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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Sobre "Un día perfecto", la película de León de Aranoa


un dia perfecto
Un día perfecto”, la película de Fernando León de Aranoa, transcurre en la guerra de Bosnia, pero bien podría ser un relato de lo que a diario sucede en cualquier ambiente laboral o social de nuestro entorno. O político: te enamoras de una causa, te la crees, dedicas tu tiempo y tu energía a ello… y antes o después te percatas de lo difícil que resulta cambiar el rumbo de las cosas. La vida se empeña en tener su propia inercia y tú, por lo general, sueles estar a merced de los acontecimientos. Así que más vale que lo asumas cuanto antes.
La película cuenta la historia de un equipo de cooperantes en los Balcanes que intenta sacar de un pozo el cadáver de un hombre para evitar así la contaminación del agua que bebe la población de la zona. Pero la cuerda con la que cuentan para ello se rompe y hay que buscar otra. Ahí empiezan los problemas: nunca la búsqueda de una simple cuerda permitió acercarse con tanta nitidez al absurdo, complejo y desconsolador ambiente de una guerra. Todo son obstáculos y dificultades para quienes quieren ayudar. No solo se les mira con desconfianza sino que, allá por donde van, encuentran todo tipo de impedimentos para conseguir la cuerda salvadora.
Nuestra vida diaria está llena de cosas así. Necesitamos una cuerda para que la gente no se muera de sed y es esa misma gente la que nos impide conseguirla ¿Tiene sentido hacer las cosas en las que crees, cuando aquellos a los que quieres ayudar desconfían de tu buena fe? ¿Tiene sentido hacer lo que crees justo cuando la legalidad y sus administradores te lo impiden hasta el punto de ser capaces de criminalizarte por ello si te empeñas demasiado?
Como en la película de León de Aranoa, basada en “Dejarse llover”, una novela de la médico madrileña Paula Farias, todos somos cooperantes en busca de una cuerda que nadie nos quiere dar. La hostilidad, la desconfianza o el miedo lo impiden y cuando al fin damos con ella… no la podemos usar porque topamos con la legislación vigente. Vean la película y comprobarán hasta qué punto sus protagonistas se encuentran con los mismos problemas con los que la mayoría de nosotros hemos de enfrentarnos a diario. Como los personajes que encarnan Benicio del Toro y Tim Robbins en la película, más vale echar mano del cinismo y el sentido del humor si queremos sobrevivir a las contrariedades.
Solo tiene sentido ayudar si no creemos demasiado en lo que estamos haciendo. Porque si nos da por pensar que nuestro trabajo es importante, si dotamos de trascendencia aquello en lo que nos ocupamos lo más probable es que al final, cuando comprobemos los resultados, se nos acabe quedando cara de tonto. El laberinto en el que se mueve el equipo que comandan Robbins y del Toro les lleva a concluir que sí, que es importante hacer lo que tienes que hacer, pero nunca has de esperar que te reconozcan ningún mérito. Y, por supuesto, más vale que estés siempre preparado para la decepción.
La legalidad respalda muchas veces la injusticia, y si te empeñas en plantar cara apostando por el voluntarismo, lo más probable es que ese exceso de celo acabe funcionando en contra de tus intereses. Más vale, como hacen los protagonistas de “Un día perfecto”, asumir que la mayor parte de las cosas que suceden a nuestro alrededor carecen de sentido. Y si lo tienen, nada que ver con lo que se espera, se desea o se imagina.
Farias y León de Aranoa nos cuentan la historia de gentes que quieren ser útiles y dotar de sentido a su vida en laberintos tan absurdos como injustos. Nos cuentan nuestra propia historia.
J.T.

jueves, 3 de septiembre de 2015

La foto del niño sirio y su utilización en las redes

Estas líneas hablan sobre una foto que no publico en mi blog. No, no quiero publicarla. Soy periodista, sí, pero por eso mismo entiendo que hay informaciones que se pueden ilustrar sin propinar reiterados bofetones gratuitos. Para ilustrar lo que les voy a contar me basta con una foto que pertenece a la misma secuencia pero que es, a mi juicio, mucho menos agresiva. Nos muestra, como ven, a un policía turco con un niño sirio de apenas tres años en sus brazos. Lo acaba de recoger en la playa de Bodrum, donde las olas lo depositaron después de naufragar la embarcación en la que su familia, tras huir de su país, pretendía llegar a Grecia y lego a Canadá. Se ahogó antes, las olas transportaron su diminuto cadáver hasta la orilla y allí quedó quieto, boca abajo, entre la arena y la espuma. Esta vez había un fotógrafo para contarlo.

La foto pertenece a una secuencia demoledora, entre las que hay varias instantáneas que son directamente espeluznantes. Tan espeluznantes como la hipocresía y el cinismo de muchos de los que se rasgan las vestiduras comentándola en internet y reproduciéndola sin descanso una y otra vez: plano general, plano medio, plano corto del pequeño yaciendo boca abajo justo en la orilla. Eso, plano corto y... a multiplicarlo por esporas en las redes.

¿Es necesario? ¿De verdad aporta tanta información multiplicar hasta el infinito las copias de una foto tan obligatoria de hacer como discutible puede ser el uso que se haga después de ella? ¿Es imprescindible cebarse en su reproducción hasta rozar directamente la pornografía?

Soy el primero que ha defendido toda su vida, y continúo y continuaré haciéndolo, que las canalladas hay que denunciarlas siempre y que la mejor manera de hacerlo es documentándolas gráficamente. Son un altavoz sumamente eficaz, me parece básico no renunciar a esto bajo ningún concepto y entiendo pedagógico que no haya nadie que se quede sin ver fotos como las del pequeño sirio recién depositado por las olas en la playa urca de Bodrum. Pero una vez, por favor, que para que se nos quede en la retina para siempre es suficiente con una vez. No me empachéis, por favor, no me la copiéis y peguéis una y mil veces en twitter y en facebook so pretexto de denunciar el horrendo drama que están viviendo tantos refugiados en el mundo.

Vale, ya hemos visto la foto, ¿no? ya nos la hemos aprendido de memoria: el color del pantalón, el jersey y los zapatitos del pequeño, ¿verdad? Pues bien, ahora ya a dejar de darse golpes de pecho y a mover el culo para terminar cuanto antes con horrores como éste.

Defiendo la utilidad de la foto como símbolo de todas las vilezas que estamos contando estos días: los más de setenta refugiados asfixiados en una camioneta, las alambradas y los gases en fronteras como Hungría o Macedonia, la vergonzosa manera de ponerse de perfil ante el problema que están practicando tantos países, entre ellos el nuestro...

Cojamos el toro por los cuernos, pongámonos a la faena para solucionar un drama humanitario de escandalosísimo calibre, pero dejemos ya de recrearnos en la fotito de marras. Sin duda merece un premio, se pueden hacer mil análisis sobre lo que transmite la foto más explícita de la secuencia, claro que sí, pero la utilización abusiva que estamos haciendo de ella me parece, repito, directamente pornográfica.

Por eso no la publico en este post, porque entre otras razones, es sumamente fácil encontrarla y me temo que continuará siéndolo por los siglos de los siglos.

J.T.