martes, 3 de febrero de 2026

Los primeros 101 años de “The New Yorker”


Portada del pasado 19 de enero de 2026


La legendaria revista estadounidense The New Yorker cumple 101 años este mes de febrero y es una de las pocas excepciones de periodismo bien hecho en un oficio cada vez más devaluado. La publicación existe desde el año 1925 y nació como una modesta revista satírica. Con el tiempo fue evolucionando hasta convertirse en un referente mundial de reportajes, ensayos, crónica y ficción de la más alta calidad. Memorables sus portadas y magníficas sus ilustraciones en las páginas interiores. La verificación de los hechos es parte de su ADN editorial hasta tal punto que, ya en la década de 1940, desarrollaron un departamento de comprobación de datos tan riguroso como inflexible que a día de hoy continúa existiendo aún. 


En agosto de 1946 John Hersey, uno de sus mejores periodistas por entonces, se fue a Japón a entrevistar supervivientes de la bomba atómica los Estados Unidos habían lanzado un años ante sobre Hiroshima y Nagasaki. El reportaje que escribió fue tan estremecedor, tan rotundo, que la revista decidió dedicarle todo un número completo a la historia. En los años sesenta Truman Capote publicó por entregas su famoso relato “A sangre fría”, novela sobre un cuádruple asesinato en Kansas que redefinió el género de la no ficción. Ronan Farrow, hijo de la actriz Mia Farrow, que había roto con Woody Allen tras las acusaciones de abuso contra su hermana Dylan, publicó varios trabajos en The New Yorker que le valieron el Pulitzer. 


Desde hace un par de meses, se puede ver en Netflix un interesante documental dedicado los cien años de la revista y en él puede comprobarse cómo se le sigue dando forma a cada edición con la misma dedicación de siempre, con los mismos criterios a la hora de seleccionar los temas y la misma meticulosidad cuando se trata de verificar hasta el más mínimo dato. Es decir, que el periodismo honesto y de calidad continúa siendo posible.


A día de hoy, The New Yorker cuenta con un millón doscientos mil suscriptores. 600.000 de ellos aún reciben la revista física semanalmente y las suscripciones puramente digitales superan el medio millón. Esto supone el 65 por ciento de los ingresos totales de la publicación, que cuenta con 600 personas en plantilla trabajando de forma directa con un salario medio de 90.000 dólares anuales para los periodistas. Los trabajadores que menos cobran superan los 60.000 dólares y hay quien puede llegar hasta los 125.000.


Un free lancer suele cobrar entre un dólar y medio o dos por palabra, lo que significa que por un reportaje de cuatro mil palabras te pueden llegar a pagar entre seis y ocho mil dólares. En resumen, que el buen periodismo es posible y además se puede pagar con una cierta dignidad. Aconsejo el documental de Netflix, entre otras cosas porque viéndolo se entiende que se puedan permitir el lujo de contar que Donald Trump y su familia poseen una fortuna que ya supera los cuatro mil millones de dólares. La revista vincula su aumento a los tejemanejes que el presidente realiza aprovechándose de su cargo. Y ahí siguen. Publicando cada semana. Que cumplan cien años más.


J.T.

lunes, 2 de febrero de 2026

128 periodistas asesinados en 2025



Hoy tocan datos: La International Federation of Journalists (IFJ) acaba de publicar su lista final de víctimas de 2025: 128 periodistas y trabajadores de medios, uno cada tres días, fueron asesinados en todo el mundo, profesionales de la información que han muerto por querer contar lo que quienes mandan se empeñan en esconder. La mayoría de estos 128 asesinatos han tenido lugar en Gaza, Yemen, Ucrania y otros países con altos índices de violencia organizada fuera de campos de guerra. 


Según informes recientes de organismos internacionales, la libertad de expresión en el mundo ha sufrido un deterioro de al menos un 10 por ciento desde 2012. Este retroceso, documentado por la UNESCO en su informe Tendencias Mundiales en Libertad de Expresión y Desarrollo de los Medios (2022-2025), sitúa el derecho a informar y ser informado en niveles que no se veían desde los tiempos de la segunda guerra mundial. La autocensura, según ese mismo análisis, ha crecido hasta afectar a más del 60 por ciento de los periodistas, una cifra que indica miedo (y no prudencia) como principal medida de seguridad profesional. 


Más de 500 periodistas estaban encarcelados en 2025 por el simple hecho de informar, detenidos en al menos 47 países. China, Rusia y Myanmar ocupan ls primeros lugares. Según Reporteros in Fronteras, que el año pasado tuvo que prestar apoyo a 750 periodistas en 76 países para evitar que acabaran bajo tierra o en el exilio, hay135 profesionales de la información desaparecidos y 20 secuestrados. La mayoría de los autores de crímenes contra periodistas nunca son llevados ante la justicia. Nueve de cada diez asesinatos quedan sin resolver. Seguiremos informando.


J.T. 

¿Por qué estamos tan cabreados?



El cómico Héctor de Miguel denuncia la falta de escrúpulos de Nacho Abad a la hora de “informar” sobre la tragedia de Adamuz y quien cae fulminado es el humorista que decide, o se ve obligado a hacer mutis por el foro.


El novelista David Uclés resuelve no participar en unas jornadas sobre la guerra civil cuando descubre que lo han tangado y le cae encima la mundial por parte de los organizadores, capitaneados por Pérez Reverte.


El cineasta Oliver Laxe declara que “efectuar proclamas muy políticas y luego hacer una película con Netflix le parece pura contradicción", y se le ofenden colegas como Jota Linares, Candela Peña o Tristán Ulloa mientras otros guardianes de la ortodoxia audiovisual le tachan de pedante excesivamente pagado de sí mismo.


De Miguel, Uclés o Laxe no son unos jovencitos recién llegados, aunque a algunos se lo pueda parecer. Se lo llevan currando desde hace bastantes años y nadie les puede discutir su talento. Desde La Noche Hache o El club de la Comedia hasta aterrizar en Hora veintipico, el trabajo satírico de Héctor de Miguel, antes Quequé, 49, nunca ha pasado desapercibido. A la novela La península de las casas vacías de David Uclés, 36, que va por los 300.000 ejemplares vendidos en año y medio, se suma ahora el premio Nadal obtenido con La ciudad de las luces muertas. Y en cuanto a Oliver Laxe, 43, lleva casi veinte años haciendo cine y su película más reciente, Sirât, cuenta con dos nominaciones a los Oscar de este año. Así que un respeto.


Aunque hay muchos más ejemplos de este tipo, me centro en un humorista, un novelista y un cineasta para reflexionar sobre el cabreo institucionalizado que preside la convivencia en España desde hace un tiempo y preguntarme qué demonios nos está pasando. Este país no era así, o al menos eso creo yo. Aquí cada uno ha pensado lo que ha querido, lo ha dicho cuando le ha parecido y santas pascuas. Pero ahora nos ha dado por ir de ofendiditos a las primeras de cambio cuando alguien expresa algo que no nos gusta. Enseguida les estamos llamando pedantes, intentamos desacreditarlos o directamente los mandamos al paro, ¿por qué?


Son creadores con criterio propio que no se callan cuando algo no les gusta, que demuestran que otra manera de ver y hacer las cosas es posible y que el carril de lo políticamente correcto suele ser la peor de las opciones. Y esa osadía molesta. Sobre todo a los tertulianos enconados y a los políticos profesionales del mal rollo que se niegan a aceptar que su manera de ver el mundo no solo no es la única posible, sino que se puede prescindir perfectamente de ella. Podemos vivir ignorando sus mentiras, se respira mejor sin hacernos eco de su denodada búsqueda de titulares a cualquier precio. No tenemos por qué hacerle caso a quien llama plataforma de frustrados a los familiares de las víctimas de las residencias o a quien tacha de criminal al presidente del gobierno cada dos por tres. Si es su guerra, que ya es una pena, no tiene por qué ser la nuestra. No tenemos por qué comprar esa mercancía averiada y maloliente.


Hay otra manera más amable de entender el mundo. Y eso es lo que creo que defienden y proclaman creadores como Uclés, Laxe o De Miguel. Son muchos más, claro está, pero me ciño a ellos porque son los que estos días están siendo víctimas de ataques inmisericordes. Ellos son quienes pueden hacerle ver a la gente de su generación y a los más jóvenes que la intolerancia no es el camino, que el fascismo no mola y que reírle las gracias a la ultraderecha es la peor inversión que cualquiera puede hacer en su vida. 


Los protagonistas de este artículo no solo merecen reconocimiento por su demostrado talento, sino porque sus mensajes y su actitud pueden servir de acicate para que los más jóvenes descubran que hay una vida por disfrutar más allá de los discursos apocalípticos que nos quieren inocular en vena. Mucha gente joven tiene problemas para salir adelante, es verdad, conseguir vivienda y un sueldo digno no resulta nada fácil, pero eso no puede llevar a que se pierda la perspectiva porque los totalitarios hagan populismo con sus dificultades. En el imaginario de la derecha no está ni estará jamás solucionarle problemas a los más desfavorecidos. Si se cae en esa trampa, costará mucho salir. Por eso hay que cantarles las cuarenta a los guerracivilistas, como hace Uclés; a los periodistas carroñeros, como hace De Miguel o a los que tragan con las presiones neoliberales, como hace Laxe.

 

Necesitamos mucha gente como ellos.


J.T.

domingo, 1 de febrero de 2026

¿Es que no hay manera de acabar con las cloacas?



Como ha contado Chema Garrido en el diario El Plural, la semana pasada asistimos a una impagable clase práctica de cómo funcionan las cloacas del Estado en España, de cómo los mafiosos se siguen moviendo impunemente por estos lares. Gracias a Mañaneros 360, de TVE, hemos sabido que un supuesto think tank alemán elaboró un dossier en el que se detallan supuestas irregularidades del ex presidente Zapatero. Un documento que recuerda al falso Informe PISA con el que las cloacas del Estado iniciaron la implacable persecución contra Pablo Iglesias hace diez años, cuando las encuestas señalaban el imparable ascenso de Podemos y había que pararlos como fuera. Igual que ocurrió en aquella ocasión, ahora el presunto informe contra Zapatero está plagado de mentiras y exageraciones al estilo Villarejo. Una prueba más de que las cloacas no han dejado de funcionar en España.


Como afirma Garrido, “esos informes no tendrían sentido en nuestro país si no hubiera medios de comunicación dispuestos a publicar esta basura. El objetivo es claro: destrozar la vida a determinados dirigentes políticos” y alterar el normal funcionamiento democrático de nuestro país. Algo que no se podría conseguir, “si los medios no actuaran de manera cómplice a la hora de difundir material averiado”.


La mecánica a partir de ahí es la de siempre: una vez propagadas las mentiras por estos medios, aparecerá una asociación ultraderechista – llámese Hazte Oír o Manos Limpias – que estará dispuesta a elevar a un juzgado este tipo de informaciones falsas. Acto seguido, “el juez Peinado de turno abriría una instrucción contra José Luis Rodríguez Zapatero o contra quien haga falta.


Los aparatos más siniestros del estado tienen enfilado a Zapatero y detrás de él, si lo consideran necesario, puede que llegue el momento de hacer lo propio con Pedro Sánchez. Estoy de acuerdo con quienes han dado la voz de alarma y sostienen que en España siguen funcionando unas infectas cloacas del Estado que cuentan, además, con la complicidad y la anuencia de aquellos medios de comunicación que han apostado por instalarse en la amoralidad. Periódicos, radios y televisiones que hace tiempo olvidaron la esencia del oficio periodístico y no tienen el mas mínimo inconveniente en prostituirse a diario sin que se les caiga la cara de vergüenza.


Y mientras tanto, Grande Marlaska y Margarita Robles, sesteando.


J.T.

sábado, 31 de enero de 2026

Siempre hay que plantar cara a los fascistas



Lo que está ocurriendo en España con el acoso sistemático a periodistas y comunicadores es una estrategia política que cuenta con objetivos, ejecutores y cómplices. Los fascistas han decidido señalar, intimidar y amenazar para conseguir que las derechas recuperen, cuanto antes, el poder. No puedo entender cómo se les permite actuar con tamaña impunidad y no se les frena en seco de una puñetera vez. Marlaska, ¿hay alguien ahí?


“La violencia verbal alentada desde espacios ultras está derivando en amenazas explícitas y en acoso físico, ha denunciado la Agrupación de Periodistas de Comisiones Obreras constatando así una realidad que cualquiera con un mínimo de honestidad intelectual puede reconocer. El caso de Elena Reinés, obligada a retirarse temporalmente tras recibir amenazas del tipo “te van a coger por la calle y no van a quedar ni tus huesos”, debería haber encendido todas las alarmas democráticas. Como también el parón obligado de Héctor de Miguel, o el hostigamiento constante y personal a compañeras como Cristina Fallarás, Ana Pardo de Vera o Sarah P. Santaolalla. Todas han tenido que soportar desde campañas de linchamiento digital hasta episodios de acoso en la calle. En el caso de Santaolalla hay que añadir además la pintada con su nombre en la tumba de las Trece Rosas. Parece claro que la intimidación fascista campa por sus respetos sin que ninguna instancia oficial le pare los pies. Insisto: Marlaska, ¿hay alguien ahí?


La campaña de señalamientos y listas negras a la que están siendo sometidas muchas profesionales de la información que a diario pelean para que el discurso ultra no sea el preponderante, no se puede tolerar. Se están diseñando campañas para expulsar del espacio público a quienes no comulgan con el ideario reaccionario. Y hay un patrón claro: mujeres, jóvenes y comunicadores incómodos son el blanco preferente. Como bien señala CCOO, el objetivo es aislarlas, castigarlas socialmente y dejar el espacio libre para el discurso ultra.


En esta deriva aparecen siempre los mismos actores. Medios que viven del bulo, agitadores profesionales que confunden periodismo con persecución personal o plataformas que convierten el acoso en contenido rentable. También activistas disfrazados de periodistas como Quiles o Ndongo y organizaciones como Hazte Oír o Abogados Cristianos que practican un uso torticero de los mecanismos legales, con querellas diseñadas para amedrentar, desgastar y censurar por la vía judicial. Les da igual ganar el pleito o no. Lo que quieren es envenenar la convivencia, y a fe que lo consiguen. 


La democracia empieza a estar en peligro cuando se permite que se amenace impunemente a quien informa. No es normal que el ministerio del Interior y la Fiscalía tengan que ser “instados” a actuar cuando hay amenazas explícitas de muerte. No es aceptable que el precio de ejercer el periodismo sea vivir escoltado por el miedo. Conviene decirlo alto y claro: esta ofensiva no responde a ninguna causa noble ni a ninguna preocupación legítima por España. Responde a una sola razón, tan simple como peligrosa: las derechas extremas no están en el poder y eso no lo soportan. Incapaces de aceptar el juego democrático, han optado por la intimidación, el señalamiento y la erosión constante de las reglas del juego. No queda sino plantar cara. Marlaska, ¿hay alguien ahí?


¿Asociaciones de la Prensa? Ni están, ni se les espera.


J.T.


viernes, 30 de enero de 2026

Aquí cabemos todos o no cabe ni dios


Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo y

 José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante


La aprobación por parte del Gobierno de la regularización de más de medio millón de inmigrantes ha desenmascarado tensiones profundas dentro de la propia Iglesia Católica española. Menuda paradoja: el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, aplaude la medida y declara que la regularización “es una buena noticia para facilitar la aportación al bien común de muchos inmigrantes que ya estaban trabajando y participando en la sociedad”. Incluso obispos como el de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, han remarcado que esta decisión puede “poner luz y esperanza a muchas personas que se situaban en vulnerabilidad y al borde de la exclusión social”. Hasta aquí bien, ¿verdad? Congruente con la doctrina que predican aunque si me apuran pelín sorprendente, dado que no hay oportunidad que la Conferencia Episcopal no aproveche para confrontar con el Gobierno. 


Esta vez parecía que iba bien la cosa… hasta que aparecieron las voces discordantes. Sobre todo dos, la del controvertido José Ignacio Munilla, titular de la diócesis de Orihuela-Alicante y la del franciscano Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo. Fiel a su estilo (famosas son sus declaraciones públicas contra el feminismo, el aborto o la homosexualidad) Munilla tampoco nos ha defraudado esta vez y ha calificado la regularización de “populista y demagógica” afirmando que lo que está haciendo el Gobierno de Pedro Sánchez es utilizar a los inmigrantes “como moneda de cambio” en una estrategia más política que humanitaria. Y como no quiero que sea política, se debió quedar con ganas de añadir, pues que se j0dan los inmigrantes.


El arzobispo de Oviedo, por su parte, empezó recurriendo al evangelio de Mateo: “Fui extranjero y me acogisteis…” Parecía que la cosa iba bien, pero no tardó en llegar el giro de guión: Pero ¿cuántos podemos asumir? Todos no caben… hay que establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas…” Todo un señor arzobispo hablando de cupos. Vamos a tener que recordarle aquella célebre canción del asturiano Víctor Manuel: Aquí cabemos todos o no cabe ni dios”. ¿Acaso su dios, ciudadano Sanz Montes, administra el amor al prójimo con excel y una regla de tres? ¿Es la llamada caridad cristiana un bien divisible que se agota cuando cierta cifra es superada? 


Este tipo de discursos, tan alejados de la compasión que estos mismos señores predican, confirman la doble moral que caracteriza el comportamiento de quienes mandan en la institución católica. La división de opiniones entre ellos deja entrever por otra parte una crisis en el seno de la Conferencia Episcopal que ya se percibe en otras cuestiones, como que los obispos madrileños accedieran a celebrar un funeral por las víctimas de la tragedia de Adamuz en la catedral de la Almudena a instancias de Ayuso al mismo tiempo que estaba teniendo lugar en Huelva un funeral de Estado con la presencia de los Reyes, tres ministros, Feijóo, el presidente de los obispos y el de la Junta de Andalucía.


Para terminar, conviene recordar que buena parte del impulso original para la regularización de inmigrantes venía de actores sociales y eclesiales -incluidas organizaciones como Cáritas y la propia CEE- a través de una Iniciativa Legislativa Popular que reunió centenares de miles de firmas. Que se pongan de acuerdo entre ellos y nos dejen en paz. Claro que pedirle esto a los dueños de la COPE, cadena radiofónica que lo borda cuando se trata de difundir discursos de odio, igual puede que sea mucho pedir. 


J.T.

jueves, 29 de enero de 2026

Regularizar no da derecho a votar


Cada vez que se habla de regularizar inmigrantes, aparece el mismo fantasma: “Alarmaaaa, nos invaden, nos quitan el trabajo y encima les van a dar el derecho a voto”. Mentira podrida, pero los ultras desatados consiguen que los menos informados se pongan a dudar. Todo se complica si el todavía líder del PP se apunta al carro y echa más leña al fuego: “Van a llenar el censo de votantes de Pedro Sánchez”, ha proclamado un Feijóo cada vez más desatado. A partir de ahí, todos sus acólitos lo van repitiendo en tertulias como papagayos, que es lo que son, encima mal pagados, pero aún así son tristes estómagos agradecidos que lo repiten también en redes sociales y en titulares diseñados más para agitar que para informar. De postre, el fascista Abascal siempre aparece para rematar la faena y servir más carnaza en bandeja: “La regularización es otro crimen de Pedro Sánchez”. Mentira, insisto, pero les da igual. Cuela, porque los infundios funcionan.


La confusión se ha convertido en una herramienta política. Conviene, por tanto, poner un poco de orden y explicar las cosas como son, sin trampas ni letra pequeña. Vamos a ver si lo podemos conseguir de una manera lo más breve y concisa posible: Regularizar a una persona inmigrante significa, sencillamente, reconocer su situación administrativa para que deje de vivir en la clandestinidad legal. Es decir, que tenga papeles, permiso de residencia y autorización para trabajar. Nada más. Y nada menos. No implica nacionalidad, no implica ciudadanía y, desde luego, no implica derecho al voto.


En España, y en la mayoría de democracias, votar no es un derecho universal por el mero hecho de residir en un país. Es un derecho político ligado a la nacionalidad. Para votar en elecciones generales hay que ser ciudadano español. Punto. No basta con vivir aquí, trabajar aquí o pagar impuestos aquí. Hace falta un DNI español, que solo se obtiene tras un proceso largo y exigente de adquisición de la nacionalidad.


Tener permiso de residencia no te convierte en elector. Son planos distintos: uno administrativo y otro político. ¿Por qué, entonces, se insiste tanto en esta confusión? Porque genera miedo. Y el miedo moviliza más que la explicación serena. Decir “van a votar” suena a invasión, a pérdida de control, a amenaza. Y decir “van a dejar de ser invisibles ante la ley” suena menos alarmante, aunque sea mucho más fiel a la realidad. Regularizar inmigrantes tiene efectos muy concretos y medibles, porque significa más personas cotizando, menos economía sumergida y más control del Estado sobre quién está y trabaja en nuestro país. Claro que eso también implica derechos básicos, sí, pero derechos civiles y laborales, no políticos


Han de pasar muchos años hasta que consigues la nacionalidad que te permita votar en las generales o en las autonómicas. En las municipales es más fácil, pero al menos han de transcurrir cinco años para que sea posible, siempre y cuando el municipio de donde procedes permita votar allí a los inmigrantes españoles. Lo que se conoce como reciprocidad.


Conviene pues repetirlo cuantas veces sea necesario para que nadie nos engañe: regularizar no da derecho a votar. Aclarar esto es imprescindible para atajar los miserables mensajes que tanto PP como Vox están haciendo correr estos días porque el Gobierno, tras acordarlo con Podemos, ha decidido regularizar la situación de medio millón aproximadamente de migrantes sin papeles que ya están trabajando en nuestro país. Aparte, no es la primera vez que se regularizan migrantes en España, ya lo hicieron prácticamente todos los gobiernos anteriores menos el de Rajoy.  


Por otra parte, conviene remarcar que no fácil conseguir la regularización. Los aspirantes deben acreditar vivir en España o ser solicitantes de protección internacional antes del 31 de diciembre de 2025, llevar como mínimo cinco meses aquí y demostrarlo con documentos como el empadronamiento, contratos de alquiler, informes de citas médicas o certificados de asistencia a recursos sociales.


Regularizar personas que ya están trabajando en España evitará que puedan ser expulsados si cambia el gobierno. Esto es lo que pone de los nervios a los ultras que se empeñan en olvidar, al menos de cara a la galería, que el medio millón de personas cuya regularización cuestionan ayuda a que la economía de nuestro país funcione como lo está haciendo. Medio millón de personas que, con su trabajo, contribuyen a la prosperidad general y con sus impuestos y cotizaciones sociales a que se paguen las pensiones y demás necesidades presupuestarias.


Vox y PP lo saben, pero mienten como bellacos exclusivamente por razones electorales. O porque lo llevan en su ADN, vaya usted a saber. Por eso conviene repetirlo mil veces si es necesario: regularizar no da derecho a votar, así que hagan ustedes el favor de dejar de confundir al personal.


J.T.

miércoles, 28 de enero de 2026

Otra puñalada trapera de Felipe González



Fue el martes 27 de enero, en Segovia, en un acto organizado por la Caja Rural de esta provincia. Felipe González volvió a hablar y, como suele ser habitual en él, lo hizo para disparar contra su propio partido, esta vez a propósito de los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gélida: “Los que saben de esto han dimitido para que los que no saben sigan”, bramó, cuestionando así la “manifiestamente mejorable” labor, según él, del gobierno de Pedro Sánchez. Hace falta tenerlos cuadrados cuando, durante sus casi catorce años de mandato, la Renfe era un caos de retrasos crónicos, accidentes olvidados y una inversión en infraestructuras volcada en el Ave Madrid-Sevilla que postergó todo lo demás. Esa fue su joya, pero a costa de descuidar líneas como las de Catalunya o Andalucía, que hoy pagan el pato de décadas de subinversión iniciadas por él.


¿Por qué dice estas cosas Felipe? ¿Resentimiento por no ser consultado? ¿Nostalgia de un poder que ya no tiene? O peor: ¿una forma de lavarse las manos de un legado empañado por escándalos que sí que hundieron al PSOE en su día? Aunque su lengua viperina permanece intacta, no parece que ocurra igual con su memoria, porque en su época también ocurrieron episodios similares. Critica la puntualidad de los trenes actuales, cuando durante su mandato Renfe era sinónimo de esperas desesperantes. Los informes de la época hablan de un 30 por ciento de retrasos habituales en líneas regionales, con un parque móvil obsoleto heredado del franquismo que apenas se renovó. 


En cuanto a accidentes, el 4 de junio de 1984, un choque entre un tren y un camión en un paso a nivel de Villaconejos (Madrid) causó 11 muertos. El 25 de marzo de 1988, un tren arrolló un autobús escolar en un paso a nivel de Juneda (Lleida) provocando la muerte d15 personas,12 de ellas niños. El 6 de septiembre de 1989, fallecieron 5 personas y otras 44 resultaron heridas cuando el Talgo Madrid-Gijón chocó contra un tren de mercancías en la estación de Arévalo (Ávila) tras un fallo en el cambio de agujas. Y así sucesivamente… Al menos en los datos que he consultado, no constan dimisiones tras estos accidentes.


No voy a tratar aquí de su política antiterrorista, ni de los Gal o de su apoyo a miembros de su gobierno que fueron encarcelados sin que él, el máximo responsable de la política de Interior, fuera encausado. Pero hay que tener mucho cuajo para, habiendo presidido gobiernos responsables de privatizaciones estratégicas, de la fragmentación del sector público y de una concepción muy laxa de la rendición de cuentas, atreverse más de treinta años después a adoptar, en la vejez, el papel de guardián del rigor técnico. 


Felipe González lleva años ejerciendo como factor de desgaste interno en su partido, lanzando críticas más duras contra los gobiernos socialistas que las que formula la oposición conservadora. Lo hizo con Zapatero y lo hace con Sánchez incluso en un contexto de tragedia. No aporta soluciones ni espera a las investigaciones. Dispara y se va sin que parezca importarle demasiado el impacto social de sus palabras. O sí, vaya usted a saber. Que un expresidente haga esto, que valide el marco de “incompetencia” y “caos” en plena gestión de una crisis, alimenta exactamente el mismo discurso que utilizan quienes buscan desacreditar lo público y erosionar la confianza en el Estado. 


Utilizar accidentes con víctimas como plataforma para ajustar cuentas ideológicas o personales es, como mínimo, una grosera irresponsabilidad. González habla como un resentido que no ha aceptado que el tiempo pasó, que el país cambió y que su autoridad moral ya no es incuestionable.


Criticar al Gobierno es legítimo, sobre todo si se hace con rigor. Pero hacerlo desde la amnesia selectiva, la agresividad constante y el ninguneo calculado -como si no supiera ni quién es el ministro Puente- es política de trinchera. Impropia de quien nos gobernó durante casi catorce años haciéndonos creer que era un tipo de izquierdas. Nos timó, está claro. Y cuesta asumirlo.


J.T.

martes, 27 de enero de 2026

Héctor de Miguel



La semana pasada, en Hora Veintipico (Cadena Ser) Héctor de Miguel, más conocido como Quequé, lanzó una parodia que ha marcado un antes y un después en su carrera. En un sketch de poco más de tres minutos, el humorista ridiculizaba la vomitiva cobertura mediática que el presunto periodista Nacho Abad ha venido haciendo en Cuatro Televisión del accidente ferroviario de Adamuz. El programa de Abad se llama En boca de todos y De Miguel lo rebautizó En boca de bobos. Aparecía caracterizado como “Macho Abad” con una peluca calva y, en un tono satírico, ridiculizaba una cobertura tan morbosa como irrespetuosa. Imaginaba un plató donde se hablaba de buitres sobrevolando cadáveres y se ironizaba sobre la emisión de imágenes truculentas para captar audiencia.


El objetivo de la parodia de Quequé nunca fue burlarse de las víctimas ni frivolizar con el dolor de sus familiares, sino criticar la emisión de unas imágenes explícitas (víctimas atrapadas en los vagones) cuya dureza pedía a gritos no ser utilizadas por innecesarias y ofensivas. Sectores de la ultraderecha y activistas disfrazados de periodista interpretaron la sátira como una ofensa intolerable. Comentarios como "bufón sanchista" o "miserable parodia" inundaron los perfiles del presentador de Hora Veintipico, junto con amenazas y campañas de boicot. Publicaciones de influencers como Vito Quiles y medios como OKDiario o Periodista Digital amplificaron el odio, alegando que el humorista se mofaba de los muertos. El acoso escaló a niveles personales, con insultos machistas y presiones de intimidación ya vistas en otros casos, como el de la periodista Sarah Santaolalla. En resumen, que una vez más  la ultraderecha utilizó la tragedia para generar caos y atacar a figuras progresistas, ignorando que la verdadera falta de respeto provenía de programas como el de Abad.


Las amenazas y el acoso sistemático han acabado superando la capacidad de resistencia de Héctor de Miguel, quien hace un par de días decidió anunciar un parón indefinido en su carrera profesional y su salida (temporal o permanente, aún está por ver) de Hora Veintipico. "Ha llegado el momento de parar, escribía. El cuerpo me lo pedía y la mente disimulaba, pero lo acontecido en las últimas horas precipita una decisión que llevaba tiempo barruntando". En ese mismo mensaje de despedida, De Miguel insiste en que su sátira iba dirigida al sensacionalismo mediático, nunca al sufrimiento real de la gente afectada: “Quien sostenga que le faltamos al respeto a las víctimas… simplemente está mintiendo”. Añadió que no tiene “madera de héroe ni ganas de ser mártir” y que la decisión de parar venía también de un desgaste acumulado más allá de la polémica puntual. 


Los intolerantes, los desprejuiciados, los que utilizan la comunicación para hacer activismo ultra se han cobrado otra pieza. Muy mala cosa esto. Necesitamos la sátira como el comer y quienes la llevan a cabo no pueden ir abandonándonos. Es darle a los malos no solo la victoria sino el volante del coche. Desconozco los motivos por los que Andreu Buenafuente lleva un tiempo fuera de foco, y espero de corazón que sus razones nada tengan que ver con los del conductor de Hora veintipico, pero en fin… ¿Quién será el siguiente? No podemos quedarnos de brazoscruzados. Toca actuar, denunciar, apoyar a los atacados y plantar cara. Bajo ningún concepto debemos renunciar a una de las herramientas más antiguas que existen para pensar y cuestionar la realidad. 


En una democracia sana, el humor es un antídoto contra los buitres mediáticos, no un crimen. Si cedemos ante los matones digitales, perdemos la libertad de reírnos de los poderosos. Adamuz merecía información útil, no morbo ni linchamientos. Quequé no se burló de los muertos; los verdaderos carroñeros son quienes usan su memoria para enturbiar nuestra convivencia. Es hora de que suene la alerta antifascista, porque no es de recibo que sea el odio el que acabe dictando quién puede hablar y quién tiene que callarse. 


J.T.

lunes, 26 de enero de 2026

El papa León XIV y el periodismo


En mayo de 2025, el recién entronizado papa León XIV, estadounidense nacido en Chicago con nacionalidad también peruana, soltó la siguiente perla: "Ser periodista nunca es un delito" ¡Vaya! Menos mal, si no lo llega a decir, no lo sabríamos. Ese día, durante su primera audiencia con la prensa, el jefe de los católicos pidió la liberación de los reporteros encarcelados en muchos países por "buscar y comunicar la verdad" y condenó además la persecución global a la libertad de expresión. En octubre insistió en que el periodismo es un bien público que debe protegerse, e instó a los medios a combatir mentiras y manipulaciones. 


El sábado pasado, en su mensaje para el Día Mundial de las Comunicaciones que se celebrará en mayo, alertó contra el "clickbait", el término que se utiliza para definir la técnica de marketing digital que utiliza titulares sensacionalistas, exagerados o engañosos con objeto de aumentar el tráfico web y los ingresos publicitarios. Y ha vuelto a pedir a los periodistas priorizar ética, transparencia y precisión para ganar confianza pública. "Construyan una comunicación libre y dialogante, inspirada en la búsqueda de la verdad", ha insistido una vez más. No sé si sabe el poco caso que le van a hacer, pero aún así enfatizó la importancia que para él tiene el papel de los medios de comunicación a la hora de promover la paz y rechazar prejuicios. 


Este tipo de pronunciamientos posicionan en principio a Rober Prevost como aliado de la prensa libre. Pero después de tantos años de resistencia vaticana a que la prensa desvelara muchos escándalos por pederastia perpetrados por curas y obispos, esas exhortaciones resultan sospechosas. Es verdad que al lado de Pío XII, o de Wojtyla, este tipo de declaraciones por parte del inquilino actual del Vaticano tienen otra música. Aún así, no debemos olvidar que la iglesia católica no fue nunca un adalid de la libertad de expresión. Me temo que lo que ha pasado es que el actual papa ha descubierto por fin, y asumido, que en el mundo en el que vive, la información ya no se puede controlar desde un púlpito. 


Es bueno recordar el famoso Índice de Libros Prohibidos, vigente desde el siglo XVI hasta 1966, que censuró obras de Galileo, Voltaire o Jean Paul Sartre por atentar contra la fe o la moral. La Inquisición quemó herejes y libros en autos de fe, además de suprimir ideas disidentes en nombre de Dios. En la España franquista, la Iglesia colaboró en la censura de posguerra y vetaba todas aquellas publicaciones impresas que consideraba peligrosas. Y así sucesivamente.


Se agradece que León XIV proclame ahora que la información es libertad, pero el problema es que a la iglesia nunca le gustó esa libertad. Así que la ironía es deliciosa: la institución que ahora defiende la libertad de expresión es la misma que hasta no hace mucho andaba por el mundo quemando libros y herejes. Me va a costar creérmelo. Es más, no me lo creo.


J.T.