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sábado, 22 de octubre de 2016

Cebrián y Felipe quieren periodistas acojonados

Lo peor que le puede pasar a una democracia es que un periodista, antes de volcar una idea por escrito, se tiente la ropa y calcule si le conviene hacerlo o no. Que por temor a represalias, por la hipoteca, el colegio de los niños o los garbanzos ese periodista acabe envainándosela y apostando por lo políticamente correcto, dejando para otro día eso de sacar los pies del tiesto. Ni “mijita”.
Cuando en el universo periodístico de una democracia proliferan los acojonados, caen los brillantes, mandan a los infiernos a quienes osan tener ideas propias y ascienden los trepas y los pelotas, esa democracia es mucha menos democracia.
Cuando en una democracia, quien escribe sin pelos en la lengua es considerado un valiente, un audaz… o un irresponsable, esa democracia es mucha menos democracia.
Cuando respetadísimos colegas de contrastada competencia profesional acaban poniendo sus plumas y sus micrófonos al servicio de su señorito cuando a éste le pegan cuatro gritos en una universidad, algo grave está pasando.
Ya está bien de mentiras. A Juan Luis Cebrián nadie le prohibió hablar en la universidad. Sencillamente (como le ocurrió a Felipe González, compañero de alegrías y fatigas del presidente de Prisa) no se atrevió. Pero en su radio llamaron fascistas a los alumnos que se manifestaron, y egregias plumas de su principal periódico señalaron con el dedo a un partido político acusándolo… de señalar con el dedo ¿No es maravilloso?
Cuando en una democracia los periódicos copian y pegan sin pudor el argumentario de un partido político atribuyendo a sus adversarios la inspiración y la instigación de una protesta universitaria, algo no funciona como es debido. Algo va mal. Algo huele a podrido.
Cuando en una democracia solo encuentras unanimidad a favor de unos y en contra de otros por mucho que busques y rebusques, cuando quienes tienen razones y argumentos para desmontar esas falsedades y rechazar tanta patraña apenas encuentran plataformas en las que hacerlo… algo va mal, algo huele a podrido en esa democracia.
Cuando en esa democracia (?) se produce un golpe de estado interno como el que ha ocurrido en el psoe y nadie, o casi nadie, lo califica así en ningún periódico, radio ni televisión, algo muy grave está pasando.
Cuando, mientras escribo esto, yo mismo me pregunto si no estaré metiéndome en un evitable charco, si no me estaré pasando de bicho raro, es que empiezo a necesitar más gimnasia mental de la que hago habitualmente, si no quiero acabar también yo perdiendo la perspectiva. O peor, si no quiero acabar acojonado como tantos lo están, o parecen estarlo.
Porque cuando a nadie le leo ni le oigo en ningún medio cosas así (en las barras de los bares con un par de gin tonics sí que las escucho, y mucho peores) igual me tendría que entrar miedo y dejarme yo también de tonterías. Está claro que soy un incauto y un insensato.
Pero es que no puede quedar para la historia que la protesta universitaria fue como se empeñan en contarla. No hablaron porque no quisieron. Por mucho que ellos, Cebrián y Felipe, se empeñen en propagar lo contrario repitiendo mil veces la misma mentira con todos los medios técnicos y humanos de que disponen para hacerlo. Y mientras tanto Susana, su brazo armado, ahí sigue ella, cosiendo y cosiendo. O tejiendo y destejiendo más bien. Y Rajoy, frotándose las manos.
J.T.


martes, 22 de septiembre de 2015

Documentales en el Festival de San Sebastián

Quienes defendemos las ventajas de ir ligeros de equipaje por la vida, sabemos que eso suele tener un precio: hay que estar dispuestos a no echar en falta muchas cosas y también a no lamentar la fragilidad de la memoria. Por eso se agradece que haya quien nos ayude a no olvidar según qué asuntos. Por eso les estoy muy agradecido tanto a Mercedes Moncada como a mi amigo Pere Joan Ventura. Les estoy agradecido por haberse tomado ambos la molestia de ayudar, a los "desmemoriados" como yo, a repasar en sus documentales cinematográficos según qué acontecimientos ocurridos en nuestro país durante los últimos años. He podido ver sus trabajos, y disfrutarlos, en el Festival de Cine de San Sebastián.

Son dos ofertas cinematográficas que hablan de lo que nos está pasando. Pere Joan Ventura repasa estos últimos años de reivindicación y protesta en su documental "No estamos solos". Nos lleva de marea en marea, de mani en mani, de escrache en escrache, al ritmo de la Solfónica y de la indignación que durante tanto tiempo ha estado llenando las calles. Ahí quedará su trabajo como reflejo de una época de la historia de España que no podemos dejar caer en saco roto. Retrata Pere Joan la fuerza y la imaginación de los movimientos sociales durante tres largos años tras el fenómeno del 15-M, una etapa de rebelión espontánea, de respuesta participativa frente a las políticas hostiles del este gobierno Rajoy que tantos derechos civiles y sociales ha triturado.

Mercedes Moncada, por su parte, se zambulle en el archivo de El loco de la colina y rescata "perlas cultivadas" que a unos refresca la memoria y a otros, más jóvenes, ofrecerá sin duda un panorama de la fauna que ha nutrido la vida política, económica y social durante los últimos treinta y muchos años.

"Mi querida España", se llama un documental que no tiene desperdicio. Por él desfilan desde Felipe González o Adolfo Suárez a Jesús Gil o Mario Conde pasando por Jon Idígoras o Mariano Sánchez Covisa. Historia de España pura -y dura- contada por sus auténticos protagonistas. Hasta se proporcionan datos inéditos, como los que Pilar Urbano aporta a propósito del golpe del 23F y que nunca fueron emitidos. Cinco mil entrevistas de Jesús Quintero. Mucha tela para cortar. Y sabrosa.

Las frases de Jesús Gil afirmando que no sabe lo que es prevaricar y defendiendo su mafiosa manera de proceder no tienen desperdicio, o las de Gunilla von Bismarck hablando con desprecio de los pobres, o probos economistas proclamando -ya en 1988- que el poder lo tienen los bancos, nos llevan a la conclusión, como dice la directora, de que vivimos en un bucle permanente y que la memoria colectiva es alarmantemente corta.

Que dos documentales como estos se proyecten en San Sebastián (el de Pere Joan está incluido en la sección oficial) habla mucho y bien de la sensibilidad de los organizadores del Festival para combinar glamour internacional con preocupación política y social.

A sus sesenta y tres años años, el certamen goza de una excelente salud. Colas kilométricas para entrar a las proyecciones del Kursal o el teatro Principal, overbooking en el Casco Viejo, entusisatas aplausos al final de cada sesión. Vida, mucha vida en un septiembre tan luminoso y fresco como el propio festival. No es mala manera de poner en marcha este enigmático otoño. No es mala manera de contribuir a refrescar la memoria en estas semanas y meses tan inciertos que nos esperan.

J.T.

jueves, 15 de mayo de 2014

El triunfo de los escraches


Tenía la caverna el argumentario preparado para la primera contingencia que apareciera en el horizonte. Y hete aquí que el destino vino a servirles en bandeja de plata, pensaban ellos mientras se apresuraban a instrumentarlo, nada menos que el asesinato de la responsable del pp en León y presidenta también de la Diputación de la provincia.

Qué putada para tanto buitre desprejuiciado que, a la hora en que se cometió el crimen, un policía jubilado estuviera merodeando por la zona y, aburrido porque la crisis ha acabado hasta con las grúas y las obras que podían haberlo tenido entretenido, decidiera seguir a la presunta asesina y propiciar su casi inmediata detención gracias a la información que éste proporcionó a sus antiguos colegas. Se quedaron sin coartada.

Aún así, hasta que se supo que la detenida había reconocido la autoría explicando que se trataba de una cuestión de "inquina personal", las baterías de los crispados tenían muy claro hacia dónde tenían que orientar los disparos. Y así lo hicieron desde el primer momento. ¿Qué iniciativa social está calando con fuerza entre los ciudadanos y conviene desprestigiar con urgencia antes que continúe subiendo enteros en el respaldo popular? ¿La Plataforma de Afectados por la Hipoteca? Pues a por ellos.

Que la consigna se estaba cociendo en los fogones de la triste y peligrosa caverna empezó a resultar evidente la noche en que Alfonso Rojo llamó gordita a Ada Colau. El abominable tuit de Isabel San Sebastián contra los escraches nada más conocerse este lunes la muerte de su tocaya Carrasco sirvió para que ya no quedaran dudas y se confirmaran todas las sospechas sobre por dónde sopla el viento de las invectivas de la derecha: hay que criminalizar, ridiculizar, desprestigiar a la PAH. Como sea. No se puede tolerar su triunfo.

La PAH es la organización que tras el 15M, fecha de la que este jueves celebramos su tercer aniversario, más visibilidad y más éxitos ha conseguido a la hora de pegarle un meneo a esto, la que más autoridad moral gana a medida que  más movilizaciones ciudadanas promueve contra los desahucios, contra la injusta y abrasante actuación de los bancos, contra todos aquellos que engañaron y estafaron sin pudor en la época de las vacas gordas a cuanto incauto encontraron en su camino.

Los escraches son salud en sí mismos. Han contribuido y contribuyen a revitalizar la salud democrática porque conectan con la indignación a la que lleva esa sensación de impotencia que a veces nos agarrota y demuestran que protestar es útil, que "sí se puede", que las batallas se ganan cuando se libran con argumentos, paciencia y constancia...

Estos últimos días, junto a otros colectivos sociales, la PAH ha dado un paso más: ha presentado una denuncia ante distintas instituciones internacionales como la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) por la vulneración de derechos humanos que entienden se lleva a cabo en nuestro país. Se trata de un documento en el que explican los efectos, en mucho caso trágicos, que sobre miles de personas han tenido y tienen en España los desalojos despiadados, los desahucios sin alojamiento alternativo... algo que, argumentan, supone una violación flagrante de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

¿Extraña pues que el pp no los pueda ver ni en pintura, que a la menor oportunidad todos sus palmeros en redes, periódicos y televisiones varias se lancen al ataque al grito de "a los de la PAH, ni agua"?  Y más aún cuando, para rematar la faena en su denuncia internacional, los Afectados por la Hipoteca explican cómo en varias comunidades autónomas, casi todas ellas peperas, se están vendiendo miles de viviendas públicas, con sus inquilinos dentro, a corporaciones-buitre como Goldman Sachs o Azora para que puedan especular con ellas a mayor gloria de sus beneficios y menor oportunidad para quienes siguen buscando desesperados un techo bajo el que vivir en paz?

Que la PAH esté adquiriendo tanto protagonismo y que sus iniciativas acaben siendo un éxito es lo que estos desprejuiciados que nos gobiernan y sus cavernícolas adláteres no parecen dispuestos a tolerar. De ahí que a las primeras de cambio apuesten por endiñarle leña al mono. Pero esta vez han patinado. Los Tertsch, Sansebastianes y voceros varios del pp esta vez se han columpiado con todo el equipo. Insisten en no enmendar el error, y ni por asomos se plantean pedir disculpas, pero si alguien albergaba alguna duda sobre la necesidad urgente que tienen de clavarle a la PAH ese cuchillo que siempre llevan entre los dientes, con el triste episodio de León la cosa ha quedado pero que muy clara.

Qué pena que un jubilado aburrido contribuyera a la rápida detención de la presunta asesina y de su hija. Qué pena que la principal encausada haya declarado que actuó por inquina personal. Se quedaron sin coartada los peperos y sus palmeros. Miedo me da imaginarme de qué estaríamos hablando ahora si a estas alturas, y en plena campaña electoral, no existiera aún detención ni confesión alguna.

J.T.