lunes, 4 de mayo de 2026

10 momentos perturbadores en una semana infame



Uno pensaba que ya estaba curado de espanto, pero ha bastado una semana como la anterior para constatar hasta qué punto se puede estar equivocado ¡Qué regusto más amargo han dejado los diez momentos a los que aquí me voy a referir! Ha habido más, pero en este caso me voy a ceñir a diez nombres, a diez escenas que han tenido lugar en tres importantes juicios que se celebran a la vez, algún que otro acto institucional y un hostigamiento callejero del todo inaceptable. Diez impactos que dibujan un panorama de impunidad, memoria selectiva, comisionistas sin pudor y toxicidad que en los últimos días nos han dejado a muchos con cara de pasmo y una insoportable sensación de impotencia. 


1. Jordi Pujol sale indemne


Doce años hace que confesó públicamente poseer un fortuna en Andorra que jamás había declarado. Hasta el lunes pasado no compareció en la Audiencia Nacional, donde se le eximió de toda culpa porque el “pobre hombre”, de 95 años, no anda ya en condiciones de prestar declaración. El tribunal, tras un nuevo examen forense y una breve entrevista con el ex president, concluyó que su estado cognitivo no le permitía participar con plenitud en el proceso. El viejo y “honorable” patriarca abandonó la sala sin tener que declarar. Ni devolución del dinero ni asunción de responsabilidades políticas por parte de quien construyó un sistema clientelar durante los 23 años en que presidió la Generalitat de Catalunya. Y ahí andan ahora sus hijos, declarando en un juicio donde, mire usted por dónde, los medios apenas se hacen eco al tiempo que el común de los mortales no podemos evitar una indignante sensación de tomadura de pelo.


2. Soraya Sáenz de Santamaría: “No recuerdo” o “no me consta”


También vimos desfilar la semana pasada por los aledaños de la Audiencia Nacional a la otrora poderosa vicepresidenta del Gobierno en tiempos de Mariano Rajoy. Caso Kitchen, ¿eso qué es?, le faltó decir porque, en la línea de quien fuera su jefe y de su eterna adversaria María Dolores de Cospedal, al declarar siguió el guion habitual de los altos cargos del PP en este procedimiento: amnesia selectiva. “No recuerdo”, “no me consta”, “no tuve conocimiento” fueron las respuestas recurrentes.  ¿Operación parapolicial para espiar a Luis Bárcenas y robarle documentación comprometedora sobre la caja B del partido? Yo era ministra de la presidencia, no de Interior, a mí qué me cuenta. Estaba a cargo del CNI, pero dijo desconocer que se hubiera espiado al ex tesorero. Como vicepresidenta, formaba parte del núcleo duro, por lo que sus “no me consta” fueron una descarada burla y más en su caso, opositora brillante que hasta ahora siempre había alardeado de su excelente memoria. 


3. Willy, el hijo de Bárcenas 


También amnésico, vimos desfilar por la pasarela de la Audiencia Nacional a un despechugado Guillermo “Willy” Bárcenas, solista del grupo Taburete, cuyo padre había demostrado la semana anterior ser capaz de cantar mucho mejor que él al confirmar buena parte de nuestras sospechas sobre la implicación de la cúpula del PP tanto en el caso Gürtel como en el Kitchen. El hijo treintañero del ex tesorero ratificó que su padre le mencionó una grabación con Rajoy y Javier Arenas sobre el remanente de la caja B. ¿Aparecerá esta? Se admiten apuestas.


4. Víctor Aldama, el siniestro comisionista 


Otro que tal baila, menudo fichaje! Ocho horas duró la declaración de este oscuro personaje el miércoles pasado en el Tribunal Supremo, durante las que intentó pringar a todo el mundo en sus tejemanejes, Pedro Sánchez incluido, cómo no. Sin pruebas pero soltando un amplio catálogo de insidias que en esta ocasión sí, ¡oh casualidad!, suscitaron el interés de la mayoría de los medios. Se autoinculpó, pero continúa en la calle, ¿no es maravilloso?


5. Koldo García, la “sombra” de Ábalos


A un transfigurado Koldo García, larga barba, vestimenta descuidada, se le permitió un desenfado y un desahogo en su declaración ante el Supremo sobre el trasiego de sobres y el cobro de comisiones que resulta especialmente llamativa si se le compara con la severidad con que se trata a los testigos y a los abogados de la acusación en la sala de la Audiencia donde se juzga el caso Kitchen. Perturbador el desaliñado aspecto de Koldo tras los cinco meses que lleva en la cárcel y perturbador también su grosero modo de expresarse. 


6. Inspectores descifrando los alias de M. Rajoy


Como desapercibidas pasaron las declaraciones de los inspectores que testimoniaron que alias como El Asturiano, el Barbas o M. Rajoy se utilizaban para referirse al entonces presidente del gobierno ¿Han tenido algunas consecuencias estas manifestaciones, las tendrán? Suena ridículo preguntárselo, ¿verdad que sí? 

Perturba constatar que, desde el propio ministerio del Interior, cuyo titular por entonces era Jorge Fernández Díaz, se activaran mecanismos ilegales para proteger a dirigentes políticos frente a la justicia. Estas declaraciones desmontan la narrativa de que Kitchen fue una operación aislada y apuntan a un sabotaje más amplio contra las pesquisas de Gürtel.


7. El inspector jefe Morocho y las presiones a las que fue sometido


A destacar los testimonios de Manuel Morocho, inspector jefe clave en la investigación de la trama Gürtel, que volvió a declarar en el juicio de Kitchen. Denunció que la cúpula de Interior desmanteló su grupo, que sufrió vigilancias mientras investigaba y que informes importantes sobre cuentas en el exterior se quedaron sin analizar. Apuntó a una estrategia deliberada para obstaculizar la investigación que cercaba al PP. A pesar de la importancia y la gravedad de sus acusaciones, estas han pasado casi desapercibidas. 


8. Jorge Azcón y su toma de posesión tras su pacto con los fascistas


Al igual que su compañera María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón volvió a tomar posesión la semana pasada como presidente de Aragón con todo tipo de alharacas y arropado por la cúpula del PP. Lo hizo gracias a los votos de su partido y, sobre todo, gracias al apoyo de Vox, que le ha proporcionado 14 escaños decisivos para alcanzar los 39 necesarios. El pacto incluye vicepresidencia y consejerías para los de Abascal bajo el eufemismo de “prioridad nacional” y “arraigo real” para el reparto de recursos públicos. Perturba el desahogo con el que el PP presenta como “cultura de pactos” y “estabilidad” lo que no es otra cosa que entregarse a los herederos políticos del franquismo y a su discurso racista, homófobo, anti memoria democrática y negacionista de la violencia de género.


9. El hostigamiento a Begoña Gómez por parte de un alborotador ultra 


Lo del acoso a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, traspasa todos los límites. Se ha dejado crecer el monstruo y así anda ahora por la vida, cada vez más crecido y sin que, para asombro del respetable, nadie haga nada. ¿De verdad que lo del alborotador fascista de cuyo nombre no quiero acordarme no hay manera de pararlo? Ministerio del Interior, ¿hay alguien ahí? Presidencia del Congreso, ¿va a continuar acreditado semejante ser? A quienes financian las provocaciones de este desalmado, ¿se les va a seguir subvencionando con dinero público? El “democrático” Partido Popular, ¿es consciente de la dinámica que está alentando cuando respalda y no condena semejantes fechorías? 


10. Los insultos de Abascal al presidente y al ministro del Interior


¿Le compra el Partido Popular a Vox su estrategia canalla? ¿Va a acabar Feijóo llamando “mierda” al presidente del Gobierno” y “rata” al ministro del Interior como hace Abascal? ¿No ha llegado la hora de que alguien ponga pie en pared de una vez en todo esto? Perturba la normalización de un discurso que transmite desprecio institucional e impide cualquier posibilidad de acuerdo en temas de Estado. 


Resumiendo, estamos ante una dinámica infernal donde tanto la política como la justicia y el periodismo pierden credibilidad y el ciudadano anda cada vez más escéptico, más distante y más asqueado. Los políticos hacen política, o eso dicen, para mejorar nuestras vidas; los jueces imparten justicia, o eso dicen, para garantizar derechos e impedir abusos. Los periodistas están para contar lo que ven y oyen de la manera más honesta posible permitiendo así al lector o al espectador reflexionar y extraer sus propias conclusiones sin manipulación ni mentiras. Discúlpenme si recordarles estas cosas puede parecerles un chiste.  



J.T.

domingo, 3 de mayo de 2026

"La Desbandá" de Málaga a Almería y el "Gernika" de Picasso


¿Y si ‘Gernika’ no fuera Gernika? Con este título escribe Teresa Sesé este domingo un artículo en La Vanguardia donde se contempla la hipótesis de que La Desbandá de Málaga a Almería debía estar en la mente de Pablo Picasso cuando este creó el mural que le encargó la República para el pabellón de España en la Exposición Internacional de París. Lo explica Sesé de la siguiente manera:


El encargo se produce en enero de 1937. La Desbandá comienza poco después, el 8 de febrero y el bombardeo de Gernika tuvo lugar dos meses largos más tarde, exactamente el 26 de abril. En principio, el artista no tiene “ni la más remota idea”, escribe Sesé, de qué hacer con el encargo del Gobierno español, donde se pensó que tener a Picasso en cuerpo y alma, supondría un impacto mayor que una batalla ganada en el frente a los fascistas. 


En la crónica de La Vanguardia se nos recuerda también que la historiadora Josefina Alix, autora de una monografía titulada Guernica. Una guía informativa, ya planteó en 1993 la posibilidad de que el artista pudo haberse visto influido por las imágenes de La Desbandá que por aquel entonces llegaron hasta París. Recordemos que el nombre con el que hoy día se conoce a la huida de la población malagueña tras la caída de la ciudad en manos de las tropas franquistas define el mayor éxodo humano en la historia de Europa, entre 200 y 300.000 personas. Escapaban de los rebeldes, pero se encontraron con algo peor, fueron masacrados desde el mar por los bombardeos de barcos en manos de los sublevados y desde el aire por la aviación italiana y alemana. 


En la carretera de Málaga a Almería murieron entre 4.500 y 6.500 personas, lo que convierte este episodio en uno de los más sangrientos de la guerra civil española. Picasso pudo tener conocimiento de esta tragedia a través del novelista Arthur Koestler, que la presenció, o de André Malraux, cuya escuadrilla libró allí su última batalla. No hay que olvidar tampoco que el pintor nació en Málaga, donde continuaba residiendo parte de su
familia. Hay una foto de La Desbandá, realizada por Hazen Sise, ayudante del médico canadiense Norman Bethune, donde se ve a una madre que sostiene en brazos a su hijo muerto, cuyo parecido con una de las escenas del Gernika llama poderosamente la atención. 

También se explica en el reportaje de Teresa Sesé que Eugenio Carmona, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga,y autor junto a Pablo Rodríguez del ensayo Guernica y el imaginario de Picasso, piensa que, aunque el pintor no era ajeno a lo sucedido en La Desbandá, no se puede decir que se inspirara en ella. En unas declaraciones realizadas a la periodista Elizabeth McCausland para el Springfield Republican, Picasso dijo: “En el mural en el que actualmente trabajo, y que titularé Gernika, y en todas mis obras recientes expreso claramente mi odio hacia la casta militar, que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”. Es decir, manifiesta su intención de titularlo así, pero no que el bombardeo de Gernika fuera el punto de partida.


Para Picasso era mucho más rentable, añadió McCausland, que el título del mural fuera Gernika y no La Desbandá. Con excepción del hundimiento del Titanic, el bombardeo a la ciudad vizcaína había sido el suceso con mayor cobertura mediática de la historia, y él "era muy agudo en cuestiones de marketing”. “De Gernika el Gernika solo tiene el título”, sostiene por su parte Rafael Inglada, biógrafo y jefe de publicaciones de la Casa Natal Picasso. 


J.T.

sábado, 2 de mayo de 2026

La importancia del testimonio de Manuel Morocho en el caso Kitchen



La comparecencia de Manuel Morocho en la Audiencia Nacional confirma sospechas que llevaban años flotando en el ambiente. Inspector jefe de la Policía Nacional, estaba destinado en la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), donde dirigía el grupo que investigó la financiación irregular del PP, el caso Gürtel. Lideró las pesquisas enfrentándose a presiones, sabotajes y maniobras que buscaban proteger a los altos cargos. En su declaración, realizada sin victimismos ni adornos, desveló cómo se intentó neutralizar la justicia desde dentro de las instituciones. Su testimonio es de extraordinaria relevancia, por lo que a continuación voy a intentar resumir los aspectos más importantes de lo que dijo. 


1. La Kitchen fue “una operación policial sobre Luis Bárcenas y su entorno realizada sin autorización judicial”, una investigación paralela al trabajo que tenían asignado Morocho y su equipo. Además de realizarse al margen de su unidad, esta investigación paralela, con nombres, domicilios, vehículos y personas vinculadas, se desarrolló sin control alguno por parte de Pablo Ruz, el primer juez instructor del caso.

2. Esa información no se compartió para avanzar en el caso Gürtel, sino que operaba “contra” el trabajo de los investigadores oficiales a cuyo frente estaba Morocho. Así que él y su equipo procuraron actuar con la mayor cautela para no cometer algún error que pudiera ser utilizado en su contra. 

3. Hubo presiones sistemáticas de la cadena de mando policial, nombrada o controlada tras la llegada del PP al Gobierno en 2011, para modificar los informes sobre los papeles de Bárcenas. 

4. Se le instó expresamente a que no apareciera el nombre de Mariano Rajoy. 

5. Le insistieron en que los documentos de Bárcenas fueron una idea del ex tesorero y que carecían de verosimilitud. 

6. Cuando incluyó el nombre de Ignacio López del Hierro (entonces marido de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal), recibió una llamada inmediata de su superior, Manuel Vázquez, quien le reprochó haber cometido un “grave error” y le pidió que lo subsanara. Morocho se negó. 

7. También recibió “todo tipo de objeciones” por parte de mandos como José Manuel Álvarez Luna, Gudilla, o Losada para que no apareciera ningún cargo público en los informes. 

8. Adoptó estrategias para proteger la investigación, con el respaldo del juez Ruz, que con el tiempo sería cambiado de destino, lo que impedía que pudiera continuar encargándose del caso. 

9. Se le ofrecieron destinos mejores pagados y más atractivos a sus subordinados, los inspectores que tenía a su cargo. Hubo quienes aceptaron y esto provocó que el equipo quedara “absolutamente sin capacidad investigadora”. Varios informes proyectados sobre Gürtel, incluyendo análisis de cuentas bancarias del exterior, se quedaron sin hacer por falta de personal“. 

10. Sufrió seguimientos y vigilancias mientras investigaba. “Tuve seguimientos y vigilancias para ver si mi conducta era ética o no, dijo textualmente. Si encontraban algo no ético, pues me hubiesen hecho un chantaje”. 

11. Mencionó indicios de posibles monitorizaciones en su despacho y su coche, y añadió que llegó a encontrar tornillería, taladro y matrículas oficiales. 

12.  Se le ofrecieron destinos mejor pagados a él también para intentar apartarle del caso. 


La importancia de la declaración de Manuel Morocho radica en su coherencia y detalle. Extensa y precisa, ha desbaratado numerosas coartadas y, frente a los intentos de desacreditarle o de presentar las presiones como meras discrepancias internas, su testimonio pinta un indiscutible panorama de obstrucción a la justicia. Esquivó presiones, protegió la integridad de los informes, alertó al juez y mantuvo el foco en la verdad pese al coste personal y profesional. No pudieron con su integridad. Ni los ascensos ofrecidos, ni los seguimientos, ni las órdenes directas para blanquear nombres clave como el de Rajoy o proteger a Cospedal lograron apartarle de su deber.


Dicho está. Veremos en qué queda al final.


J.T.

viernes, 1 de mayo de 2026

La nueva estatua de Banksy en Londres

El pasado miércoles, el centro de Londres amaneció con esta sorpresa. En Waterloo Place, uno de los espacios más cargados de historia monumental en la capital británica, apareció de la noche a la mañana una estatua de casi tres metros de altura. Sobre un pedestal clásico, un hombre vestido con traje camina con determinación hacia adelante, con una pierna ya fuera, a punto de dar un paso al vacío. En sus manos sostiene una gran bandera que, impulsada por el viento, le cubre completamente el rostro, cegándolo. En la base, firmada con letras sencillas, aparece una sola palabra: Banksy. 


Al día siguiente, el propio artista callejero más famoso del mundo confirmó en su cuenta de instagram que la obra era suya. Publicó un vídeo en el que puede verse cómo, en plena madrugada, un camión de plataforma baja y una grúa colocaban la escultura en su sitio sin que nadie lo impidiera. La operación, precisa y sigilosa, recuerda el estilo característico de Banksy, intervenir el espacio público de forma inesperada y desaparecer.


Waterloo Place se encuentra en pleno corazón ceremonial de Londres, cerca de Buckingham Palace, a pocos metros de estatuas dedicadas al rey Eduardo VII, a Florence Nightingale y al Memorial de la Guerra de Crimea. En este entorno de monumentos que celebran el imperio, la monarquía y el heroísmo militar, la figura anónima y cegada de Banksy resulta especialmente perturbadora para los amantes de lo políticamente correcto.


A mi entender, la obra satiriza el patriotismo ciego y es un alegato contra la epidemia fascista. El hombre de la columna, posiblemente un político o líder, avanza con paso firme envuelto en su propia bandera nacional, sin poder ver hacia dónde se dirige. La metáfora es poderosa: el nacionalismo desmedido o las ideologías radicales con la bandera como excusa pueden llevar a la sociedad directamente al precipicio. Como en muchas de sus piezas, Banksy no explica lo que quiere decir, prefiere dejar que la imagen hable por sí sola y que cada cual haga su propia interpretación.


Esta no es la primera incursión del artista en la escultura tridimensional. En 2015, durante su polémico parque temático Dismaland, ya incluyó varias instalaciones escultóricas de gran formato. Sin embargo, esta es una de las pocas veces que Banksy ha colocado una estatua de estas dimensiones en un espacio público tan visible y cargado de simbolismo oficial. Su capacidad para colar una obra de este tamaño en una de las zonas más vigiladas y turísticas de Londres ha generado admiración y perplejidad a partes iguales. ¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta durante la instalación?


La estatua, aparentemente realizada en fibra de vidrio, ha atraído desde el primer momento a centenares de personas. Algunos la ven como una crítica al Brexit y sus consecuencias, otros como un comentario más universal sobre el fanatismo político y la ceguera de los intolerantes.


Como es habitual en la obra de Banksy, la pieza tiene fecha de caducidad. Las autoridades de Westminster ya han indicado que la estatua será retirada en los próximos días, convirtiéndola en una intervención temporal más del artista. Su destino final es incierto: podría acabar en un museo, ser subastada o, simplemente, desaparecer como tantas otras obras del misterioso artista. 


Con esta acción, Banksy vuelve a demostrar por qué sigue siendo, más de dos décadas después de sus primeras pintadas en Bristol y Londres, una de las voces más incómodas y relevantes del arte contemporáneo. Por lo general los monumentos suelen glorificar el pasado, pero él prefiere cuestionar el presente. Cegado por su propia bandera, el hombre del traje nos recuerda que, a veces, las convicciones más fuertes son precisamente las que nos impiden ver el abismo.


J.T.

domingo, 26 de abril de 2026

La Retirada que nunca nos contaron


Durante esta última semana, un centenar de personas hemos celebrado la IV Marxa de La Retirada. Este año la iniciamos en Montjuic, donde en 1936 se proyectó una Olimpiada Popular que pretendía ser la alternativa ética a los Juegos de Berlín. No llegó a celebrarse porque el golpe de Estado del 18 de julio lo truncó todo. Homenajeamos, por supuesto, a Lluís Companys. La segunda etapa la realizamos siguiendo el camino de la costa hasta Mataró. Este tramo se conoce como el Camí del Nord, una ruta que miles de personas de la comarca del Maresme recorrieron en su huida de las tropas de Franco. Subimos después a Camprodón y Prats de Molló y continuamos hasta recalar en Argelès-sur-Mer. Hace 87 años, medio millón de españoles en total, catalanes en su mayoría pero también aragoneses, andaluces y castellanos, cruzaron los Pirineos huyendo del terror tras la llegada de los fascistas a Barcelona. Ha sido la IV Marxa en memoria de lo que se conoce como La Retirada. Igual que se hace en La Desbandá de Málaga a Almería, que cada febrero homenajeamos también, aquí se reclama verdad, justicia y reparación.


El tramo final de La Retirada, donde se pasa por Colliure y se termina en Portbou, es conmovedor. La tumba de Antonio Machado, símbolo del exilio intelectual y emocional, y la de Walter Benjamin, que encarna el drama europeo y la desesperación de quienes huían de los nazis, son dos casos que convergen en un mismo punto, la necesidad, y la obligación, de no olvidar. Era pleno invierno cuando el medio millón de personas que escapó hacia Francia entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1937 lo hizo caminando a pie con lo puesto, bajo la nieve y el miedo. Más de la tercera parte eran mujeres, niños y ancianos. 


Aquellas gentes desesperadas cruzaron por Le Perthus, Cerbère, Bourg-Madame o Prats de Molló y llegaron al otro lado de los Pirineos exhaustos, famélicos y humillados. Poco después descubrirían que en el país vecino les esperaba otro infierno tras la ocupación alemana. Campos de concentración de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien o Bram, playas cercadas con alambre de espino, agujeros cavados en la arena para dormir, frío, disentería y desprecio. Muchos de aquellos republicanos acabarían en los campos nazis o luchando en la Resistencia francesa. Otros, como quienes habían llegado hasta Catalunya tras sobrevivir a La Desbandá dos años antes, llevaban ya en sus carnes el aroma del exilio permanente.


Durante décadas apenas se habló ni de La Retirada ni de La Desbandá. Silencio absoluto en los colegios, en la calles entre los vecinos y también dentro de casa. En muy pocas familias se hablaba de lo que nos pasó. Tras la muerte del dictador otro pacto de silencio, el enhebrado en la Transición para “no remover heridas”, ha mantenido a varias generaciones sin conocer la razón de tanto miedo y tanto silencio. El franquismo no solo mató y exilió, sino que consiguió también borrar parte de nuestra historia ¿Cómo es posible que haya generaciones enteras que no hayan oído hablar nunca de La Retirada o de La Desbandá? ¿qué tipo de relato colectivo hemos construido para que estos episodios queden al margen?


Por eso estas marchas importan, porque son pedagogía viva, porque son la forma de contarle a las nuevas generaciones, y a las no tan nuevas, lo que nos pasó, un golpe de Estado contra un gobierno legítimo que acabó en tres años con la vida de cientos de miles de personas y al que siguió una represión sistemática que duró cuatro décadas más. Quienes decidieron huir en La Retirada o en La Desbandá eran maestros, obreros, intelectuales o campesinos que creyeron que España podía ser moderna, laica y justa. No eran en absoluto unos “rojos” desalmados, ya está bien.


Creo que caminar para homenajear a quienes fueron víctimas de aquella ignominia les dignifica. En Argelès hay un cementerio de españoles, un monolito en la playa, un memorial. Allí se depositan flores y se leen nombres, se les devuelve la dignidad que les negaron los campos de concentración franceses y el olvido español y se planta cara a la propaganda negacionista de los descendientes de aquellos criminales, muchos de ellos instigadores y cuadros hoy día de las formaciones fascistas que encanallan a diario nuestra convivencia. No, el negacionismo no ha desaparecido ni mucho menos. Continúan existiendo quienes relativizan, quienes equiparan, quienes hablan de “ambos bandos” como si el golpe de Estado fascista y la tragedia que este provocó hubiera sido un partido de fútbol. Pues no!


La memoria democrática es el suelo sobre el que hay que construir una sociedad que no quiere repetir errores, no es un capricho de la izquierda, ya está bien de mentir. La Ley de Memoria Democrática así lo reconoce, pero las leyes solas no bastan. La Retirada y La Desbandá tienen que seguir recordándose cada año hasta que la memoria de las víctimas esté reparada por completo. Queda mucho trabajo, porque las resistencias continúan siendo muchas y el compromiso político de las instituciones es débil y escaso. Al contrario de lo que muchos temen, quiero pensar que los fascistas no van a gobernar en nuestro país, que no van a ganar las próximas elecciones. Ocurra lo que ocurra, la amenaza continuará estando ahí, por eso las peleas hay que darlas con la mayor urgencia posible para que, si alguna vez llegaran a gobernar, se encuentren con todo el trabajo de reparación hecho. 


Que no quede ni una calle con el nombre de quienes asesinaron a tantos y tantos inocentes, pero que se repitan una y otra vez los nombres y apellidos de los criminales responsables de aquellas masacres para que se conozcan sus crímenes, para que no queden impunes. Que los familiares de las víctimas reciban el reconocimiento público que ellos y sus familias merecen. Que no haya nadie que cuando se le hable de La Desbandá o de La Retirada se encoja de hombros y te pregunte “¿eso qué es?” porque  los canales para divulgarlo continúen siendo pocos y escasos. Que el común de la ciudadanía adquiera verdadera conciencia de la dimensión de todo aquello y que de una manera mayoritaria se exija a las instituciones que pidan públicamente perdón. Vamos tarde, vamos muy, muy tarde.


J.T.



viernes, 24 de abril de 2026

Hierros con alma en el Pirineo

El Espai Cultural de Cal Marquès se encuentra en Camprodon, un rincón de la comarca del Ripollès, provincia de Girona, a muy pocos kilómetros de la frontera con Francia. Este centro es el testamento de una tragedia tan conocida como poco documentada. A eso, a documentarla, se dedica desde hace treinta años un hombre nacido en el entorno llamado Lluís Bassaganya.



Aún adolescente, comenzó a patearse los senderos de la Retirada, el camino que miles de republicanos recorrieron en febrero de 1939 huyendo de las tropas fascistas. El día en que los rebeldes tomaron Ripoll y Olot, cuarenta mil personas estaban aún en Camprodón, una aldea que por entonces tenía mil quinientos habitantes, conformando una fila interminable de familias que iniciaban la subida del valle buscando la salvación al otro lado del Pirineo. Entre ellos, cuatro mil heridos transportados en camillas por dos soldados republicanos cada uno.


El ejército republicano se organizó en las montañas que rodeaban Camprodón para contener las tropas rebeldes y consiguieron así que todos los refugiados evacuaran el pueblo antes de que éste fuera invadido. En aquella huida desesperante ocurrió de todo. La nieve, el frío y las escaladas interminables acabaron con las fuerzas y la vida de muchos. Cuando un herido moría, los soldados abandonaban al muerto y la camilla y se tiraban por los barrancos pistolas, herramientas y utensilios que les impidieran moverse con rapidez. Familias que llevaban kilómetros arrastrando maletas llegó un momento en que no podían más y abandonaban todo lo que llevaban (recuerdos, ropa, fotos y cartas de una vida, cubiertos, platos, vasos…) quedándose con lo mínimo imprescindible. El objetivo era cruzar la frontera cuanto antes y luego ya veríamos.


Tuvieron que pasar casi cincuenta años para que Bassaganya, un ágil e inquieto joven que había crecido en la zona, decidiera armarse de un detector de metales y recorrer rincón por rincón una zona tan olvidada como infestada de enseres que suponían un impagable testimonio de lo que había sucedido en los últimos días de la República en Catalunya.



Así es como, año tras año, ha logrado rescatar todo un "atrezo" que permite hacerse una idea de hasta donde pudo llegar el sufrimiento de todas aquellas personas. En las vitrinas de Cal Marquès, en Camprodón, un edificio del siglo XVII recuperado con mimo, aumenta el material expuesto a medida que Lluís continúa encontrando escopetas o latas de anchoas. Todo oxidado, pero recuperado. Podemos ver desde una ametralladora Maxim hasta el objeto más humilde, como un encendedor fabricado con un casquillo. 


Las instituciones que lo apoyan en este proyecto quieren que quien visite las instalaciones entienda que detrás de cada fusil oxidado hubo un hombre que en un momento dado se vio obligado a elegir entre la muerte casi segura o sobrevivir sin saber la suerte que correría en el otro lado, que como hoy sabemos fue también terrible en demasiados casos.


Para llegar hasta lo conseguido hoy, Bassaganya ha tenido que superar incomprensiones y obstáculos de todo tipo, en algunos caso serios e incluso graves. En 2015, el Estado decidió que él y la persona con la que lleva a cabo sus trabajos eran "peligrosos poseedores de armas de guerra". La Guardia Civil entró en el antiguo museo y requisó centenares de piezas. El absurdo alcanzó su cénit cuando la justicia, les condenó tras un proceso kafkiano. A penas incluso de prisión que afortunadamente no cumplieron. Consideraron armas de guerra aquellos hierros devorados por el tiempo, inutilizados por la herrumbre y la historia.


Afortunadamente, el sentido común (y el apoyo del Ayuntamiento de Camprodon) ganó la partida. Tras una profunda remodelación terminada hace apenas unos años, el nuevo Espai Cultural ha logrado integrar aquellas piezas. Hoy, Cal Marquès custodia más de mil objetos y un archivo fotográfico estremecedor que documenta el éxodo hacia Prats de Molló.



Si pueden vayan a Camprodón, como hemos hecho estos días quienes realizamos la IV Marcha en memoria de La Retirada. Suban a Cal Marquès, miren esos hierros y comprueben hasta qué punto queda trabajo por hacer e historias que dar a conocer. Aquí quienes hablan son los objetos. Son ellos los que nos recuerdan que solo existe aquello de lo que no se deja de hablar. 

J.T.