Me pregunto cómo no se le cae la cara de vergüenza al presunto periodista que dio luz verde a titulares como los del ABC el pasado sábado hablando de “izquierda prebélica” o de “gatillazo quincemero” en primera página. ¿Salieron de las mentes del redactor jefe, del director o de los autores de los artículos? Si quienes firman las crónicas, de cuyos nombres mejor no me acuerdo, no los parieron, ¿por qué entonces no se negaron a firmarlos?
Me pregunto si entre quienes con sus escritos demonizan desde las redacciones las acampadas y las protestas callejeras de los últimos diez días, alguno de ellos se habrá tomado la molestia de darse una vuelta por esos lugares. En el caso de que lo hayan hecho, ¿por qué no cuentan exactamente lo que ven, es decir, organización, determinación, educación, ideas claras y capacidad de explicar de manera pedagógica las razones por las que están allí? Imagino que muchos de los cronistas de La Razón, El Mundo, El Español y tantos otros presuntos periódicos de los que mienten sin parar, han de ser tan jóvenes como quienes estos días se manifiestan, tienen los mismos problemas que ellos y el mismo incierto futuro que ellos. Me pregunto qué hipotecas tienen, si es que las tienen, porque muchas y muchos de seguro que aún viven en casa de su padres o en pisos compartidos pagando por una habitación la mitad larga del mísero sueldo que cobran.
Me pregunto qué demonios le pasa al periodismo para continuar siendo en su mayor porcentaje el brazo armado de la crispación desaforada. Escucho las encendidas soflamas de los radiopredicadores mañaneros y acabo concluyendo que darse una vuelta por la Puerta del Sol a ver qué pasa puede entrañar más riesgo que volver a ser corresponsal de guerra. Casi estoy pensando en echar mano del casco y el chaleco antibalas cuando decido acercarme para ver con mis propios ojos lo que sucede allí pero no, decido presentarme en el “campo de batalla” a cuerpo gentil y no dejarme intoxicar.
La salida del metro está tan despejada y fluida como siempre, subo al exterior y me encuentro con un campamento perfectamente ordenado, las tiendas de campaña alineadas, los perímetros bien delimitados, chicos y chicas con escobas y cubos de agua barriendo y fregando, se turnan, van a sus trabajos, a sus clases, a casa a ducharse y cambiarse de ropa y vuelven a tiempo para estar presentes en la próxima asamblea. Hay pasillos, calles con nombre, a una le han puesto Calle de los Cuchillos, unos venden libros, otros preparan bocadillos, otros rotulan eslóganes imaginativos en grandes trozos de tela o en cajas de cartón. Buenas vibraciones que no les impiden andar alerta para anticiparse cuando algún fascista provocador aparece resuelto a dinamitar la convivencia. Lo intentan, pero no lo consiguen, a pesar de la desesperante pasividad de una policía que uno se pregunta qué ordenes tienen, a favor de quiénes están, a qué demonios juegan.
¿Dónde estabais hasta ahora?, me pregunto y les pregunto también a algunas de las personas concentradas con quienes converso. Reconozco que hace ya un tiempo que deseaba que sucediera algo así, reconozco también que pensaba que las generaciones más jóvenes estaban siendo abducidas por el tsunami totalitario y me llevo una alegría enorme cuando, al acompañarlos hasta las puertas del Congreso donde la mayoría de sus “representantes” políticos se empeñan una vez más en no representarlos les escucho corear ”¡Aquí están los antifascistas!”.
¡Bienvenidos seáis, queridos amigos! Bienvenidos seáis a Sol, a las Setas sevillanas, a la Plaza de Catalunya en Barcelona y a tantos lugares céntricos de otras muchas ciudades de España. Os había estado echando mucho de menos. Pensaba que os estabais tragando las mentiras y los bulos que tanto indeseable se empeña en propagar a todas horas pero ya veo que no, pensaba que os resignabais a que un buen número de jueces contribuya al desasosiego general, pensaba que la impunidad con la que se mueven los facinerosos de Desokupa, Hazte oír, Abogados Cristianos, provocadores con micrófono y demás ralea os daba igual pero veo que no.
Los habéis descolocado porque habéis vuelto a poner el foco en donde nunca debió de dejar de estar, en los problemas del día a día, en la incertidumbre ante un embarazoso futuro tanto en la vida laboral como en la personal, en la indignación frente a quienes militan en la avaricia más voraz. Habéis descolocado a la caverna porque habéis desnudado a un gobierno que se jacta de ser progresista pero a la hora de la verdad os deja tirados.
Habéis puesto el foco en la verdadera necesidad de protestar. Estáis criticando a Sánchez por lo que de verdad hay que criticarlo y les habéis robado el mantra a quienes desde hace años buscan la manera de echarlo como sea. Quizás algo tarde pero habéis dado con la tecla, estáis poniendo el dedo en la verdadera llaga y eso sí que puede acabar con el gobierno convoque elecciones ya o tarde todavía un poquito. Si a los voceros de la intolerancia solo les queda llamaros prebélicos o izquierda radical, es que ya estáis/estamos ganando.
Vuestras acampadas son un verdadero alivio. Ahora solo queda no bajar la guardia, no cansarse y no dejarse intimidar. Porque esto es largo y, por supuesto, nada fácil. Costará y llevará tiempo. Aunque a corto plazo no cristalice, esta bola de nieve no hay quien la pare. Porque, aunque se empeñen en echaros de las plazas ellos, los malos, no llevan razón. Y lo saben.
J.T.








