domingo, 29 de marzo de 2026

El “buen chico” que mató la Sanidad pública en Andalucía.



Como existe cierto desenfoque fuera de Andalucía a la hora de acercarnos al perfil de Juan Manuel Moreno Bonilla igual es bueno, ahora que estamos ya en precampaña electoral, refrescar algunas memorias, incluidas las de muchos andaluces que han olvidado que el actual presidente andaluz llegó al poder de chiripa, por pura carambola. Las elecciones de diciembre de 2018 las ganó la socialista Susana Díaz, pero la soberbia de esta haciendo cálculos le llevó a convocarlas por anticipado sin contar con la falta de escrúpulos de Moreno Bonilla. 


La prepotencia de Díaz, su enfrentamiento abierto con Pedro Sánchez y un fatal error de cálculo de ella y su equipo, abrieron una ventana que ni el propio Moreno podía imaginar. Este obtuvo los peores resultados del Partido Popular andaluz en su historia, un 20,75 por ciento de los votos, 26 diputados cuando la mayoría para gobernar exige sumar 55. Él mismo había sacado 33 escaños en 2015 y se tuvo que quedar en la oposición, pero tres años después vio la oportunidad y la aprovechó. No se anduvo con remilgos.. Sin los votos de Ciudadanos (21 escaños) y, sobre todo, sin el apoyo explícito de Vox (12 escaños), la investidura habría sido imposible. 


El 16 de enero de 2019, Moreno reunió 59 votos a favor frente a 50 en contra y así, por primera vez, un gobierno andaluz nacía con el oxígeno de la ultraderecha. Fue el primer parlamento español donde los fascistas consiguieron voz e influencia, conviene no olvidarlo nunca. Lo consiguieron gracias a la misma persona que no tendrá reparo en volver a repetir la jugada el próximo 17 de mayo si solo así le salen los números para continuar en la poltrona. 


Juanma fue quien abrió la veda. Es verdad que no metió a la ultraderecha en el gobierno, como algunos años después hicieron compañeros suyos en media docena de autonomías, pero él fue el primero que permitió a los fascistas enseñar su peligrosa patita desde dentro de las instituciones. Fueron solo 12 diputados, pero a fe que hicieron mucho ruido con un juez llamado Francisco Serrano como cabeza de lista, un personaje que a día de hoy está esperando ser juzgado por un presunto desvío de 2,5 millones de euros de ayudas públicas que le obligaron a abandonar el escaño en 2020 y enfrentarse a penas de prisión importantes. El juicio iba a celebrarse entre el 4 y el 26 mayo de 2026, pero mire usted por donde, ¡oh, casualidad!, ha sido aplazado y en estos momentos no está fijada la nueva fecha.


Moreno Bonilla, nacido en Barcelona y criado en Málaga, creció en las filas de Nuevas Generaciones del PP junto a un tal Santiago Abascal. Durante años perteneció al círculo de Soraya Sáenz de Santamaría, pero supo nadar y guardar la ropa para mantenerse al frente del partido en Andalucía a pesar de no ser santo de la devoción del entonces presidente Pablo Casado. Dentro de la organización muchos lo veían como un perfil gris, moderado de fachada, sin carisma suficiente para romper el techo de cristal que había impedido al PP gobernar en la comunidad durante 36 años de hegemonía socialista. Pero a la chita callando, ahí sigue y muchos de lo que no daban un duro por él hace ya tiempo que son historia.


Siete años y medio más tarde (las elecciones de 2022 las ganó por mayoría absoluta), Moreno hace tiempo que se dedica a practicar en Andalucía la misma política neoliberal que Isabel Díaz Ayuso en Madrid, Carlos Mazón en Valencia, Jorge Azcón en Aragón, María Guardiola en Extremadura o Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. Recortes disfrazados de eficiencia, deriva de recursos públicos hacia lo privado y bajada de impuestos entre otras muchas lindezas. Con su sonrisa profidén permanente y un tono pausado de mosquita muerta, ha conseguido que tanto en Andalucía como al norte de Despeñaperros se le vea como un gestor moderado. Falso.


En Sanidad, el gran talón de Aquiles de su gestión, la comunidad andaluza encabeza a día de hoy las listas de espera en España. Más de 200.000 personas aguardan una intervención quirúrgica y alrededor de 850.000 una consulta con especialista. La demora media supera en muchas provincias los cinco meses. Desde Huelva hasta Almería, dos millones de ciudadanos, según denuncias de la oposición y los sindicatos, están atrapados en algún tipo de lista de espera si se incluyen pruebas diagnósticas no publicadas con transparencia desde 2019. Mientras, la Junta ha destinado más de 4.600 millones de euros a conciertos con la sanidad privada. En resumen, récord de seguros privados y un sistema público que se desangra. 


El escándalo de los cribados de cáncer de mama ha sido, quizá, el punto más doloroso. Miles de mujeres -se habló inicialmente de 2.000 afectadas, aunque las cifras oficiales han sido opacas y controvertidas- sufrieron retrasos graves en las mamografías del programa de detección precoz. Asociaciones de pacientes y familiares han denunciado casos de tumores que avanzaron por falta de seguimiento, con consecuencias fatales en algunos de ellos. Moreno Bonilla  minimizó al principio el problema, habló de “dos o tres casos” o de un uno por ciento aislado, y solo reaccionó con un plan de choque cuando la presión mediática y social le resultó insoportable. La consejera de Salud acabó dimitiendo y él prometió auditorías y “decisiones drásticas”. En esas estamos. 


No es el único desmán. La dependencia se ha convertido en “el gran fraude” de esta legislatura: tiempos de espera que superan los 500 días —muy por encima del límite legal de 180—, miles de personas han fallecido antes de recibir la prestación a la que tenían derecho (más de 6.700 solo en 2025 según algunas estimaciones) y una financiación insuficiente que condena a muchos mayores a morir en el abandono. La contratación sanitaria ha generado investigaciones judiciales por presuntos fraccionamientos de contratos y adjudicaciones a dedo que habrían desviado más de 1.500 millones a la privada sin los controles habituales. Tres altos cargos del SAS han sido imputados. Casos de corrupción en feudos locales del PP andaluz, el más flagrante en el entorno de la Diputación de Almería, salpican periódicamente al Gobierno sin que desde San Telmo se haya producido hasta ahora nigunna una reacción contundente.


Llegó prometiendo normalidad, diálogo sin cordones sanitarios y que solo estaría ocho años en el poder. Pero una vez en la poltrona, una vez metido… nada de lo prometido. Por eso conviene refrescar la memoria y recordar que Moreno Bonilla no llegó al poder por un tsunami electoral propio, sino por la suma de un mal resultado ajeno y el primer pacto infame que los populares firmaron con la derecha radical. Su gestión no ha supuesto una mejora en la eficiencia, al contrario, un aumento de las políticas que destrozan servicios públicos esenciales para enriquecer la iniciativa privada. Y en cuanto a Canal Sur, la televisión autonómica… Un escándalo, el súmmum de la manipulación, una auténtica vergüenza. 


J.T.

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