domingo, 4 de octubre de 2026

Cuando se pone el dedo en la verdadera llaga



Me pregunto cómo no se le cae la cara de vergüenza al presunto periodista que dio  luz verde a titulares como los del ABC el pasado sábado hablando de “izquierda prebélica” o de “gatillazo quincemero” en primera página. ¿Salieron de las mentes del redactor jefe, del director o de los autores de los artículos? Si quienes firman las crónicas, de cuyos nombres mejor no me acuerdo, no los parieron, ¿por qué entonces no se negaron a firmarlos?  


Me pregunto si entre quienes con sus escritos demonizan desde las redacciones las acampadas y las protestas callejeras de los últimos diez días, alguno de ellos se habrá tomado la molestia de darse una vuelta por esos lugares. En el caso de que lo hayan hecho, ¿por qué no cuentan exactamente lo que ven, es decir, organización, determinación, educación, ideas claras y capacidad de explicar de manera pedagógica las razones por las que están allí? Imagino que muchos de los cronistas de La Razón, El Mundo, El Español y tantos otros presuntos periódicos de los que mienten sin parar, han de ser tan jóvenes como quienes estos días se manifiestan, tienen los mismos problemas que ellos y el mismo incierto futuro que ellos. Me pregunto qué hipotecas tienen, si es que las tienen, porque muchas y muchos de seguro que aún viven en casa de su padres o en pisos compartidos pagando por una habitación la mitad larga del mísero sueldo que cobran.


Me pregunto qué demonios le pasa al periodismo para continuar siendo en su mayor porcentaje el brazo armado de la crispación desaforada. Escucho las encendidas soflamas de los radiopredicadores mañaneros y acabo concluyendo que darse una vuelta por la Puerta del Sol a ver qué pasa puede entrañar más riesgo que volver a ser corresponsal de guerra. Casi estoy pensando en echar mano del casco y el chaleco antibalas cuando decido acercarme para ver con mis propios ojos lo que sucede allí pero no, decido presentarme en el “campo de batalla” a cuerpo gentil y no dejarme intoxicar. 


La salida del metro está tan despejada y fluida como siempre, subo al exterior y me encuentro con un campamento perfectamente ordenado, las tiendas de campaña alineadas, los perímetros bien delimitados, chicos y chicas con escobas y cubos de agua barriendo y fregando, se turnan, van a sus trabajos, a sus clases, a casa a ducharse y cambiarse de ropa y vuelven a tiempo para estar presentes en la próxima asamblea. Hay pasillos, calles con nombre, a una le han puesto Calle de los Cuchillos, unos venden libros, otros preparan bocadillos, otros rotulan eslóganes imaginativos en grandes trozos de tela o en cajas de cartón. Buenas vibraciones que no les impiden andar alerta para anticiparse cuando algún fascista provocador aparece resuelto a dinamitar la convivencia. Lo intentan, pero no lo consiguen, a pesar de la desesperante pasividad de una policía que uno se pregunta qué ordenes tienen, a favor de quiénes están, a qué demonios juegan.


¿Dónde estabais hasta ahora?, me pregunto y les pregunto también a algunas de las personas concentradas con quienes converso. Reconozco que hace ya un tiempo que deseaba que sucediera algo así, reconozco también que pensaba que las generaciones más jóvenes estaban siendo abducidas por el tsunami totalitario y me llevo una alegría enorme cuando, al acompañarlos hasta las puertas del Congreso donde la mayoría de sus “representantes” políticos se empeñan una vez más en no representarlos les escucho corear ”¡Aquí están los antifascistas!”. 


¡Bienvenidos seáis, queridos amigos! Bienvenidos seáis a Sol, a las Setas sevillanas, a la Plaza de Catalunya en Barcelona y a tantos lugares céntricos de otras muchas ciudades de España. Os había estado echando mucho de menos. Pensaba que os estabais tragando las mentiras y los bulos que tanto indeseable se empeña en propagar a todas horas pero ya veo que no, pensaba que os resignabais a que un buen número de jueces contribuya al desasosiego general, pensaba que la impunidad con la que se mueven los facinerosos de Desokupa, Hazte oír, Abogados Cristianos, provocadores con micrófono y demás ralea os daba igual pero veo que no.


Los habéis descolocado porque habéis vuelto a poner el foco en donde nunca debió de dejar de estar, en los problemas del día a día, en la incertidumbre ante un embarazoso futuro tanto en la vida laboral como en la personal, en la indignación frente a quienes militan en la avaricia más voraz. Habéis descolocado a la caverna porque habéis desnudado a un gobierno que se jacta de ser progresista pero a la hora de la verdad os deja tirados.


Habéis puesto el foco en la verdadera necesidad de protestar. Estáis criticando a Sánchez por lo que de verdad hay que criticarlo y les habéis robado el mantra a quienes desde hace años buscan la manera de echarlo como sea. Quizás algo tarde pero habéis dado con la tecla, estáis poniendo el dedo en la verdadera llaga y eso sí que puede acabar con el gobierno convoque elecciones ya o tarde todavía un poquito. Si a los voceros de la intolerancia solo les queda llamaros prebélicos o izquierda radical, es que ya estáis/estamos ganando. 


Vuestras acampadas son un verdadero alivio. Ahora solo queda no bajar la guardia, no cansarse y no dejarse intimidar. Porque esto es largo y, por supuesto, nada fácil. Costará y llevará tiempo. Aunque a corto plazo no cristalice, esta bola de nieve no hay quien la pare. Porque, aunque se empeñen en echaros de las plazas ellos, los malos, no llevan razón. Y lo saben.

 

J.T.

martes, 29 de septiembre de 2026

¡Leed! ¡Despegaos de las pantallas! ¡Alejaos de ellas aunque solo sea un ratito!


“Mientras las pantallas os devoran, la lectura os alimenta, mientras las pantallas os vacían, los libros os llenan”. Son palabras de Bruno Le Maire, ministro francés de Economía hace ya años. No podemos estar más de acuerdo. Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya, parece ir en esa línea cuando ha anunciado que quiere recuperar los libros de texto en las escuelas catalanas, reducir el uso de dispositivos móviles y de pantallas de todo tipo antes de los 14 años además de limitar también e incluso prohibir, llegado el caso, el acceso a la inteligencia artificial. 


Màrius Carol recordaba hace unos días en La Vanguardia cómo los principales gurús de Silicon Valley, cuna de la revolución tecnológica, ya han decidido que sus hijos estudien prescindiendo de tabletas y artilugios similares, conscientes y preocupados ahora de los peligros del monstruo que ellos mismos han creado. Frankestein cuatro (o cinco) punto cero. 


Análisis llevados a cabo con más de 170.000 personas confirman la “ventaja del papel” y vuelve a reivindicar su uso. En el papel se comprende mejor, se retiene más y la concentración no se dispersa, proclaman como si acabaran de descubrir la pólvora. En España, según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2025, el noventa por ciento de las personas que aún leen continúan prefiriendo el formato físico, lo que quiere decir que, contra lo que parece, el papel no ha perdido todavía la batalla. 


Las grandes tecnológicas, dejó dicho también Le Maire, “saben darnos, igual que a las ratas, pequeños estímulos cada cinco segundos, que obligan a seguir pegados a la pantalla. Por desgracia, añadía, no es así como desarrollaréis vuestra libertad”.


Nicholas Carr, en un ensayo titulado “Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?” publicado hace ya más de quince años, sostiene que “las tecnologías digitales están cambiando la forma en que funciona nuestro cerebro, reducen nuestra capacidad de concentración profunda y nos vuelve más superficiales. Ya no buceamos en las palabras, sino que patinamos por la superficie”, concluye. 


En 2018, la neurocientífica Maryanne Wolf, en su libro “Lector, vuelve a casa. Cómo afecta a nuestro cerebro la lectura en pantallas”, ya advirtió también que la lectura profunda, la que reconfigura el cerebro, genera empatía y pensamiento crítico, se erosiona frente a la pantalla. Y Umberto Eco, con su proverbial lucidez, comparó el libro con la cuchara o la rueda: inventos perfectos que no admiten mejora. “Si tuviera que dejar un mensaje para el futuro, lo haría en papel”, sentenció.


No se trata solo de niños. A cualquier edad, el scroll infinito y las notificaciones nos vacían si no hacemos un uso racional y moderado de los móviles y las tablets. Esas pantallas que parecía iban a resolverlo todo han acabado generando miopía, sobrepeso, malestar emocional y bajo rendimiento. El papel exige atención plena, táctil, espacial, nos obliga a pensar. Recuperarlo, lo que no significa renunciar por completo al dispositivo en el usted está leyendo este artículo, está empezando a convertirse en todo un acto de resistencia.


J.T.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Pedro Sánchez o el arte de echar balones fuera


- ¿Por qué no se trasladan los menores de Ceuta a la península?

- Pregúntenle a Vivas (presidente de Ciudad Autónoma), fue la respuesta de Sánchez en los pasillos del Congreso.

- ¿Por qué no se ha parado el desahucio de Mari Carmen?

- Desgraciadamente Almeida y Ayuso, más preocupados en comprar y vender con dinero público aticazos con 200 metros de terraza, han hecho caso omiso a una tragedia social que deberían haber resuelto, declaró Sánchez en las dependencias de Naciones Unidas.


Traducción: todo es culpa de los demás, a mí que me registren. Vamos a ver, señor presidente, ¿de verdad no le da vergüenza tirar balones fuera cada vez que se topa con un marrón? Igual se le votó para que, cuando hiciera falta, fuera capaz de pegar un puñetazo encima de la mesa y dejar de templar gaitas, aunque solo fuera por una vez, con quienes se empeñan en continuar mandando en este país sin presentarse jamás a las elecciones, ¿no le parece? 


La excusa no puede ser, cada vez que vienen mal dadas, utilizar como parapeto la legislación vigente. Hacerlo así es un artimaña tramposa porque es usted quien tiene el Boletín Oficial del Estado y quien maneja los resortes del poder ¿O va a ser que no? Echar balones fuera y señalar a otros como culpables es una broma de mal gusto que, además de evidenciar un cierto desprecio por el factor humano, permite concluir que los sentimientos y los problemas de las personas a las que usted tiene la obligación de proteger se la traen al pairo. Ahora se ponen a correr para aprobar el decreto antidesahucios. Se pudo hacer en 2019 de manera indefinida pero el partido que usted dirige prefirió ir renovándolo año a año porque así, dado que el PP votaría siempre en contra, Núñez Feijóo y compañía irían quedando en evidencia cada curso parlamentario. Política barata antes que consolidar derechos.


“Al amigo, el culo; al enemigo por el culo y al indiferente la legislación vigente”, reza un viejo refrán tan incorrecto como exacto. Si te refugias en la legislación vigente para desentenderte del desahucio de tantas Maricármenes como lo han sufrido y lo sufren, si eludes responsabilidades argumentando que las culpas son de los ayuntamientos y las autonomías y nunca tuyas, te estás equivocando. Si en un asunto tan serio como el de Ceuta te limitas a aplicar la legislación vigente, te estás equivocando. Igual que en el caso del millonario y filántropo estadounidense Fergie Chambers, que permanece detenido en España porque su país lo considera terrorista por ayudar económicamente a Palestina y Trump quiere que se le extradite. Ochenta días lleva en prisión técnicamente “a la espera” de la decisión que adopte la Audiencia Nacional. Otro balón fuera. No se puede ir por el mundo ufanándose de presidir un gobierno progresista al tiempo que te resbalan dramas e injusticias que puedes resolver en un plis plas. Si no lo haces es porque no quieres. Solo hace falta voluntad política. Y sensibilidad de izquierdas, claro.


Llega el otoño, llegarán los fríos, miles de seres humanos llevan casi dos meses durmiendo al raso en Ceuta y a usted no se le ocurre otra cosa para exculparse que apelar a la legislación vigente y atribuir la responsabilidad a otros. Mientras el PP hace el ridículo con espráis en el Congreso y demás mandangas, mientras Feijóo produce tremenda vergüenza ajena cada vez que abre la boca, el gobierno que usted preside se duerme en los laureles y desperdicia ocasión tras ocasión de actuar de manera contundente. Si el llamado líder de la oposición es un desvergonzado y un amoral, la frialdad con la que usted se desenvuelve nos hiela la sangre. Por una vez podría actuar como si fuera el gobierno de izquierda progresista que dice ser, ¿no le parece? Puede hacerlo y debería hacerlo. La policía no puede continuar comportándose en sus actuaciones callejeras como si gobernaran las derechas, con los fondos buitre no se puede actuar con la complacencia con la que lo hace la ministra de Vivienda. Distínganse, por favor, equivóquense alguna vez en el sentido correcto y hagan política para las personas de a pie. 


Si no saben hacerlo, dejen paso a una izquierda de verdad que se aleje de los postulados liberales, ponga firmes a las fuerzas de seguridad y a la banca, y apueste por alianzas internacionales que cuestionen en serio, no solo de boquilla, los desmanes de Trump, Netanhayu y compañía. Nuestro país está pidiendo a gritos aplicar una política muy distinta a la que venimos arrastrando desde la Transición y los Pactos de la Moncloa, no basta con hacerse fotos junto a Zohran Mamdani, el joven alcalde progresista de Nueva York.


En este momento, la opción no puede ser solo “o Trump o Pedro Sánchez” como se oye decir en los mítines socialistas. Además de la caverna pura y dura que crispa este país a diario, además de un gobierno que se autodenomina progresista pero que tras ocho años en el poder no ha sabido, o no ha querido, ser resolutivo a la hora de solucionar problemas como el hacinamiento de Ceuta o desahucios tan sangrantes como el de Mari Carmen, tiene que haber otras opciones. A ver si la verdadera izquierda espabila de una vez. Y la votamos, claro.


J.T.



Las redes sociales zancadillean a Lula



La imagen del viernes en Recife (Brasil) puede que resuma la campaña electoral de estos días en el país sudamericano: Lula avanza en un coche abierto desde el Cais de Santa Rita hasta el Marco Zero mientras una multitud ocupa las calles bajo el sol que había sucedido a la lluvia. Las estimaciones oscilan entre las 50.000 personas calculadas por fuentes vinculadas al acto y las 80.000 que atribuye la organización de la campaña. 


Una encuesta de Quaest realizada entre el 19 y el 22 de septiembre situaba al presidente en el 54 por ciento de intención de voto en primera vuelta frente al 21 de Flávio Bolsonaro. En un eventual segundo turno, la misma encuesta registraba 58 porciento para Lula y 25 para su adversario. Otra encuesta, de Real Time Big Data, había situado unos días antes esos porcentajes en 56 por ciento y el 25. 


Mientras Lula abarrota plazas mitin tras mitin, desde otro escenario menos tangible pero parece que bastante más eficaz, Meta se dedica a deshabilitar la cuenta utilizada por su equipo de campaña para contratar anuncios en redes a través de Facebook. “Algunas de sus actividades no siguen nuestras reglas”, fue la explicación de la empresa de Zuckerberg. Los responsables de comunicación del presidente pidieron explicaciones y recurrieron la decisión argumentando que, a diez días de las elecciones, una restricción de esa naturaleza podía alterar las condiciones de la batalla electoral. La cuenta fue restablecida ese mismo día, pero Meta no ofreció explicaciones públicas de lo que había ocurrido.


He aquí una de las paradojas de los tiempos que vivimos. Durante décadas, para hacer campaña había que tener militantes, megáfonos, carteles y plazas. Ahora, además, hay que pasar por el mostrador de unas compañías privadas capaces de decidir, mediante oscuras reglas que casi nunca explican, qué puede circular y qué no por la nueva plaza pública.


Lula puede reunir decenas de miles de personas en las calles de Recife. Pero una empresa tecnológica puede, durante unas horas, cerrar la ventanilla por la que una campaña intenta llegar a millones.


Quizá sea una de las fotografías más interesantes de esta elección: la vieja política todavía necesita calles, banderas y multitudes. La nueva necesita también algoritmos. Y estos, de momento, no votan, pero sí poseen una extraordinaria capacidad para decidir quién consigue tener voz. En esas estamos.


J.T.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Puigdemont, calienta que sales


Por fin, según contaba este jueves Carlota Guindal en La Vanguardia, parece que los miembros del Tribunal Constitucional (TC) se disponen a pronunciarse sobre los recursos de amparo presentados por los políticos del procés a los que el Supremo no aplicó de la ley de amnistía, sobre todo por la interpretación que este órgano hizo del delito de malversación. La mayoría progresista del TC considera, según los borradores y las informaciones conocidas, que el Supremo pudo haberse pasado de frenada al interpretar la ley según se deduce de tres artículos de la Constitución.


- El primero es el artículo 24, que protege el derecho a la tutela judicial efectiva. Dicho sin toga: todo ciudadano tiene derecho a que los tribunales resuelvan sus asuntos de manera razonada y conforme a la ley y a no quedar indefenso.


- El segundo es el artículo 23, que protege la participación política. La tesis del Constitucional sería que mantener determinadas inhabilitaciones derivadas de unas penas que podrían quedar amnistiadas afecta también a los derechos políticos de los condenados.


- Y el tercero es el artículo 25, que establece el principio de legalidad penal. Si una ley decide borrar determinadas responsabilidades penales, mantenerlas por una interpretación especialmente restrictiva de esa misma ley plantea un problema constitucional.


El meollo está en las acusaciones de malversación. La ley de amnistía excluye determinados delitos de corrupción cuando existe beneficio patrimonial o enriquecimiento personal. El Supremo entendió que utilizar dinero público para organizar el referéndum del 1 de octubre podía constituir ese beneficio personal. El Constitucional parece inclinarse por una interpretación diferente: gastar dinero público para financiar el procés no ha de equivaler necesariamente a enriquecerse personalmente. Por tanto, si el TC ribunal confirma esta doctrina, el Tribunal Supremo se verá obligado a revisar su decisión.


¿Y Puigdemont? 


Su regreso tampoco sería automático al día siguiente. 


Primero tendría que aprobarse definitivamente la doctrina constitucional. 

Después, el Supremo debería aplicarla a su caso. 

Y finalmente tendría que levantar las órdenes de detención que todavía pesan sobre él.


En resumen, que entre el “el Constitucional amnistía a Puigdemont” y “Puigdemont puede coger un avión a Barcelona sin miedo a ser detenido” hay por medio varios trámites jurídicos. 


Veamos:


1. En un pleno a celebrar el próximo martes 6 de octubre, el TC prevé formalizar su aval para amnistiar la malversación en el procés. 


2. A partir de ahí, al controvertido juez Pablo Llarena no le quedará más remedio que aplicar la doctrina que dicte el Alto Tribunal. La mayoría de expertos en el asunto consideran que, en consecuencia, lo previsible es que levante la orden nacional de arresto que aún pesa sobre Puigdemont y ka causa quede archivada. 


3. Quedará aún el escollo de Vox, la única parte contraria a la amnistía presente en la causa. Los fascistas podrían recurrir aún bien ante el juez instructor o ante la Sala de lo Penal del Supremo. Quienes han seguido de cerca toda esta historia aseguran que “es improbable que Llarena se autoenmiende o que lo haga la Sala.” Veremos. 


4. Aún así, el Tribunal Supremo todavía podría poner algún palo en las ruedas: podría dilatarlo todo más aún si enviara “nuevas cuestiones prejudiciales” al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero esto parece poco probable dado que este mismo tribunal avaló ya la amnistía hace unos meses. 


5. El paso definitivo para que Puigdemont pueda volver sin riesgo de arresto se producirá cuando el Tribunal Supremo deje sin efecto la orden nacional, europea e internacional de detención que pesa sobre él. 


Llegados a este punto, será el propio Carles Puigdemont que tome la decisión definitiva de cuándo regresar. Tiene tres posibilidades:


1. Cuando Llarena anule las órdenes de detención tanto del ex president como del resto de encausados.

2. Cuando se archive definitivamente la causa.

3. Cuando la Sala de lo Pena del Tribunal Supremo dé el carpetazo definitivo al asunto.


Para desesperación de aquellos a quienes nos gustan los titulares de una sola línea, la justicia funciona con expedientes, recursos, resoluciones y plazos. Así que el próximo capítulo no será todavía el regreso triunfal del protagonista. Será algo bastante más español: un tribunal diciendo cómo debe interpretar una ley, otro teniendo que estudiarlo y todos esperando a ver cuándo cae la breva. 


No sé por qué me ha venido en este momento a la cabeza aquel conocido refrán: “Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que al final se cumpla”.


Malpensado que es uno.


J.T.

martes, 22 de septiembre de 2026

Por fin los medios de comunicación estadounidenes le plantan cara a Trump


El pasado sábado, Donald Trump cruzó una línea roja más. Esta vez le tocó a la libertad de prensa: decidió prohibir la entrada en la Casa Blanca a los representantes de tres medios de comunicación, las cadenas de televisión, CNN y MS NOW y la revista Político. Los acusó de propagar “fake news” y de suponer una amenaza para la seguridad nacional. Tras estas expulsiones, amenazó también en su red social a los periódicos The New York Times y The Washington Post advirtiéndoles que podían seguir el mismo camino que sus colegas si no informan como a él le da la real gana que lo hagan.


Pues “hasta aquí hemos llegado”, parece que por fin han dicho los periodistas estadounidenses. Cuesta creerlo, habida cuenta todo lo que llevan tragado con el energúmeno que los gobierna, pero el caso es que cuando la Casa Blanca se propuso ayer cubrir el hueco de la CNN, se encontró con que ni la cadena ABC, tampoco la CB o la NBC, y ni siquiera la derechizadísima Fox News, aceptaron la oferta. Por fin han visto claro que los desmanes del presidente les incumben a todos, cualquiera que sea la orientación ideológica del medio al que pertenezcan, porque esta manera de actuar perjudica de manera muy seria a la dignidad de la profesión periodística y al derecho de la ciudadanía a estar informada. Aunque parezca obvio, vivimos tiempos en que no queda más remedio que repetir estas cosas cuantas más veces, mejor. Por obvias que parezcan.


Desde el primer día de su llegada al poder, Trump ha supuesto una amenaza para la primera enmienda de la Constitución norteamericana, la que que defiende la libertad de expresión, y ha hecho siempre todo lo posible por censurar todas aquellas informaciones que criticaran cualquier medida tomadas por su administración. 


Hay que recordar que no es la primera vez que se prohíbe la entrada de algún medio de comunicación en  la Casa Blanca. La Agencia Associated Press, recordemos, ya sufrió represalias por negarse a llamar Golfo de América al golfo de México. En su lugar, se empezó a acreditar a influencers y perniciosos elementos de ultraderecha que llevan tiempo prostituyendo la esencia del oficio periodístico en la sala de prensa. Con la cumbre de Naciones Unidas de estos días y Trump recibiendo a líderes internacionales, nada le puede hacer más daño a su ego que la ausencia de cámaras de televisión. 


Han tardado en plantarle cara al energúmeno del pelo color naranja los medios estadounidenses. A ver lo que aguantan. De momento, palomitas: los tres medios afectados por el veto han presentado una demanda contra Trump reivindicando el derecho constitucional a informar sin ningún tipo de presiones ni vetos. Un juez federal ha programado una vista para este miércoles 23 de septiembre en la que tendrá que decidir si bloquea provisionalmente el veto o no el veto a los medios expulsados de la Casa Blanca.


Puede que a Trump no le quede más remedio que dar marcha atrás. Pero sería un error por parte de los periodistas y los medios a los que pertenecen bajar la guardia. En el caso de que las aguas volvieran pronto a su cauce, el próximo desmán no tardará mucho en llegar. No se puede confiar jamás en que el escorpión deje de picar.


J.T.

domingo, 20 de septiembre de 2026

El odio en televisión


Cuando apenas había cumplido diez años, el hijo de unos amigos míos no se iba jamás a la cama sin ver antes un trocito de “El Hormiguero”, por entonces un blanco y divertido programa (familiar, lo llamaban) de Mediaset pensado para entretener y ayudar a olvidar los trasiegos de la jornada. Aquel niño tiene ya más de treinta años y no recuerda nada de su devoción por un programa que desde 2011 se emite en Antena Tres y cuyo presentador continúa siendo Pablo Motos. Cuando por equivocación lo sintoniza alguna vez, no puede creer que aquel otrora “simpático” señor del que le hablamos se haya convertido en un personaje cabreado que cada noche contribuye a envenenar el ánimo ciudadano algo más de lo que ya está haciendo política de la fea y olvidando por completo sus primeros tiempos. Hace unos pocos días tuvo como invitado a Carlos Alsina, locutor de las mañanas de Onda Cero que durante años condujo el informativo más presentable de su franja en radio, motivo por el que sus jefes de Atresmedia no han dudado en cargárselo y desplazarlo a horas de contenidos menos “comprometidos”. 


¿Por qué te has pasado al entretenimiento?, tuvo Motos el cuajo de venir a preguntarle. Porque para hablar de política ya estás tú, replicó Alsina con su acreditada retranca evitando precisar que lo que se hace en El Hormiguero es sobre todo política cutre que segrega bilis y mala leche. La culpa no la tiene solo Motos y su equipo, la tienen los políticos y sus asesores de comunicación, los de todos los partidos, quede claro, que un día descubrieron que una tribuna con los índices de audiencia del programa de Motos no se podía desperdiciar sobre todo en época electoral. Así que empezaron a acudir en tromba. Como aquello tuvo éxito, a Motos se le fue subiendo el pavo hasta acabar creyéndose el rey del mambo. Consecuencia: el programa fue degenerando a medida que descubría que lo que de verdad vendía era utilizar su espacio para meterle caña a Pedro Sánchez y a su gobierno. Al tiempo que le hacía descaradamente la pelota a todo político del PP o de Vox, que aceptaba encantado su invitación. De comediante mutó a politiquero barato y en esas estamos. 


En los despachos de Atresmedia respaldaron esta zafia metamorfosis y en Mediaset se apuntaron al carro. Carmen Porter e Íker Jiménez, una pareja de presentadores que desde 2005 se dedicaban en Cuatro Televisión a hablar de ovnis y fenómenos paranormales en un programa llamado “Cuarto milenio” conducen hoy “Horizonte”, espacio nocturno que emite esta misma cadena en el que suelen sentar junto a ellos a lo más granado del involucionismo patrio militares incluidos. En la franja de las mañanas, los responsables de este mismo canal decidieron concederle pista libre a Nacho Abad, durante años militante del periodismo más amarillo convertido ahora en desahogado presentador de un programa llamado “En boca de todos” donde, además de destilar odio, no se anda con miramientos a la hora de intentar meter el miedo en el cuerpo de quienes lo sintonizan. El pasado viernes, sin ir más lejos, mientras entrevistaba al presidente del puerto de Ceuta, incidía en la posibilidad de que al trasladarse ahora los inmigrantes allí, aumentara él número de polizones que, según él, aprovecharán la cercanía de los barcos para escaparse. No contento con eso, proclamó abiertamente que algún yihadista infiltrado en las carpas podría dejar sin luz a toda Ceuta o incendiar los depósitos de combustible. Este es el nivel. 


Durante la sobremesa, y también en Cuatro Televisión Risto Mejide, un publicista que se hizo famoso merced a su inclemente agresividad como jurado en diferentes concursos televisivos, conduce desde hace casi ocho años “Todo es mentira”, programa teóricamente en clave de humor pero que cada día que pasa destila mayores dosis de crispación y mal rollo. Me cuesta asumir que tanto políticos como periodistas se presten a intervenir en espacios como estos. O como los de Ana Rosa y Susana Griso. No suma sentarse junto a un negacionista, un homófobo o un racista porque la intolerancia acaba creciéndose a medida que le vas otorgando cancha y el resultado final es que acaba reproduciendo mejor sus enconados mensajes de rencor. No todo puede valer, entre otras razones porque, aunque son menos, tienen más y mejores medios, sobre todo en redes sociales, que usan sin pudor alguno.


Hace unos días en la radio, Mariola Cubells y Marc Giró comentaban en el programa de Carles Francino hasta qué punto quienes desde posiciones progresistas intentan con sus programas contrarrestar como pueden tanto mensaje de odio, se ven obligados a soportar por ello un acoso despiadado, la invasión en sus vidas privadas y todo tipo de amenazas. Ninguno de los personajes a los que me he referido más arriba han sufrido el asedio callejero de Vito Quiles o Ndongo por ejemplo, ni tienen sus cuentas digitales atiborradas de mensajes amenazantes. 


Con estas líneas solo he querido hacer una pequeña aproximación a un escenario, a mi entender trágico, que a día de hoy tiene infectado el mundo de la comunicación. ¡Que no se trata solo de ir contra Sánchez, señoras y señores, que lo que ocurre es que están violentando la esencia misma de la democracia! Continuaré hablando de todo esto otro día, porque el asunto da para mucho más que para un artículo, pero desde aquí quiero lanzar mi voz de alarma. Algo habrá que hacer, ¿no? ¿O nos vamos a quedar de brazos cruzados hasta que nos coman vivos a todos? 


J.T.