lunes, 2 de marzo de 2026

El periodismo español ante la agresión a Irán: ¿Molestar al poder o lamerle las botas?



Los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, lanzados el 28 de febrero de 2026, han sido un terremoto geopolítico. Bajo los nombres operativos de "Furia Épica" (EEUU) y "Rugido del León" (Israel), aviones y drones arrasan instalaciones nucleares, militares y hasta la residencia del líder supremo Alí Jamenei, que murió en el bombardeo. Irán respondió con misiles contra bases estadounidenses en el Golfo e Israel, escalando un conflicto cuyo objetivo es un cambio de régimen orquestado desde Washington y Tel Aviv. 


Pero aquí, en España, los medios de comunicación, tanto periódicos como radios y televisiones–.parecen ceñirse al mismo guion: "ataque preventivo". ¡Preventivo! Europa Press, por ejemplo, tituló: "Israel lanza un 'ataque preventivo' contra Irán y declara un estado de emergencia". Eso es blanquear una agresión unilateral, violación del derecho internacional, un atropello a la legalidad. Esta última valoración fue la que utilizó el presidente del Gobierno cuando condenó los bombardeos, advirtiendo de un "orden internacional más incierto". 


¿Cuántos medios profundizaron en eso? RTVE, en su especial informativo, dedicó horas a los detalles operativos, pero ¿analizó el contexto? ¿Mencionó las negociaciones nucleares en curso que Trump y Netanyahu pisotearon? En su edición del 1 de marzo, El País describía la "nueva ola de bombardeos" iraníes contra Israel y bases del Golfo, pero la enfocaba en la "respuesta" de Teherán como si fuera el agresor principal. La Razón justificó la "agresión" como fin del "terrorismo de Estado" iraní.


En demasiadas portadas españolas el verbo elegido no es “atacar”, sino “responder”, “neutralizar”, “contener”. El lenguaje nunca es inocente. “Operación quirúrgica”, dicen algunos; “objetivos estratégicos”, añaden otros. Rara vez “agresión”. Rara vez “violación del derecho internacional", que es lo que es.


En las ondas, el fenómeno se amplifica. En la Cadena SER se apela a la “desescalada” mientras se normaliza que la agresión la inician siempre los mismos. En COPE o Onda Cero abundan los análisis estratégicos que parecen sacados de un briefing de la OTAN: mapas, misiles, equilibrios de poder. Mucho experto en geopolítica; poca mención a las víctimas civiles. Mucho cálculo militar; escasa empatía humana. Y no dejan de repetir el mismo falso mantra: "escalada por el programa nuclear iraní".


En cuanto a las televisiones, en Antena 3 o Telecinco, el conflicto se convierte en espectáculo: imágenes nocturnas de explosiones, rótulos impactantes, música de tensión. Pero el marco narrativo suele ser el mismo: Israel “se defiende”, Estados Unidos “protege la estabilidad”, Irán “desafía”. El agresor habla primero y más alto. El agredido aparece filtrado por la sospecha permanente. Para los análisis prefieren la opinión de expertos pro-israelíes ignorando por lo general las voces de los iraníes.


El periodismo no puede convertirse en altavoz automático del discurso de las potencias que bombardean. No podemos asumir como axioma que si Washington o Tel Aviv aprietan el gatillo es por el bien común. Un análisis de cobertura en X antes Twitter revela que términos como "ataque preventivo" aparecen en el 70 por ciento de los posts de medios españoles, que bailan sin escrúpulos al son que tocan la OTAN y EEUU, lo que significa apostar por una información sesgada, cuando no por la desinformación más vergonzosa.  


J.T.


domingo, 1 de marzo de 2026

Moreno Bonilla y Morante de la Puebla


El pasado sábado 28 de febrero, el presidente de la Junta impuso la medalla de Andalucía al torero Morante de la Puebla. Se trata de ese tipo de asuntos que no se pueden trivializar porque, aunque parezcan menores, poseen gran calado político. Estoy de acuerdo con quienes lo consideran una aberración institucional, un guiño explícito a una actividad incompatible con los valores contemporáneos de bienestar animal”. A estas alturas, distinguir a un torero con una de las máximas condecoraciones autonómicas no puede ser considerado un homenaje a la cultura regional, por mucho que se empeñen. Es una ofensa a la sensibilidad de buena parte de la ciudadanía.


Por otra parte, las afinidades del torero Morante con Vox y la relación personal de este con Santiago Abascal, acreditada por infinidad de fotos de los dos personajes juntos y felices, permiten deducir que Moreno Bonilla, aunque se esfuerce por trabajarse una imagen de perfil moderado en el seno del Partido Popular, también le pone ojitos a la ultraderecha cada vez que lo ve rentable. Escrúpulos, ¿eso que es? Conviene no olvidar nunca que llegó a presidente andaluz gracias a los votos de Vox. El andaluz fue el primer parlamento autonómico en el que entraron los fascistas (12 diputados en las elecciones diciembre de 2018) y cuando las matemáticas los hicieron imprescindibles para la investidura, Juanma no tuvo inconveniente en contar con ellos y cortejar sin pudor a su cabeza de lista, el inefable y controvertido juez Serrano, porque sin su apoyo no hubiera podido ser investido.


Necesitaba sus 12 votos porque el PP solo había conseguido 26 escaños. Los 21 de un Ciudadanos entregado a su causa no eran suficientes para llegar a la mayoría absoluta de 55 y Moreno no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad de echar al PSOE del gobierno andaluz después de casi cuatro décadas de hegemonía socialista. Así que no se lo pensó dos veces. 


Insisto: aunque va de "suavón" y buena gente, las políticas de Moreno Bonilla son derecha pura y dura, entre otras cosas porque recorta y restringe derechos sociales y favorece sin reticencias el negocio privado frente al servicio público. Veamos algún ejemplo: el gasto en Sanidad por habitante (1883 euros anuales) está muy por debajo de los 2300-2440 de Asturias, País Vasco o Extremadura. En los últimos años han aumentado estrepitosamente las listas de espera para especialistas y cirugía, esto según datos oficiales del propio Servicio Andaluz de Salud. Sindicatos médicos y plataformas ciudadanas han denunciado un déficit estructural de personal, el cierre intermitente de camas y un aumento de los conciertos con la sanidad privada. Para aliviar demoras, dicen, pero ellos saben que eso acaba consolidando el trasvase progresivo de lo público a lo privado. En pleno escándalo de los cribados de cáncer de mama, se ha continuado recortando en personal hospitalario.


En Educación, el destrozo es aún más evidente. Desde que gobierna Moreno Bonilla, se han cerrado 2.758 aulas públicas en Infantil y Primaria, 360 solo para el curso 2025-2026. ¿La excusa? Baja natalidad. ¿La realidad? Trasvase masivo a la concertada. Más de 1.100 millones extras a la privada concertada desde 2018, un 3,5 por ciento más en 2025. 


En cuanto a la dependencia, la Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM) lo llama "el gran fraude". La Junta solo le dedica poco más de uno por ciento del PIB andaluz frente al 7 de sanidad o 4,8 de educación. Es la segunda comunidad en tiempos de espera, 512 días, 332 por encima del límite legal . En 2025, 6.784 personas murieron esperando su turno. CCOO lo califica de "tragedia silenciosa" porque se trata de derechos anulados en la práctica. Eso sin hablar de cómo se favorece el crecimiento de residencias privadas. 


En paralelo, el gobierno andaluz ha impulsado rebajas fiscales, sobre todo en el tramo autonómico del IRPF y en impuestos patrimoniales, con el argumento de atraer inversión y dinamizar la economía. Rebajas que, en la práctica, lo que hace es reducir el margen para políticas redistributivas en una comunidad cuyas tasas de pobreza y desempleo están por encima de la media nacional. 


En cuanto al nivel de intromisión y de manipulación en Canal Sur, la televisión pública andaluza, se acaban los calificativos. Buena parte de la plantilla lleva años denunciando que es imposible aplicar criterios profesionales en su trabajo. Los que intentan ser honestos suelen acabar callados por miedo a represalias, o intentando colar verdades en piezas pequeñas. Frustrados y quemados, han decidido hacer pública su protesta cada martes. 


En resumen, que lo de la moderación de Moreno Bonilla es un cuento chino. Sus políticas (como la presión fiscal directa, un mayor protagonismo del sector privado y contención del gasto social) son las mismas que las del resto de presidentes autonómicos del PP, pero lo disimula algo mejor. Aunque a veces se le vean las costuras otorgando reconocimiento institucional a personajes como Morante de la Puebla.


J.T.



sábado, 28 de febrero de 2026

El regreso del emérito


La mañana en que Núñez Feijóo afirmó que tenemos ganas de que Juan Carlos de Borbón vuelva a España y pueda vivir aquí tranquilamente perdió una vez más la excelente oportunidad de permanecer callado. ¿Qué significa “tranquilamente”, señor Feijóo? ¿Qué significa “tenemos ganas”, a quienes incluye en ese plural? Ni para hacer la pelota sirve, porque si lo que quería era echar una mano a la monarquía acabó echándosela al cuello, como quedó claro cuando la Casa Real se vio obligada a salir al paso para recordar públicamente que el emérito puede volver, claro que sí, pero que lo primero que tiene que hacer en ese caso es fijar su residencia fiscal en España.


En su línea de distorsionar mensajes y utilizar sistemáticamente la mentira como instrumento de trabajo, aquí se le fue la mano de nuevo al todavía líder del PP porque, al intentar desviar la atención, acabó centrando el foco en el perfil de delincuente del huido de Abu Dhabi. Juan Carlos, señor Feijóo, se refugió en Emiratos tras descubrirse el pastel de sus tejemanejes económicos, asunto este que comprometía seriamente a su hijo, y no lo decidió por hacerle un favor (parece claro que el anciano rey no tiene ninguna conciencia de culpa) sino como consecuencia de los desencuentros que estaban teniendo lugar entre padre e hijo.


Tan escasa conciencia de culpa tiene que, cuando le preguntaron si dará explicaciones, respondió con aquel exabrupto, ¿explicaciones de qué? que todos recordamos. Quiere vivir en la Zarzuela y hacerlo “tranquilamente” como sugiere Feijóo, algo a lo que su hijo no está dispuesto y ha de ser este, mire usted por dónde, quien matice lo de la “tranquilidad”. Igual la razón oculta es que, dado que su libro está despertando mucho menos interés del deseado, quiere hacer una gira para promocionarlo.  


La ocurrencia de Feijóo, por otra parte, igual no fue tal ocurrencia sino una maniobra orquestada si tenemos en cuenta, por ejemplo, que su propuesta se hacía al tiempo que los principales diarios del país apostaron ese día en sus primeras páginas, tras la desclasificación de los papeles del 23F, por resaltar que fue el rey quien paró el golpe. En este blog ya dejamos constancia el jueves de esa vergonzosa unanimidad, cuyo objetivo parecía ser dejar claro que el rey emérito está limpio de polvo y paja y que nunca supo nada de las conspiraciones que llevaron a la sublevación militar. Nadie se lo cree, pero todos juegan a lo mismo. Que el líder de la oposición rematara la faena pidiendo esa misma mañana el regreso del monarca podía no ser pues una ocurrencia aislada.


Nunca nos vamos a creer que Juan Carlos no estaba enterado de lo que se estaba cociendo entre los golpistas. Eso por una parte y por otra, ¿de verdad hay que recordarle a los muñidores de este blanqueo que el emérito no se encuentra en Abu Dabhi por su papel en el 23F? Si no hay tal relación causa-efecto, ¿a qué viene esta salida en tromba para reclamar su regreso? 


J.T. 

viernes, 27 de febrero de 2026

Lo de Cuba



En estos últimos días de febrero de 2026, el mundo observa con imperdonable indiferencia cómo Cuba vuelve a ser el epicentro de una tensión parecida a la de la época de la Guerra Fría. El incidente de la lancha rápida procedente de Florida, interceptada por las tropas guardafronteras cubanas el pasado miércoles 25, es el síntoma de una agresión sistemática orquestada desde Washington. Cuatro tripulantes abatidos, seis heridos y el capitán de una patrullera cubana, lesionado: Estas cifras las presenta Cuba como defensa legítima contra una "infiltración armada con fines terroristas". EE.UU. niega toda implicación y califica la embarcación como "civil" ¿Civil? ¿con armamento a bordo? 


La administración Trump ha endurecido aún más el bloqueo petrolero tras la captura de Maduro a inicios de año, lo que significa que Cuba sufre el asedio más brutal en décadas. Es un embargo económico, pero sobre todo es un acto de inhumanidad calculada que asfixia a un pueblo entero. Hospitales sin medicinas, familias sin alimentos básicos, industrias paralizadas... Con buques militares estadounidenses merodeando sus costas, la isla se ve estos días obligada a defender su soberanía con uñas y dientes. Rusia lo califica de "provocación agresiva" para "escalar el conflicto" y no le falta razón. ¿Cuántas veces hemos visto este guion? Desde la Bahía de Cochinos hasta las operaciones encubiertas de la CIA, EE.UU. lleva 67 años tratando de doblegar a Cuba.  


El Ministerio del Interior cubano ha identificado a algunos implicados como Michel Ortega Casanova, un mecánico con antecedentes, y otros residentes en EE.UU. como Leordan Enrique Cruz Gómez. Cuba no cedió; repelió el ataque y salvó vidas. Aún en medio del bloqueo, la isla exporta médicos a medio mundo, mantiene una educación universal y una esperanza de vida superior a muchos países ricos. Es el David frente al Goliat con la dignidad intacta.


Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, amenaza con "responder en consecuencia" pero los cubanos no se amilanan. Saben que viven en un país controvertido, pero resisten porque siempre tuvieron claro que la soberanía no se negocia y que la verdadera fuerza reside en la resistencia colectiva. China le manda estos días 30.000 toneladas de arroz pero Pekín, que le guía su espíritu pragmático, entiende que en La Habana tiene dificultades para obtener beneficios y prefiere invertir en la extracción de cobre peruano, litio argentino u oro brasileño. Exportan coches, afirman, no ideología. 


Rusia, por su parte , también se tienta la ropa a la hora de ayudar a los cubanos porque no quieren enfadar a Trump. Tienen intención de enviar ayuda humanitaria a la isla y también incluirán petróleo y productos derivados. El silencio cómplice del resto del mundo, Europa incluida, es una vergüenza.


J.T.

jueves, 26 de febrero de 2026

Preparando el camino para el regreso del emérito


Visto el enfoque por el que han apostado de manera prácticamente unánime lo principales diarios del país, parece que no hay duda de quién es el principal beneficiado tras la desclasificación de los papeles del 23 F. "Sin novedad en el 23-F: el Rey paró el golpe", titula El Mundo en primera página; "Los secretos coronan a Don Juan Carlos en el golpe del 23F" (La Razón); ABC se muestra más enigmático: Titula en caja alta "El rey paró el golpe" pero subtitula con una conocida frase del ahora residente en Abu Dabi: "Ni abdicaré, ni me iré de España". La Vanguardia apuesta por resaltar que "Los golpistas del 23-F atribuyeron el fracaso a "dejar libre" al Rey" y El País parece mostrarse aliviado cuando titula que "Los archivos secretos del 23-F avalan el papel de Juan Carlos I".

 

Traducción: pista libre para la vuelta a casa, que ya va teniendo una edad, el pobre. 

Por lo demás, nada nuevo bajo el sol. Los 153 documentos publicados no son, ni mucho menos, todo el polvo que habría que haber sacado de las alfombras. Hay algunos chismorreos inéditos, es verdad, y de los mas importantes nos hicimos eco ayer en este blog, pero el nuevo conejo que Pedro Sánchez sacó ayer de la chistera no añade ninguna novedad relevante a todo lo que se ha escrito y hablado del fallido golpe de Estado durante los últimos 45 años, los mismos que ha aguantado vivo el principal rostro de aquella intentona, el ex teniente coronel Antonio Tejero, que falleció ayer a los 93, justo el mismo día en que el Gobierno hacía públicos algunos los documentos menos comprometedores sobre lo que ocurrió en aquellas fechas.

J.T.





 
 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Apuntes urgentes sobre la desclasificación de los papeles del 23F



A cuarenta y cinco años de distancia, la desclasificación de los archivos del 23-F, los famosos documentos secretos que durante décadas estuvieron ocultos en carpetas señaladas con la palabra clasificado, debería haber sido un gesto de claridad, un acto de justicia histórica. Pero en realidad, lo que se ha expuesto hoy es más una confirmación: la historia oficial del golpe de Estado fallido de 1981era en gran medida cierta, aunque lo que no sabíamos hasta ahora ilumina con brutalidad la improvisación, la conspiración y las tensiones internas que falsamente se han querido reducir a “un episodio aislado” de la transición. 


El Gobierno ha publicado 153 unidades documentales que abarcan desde informes internos de Defensa, Interior y Exteriores hasta transcripciones de conversaciones telefónicas que nunca antes habían sido accesibles. Hasta aquí, lo que muchos veníamos pidiendo desde hace años: datos, contexto y transparencia. Pero en esos documentos hay cosas que no se sabían, aunque pudiéramos sospecharlas o imaginarlas. 


Primero, el CESID. El servicio secreto no fue un mero observador. Un informe interno admite que seis agentes de la AOME (la unidad de élite que mandaba el comandante José Cortina) participaron activamente. Proporcionaron emisores, receptores, vehículos y cobertura logística a la columna que asaltó el Congreso. Después del fracaso activaron la “Operación Míster” para falsificar fechas y justificar movimientos. Cortina, absuelto. Solo uno de los capitanes acabó con seis años. El resto, impunes. ¿Recuerdan cuando durante décadas se nos dijo que el CESID “investigó” el golpe? Pues no: lo protagonizó y luego lo tapó. 


Segundo bombazo, los propios golpistas dejaron por escrito lo que consideraban su peor error, “dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero”. El rey era, para ellos, “un objetivo a batir”. Porque “seguirá adelante en su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas”, se afirmaba. Los duros del ejército lo veían como como el tipo que estaba vendiendo la transición a la izquierda. Lo dejaron libre… y eso, según sus propias conclusiones, les costó el golpe. ¿Por qué no lo neutralizaron? ¿Quizás porque aún creían que podían “convencerlo”? 


Tercero, las órdenes reales. Los soldados que entraron en TVE recibieron instrucciones claras: “Primer tiro al aire y el segundo a dar, con cargadores metidos y sin seguro ni nada”. Tirar a matar. Era una operación con previsión de sangre. Y el asalto al Congreso con los GEO estaba calculado en “entre 80 y 110 muertos”. Lo revela una nota de la Brigada de Información Interior de marzo del 81. Alguien paró esa operación. ¿Quién? Otra vez, silencio.


Cuarto, las traiciones de salón. Las transcripciones de las conversaciones de la mujer de Tejero, Carmen Díez Pereira, son demoledoras. Llama a su marido “tonto”, “desgraciado”, “le han dejado tirado como una colilla”, “le han engañado, le han dejado solo”. La esposa del “héroe” del golpe reconoce que lo utilizaron y lo abandonaron. Desde altas instancias castrenses se organizaron ayudas económicas a las familias de los implicados, donativos millonarios bloqueados por Interior. El ejército cuidaba a los suyos incluso en la derrota.


Quinto, los contactos previos. Cortina hablaba con el nuncio de la Santa Sede y con el embajador americano Todman antes del 23-F. No eran cuatro guardias civiles exaltados. Había red internacional y bendición eclesial.


Estos documentos, publicados justo el día que se cumplen 45 años, no cierran ninguna herida. Demuestran que el “milagro” de la transición se sostuvo sobre mentiras sistemáticas, sobre un CESID que jugaba a dos bandas, sobre un rey que era a la vez salvador y objetivo y sobre un ejército que nunca aceptó del todo perder el poder que Franco le había otorgado. La desclasificación llega cuando ya nadie va a la cárcel y cuando la mayoría de los protagonistas están muertos y los que quedan vivos andan jubilados desde hace muchos años.


La transición fue un pacto de no agresión entre franquistas reciclados, monarquía y socialdemocracia, y el 23-F el aviso de que el poder real seguía en los cuarteles, en los despachos sin ventanas del CESID y en Zarzuela. Ahora nos regalan los papeles para que creamos que todo está superado. No lo está.


J.T.

martes, 24 de febrero de 2026

Sotanas y fascismo


“El Papa alertó a los obispos del auge ultraderechista en España”. Este era el titular a cuatro columnas con el que el diario El País abría su edición de ayer lunes 23 de febrero. “León XIV, se podía leer en el subtítulo, advirtió en el Vaticano (el pasado 17 de noviembre) a la Conferencia Episcopal de que estos grupos políticos buscan instrumentalizar a la iglesia católica”, durante una reunión que “fue clave ante el debate sobre la inmigración”.


Hoy martes 24, sin embargo, nos cuenta Jesús Bastante en el diario “Religión Digital” que los obispos han salido al paso para “puntualizar” esta información. En la nota, “que no llega a ser exactamente un desmentido, ni lo contrario”, precisa textualmente el redactor, se asegura que lo que hizo el papa fue “reflexionar sobre los riesgos de someter la fe a las ideologías, sin mencionar a ningún grupo concreto". 


Puede que no mencionara a Vox con todas sus letras, pero sabemos que en aquel encuentro el Papa no se anduvo con rodeos y dejó claro a los nueve obispos españoles presentes que su mayor preocupación es “la ideología de ultraderecha”. No les den predicamento, les dijo. No permitan que usen la cruz como maza electoral. No conviertan la religión en instrumento político. 


Y aquí estamos, con los obispos viviendo su propio cisma interno. Un sector está en la línea de lo que preconiza el Vaticano; otro, el de siempre, el de las sacristías con olor a naftalina y a incienso rancio, coquetea con el discurso xenófobo, machista y autoritario de Santiago Abascal y sus seguidores. Eso por un lado y por otro, la prensa informando con guante de seda. Hablan de “tensiones”, “divergencias” o “sensibilidades distintas” en lugar de decir con claridad que hay un sector de la iglesia que flirtea con el fascismo sin disimulo alguno.


Esta institución que bendijo la dictadura, que amasó fortunas mientras el pueblo pasaba hambre, que convirtió los púlpitos en tribunas de propaganda durante décadas, no tiene ninguna legitimidad moral para entrometerse en los asuntos de Estado. Ni para dar lecciones, ni para que le den lecciones. La fe es sin duda un asunto privado. La política, en cambio, es cosa de todos. No hay más que añadir.


En este país la tentación de mezclar altar y poder político es permanente, endémica, casi genética. Llevamos siglos padeciéndola. Desde los Reyes Católicos hasta los obispos que aplaudían a Franco, pasando por los cardenales que bendecían las bayonetas. Y volvemos a lo mismo. Vox no es un partido conservador más: es un proyecto autoritario, negacionista de la violencia de género, enemigo de los derechos LGTBI, racista con los migrantes y nostálgico del nacionalcatolicismo. Y que algunos obispos le proporcione cobertura, aunque sea con silencios cómplices o con tibios “matizaciones” no es de recibo. 


Pero no nos ciñamos solo a la derecha. Hace cuarenta años, cuando los socialistas llegaron al poder, fueron ellos quienes realzaron celebraciones religiosas como las romerías o la semana santa. Subvencionaron cofradías, declararon patrimonios, llenaron de focos y cámaras las procesiones. Todo para no espantar al votante católico, para mantener ese “catolicismo sociológico” que aún pesaba en los ochenta. Un cálculo electoral frío, pragmático, que hoy se revela como un fracaso absoluto. Aquellos católicos que el PSOE mimaba con incienso y saetas han acabado, en buena parte, en brazos de Vox. El empeño fracasó y la extrema derecha ocupó el vacío que dejó una presunta izquierda tan condescendiente como despistada.


Por eso hay que ser beligerantes, sin complejos, contra cualquier intento de mezclar religión y política. Que la iglesia se dedique a lo suyo: consolar a los afligidos, denunciar la pobreza, acoger al migrante. Que deje de bendecir o demonizar candidaturas. Y que los obispos, de una vez por todas, hagan caso al papa y dejen de otorgar predicamento a los fascistas. 


J.T.

lunes, 23 de febrero de 2026

Gregorio Morán muere un 23F



Tiene su aquel que Gregorio Morán (Oviedo, 1947) haya muerto precisamente un 23F. Desde que el verano de 1980 (aún no había tenido lugar el intento de golpe de Estado) leí “Adolfo Suárez, historia de una ambición” (Planeta, 1979), he buscado siempre los libros que publicaba, igual que me sucedió cada sábado durante casi treinta años con sus Sabatinas Intempestivas en el diario La Vanguardia. Del periódico lo echaron en 2017, en plena efervescencia del procès y desde entonces sus columnas ya no fueron lo mismo. 


Morán, que llegó a pertenecer al aparato del PCE en la clandestinidad, abandonó el partido un buen día de 1976 y se dedicó de lleno al periodismo y a la investigación alumbrando libros que contribuyen a entender buena parte de lo sucedido en España durante las últimas décadas. Se documentaba con exquisito celo profesional y parece claro que no era precisamente un autor cómodo para los editores. Era un columnista feroz, pero también un lector insaciable, un investigador meticuloso y un escritor con una prosa que combinaba ironía, memoria y mala leche ilustrada. 


Si la labor de un periodista es molestar al poder, Morán cumplió sobradamente con este precepto. Siempre fue una conciencia crítica que escribió con el cuchillo entre los dientes y la biblioteca a la espalda. “El cura y los mandarines” (Akal, 2015), por ejemplo, es una impagable disección de la vida cultural y política española donde se cuenta cómo una parte significativa de nuestros intelectuales, muchos inicialmente críticos con el franquismo, acabaron integrándose en las estructuras de poder político, académico y mediático durante la transición y los gobiernos socialistas, y se convirtieron en lo que nuestro hombre llamaba “mandarines”, figuras influyentes que gestionan prestigio, cargos, subvenciones y legitimidad cultural.


Su obra ensayística es, probablemente, donde mejor se percibe su enorme musculatura intelectual: “Los españoles que dejaron de serlo: Euskadi, 1937-1981 (1982), “Miseria y grandeza del Partido Comunista de España entre 1939 y 1985” (1986) o El precio de la transición” (1991) son libros densos, nutritivos, incómodos; retratos sin maquillaje de la transición, del poder cultural y de las élites políticas.  


Pero no quiero convertir ahora su figura en una estampita laica. Morán tuvo sombras. Y no pocas. Su carácter bronco, su tendencia a disparar con bala gruesa, su desprecio a veces excesivo por quienes no compartían su mirada, le granjearon enemistades profundas. En los últimos años, además, su firma apareció en diarios digitales de clara orientación conservadora, alguno incluso situado en la periferia más áspera de la derecha. Para muchos de quienes lo habían leído como azote del franquismo sociológico y de las miserias del poder, aquello resultó desconcertante, como insólita me pareció también su deriva catalonofóbica.


¿Había girado ideológicamente? ¿O simplemente seguía siendo el mismo francotirador, pero disparando ahora hacia otros blancos? Tal vez ambas cosas. Tal vez ninguna. Lo cierto es que esa etapa final abrió una grieta y empañó, para algunos, la memoria del polemista brillante que había sido. Sin embargo, reducir a Morán a esa deriva sería tan injusto como ignorarla. La coherencia absoluta es patrimonio de los santos, no de los periodistas. Y él fue, ante todo, periodista. Uno que se equivocó, que exageró, que molestó. Pero también uno que leyó más que la mayoría, que estudió como pocos y que escribió con una libertad que hoy se echa en falta en redacciones cada vez más domesticadas por el algoritmo y la corrección política.


Con sus luces y sus sombras, representó una forma de ejercer el oficio que hoy escasea, la del periodista que no pide permiso. Quizá ese sea su verdadero epitafio. Gregorio Morán fue incómodo hasta el final y prefirió caer mal antes que callarse, lo que no es poca cosa. ¡Buen viaje, maestro!


J.T.

domingo, 22 de febrero de 2026

Rufián y Sumar buscan el norte



Visto y oído lo sucedido el sábado en el Bellas Artes de Madrid, entiendo la dificultad que han debido tener en las redacciones para encontrar un titular que resumiera lo que se habló en el llamado acto de refundación de la extinta Sumar. Me sitúo en el lugar de cualquier redactor jefe y habría sudado tinta. Maíllo, Urtasun, García y Hernández no lo pusieron nada fácil. Así acabaron contándolo los principales periódicos:  “Sumar se resetea para volver a empezar y plantar cara a la ultraderecha” (La Vanguardia); “La nueva confluencia llama a integrarse al resto de izquierdas y colectivos sociales” (Público); “Las izquierdas de Sumar llaman a no resignarse y defienden la unidad en el lanzamiento de su nueva alianza” (El País); “La nueva alianza de la izquierda se reinventa sin líder y contra la resignación y abre la puerta de par en par a Podemos” (El Mundo); “Los partidos de Sumar escenifican un lavado de cara 'fake' sin Yolanda Díaz ni Podemos” (ABC); “IU, Más Madrid, Sumar y los Comunes ponen la primera piedra de una coalición para las generales” (El Correo)…


Era complicado dar con un titular poderoso porque faltaba punch en las intervenciones, faltaba sangre en las venas, faltaba convicción, es verdad que hay ganas de que pase algo, cierto que se necesita que las izquierdas planten cara a la ultraderecha unidas y fuertes, pero quienes salieron a la palestra la semana pasada (también Gabriel Rufián y Emilio Delgado el miércoles en la sala Galileo) necesitan currárselo bastante más de lo que lo han hecho hasta ahora si quieren llegar a algún sitio. Se quedan muy cortos. Escasos en contundencia y en beligerancia. Apelando al miedo y recurriendo a frases comunes les costará avanzar. De momento la cosa está verde y más bien sosa.

“Un paso al frente”, era el lema en el Bellas Artes el sábado. De acuerdo, pero un paso al frente ¿quién? Un paso al frente ¿con quiénes, liderándolo quién? Un paso al frente, ¿cómo? “Disputar el presente para ganar el futuro”, fue la frase que presidió el acto de Rufián y Delgado tres días antes. Pues muy bien, pero ¿por dónde y cuándo empezamos? El balón al suelo, por favor. Y a dejar de ser muletas del Psoe.


En comunicación política, o eres claro y centras el mensaje o no te comes un colín. Y si después de celebrados unos actos a los que no faltó promoción a bombo y platillo, a los periodistas nos cuesta encontrar un titular, es que algo falla. No hay una idea fuerza, ni un lema contundente, ni una frase que haga pensar. Ni contenido potente. Rufián y Delgado no estuvieron muy finos a la hora de exponer la idea de que solo se presente la formación política con más posibilidades en cada provincia. Para empezar, quienes tuvieron mejores resultados en Barcelona fueron los Comunes, lo que según la propuesta significaría que Esquerra no se presente en esta provincia para facilitarle las cosas a los de Ada Colau. Esa misma noche Oriol Junqueras se partía de risa en Hora Veinticinco con la propuesta y Gabriel se apresuraba al día siguiente a matizar lo dicho. Sin demasiado éxito, por cierto.


En el Bellas Artes no hubo propuestas, sino brindis al sol. Muchas frases grandilocuentes, mucho aplauso pero poca chicha: “Vamos a construir una izquierda que vuelva a conectar con la calle, porque hemos perdido pulso y comunicación con la gente; en los barrios, en los centro de trabajo, en las campus universitarios, en los institutos…” admitía Lara Hernández, coordinadora de Sumar y avatar de Yolanda; “Necesitamos un proyecto que conecte con la mayoría social”, concedía un comedido Ernest Urtasun; Vamos a mezclarnos, queridos militantes de todas las organizaciones. Tocarnos y abrazarnos, que nos hace falta, imploraba Antonio Maíllo; Necesitamos cada átomo progresista de todos los espacios. Damos el primer paso al frente. Somos muchas, esperamos a más”, proclamaba Mónica García.


Aquí cabemos todos, repetían una y otra vez. Pues claro, queridas y queridos, ¿pero esta vez también será para ningunear a Podemos a las primeras de cambio? No, ¿verdad? Entre otras cosas porque habrá que ver si ellos están por la labor. Me llamó especialmente la atención el interés que pusieron los intervinientes en dejar claro que se trataba de un proyecto que se estaba trabajando con discreción. Lo que por lo visto no quita para que cuente de antemano con las bendiciones de los mismos medios que en su día le doraron la píldora al proyecto Sumar de Yolanda Díaz en Magariños. Hasta el 24 horas de tve retransmitió en directo el acto de la presunta refundación.


En resumen, que en la semana donde todo iba a cambiar en la izquierda, terminamos con la cabeza caliente y los pies fríos. No digo que la intención no haya sido buena, pero igual estas cosas habría que hacerlas con mayor claridad y convicción, ¿no les parece? Una vez que han tenido lugar los actos… ¿ahora qué? ¿Para cuándo los nuevos encuentros, las próximas iniciativas, las propuestas “ilusionantes” para que la ciudadanía, sobre todo los jóvenes, decidan ponerse en marcha y actuar?


J.T.