En estos últimos días de febrero de 2026, el mundo observa con imperdonable indiferencia cómo Cuba vuelve a ser el epicentro de una tensión parecida a la de la época de la Guerra Fría. El incidente de la lancha rápida procedente de Florida, interceptada por las tropas guardafronteras cubanas el pasado miércoles 25, es el síntoma de una agresión sistemática orquestada desde Washington. Cuatro tripulantes abatidos, seis heridos y un el capitán de una patrullera cubana, lesionado: Estas cifras las presenta Cuba como defensa legítima contra una "infiltración armada con fines terroristas". EE.UU. niega toda implicación y califica la embarcación como "civil" ¿Civil? ¿con armamento a bordo?
La administración Trump ha endurecido aún más el bloqueo petrolero tras la captura de Maduro a inicios de año, lo que significa que Cuba sufre el asedio más brutal en décadas. Es un embargo económico, pero sobre todo es un acto de inhumanidad calculada que asfixia a un pueblo entero. Hospitales sin medicinas, familias sin alimentos básicos, industrias paralizadas... Con buques militares estadounidenses merodeando sus costas, la isla se ve estos días obligada a defender su soberanía con uñas y dientes. Rusia lo califica de "provocación agresiva" para "escalar el conflicto" y no le falta razón. ¿Cuántas veces hemos visto este guion? Desde la Bahía de Cochinos hasta las operaciones encubiertas de la CIA, EE.UU. lleva 67 años tratando de doblegar a Cuba.
El Ministerio del Interior cubano ha identificado a algunos implicados como Michel Ortega Casanova, un mecánico con antecedentes, y otros residentes en EE.UU. como Leordan Enrique Cruz Gómez. Cuba no cedió; repelió el ataque y salvó vidas. Aún en medio del bloqueo, la isla exporta médicos a medio mundo, mantiene una educación universal y una esperanza de vida superior a muchos países ricos. Es el David frente al Goliat con la dignidad intacta.
Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, amenaza con "responder en consecuencia" pero los cubanos no se amilanan. Saben que viven en un país controvertido, pero resisten porque siempre tuvieron claro que la soberanía no se negocia y que la verdadera fuerza reside en la resistencia colectiva. China le manda estos días 30.000 toneladas de arroz pero a Pekín, que le guía su espíritu pragmático, entiende que en La Habana tiene dificultades para obtener beneficios y prefiere invertir en la extracción de cobre peruano, litio argentino u oro brasileño. Exportan coches, afirman, no ideología.
Rusia, por su parte , también se tienta la ropa a la hora de ayudar a los cubanos porque no quieren enfadar a Trump. Tienen intención de enviar ayuda humanitaria a la isla y también incluirán petróleo y productos derivados. El silencio cómplice del resto del mundo, Europa incluida, es una vergüenza.
J.T.














