domingo, 27 de septiembre de 2026

Pedro Sánchez o el arte de echar balones fuera


- ¿Por qué no se trasladan los menores de Ceuta a la península?

- Pregúntenle a Vivas (presidente de Ciudad Autónoma), fue la respuesta de Sánchez en los pasillos del Congreso.

- ¿Por qué no se ha parado el desahucio de Mari Carmen?

- Desgraciadamente Almeida y Ayuso, más preocupados en comprar y vender con dinero público aticazos con 200 metros de terraza, han hecho caso omiso a una tragedia social que deberían haber resuelto, declaró Sánchez en las dependencias de Naciones Unidas.


Traducción: todo es culpa de los demás, a mí que me registren. Vamos a ver, señor presidente, ¿de verdad no le da vergüenza tirar balones fuera cada vez que se topa con un marrón? Igual se le votó para que, cuando hiciera falta, fuera capaz de pegar un puñetazo encima de la mesa y dejar de templar gaitas, aunque solo fuera por una vez, con quienes se empeñan en continuar mandando en este país sin presentarse jamás a las elecciones, ¿no le parece? 


La excusa no puede ser, cada vez que vienen mal dadas, utilizar como parapeto la legislación vigente. Hacerlo así es un artimaña tramposa porque es usted quien tiene el Boletín Oficial del Estado y quien maneja los resortes del poder ¿O va a ser que no? Echar balones fuera y señalar a otros como culpables es una broma de mal gusto que, además de evidenciar un cierto desprecio por el factor humano, permite concluir que los sentimientos y los problemas de las personas a las que usted tiene la obligación de proteger se la traen al pairo. Ahora se ponen a correr para aprobar el decreto antidesahucios. Se pudo hacer en 2019 de manera indefinida pero el partido que usted dirige prefirió ir renovándolo año a año porque así, dado que el PP votaría siempre en contra, Núñez Feijóo y compañía irían quedando en evidencia cada curso parlamentario. Política barata antes que consolidar derechos.


“Al amigo, el culo; al enemigo por el culo y al indiferente la legislación vigente”, reza un viejo refrán tan incorrecto como exacto. Si te refugias en la legislación vigente para desentenderte del desahucio de tantas Maricármenes como lo han sufrido y lo sufren, si eludes responsabilidades argumentando que las culpas son de los ayuntamientos y las autonomías y nunca tuyas, te estás equivocando. Si en un asunto tan serio como el de Ceuta te limitas a aplicar la legislación vigente, te estás equivocando. Igual que en el caso del millonario y filántropo estadounidense Fergie Chambers, que permanece detenido en España porque su país lo considera terrorista por ayudar económicamente a Palestina y Trump quiere que se le extradite. Ochenta días lleva en prisión técnicamente “a la espera” de la decisión que adopte la Audiencia Nacional. Otro balón fuera. No se puede ir por el mundo ufanándose de presidir un gobierno progresista al tiempo que te resbalan dramas e injusticias que puedes resolver en un plis plas. Si no lo haces es porque no quieres. Solo hace falta voluntad política. Y sensibilidad de izquierdas, claro.


Llega el otoño, llegarán los fríos, miles de seres humanos llevan casi dos meses durmiendo al raso en Ceuta y a usted no se le ocurre otra cosa para exculparse que apelar a la legislación vigente y atribuir la responsabilidad a otros. Mientras el PP hace el ridículo con espráis en el Congreso y demás mandangas, mientras Feijóo produce tremenda vergüenza ajena cada vez que abre la boca, el gobierno que usted preside se duerme en los laureles y desperdicia ocasión tras ocasión de actuar de manera contundente. Si el llamado líder de la oposición es un desvergonzado y un amoral, la frialdad con la que usted se desenvuelve nos hiela la sangre. Por una vez podría actuar como si fuera el gobierno de izquierda progresista que dice ser, ¿no le parece? Puede hacerlo y debería hacerlo. La policía no puede continuar comportándose en sus actuaciones callejeras como si gobernaran las derechas, con los fondos buitre no se puede actuar con la complacencia con la que lo hace la ministra de Vivienda. Distínganse, por favor, equivóquense alguna vez en el sentido correcto y hagan política para las personas de a pie. 


Si no saben hacerlo, dejen paso a una izquierda de verdad que se aleje de los postulados liberales, ponga firmes a las fuerzas de seguridad y a la banca, y apueste por alianzas internacionales que cuestionen en serio, no solo de boquilla, los desmanes de Trump, Netanhayu y compañía. Nuestro país está pidiendo a gritos aplicar una política muy distinta a la que venimos arrastrando desde la Transición y los Pactos de la Moncloa, no basta con hacerse fotos junto a Zohran Mamdani, el joven alcalde progresista de Nueva York.


En este momento, la opción no puede ser solo “o Trump o Pedro Sánchez” como se oye decir en los mítines socialistas. Además de la caverna pura y dura que crispa este país a diario, además de un gobierno que se autodenomina progresista pero que tras ocho años en el poder no ha sabido, o no ha querido, ser resolutivo a la hora de solucionar problemas como el hacinamiento de Ceuta o desahucios tan sangrantes como el de Mari Carmen, tiene que haber otras opciones. A ver si la verdadera izquierda espabila de una vez. Y la votamos, claro.


J.T.



Las redes sociales zancadillean a Lula



La imagen del viernes en Recife (Brasil) puede que resuma la campaña electoral de estos días en el país sudamericano: Lula avanza en un coche abierto desde el Cais de Santa Rita hasta el Marco Zero mientras una multitud ocupa las calles bajo el sol que había sucedido a la lluvia. Las estimaciones oscilan entre las 50.000 personas calculadas por fuentes vinculadas al acto y las 80.000 que atribuye la organización de la campaña. 


Una encuesta de Quaest realizada entre el 19 y el 22 de septiembre situaba al presidente en el 54 por ciento de intención de voto en primera vuelta frente al 21 de Flávio Bolsonaro. En un eventual segundo turno, la misma encuesta registraba 58 porciento para Lula y 25 para su adversario. Otra encuesta, de Real Time Big Data, había situado unos días antes esos porcentajes en 56 por ciento y el 25. 


Mientras Lula abarrota plazas mitin tras mitin, desde otro escenario menos tangible pero parece que bastante más eficaz, Meta se dedica a deshabilitar la cuenta utilizada por su equipo de campaña para contratar anuncios en redes a través de Facebook. “Algunas de sus actividades no siguen nuestras reglas”, fue la explicación de la empresa de Zuckerberg. Los responsables de comunicación del presidente pidieron explicaciones y recurrieron la decisión argumentando que, a diez días de las elecciones, una restricción de esa naturaleza podía alterar las condiciones de la batalla electoral. La cuenta fue restablecida ese mismo día, pero Meta no ofreció explicaciones públicas de lo que había ocurrido.


He aquí una de las paradojas de los tiempos que vivimos. Durante décadas, para hacer campaña había que tener militantes, megáfonos, carteles y plazas. Ahora, además, hay que pasar por el mostrador de unas compañías privadas capaces de decidir, mediante oscuras reglas que casi nunca explican, qué puede circular y qué no por la nueva plaza pública.


Lula puede reunir decenas de miles de personas en las calles de Recife. Pero una empresa tecnológica puede, durante unas horas, cerrar la ventanilla por la que una campaña intenta llegar a millones.


Quizá sea una de las fotografías más interesantes de esta elección: la vieja política todavía necesita calles, banderas y multitudes. La nueva necesita también algoritmos. Y estos, de momento, no votan, pero sí poseen una extraordinaria capacidad para decidir quién consigue tener voz. En esas estamos.


J.T.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Puigdemont, calienta que sales


Por fin, según contaba este jueves Carlota Guindal en La Vanguardia, parece que los miembros del Tribunal Constitucional (TC) se disponen a pronunciarse sobre los recursos de amparo presentados por los políticos del procés a los que el Supremo no aplicó de la ley de amnistía, sobre todo por la interpretación que este órgano hizo del delito de malversación. La mayoría progresista del TC considera, según los borradores y las informaciones conocidas, que el Supremo pudo haberse pasado de frenada al interpretar la ley según se deduce de tres artículos de la Constitución.


- El primero es el artículo 24, que protege el derecho a la tutela judicial efectiva. Dicho sin toga: todo ciudadano tiene derecho a que los tribunales resuelvan sus asuntos de manera razonada y conforme a la ley y a no quedar indefenso.


- El segundo es el artículo 23, que protege la participación política. La tesis del Constitucional sería que mantener determinadas inhabilitaciones derivadas de unas penas que podrían quedar amnistiadas afecta también a los derechos políticos de los condenados.


- Y el tercero es el artículo 25, que establece el principio de legalidad penal. Si una ley decide borrar determinadas responsabilidades penales, mantenerlas por una interpretación especialmente restrictiva de esa misma ley plantea un problema constitucional.


El meollo está en las acusaciones de malversación. La ley de amnistía excluye determinados delitos de corrupción cuando existe beneficio patrimonial o enriquecimiento personal. El Supremo entendió que utilizar dinero público para organizar el referéndum del 1 de octubre podía constituir ese beneficio personal. El Constitucional parece inclinarse por una interpretación diferente: gastar dinero público para financiar el procés no ha de equivaler necesariamente a enriquecerse personalmente. Por tanto, si el TC ribunal confirma esta doctrina, el Tribunal Supremo se verá obligado a revisar su decisión.


¿Y Puigdemont? 


Su regreso tampoco sería automático al día siguiente. 


Primero tendría que aprobarse definitivamente la doctrina constitucional. 

Después, el Supremo debería aplicarla a su caso. 

Y finalmente tendría que levantar las órdenes de detención que todavía pesan sobre él.


En resumen, que entre el “el Constitucional amnistía a Puigdemont” y “Puigdemont puede coger un avión a Barcelona sin miedo a ser detenido” hay por medio varios trámites jurídicos. 


Veamos:


1. En un pleno a celebrar el próximo martes 6 de octubre, el TC prevé formalizar su aval para amnistiar la malversación en el procés. 


2. A partir de ahí, al controvertido juez Pablo Llarena no le quedará más remedio que aplicar la doctrina que dicte el Alto Tribunal. La mayoría de expertos en el asunto consideran que, en consecuencia, lo previsible es que levante la orden nacional de arresto que aún pesa sobre Puigdemont y ka causa quede archivada. 


3. Quedará aún el escollo de Vox, la única parte contraria a la amnistía presente en la causa. Los fascistas podrían recurrir aún bien ante el juez instructor o ante la Sala de lo Penal del Supremo. Quienes han seguido de cerca toda esta historia aseguran que “es improbable que Llarena se autoenmiende o que lo haga la Sala.” Veremos. 


4. Aún así, el Tribunal Supremo todavía podría poner algún palo en las ruedas: podría dilatarlo todo más aún si enviara “nuevas cuestiones prejudiciales” al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero esto parece poco probable dado que este mismo tribunal avaló ya la amnistía hace unos meses. 


5. El paso definitivo para que Puigdemont pueda volver sin riesgo de arresto se producirá cuando el Tribunal Supremo deje sin efecto la orden nacional, europea e internacional de detención que pesa sobre él. 


Llegados a este punto, será el propio Carles Puigdemont que tome la decisión definitiva de cuándo regresar. Tiene tres posibilidades:


1. Cuando Llarena anule las órdenes de detención tanto del ex president como del resto de encausados.

2. Cuando se archive definitivamente la causa.

3. Cuando la Sala de lo Pena del Tribunal Supremo dé el carpetazo definitivo al asunto.


Para desesperación de aquellos a quienes nos gustan los titulares de una sola línea, la justicia funciona con expedientes, recursos, resoluciones y plazos. Así que el próximo capítulo no será todavía el regreso triunfal del protagonista. Será algo bastante más español: un tribunal diciendo cómo debe interpretar una ley, otro teniendo que estudiarlo y todos esperando a ver cuándo cae la breva. 


No sé por qué me ha venido en este momento a la cabeza aquel conocido refrán: “Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que al final se cumpla”.


Malpensado que es uno.


J.T.

martes, 22 de septiembre de 2026

Por fin los medios de comunicación estadounidenes le plantan cara a Trump


El pasado sábado, Donald Trump cruzó una línea roja más. Esta vez le tocó a la libertad de prensa: decidió prohibir la entrada en la Casa Blanca a los representantes de tres medios de comunicación, las cadenas de televisión, CNN y MS NOW y la revista Político. Los acusó de propagar “fake news” y de suponer una amenaza para la seguridad nacional. Tras estas expulsiones, amenazó también en su red social a los periódicos The New York Times y The Washington Post advirtiéndoles que podían seguir el mismo camino que sus colegas si no informan como a él le da la real gana que lo hagan.


Pues “hasta aquí hemos llegado”, parece que por fin han dicho los periodistas estadounidenses. Cuesta creerlo, habida cuenta todo lo que llevan tragado con el energúmeno que los gobierna, pero el caso es que cuando la Casa Blanca se propuso ayer cubrir el hueco de la CNN, se encontró con que ni la cadena ABC, tampoco la CB o la NBC, y ni siquiera la derechizadísima Fox News, aceptaron la oferta. Por fin han visto claro que los desmanes del presidente les incumben a todos, cualquiera que sea la orientación ideológica del medio al que pertenezcan, porque esta manera de actuar perjudica de manera muy seria a la dignidad de la profesión periodística y al derecho de la ciudadanía a estar informada. Aunque parezca obvio, vivimos tiempos en que no queda más remedio que repetir estas cosas cuantas más veces, mejor. Por obvias que parezcan.


Desde el primer día de su llegada al poder, Trump ha supuesto una amenaza para la primera enmienda de la Constitución norteamericana, la que que defiende la libertad de expresión, y ha hecho siempre todo lo posible por censurar todas aquellas informaciones que criticaran cualquier medida tomadas por su administración. 


Hay que recordar que no es la primera vez que se prohíbe la entrada de algún medio de comunicación en  la Casa Blanca. La Agencia Associated Press, recordemos, ya sufrió represalias por negarse a llamar Golfo de América al golfo de México. En su lugar, se empezó a acreditar a influencers y perniciosos elementos de ultraderecha que llevan tiempo prostituyendo la esencia del oficio periodístico en la sala de prensa. Con la cumbre de Naciones Unidas de estos días y Trump recibiendo a líderes internacionales, nada le puede hacer más daño a su ego que la ausencia de cámaras de televisión. 


Han tardado en plantarle cara al energúmeno del pelo color naranja los medios estadounidenses. A ver lo que aguantan. De momento, palomitas: los tres medios afectados por el veto han presentado una demanda contra Trump reivindicando el derecho constitucional a informar sin ningún tipo de presiones ni vetos. Un juez federal ha programado una vista para este miércoles 23 de septiembre en la que tendrá que decidir si bloquea provisionalmente el veto o no el veto a los medios expulsados de la Casa Blanca.


Puede que a Trump no le quede más remedio que dar marcha atrás. Pero sería un error por parte de los periodistas y los medios a los que pertenecen bajar la guardia. En el caso de que las aguas volvieran pronto a su cauce, el próximo desmán no tardará mucho en llegar. No se puede confiar jamás en que el escorpión deje de picar.


J.T.

domingo, 20 de septiembre de 2026

El odio en televisión


Cuando apenas había cumplido diez años, el hijo de unos amigos míos no se iba jamás a la cama sin ver antes un trocito de “El Hormiguero”, por entonces un blanco y divertido programa (familiar, lo llamaban) de Mediaset pensado para entretener y ayudar a olvidar los trasiegos de la jornada. Aquel niño tiene ya más de treinta años y no recuerda nada de su devoción por un programa que desde 2011 se emite en Antena Tres y cuyo presentador continúa siendo Pablo Motos. Cuando por equivocación lo sintoniza alguna vez, no puede creer que aquel otrora “simpático” señor del que le hablamos se haya convertido en un personaje cabreado que cada noche contribuye a envenenar el ánimo ciudadano algo más de lo que ya está haciendo política de la fea y olvidando por completo sus primeros tiempos. Hace unos pocos días tuvo como invitado a Carlos Alsina, locutor de las mañanas de Onda Cero que durante años condujo el informativo más presentable de su franja en radio, motivo por el que sus jefes de Atresmedia no han dudado en cargárselo y desplazarlo a horas de contenidos menos “comprometidos”. 


¿Por qué te has pasado al entretenimiento?, tuvo Motos el cuajo de venir a preguntarle. Porque para hablar de política ya estás tú, replicó Alsina con su acreditada retranca evitando precisar que lo que se hace en El Hormiguero es sobre todo política cutre que segrega bilis y mala leche. La culpa no la tiene solo Motos y su equipo, la tienen los políticos y sus asesores de comunicación, los de todos los partidos, quede claro, que un día descubrieron que una tribuna con los índices de audiencia del programa de Motos no se podía desperdiciar sobre todo en época electoral. Así que empezaron a acudir en tromba. Como aquello tuvo éxito, a Motos se le fue subiendo el pavo hasta acabar creyéndose el rey del mambo. Consecuencia: el programa fue degenerando a medida que descubría que lo que de verdad vendía era utilizar su espacio para meterle caña a Pedro Sánchez y a su gobierno. Al tiempo que le hacía descaradamente la pelota a todo político del PP o de Vox, que aceptaba encantado su invitación. De comediante mutó a politiquero barato y en esas estamos. 


En los despachos de Atresmedia respaldaron esta zafia metamorfosis y en Mediaset se apuntaron al carro. Carmen Porter e Íker Jiménez, una pareja de presentadores que desde 2005 se dedicaban en Cuatro Televisión a hablar de ovnis y fenómenos paranormales en un programa llamado “Cuarto milenio” conducen hoy “Horizonte”, espacio nocturno que emite esta misma cadena en el que suelen sentar junto a ellos a lo más granado del involucionismo patrio militares incluidos. En la franja de las mañanas, los responsables de este mismo canal decidieron concederle pista libre a Nacho Abad, durante años militante del periodismo más amarillo convertido ahora en desahogado presentador de un programa llamado “En boca de todos” donde, además de destilar odio, no se anda con miramientos a la hora de intentar meter el miedo en el cuerpo de quienes lo sintonizan. El pasado viernes, sin ir más lejos, mientras entrevistaba al presidente del puerto de Ceuta, incidía en la posibilidad de que al trasladarse ahora los inmigrantes allí, aumentara él número de polizones que, según él, aprovecharán la cercanía de los barcos para escaparse. No contento con eso, proclamó abiertamente que algún yihadista infiltrado en las carpas podría dejar sin luz a toda Ceuta o incendiar los depósitos de combustible. Este es el nivel. 


Durante la sobremesa, y también en Cuatro Televisión Risto Mejide, un publicista que se hizo famoso merced a su inclemente agresividad como jurado en diferentes concursos televisivos, conduce desde hace casi ocho años “Todo es mentira”, programa teóricamente en clave de humor pero que cada día que pasa destila mayores dosis de crispación y mal rollo. Me cuesta asumir que tanto políticos como periodistas se presten a intervenir en espacios como estos. O como los de Ana Rosa y Susana Griso. No suma sentarse junto a un negacionista, un homófobo o un racista porque la intolerancia acaba creciéndose a medida que le vas otorgando cancha y el resultado final es que acaba reproduciendo mejor sus enconados mensajes de rencor. No todo puede valer, entre otras razones porque, aunque son menos, tienen más y mejores medios, sobre todo en redes sociales, que usan sin pudor alguno.


Hace unos días en la radio, Mariola Cubells y Marc Giró comentaban en el programa de Carles Francino hasta qué punto quienes desde posiciones progresistas intentan con sus programas contrarrestar como pueden tanto mensaje de odio, se ven obligados a soportar por ello un acoso despiadado, la invasión en sus vidas privadas y todo tipo de amenazas. Ninguno de los personajes a los que me he referido más arriba han sufrido el asedio callejero de Vito Quiles o Ndongo por ejemplo, ni tienen sus cuentas digitales atiborradas de mensajes amenazantes. 


Con estas líneas solo he querido hacer una pequeña aproximación a un escenario, a mi entender trágico, que a día de hoy tiene infectado el mundo de la comunicación. ¡Que no se trata solo de ir contra Sánchez, señoras y señores, que lo que ocurre es que están violentando la esencia misma de la democracia! Continuaré hablando de todo esto otro día, porque el asunto da para mucho más que para un artículo, pero desde aquí quiero lanzar mi voz de alarma. Algo habrá que hacer, ¿no? ¿O nos vamos a quedar de brazos cruzados hasta que nos coman vivos a todos? 


J.T.









domingo, 13 de septiembre de 2026

La Columna de los Ocho Mil, un episodio olvidado de la Guerra Civil


El 15 y el 16 de septiembre de 1936, apenas dos meses después del golpe militar que desencadenó la Guerra Civil, alrededor de ocho mil extremeños emprendieron una marcha desesperada por el suroeste de Badajoz. Eran campesinos, jornaleros, trabajadores, mujeres, niños, ancianos y algunos milicianos. Gente corriente que tenía una casa, una familia, unas tierras, unos amigos y una vida que, de pronto, había dejado de ser segura a medida que las tropas del ejército golpista avanzaban sembrando el terror y asesinando a miles de personas en la comarca. Así que decidieron huir.


Unos habían visto detener a vecinos, sacar personas de sus casas y hacerlas desaparecer, otros conocían las terribles noticias que llegaban de localidades próximas y otros, sencillamente, habían comprendido que quedarse podía significar la muerte. Así que gentes provenientes de Fregenal de la Sierra, Jerez de o Medina de las Torres, junto a familias enteras que llegaban desde el norte de la provincia de Huelva, echaron a andar desde Valencia del Ventoso para intentar llegar hasta Azuaga, una zona donde todavía gobernaban los representantes del gobierno republicano legítimamente constituido. Para conseguirlo, tenían que recorrer noventa kilómetros por un territorio que se estaba convirtiendo en ratonera. Marchaban como podían: a pie, en carros, con animales, llevando algunos enseres… Miles de personas por los caminos de Extremadura cargadas con lo poco que habían podido salvar mirando de vez en cuando hacia atrás temerosas de que sus perseguidores les alcanzaran. Y les alcanzaron. 


Los rebeldes sabían perfectamente que lo que tenían delante era una mayoría de civiles, muy pocos llevaban armas, y aun así les atacaron en las proximidades de Fuente del Arco, en un paraje llamado La Alcornocosa. Militares, guardias civiles y falangistas bien armados arremetieron los días 17 y 18 contra una multitud en la que apenas unos cuantos hombres estaban en condiciones de repeler el ataque. Dispararon incluso con ametralladoras y la columna se deshizo entre el miedo y la desesperación. Algunos consiguieron escapar hacia Azuaga, otros huyeron monte arriba, otros regresaron sobre sus pasos y muchos fueron capturados.


Alrededor de ochenta personas murieron en el ataque, pero aquella matanza fue solamente el comienzo. Unos dos mil supervivientes fueron detenidos y conducidos a Llerena. Allí fueron encerrados en distintos lugares, entre ellos la plaza de toros. Se elaboraron listas, se solicitaron informes a los pueblos de procedencia y se identificó a los detenidos: a ver quién tenía antecedentes políticos, quién había sido concejal, quién había pertenecido a un sindicato, había votado a la izquierda, o había sido denunciado por un vecino… Se decidió quiénes podían volver y quiénes debían quedarse. Burócratas hasta a la hora de matar. Muchos de aquellos prisioneros fueron asesinados pero, eso sí, con un sello, una firma, un informe y una orden.


Mujeres y niños quedaron atrapados en aquella maquinaria de represión que no se conformaba con derrotar militarmente al adversario sino que además había que humillarlos, vejarlos, apocarlos, degradarlos… El genocida Queipo de Llano dio a conocer por radio la operación y la calificó de “victoria militar” al tiempo que sus periódicos afines hablaban de una “columna marxista” derrotada. 


Matas mejor si primero cosificas, si consigues deshumanizar a quien no piensa como tú ¿les suena? Ya por entonces, aquellos criminales dominaban el arte de la propaganda. Los extremeños que intentaban “escapar” y llegar hasta Azuaga no eran campesinos sino rojos, marxistas peligrosos; fugitivos, nada de refugiados y las familias enteras que solo aspiraban a salvar la vida, eran para los propagandistas declarados enemigos de España.  


Han pasado noventa años y estamos hablando de una historia de la guerra civil, otra más, que apenas se conoce. Durante demasiado tiempo la tragedia de aquellas ocho mil personas ni existió. Antes de La Desbandá de Málaga, antes de tantos otros éxodos, miles de extremeños descubrieron que, en una guerra, intentar sobrevivir también puede ser considerado delito. 


Este episodio, unido a que Badajoz es la segunda región española con el mayor número de personas asesinadas por el franquismo (nunca podrá olvidarse la matanza de 4.000 personas en la plaza de toros de Badajoz) ha llevado a una decena de colectivos y asociaciones memorialistas de la región a promover cada septiembre una marcha para reivindicar la memoria de aquel suceso en el mismo lugar donde ocurrió. Este año, cuando se cumple el 90 aniversario, se ha convocado para el próximo domingo 20 de septiembre la “III Marcha Columna de los Ocho Mil”, una ruta circular de algo más de diez kilómetros con salida y llegada a la localidad pacense de Fuente del Arco. Allí estaremos.


J.T.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La rendición de un profesor de Literatura



No merece la pena, Juan, no leen ni por obligación, si los tochos son muy grandes se meten en internet y buscan resúmenes. No hay manera. No tiene nada que ver el mundo de los alumnos de la universidad ahora con el nuestro cuando estudiábamos. Yo recuerdo que a nosotros nos interesaba, que andábamos motivados por la vida, que nos gustaba, que le pedíamos a los profesores que nos sugirieran lecturas fuera de programa, que sí, que la literatura española del XIX estaba muy bien, y la del siglo de Oro, pero yo me acuerdo que me encantaba Dumas, y Víctor Hugo, y Tólstoi. Los tres mosqueteros, qué maravilla, El conde de Montecristo; de Balzac cualquier cosa por no hablar del madame Bovary de Flaubert. Nuestra Regenta no tenía nada que envidiar, de acuerdo, pero nos gustaba comparar, y meternos en vena Ana Karenina, y leer los libros antes de ver la película… de los que había película. Pues nada, todo eso ha cambiado, yo ahora les pongo cine, ¿te lo puedes creer? A lo más que llegábamos, era a esos libros ilustrados en plan comic de Bruguera que editaba clásicos como Oliver Twist…. Ahora ni Tintín los motiva, ni Astérix, tampoco El Capitán Trueno o el Jabato. A lo mejor Mortadelo y Filemón pero tampoco, porque también hay película. Hemos fracasado, Juan, la lectura no funciona, lo que no entiendo es cómo hay tantas Ferias del Libro todavía, cómo se editan tantos volúmenes que nadie compra porque en el mejor de los casos se los bajan de internet. Más vale que asumamos que el tiempo de leer en papel ya pasó….


(Lo que me cuenta hoy un compañero y amigo mío, profesor universitario de Lengua y Literatura)


J.T.

domingo, 6 de septiembre de 2026

En caso de duda, periodismo


Ser periodista consiste en ser testigo de lo que sucede en nombre de quienes no pueden estar en los sitios. Hay que acudir a pie de calle, ver lo que está pasando, preguntar, escuchar y contar. Te encuentras ahí en nombre de mucha gente y eso exige respeto porque tu cometido posee un componente de servicio público imprescindible para la higiene democrática. Si cuando haces ese trabajo y estás, por ejemplo, emitiendo en directo te escupen, insultan, intimidan o agreden, algo muy serio se está resquebrajando en los principios más elementales de la convivencia.


El periodismo de verdad se hace en la calle, pisando charcos, entrando en contacto con el dolor, las alegrías, las reivindicaciones. A veces, en zonas de conflicto, sabes que te juegas la vida. De hecho, nuestro oficio figura entre los primeros en el ranking de profesiones más peligrosas. Pero en zonas de conflicto ¿Se han convertido las calles y las plazas de España en zonas de conflicto?  ¿Cómo es posible que hacer un directo con una esponjilla de tve en el micrófono, y no solo de tve, se haya convertido en un ejercicio de riesgo?


Me pongo en el lugar de los muchos compañeros que estos días son increpados por musculados fascistas de medio pelo e imagino cómo se sienten. Por lo general son colegas con sueldos mileuristas y contratos con fechas de caducidad que mantienen la dignidad y la entereza lo mejor que pueden. Saben que han ido a cubrir hechos que tienen que ser conocidos, pero los histéricos que se les acercan, zarandean y ponen a prueba su serenidad se empeñan en que la noticia sean ellos, que solo han de ser, recordémoslo, testigos de lo que está sucediendo.


Quienes los agreden no agreden solo al periodista, atentan también contra el medio al que representan y a quienes, a través de él, quieren saber lo que está pasando. Es decir, violentan a la ciudadanía en su conjunto. “Agredir a los informadores es dinamitar la democracia”, escribía hace poco en redes José Pablo López, presidente de RTVE. Gran verdad. ¡Qué diferencia con el comportamiento de otras televisiones públicas en manos del PP como Telemadrid, convertida en altavoz del golpismo en programas como el de Antonio Naranjo, donde lo mismo un joven exaltado llama a “defender España hasta la última gota de nuestra sangre” que un militar retirado insta a desobedecer al gobierno “que sea traidor y cobarde a la patria”, frase con evidentes connotaciones golpistas que el “periodista” no solo no reconvino sino que recogió apostillando: “Esperemos que no haga falta nada de eso”.


Naranjo no es precisamente mileurista como tampoco lo es Ana Rosa Quintana ni tanto paracaidista de radio y televisión como esta última semana han recalado por los predios ceutíes profanando la esencia del oficio. Porque su objetivo no es contar lo que ven y oyen sino filtrarlo y seleccionarlo, manipularlo hasta conseguir encender aún más el ánimo ciudadano. El salario de muchos de estos predicadores sembradores de cizaña supera la suma de lo que cobran todos los que estos días se la están jugando en las calles. Esto no puede ser.


Algo muy serio se está rompiendo en el oficio periodístico. Empieza a haber miedo en las redacciones, ¿merece la pena todo esto teniendo en cuenta la precariedad en la que muchos viven a pesar de dedicarle todo su tiempo? ¿tiene sentido jugársela por salir a la calle e informar para medios o programas que la ultraderecha ya ha anunciado se cargará, lanzallamas mediante, apenas tengan la oportunidad?


En la sesión del pasado jueves en el Congreso solo escuché a un par de portavoces solidarizarse con los informadores violentados el día anterior en las manifestaciones. Las asociaciones profesionales están empezando a reaccionar, pero ¿no es demasiado tarde, princesa? Dejaron a los Indas a los Marhuendas campar por sus respetos durante años sin reconvenirlos jamás, hicieron la vista gorda cuando estos y tantos otros empezaron a difundir bulos sin rubor como el célebre y falso Informe PISA elaborado por la policía para perjudicar a Podemos, permitieron que la bola de la desinformación fuera creciendo hasta hacer cada vez más difícil distinguir la verdad de la mentira… Y así, tacita a tacita, hemos llegado a la situación en la que nos encontramos en estos momentos.


¿Qué más tiene que pasar para que espabilemos? ¿Se puede hacer algo para frenar todo esto? Pues quizás empezar por no olvidar nunca una de las cosas más importantes que nos enseñaron en la facultad: En caso de duda, periodismo. Y punto.


J.T.