domingo, 12 de julio de 2026

Los ultras nos quieren robar hasta el lenguaje



La prioridad nacional tiene que ser frenar el avance del fascismo. Tenemos que recuperar esta expresión. La prioridad nacional no puede ser el odio y el supremacismo. La prioridad nacional no puede ser volver al siglo XIX cuestionándole derechos al diferente por el mero hecho de serlo. Se nos están yendo de las manos muchas cosas, pero no nos pueden robar hasta el lenguaje. La prioridad nacional ha de ser avanzar en derechos, luchar contra la desigualdad, denunciar las injusticias. Esa es la verdadera prioridad nacional, este enunciado no se puede instalar en nuestro día a día como sinónimo de insidia y de enfrentamiento, que es lo que propugna la ultraderecha.


Nunca imaginé que en Andalucía se llegara a premiar el racismo y el machismo regalándole una cartera al representante de quienes defienden estas ideas. Andalucía, tierra pobre de largas luchas contra los señoritos y la miseria, semillero de votos de izquierdas que plantaban cara a quienes abusaban de los menesterosos, tiene sentado en el gobierno de la comunidad desde hace unos días a un representante de los defensores de usar el lanzallamas para impedir la llegada de menores no acompañados, dar preferencia a los ciudadanos de raza blanca a la hora de acceder a ayudas públicas como la vivienda o tratar como sospechosa a una persona sencillamente porque su color de piel sea diferente a la nuestra. 


Avanzan a pasos agigantados comiéndonos el terreno y la moral, y aquí no se mueve nadie. Parece como si no fuera con nosotros, da la impresión de que lo miramos como si se tratara de una película y que no acabamos de asumir que van en serio, que vienen a por nosotros. Y vienen en tromba porque nadie les replica, porque es la moda, porque los otrora moderados de derechas, es un decir, van también a tumba abierta en desesperada competición por ver quién la suelta más gorda, quién quiere acabar con más derechos, quién quiere humillar más a los desfavorecidos. Moreno Bonilla lo ha certificado colocando a su diestra, como vicepresidente andaluz, a un fascista de los del equipo de la motosierra. 


Lo de liquidar la sanidad y la educación públicas ha sido solo el aperitivo. Ahora van a por todas, con la demonización del inmigrante como bandera. Aplauden los agricultores de Huelva y Almería estas amenazas a los extranjeros que trabajan para ellos sin percatarse de que lo que está amenazada es su prosperidad. Han olvidado que provienen de familias pobres que hace solo unos años tenían que emigrar a Catalunya para salir de la miseria. A una Catalunya cuya reconocida tolerancia y respeto a la diversidad está también empezando a derramarse por el sumidero.


Premian en Catalunya a la ultra Silvia Orriols aupando así el supremacismo en las encuestas. La alcaldesa de Ripoll y líder de Aliança Catalana compite claramente con los fascistas de bandera española a ver cuál de las dos formaciones es más radical y quiere quitarle más derechos a la ciudadanía. Defienden los mismos objetivos, caña al inmigrante, al africano que amenaza nuestro bienestar, dicen. Le quieren poner puertas al campo y entre unos y otros suman ya más de la cuarta parte de la intención de voto en una tierra que siempre fue de acogida y que basó en esta manera de ser su prosperidad.


Andalucía y Catalunya en manos de quienes demonizan la inmigración, en esas estamos. Las dos comunidades que durante décadas decantaron la balanza de los resultados electorales contra la amenaza de las derechas en España abrazan ahora la intolerancia más radical. Los ultras catalanes ya superan a Junts sin que por ello decrezca excesivamente el apoyo del partido de Abascal en la autonomía. Tacita a tacita, Vox ha ido instalándose  en las instituciones sin disimular que lo que quiere es machacarlas. Lo ha hecho en Extremadura, Aragón y Castilla y León entre otras, pero en Andalucía el asunto es más grave. Porque estamos hablando de nueve millones de habitantes que, sumados a los ocho millones de catalanes, suponen el treinta y cinco por ciento de un censo que durante mucho tiempo, como decíamos, fue clave en los resultados electorales del Estado y que por lo general solía determinar quién se sentaba en la Moncloa.


No es de recibo proporcionarle carta de naturaleza al fascismo; en nombre de un espíritu dialogante y tolerante no se puede otorgar a sus postulados el mismo respeto que a las ideas democráticas. Usan la democracia para meterse en las instituciones y acabar con ellas. A los ultras que quieren liquidar el Estado de las autonomías se le ofrecen carteras para que así puedan hacer mejor su trabajo, ¿no es maravilloso? ¿Alguien entiende algo? ¿hasta dónde llegaremos con este disparate? ¿no hay nadie que diga basta? ¿de verdad vamos a continuar impasibles mientras comprobamos cómo lo van destruyendo todo? ¿dónde ha quedado nuestra capacidad de indignación?  La prioridad nacional tiene que ser defender la democracia. Usar esta expresión con otro objetivo es prostituirla, como intentan hacer también con la palabra "libertad". No podemos consentir que nos roben hasta el lenguaje.


J.T.


martes, 7 de julio de 2026

Mikel Merino, nuestro héroe del día

Mikel Merino nació en Pamplona en 1996 y creció en un entorno donde el fútbol formaba parte del paisaje familiar. Ángel Merino, su padre, fue centrocampista con una trayectoria sólida en la Liga y después entrenador. Merino junior absorbió los detalles, el posicionamiento, la lectura del juego y la constancia de su padre en el esfuerzo diario. Así, cuando le llegó su momento, supo hacerlo sin aspavientos porque para él su trabajo no supone mayor mérito que el de cualquier otro compañero o amigo, se dedique este a lo que se dedique. 


En la Real Sociedad consolidó su presencia, lesiones inclementes interrumpieron su progresión pero nunca la detuvieron. Cada rehabilitación fue un capítulo más de adaptación y paciencia y así, cada vez que ha regresado al césped lo ha hecho con idéntica predisposición, peleando por ocupar espacios, recuperando balones y distribuyendo el juego con criterio. El 5 de julio de 2024, un cabezazo suyo en el minuto 119 ante Alemania en Stuttgart clasificó a España para las semifinales de la Eurocopa. Acto seguido, Mikel corrió hacia el banderín de córner y le dio la vuelta en homenaje a su padre porque, en ese mismo estadio Merino senior, jugador del Osasuna, le había marcado al Stuttgart 33 años antes uno de los tantos que contribuyó al 3-2 definitivo con el que el equipo navarro pasó a la siguiente eliminatoria en lo que entonces se llamaba Copa de la UEFA.  


Emular el gesto de su padre resume bien el talante de un futbolista humilde que, como vimos este lunes, no se las da de nada. Cuando su entrenador lo necesita, entra y cumple. La temporada en el Arsenal le ha añadido exigencia. Tras superar una operación en el pie que amenazó su presencia en el Mundial porque llevaba cuatro meses sin jugar, regresó con discreción a los entrenamientos y trabajó sin descanso para estar disponible cuanto antes y así, llegado el momento, poder corresponder a la confianza que el seleccionador Luis de la Fuente había depositado en él. 


No es Mikel Merino una persona de  declaraciones grandilocuentes ni protagonismos innecesarios. Tanto sus compañeros como el cuerpo técnico lo consideran un jugador que no distrae y que suma en silencio, el tipo de futbolista que entiende lo que se quiere de él y sabe mantener el foco en lo deportivo al margen de presiones mediáticas. En el césped transmite una serenidad que trasciende el resultado. No rehúye la responsabilidad, pero tampoco la busca. Este lunes 6 de julio, el día del "chupinazo" sanferminero, colocó una vez más el balón en el lugar preciso ya cuando el reloj marcaba el final del partido. 1-0, pase a cuartos y Portugal eliminada. Sin extender la celebración más allá de lo justo para volver a homenajear a su padre en el banderín de córner, regresó al círculo central. 


Como él, los futbolistas de la selección española proceden de lugares distintos, hablan con acentos distintos, tienen educaciones distintas y sus respectivas biografías son muy diferentes. Pero son capaces de reconocerse en un objetivo común sin que esas diferencias supongan un problema. Este grupo de jóvenes proyecta una España mucho más parecida a la que uno encuentra cada día en la calle que a la que tantas veces se dibuja desde el enfrentamiento. Representan un país plural, diverso, cómodo en su propia complejidad y con ganas de celebrar.  Gracias, Mikel, anoche nos hiciste muy felices. Y por cierto: ¡Gora San Fermín!


J.T.

domingo, 5 de julio de 2026

El PP se desespera



Me imagino a los cocineros ideológicos del PP trabajando a destajo los fines de semana para aparecer cada lunes con algún despropósito nuevo. Carnaza para los argumentarios de sus bien pagados correveidiles, la mayoría de ellos disfrazados de periodistas o tertulianos. Feijóo va y suelta un desatino, sus acólitos lo refuerzan y, lo que es peor, todos acabamos picando el anzuelo contribuyendo así a amplificar la desmesura. Es desesperante comprobar cómo buena parte del ecosistema mediático corre disciplinadamente detrás de cada ocurrencia pepera hasta convertirla en el tema del día porque al final todo el mundo acaba entrando en el juego.


La semana pasada le tocó a la ley de nietos, a las acusaciones de “ingeniería electoral”, a la invocación de observadores internacionales… Me he preguntado muchas veces y me vuelo a preguntar por qué tenemos que salir a desmentir todas las chorradas que se le ocurren a la derecha ultra y la ultraderecha, por qué tenemos que gastar energías en buscar documentación y argumentos para desmontar todo lo que se inventan, por qué hay que entrar siempre al trapo. ¿Acaso no nos damos cuenta que al actuar como altavoz de sus iniquidades estamos contribuyendo a difundirlas?


Feijóo ya hace el ridículo por sí solo. Basta con reproducir las tonterías que suelta a diario para que quede en evidencia. Por no hablar de sus principales lugartenientes en el Congreso, Ester Muñoz y Miguel Tellado. Igual ocurre con los exabruptos de Ayuso o las canalladas de Abascal. Cada vez que hablan ponen un poco más alto el listón de la desvergüenza y el desahogo impune. Y claro, si se apuesta por competir a ver quién suelta el disparate más gordo, siempre aparecerá otra u otro dispuesto a intentar superarlo. Procurando, eso sí, que la barbaridad quepa en un tuit. 


No hace falta ser un experto politólogo para deducir que algunos datos poco favorables deben manejar para estar tan desesperados a pesar de los muchos jueces amigos de los que disponen, los periodistas sumisos y la atmósfera frentista que entre todos propician. Si las encuestas internas, esas que el común de los mortales desconocemos, resultaran satisfactorias para sus intereses ¿se tomarían tantas molestias? Si las predicciones demoscópicas fueran buenas, ¿estaría el líder del PP cortejando a Junts como lo hace? Aunque ahí igual recoge velas tras la desautorización de la que ha sido objeto por parte de José María Aznar. 


Hay que construir una “amplia mayoría centrada” y “nacional” capaz de “derribar y superar el muro de Sánchez”, ha dictaminado el gran gurú, dejando así que se nos dispare a todos la imaginación. Porque, ¿qué quiere decir este jarrón chino cuando decide emplear el término “nacional”? ¿Que las nacionalidades quedan fuera de “lo nacional”? ¿Que España es una, grande y libre pero nada de plural y diversa? ¿Qué basta con Vox y con seducir socialistas cabreados con Pedro Sánchez para tener mayoría? ¿Se ha olvidado acaso Aznar de las genuflexiones que hizo ante Arzallus y Pujol para llegar al poder en 1996? ¿Se ha olvidado de su “catalán en la intimidad”? Por qué fuerza la máquina hasta más allá de donde él fue capaz de atreverse? ¿Acaso ha decidido ya que le sobra Feijóo y le basta con Ayuso y Abascal para ir a por todas? 


La rendición de Moreno Bonilla ante Vox para volver a ser investido presidente de la Junta de Andalucía hace pensar en alguna llamada conminatoria que bien podría proceder de la verdadera cocina del Partido Popular, que puede que no esté precisamente en la sede de la calle Génova por mucho que ahí se estudie cada fin de semana cómo continuar huyendo hacia delante. La cara seria del líder popular andaluz mientras firmaba las capitulaciones ante el exultante ultraderechista que será su vicepresidente era elocuencia pura. Un acuerdo de ¡150 puntos! que en breve dejará Andalucía hecha unos zorros como premonición de lo que Aznar y sus esbirros quieren hacer con todo el Estado. 


Mientras diseñan la gran involución nos entretienen con polémicas de tres al cuarto en las que perdemos nuestro tiempo intentando desmontarlas ¿En qué momento decidimos que cualquier disparate pronunciado ante un micrófono merece titulares gordos, tertulias y hasta especiales informativos? La democracia necesita contraste, debate y fiscalización, claro que sí, pero lo que no precisa en absoluto son altavoces permanentes para este inquietante ruido que nos roba el sosiego.


Tal vez el primer acto de resistencia democrática consista en dejar de alimentar esa dinámica. No todo merece un titular, no toda provocación merece una respuesta. Menos aún cuando parece claro que los provocadores están actuando a la desesperada, impotentes porque siguen sin salirle los números. Como a pesar de todo no consiguen marcar la agenda, han decidido incendiarla. Pues va a ser que no.


J.T. 



Las lágrimas de cocodrilo de Moreno Bonilla


Juan Manuel Moreno Bonilla, que lleva años intentando mostrarse como un personaje amable, moderado y dialogante, es un peligro viviente porque todo lo que predica es mentira. Se le creía situado en las antípodas del ruido madrileño a este preconizador de la "vía andaluza" que una y mil veces llegó a afirmar que jamás gobernaría con los fascistas porque “menudo lío”. Calificaba la llamada "prioridad nacional" de "eslogan hueco", de propuesta irreal o ilegal; rechazaba convertir la inmigración en una cacería electoral y mírenlo ahora. Helo aquí tragando con todo y dispuesto a pagar el precio que los intolerantes le han impuesto con tal de continuar subido en el caballo cuatro años más ¡Hasta 2030 y que se mueran los feos!


Bastó que le faltaran dos escaños para la mayoría absoluta para que en horas veinticuatro se olvidara de todo lo que había prometido en campaña. Merced a un acuerdo de 150 medidas con Vox, donde aparecen reseñadas las banderas ideológicas más casposas y rancias de esta ultraderecha irredenta que nos ha tocado en suerte, Moreno Bonilla continuará en su sillón. Tragará él, lo que significa que lo sufriremos todos, con la "prioridad nacional" en el acceso a recursos públicos, con el endurecimiento de las políticas migratorias, el cuestionamiento de la Agenda 2030 o los recortes en cooperación internacional. Y acabará adoptando medidas infames contra la memoria democrática además de promover nuevas rebajas fiscales que beneficiarán sobre todo a quienes más tienen.


Hay quien afirma que fue duro para él comparecer tras firmar la “capitulación”, que lo hizo con gesto compungido, como si de verdad estuviera triste por haber tenido que aceptar esa especie de matrimonio de conveniencia. Llegó a insinuar que se tragaba ese sapo por responsabilidad institucional, pero es mentira. Nadie le puso una pistola encima de la mesa, podía haber dicho que no, intentado explorar otros caminos, incluso podía haber asumido el coste político de volver a pedir la palabra a los andaluces pero no. Decidió tragar ¿Y por qué tragó? ¿Igual porque no le cuesta tanto trabajo como algunos piensan? 


Sentará en su Consejo de Gobierno a la extrema derecha e intentará convencernos de que nada esencial ha cambiado, pero él sabe perfectamente hasta qué punto eso es imposible. Porque pretender normalizar un discurso que establece categorías entre ciudadanos según su origen o aceptar marcos ideológicos que cuestionan políticas de igualdad significa menos derechos para todos; rebajar la prioridad de la emergencia climática es una ruina y asumir postulados machistas y racistas que hace apenas unas semanas denunciaba como inaceptables es un precio muy, pero que muy alto que él sabrá por qué está dispuesto a pagar. 


La historia demuestra que el totalitarismo rara vez llega dando un portazo. Casi siempre entra por la puerta de atrás, con buenas maneras, con voz pausada y apariencia de sensatez. Por eso hay que desconfiar de quienes, como el presidente andaluz, recurren a las lágrimas de cocodrilo cuando se quedan sin argumentos para explicar lo inexplicable. 


J.T.

sábado, 4 de julio de 2026

Muy fan de Cabo Verde... y del entrenador de Egipto


Salió disparado hacia las gradas para celebrarlo con su familia. Lopes Cabral, 23 años, jugador del Benfica, acababa de marcar para Cabo Verde el empate a dos frente a Argentina… ¡en el minuto 102 del partido!, casi al final de la primera parte de la prórroga. Consciente de lo que significaba ese gol por la escuadra, probablemente uno de los más espectaculares que podamos ver en este Mundial, el futbolista se olvidó de todo porque quiso disfrutarlo con su gente. Cuando volvió al campo y se reanudó el encuentro, Argentina entera estaba temblando y los jugadores de la selección impacientes y avergonzados con un Messi cuya expresión fruncida permitía imaginar lo que debía estar pensando: “Nunca imaginé que mi último partido en un Mundial pudiera ser este”. Si en el cuarto de hora que quedaba para llegar a los penalties no metían un gol, todos sabían que Vozinha, el portero caboverdiano, tenía muchas papeletas para salir victorioso del envite. 


En el minuto 110 llegó el gol que no se merecían los argentinos, el 3-2 que les dio la victoria definitiva. Los jugadores de Cabo Verde no se arredraron, continuaron corriendo los 10 minutos que quedaban y llegando a la portería argentina como si el partido acabara de comenzar, pero ya no fue posible. Perdieron, pero con el reconocimiento unánime y el agradecimiento de una afición que acababa de presenciar un partido de alto voltaje.


Los jugadores de Cabo Verde, un país con apenas medio millón de habitantes, se han enfrentado estos días a tres selecciones campeonas del mundo, Uruguay, España y Argentina, y ninguna fue capaz de derrotarla en los noventa minutos reglamentarios. Superó la fase de grupos sin haber perdido ningún partido, merced a un impecable trabajo de equipo liderado por un carismático guardameta de cuarenta años a quien no había manera de batir. Con un valor de mercado que palidece frente al de las grandes potencias futbolísticas, la selección de Cabo Verde se ha paseado por las canchas de esta competición mirando a los gigantes a los ojos y sin bajar nunca la cabeza.


En el encuentro frente a Argentina lo certificaron: frente a la desidia, pundonor; frente a la chulería, determinación; frente a la indolencia, convicción; frente a la desconsideración… un trabajo bien hecho con el que se han ganado el respeto y la admiración de todos. En su debut frente a España, los jugadores de nuestra selección fueron severamente criticados por no haber sido capaces de ganarles, pero igual no fuimos nosotros quienes estuvimos por debajo del nivel habitual, sino que Cabo Verde se encontraba muy por encima de los prejuicios con los que muchos la juzgamos.


No levantarán ningún trofeo, quizá ni siquiera aparezcan en las estadísticas que dentro de unos años repasarán los aficionados, pero la presencia de equipos como Cabo Verde en competiciones como este Mundial resulta higiénica y aleccionadora. El tesón y la pertinacia de sus jugadores nos han recordado que el fútbol sigue siendo un espacio donde el compromiso puede discutirle el protagonismo al talento y el trabajo de equipo puede desafiar a las individualidades por muy “estrellas” que estas sean.  



Argentina sabe que no se mereció ganar. Mientras, aliviados, se reponen del susto, igual ya no vuelven a mirar a ningún rival por encima del hombro por muy pequeño que este parezca sobre el papel. Próxima parada, Egipto en octavos de final. A ver qué pasa. Hossam Hassan, el entrenador egipcio, tras ganarle ayer a Australia en la tanda de penalties, le dedicó el triunfo a Palestina envuelto en la bandera de un país masacrado por un Trump al que Messi no le hace asquitos cuando hay que darle la mano. 


J.T.


lunes, 29 de junio de 2026

¿Para qué quiere Pedro Sánchez un año más?

“Si Pedro Sánchez resiste un año más, ¿bajará los precios de los alquileres por ley? ¿expropiará a grandes tenedores de vivienda? ¿derogará ley 15/97 para salvar el sistema público de salud? ¿derogará la ley mordaza que prometió derogar? ¿topará precios en alimentación?” Son preguntas que el otro día se hacía en redes José Manuel de Pablos y que dejaba ahí flotando, sabedor de que ya había suficiente material para reflexionar. Si hagas lo que hagas van a ir por ti a muerte, añadiría yo, ¿por qué no haces todo lo que prometiste que ibas a hacer y no has hecho? ¿por qué no apuestas por la dignidad, por qué no cumples aquello a lo que te comprometiste con quienes te votaron en lugar de dedicarte a sobrevivir de mala manera? ¡Ay, el manual de resistencia!


De manual en manual y tiro porque me toca. “El Manual” ha titulado también Iván Redondo su libro más reciente, con el que se pasea por España de presentación en presentación afirmando que ojito, ojito porque Sánchez puede ganar las próximas elecciones generales. Lo dice de tal modo que no sabemos si se trata de una advertencia, una amenaza o se está postulando para regresar a la derecha del padre y celebrarlo. Este controvertido gurú político asegura que él solo habla de números, pero sabe mejor que nadie que en el material con el que trabaja cuentan mucho las emociones.


Que se lo pregunten a las cabezas visibles de un Partido Popular instalado en la provocación y el insulto como instrumentos parlamentarios. No hay sesión de control en la que no salgan revolcados por el presidente y sus ministros. “Con todo lo que tienen encima, siguen toreando a la oposición por los dos pitones”, escribía el otro día un amigo mío. Para sobrevivir, el bipartidismo ha elegido el mandoble al adversario como método de “trabajo” y ha renunciado a las propuestas y a la gestión. PSOE y PP se dedican a ponerse verdes un al otro, a competir por ver quién acusa al contrario de mayores corrupciones y a dejar pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá. Feijóo a la espera de que la presidencia le caiga del cielo como fruta madura y Sánchez huyendo hacia delante de contradicción en contradicción.


A pesar de que se empeñan en seguir jugando a presentarse como los más progres del mundo, este Gobierno de coalición ha llevado a cabo el mayor rearme de la historia de este país, beneficiando fundamentalmente al complejo militar industrial norteamericano; a pesar de manifestarse como aliado de Palestina ha mantenido intactas, como recordaba el otro día Ione Belarra, las relaciones con Israel en pleno genocidio ¿Para qué quiere un año más Pedro Sánchez? ¿Para continuar pareciéndose cada vez más al PP?, ¿de verdad piensa que así le va a quitar votantes?


Sánchez, no nos olvidemos, tiene a día de hoy en sus equipos de confianza a gentes que en su día lo traicionaron para entregarle el gobierno al Partido Popular en 2016, cuando ya existía mayoría plurinacional y democrática en el Parlamento. ¿Qué preparan, acaso una jugada similar diez años después encabezada ahora por quien entonces fue defenestrado? Tanto PP como PSOE se empeñan en rebajar la importancia de vascos y catalanes en la correlación de fuerzas políticas  y continúan además sin reconocer que desde la aparición de Podemos ya nunca nada volvió a ser igual.


Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Que el imperdonable acoso judicial al que está siendo sometido el partido mayoritario del gobierno, sobre todo su presidente, no nos disuada de preguntarnos qué demonios hay detrás. Ahora ya no tienen a Ciudadanos, tampoco a Sumar, y los recambios que están buscando a la desesperada no acaban de cuajar.


Gracias a aquellos a quienes acusaron de hacer demasiado ruido, se llevaron a cabo en España las mayores transformaciones económicas, políticas, feministas y ecologistas de los últimos tiempos. Hasta hubo presupuestos todos los años. Ojalá el tiempo que aún pueda continuar en la Moncloa le sirva a Sánchez para admitir de una vez que este es el camino y no el de continuar pertrechado en un partido que hasta ahora jamás se subió las mangas en serio para pelear por una justicia presentable, unos cuerpos de seguridad democráticos y unos medios de comunicación cuyos propietarios y profesionales no olvidaran el carácter de servicio público que tienen periódicos, radios y teles.


Si en este año que aún aspira a completar, Sánchez se decide a poner en marcha alguna de las medidas de las que hablábamos al principio (bajar los precios de los alquileres por decreto o derogar la ley mordaza, por ejemplo) igual Redondo acaba teniendo razón y la supervivencia continúa. Y si no es así, si hagas lo que hagas te van a acabar triturando, más razón todavía, digo yo, para redondear tu legado con decisiones que te permitan ser recordado con una cierta dignidad ¿O no?


J.T.



viernes, 26 de junio de 2026

Subtitular el habla andaluza


No sé si reír o llorar. En un documental de RTVE sobre la selección española de fútbol, subtitularon a Chari Peña, la madre del centrocampista Fabián Ruiz mientras su hijo se libraba del mismo “honor”. Grave error, han reconocido. Pero el daño ya está hecho y revela, una vez más, el complejo de superioridad del que ciertos sectores de este país hacen gala cuando de mirar hacia el sur se trata. 


El andaluz no es un dialecto exótico ni un esperanto de segunda. Es una variedad viva del castellano, rica, musical y tan legítima como el habla de cualquier otra región. Quien no lo entiende es porque no quiere, o porque su oído está acostumbrado solo al castellano neutro de los telediarios, que parece diseñado para no ofender a nadie y, paradójicamente, ofende a muchos. Subtitular el habla andaluza es tratarla como si fuera catalán, euskera o gallego oficializado, pero sin el respaldo institucional ni el respeto que se les concede a estos. Es decir: folclore pintoresco que necesita traducción para la gente “normal”.


Detrás de esta anécdota ridícula late un prejuicio profundo. El andaluz lleva décadas asociado a la risa fácil, al chiste barato, al “¡ole tú!” de la copla y la feria. Cuando un andaluz triunfa en Madrid o Barcelona, se celebra su “gracia”, pero rara vez su inteligencia o su rigor. Si habla con su acento natural, corre el riesgo de que lo subtitulen como a un indígena en un documental antropológico. Chari Peña expresaba emoción, orgullo y autenticidad y no hablaba precisamente en lunfardo ni en jerigonza.


Recuerdo cuando en los 80 y 90, en los platós de Madrid, miraban con condescendencia a los reporteros del sur. “Habla más claro, que no te entendemos”, soltaban con sorna. Hoy persiste la misma mirada en la mayoría de los medios. En el documental al que nos estamos refiriendo,TVE hizo el ridículo subtitulando la manera de hablar de millones de españoles ¿Subtitulan a los extremeños, a los murcianos o a los canarios cuando su acento se cierra? ¿O solo al andaluz, porque es el que más molesta? No volverá a ocurrir, ha asegurado José Pablo López, presidente de la Corporación y andaluz de Sayalonga (Málaga), durante su intervención este jueves en el Senado. No me cabe duda,


La cuestión es política y cultural más que lingüística. Subtitular el andaluz es una forma sutil de inferiorizarlo, es recordar que el poder cultural sigue radicado en el centro y que, desde allí, se dictan las normas de lo que es “correcto”. Andalucía, con su historia de marginación y su capacidad de resiliencia, vuelve a ser el chivo expiatorio perfecto para distraer de problemas reales como la precariedad laboral, el paro estructural, la fuga de talento o la imagen estereotipada que aún vendemos fuera.


No pedimos que nos hablen como en un seminario de la RAE. Pedimos respeto. El andaluz es patrimonio vivo, herramienta de identidad y expresión de un pueblo que ha dado a España más de lo que ha recibido. Que una madre emocionada en un documental tenga que llevar subtítulos mientras su hijo, futbolista de élite, no los necesita, dice mucho de las contradicciones de este país. Unos son carne de subtítulo, otros son imagen de marca.


Es hora de acabar con esta tontería. El andaluz se entiende perfectamente. Quien no lo entienda, que afine el oído o que reconozca su propio provincianismo disfrazado de neutralidad. Y que los medios de Madrid DF dejen de tratar a los andaluces, en su propia casa, como personajes exóticos ¿Es grave subtitular el habla andaluza? Puede que no pero patético, desde luego, mucho. 


J.T.

jueves, 25 de junio de 2026

La intimidad saqueada

La exhibición pública de la intimidad de José Luis Rodríguez Zapatero, algo que jamás debió ocurrir, es el culmen de la obscenidad, una flagrante violación de la frontera que separa lo que pertenece al interés general de aquello que concierne a la vida privada. Ese límite, que debería ser sagrado en cualquier democracia decente, acaba de ser pisoteado estos días con una ligereza yo diría que pornográfica.

Da igual lo que cada uno piense del ex presidente del Gobierno, da igual si se le admira, si se le critica o si se le responsabiliza de la mitad de los males que padecemos. Se trata de sus agendas personales, sus conversaciones privadas, sus mensajes de guasap, detalles de la vida privada de una persona cuyos derechos fundamentales se están vulnerando.


No todo puede valer. Una cosa es investigar y otra muy distinta el ensañamiento. Una democracia tiene la obligación de perseguir delitos cuando existan indicios, pero lo que no puede es convertir la intimidad de las personas en un escaparate donde esta acabe expuesta a la vista de todo el mundo. Lo preocupante es que este tipo de tropelías hemos empezado a normalizarlas, nos hemos acostumbrado a que aparezcan audios reservados, a que circulen mensajes personales, a que las filtraciones formen parte del paisaje “informativo” cotidiano. Y esto es todo menos información, señores. Yo acuso y denuncio a los presuntos periodistas que cada día elevan el listón de su carencia de escrúpulos y han sido capaces de llegar hasta aquí. Te pueden remitir una filtración, porque quien lo hace está en su guerra particular y allá él, pero el periodista debe tener siempre muy claro que en situaciones así hay que tirar del freno de mano. Ya vale.


Tan grave, tan irregular, tan indecente resulta este asunto que hasta el propio juez instructor de la causa que se sigue contra ZP ha decidido investigar el origen de las filtraciones. El mensaje implícito de lo sucedido es demoledor: alguien con acceso a información reservada está traficando con ella con la peor de las intenciones. Y lo puede hacer con la mayor de las impunidades. Y no, la privacidad no puede desaparecer porque una persona investigada haya ocupado alguna vez un cargo público, tampoco porque esta persona sea conocida, y mucho menos porque resulte incómoda para determinados intereses políticos o mediáticos. Si aceptamos ese razonamiento, acabaremos justificando cualquier atropello, si es que no lo estamos haciendo ya.


La historia demuestra que las democracias no suelen deteriorarse de golpe, sino que eso va ocurriendo poco a poco, a través de pequeñas renuncias que convierten en asumible lo que bajo ningún concepto puede serlo. Un día se filtra una conversación, otro una agenda, tiempo después una grabación reservada. Y cuando queremos reaccionar, descubrimos que la excepción se ha convertido en regla y los escrúpulos se han marchado a dormir el sueño de los justos.


Lo que está ocurriendo alrededor de Zapatero trasciende a Zapatero, tiene que ver con la calidad democrática de nuestro país, con el respeto a los derechos fundamentales, con la diferencia entre informar y husmear, entre investigar y espiar, entre periodismo y voyeurismo. Una sociedad que convierte la intimidad de las personas en espectáculo acaba degradándose a sí misma mucho antes de degradar a sus víctimas.


J.T.

martes, 23 de junio de 2026

¡Basta ya!


¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Cómo es posible que el ensañamiento contra Pedro Sánchez y todo lo que le rodea haya alcanzado esta dimensión brutal y amoral para la que ya faltan calificativos? El inventario del asedio resulta mareante. La esposa del presidente, enviada a juicio con humillantes medidas cautelares; el hermano, procesado por un puesto en una diputación; el que fuera su hombre fuerte, Ábalos, condenado a más de dos décadas de cárcel, el ex presidente Zapatero y una larga lista de colaboradores, asesores y dirigentes del PSOE bajo investigación. Nueve causas abiertas que salpican el núcleo del poder socialista. Cada paso judicial viene acompañado de ruido mediático, acusaciones populares de entidades afines a la derecha ultra o a la ultraderecha, todo ello bien aderezado con una escandalosa inflación de filtraciones. 


Se trata de un derribo sistemático en el que la justicia se usa como arma política para desgastar, deslegitimar y, en última instancia, tumbar un Gobierno que no pudieron derrotar en las urnas. Jueces polémicos, asociaciones de dudosa imparcialidad, medios que convierten cada diligencia en sentencia anticipada con un objetivo, destruir al adversario político y a su proyecto. 


¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Quizá porque durante demasiado tiempo hemos normalizado comportamientos que deberían habernos escandalizado? Hemos aceptado como inevitable lo que nunca nos debió parecer normal, el insulto permanente, la deshumanización del adversario, la idea de que quien piensa distinto es un enemigo y no solo un rival político... Hemos dejado de vivir en una democracia donde se investigan hechos para adentrarnos en una realidad donde primero se señala a las personas y después se buscan los hechos. La sospecha se ha convertido en condena, la acusación en sentencia, el titular en prueba y así llevamos ocho largos e insoportables años. 


Da igual que una causa se archive, que una acusación se desinfle o que una noticia resulte falsa. La siguiente ya está preparada antes de que la anterior haya terminado de caer. El mecanismo es perfecto porque el daño lo produce la sospecha mucho antes que la condena, que al final puede llegar o no. Y la sospecha, una vez sembrada ahí queda, ya nunca desaparece del todo.


Dese 2018 la derecha ultra y la ultraderecha nunca digirieron que gobernara Pedro Sánchez, así que la vía judicial con la mayoría de los medios de comunicación como altavoz les pareció el mejor atajo. Así comenzó un acoso tenaz y constante que muchos tienen ya normalizado: registros, autos demoledores, portadas diarias, campañas en redes ¡Qué fatiga, cuánta impotencia ante la sensación de estar asistiendo a una persecución de tamaño calibre! Millones de ciudadanos andamos desconcertados y algunos empiezan a desconectar hastiados y asqueados. Otros se refugian en el cinismo. Malo, porque si la ciudadanía pierde la confianza en las instituciones, en los medios y en la propia política, la saña de los intolerantes encuentra el terreno perfecto para crecer.


¿Qué podemos hacer? Votamos, nos manifestamos, denunciamos las injusticias defendemos el progreso y luchamos contra la desigualdad pero la maquinaria del odio sigue vomitando insidias y mal rollo. Andamos huérfanos de una defensa institucional firme y estamos “dolorosamente hartos” de constatar cómo la política se ha convertido en un ring donde solo un bando recibe golpes sin parar. Basta ya de tolerar que la democracia se convierta en un ejercicio de acoso sistemático. España merece un debate de ideas honesto y civilizado, y que este insoportable espectáculo de destrucción personal e institucional pare de una vez. ¡Basta!


J.T.