La comparecencia de Manuel Morocho en la Audiencia Nacional confirma sospechas que llevaban años flotando en el ambiente. Inspector jefe de la Policía Nacional, estaba destinado en la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), donde dirigía el grupo que investigó la financiación irregular del PP, el caso Gürtel. Lideró las pesquisas enfrentándose a presiones, sabotajes y maniobras que buscaban proteger a los altos cargos. En su declaración, realizada sin victimismos ni adornos, desveló cómo se intentó neutralizar la justicia desde dentro de las instituciones. Su testimonio es de extraordinaria relevancia, por lo que a continuación voy a intentar resumir los aspectos más importantes de lo que dijo.
1. La Kitchen fue “una operación policial sobre Luis Bárcenas y su entorno realizada sin autorización judicial”, una investigación paralela al trabajo que tenían asignado Morocho y su equipo. Además de realizarse al margen de su unidad, esta investigación paralela, con nombres, domicilios, vehículos y personas vinculadas, se desarrolló sin control alguno por parte de Pablo Ruz, el primer juez instructor del caso.
2. Esa información no se compartió para avanzar en el caso Gürtel, sino que operaba “contra” el trabajo de los investigadores oficiales a cuyo frente estaba Morocho. Así que él y su equipo procuraron actuar con la mayor cautela para no cometer algún error que pudiera ser utilizado en su contra.
3. Hubo presiones sistemáticas de la cadena de mando policial, nombrada o controlada tras la llegada del PP al Gobierno en 2011, para modificar los informes sobre los papeles de Bárcenas.
4. Se le instó expresamente a que no apareciera el nombre de Mariano Rajoy.
5. Le insistieron en que los documentos de Bárcenas fueron una idea del ex tesorero y que carecían de verosimilitud.
6. Cuando incluyó el nombre de Ignacio López del Hierro (entonces marido de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal), recibió una llamada inmediata de su superior, Manuel Vázquez, quien le reprochó haber cometido un “grave error” y le pidió que lo subsanara. Morocho se negó.
7. También recibió “todo tipo de objeciones” por parte de mandos como José Manuel Álvarez Luna, Gudilla, o Losada para que no apareciera ningún cargo público en los informes.
8. Adoptó estrategias para proteger la investigación, con el respaldo del juez Ruz, que con el tiempo sería cambiado de destino, lo que impedía que pudiera continuar encargándose del caso.
9. Se le ofrecieron destinos mejores pagados y más atractivos a sus subordinados, los inspectores que tenía a su cargo. Hubo quienes aceptaron y esto provocó que el equipo quedara “absolutamente sin capacidad investigadora”. Varios informes proyectados sobre Gürtel, incluyendo análisis de cuentas bancarias del exterior, se quedaron sin hacer por falta de personal“.
10. Sufrió seguimientos y vigilancias mientras investigaba. “Tuve seguimientos y vigilancias para ver si mi conducta era ética o no, dijo textualmente. Si encontraban algo no ético, pues me hubiesen hecho un chantaje”.
11. Mencionó indicios de posibles monitorizaciones en su despacho y su coche, y añadió que llegó a encontrar tornillería, taladro y matrículas oficiales.
12. Se le ofrecieron destinos mejor pagados a él también para intentar apartarle del caso.
La importancia de la declaración de Manuel Morocho radica en su coherencia y detalle. Extensa y precisa, ha desbaratado numerosas coartadas y, frente a los intentos de desacreditarle o de presentar las presiones como meras discrepancias internas, su testimonio pinta un indiscutible panorama de obstrucción a la justicia. Esquivó presiones, protegió la integridad de los informes, alertó al juez y mantuvo el foco en la verdad pese al coste personal y profesional. No pudieron con su integridad. Ni los ascensos ofrecidos, ni los seguimientos, ni las órdenes directas para blanquear nombres clave como el de Rajoy o proteger a Cospedal lograron apartarle de su deber.
Dicho está. Veremos en qué queda al final.
J.T.














