El Ateneo de Madrid ha decidido que no hay problema en servir café, micrófono y altavoz a Iván Espinosa de los Monteros, el Péter Magyar de Abascal. O ni eso, porque ni siquiera se ha marchado todavía de Vox. Dado el respeto profesional que les tengo a los periodistas que lo han acompañado, seguro que algo se me escapa cuando aceptaron desayunar y conversar con él este lunes en el Ateneo.
Aunque ahora nos intente vender otra película, Iván Espinosa de los Monteros es uno de los arquitectos del proyecto político que ha hecho del racismo, la homofobia, el ataque a la cultura y el negacionismo de la violencia de género la columna vertebral de la insidia en nuestro país. No hay constancia de que haya renegado de las ideas que le llevaron a ser portavoz parlamentario de la ultraderecha. Para nada se trata de un “liberal sofisticado” como algunos se empeñan en etiquetarlo, ni tampoco de un “conservador dialogante” por mucho que la mona se vista de seda. Ser fascista es como estar embarazada. No se está “un poquito” embarazada. Se está o no se está. No se es un poquito fascista. Si se es, se es.
Y ahí andaba él la mañana de este lunes, etiquetado como presidente de un think thank llamado Atenea, tratado con todo el respeto que quienes comparten sus ideas nunca nos tendrán, ahí estaba protagonizando una "inofensiva" conversación entre demócratas. No, señor, no me cansaré de repetirlo. Ser tolerante con los intolerantes que, entre otras muchas iniquidades, simpatizan con Trump y defienden el ataque de los Estados Unidos a Irán coloca a los tolerantes en inferioridad de condiciones.
Al día siguiente de la caída de Viktor Orbán en Hungría, sustituido por un personaje producto del propio sistema que promete cambios cosméticos sin cuestionar el fondo, aquí se le otorga cancha pública a Espinosa como si de un demócrata se tratara. La noche anterior el actor Fernando Tejero, en el programa televisivo de Jordi Évole, admitió tener miedo a dejar de trabajar si la derecha ultra y la ultraderecha llegan un día al poder. Para ilustrarlo recordó que fue precisamente Espinosa de los Monteros quien, en sus días de gloria en Vox, insistía en la voluntad política de la ultraderecha de acabar con las subvenciones a las actividades culturales. Miedo fundado, pues.
Que se le allane el camino a este tipo de personajes en foros tan respetables como el Ateneo, entidad presidida por Luis Arroyo, sociólogo en la órbita de Sánchez y Zapatero, socialista de toda la vida, un espacio que debería actuar como dique de contención frente a la ultraderecha y no como altavoz, me parece grave ¿Qué mensaje envía esta institución centenaria, supuestamente republicana y progresista, al proporcionar tribuna a quien sueña con desmantelar todo lo que huela a izquierda, a memoria histórica, a derechos conquistados?
Hoy, 14 de abril, se cumplen noventa y cinco años de la proclamación de la Segunda República. Noventa y cinco años de aquel sueño de igualdad, laicidad y cultura para todos que los fascistas de entonces, antepasados de los de ahora, trituraron a sangre y fuego. Ironía macabra. Menuda manera de celebrar la víspera de una fecha tan cargada de emociones.
Allá donde hoy hagamos ondear una bandera tricolor, recordémosle a todo el mundo que el fascismo no siempre llega con botas. A veces lo hace con desayunos donde los fascistas se sirven de las reglas democráticas para ir creciendo hasta el día en que consiguen subvertirlas.
J.T.












