Mikel Merino nació en Pamplona en 1996 y creció en un entorno donde el fútbol formaba parte del paisaje familiar. Ángel Merino, su padre, fue centrocampista con una trayectoria sólida en la Liga y después entrenador. Merino junior absorbió los detalles, el posicionamiento, la lectura del juego y la constancia de su padre en el esfuerzo diario. Así, cuando le llegó su momento, supo hacerlo sin aspavientos porque para él su trabajo no supone mayor mérito que el de cualquier otro compañero o amigo, se dedique este a lo que se dedique.
En la Real Sociedad consolidó su presencia, lesiones inclementes interrumpieron su progresión pero nunca la detuvieron. Cada rehabilitación fue un capítulo más de adaptación y paciencia y así, cada vez que ha regresado al césped lo ha hecho con idéntica predisposición, peleando por ocupar espacios, recuperando balones y distribuyendo el juego con criterio. El 5 de julio de 2024, un cabezazo suyo en el minuto 119 ante Alemania en Stuttgart clasificó a España para las semifinales de la Eurocopa. Acto seguido, Mikel corrió hacia el banderín de córner y le dio la vuelta en homenaje a su padre porque, en ese mismo estadio Merino senior, jugador del Osasuna, le había marcado al Stuttgart 33 años antes uno de los tantos que contribuyó al 3-2 definitivo con el que el equipo navarro pasó a la siguiente eliminatoria en lo que entonces se llamaba Copa de la UEFA.
Emular el gesto de su padre resume bien el talante de un futbolista humilde que, como vimos este lunes, no se las da de nada. Cuando su entrenador lo necesita, entra y cumple. La temporada en el Arsenal le ha añadido exigencia. Tras superar una operación en el pie que amenazó su presencia en el Mundial porque llevaba cuatro meses sin jugar, regresó con discreción a los entrenamientos y trabajó sin descanso para estar disponible cuanto antes y así, llegado el momento, poder corresponder a la confianza que el seleccionador Luis de la Fuente había depositado en él.
No es Mikel Merino una persona de declaraciones grandilocuentes ni protagonismos innecesarios. Tanto sus compañeros como el cuerpo técnico lo consideran un jugador que no distrae y que suma en silencio, el tipo de futbolista que entiende lo que se quiere de él y sabe mantener el foco en lo deportivo al margen de presiones mediáticas. En el césped transmite una serenidad que trasciende el resultado. No rehúye la responsabilidad, pero tampoco la busca. Este lunes 6 de julio, el día del "chupinazo" sanferminero, colocó una vez más el balón en el lugar preciso ya cuando el reloj marcaba el final del partido. 1-0, pase a cuartos y Portugal eliminada. Sin extender la celebración más allá de lo justo para volver a homenajear a su padre en el banderín de córner, regresó al círculo central.
Como él, los futbolistas de la selección española proceden de lugares distintos, hablan con acentos distintos, tienen educaciones distintas y sus respectivas biografías son muy diferentes. Pero son capaces de reconocerse en un objetivo común sin que esas diferencias supongan un problema. Este grupo de jóvenes proyecta una España mucho más parecida a la que uno encuentra cada día en la calle que a la que tantas veces se dibuja desde el enfrentamiento. Representan un país plural, diverso, cómodo en su propia complejidad y con ganas de celebrar. Gracias, Mikel, anoche nos hiciste muy felices. Y por cierto: ¡Gora San Fermín!
J.T.











