Había una vez un hombre que hablaba claro y hacía política sin aspirar a ocupar nunca ningún cargo institucional. Se llamaba Arcadi Oliveres i Boadella, era economista de formación y agitador de conciencias por vocación. Nació en Barcelona en 1945 y murió el 6 de abril de 2021 en su casa de Sant Cugat del Vallès, víctima de un cáncer de páncreas que afrontó con la misma entereza con la que había vivido, sin victimismo, con gratitud y sin perder la esperanza. El pasado sábado 9 de mayo en Sant Cugat, varias organizaciones (Centre Delàs, Justícia i Pau, Lafede y Unipau) organizaron un homenaje en su honor ahora que se han cumplido cinco años de su fallecimiento.
Licenciado en Económicas por la Universidad de Barcelona y doctor por la Autónoma, Oliveres impartió clases a miles de alumnos que, gracias a él, descubrieron conceptos que jamás aparecían explicados en los manuales: decrecimiento, banca ética, comercio injusto, desarme, fiscalidad internacional o gasto militar. Desde las asambleas clandestinas del Sindicat Democràtic d’Estudiants y la Caputxinada de 1966 hasta la Assemblea de Catalunya, su trayectoria fue siempre la de un activista comprometido. Estaba vinculado a movimientos como Cristians pel Socialisme o Pax Christi y presidió Justícia i Pau de Barcelona durante trece años (2001-2014).
Sus principales ideas eran tan sencillas como revolucionarias:
1. El norte rico explota al sur
2. El gasto militar es un robo a la humanidad
3. La deuda externa es un mecanismo de dominación
4. El capitalismo, en su versión neoliberal, genera pobreza estructural.
Durante décadas, en Catalunya Arcadi fue mucho más que un economista, un profesor universitario o un activista pacifista. Era capaz de entrar en un aula, en un centro cívico o en un teatro abarrotado y explicar con las palabras más sencillas cómo funcionan las cloacas económicas del planeta, por qué la deuda externa es una forma sofisticada de colonialismo o cómo el militarismo necesita del miedo para sobrevivir.
Defensor del decrecimiento, de la banca ética, de la objeción fiscal al gasto militar y del 0,7% para cooperación, Oliveres procuraba no hablar ni escribir solo para especialistas. Sus libros, Diguem prou. Indignació i respostes a un sistema malat, ¿Quién debe a quién? (en colaboración con J.M. Alier), El meu camí cap a la utopia y, sobre todo, sus miles de conferencias por pueblos y ciudades, convertían la economía en herramienta de denuncia y esperanza. Era el maestro de la palabra activa, hablaba, explicaba, indignaba y, al final, convocaba a la acción. Con Teresa Forcades promovió el Procés Constituent apostando por una Catalunya independiente, republicana y de izquierdas.
Su coherencia se forjó también en el dolor personal. En 2011, mientras el 15M llenaba plazas con consignas que él llevaba décadas defendiendo, Marcel, uno de sus cuatro hijos, fallecía de cáncer a los 28 años de edad. Arcadi no se amilanó, al contrario, continuó en la lucha y cuando en febrero de 2021 le diagnosticaron su propio cáncer terminal que acabaría con su vida en menos de dos meses, lo asumió con una serenidad pasmosa. “Son mis últimos días, pero son felices”, repetía. Murió rodeado de su familia y de un cariño popular que desbordaba cualquier tipo de etiquetas políticas.
Entre las personas que intervinieron el pasado sábado en el homenaje en su honor celebrado en Sant Cugat del Vallès se encontraban personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, Mónica Terribas, Neus Sotomayor, Xavier Domènec, Gemma Xarles o David Fernández. Tanto ellos como quienes asistieron al acto seguro que estarán de acuerdo si afirmo que Oliveres llevaba décadas promoviendo exactamente lo que practicaba: vivir sin odio, sin codicia y sin miedo.
Frente al cinismo, decencia, defendía.
Frente al odio, pedagogía.
Frente al ego, compromiso.
Frente al negocio de la guerra, cultura de la paz.
Ese era Arcadi.
J.T.










