapándose viva y ¡es la vicepresidenta de este desastroso gobierno! 

Los programas de humor radiofónicos celebran los tics de Mariano y se recrean en ellos con ingeniosa crueldad. No dejan ni un ministro a salvo de sus burlas, escarnios y ridiculizaciones... Excepto a Soraya. En la antología de frases para enmarcar con las que lo ministros marianos nos regalan los oídos desde hace dos años apenas podemos encontrar alguna de Soraya.

Todos quemándose vivos y ella tan fresca. Como una rosa. Parece como si no estuviera, como "si estuviera de oyente", que diría un ilustre antecesor suyo. Pero no. No nos engañemos: Soraya Sáenz de Santamaría y Antón es la mano que mece la cuna. En Televisión Española lo saben bien. Poquito a poquito ha ido haciendo de esa casa un reflejo de su estilo de gobernar: poco ruido, que nada perturbe, nada de estridencias, ni una piedra en el estanque: aguas calmosas, tranquilidad para contrarrestar la excitación y el cabreo que producen las decisiones de un gobierno cuyo recorte más escandaloso es el recorte que le están asestando a la democracia misma.

Ese es su estilo. Parece que se acerca con un suave cojín de plumas, pero hay un martillo dentro. Soraya no acaricia, golpea. Tras sus buenos modales anida una concepción autoritaria del poder que no admite ni medios libres, ni jueces libres, ni nada que escape a su control en el ejecutivo o en el parlamento. Ella es la que dosifica los palos y las zanahorias. Y la que reparte las golosinas tras verificar a conciencia si te has portado bien. "El País", niño bueno donde los haya últimamente, ahí tiene su premio en forma de préstamos renovados para que no acabe en el infierno. De  "La Razón" y el "ABC", esos dos vergonzosos panfletos, no hace falta ni que hablemos. "La Vanguardia" hace un mes que se ha deshecho de un director díscolo llamado Antich que osaba funcionar, qué descaro, como portavoz de la Generalitat.  

Y ahora Pedrojota. No nos engañemos. Rajoy no es capaz de tumbar a ese mastodonte. Pero a su favor tenemos que decir que sí es capaz de rodearse de alguien como Soraya para que lo haga. Más de quinientos millones de pérdidas en 2012. Más de trescientos en 2011. ¿No te ha dado pena, Soraya, mujer? ¿Por qué no le has echado una mano. Ya sabes: publicidad institucional, unas llamaditas telefónicas a según qué banqueros... Si lo has hecho con Cebrián, ¿qué trabajo te costaba? Pues parece que le costaba. Porque lo que ni en sus mejores sueños hubieran imaginado Felipe, Aznar, Barrionuevo, Mario Conde o Baltasar Garzón lo ha ejecutado una mujer que gestiona con eficacia las ventajas de pasar desapercibida y que nunca perdonó que unas fotos suyas aparecieran, sin su permiso, en la portada de un periódico cuyo director ha sabido este jueves en sus propias carnes cómo se las gasta "la mano que mece la cuna".

J.T.