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domingo, 5 de marzo de 2017

¿Hay que prohibir el infame autobús color butano?

Toda prohibición suele provocar el efecto contrario al que se busca, porque denota impotencia para combatir la monstruosidad desde sus raíces. Por mucha autoridad moral con la que se cuente para hacerlo, prohibir es prohibir, y eso iguala a los demócratas con los intolerantes.

Cuando apuesta por la prohibición, el tolerante pierde la partida frente a los intolerantes. La libertad de expresión es incómoda en ocasiones, pero ceder a la tentación de limitarla acaba siendo a la larga mucho más peligroso. Toda prohibición, por aparentemente justificada que pueda estar, genera un peligroso precedente. ¿Dónde pones los límites? ¿Hasta dónde sí y a partir de dónde no?

La prohibición dota de autoridad moral a los amantes de todo tipo de prohibiciones y les proporciona impagables coartadas para cuando tienen oportunidad de hacer de las suyas. Es ponerle en bandeja a los enemigos de la libertad argumentos que legitiman su manera de ir por la vida. Es ponerse a su altura. Con prohibir ocurre como con el comer y el rascar, que todo es empezar.

Los demócratas no prohíben, convencen. Agotan todas las posibilidades a su alcance antes de recurrir a soluciones drásticas. ¿Se han agotado en el caso del autobús naranja de Hazte Oír o, sencillamente, se ha optado por el camino más fácil y rápido inmovilizando el dichoso vehículo?

¿Dónde queda aquella frase atribuida falsamente a Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo? ¿NO habíamos quedado en que el mayor desprecio es no hacer aprecio?

Yo creo que nos hemos vuelto un poco locos con este asunto y que, como ha escrito mi compañero David Torres, la prohibición de circular con su autobús color butano a estos peligrosos ultras les ha brindado una publicidad que jamás hubieran imaginado. Pagarla sí que hubieran podido, como ha documentado en Público mi compañero Danilo Albin.

En asuntos así, como en tantos otros, ayuda bastante recurrir al sentido del humor, como es el caso de Wyoming y de las inspiradas y mordaces parodias que circulan por las redes. El rechazo de la sociedad y de las instituciones democráticas tenía que ser suficiente. Y, por supuesto, la revocación de cualquier tipo de ayuda pública.

Lo único que sí creo que es de juzgado de guardia es el color butano del autobús de esta asociación declarada en su día “de utilidad pública”. Por eso, por tener tan mal gusto, por eso sí lo hubiera prohibido yo. A lo mejor el ayuntamiento de Madrid lo hizo, quién sabe.

J.T.

viernes, 24 de abril de 2015

Ese "desconocido" llamado José Manuel López

Torear en Madrid no es ninguna broma. En las Ventas, mientras haya toros, es donde se doctora uno. Y en política, en nuestro país... el máster se obtiene en Madrid. El centro de todas las conspiraciones, de todas las especulaciones, de todas las traiciones, el kilómetro cero de los navajazos y los duelos a primera sangre, una auténtica balsa de pirañas dispuestas a dejarte hecho un guiñapo apenas te despistes un segundo. Así es Madrid y en ese Madrid es donde se ha metido "a torear", como candidato a la Comunidad por Podemos José Manuel López, con su traje de ciudadano de a pie, sus templadas maneras y una cosa clara por encima de cualquier otra: esto tiene que dejar de ser así.

Madrid fue durante muchos años el campo de pruebas donde se llevaron a cabo las experiencias piloto neoliberales más descaradas, que luego aplicaría el pp en muchas autonomías más y Rajoy en el gobierno de la nación. Lo han dejado todo hecho unos zorros en la Comunidad. El uno (Gallardón) por faraón, la otra (Aguirre) por soberbia, descarada y depredadora... y los dos, como mínimo, por incompetentes, al haber estado rodeados de delincuentes, algunos en la cárcel y otros muchos empurados por (presuntos) chorizos, y no haberse dado cuenta nunca de nada, según dicen: Gürtel, Bankia, Púnica, escándalos a cual más gordo, como si sus protagonistas hubieran estado compitiendo entre ellos a ver quién se lo llevaba más calentito y conseguía además, de paso, la medalla de oro a la desfachatez y la sinvergonzonería.

Y en medio de todo esto va y se mete, con un par, ese "incauto" y hasta hace poco desconocido ciudadano de Manoteras de 49 años llamado José Manuel López Rodrigo. Y se pone a denunciar, sin levantar la voz, la injusticia, la desigualdad, la intolerancia... A promover una lucha a la que ya, en realidad, venía dedicando su vida desde mucho tiempo antes.

Dos de las cosas que más complican la convivencia entre los seres humanos son la desigualdad y la intolerancia. Parece obvio que no es de recibo que unos cuantos desaprensivos amasen millones en Suiza mientras miles de ciudadanos están perdiendo su vivienda, no pueden pagar su luz, o ni siquiera pueden comer. Esa desigualdad es directamente delictiva, y admite poco debate. La otra pared contra la que nos estrellamos sin remisión en este país, a la hora de relacionarnos los unos con los otros es la intolerancia, sobre todo la religiosa. En la práctica, no funciona el pluralismo a pesar del artículo 16 de la Constitución, lo que se traduce en abuso de poder de la religión hegemónica y desprecio fáctico por las demás confesiones, tan intolerantes las unas como las otras, dicho sea de paso.

Pues bien, a luchar tanto contra la desigualdad como contra la intolerancia ha dedicado José Manuel López la mayor parte de su vida. Ocho años al frente de la dirección de Análisis y Proyectos en Cáritas y otros tantos al frente de la Fundación Pluralismo y Convivencia, dependiente del ministerio de Justicia, lo dotan de autoridad moral más que sobrada para que nos tomemos en serio las cosas que dice.

Y José Manuel dice que hay que poner en marcha ya un plan de rescate ciudadano que siente las bases de una salida urgente de la crisis, que hay que cambiar el modelo productivo, que hay que levantar las alfombras porque Madrid ha invertido miles de millones en actuaciones que no eran necesarias y quiere saber qué ha pasado con ese dinero; que hay que tener un funcionamiento mucho más transparente del que existe en estos momentos; que hay que asegurar los bienes comunes y el bienestar, algo que no se ha producido; que no puede ser que Madrid sea un paraíso fiscal dentro del Estado español, que hay que conocer los nombres y apellidos de todos los amnistiados fiscales...

Dice José Manuel López todas estas cosas, y muchas más, y ofrece las soluciones que entiende son posibles llevar a cabo basándose en sus anteriores experiencias como gestor. Ha dedicado su vida a luchar contra la injusticia y eso es lo que le ha llevado ahora a aceptar la propuesta de Podemos para encabezar la candidatura a presidir la Comunidad de Madrid. Nada menos que Madrid.

Haber sido un desconocido hasta ahora le exige un esfuerzo añadido y lo sabe. Pero si en algún momento era la hora de los ciudadanos normales, ese momento es ahora. Y José Manuel es un ciudadano normal. A día de hoy, asegura que volverá a su casa y a sus ocupaciones de siempre apenas deje hecho en política lo que se propone hacer y cuyo resumen sería plantar batalla sin cuartel a la desigualdad y la intolerancia. Apenas te sientes en el sillón, querido José Manuel, aplicaremos la lupa sobre ti y te someteremos al tercer grado. Es lo que tienen las balsas de pirañas. No te dejaremos pasar ni una, pero lo primero es lo primero, y lo primero es echar a éstos. Vamos a ello. A torear.

J.T.