sábado, 9 de mayo de 2026

En la muerte de Ted Turner, socio fundador de CNN+



La noticia en tiempo real en televisión, sin la tiranía ni en el encorsetamiento de los telediarios de media hora dos o tres veces al día y punto. Eso fue lo que inventó Ted Turner cuando fundó la CNN (Cable Nes Network). Un canal por cable pensado para ofrecer actualidad a sus abonados las veinticuatro horas del día. El principio fundacional era democratizar el acceso a la información mediante un servicio de noticias las 24 horas del día que uniera al mundo a través de la verdad y de la paz”. Claro que una cosa son las declaraciones de intenciones y otra muy distinta la realidad, porque en los conflictos internacionales la CNN pocas veces cuestionó la postura oficial de los Estados Unidos. 


Aún así, en la década de los 80, yo me quedaba enganchado en la habitación del hotel cuando me tocaba viajar a los Estados Unidos por razones de trabajo. “Te garantizan imágenes de cualquier cosa que ocurra en cualquier lugar del mundo en menos de cuatro horas”, me contaban los colegas americanos. “Y retransmiten en directo ruedas de prensa enteras”, añadían. En aquel momento, aquello suponía toda una revolución ¡Cómo me gustaría trabajar en una televisión así!, pensé. No era la inmediatez de la radio, tampoco la velocidad de transmisión de una foto, pero ya no había que esperar un día o varios para ver imágenes en movimiento de lo que estaba ocurriendo en el mundo, fuera donde fuera.


A finales de los 90 Jesús de Polanco, presidente de Canal+, decidió asociarse con Ted Turner para implantar en España una versión de CNN a la que llamarían CNN+. Cuando me telefonearon para ofrecerme la delegación en Andalucía del canal, vi por fin mi sueño cumplido y así dieron comienzo doce años inolvidables en mi carrera periodística. “Está pasando, lo estás viendo”, proclamaba el lema escogido para promocionar la cadena. No siempre era posible, pero al menos la intención era buena. El 27 de enero de 1999 salíamos al aire felices de participar en una experiencia profesional de aquella envergadura.


Trabajábamos con rigor y con voluntad de servicio público en un mercado privado, apostábamos por la información seria, por el análisis, por no tratar al espectador como si fuera menor de edad. Se lo debemos a Polanco, pero también a Ted Turner, fallecido el pasado miércoles 6 de mayo a los 87 años, casi 46 después de la fundación de su buque insignia mediático en Atlanta, lejos de los despachos neoyorquinos, con un equipo joven, apostando por la tecnología por satélite cuando pocos creían en ella. Turner rompió el monopolio de las tres grandes cadenas americanas y creó un modelo que después replicarían Fox, MSNBC y cientos de emisoras en todo el planeta. 


En España, la muerte de Polanco en 2007 derivó en una serie de nefastas decisiones empresariales que supusieron el comienzo de la cuesta abajo de Prisa y Sogecable, lo que significaba una seria amenaza para la supervivencia de CNN+. Ahí Turner no tenía potestad para intervenir, así que no pudo evitar que nos vendieran a Mediaset junto con Cuatro Televisión y que en pocas semanas Silvio Berlusconi acabara con nuestros puestos de trabajo. El final fue cruel y obsceno. Al nuevo propietario solo le interesaba Cuatro y eligió la noche del 28 de diciembre de 2010, día de los Inocentes, para cerrarnos para siempre sin contemplación alguna. Le debió parecer poca humillación al italiano, porque nada más decir adiós a los espectadores desde nuestro plató de informativos, solo décimas de segundo después, apareció en pantalla el indicativo de “Gran Hermano 24 horas”. El simbolismo no podía ser más brutal ni más triste: pasaron del periodismo a la telerrealidad más grosera en cuestión de segundos.


Quince años más tarde, Ted Turner ha muerto cuando su proyecto original navega también por aguas turbulentas. Su CNN ya no es lo que era, tras haber sufrido en los últimos tiempos cambios de rumbo editoriales, la competencia feroz de redes sociales y plataformas y la degeneración de la política y el periodismo entre bulos, fake news y mentiras que el propio presidente estadounidense se encarga de alentar y promover. Así las cosas, la cadena que revolucionó la manera de hacer periodismo audiovisual enfrenta ahora su propia crisis de identidad. El fallecimiento de su fundador coincide con el momento de mayor vulnerabilidad de su legado. La CNN original lucha estos días para no ser engullida por el entretenimiento barato y la polarización extrema que todo lo infecta. Con Donald Trump en el poder, no creo que lo consiga.


En palabras de Guillermo Fesser,  “la corrupción de la administración (que se hace a cara descubierta y sin ningún rubor) va a permitir que se quede con la cadena el hijo del fundador de Oracle, Larry Ellison, un multibillinario de la cuerda del presidente. Desde que en 2025 –añade Fesser-, el joven David se declarara fiel creyente y seguidor de la política de Trump y del Israel de Netanyahu, este se propone convertir su plataforma mediática en un altavoz del populismo ultra conservador.” Lo que hicieron con CNN+ en 2010 fue una humillación, sí, pero lo de la CNN matriz, si finalmente se consuma, supondrá una afrenta incalificable. 


J.T.

viernes, 8 de mayo de 2026

La valentía de Francesca Albanese

 


Como Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, la jurista italiana Francesca Albanese denuncia de manera contundente el horror que Israel lleva cometiendo en Gaza desde octubre de 2023. Un genocidio en toda regla, con decenas de miles de muertos, destrucción sistemática de infraestructuras civiles, el hambre como arma de guerra y un desprecio absoluto por el derecho internacional.


En sus informes y declaraciones recientes, Albanese ha documentado cómo, desde hace treinta y dos meses ya, se han confirmado más de 65.000 palestinos muertos, más de 75 por ciento de ellos niños y mujeres. Si se incluyen las muertes indirectas por hambre, enfermedades y colapso del sistema sanitario, las cifras se incrementaran escandalosamente. Afirma la Relatora de la ONU que Israel ha aniquilado familias enteras, documenta que el 81 por ciento de las estructuras en Gaza ha sido destruido o dañado gravemente y que más de un millón de personas no tienen hogar en estos momentos. Hospitales, escuelas, mezquitas y bibliotecas han sido sistemáticamente arrasados.


Más de 1.580 trabajadores sanitarios, 252 periodistas y cerca de 390 colaboradores de UNRWA, la agencia de la ONU que proporciona asistencia, protección y defensa de los derechos a los refugiados palestinos, han sido asesinados. Albanese describe un sistema de tortura institucionalizado en las cárceles y un “terror cartográfico” que desplaza a la población una y otra vez, combinado con hambruna deliberada y bombardeos sobre zonas de ayuda humanitaria. 


Esta semana, Albanese ha estado en España. Ante el Gernika de Picasso en el Museo Reina Sofía, remarcó que la destrucción de Gaza evoca los peores bombardeos de la historia contemporánea. Ha exigido el fin inmediato del comercio de armas con Israel y denunciado la complicidad europea. 


Las distinciones que ha recibido en nuestro país, el Premio Mario Benedetti, el René Cassin del Gobierno Vasco o la Orden del Mérito Civil concedida por el presidente Pedro Sánchez son el reconocimiento a una persona que ha convertido su cargo en trinchera de la conciencia humana. Paga un alto precio por ello, por supuesto. Las amenazas de muerte son constantes, Estados Unidos le ha impuesto sanciones que la han convertido en una especie de apátrida financiera y su vida es una montaña rusa de protección y presiones. Israel y sus aliados no perdonan que una funcionaria de la ONU documente los crímenes que cometen e intentan silenciarla a toda costa.


España ha hecho bien en arroparla, pero mientras Netanyahu y sus socios sigan recibiendo armas y cobertura política, la barbarie continuará. Albanese obliga al gobierno de nuestro país a mirar esto de frente y dejarse de ambigüedades. Se necesita impulsar acciones más concretas, un embargo total de armas, el reconocimiento pleno del Estado palestino y una campaña de presión real en los foros internacionales. La historia no perdonará a los cómplices silenciosos. 


Personas como Francesca Albanese son más necesarias que nunca. Son el aire puro en una atmósfera contaminada por la propaganda y el cinismo. Si dejamos que la silencien, si permitimos que las amenazas de las que es objeto surtan efecto, estaremos aceptando que la ley de la selva ha ganado definitivamente la partida.



J.T.


jueves, 7 de mayo de 2026

Soledad Gallego-Díaz comía aparte


Discreta como siempre fue, no sé si a Soledad Gallego le hubiera gustado tanto peloteo como, tras su fallecimiento, se le ha dedicado estos días en los medios. ¡Qué indigestión de obituarios estomagantes, por favor! Igual me equivoco, pero mucho me temo que el día en que a los 63 años salió por la puerta de Miguel Yuste camino de su futuro con sus pertenencias en una caja de cartón, igual no recibió tantos aplausos ni reconocimientos como los que se le dedicaron en el tanatorio madrileño donde la despidieron el pasado miércoles. 


Como siempre fue una señora (en eso llevan toda la razón sus múltiples aduladores póstumos), miró hacia delante y se dispuso a organizar el resto de su vida. En palabras de Miguel Mora, no tardaron en “conspirar” juntos para poner en marcha un proyecto digital de altura al que llamaron “Contexto” (CTXT), una maravilla de iniciativa editorial que lleva su sello, el mismo que durante más de treinta años había dejado en “El País” ya fuera como reportera, corresponsal o directora adjunta.


Al contrario que buena parte de sus compañeros de muchos años, no se dejó seducir por los ultras de “The Objective” (tampoco creo que estos se hubieran atrevido a proponerle nunca nada) ni cayó en la tentación de pasearse como todóloga de plató en plató. Soledad Gallego-Díaz siempre comió aparte. Se había ganado el respeto de todo el mundo en la profesión, entre otras muchas razones porque era eficaz, contundente y nada ruidosa.


Se había jubilado, sí, pero aceptó volver a “su casa de siempre” cuando el periódico iba cuesta abajo y sin frenos merced al desastre en que lo habían sumido Antonio Caño, Alandete, Torreblanca y compañía. 67 años tenía cuando aceptó convertirse en la primera mujer capitana del otrora gran barco ahora a la deriva y no tardó en marcar su impronta de siempre, nada de conchaveos con el poder y respeto máximo a los lectores. Aceptó el encargo porque había que hacerlo, con el respaldo abrumador de la redacción, y se marchó a los dos años, como había prometido. 


Soledad había nacido en 1951 en un Madrid gris, hija de un matemático comunista represaliado y una cubana llegada a España en plena guerra civil, y llevaba en la sangre ese sentido de la disidencia serena. Empezó en Pyresa, la agencia del Movimiento, de donde la echaron por secundar una huelga contra los últimos fusilamientos del franquismo. Ya entonces sabía decir “no” cuando lo creía conveniente. Con 26 años trabajaba en la revista Cuadernos para el Diálogo y allí, con sus compañeros Federico Abascal y José Luis Martínez, dio el golpe periodístico de la llamada Transición. Aunque esto se ha repetido hasta la saciedad en los últimos días, creo que conviene dejar también constancia en estas líneas: se hicieron con el borrador de la Constitución de 1978 y lo publicaron sin dudarlo.  


Decía antes que todo el mundo la respetaba y es verdad. No solo por su trayectoria, sino por su capacidad para no perder el foco en el lodazal de las intrigas del oficio. Para muchos era una persona políticamente correcta, pero yo la veía más como una outsider en el mejor sentido de la palabra, como alguien que nunca se dejó domesticar por dogmas ni por agendas. Rigurosa y austera, siempre prefirió hacer pensar con datos y argumentos en lugar de imponer opiniones. 


Para Gallego-Díaz, el verdadero poder del periodismo residía y reside en no rendirse al relato oficial venga de donde venga, ya sea del Gobierno, la oposición, las redes o los anunciantes. Su muerte nos deja con la pregunta incómoda que ella misma solía plantear, ¿quiénes serán capaces hoy de decir “no” cuando haga falta, de priorizar la información sobre el ruido, de mantener el foco en medio del circo? 


Necesitaba dedicarle este homenaje a Sol y helo aquí, pero si en algo estas líneas le han parecido al lector un panegírico o un relamido obituario como tantos de los que han aparecido estos días, en tal caso habré de reconocer que me he equivocado.  


J.T.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Dina Bousselham, la dignidad frente a la vileza de las cloacas


Ayer martes 5 de mayo de 2026, la Audiencia Nacional condenó al excomisario José Manuel Villarejo a tres años y medio de prisión por un delito de revelación de secretos con difusión a terceros, cometido por funcionario público. La víctima principal fue Dina Bousselham, por entonces asesora de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, y el origen de todo el robo de su teléfono móvil en noviembre de 2015 en un Ikea de Alcorcón. 


Una canallada en toda regla. A Dina le sustrajeron el dispositivo mientras hacía compras, la tarjeta de memoria con sus datos íntimos, mensajes personales, contactos y conversaciones políticas acabó en la redacción de Interviú y los periodistas Alberto Pozas y Luis Rendueles hicieron una copia completa cuando Antonio Asensio, presidente del Grupo Zeta, decidió no publicar nada de su contenido. Esa copia llegó a manos de Villarejo, quien la distribuyó a medios afines como OkDiario o El Confidencial y estos sí que se dedicaron a fabricar escándalos que dañaran la imagen de Podemos y de su líder. Ni Eduardo Inda ni José María Olmo parecieron dispuestos a dejar pasar semejante “caramelito”. Así, la vida privada de una mujer joven, militante y trabajadora quedó expuesta sin piedad y su intimidad se convirtió en arma política. 


Dina Bousselham sufrió un trato infame porque, además de perder su privacidad, tuvo que soportar la humillación pública, el escrutinio morboso y el shock que supone saber que sus datos más personales circulaban por despachos policiales y redacciones cómplices. Como asesora en Bruselas, manejaba información sensible, por lo que convertirla en diana de una operación de desprestigio fue una forma especialmente cobarde de golpear a un proyecto político emergente. Ella misma ha relatado en diferentes ocasiones el devastador impacto emocional que le supuso descubrir que su móvil había pasado por las manos de Villarejo. Su entereza durante todos estos años merece admiración. 


Lo más repugnante fue la complicidad de ciertos periodistas y medios. En lugar de rechazar un material obtenido de forma ilícita, algunos no dudaron en publicarlo actuando así como altavoces voluntarios de una maniobra de guerra sucia. Ni cuestionaron el origen espurio de la información, ni protegieron la intimidad de una ciudadana. Nada nuevo, porque conviene recordar que la connivencia entre sectores de la policía y determinados medios formó parte de un patrón sistemático de acoso y derribo contra Podemos desde su fundación en 2014. Filtraciones, seguimientos, campañas mediáticas, denuncias falsas y operaciones de inteligencia paralela se sucedían una tras otra, aunque sin éxito, dado que todas las causas abiertas contra la formación y sus principales responsables acabaron archivándose.


El “caso Dina” es uno de los episodios más vergonzosos de las llamadas cloacas del Estado. Villarejo encarna como pocos la policía patriótica y paralela que actuaba con impunidad al servicio de intereses políticos y económicos que se sintieron amenazados. Once años más tarde, esta sentencia reconoce que el ex comisario ahora condenado accedió y difundió indebidamente datos privados con intención de perjudicar a una formación política cuyas mensajes calaban, un partido que conseguía salir adelante sin necesidad de pedir préstamos a ningún banco. Las indemnizaciones impuestas por la Audiencia Nacional suenan a broma, cinco mil euros a Dina y mil a Pablo Iglesias, de las que responderá subsidiariamente el Estado. Sin comentarios. 


La condena llega tarde y es parcial, los periodistas de Interviú quedaron fuera tras el perdón de las víctimas y otras responsabilidades siguen diluidas pero supone, al menos, un acto de reparación simbólica hacia Dina Bousselham. Este episodio es uno de los más vergonzosos de nuestra historia reciente porque representa el uso espurio de los recursos de inteligencia y seguridad para alterar el tablero democrático. 


Durante años se intentó convencer a la opinión pública de que la víctima era la sospechosa. Se invirtió la carga de la prueba en un alarde de cinismo que solo la resistencia de Bousselham y el paso del tiempo han logrado desarticular. La reparación no será completa mientras el asunto se quede ahí, los presuntos profesionales del periodismo que hacen este uso execrable de nuestro oficio no pueden seguir paseándose por los platós como si no hubiera pasado nada. 


Un abrazo bien grande, querida Dina.


J.T.

martes, 5 de mayo de 2026

Hannah Natanson, premio Pulitzer por denunciar dramas humanos consecuencia de las políticas de Trump



La periodista del Washington Post Hannah Natanson, nacida en el estado de Virginia en 1997, ha sido galardonada este lunes con el Premio Pulitzer 2026 en la categoría de Servicio Público por un trabajo que documenta, con rigor y profusión de datos, las consecuencias humanas del desmantelamiento del Estado federal bajo la administración Trump, los efectos de los recortes contra instituciones públicas que se han ido llevando a cabo a través de un departamento, el de Eficiencia Gubernamental (DOGE), que en sus primeros tiempos fue liderado por Elon Musk. 


El premio a este reportaje, titulado ("How DOGE and the White House carried out a once-unthinkable transformation of the nation's sprawling bureaucracy" ("Cómo DOGE y la Casa Blanca llevaron a cabo una transformación impensable de la extensa burocracia del país"), reconoce a una profesional que durante seis años se dedicó a publicar artículos sobre la educación en colegios de primaria y secundaria en los que denunciaba irregularidades producto de una desastrosa política educativa que, en la era Trump ha desembocado ya en desmanes como la prohibición de libros o la vulneración de derechos del colectivo LGTBI en el ámbito académico. Hannah estudió Historia y Literatura en la Universidad de Harvard, donde desempeñó funciones de editora en la revista del centro, The Harvard Crimson. Se graduó en 2019 y ese mismo año empezó a trabajar en The Washington Post. 


Ya en 2020, Natanson había formado parte del equipo de su periódico que fue finalista del Pulitzer. Le tocó escribir sobre el impacto de la pandemia en el sistema educativo y abordó temas como el cierre de los colegios, los debates sobre la reapertura de las aulas, las brechas de aprendizaje y las disparidades raciales y socioeconómicas en la educación durante la crisis sanitaria. En enero de 2021 estuvo entre los periodistas del Post que informaron del asalto al Capitolio (trabajo por el que su periódico obtuvo también un Pulitzer) y en 2024 fue premiada por una serie de podcasts sobre violencia armada en las escuelas. Las crónicas que dibujan su perfil suelen destacar su habilidad para los informes y reportajes de formato largo y una capacidad poco común para obtener jugosos testimonios en entornos de extraordinaria presión política.


Para el último trabajo por el que acaba de ser distinguida consultó más de mil fuentes, entre ellas muchos empleados federales actuales y antiguos quienes, entre otras muchas cosas, le informaron de despidos masivos o recortes presupuestarios absurdos. El pasado mes de enero, el FBI allanó su casa en Virginia y le incautó teléfonos y ordenadores, lo que generó una batalla legal para recuperar lo incautado y preservar sus fuentes. 


Natanson ha sido víctima de amenazas implícitas y de todo tipo de presiones para disuadirla de llevar a cabo algunas de sus investigaciones. El Pulitzer que acaban de concederle valida y respalda su obstinación y su esfuerzo. Un triunfo del periodismo que incomoda al poder y que desde aquí celebramos y aplaudimos.


 J.T.

lunes, 4 de mayo de 2026

10 momentos perturbadores en una semana infame



Uno pensaba que ya estaba curado de espanto, pero ha bastado una semana como la anterior para constatar hasta qué punto se puede estar equivocado ¡Qué regusto más amargo han dejado los diez momentos a los que aquí me voy a referir! Ha habido más, pero en este caso me voy a ceñir a diez nombres, a diez escenas que han tenido lugar en tres importantes juicios que se celebran a la vez, algún que otro acto institucional y un hostigamiento callejero del todo inaceptable. Diez impactos que dibujan un panorama de impunidad, memoria selectiva, comisionistas sin pudor y toxicidad que en los últimos días nos han dejado a muchos con cara de pasmo y una insoportable sensación de impotencia. 


1. Jordi Pujol sale indemne


Doce años hace que confesó públicamente poseer un fortuna en Andorra que jamás había declarado. Hasta el lunes pasado no compareció en la Audiencia Nacional, donde se le eximió de toda culpa porque el “pobre hombre”, de 95 años, no anda ya en condiciones de prestar declaración. El tribunal, tras un nuevo examen forense y una breve entrevista con el ex president, concluyó que su estado cognitivo no le permitía participar con plenitud en el proceso. El viejo y “honorable” patriarca abandonó la sala sin tener que declarar. Ni devolución del dinero ni asunción de responsabilidades políticas por parte de quien construyó un sistema clientelar durante los 23 años en que presidió la Generalitat de Catalunya. Y ahí andan ahora sus hijos, declarando en un juicio donde, mire usted por dónde, los medios apenas se hacen eco al tiempo que el común de los mortales no podemos evitar una indignante sensación de tomadura de pelo.


2. Soraya Sáenz de Santamaría: “No recuerdo” o “no me consta”


También vimos desfilar la semana pasada por los aledaños de la Audiencia Nacional a la otrora poderosa vicepresidenta del Gobierno en tiempos de Mariano Rajoy. Caso Kitchen, ¿eso qué es?, le faltó decir porque, en la línea de quien fuera su jefe y de su eterna adversaria María Dolores de Cospedal, al declarar siguió el guion habitual de los altos cargos del PP en este procedimiento: amnesia selectiva. “No recuerdo”, “no me consta”, “no tuve conocimiento” fueron las respuestas recurrentes.  ¿Operación parapolicial para espiar a Luis Bárcenas y robarle documentación comprometedora sobre la caja B del partido? Yo era ministra de la presidencia, no de Interior, a mí qué me cuenta. Estaba a cargo del CNI, pero dijo desconocer que se hubiera espiado al ex tesorero. Como vicepresidenta, formaba parte del núcleo duro, por lo que sus “no me consta” fueron una descarada burla y más en su caso, opositora brillante que hasta ahora siempre había alardeado de su excelente memoria. 


3. Willy, el hijo de Bárcenas 


También amnésico, vimos desfilar por la pasarela de la Audiencia Nacional a un despechugado Guillermo “Willy” Bárcenas, solista del grupo Taburete, cuyo padre había demostrado la semana anterior ser capaz de cantar mucho mejor que él al confirmar buena parte de nuestras sospechas sobre la implicación de la cúpula del PP tanto en el caso Gürtel como en el Kitchen. El hijo treintañero del ex tesorero ratificó que su padre le mencionó una grabación con Rajoy y Javier Arenas sobre el remanente de la caja B. ¿Aparecerá esta? Se admiten apuestas.


4. Víctor Aldama, el siniestro comisionista 


Otro que tal baila, menudo fichaje! Ocho horas duró la declaración de este oscuro personaje el miércoles pasado en el Tribunal Supremo, durante las que intentó pringar a todo el mundo en sus tejemanejes, Pedro Sánchez incluido, cómo no. Sin pruebas pero soltando un amplio catálogo de insidias que en esta ocasión sí, ¡oh casualidad!, suscitaron el interés de la mayoría de los medios. Se autoinculpó, pero continúa en la calle, ¿no es maravilloso?


5. Koldo García, la “sombra” de Ábalos


A un transfigurado Koldo García, larga barba, vestimenta descuidada, se le permitió un desenfado y un desahogo en su declaración ante el Supremo sobre el trasiego de sobres y el cobro de comisiones que resulta especialmente llamativa si se le compara con la severidad con que se trata a los testigos y a los abogados de la acusación en la sala de la Audiencia donde se juzga el caso Kitchen. Perturbador el desaliñado aspecto de Koldo tras los cinco meses que lleva en la cárcel y perturbador también su grosero modo de expresarse. 


6. Inspectores descifrando los alias de M. Rajoy


Como desapercibidas pasaron las declaraciones de los inspectores que testimoniaron que alias como El Asturiano, el Barbas o M. Rajoy se utilizaban para referirse al entonces presidente del gobierno ¿Han tenido algunas consecuencias estas manifestaciones, las tendrán? Suena ridículo preguntárselo, ¿verdad que sí? 

Perturba constatar que, desde el propio ministerio del Interior, cuyo titular por entonces era Jorge Fernández Díaz, se activaran mecanismos ilegales para proteger a dirigentes políticos frente a la justicia. Estas declaraciones desmontan la narrativa de que Kitchen fue una operación aislada y apuntan a un sabotaje más amplio contra las pesquisas de Gürtel.


7. El inspector jefe Morocho y las presiones a las que fue sometido


A destacar los testimonios de Manuel Morocho, inspector jefe clave en la investigación de la trama Gürtel, que volvió a declarar en el juicio de Kitchen. Denunció que la cúpula de Interior desmanteló su grupo, que sufrió vigilancias mientras investigaba y que informes importantes sobre cuentas en el exterior se quedaron sin analizar. Apuntó a una estrategia deliberada para obstaculizar la investigación que cercaba al PP. A pesar de la importancia y la gravedad de sus acusaciones, estas han pasado casi desapercibidas. 


8. Jorge Azcón y su toma de posesión tras su pacto con los fascistas


Al igual que su compañera María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón volvió a tomar posesión la semana pasada como presidente de Aragón con todo tipo de alharacas y arropado por la cúpula del PP. Lo hizo gracias a los votos de su partido y, sobre todo, gracias al apoyo de Vox, que le ha proporcionado 14 escaños decisivos para alcanzar los 39 necesarios. El pacto incluye vicepresidencia y consejerías para los de Abascal bajo el eufemismo de “prioridad nacional” y “arraigo real” para el reparto de recursos públicos. Perturba el desahogo con el que el PP presenta como “cultura de pactos” y “estabilidad” lo que no es otra cosa que entregarse a los herederos políticos del franquismo y a su discurso racista, homófobo, anti memoria democrática y negacionista de la violencia de género.


9. El hostigamiento a Begoña Gómez por parte de un alborotador ultra 


Lo del acoso a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, traspasa todos los límites. Se ha dejado crecer el monstruo y así anda ahora por la vida, cada vez más crecido y sin que, para asombro del respetable, nadie haga nada. ¿De verdad que lo del alborotador fascista de cuyo nombre no quiero acordarme no hay manera de pararlo? Ministerio del Interior, ¿hay alguien ahí? Presidencia del Congreso, ¿va a continuar acreditado semejante ser? A quienes financian las provocaciones de este desalmado, ¿se les va a seguir subvencionando con dinero público? El “democrático” Partido Popular, ¿es consciente de la dinámica que está alentando cuando respalda y no condena semejantes fechorías? 


10. Los insultos de Abascal al presidente y al ministro del Interior


¿Le compra el Partido Popular a Vox su estrategia canalla? ¿Va a acabar Feijóo llamando “mierda” al presidente del Gobierno” y “rata” al ministro del Interior como hace Abascal? ¿No ha llegado la hora de que alguien ponga pie en pared de una vez en todo esto? Perturba la normalización de un discurso que transmite desprecio institucional e impide cualquier posibilidad de acuerdo en temas de Estado. 


Resumiendo, estamos ante una dinámica infernal donde tanto la política como la justicia y el periodismo pierden credibilidad y el ciudadano anda cada vez más escéptico, más distante y más asqueado. Los políticos hacen política, o eso dicen, para mejorar nuestras vidas; los jueces imparten justicia, o eso dicen, para garantizar derechos e impedir abusos. Los periodistas están para contar lo que ven y oyen de la manera más honesta posible permitiendo así al lector o al espectador reflexionar y extraer sus propias conclusiones sin manipulación ni mentiras. Discúlpenme si recordarles estas cosas puede parecerles un chiste.  



J.T.

domingo, 3 de mayo de 2026

"La Desbandá" de Málaga a Almería y el "Gernika" de Picasso


¿Y si ‘Gernika’ no fuera Gernika? Con este título escribe Teresa Sesé este domingo un artículo en La Vanguardia donde se contempla la hipótesis de que La Desbandá de Málaga a Almería debía estar en la mente de Pablo Picasso cuando este creó el mural que le encargó la República para el pabellón de España en la Exposición Internacional de París. Lo explica Sesé de la siguiente manera:


El encargo se produce en enero de 1937. La Desbandá comienza poco después, el 8 de febrero y el bombardeo de Gernika tuvo lugar dos meses largos más tarde, exactamente el 26 de abril. En principio, el artista no tiene “ni la más remota idea”, escribe Sesé, de qué hacer con el encargo del Gobierno español, donde se pensó que tener a Picasso en cuerpo y alma, supondría un impacto mayor que una batalla ganada en el frente a los fascistas. 


En la crónica de La Vanguardia se nos recuerda también que la historiadora Josefina Alix, autora de una monografía titulada Guernica. Una guía informativa, ya planteó en 1993 la posibilidad de que el artista pudo haberse visto influido por las imágenes de La Desbandá que por aquel entonces llegaron hasta París. Recordemos que el nombre con el que hoy día se conoce a la huida de la población malagueña tras la caída de la ciudad en manos de las tropas franquistas define el mayor éxodo humano en la historia de Europa, entre 200 y 300.000 personas. Escapaban de los rebeldes, pero se encontraron con algo peor, fueron masacrados desde el mar por los bombardeos de barcos en manos de los sublevados y desde el aire por la aviación italiana y alemana. 


En la carretera de Málaga a Almería murieron entre 4.500 y 6.500 personas, lo que convierte este episodio en uno de los más sangrientos de la guerra civil española. Picasso pudo tener conocimiento de esta tragedia a través del novelista Arthur Koestler, que la presenció, o de André Malraux, cuya escuadrilla libró allí su última batalla. No hay que olvidar tampoco que el pintor nació en Málaga, donde continuaba residiendo parte de su
familia. Hay una foto de La Desbandá, realizada por Hazen Sise, ayudante del médico canadiense Norman Bethune, donde se ve a una madre que sostiene en brazos a su hijo muerto, cuyo parecido con una de las escenas del Gernika llama poderosamente la atención. 

También se explica en el reportaje de Teresa Sesé que Eugenio Carmona, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga,y autor junto a Pablo Rodríguez del ensayo Guernica y el imaginario de Picasso, piensa que, aunque el pintor no era ajeno a lo sucedido en La Desbandá, no se puede decir que se inspirara en ella. En unas declaraciones realizadas a la periodista Elizabeth McCausland para el Springfield Republican, Picasso dijo: “En el mural en el que actualmente trabajo, y que titularé Gernika, y en todas mis obras recientes expreso claramente mi odio hacia la casta militar, que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”. Es decir, manifiesta su intención de titularlo así, pero no que el bombardeo de Gernika fuera el punto de partida.


Para Picasso era mucho más rentable, añadió McCausland, que el título del mural fuera Gernika y no La Desbandá. Con excepción del hundimiento del Titanic, el bombardeo a la ciudad vizcaína había sido el suceso con mayor cobertura mediática de la historia, y él "era muy agudo en cuestiones de marketing”. “De Gernika el Gernika solo tiene el título”, sostiene por su parte Rafael Inglada, biógrafo y jefe de publicaciones de la Casa Natal Picasso. 


J.T.