Salió disparado hacia las gradas para celebrarlo con su familia. Lopes Cabral, 23 años, jugador del Benfica, acababa de marcar para Cabo Verde el empate a dos frente a Argentina… ¡en el minuto 102 del partido!, casi al final de la primera parte de la prórroga. Consciente de lo que significaba ese gol por la escuadra, probablemente uno de los más espectaculares que podamos ver en este Mundial, el futbolista se olvidó de todo porque quiso disfrutarlo con su gente. Cuando volvió al campo y se reanudó el encuentro, Argentina entera estaba temblando y los jugadores de la selección impacientes y avergonzados con un Messi cuya expresión fruncida permitía imaginar lo que debía estar pensando: “Nunca imaginé que mi último partido en un Mundial pudiera ser este”. Si en el cuarto de hora que quedaba para llegar a los penalties no metían un gol, todos sabían que Vozinha, el portero caboverdiano, tenía muchas papeletas para salir victorioso del envite.
En el minuto 110 llegó el gol que no se merecían los argentinos, el 3-2 que les dio la victoria definitiva. Los jugadores de Cabo Verde no se arredraron, continuaron corriendo los 10 minutos que quedaban y llegando a la portería argentina como si el partido acabara de comenzar, pero ya no fue posible. Perdieron, pero con el reconocimiento unánime y el agradecimiento de una afición que acababa de presenciar un partido de alto voltaje.
Los jugadores de Cabo Verde, un país con apenas medio millón de habitantes, se han enfrentado estos días a tres selecciones campeonas del mundo, Uruguay, España y Argentina, y ninguna fue capaz de derrotarla en los noventa minutos reglamentarios. Superó la fase de grupos sin haber perdido ningún partido, merced a un impecable trabajo de equipo liderado por un carismático guardameta de cuarenta años a quien no había manera de batir. Con un valor de mercado que palidece frente al de las grandes potencias futbolísticas, la selección de Cabo Verde se ha paseado por las canchas de esta competición mirando a los gigantes a los ojos y sin bajar nunca la cabeza.
En el encuentro frente a Argentina lo certificaron: frente a la desidia, pundonor; frente a la chulería, determinación; frente a la indolencia, convicción; frente a la desconsideración… un trabajo bien hecho con el que se han ganado el respeto y la admiración de todos. En su debut frente a España, los jugadores de nuestra selección fueron severamente criticados por no haber sido capaces de ganarles, pero igual no fuimos nosotros quienes estuvimos por debajo del nivel habitual, sino que Cabo Verde se encontraba muy por encima de los prejuicios con los que muchos la juzgamos.
No levantarán ningún trofeo, quizá ni siquiera aparezcan en las estadísticas que dentro de unos años repasarán los aficionados, pero la presencia de equipos como Cabo Verde en competiciones como este Mundial resulta higiénica y aleccionadora. El tesón y la pertinacia de sus jugadores nos han recordado que el fútbol sigue siendo un espacio donde el compromiso puede discutirle el protagonismo al talento y el trabajo de equipo puede desafiar a las individualidades por muy “estrellas” que estas sean.
Argentina sabe que no se mereció ganar. Mientras, aliviados, se reponen del susto, igual ya no vuelven a mirar a ningún rival por encima del hombro por muy pequeño que este parezca sobre el papel. Próxima parada, Egipto en octavos de final. A ver qué pasa. Hossam Hassan, el entrenador egipcio, tras ganarle ayer a Australia en la tanda de penalties, le dedicó el triunfo a Palestina envuelto en la bandera de un país masacrado por un Trump al que Messi no le hace asquitos cuando hay que darle la mano.
J.T.











