sábado, 15 de enero de 2022

SOS de los "viejos rockeros" de la política andaluza


Andalucía, eterna cantera de luchadores antifranquistas, atraviesa en estos momentos por una peligrosa etapa donde largos años de esfuerzo por eliminar la desigualdad y la injusticia se pueden venir abajo. Más abajo aún de lo que ya están desde que PP, Ciudadanos y Vox entraron hace un par de años en el palacio de San Telmo.

La Andalucía rural y los barrios más poblados de sus ciudades importantes tuvieron durante décadas muy claro que las derechas jamás en la vida defenderían sus intereses y que los modos fascistas de la dictadura, además de yugularle el derecho a progresar, habían supuesto la ruina de miles de familias que se vieron obligadas a emigrar abandonando para siempre el lugar donde nacieron.

Desde los primeros ochenta, el dibujo político andaluz solía anticipar lo que iba a suceder en toda España. El éxito rotundo de las izquierdas en las elecciones autonómicas de mayo de 1982 (74 escaños entre socialistas y comunistas frente a los 32 de Alianza Popular y Unión de Centro Democrático) precedió al arrollador triunfo de los socialistas en las generales de octubre de aquel mismo año.

Con el paso del tiempo, la progresiva derechización del PSOE andaluz tuvo a su vez el mismo recorrido en el federal. Atrás quedaron movilizaciones emblemáticas como la del 4 de diciembre de 1977, donde perdió la vida el joven García Caparrós, o conquistas históricas como la autonomía conseguida tras el referéndum del 28-F de 1980 para el que las derechas pidieron la abstención o el voto en blanco.

Los socialistas hicieron tantas concesiones durante sus décadas de gestión que al final la ultraderecha consiguió abrirse paso hasta obtener en diciembre de 2018 los primeros 12 escaños en un parlamento español. Como siempre, el dibujo andaluz precedió al general y ahí tenemos a Santiago Abascal y sus 51 correligionarios sembrando el desconcierto en el Congreso de los Diputados desde enero de 2020. No pinta nada bien la cosa si, tras los comicios en Castilla y León previstos para el próximo 13 de febrero, Moreno Bonilla decide adelantar a su vez las elecciones andaluzas. Dado el carácter premonitorio que suele tener lo que sucede en esa tierra, nos encontramos sin duda ante un asunto serio.

Los viejos luchadores antifranquistas de provincias como Cádiz, Sevilla, Granada o Almería parece que lo han visto claro y acaban de dar la voz de alarma. A pesar del cansancio y del desencanto de tantas veces, se resisten sin embargo a tirar la toalla y han decidido hacer un esfuerzo, otro esfuerzo más, para llamar a las izquierdas andaluzas a entenderse e impedir así que la ultraderecha continúe avanzando y lo que sería ya un desastre absoluto, que acabara ocupando alguna que otra consejería en el próximo gobierno autonómico.

Su análisis es que la derecha y la ultraderecha gobiernan en Andalucía porque medio millón de personas de izquierdas se quedaron en casa y no fueron a votar en la última convocatoria electoral. Se trata pues de dos cosas fundamentales, una que ni una sola de ese medio millón de personas se quede en casa la próxima vez, y otra que las izquierdas andaluzas se dejen de tonterías y que ni en broma se les ocurra acudir a esa convocatoria electoral presentando varias listas diferentes.

“Urgimos a partidos políticos y colectivos sociales con sensibilidad progresista, ecologista, andalucista, feminista y de izquierdas a dejar en un segundo plano sus legítimas diferencias, a concentrarse en lo que les une y construir, en diálogo con los movimientos sociales afines y las gentes de toda Andalucía, una candidatura de unidad para las próximas elecciones.”, solicitan en un manifiesto que acaban de hacer público y que, en menos de una semana, ha superado ya las mil firmas de apoyo.

Los promotores de “Andalucía se Encuentra”, que es como han bautizado a la iniciativa, buena parte de ellos “viejos rockeros” de la política andaluza, saben bien que es imprescindible que la gente joven despierte y abandere esta pelea, también que resulta imprescindible que las izquierdas se presenten juntas. Algunas conversaciones parece que han empezado a producirse porque, aunque les cueste entenderse, resulta evidente que la división solo contribuirá a propiciar el crecimiento de la ultraderecha. Algo que, hace solo unos cuantos años, poca gente podía imaginar que acabaría sucediendo en España. Y mucho menos en Andalucía.

J.T.

domingo, 9 de enero de 2022

El PP y la exaltación de la cerveza


Que el presidente Juanma Moreno decidiera prescindir del cava para felicitar el año a los andaluces y en su lugar optara por un caña de cerveza cuando llegó el momento del brindis puede ser todo lo patético y ridículo que queramos, pero era un mensaje más cargado de contenido que los catorce minutos de cháchara que le precedieron. 

Incapaz de aportar discurso propio, no solo no le importó plagiar el comportamiento populista de Isabel Díaz Ayuso sino que fue más allá. Si su correligionaria madrileña usó las cañas como símbolo de esa peculiar libertad que la derecha dice defender, Moreno en Granada hizo lo propio pero añadiéndole su toque particular: bebiendo en vivo y en directo al acabar la retransmisión ¡Viva el vino, que diga la cerveza! 

Parece que siguen vigentes los modos y maneras que reivindicaba Aznar cuando proclamaba que a él nadie le decía cuánto ni cuándo tenía que beber. Pero proclamar ¡viva el vino! a voz en grito como en su día hiciera Mariano Rajoy parece que ya no es cool. Ahora, lo que da votos es la cerveza, aunque cuando acaben de grabarte no le des un sorbo más y vuelvas al fino o al güisqui caro, que es en verdad lo tuyo. 

Pero aunque sea de cara a la galería la derecha ha decidido convertir la caña de cerveza en su bandera, en un símbolo de falsa libertad que intenta engañar a los más desprevenidos diciéndole “mira soy igual que tú, también bebo cerveza”. Calculan algunos llamados expertos que esa cerveza granadina en la mano de Moreno Bonilla puede suponerle más de cien mil votos añadidos en las elecciones que sin duda convocarán pronto, porque eso fue el discurso de fin de año del presidente andaluz: el primer acto de su campaña.  

Solo un adelanto electoral explica que en plenas fechas de fin de año se apueste por la cerveza para brindar por la noche, en un día donde hasta en las familias más humildes se hace lo imposible para que no falte por lo menos una botella de sidra. A ver qué pasa en las elecciones de Castilla y León que, por cierto, son la víspera del día de los enamorados, ¿aparecerá Mañueco en los spots electorales con una cerveza en la mano brindando por el amor en libertad? 

Una caña de cerveza hermana a la gente de a pie, la cerveza es testigo de muchos primeros besos, de animadas conversaciones donde se ríe, se llora, se cuentan chistes, se piden y se dan consejos. Pero me cuesta imaginar a la gente de derechas haciendo este tipo de cosas con una cerveza en la mesa. Demasiado barata por muy elaborada que esté. Los ricos son más de bebidas sofisticadas para cerrar los tratos o conmemorar efemérides. O para pelearse o insultarse a cara de perro, entrañable costumbre navideña que nunca decae.  

Igual que hubo un tiempo en que para los prebostes del PP el vino significaba rebeldía ante las normas, ahora le toca a la cerveza ser el símbolo de la libertad. Las derechas acaban de descubrir que, para conseguir votos, les viene muy bien recurrir a la cerveza por mucho punto proletario que esta tenga. 

¡Quién nos iba a decir que el santo y seña de las propuestas electorales del PP iba a ser la exaltación del alcoholismo! Visto lo visto, ya nos podemos imaginar el destino que le espera a la pobre cerveza el día que se consiga legalizar la marihuana.  

J.T.

sábado, 8 de enero de 2022

Y la mentira se instaló entre nosotros


Abro el twitter de algún que otro director de periódico y no leo más que mentiras; consulto el instagram de desprejuiciados informadores y compruebo cómo sus hooligans aplauden cada bulo que reproducen; miro el Facebook o el youtube de tanto falso comunicador ahora llamado infuencer y constato escandalizado cómo, sin el menor recato, se dedican a difundir entre sus decenas de miles, a veces cientos de seguidores, las mayores infamias. Esta siembra reverbera primero en webs ultras como The Objective, Ok Diario, Periodista Digital… a continuación radios y periódicos amplifican el mensaje y así un material, cada vez más incendiario acaba llegando a las televisiones convertido ya en verdad incontestable que pasa a ser “analizada en profundidad” por tertulianos que, mire usted por dónde, son en muchos casos los mismos que horas antes habían fabricado y difundido la mentira.

He ahí el círculo infernal al que toca combatir cada día, he ahí la trampa de cada mañana, he aquí el fake envenenado nacido de mentes calenturientas ante el que cualquier opción para conseguir neutralizarlo se convierte en una trampa: si lo dejas pasar y callas, malo, y si entras al trapo peor, porque hay muchas probabilidades de no salir bien parados en la contienda dado que tú tienes vergüenza y ellos la desconocen.

En esas estamos desde hace ya demasiado tiempo y, particularmente en nuestro país, el año nuevo ha llegado con un tedioso catálogo que nos permite imaginar por dónde pueden ir los tiros en los próximos meses. La esencia del periodismo es ayudar a tener opinión propia, ofrecerle datos al lector o al espectador que le sirvan para extraer sus propias conclusiones pero cuando la mentira le roba el protagonismo a la información contrastada, cuando en redes, en las portadas de las webs, en las newsletters o en las alertas del móvil aparecen mezcladas las mentiras y las verdades, ¿cómo distinguir unas de otras? La dimensión del fraude, dada su enorme capacidad de propagación, está empezando a ser de un calibre tan escandaloso que al final acaba consiguiendo relegar la información contrastada a un segundo o ercer plano.

Los medios y los profesionales que no mienten se encuentran a día de hoy en inferioridad de condiciones. No resulta nada fácil que la verdad acabe imponiéndose, si es que finalmente consigue hacerlo. Contrarrestar la mentira es tan agotador que te acaba robando el espacio, el tiempo y hasta la energía necesarias para hacer bien tu trabajo.

Entre los muchos bulos con los que los facinerosos nos han “felicitado” este año recién nacido se encuentran las torticeras referencias al patrimonio de la ministra de Igualdad o las opiniones del titular de Consumo sobre política alimentaria. Por no hablar de quienes han atribuido falsamente el descenso del paro al crecimiento del empleo público o de quienes, como el alcalde de Madrid proclaman, a sabiendas de que mienten, que la economía en nuestro país mejora porque “Madrid tira de España”.

Ante la perversa eficacia de esta manera de comunicar, quienes nos esforzamos por contrastar nuestras informaciones y documentar cada cosa que dejamos por escrito nos encontramos en inferioridad de condiciones. Por eso me desalienta el certificado de honorabilidad que nos exigen muchos de quienes jamás en la vida se han atrevido a toserle a los desprejuiciados. Las barbaridades de Tertsch, la desmesura de Azúa, las afirmaciones de Marhuenda o las salidas de pata de banco de Pedrojota se suelen solventar con un “ya sabes cómo son”, “no hay que hacerles ni caso”, pero a ti te exigen que cada dato que aportas contenga un vínculo, o una nota a pie de página, que demuestre que no estás mintiendo.

En resumen, que el desparpajo y la amoralidad de los desestabilizadores acaba afectando a tu propia credibilidad. Tu honestidad la tienes que demostrar, mientras que los impúdicos disfrutan de barra libre para emponzoñar la convivencia. “Es que no eres lo mismo de crítico con unos que con otros, Juan”, me llegan a decir en algún caso incluso amigo míos ¿Pero qué me estáis diciendo, no veis que están ganado la partida por goleada?, les contesto, ¿no veis que estamos bailando al son que tocan ellos y, además de estar perdiendo calidad democrática, estamos poniendo el futuro y el prestigio de la información en juego?

La equidistancia no es la solución, ponerse de perfil es de supervivientes, no de profesionales comprometidos. A riesgo de repetirme hasta la saciedad denunciaré una y mil veces el comportamiento criminal de quienes usan lo medios para engañar, calumniar, crispar, difamar y dividir. No a los bulos orquestados, no a la propagación de fakes, ni a la insidia, no puede ser que a unos se nos exija aval de honradez añadido, diploma de pureza de comportamiento, casi certificado de penales cada vez que publicamos algo y a otros se les deje mentir como bellacos a diario y en medio de la mayor de las impunidades.

Así fue como nacieron, crecieron y se reprodujeron los Trump, los Bolsonaro, los Johnson, los Ayuso… ¿Es eso lo que queremos? ¿Que los insidiosos continúen ganado terreno y que quienes no lo somos nos la cojamos con papel de fumar cada vez que usamos este u otro adjetivo o aportamos un dato cuya veracidad es incontestable y acreditamos con la solvencia de nuestra propia firma? Como el poeta maldigo, una vez más y sin ambages, la prosa y la poesía de los tibios y los equidistantes que procuran no pronunciarse intentando así no verse en la obligación de tomar nunca partido ni mancharse.

J.T.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Adiós al año de la perplejidad



He estado buscando un término para definir el estado de ánimo que, al menos en mi caso, he experimentado con mayor frecuencia durante el año que acaba de marcharse y creo que la palabra es perplejidad. Sí, despedí el 2021 perplejo y saludo la llegada de este 2022 con la inevitable ansiedad de quien no ve el horizonte nada despejado.

Según el diccionario, la perplejidad es un estado de confusión y desconcierto en el que no se sabe muy bien lo que se debe hacer, pensar o decir. Hay muchas cosas de las que nos han pasado este año que cuesta creerse que sean reales.

Me cuesta mucho creer, me deja perplejo la victoria electoral de una desahogada que basó su campaña en la exaltación de la cerveza y la prostitución de la palabra “libertad”.

Me deja perplejo la irresponsabilidad de las derechas ultras y su capacidad para convertir el Congreso en un patio de vecinos de la peor ralea.

Me deja perplejo el analfabetismo manifiesto del jefe de la oposición.

Me deja perplejo nuestra capacidad para dejar pasar comportamientos tan inaceptables como los del emérito, o los de un ex presidente del gobierno mintiendo sin pudor en sede parlamentaria, o la soltura en sus comparecencias judiciales de personajes que llevan decenios moviendo los hilos más comprometidos en la trastienda del poder.

Me dejan perplejo algunas, por no decir bastantes, de las decisiones judiciales adoptadas este año, como declarar ilegal el confinamiento decretado en el primer estado de alarma. Perplejo y preocupado. Como me ocurre con la condena al diputado Alberto Rodríguez por un actuación nunca demostrada y que llevó a la presidenta del parlamento a echarlo de su escaño sin pérdida de tiempo.

Me deja muy descolocado que, ante una experiencia como la de la pandemia que estamos viviendo, tan desasosegante, los políticos exhiban tantas veces un comportamiento errático, impúdico e incluso rastrero.

Me sorprende la preeminencia que se le suele otorgar a los negacionistas un día sí y otro también. Y me alarma que se haga con la cínica coartada de que se trata de reproducir sus tesis para así a continuación poder descalificarlas. A los argumentos de los criminales no se les proporciona altavoz alguno. Punto.

No entiendo la escasa contestación ante el avance de la doctrina ultra en buena parte de los medios de comunicación. Personajes cuyas informaciones en otros tiempos fueron solventes han devenido en propagadores de infamias y bulos que amenazan la convivencia, en agitadores que transgreden uno de los preceptos básicos del periodismo, no usar adjetivos, para proferir insultos y diatribas que aplicados usuarios de redes sociales se apresuran a repicar sin freno.

Me escandaliza la presencia de ultraderechistas saboteando las comparecencia de diputados de izquierdas en las ruedas de prensa que se celebran en el Congreso de los Diputados.

Me alarma la reproducción por esporas de las webs que propagan la doctrina ultra, medios que se dedican a mentir y a negar la evidencia, y que solo pueden sobrevivir si detrás hay dinero, y mucho, interesado en que la basura y la intoxicación se difundan lo máximo posible.

Me deja perplejo la escasa calidad de los informativos de televisión, ya sea privada o pública, con piezas o intervenciones en directo que cuentan lo mismo que el total al que van a dar paso anticipando el insulto o la descalificación que a continuación repetirá el político de turno. Me entristece esa falta de profesionalidad o de criterio, ¿o es que ese es el criterio?

Me cuesta entender el comportamiento de las asociaciones de la prensa, la de Madrid sobre todo, silenciosa ante tanta canallada y manipulación de una prensa cada vez más desvergonzada, pero a la que le falta tiempo para protestar si, por ejemplo, la manera de organizar los turnos de palabra en una rueda de prensa del presidente del gobierno no es exactamente la que a los ultras les gustaría.

Cada vez ocurren aquí más cosas que no entiendo y a veces, dada la resignación y la pasividad que veo a mi alrededor, no puedo menos que preguntarme si seré yo quien está fuera de onda o, por el contrario, se extiende en el ánimo general una especie de fatalismo que lleva a bajar los brazos y nos conduce a la sociedad borreguil de la que habla Noah Harari en uno de sus libros más recientes.

No me ha gustado nada, pandemia aparte, el año que acabamos de vivir en España. Este 2022, como decía al principio, no puedo evitar recibirlo con ansiedad. Hago votos por estar equivocado en mis temores.

J.T.

.Difundido en el diario Público

domingo, 26 de diciembre de 2021

La mirada perdida de Casado


Pablo Casado es una persona con poder. Maneja presupuesto, tiene los destinos de centenares de cargos en sus manos y apenas abre la boca siempre hay una docena de estómagos agradecidos dispuestos a obedecer sus órdenes, diga lo que diga. El caso Calviño, por ejemplo, lo demuestra: al muchacho le sentó mal que la vicepresidenta “osara” comentarle que le asqueaban los modales que últimamente emplea en el Congreso de los Diputados y no dudó en tocar el silbato para que su incondicional cohorte saliera en tromba a atacarla por tierra, mar y aire. Lo de la “políticamente indeseable” Cayetana es otro ejemplo. Un verso suelto en tu equipo es un peligro, sobre todo si está más preparada que tú, así que calladita está mejor, debió pensar cuando le quitó el cargo de portavoz. 

Casado tiene poder, sí, pero la empresa que ha heredado necesita mucho más poder del que administra si quiere sobrevivir y ese poder, el que otorga la presidencia del gobierno y el Boletín Oficial del Estado, él y los suyos lo ven en estos momentos más lejos de lo que les gustaría. El PP se desespera esperando. Y a Casado se le nota demasiado. 

Su mirada, la mirada perdida de Casado, es todo un poema. La inseguridad que transmite es elocuencia pura. Podría ser la mirada del rico heredero que no tiene capacidad para gestionar su patrimonio, pero también la de quien, tras abrir el testamento, descubre que la empresa familiar está al borde de la quiebra. No acaba de dar con la tecla para que la clientela no se le marche, no acierta con el tono adecuado, cambia de opinión cada dos por tres, cambia de discurso, incluso de argumentos, ¿cómo no va a tener la mirada perdida? 

Va por la vida dando palos de ciego y no encuentra la manera de sacudirse el peso de la corrupción sistémica de sus antecesores por mucho apoyo judicial y mediático que tenga. Esa mirada al infinito buscando un amparo que no encuentra denota el miedo que tiene a perder un poder que cada día que pasa es más escaso. Esa mirada evidencia la decepción ante unas encuestas mucho menos favorables de lo que necesita, esa mirada perdida manifiesta el miedo a no ser capaz de ganar las próximas elecciones generales, la torpeza para quitarse el aliento de Vox de la nuca o la incapacidad para neutralizar esa amenaza interna llamada Isabel Díaz Ayuso

No debe dormir bien Pablo Casado y se le nota, por mucho que los suyos ejecuten sus órdenes en primer tiempo de saludo. Por eso anda con la mirada perdida por el mundo, esa mirada de quien, siguiendo el principio de Peter, se resiste a admitir que ha rebasado su nivel de competencia. Llegó al cargo de rebote y por defecto. Estaba en el sitio adecuado en el momento preciso cuando se trataba de cerrarle al paso a otra persona y la única solución a mano era él. Pero ahora se encuentra ahí solo, frente al toro, con la muleta en la mano y sin los conocimientos ni la destreza suficientes para realizar una buena faena. Y sin poder disimular el miedo a la cornada. ¿Cómo no va a tener la mirada perdida? 

Esa mirada, elocuencia pura, lo que nos está diciendo es que, en el fondo, lo que Pablo Casado está deseando es salir corriendo y que se acabe la pesadilla. Pero igual tiene miedo de no valer ni para eso.  

J.T.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Tras el discurso del rey en Nochebuena


En pleno día 25 de diciembre, y aún con la resaca producto del octavo discurso de Navidad de Felipe VI, no puedo dejar de pensar que su padre, quien estuvo 39 años entrando cada Nochebuena en nuestras casas predicando paz y amor, honradez y buen hacer al tiempo que ensalzaba las bondades de la institución familiar y lanzaba diatribas contra la corrupción, lleva casi diecisiete meses de campo y playa por tierras orientales tras haberse descubierto que no solo no se creía nada de lo que nos aconsejaba sino que además practicaba todo lo contrario. Nos tomaba el pelo sin pudor alguno y era capaz de reírse en nuestra propia cara sin que se le moviera un solo músculo ni, por supuesto, se le cayera la suya de vergüenza.

Nos recordaba ayer en este periódico mi compañero Danilo Albin cómo la supuesta línea de transparencia que Felipe VI prometió abrir cuando fue investido ha esquivado siempre cualquier asunto relacionado con su padre. La situación actual del llamado rey emérito, con esa hábil campaña orquestada para que vuelva de nuevo a casa, y además lo haga de rositas, es otra burla más, otra prueba del mundo bufo en el que se mueve esta España que lleva siglos siendo chuleada por un monarca tras otro. 

En algunas de las fotos más recientes que conocemos de su estancia en Abu Dhabi, y aunque la mascarilla le tapa la mitad de la expresión, se adivina a un Juan Carlos desahogado y suficiente. Si volvió Fernando VII, si volvió mi tatarabuela Isabel II, ¿por qué no voy a poder volver yo?, parece pensar. Y la verdad es que lleva razón. Una vez "afinado", que diría Fernández Díaz, el trabajo de sortear los obstáculos burocráticos y fiscales que le amenazaban, esa corte de aduladores que durante año y medio se ha mantenido de astuto y sabio perfil ha salido de sus madrigueras para proclamar a los cuatro vientos (entendiendo por cuatro vientos la mayoría de los medios de comunicación) los derechos que le asisten a “su majestad” para vivir en su país y no tener que seguir “sufriendo” fuera. El pobre.

¿Qué significa que vuelva a España el padre del rey? ¿Borrón y cuenta nueva y aquí no ha pasado nada? ¿Seremos capaces de tener tales tragaderas? ¿Serán capaces los adalides de lo políticamente correcto de ganarle la partida al sentido común? Porque ¿en qué cabeza humana cabe que en nombre de la inviolabilidad se pueda hacer durante decenios lo que te de la real gana sin tener que dar explicaciones jamás por ello? Te puedes saltar el Código Penal enterito, artículo por artículo, pero como eres inviolable estás blindado ¡Ea! ¿De verdad ser inviolable significa ser impune? ¿De verdad vamos a tragar resignados y callados?

Otro argumento de quienes abogan por el regreso de Juan Carlos sin que tenga que dar cuenta de nada es que gracias a él no hubo sangre después de la muerte de Franco y que el 23F evitó el golpe de Estado. A medida que tomamos perspectiva, va quedando claro que su actuación no fue precisamente la de un demócrata, sino la de un profesional de la supervivencia. Pero aún concediéndole a aquello cierto valor, ¿ha de ser argumento suficiente para otorgarle patente de corso de por vida? No respetó a los ciudadanos, tampoco a la institución que representa, se creyó siempre por encima del bien y del mal… Con tales credenciales ¿va a volver sin más?

La misma prensa que ocultó sus asuntos, los mismos directores de periódicos que convirtieron en tabú durante decenios cualquier información “poco conveniente” para el ahora emérito, llevan quince meses dándose golpes de pecho por haber contribuido a tapar el comportamiento de Juan Carlos I. Así que ahora cuando vuelva, ¿qué es lo que van a hacer? ¿Se aprovecharán de la proverbial mala memoria del común de la ciudadanía y volverán a hacerle la pelota como antes de marcharse? Capaces son. Dicen que el mayor aliado del estafador es el tiempo: cuando te engañó si fuiste su víctima al principio lo matarías, pero a medida que transcurren los días eres tú mismo quien necesitas ir olvidándote de lo que te hizo porque no quieres seguir sufriendo ni ponerte de mala leche cada vez que te viene a la memoria. Pues eso.

Fue malo que saliera huyendo, sin duda no es lo mejor que permanezca fuera y será malo también que regrese. Cualquier solución es mala para él, para su familia y para el país. Si los ex presidentes del gobierno se autodefinen como jarrones chinos que nadie sabe donde colocar, ¿qué van/vamos a hacer con el rey emérito cuando vuelva, en qué estantería lo vamos a poner?

J.T.

sábado, 18 de diciembre de 2021

La mala educación de su señoría Casado


No es un asunto menor. El uso de tacos y palabrotas en las comparecencias parlamentarias es una vergüenza, un mal ejemplo lo haga quien lo haga, un pésimo síntoma, pero si la persona que lo practica es ni más ni menos que el jefe de la oposición la cosa merece una reflexión seria.

Instalados en la travesura por falta de propuestas y carencia de recursos intelectuales y lingüísticos, agotado el uso de términos recogidos en el diccionario para proferir insultos, se ve que para continuar elevando el listón de los despropósitos no se les ha ocurrido nada mejor que recurrir al exabrupto.

Los votemos o no, ¿nos merecemos este tipo de usos parlamentarios? ¿nos merecemos que quien lleve la batuta del control al gobierno sea una persona tan volátil, tan poco consistente, tan broncas de patio de colegio? Una cosa es no haber sido capaz de aprobar la carrera ni el máster sin que te regalaran las notas o desconocer el funcionamiento de la energía solar, y otra muy distinta no tener educación. Quien más quien menos frecuenta en su entorno personas muy educadas que jamás pudieron estudiar como hubieran querido. Como conocemos también a quienes se han leído miles de libros y eso no les impide ser unos auténticos impresentables.

Lo que ocurre es que Pablo Casado no encaja en ninguna de esas dos categorías. Teníamos muy claro ya que posee escasa cultura, incluso datos suficientes para deducir que tampoco conoce la educación pero esta semana, con el famoso “¿qué coño tiene que pasar?” ha confirmado todas las sospechas. No hubiera quedado tan mal si, por ejemplo, digo yo, hubiera recurrido al “¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?”, el manido “Quosque tandem?" de Cicerón a Catilina pero claro, para eso tendría que haber estudiado algo en su vida.

Los miembros del Opus Dei suelen tener por costumbre, para que sus interlocutores comprueben que a pesar del meapilismo de la secta son personas campechanas que saben estar en el mundo, practicar un lenguaje coloquial desenfadado en donde siempre tiene cabida algún “¡coño!” que otro. Lo mismo es eso lo que le ocurre a Casado quien, como siempre suele andar tan desorientado, igual creía que estaba desayunando en el bar Manolo en lugar de interpelando al presidente del Gobierno desde su escaño en el Congreso de los Diputados.

Por supuesto fue aplaudido a rabiar por los estómagos agradecidos que le rodean y que no solo lo mantienen fuera de la realidad sino que al poco rato ya andaban proclamando que ese iba a ser el nuevo estilo de su amado líder de aquí en adelante. Cuando a Nadia Calviño, que como mucho suele pegar pellizcos de monja, se le ocurrió decir que se sentía asqueada por la falta de urbanidad de Casado, la cohorte de pelotas de este no tardó en saltarle a la yugular. “A mí me ha dicho que mi jefe es un desequilibrado”, proclamó Almeida en un canutazo que los medios se apresuraron a difundir.

Esa es otra, el papel vergonzoso de los medios, incluida una Televisión Española cuyos informativos continúan dejando mucho que desear. Tras el corte de Casado que incluía el ya famoso “coño”, emitieron una expresión similar proferida por Pedro Sánchez el año 2015 en un contexto y un ámbito muy diferentes. Así, quienes lo ven y escuchan pueden acabar concluyendo “¿Ves? son todos iguales”. Y no, no solo todos no son iguales sino que la televisión pública, entre sus muchas funciones, tiene también la de ayudar a entender lo que ni las redes ni los medios beligerantes con el Gobierno de coalición van a ayudar a entender nunca. En el TD2 de este jueves se daba cuenta de un sabotaje de Vox a un acto organizado por Unidas Podemos para respaldar a los jóvenes condenados por atentado a la autoridad en unos incidentes acaecidos en Zaragoza. Los ultras hicieron sonar el himno de la policía y en la tele se les puso el micro para que uno de sus miembros hablara sobre ello. Me tienta terminar usando expresiones similares a las de Casado pero me contendré y me limitaré a exponer que es difícil saber “a qué demonios” están jugando los informativos de tve.

A tenor del caudal de reverencias con el que cuenta, parece difícil que Casado llegue a entender que la firmeza y la dureza que se supone debe practicar un líder de la oposición no tiene nada que ver, como diría mi admirado Javier Aroca, con ser “chabacano, marrullero y mamarracho”.

J.T.

domingo, 12 de diciembre de 2021

¿Qué está pasando aquí?


Hablo con amigos de toda la vida y percibo resignación, con vocacionales eternos de la lucha por los derechos y veo desidia, con personas propietarias de un extenso currículum reivindicativo que últimamente no disimulan su cansancio, con antiguos optimistas profesionales que parecen resignarse a la llegada del desastre… ¿Qué está pasando aquí? 

El problema es que les estamos dejando casi toda la cancha a los chulos y a los mentirosos y andamos apocados. Vemos cómo propagan bulos y fakes sin vergüenza alguna y no reaccionamos. Incendian las redes, envenenan los periódicos y las radios, colonizan los informativos y los programas tanto de las teles privadas como de las públicas… y se les deja hacer.  

Asaltan las ruedas de prensa del parlamento, son petulantes y soberbios, miran con desprecio y hablan como los eternos dueños del cortijo que andan cabreados porque les han entrado unos ocupas. No asumen que la democracia consiste en que si no tienes mayoría no puedes gobernar. Sueltan estupideces que los incondicionales aplauden a rabiar… y no se les deja en evidencia. 

En los municipios y las autonomías donde gobiernan se cargan derecho tras derecho, practican una política, rancia, decimonónica, retrógrada, proclaman sin pudor que esto es solo el anticipo de lo que llegarían a hacer si consiguen el gobierno de la nación… y aún así las encuestas continúan siéndoles favorables. 

¿Qué está pasando aquí? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Acaso no está claro que si entran en Moncloa lo lamentaremos durante mucho tiempo? ¿Seremos capaces de no abrir los ojos ni verlo claro hasta que se consume la tragedia? Porque hay que estar muy ciego, o muy tonto, sobre todo si eres una persona del montón y no disfrutas de privilegios, para creer que las derechas van a solucionar mejor tus problemas cuando tengan la sartén por el mango. 

¿Por qué sigue siendo necesario aprender solo a palos? ¿Es posible no verlos venir? ¿Nunca aprenderemos de la historia, siempre hará falta sufrir para aprender?¿Por qué tendemos a valorar lo que tenemos solo cuando lo perdemos? ¿Por qué es necesario que nos hundamos en el fango antes de volver a pelear para salir de él? ¿De verdad las eternas víctimas de las políticas de la derecha van a votar contra sus bolsillos, contra la posibilidad de tener un empleo digno, contra su tranquilidad si se ponen enfermos, contra el derecho de educar a sus hijos aunque no tengan dinero…? 
 
Les sale la corrupción por las orejas, han ensuciado la convivencia y la vida política con las cloacas, el lawfare, el uso más rastrero de las peores artes en las instituciones y en los medios… y a pesar de todo ahí están, vivitos y coleando según las encuestas mientras sus víctimas apenas reaccionan, como si no acabaran de creérselo o la estupefacción les paralizara. Como si de verdad se hubiera asumido que resulta inevitable que las derechas, y desde hace un tiempo con la infame ultraderecha incluida en el “kit”, acaben volviendo al poder. Como si hubiera que aceptar resignados y sin discusión que esto es lo que hay en lugar de plantar cara como es debido y conseguir desenmascararlos.  

Si los profesionales de la lucha están desanimados, en el común de los mortales la apatía parece aún más evidente. A pesar de los logros del Gobierno de coalición, muchos de ellos reconocidos y ponderados internacionalmente, se ha instalado en el imaginario popular la idea de que son un desastre. La oposición pendenciera y miserable, esos lechuguinos frentistas que no dan la talla ni realizan jamás una propuesta seria ni clara, han conseguido con sus insultos y sus invectivas que el personal se trague sus mentiras. No entiendo nada. Si lo que reflejan los sondeos es lo que nos espera, si nuestro futuro consiste en más Ayuso, más Monasterio y más Abascal, que paren el tren que me bajo. O no. 

J.T.

Escrito para LUH Noticias

sábado, 11 de diciembre de 2021

Pensiones. Nos quieren meter el miedo en el cuerpo


Las pensiones no son una dádiva. Están empeñados en que el derecho a una vejez digna, el derecho de los derechos, nos acabe pareciendo un regalo caído del cielo que en cualquier momento puede desaparecer si no nos portamos bien, entendiendo por portarse bien protestar poco y tragar con los cuentos chinos con los que llevan años bombardeándonos: que si no son sostenibles, que si no hay cotizaciones suficientes, que si nos jubilamos demasiado pronto… Y el remate: que tardamos mucho en morirnos lo que, en palabras de Christine Lagarde, es todo un "riesgo financiero".

Han conseguido que los jóvenes, además de interiorizar la precariedad, asuman que será muy complicado cobrar pensión de jubilación cuando lleguen a viejos. ¿Quién menor de 40 años, incluso de 45, confía ya en cobrar las pensiones que están cobrando sus padres, por muy escasas que estas sean en la mayor parte de los casos? Por un lado se empeñan en engañarnos con el gran timo de los planes y fondos de pensiones y por otro tienen a los mayores con el corazón en un puño temiendo que cualquier día les llegue el hachazo y a tomar viento el último bastión del estado del bienestar que aún no han conseguido tumbar del todo.

Una vez liquidadas la educación y la sanidad públicas, ambas cada día más maltrechas; neutralizada como está la capacidad de protesta de los jóvenes (y a los escasos índices de movilización me remito), toca ahora por un lado asustar a los viejos que se empeñen en seguir vivos y por otro preparar el terreno difundiendo globos sonda periódicos con pildoritas amenazantes sobre lo difícil que va a resultar mantener las pensiones tal y como están.

Con la ayuda de los medios de comunicación de derechas, TVE incluida, nos recuerdan estos días, por ejemplo, que solo en España, Francia y Eslovenia se calculan ya las pensiones sobre los 25 últimos años de vida laboral, que en el resto de los países europeos se hace sobre el tiempo completo. O se nos explica, como ha hecho la OCDE estos días, que la crisis provocada por el Covid-19 tendrá impacto sobre las prestaciones que percibirán los jóvenes cuando se jubilen, y podría afectar a sus carreras si la pandemia deja “cicatrices a más largo plazo”.

O se sugiere, como hizo días pasados el ministro de Empleo, José Luis Escrivá, aunque luego se echó atrás con la boca pequeña, que igual sería bueno “un cambio cultural en España para conseguir que se trabaje más entre los 55 y los 75 años”. O se insinúa que los nacidos entre 1960 y 1975 (los llamados “babyboomers”) deberían asumir "un pequeño ajuste en su pensión"… Y por si aún fuera poco, se va en busca de Mariano Rajoy para que suelte que mantener el poder adquisitivo de las pensiones es una equivocación y que si el Gobierno de coalición se empeña en hacerlo, Casado tendrá que cambiar de nuevo la ley apenas llegue al poder.

En una palabra, que tires por donde tires, los pensionistas viven en un sin vivir y quienes aún no lo son andan todo el día echando cuentas a ver cómo consiguen que no les pille el toro cuando les llegue el momento de jubilarse. Crece una cierta sensación de inevitabilidad en el ambiente, de impotencia ante quienes se empeñan en imponer la idea de que las pensiones son imposibles de mantener. Argumentos tan tramposos como desmontables.

Este no es un artículo técnico, pero expertos en la materia tienen difundidos sesudos estudios en los que se demuestra que las pensiones son sostenibles y que en ningún lugar está escrito que las pensiones públicas se tengan que financiar solo con las cotizaciones sociales. Como escribía mi compañero Juan Torres en un artículo publicado en este periódico en septiembre de 2020, “la sostenibilidad de un sistema de pensiones no depende de forma determinante del factor demográfico: lo que influye más rotundamente en lo que pueda percibir cada persona de la tarta que se produce en una economía, no es solo el número de personas que estén trabajando y sin trabajar, sino la magnitud de la tarta y el criterio de reparto que se establezca”.

El criterio de reparto, ahí está la clave. Pero quien parte y reparte preferirá siempre tenernos asustados y continuar llevándose la mayor parte. De momento, y como recuerda Eduardo Bayona en su crónica del pasado día 7 en este mismo diario, lo que tenemos es que los recortes del gobierno Rajoy en su momento, sumados a la inflación, han aumentado considerablemente el número de jubilados pobres en España.

J.T.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Los Derechos Humanos y el deporte


En el Gran Premio de Fórmula Uno celebrado el mes pasado en Qatar, Lewis Hamilton, siete veces campeón del mundo, exhibió un casco con los colores de la bandera arcoiris para llamar la atención sobre la intolerancia del emirato ante la comunidad LGBTI. Este fin de semana el corredor británico se juega su octavo título en Arabia Saudí, donde la homosexualidad se considera delito también, y ya ha anunciado que no se siente cómodo allí y que piensa repetir el gesto durante la carrera nocturna del domingo en Jeddah.

Gestos simbólicos como los del campeón británico, abanderado de múltiples causas sociales relacionadas con la diversidad y la igualdad, vienen a sumarse a los de otros atletas y deportistas que deciden aprovechar su notoriedad para visibilizar y denunciar el racismo, la homofobia y demás violaciones de derechos humanos que muchos países intentan camuflar y blanquear invirtiendo cantidades enormes de dinero en la organización de grandes acontecimientos deportivos.

En Qatar se encuentra además sobre la mesa la polémica celebración del Mundial de Fútbol a partir del 21 de noviembre del año que viene. Según la última actualización del informe “Detrás de la pasión” publicado el pasado mes de mayo por la Fundación para la Democracia Internacional, han muerto más de 6.500 personas durante la construcción de edificios, estadios y demás infraestructuras necesarias para la celebración del encuentro. Una media de doce vidas por semana desde 2010. Pero Nasser Al-Khater, CEO de Qatar 2022, lo niega y afirma que solo han muerto tres personas. En cuanto a la política homofóbica, este mismo personaje ha tenido la desfachatez de perdonarnos la vida al resto del mundo en unas declaraciones recientes. Ha venido a decir que bueno, que vale, que no se prohibirá la presencia de homosexuales durante el campeonato mundial de fútbol pero… eso sí, a renglón seguido ha dejado claro que en público no se tolerará ninguna muestra de afecto entre personas del mismo sexo.

En China también hay mucha tela que cortar. A la polémica sobre si se debe participar en los Juegos Olímpicos de invierno, cuya celebración está previsto que comience en Pekín el próximo 4 de febrero (Estados Unidos no ha descartado la posibilidad de promover un boicot diplomático por los abusos contra los Derechos Humanos en el país asiático), se suma estos días el caso de la tenista Peng Shuai quien, tras denunciar haber sido víctima de abusos sexuales por parte del ex viceprimer ministro Zhang Gaolipermaneció sin dar señales de vida durante días hasta que finalmente reapareció en unos vídeos y una charla telemática con el Comité Olímpico Internacional gracias a la presión internacional.

Aún así la WTA (Women's Tennis Association), organismo que rige el tenis femenino, ha anunciado que rompe con el país asiático y cancela todos los torneos, nueve al año, que se celebran en China y Hong Kong. “Si las personas poderosas pueden reprimir las voces de las mujeres y dejar bajo la alfombra las acusaciones de agresión sexual, entonces la base sobre la que se fundó la WTA, la igualdad para las mujeres, sufriría un inmenso revés. No dejaré ni puedo permitir que eso le pase a la WTA y sus jugadoras”, declaró el estadounidense Steve Simon, director ejecutivo de la entidad.

Este tipo de asuntos ponen de manifiesto hasta qué punto, y especialmente en el mundo del deporte, la lucha por la igualdad, la tolerancia y el respeto a la diversidad andan prácticamente en mantillas en medio mundo todavía a estas alturas. Se tiende a mirar para otro lado cuando un intolerante con dinero te ficha para jugar en su país y/o promocinarlo (p.e. Xavi, Guardiola o Zidane en Qatar), o exhibe su marca en camisetas de equipos como el Barça o el Bayern de Munich. O se dedica directamente a apabullar con su chequera y se hace dueño de entidades al completo como el París Saint-Germain.

¿El intolerante con dinero es menos intolerante? Claro que no, pero tragamos. Por eso tienen tanto valor los gestos individuales de aquellos deportistas que se atreven a plantar cara. Como el ya histórico momento de octubre de 1968 en los Juegos Olímpicos de México, cuando los atletas Tommie Smith y John Carlos, estadounidenses de color, tras quedar primero y segundo en la carrera de 200 metros lisos, inclinaron la cabeza y levantaron el puño subidos al podio en el momento en que sonaba el himno de su país. Denunciaban la discriminación racial y aquello les costó quedar estigmatizaos de por vida.


Otro gesto de suma importancia, mucho más reciente, en 2017, fue el de la ucraniana Anna Muzychuk, doble campeona del mundo de ajedrez, quien prefirió perder sus dos títulos antes que, según dijo textualmente, “jugar con las reglas de otros y sentirse una criatura secundaria”.

Hay personas para quienes la dignidad es innegociable, pero también otras muchas (ya sean individuos o entidades) para quienes el asunto depende del montante que le pongan sobre la mesa. Tenemos mucho trabajo pendiente. A ver qué pasa en China y Qatar este año que entra.

J.T.