Desde hace dos décadas, Barcelona se convierte cada año en el epicentro más influyente de la conectividad y la innovación digital en el planeta. El Mobile World Congress es un termómetro de hacia dónde se dirige la sociedad de la información y, por extensión, nuestro oficio periodístico. En esta vigésima edición, con asistentes de más de 205 países y casi 3.000 expositores, la evidencia de su impacto es imponente.
La “era de la inteligencia”. Ese es el tema central en la edición de este 2026. Las tecnologías de inteligencia artificial (IA), redes 5G y 6G, y los nuevos sistemas de conectividad redefinirán tanto los dispositivos como la manera en que absorbemos, procesamos y transmitimos información. Son infraestructuras de poder que determinarán, aún más de lo que ya lo hacen, lo que veremos, cómo lo veremos y con qué velocidad lo recibiremos.
Nunca antes habíamos tenido tanta capacidad para informarnos y en cambio nunca había sido tan fácil desinformar. Si un algoritmo decide qué es relevante para mí, ¿sigo informándome o simplemente consumo una versión filtrada del mundo diseñada para mantenerme enganchado? La misma tecnología que permite generar reportajes automatizados facilitará a su vez fabricar vídeos falsos con apariencia real, declaraciones que nunca existieron, imágenes manipuladas con precisión quirúrgica…
¿Está entonces la información en peligro? Uf! El problema es el modelo económico y político que la rodea. Las grandes plataformas tecnológicas, muchas de ellas presentes en la Mobile, basan su negocio en captar nuestra atención. Cuanto más tiempo pasamos conectados, más rentable resulta nuestra presencia digital. Para el periodismo, el desafío es mayúsculo. Las herramientas de IA pueden ayudar a analizar grandes bases de datos, verificar discursos en tiempo real o automatizar tareas rutinarias. Pero también pueden precarizar redacciones si se utilizan para sustituir el criterio de un profesional por la producción masiva de textos sin contexto.
La velocidad no puede convertirse en el nuevo fetiche. Como siempre defendemos en “Las carga el diablo”, informar es jerarquizar, contextualizar, contrastar, verificar… Si aceptamos que nos inunden solo de datos estamos perdidos. Y hay otro riesgo más sutil: la dependencia tecnológica. Si los medios se decantan por utilizar herramientas cuyo funcionamiento interno desconocen, perderán soberanía editorial.
Por otra parte, es verdad que nunca hemos tenido tantas posibilidades de acceder a fuentes diversas, de comunicarnos directamente con los protagonistas de la noticia o de contrastar las versiones en tiempo real. Utilizada con criterio periodístico y respetando a los lectores, los radioescuchas o los televidentes, la misma tecnología que puede amplificar la mentira puede servir para fortalecer la transparencia. No es casualidad que en Barcelona también se debata sobre la soberanía digital o la regulación internacional de las nuevas redes.
Por eso, los medios no pueden conformarse con cubrir el MWC como si fuera una feria más; debemos analizar, criticar, cuestionar y explicar el impacto de esas tecnologías en nuestra profesión y en la sociedad. Si permitimos que la lógica del clic y del algoritmo sustituya al criterio y la responsabilidad, entonces la información sí estará en peligro. Si, por el contrario, convertimos la innovación en aliada del rigor y no en la sustituta del pensamiento crítico, quiero creer que nos encontramos ante una oportunidad histórica.
J.T.












