domingo, 18 de octubre de 2026

“Miremos a las plazas. Ahí está la esperanza”

Me imagino a un buen número de jueces, cuyos nombres creo que no hace falta recordar aquí, siguiendo la semana pasada desde las teles de sus despachos el despelleje entre las izquierdas, me los imagino celebrando cómo fructifica su trabajo de acoso y derribo. No parece que de momento se vayan a ver obligados a dejen de actuar con la impunidad con la que ahora lo hacen algunos de ellos. 

Me imagino a los banqueros frotándose las manos viendo cómo muchas izquierdas les hacen gratis el trabajo sucio intentando triturar al único partido que no les pide préstamos. Me imagino a muchos propietarios de medios de comunicación satisfechos con sus Ristos, Motos, Íkeres y Nachos de turno, soldados en primer tiempo de saludo, dispuestos a fajarse cada día para que ningún político díscolo se atreva a poner en cuestión la prosperidad y el poder de sus amos. Algún día tanto ellos como los buitres de la especulación inmobiliaria dejarán de campar tan a sus anchas como lo hacen ahora, veremos cuándo. 


Lo que ha quedado claro tras el culebrón de las semana pasada es que buena parte de las llamadas izquierdas no tienen ningún interés en que continúe existiendo un pepito grillo que les recuerde cada dos por tres que el rey está desnudo. Que Podemos no se haya dejado torcer el brazo es una buena noticia. Les confieso que tenía miedo a que en el último minuto cedieran a las presiones, que no pudieran resistir los chantajes, los asedios ni las amenazas y acabáramos asistiendo a una reedición de lo sucedido en 2023 cuando aceptaron las condiciones de Sumar, vetos incluidos, y poco más tarde fueron humillados sin disimulo alguno. Esta vez los tristes herederos de Yolanda Díaz se han quedado con un palmo de narices.


No necesitamos la prolongación light de un PSOE cuyo candidato se traviste de izquierdas durante las campañas electorales y apenas recobra el poder vuelve a sus eternas políticas de derechas. A los jóvenes y menos jóvenes que llevan varias semanas acampados en las plazas, las izquierdas les deben desde hace ya mucho tiempo unas políticas de izquierdas de verdad tanto con la vivienda como con la educación o la sanidad. A los pensionistas les deben el no poner en peligro su derecho a una vejez sin desasosiegos, a los enfermos el derecho a curarse tengan o no dinero y a los currantes cobrar salarios dignos que les saquen de la precariedad.


Quiero entender que todo esto ha sido la razón última del pacto entre Podemos y Esquerra Republicana. Un acuerdo que, Catalunya aparte, al final solo ha fructificado en Canarias y en la Comunidad Valenciana donde a las elecciones del 29N concurrirá una lista única de formaciones de izquierda. Estuvo a punto de ser posible también en varios territorios más, pero telefonazos de última hora desde la sala de máquinas de Izquierda Unida lo impidieron. Muy difícil de entender esto en lugares como Extremadura por ejemplo, donde los pactos en las últimas elecciones autonómicas sí fueron posibles sin problema. Irene de Miguel, diputada por Podemos en la Asamblea extremeña, lo resumió la noche del pasado viernes con un tuit de solo ocho palabras: “Miremos a las plazas. Ahí está la esperanza”. 


¿Cómo es posible que gran parte de la clase política no entienda que se les elige para representar nuestros intereses y defenderlos? ¿Cómo se entiende que tanto la derecha ultra como la ultraderecha lleve días anunciando que se van a cargar las pensiones apenas gobiernen y aquí no pase nada? ¿Qué nos están queriendo decir con eso? ¿que aunque se trata de un colectivo de diez millones de personas saben que son/somos tan estúpidos que aun así muchos de ellos los votarán a costa incluso de su propio bienestar? 


El monstruo fascista predica además el racismo y el machismo porque cree en la eficacia de sus múltiples tentáculos propagandísticos para anestesiar a la gente. Por eso el futuro está en las plazas, por eso hay que movilizarse, por eso hay que denunciar las injusticias y las desigualdades que soportamos a pesar de llevar ocho años gobernados en teoría por un ejecutivo de coalición progresista. Un gobierno que solo promovió medidas de izquierdas cuando se le presionó entre 2020 y 2023, pero que en los últimos tres años y medio ha racaneado merced a una “izquierda” sumisa que ha tragado con todo, la misma que ahora pretende perpetuarse a costa de intentar acabar con la única formación política que se resiste a entrar en el juego. Pues va a ser que no.


Puede ser que los especuladores, los jueces, los banqueros y los propietarios de medios de comunicación estén prometiéndoselas muy felices tras los desencuentros de la semana pasada entre las izquierdas. Puede ser, pero algún día será que no. Miremos las plazas, ahí está la esperanza.


J.T.

domingo, 11 de octubre de 2026

El acoso a Podemos, misma cantinela, misma película


Quienes llevan años intentando matar a Podemos continúan sin admitir que jamás lo conseguirán. Vuelven a resonar los ecos de aquellas palabras de Enric Juliana tras la proclamación, hace tres años y medio, de Yolanda Díaz en Magariños como candidata por Sumar a la presidencia del Gobierno. Un acto en el que, por cierto, la formación morada fue ninguneada.


“¿Quién es el genio, el sagaz estratega que ha diseñado todo esto?”, se preguntaba por entonces el director adjunto de La Vanguardia. Cuando los colocaron entre la espada y la pared, la formación de Ione Belarra aceptó los puestos en las listas que les asignaron. Habían sido chantajeados, amenazados, insultados y se les advirtió por activa y por pasiva que si no tragaban, ellos serían los responsables de que la ultraderecha llegara al poder, ¿les suena?.


Y ahora vuelve la misma música, la misma letra que cuando intentaron acabar con Irene Montero, la misma desconsideración que cuando los dejaron sin portavocía en el grupo parlamentario, una de las razones por las que los cinco diputados de Podemos acabaron pasándose al grupo mixto. Si no han acabado con ellos, lo tengo ya escrito alguna que otra vez, es porque el poso ideológico es suyo, porque la coherencia a la hora de cantarle las cuarenta al PSOE cuando formaban parte del gobierno estuvo siempre ahí. Y cuando los echaron, continuaron siendo propietarios de los mensajes de izquierdas más potentes. Motor Podemos, que siempre sostuvo Iván Redondo.


Sin ellos no hay futuro, y los trepas y burócratas que no acaban de dar con la tecla a la hora de llevar a cabo una transición presentable desde Sumar hasta el llamado Frente Amplio lo saben. Necesitan a Podemos y esta vez, al menos de momento, lo que proponen Irene Montero y compañía no puede estar más claro: primarias abiertas para todo el mundo. Lagarto, lagarto, ni en pintura quieren primarias las Mónicas, Urtasun, Bustinduys, Colaus y compañía, acostumbradas ellas y ellos como están al disfrute de mullidos sillones que sueñan continuar ocupando como sea. O volver a ocuparlos, como en el caso de la ex alcaldesa de Barcelona ¿Someterse al escrutinio de las bases? ¡Quita, hombre! ¿Para qué hacer el ridículo si nos puede valer con volver a amenazar a los díscolos de siempre?


La historia se empeña en repetirse y esta vez lo está haciendo de manera mucho más grosera. En ese mecano llamado Frente Amplio no paran de volar las navajas, los de Compromís solo quieren hablar de su libro, los de Adelante Andalucía del suyo y Antonio Maíllo anda más perdido que un pulpo en un garaje, el pobre. Bueno, más bien ¡pobre Izquierda Unida! Ferreras y La Ser están empeñados en echarles una mano, pero cuando les ponen la cámara delante no dejan de hacer el ridículo, de contradecirse dejando al presunto elector cada día más desorientado, más desanimado. Su empeño en negarse a la celebración de las primarias que propone Montero solo se entiende desde el miedo que le tienen a hacer el ridículo, a quedar en evidencia. 


Me temo que todo esto Pedro Sánchez y los gurús que le rodean lo saben de sobra, saben que les interesa un partido fuerte como Podemos que les presione de verdad, pero no pueden evitar escorar hacia la opción más cómoda, hacia la docilidad de otro Sumar como el que durante tres años y medio ha jugado a simular que presionaba al PSOE cuando en realidad Pedro y sus chicos siempre han acabado haciendo haciendo lo que les ha dado la gana. Por mucho teatro que sus “socios” le hayan puesto para disimular la humillación. Por mucho plante que hayan ido escenificando, como las horas anteriores al Consejo de Ministros donde se aprobaron los dos primeros decretos de Vivienda tumbados más tarde en el Congreso de los Diputados por Junts, Vox y PP. 


Cuando más se necesita que las llamadas izquierdas sean fuertes y compactas, más se pelean entre ellas. Y lo que resulta más gracioso: se empeñan en echarle la culpa a Podemos, que fue quien procuró poner las cosas claras desde el principio. La progresía mediática no deja de intentar echarle una mano al llamado Frente Amplio a ver si se aclaran. Difunden nombres en clave globo sonda y ninguno cuaja. No cuajan porque ni los mismos “nominados” se lo acaban de creer. Necesitan a Podemos para usar sus votos y, una vez usados, volver a quitárselos de encima a las primeras de cambio. Pero esta vez, igual estoy equivocado, da toda la impresión de que no va a colar.


“Seréis los responsables de que gobierne la ultraderecha”, vuelven a repetir los mismos de hace tres años y medio. No, por favor, la misma película otra vez no, que ya nos la sabemos. Espero con toda mi alma, y no creo que sea yo solo, que Irene Montero y lo que representa se mantenga firme esta vez. Podemos no tiene nada que ganar cediendo a los chantajes y la sociedad española tampoco. 


Necesitamos, por mal que se presente el panorama, una opción política que mantenga la coherencia que hasta ahora ha tenido y crezca a partir de ahí. Si ellos se dejan doblar el pulso, estamos perdidos. Si no lo hacen y consiguen resistir, es muy probable que más de uno se acabe llevando una buena sorpresa el próximo 29 de noviembre.


J.T.

domingo, 4 de octubre de 2026

Cuando se pone el dedo en la verdadera llaga



Me pregunto cómo no se le cae la cara de vergüenza al presunto periodista que dio  luz verde a titulares como los del ABC el pasado sábado hablando de “izquierda prebélica” o de “gatillazo quincemero” en primera página. ¿Salieron de las mentes del redactor jefe, del director o de los autores de los artículos? Si quienes firman las crónicas, de cuyos nombres mejor no me acuerdo, no los parieron, ¿por qué entonces no se negaron a firmarlos?  


Me pregunto si entre quienes con sus escritos demonizan desde las redacciones las acampadas y las protestas callejeras de los últimos diez días, alguno de ellos se habrá tomado la molestia de darse una vuelta por esos lugares. En el caso de que lo hayan hecho, ¿por qué no cuentan exactamente lo que ven, es decir, organización, determinación, educación, ideas claras y capacidad de explicar de manera pedagógica las razones por las que están allí? Imagino que muchos de los cronistas de La Razón, El Mundo, El Español y tantos otros presuntos periódicos de los que mienten sin parar, han de ser tan jóvenes como quienes estos días se manifiestan, tienen los mismos problemas que ellos y el mismo incierto futuro que ellos. Me pregunto qué hipotecas tienen, si es que las tienen, porque muchas y muchos de seguro que aún viven en casa de su padres o en pisos compartidos pagando por una habitación la mitad larga del mísero sueldo que cobran.


Me pregunto qué demonios le pasa al periodismo para continuar siendo en su mayor porcentaje el brazo armado de la crispación desaforada. Escucho las encendidas soflamas de los radiopredicadores mañaneros y acabo concluyendo que darse una vuelta por la Puerta del Sol a ver qué pasa puede entrañar más riesgo que volver a ser corresponsal de guerra. Casi estoy pensando en echar mano del casco y el chaleco antibalas cuando decido acercarme para ver con mis propios ojos lo que sucede allí pero no, decido presentarme en el “campo de batalla” a cuerpo gentil y no dejarme intoxicar. 


La salida del metro está tan despejada y fluida como siempre, subo al exterior y me encuentro con un campamento perfectamente ordenado, las tiendas de campaña alineadas, los perímetros bien delimitados, chicos y chicas con escobas y cubos de agua barriendo y fregando, se turnan, van a sus trabajos, a sus clases, a casa a ducharse y cambiarse de ropa y vuelven a tiempo para estar presentes en la próxima asamblea. Hay pasillos, calles con nombre, a una le han puesto Calle de los Cuchillos, unos venden libros, otros preparan bocadillos, otros rotulan eslóganes imaginativos en grandes trozos de tela o en cajas de cartón. Buenas vibraciones que no les impiden andar alerta para anticiparse cuando algún fascista provocador aparece resuelto a dinamitar la convivencia. Lo intentan, pero no lo consiguen, a pesar de la desesperante pasividad de una policía que uno se pregunta qué ordenes tienen, a favor de quiénes están, a qué demonios juegan.


¿Dónde estabais hasta ahora?, me pregunto y les pregunto también a algunas de las personas concentradas con quienes converso. Reconozco que hace ya un tiempo que deseaba que sucediera algo así, reconozco también que pensaba que las generaciones más jóvenes estaban siendo abducidas por el tsunami totalitario y me llevo una alegría enorme cuando, al acompañarlos hasta las puertas del Congreso donde la mayoría de sus “representantes” políticos se empeñan una vez más en no representarlos les escucho corear ”¡Aquí están los antifascistas!”. 


¡Bienvenidos seáis, queridos amigos! Bienvenidos seáis a Sol, a las Setas sevillanas, a la Plaza de Catalunya en Barcelona y a tantos lugares céntricos de otras muchas ciudades de España. Os había estado echando mucho de menos. Pensaba que os estabais tragando las mentiras y los bulos que tanto indeseable se empeña en propagar a todas horas pero ya veo que no, pensaba que os resignabais a que un buen número de jueces contribuya al desasosiego general, pensaba que la impunidad con la que se mueven los facinerosos de Desokupa, Hazte oír, Abogados Cristianos, provocadores con micrófono y demás ralea os daba igual pero veo que no.


Los habéis descolocado porque habéis vuelto a poner el foco en donde nunca debió de dejar de estar, en los problemas del día a día, en la incertidumbre ante un embarazoso futuro tanto en la vida laboral como en la personal, en la indignación frente a quienes militan en la avaricia más voraz. Habéis descolocado a la caverna porque habéis desnudado a un gobierno que se jacta de ser progresista pero a la hora de la verdad os deja tirados.


Habéis puesto el foco en la verdadera necesidad de protestar. Estáis criticando a Sánchez por lo que de verdad hay que criticarlo y les habéis robado el mantra a quienes desde hace años buscan la manera de echarlo como sea. Quizás algo tarde pero habéis dado con la tecla, estáis poniendo el dedo en la verdadera llaga y eso sí que puede acabar con el gobierno convoque elecciones ya o tarde todavía un poquito. Si a los voceros de la intolerancia solo les queda llamaros prebélicos o izquierda radical, es que ya estáis/estamos ganando. 


Vuestras acampadas son un verdadero alivio. Ahora solo queda no bajar la guardia, no cansarse y no dejarse intimidar. Porque esto es largo y, por supuesto, nada fácil. Costará y llevará tiempo. Aunque a corto plazo no cristalice, esta bola de nieve no hay quien la pare. Porque, aunque se empeñen en echaros de las plazas ellos, los malos, no llevan razón. Y lo saben.

 

J.T.

martes, 29 de septiembre de 2026

¡Leed! ¡Despegaos de las pantallas! ¡Alejaos de ellas aunque solo sea un ratito!


“Mientras las pantallas os devoran, la lectura os alimenta, mientras las pantallas os vacían, los libros os llenan”. Son palabras de Bruno Le Maire, ministro francés de Economía hace ya años. No podemos estar más de acuerdo. Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya, parece ir en esa línea cuando ha anunciado que quiere recuperar los libros de texto en las escuelas catalanas, reducir el uso de dispositivos móviles y de pantallas de todo tipo antes de los 14 años además de limitar también e incluso prohibir, llegado el caso, el acceso a la inteligencia artificial. 


Màrius Carol recordaba hace unos días en La Vanguardia cómo los principales gurús de Silicon Valley, cuna de la revolución tecnológica, ya han decidido que sus hijos estudien prescindiendo de tabletas y artilugios similares, conscientes y preocupados ahora de los peligros del monstruo que ellos mismos han creado. Frankestein cuatro (o cinco) punto cero. 


Análisis llevados a cabo con más de 170.000 personas confirman la “ventaja del papel” y vuelve a reivindicar su uso. En el papel se comprende mejor, se retiene más y la concentración no se dispersa, proclaman como si acabaran de descubrir la pólvora. En España, según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2025, el noventa por ciento de las personas que aún leen continúan prefiriendo el formato físico, lo que quiere decir que, contra lo que parece, el papel no ha perdido todavía la batalla. 


Las grandes tecnológicas, dejó dicho también Le Maire, “saben darnos, igual que a las ratas, pequeños estímulos cada cinco segundos, que obligan a seguir pegados a la pantalla. Por desgracia, añadía, no es así como desarrollaréis vuestra libertad”.


Nicholas Carr, en un ensayo titulado “Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?” publicado hace ya más de quince años, sostiene que “las tecnologías digitales están cambiando la forma en que funciona nuestro cerebro, reducen nuestra capacidad de concentración profunda y nos vuelve más superficiales. Ya no buceamos en las palabras, sino que patinamos por la superficie”, concluye. 


En 2018, la neurocientífica Maryanne Wolf, en su libro “Lector, vuelve a casa. Cómo afecta a nuestro cerebro la lectura en pantallas”, ya advirtió también que la lectura profunda, la que reconfigura el cerebro, genera empatía y pensamiento crítico, se erosiona frente a la pantalla. Y Umberto Eco, con su proverbial lucidez, comparó el libro con la cuchara o la rueda: inventos perfectos que no admiten mejora. “Si tuviera que dejar un mensaje para el futuro, lo haría en papel”, sentenció.


No se trata solo de niños. A cualquier edad, el scroll infinito y las notificaciones nos vacían si no hacemos un uso racional y moderado de los móviles y las tablets. Esas pantallas que parecía iban a resolverlo todo han acabado generando miopía, sobrepeso, malestar emocional y bajo rendimiento. El papel exige atención plena, táctil, espacial, nos obliga a pensar. Recuperarlo, lo que no significa renunciar por completo al dispositivo en el usted está leyendo este artículo, está empezando a convertirse en todo un acto de resistencia.


J.T.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Pedro Sánchez o el arte de echar balones fuera


- ¿Por qué no se trasladan los menores de Ceuta a la península?

- Pregúntenle a Vivas (presidente de Ciudad Autónoma), fue la respuesta de Sánchez en los pasillos del Congreso.

- ¿Por qué no se ha parado el desahucio de Mari Carmen?

- Desgraciadamente Almeida y Ayuso, más preocupados en comprar y vender con dinero público aticazos con 200 metros de terraza, han hecho caso omiso a una tragedia social que deberían haber resuelto, declaró Sánchez en las dependencias de Naciones Unidas.


Traducción: todo es culpa de los demás, a mí que me registren. Vamos a ver, señor presidente, ¿de verdad no le da vergüenza tirar balones fuera cada vez que se topa con un marrón? Igual se le votó para que, cuando hiciera falta, fuera capaz de pegar un puñetazo encima de la mesa y dejar de templar gaitas, aunque solo fuera por una vez, con quienes se empeñan en continuar mandando en este país sin presentarse jamás a las elecciones, ¿no le parece? 


La excusa no puede ser, cada vez que vienen mal dadas, utilizar como parapeto la legislación vigente. Hacerlo así es un artimaña tramposa porque es usted quien tiene el Boletín Oficial del Estado y quien maneja los resortes del poder ¿O va a ser que no? Echar balones fuera y señalar a otros como culpables es una broma de mal gusto que, además de evidenciar un cierto desprecio por el factor humano, permite concluir que los sentimientos y los problemas de las personas a las que usted tiene la obligación de proteger se la traen al pairo. Ahora se ponen a correr para aprobar el decreto antidesahucios. Se pudo hacer en 2019 de manera indefinida pero el partido que usted dirige prefirió ir renovándolo año a año porque así, dado que el PP votaría siempre en contra, Núñez Feijóo y compañía irían quedando en evidencia cada curso parlamentario. Política barata antes que consolidar derechos.


“Al amigo, el culo; al enemigo por el culo y al indiferente la legislación vigente”, reza un viejo refrán tan incorrecto como exacto. Si te refugias en la legislación vigente para desentenderte del desahucio de tantas Maricármenes como lo han sufrido y lo sufren, si eludes responsabilidades argumentando que las culpas son de los ayuntamientos y las autonomías y nunca tuyas, te estás equivocando. Si en un asunto tan serio como el de Ceuta te limitas a aplicar la legislación vigente, te estás equivocando. Igual que en el caso del millonario y filántropo estadounidense Fergie Chambers, que permanece detenido en España porque su país lo considera terrorista por ayudar económicamente a Palestina y Trump quiere que se le extradite. Ochenta días lleva en prisión técnicamente “a la espera” de la decisión que adopte la Audiencia Nacional. Otro balón fuera. No se puede ir por el mundo ufanándose de presidir un gobierno progresista al tiempo que te resbalan dramas e injusticias que puedes resolver en un plis plas. Si no lo haces es porque no quieres. Solo hace falta voluntad política. Y sensibilidad de izquierdas, claro.


Llega el otoño, llegarán los fríos, miles de seres humanos llevan casi dos meses durmiendo al raso en Ceuta y a usted no se le ocurre otra cosa para exculparse que apelar a la legislación vigente y atribuir la responsabilidad a otros. Mientras el PP hace el ridículo con espráis en el Congreso y demás mandangas, mientras Feijóo produce tremenda vergüenza ajena cada vez que abre la boca, el gobierno que usted preside se duerme en los laureles y desperdicia ocasión tras ocasión de actuar de manera contundente. Si el llamado líder de la oposición es un desvergonzado y un amoral, la frialdad con la que usted se desenvuelve nos hiela la sangre. Por una vez podría actuar como si fuera el gobierno de izquierda progresista que dice ser, ¿no le parece? Puede hacerlo y debería hacerlo. La policía no puede continuar comportándose en sus actuaciones callejeras como si gobernaran las derechas, con los fondos buitre no se puede actuar con la complacencia con la que lo hace la ministra de Vivienda. Distínganse, por favor, equivóquense alguna vez en el sentido correcto y hagan política para las personas de a pie. 


Si no saben hacerlo, dejen paso a una izquierda de verdad que se aleje de los postulados liberales, ponga firmes a las fuerzas de seguridad y a la banca, y apueste por alianzas internacionales que cuestionen en serio, no solo de boquilla, los desmanes de Trump, Netanhayu y compañía. Nuestro país está pidiendo a gritos aplicar una política muy distinta a la que venimos arrastrando desde la Transición y los Pactos de la Moncloa, no basta con hacerse fotos junto a Zohran Mamdani, el joven alcalde progresista de Nueva York.


En este momento, la opción no puede ser solo “o Trump o Pedro Sánchez” como se oye decir en los mítines socialistas. Además de la caverna pura y dura que crispa este país a diario, además de un gobierno que se autodenomina progresista pero que tras ocho años en el poder no ha sabido, o no ha querido, ser resolutivo a la hora de solucionar problemas como el hacinamiento de Ceuta o desahucios tan sangrantes como el de Mari Carmen, tiene que haber otras opciones. A ver si la verdadera izquierda espabila de una vez. Y la votamos, claro.


J.T.



Las redes sociales zancadillean a Lula



La imagen del viernes en Recife (Brasil) puede que resuma la campaña electoral de estos días en el país sudamericano: Lula avanza en un coche abierto desde el Cais de Santa Rita hasta el Marco Zero mientras una multitud ocupa las calles bajo el sol que había sucedido a la lluvia. Las estimaciones oscilan entre las 50.000 personas calculadas por fuentes vinculadas al acto y las 80.000 que atribuye la organización de la campaña. 


Una encuesta de Quaest realizada entre el 19 y el 22 de septiembre situaba al presidente en el 54 por ciento de intención de voto en primera vuelta frente al 21 de Flávio Bolsonaro. En un eventual segundo turno, la misma encuesta registraba 58 porciento para Lula y 25 para su adversario. Otra encuesta, de Real Time Big Data, había situado unos días antes esos porcentajes en 56 por ciento y el 25. 


Mientras Lula abarrota plazas mitin tras mitin, desde otro escenario menos tangible pero parece que bastante más eficaz, Meta se dedica a deshabilitar la cuenta utilizada por su equipo de campaña para contratar anuncios en redes a través de Facebook. “Algunas de sus actividades no siguen nuestras reglas”, fue la explicación de la empresa de Zuckerberg. Los responsables de comunicación del presidente pidieron explicaciones y recurrieron la decisión argumentando que, a diez días de las elecciones, una restricción de esa naturaleza podía alterar las condiciones de la batalla electoral. La cuenta fue restablecida ese mismo día, pero Meta no ofreció explicaciones públicas de lo que había ocurrido.


He aquí una de las paradojas de los tiempos que vivimos. Durante décadas, para hacer campaña había que tener militantes, megáfonos, carteles y plazas. Ahora, además, hay que pasar por el mostrador de unas compañías privadas capaces de decidir, mediante oscuras reglas que casi nunca explican, qué puede circular y qué no por la nueva plaza pública.


Lula puede reunir decenas de miles de personas en las calles de Recife. Pero una empresa tecnológica puede, durante unas horas, cerrar la ventanilla por la que una campaña intenta llegar a millones.


Quizá sea una de las fotografías más interesantes de esta elección: la vieja política todavía necesita calles, banderas y multitudes. La nueva necesita también algoritmos. Y estos, de momento, no votan, pero sí poseen una extraordinaria capacidad para decidir quién consigue tener voz. En esas estamos.


J.T.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Puigdemont, calienta que sales


Por fin, según contaba este jueves Carlota Guindal en La Vanguardia, parece que los miembros del Tribunal Constitucional (TC) se disponen a pronunciarse sobre los recursos de amparo presentados por los políticos del procés a los que el Supremo no aplicó de la ley de amnistía, sobre todo por la interpretación que este órgano hizo del delito de malversación. La mayoría progresista del TC considera, según los borradores y las informaciones conocidas, que el Supremo pudo haberse pasado de frenada al interpretar la ley según se deduce de tres artículos de la Constitución.


- El primero es el artículo 24, que protege el derecho a la tutela judicial efectiva. Dicho sin toga: todo ciudadano tiene derecho a que los tribunales resuelvan sus asuntos de manera razonada y conforme a la ley y a no quedar indefenso.


- El segundo es el artículo 23, que protege la participación política. La tesis del Constitucional sería que mantener determinadas inhabilitaciones derivadas de unas penas que podrían quedar amnistiadas afecta también a los derechos políticos de los condenados.


- Y el tercero es el artículo 25, que establece el principio de legalidad penal. Si una ley decide borrar determinadas responsabilidades penales, mantenerlas por una interpretación especialmente restrictiva de esa misma ley plantea un problema constitucional.


El meollo está en las acusaciones de malversación. La ley de amnistía excluye determinados delitos de corrupción cuando existe beneficio patrimonial o enriquecimiento personal. El Supremo entendió que utilizar dinero público para organizar el referéndum del 1 de octubre podía constituir ese beneficio personal. El Constitucional parece inclinarse por una interpretación diferente: gastar dinero público para financiar el procés no ha de equivaler necesariamente a enriquecerse personalmente. Por tanto, si el TC ribunal confirma esta doctrina, el Tribunal Supremo se verá obligado a revisar su decisión.


¿Y Puigdemont? 


Su regreso tampoco sería automático al día siguiente. 


Primero tendría que aprobarse definitivamente la doctrina constitucional. 

Después, el Supremo debería aplicarla a su caso. 

Y finalmente tendría que levantar las órdenes de detención que todavía pesan sobre él.


En resumen, que entre el “el Constitucional amnistía a Puigdemont” y “Puigdemont puede coger un avión a Barcelona sin miedo a ser detenido” hay por medio varios trámites jurídicos. 


Veamos:


1. En un pleno a celebrar el próximo martes 6 de octubre, el TC prevé formalizar su aval para amnistiar la malversación en el procés. 


2. A partir de ahí, al controvertido juez Pablo Llarena no le quedará más remedio que aplicar la doctrina que dicte el Alto Tribunal. La mayoría de expertos en el asunto consideran que, en consecuencia, lo previsible es que levante la orden nacional de arresto que aún pesa sobre Puigdemont y ka causa quede archivada. 


3. Quedará aún el escollo de Vox, la única parte contraria a la amnistía presente en la causa. Los fascistas podrían recurrir aún bien ante el juez instructor o ante la Sala de lo Penal del Supremo. Quienes han seguido de cerca toda esta historia aseguran que “es improbable que Llarena se autoenmiende o que lo haga la Sala.” Veremos. 


4. Aún así, el Tribunal Supremo todavía podría poner algún palo en las ruedas: podría dilatarlo todo más aún si enviara “nuevas cuestiones prejudiciales” al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, pero esto parece poco probable dado que este mismo tribunal avaló ya la amnistía hace unos meses. 


5. El paso definitivo para que Puigdemont pueda volver sin riesgo de arresto se producirá cuando el Tribunal Supremo deje sin efecto la orden nacional, europea e internacional de detención que pesa sobre él. 


Llegados a este punto, será el propio Carles Puigdemont que tome la decisión definitiva de cuándo regresar. Tiene tres posibilidades:


1. Cuando Llarena anule las órdenes de detención tanto del ex president como del resto de encausados.

2. Cuando se archive definitivamente la causa.

3. Cuando la Sala de lo Pena del Tribunal Supremo dé el carpetazo definitivo al asunto.


Para desesperación de aquellos a quienes nos gustan los titulares de una sola línea, la justicia funciona con expedientes, recursos, resoluciones y plazos. Así que el próximo capítulo no será todavía el regreso triunfal del protagonista. Será algo bastante más español: un tribunal diciendo cómo debe interpretar una ley, otro teniendo que estudiarlo y todos esperando a ver cuándo cae la breva. 


No sé por qué me ha venido en este momento a la cabeza aquel conocido refrán: “Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que al final se cumpla”.


Malpensado que es uno.


J.T.