“Todo poder tiende a crecer hasta que es detenido, porque su desarrollo conduce al abuso y a la arrogancia”. Esta afirmación, que el jurista y filósofo austríaco Hans Kelsen formuló en 1926, la recordaba el socialista Gregorio Peces Barba en un artículo publicado en el diario El País el 28 de julio de 1999 para añadir que también es aplicable “al poder emergente de los jueces en los Estados liberales y democráticos”. Quien fuera presidente del Congreso de los Diputados durante la primera legislatura de Felipe González precisaba además que “cuando se trasladan a los juzgados debates que debieran ser resueltos en sedes políticas, aumenta la creencia de los jueces en su poder y les contamina con la tentación de sustituir los debates judiciales por debates políticos y por resoluciones políticas.”
Todo está escrito y analizado desde hace ya demasiado tiempo, es cierto, pero la pena es que los socialistas hayan esperado hasta ahora para rescatar y divulgar en redes este artículo de quien fuera uno de los “padres” de la Constitución de 1978. Mientras machacaban una tras otra a todas las cabezas visibles de Podemos, a nadie se le ocurrió desempolvar estas reflexiones. Puede que nos repitamos, pero conviene remarcar que este gobierno ha tenido en su mano cambiar la preeminencia de la caverna en el Poder Judicial y, en lugar de ponerse a ello, se dedicaron largo tiempo a procrastinar. Cuando tras múltiples vaivenes llegaron a un “acuerdo”, acabaron pariendo un ratón porque aceptaron un maquillaje tan liviano e inofensivo que todo continuó estando en las mismas manos de siempre, como a diario sufren ahora en sus propias carnes.
Hace poco condenaron al Fiscal General del Estado y la semana pasada a David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno; sentarán también pronto en el banquillo a Begoña Gómez con un jurado popular. Prolongan en el tiempo la pena de telediario para sobredimensionar todos los casos del entorno de Pedro Sánchez por escasa sustancia que estos contengan, sumarios donde la razón por la que se abrieron en su día fue estrictamente política.
La persecución es a cara descubierta confirmando así, a medida que pasan los días, las desahogadas predicciones que, sin ningún recato, ha venido haciendo Miguel Ángel Rodríguez. La mano derecha de Isabel Díaz Ayuso ya ha avanzado públicamente que la mujer del presidente será también condenada y que, además, acabará yendo “p’alante” hasta el mismísimo Pedro Sánchez. Dictamina Bruselas que la ley de amnistía es compatible con el derecho europeo, pero Pablo Llarena mantiene la orden nacional de detención contra Carles Puigdemont, Antoni Comín y Lluís Puig si se les ocurre cruzar los Pirineos. Además, una asociación judicial con casi mil miembros se ha apresurado a recordar en un comunicado que “corresponde a los jueces nacionales examinar caso por caso si concurren los requisitos legales para aplicar la amnistía”. Suma y sigue.
Metieron años en la cárcel a nueves políticos catalanes; a los responsables de Podemos estuvieron durante bastante tiempo amargándoles la vida con la apertura de decenas de sumarios que acabaron archivados tras haber sido aireados sin cesar por los mismos medios que propagaban bulos sobre la formación, por muy burdos que estos fueran. Se les dijo por activa y por pasiva que resultaba imprescindible cambiar la manera de elegir los miembros del Consejo General del Poder Judicial y no hicieron ni puñetero caso. A nadie en el PSOE se le ocurrió recuperar en aquellos momentos esta otra frase de Peces Barba: “…debe abrirse por el Gobierno, las Cortes Generales y el Consejo General del Poder Judicial y también, con altura de miras, por las asociaciones judiciales, un proceso de reflexión que debería conducir a profundas reformas de acceso a los jueces, aumentando su período de formación, en el control de sus desmesuras cuando se produzcan, y en una adecuada reactualización de sus conocimientos”.
Don Gregorio era algo enrevesado escribiendo, pero yo creo que se le entendía cuando dejó dicho que “instituciones como el juez instructor y el procedimiento abreviado deben ser revisadas críticamente porque en ellas y en esos fallos graves del modelo del juez en nuestro sistema, residen muchas de las razones que producen incertidumbre e inseguridad en personas que, con el comportamiento poco juicioso de algunos jueces, ven con seria preocupación la integridad de su honor personal e incluso de su libertad”.
Van tarde los socialistas aireando estas cosas, y haciéndolo además cuando la mayor parte de la ciudadanía andaba felizmente distraída con las andanzas de nuestra selección en el mundial de fútbol. Además de difundirlas, igual estaría bien que se pusieran manos a la obra. Dado que a día de hoy todavía gobiernan igual, digo yo, podrían hacer algo más que limitarse a mantener una resistencia numantina que, cada día que pasa, resulta más patética. Parafraseando a Kelsen, convengamos que la única manera de impedir que un poder crezca indefinidamente es frenarlo en seco.
J.T.











