MAR (Miguel Ángel Rodríguez Bajón, Valladolid, 1964) es el típico chico listo que un buen día en su vida decidió poner su talento al servicio del mal. Hay quien me asegura que es buen tío y la verdad es que a mí, que lo conocí cuando lo invitamos a comer en la Peña Primera Plana recién llegado él a Madrid, reconozco que no me transmitió malas vibraciones. Un chico de Valladolid, nuevo en la capital, avispado, ocurrente y ambicioso. Como tantos. Pronto se metió de lleno en una rueda de intrigas y conspiraciones donde su vanidad quedó sobrehalagada y ya no ha sabido, o no ha querido, salir nunca de esa noria infecta.
José María Aznar, más listo que él y más malvado también, decidió ficharlo en Valladolid cuando era presidente de Castilla y León para que MAR dejara de meterle caña en los periódicos de la provincia. Cuando los dos se marcharon a Madrid tuvo la fortuna, como Ónega en su día, de dar con la frase adecuada en el momento exacto. El "¡Váyase, señor González"!, cuyos derechos de autor le pertenecen por completo, lo catapultaron a él y a su jefe hasta las dependencias del palacio de la Moncloa. No tardó en detentar maneras mafiosas, que le pregunten si no al malogrado Antonio Asensio cuando este se vio obligado a venderle Antena Tres a Telefónica si no quería dar con sus huesos en la cárcel.
Como portavoz del primer gobierno del PP, Rodríguez lo regaba todo con sonrisas, guiños cómplices, gin-tonics y ocurrencias varias hasta que Aznar decidió prescindir de él cuando ya no le fue útil. Atravesó el desierto entre celebraciones mejores y peores, hasta que un buen día, al salir de una de ellas, su coche tropezó con tres vehículos estacionados. La prueba de alcoholemia dio 1,02 g/l y al bueno de Miguel Ángel, tras pasar la noche en el calabozo y ser juzgado, le retiraron el carné de conducir.
Resucitó cuando Díaz Ayuso fue elevada a los altares por Esperanza Aguirre y su partido político del alma decidió volver a contar con él. Barra libre de nuevo, esta vez como mentor de alguien claramente inferior en capacidades. Y en esas estamos. Esclavo de nuevo de su majestad la vanidad, helo ahora en la Comunidad de Madrid haciendo y deshaciendo a su antojo con jueces a su merced, periodistas entregados a la causa, televisión autonómica, radios y teles privadas a su servicio, enturbiando la vida política como ni en sus mejores sueños húmedos pudo nunca imaginar.
La marioneta que tiene a su disposición y los juguetes mediáticos con los que se divierte le están amenazando, a pesar de su probada capacidad, con rebasar su nivel de competencia. Estos días ya le han dado el primer toque en los juzgados por difundir material policial sobre dos periodistas. Su rendido amor a las filtraciones puede volver a acabar con él. Solo MAR y Aznar saben la verdadera razón por la que su amado líder prescindió de sus servicios un buen día. Debía haber aprendido, pero parece que hay cosas que le superan, al pobre. Escapamos de muchas trampas en la vida pero, como en la fábula de la rana y el escorpión, nadie escapa a su propio carácter.
J.T.










