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viernes, 19 de agosto de 2016

40 años ya del asesinato de Javier Verdejo

A finales de la década de los sesenta, en los tiempos en que yo estudiaba los últimos cursos de bachillerato en el Instituto Masculino de Almería, el alcalde de la ciudad se llamaba Guillermo Verdejo Vivas y era farmacéutico. A Franco todavía le quedaban siete u ocho años de vida. Pero lo que no sabía su incondicional alcalde es que el quinto de sus hijos, de nombre Javier,  moriría apenas nueve meses después que el dictador. Lo asesinó un guardia civil en la playa de San Miguel en agosto de 1976, en aquellos convulsos y confusos momentos en que comenzaba la "celebrada" transición política. El joven Verdejo tenía 19 años, era ya universitario y estaba de vacaciones.

Fue el verano en que Adolfo Suárez se convirtió, merced a los designios reales, en presidente del gobierno. Apenas llevaba un mes en el poder cuando decidió pasar en el Cabo de Gata sus primeras vacaciones como primer ministro. Y justo en el Cabo de Gata, en el Arrecife de las Sirenas, Javier Verdejo y algunos de los amigos, Ana, Rosa y Fran entre ellos, decidieron pasar un fin de semana sin poder sospechar que a Javier, que surtía puntualmente a la pandilla de condones requisados en la farmacia de su padre, le quedaban apenas cuarenta y ocho horas de vida.

Dos días después, ya en Almería, el quinto hijo de quien fuera alcalde franquista de la ciudad, "garbanzo negro" de la  familia, miembro de la Joven Guardia Roja, había quedado con algunos compañeros de militancia. Se dirigieron a la playa y allí escogieron una pared blanca donde decidieron reclamar "Pan, Trabajo y Libertad". Javier empezó a escribir la pintada que nunca terminaría. Se quedó en la cuarta letra. La irrupción de la guardia civil obligó al grupo a dispersarse y buscar donde esconderse. Con tan mala fortuna para Javier, que la caseta en la que se refugió fue lo último que vio en su vida. Le dispararon cerca y en la garganta, y acto seguido arrastraron su cuerpo hasta la orilla.

Yo estaba en Ceuta, en la mili, y la noticia me conmovió y me impactó con la violencia de una descarga eléctrica. Habían matado a Javier en la playa de San Miguel, junto a la Ciudad Jardín y el Zapillo, en la arena y el agua que habían marcado la memoria sentimental de mi infancia y mi adolescencia. Cerca de mi instituto, cerca del Cable, en aquella orilla donde de niños no sabíamos evitar que el alquitrán que soltaban los barcos se nos quedara pegado a los pies. La noche de su asesinato, la orilla de la playa llena de alquitrán, seguro que se mezcló con la sangre de Javier.

Me contaron, porque yo no pude estar, que la familia decidió no reclamar, que la capilla ardiente fue en la casa de los Verdejo, cerca del Parque y que al joven fallecido lo amortajaron con hábito de franciscano. Que tras el funeral, se armó un importante pollo en la plaza de San Pedro entre los allegados de Javier y sus compañeros de militancia.

Me contaron que al autor del disparo lo cambiaron de destino y que nunca se conoció oficialmente su nombre ni pagó por ello, que el abogado laboralista que se interesó por no dejar dormir la causa, conocido como "Pirri", falleció al año siguiente, en el Arrecife de las Sirenas, de un corte de digestión cuando se estaba bañando después de comer y que con su muerte se enterró definitivamente el interés por remover el asesinato de Verdejo.

Me contaron también que el resuelto Adolfo Suárez apenas prestó atención a las protestas por este asesinato, que las relegó en sus orden de prioridades o que nunca se interesó a fondo por el asunto. Almería está demasiado esquinada para figurar en ningún orden de prioridades. En esta provincia andaluza, los desaprensivos cuentan con más ventajas que en otras para moverse y actuar a sus anchas. Ocurrió en los tiempos en que mataron a Javier Verdejo y continúa sucediendo ahora. Porque a la sensación de impunidad, y casi de inmunidad, con la que se mueven por todo el país, en Almería los corruptos y los granujas cuentan con un valor añadido: la pereza del centralismo para ocuparse de lo que ocurre en lo que muchos llaman "el culo del mundo" sin cortarse un pelo.

Ya no hay alquitrán en las playas de Almería. Desde hace mucho tiempo cuando me acuerdo del alquitrán, no puedo dejar de acordarme también de la sangre de Javier.

J.T.

martes, 28 de octubre de 2014

México, tragedias que aquí no se cuentan


Hace ya más de un mes que México está hirviendo y los medios de información españoles, como siempre, pasando ampliamente del asunto. Claro que se trata de México, y como ocurre también con Colombia, apenas si nos llega información de las tragedias que están ocurriendo en esos países, donde ¡oh, casualidad! importantes empresas españolas tienen intereses comerciales. Empresas que a su vez son propietarias o tienen parte del capital -otra casualidad- de distintos medios en nuestro país.

Les resumo lo que pasó el 26 de Septiembre en el Estado de Guerrero, en una ciudad llamada Iguala, a unos 200 kilómetros de Ciudad de México: ese día, un centenar de estudiantes de magisterio que estaban ya hasta las narices de la impunidad con la que se mueven los narcos en esa zona del centro del país y de la connivencia entre estos y los cargos políticos, decidieron manifestar su repulsa y se presentaron en la zona a bordo de varios autobuses. La versión de los supervivientes es que fueron a recaudar fondos; la de quienes les atacaron que se proponían boicotear un acto electoral de la mujer del alcalde de Iguala.

El caso es que nada más entrar en la ciudad, fueron seguidos en camionetas por sicarios que apoyaron a la policía y, tras un primer enfrentamiento, dio comienzo poco después un tiroteo indiscriminado contra los jóvenes. Hubo seis muertos, bastantes heridos y muchas detenciones durante la estampida general.

La Policía Municipal trasladó a buena parte de los detenidos hasta la comandancia y ahí empezó la tragedia. Cuando ha transcurrido ya un mes de aquello, quedan pocas dudas de que los estudiantes fueron entregados a miembros del crimen organizado y que estos acabaron con ellos. Tenían entre 18 y 23 años, y según todos los indicios los quemaron apiñados en una o varias piras a las que prendieron fuego con ramas, troncos y gasóleo. Algunas víctimas pudieron ser mutiladas antes.

¿Por qué se habla tan poco aquí de esa monstruosidad con todas las papeletas para ser calificada como crimen de Estado?

Una de las razones es la escasez de corresponsales, la ausencia de profesionales que trabajen en el extranjero para medios de nuestro país. Desde hace ya años, recorte a recorte, apenas quedan periódicos, radios, revistas o televisiones en España que mantengan algún periodista propio fuera. Ni dentro, en algunos casos. Así que de gastarse pasta mandando un enviado especial a algún acontecimiento relevante, de eso... ni hablamos.

Hablábamos antes, eso sí, de la presencia de empresas españolas en Méjico: esa es otra de las razones para que apenas se hable aquí de la tragedia de Iguala, aunque tampoco hay que olvidar otro tipo de "casualidades". Por ejemplo que Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, es mejicano y cuenta entre sus amigos y consejeros al mismísimo Felipe González.

El salvaje estallido de violencia que el 26 de septiembre tuvo lugar en Iguala es una letal advertencia del narco ante quien ose cuestionar sus desmanes y su poder. Pero se les ha ido tanto la mano que el hecho ha puesto sobre la mesa una espantosa evidencia: que México se ha convertido en un país canalla trufado de fosas con miles de muertos. Buscando a los estudiantes desaparecidos han aparecido fosas con otras muchas personas asesinadas.

Cuando Enrique Peña Nieto, el actual presidente de México tomó el poder en diciembre de 2012, heredó un país con más de 26.000 desaparecidos durante los seis años de mandato de Felipe Calderón, su predecesor. El alcalde de Iguala y su mujer, a quienes se les acusa directamente de autores intelectuales de la represión del 26 de septiembre y la posterior desaparición de 43 de los manifestantes, se fugaron a los pocos días y andan en paradero desconocido; el gobernador de Guerrero, el estado al que pertenece Iguala, ha dimitido; el alcalde sustituto está muerto de miedo y el director del colegio de Ayotzinapa donde estudiaban los desaparecidos, dice continuar esperando a sus alumnos a pesar de la terrible evidencia que se niega a admitir: nunca volverán.

Por lo menos esta vez el caso ha conseguido romper el habitual e imperdonable silencio internacional. Ese silencio cómplice que Occidente, con Estados Unidos al frente, suele tener con lo que sucede en aquellos países latinoamericanos cuyos gobernantes le son sumisos.

No quiero imaginarme cuál hubiera sido el caudal de información en periódicos españoles como El País, La Razón o ABC si una fechoría de tal calibre, incluso diez veces menor, hubiera tenido lugar, por ejemplo, en Cuba o en Venezuela.

J.T.



jueves, 15 de mayo de 2014

El triunfo de los escraches


Tenía la caverna el argumentario preparado para la primera contingencia que apareciera en el horizonte. Y hete aquí que el destino vino a servirles en bandeja de plata, pensaban ellos mientras se apresuraban a instrumentarlo, nada menos que el asesinato de la responsable del pp en León y presidenta también de la Diputación de la provincia.

Qué putada para tanto buitre desprejuiciado que, a la hora en que se cometió el crimen, un policía jubilado estuviera merodeando por la zona y, aburrido porque la crisis ha acabado hasta con las grúas y las obras que podían haberlo tenido entretenido, decidiera seguir a la presunta asesina y propiciar su casi inmediata detención gracias a la información que éste proporcionó a sus antiguos colegas. Se quedaron sin coartada.

Aún así, hasta que se supo que la detenida había reconocido la autoría explicando que se trataba de una cuestión de "inquina personal", las baterías de los crispados tenían muy claro hacia dónde tenían que orientar los disparos. Y así lo hicieron desde el primer momento. ¿Qué iniciativa social está calando con fuerza entre los ciudadanos y conviene desprestigiar con urgencia antes que continúe subiendo enteros en el respaldo popular? ¿La Plataforma de Afectados por la Hipoteca? Pues a por ellos.

Que la consigna se estaba cociendo en los fogones de la triste y peligrosa caverna empezó a resultar evidente la noche en que Alfonso Rojo llamó gordita a Ada Colau. El abominable tuit de Isabel San Sebastián contra los escraches nada más conocerse este lunes la muerte de su tocaya Carrasco sirvió para que ya no quedaran dudas y se confirmaran todas las sospechas sobre por dónde sopla el viento de las invectivas de la derecha: hay que criminalizar, ridiculizar, desprestigiar a la PAH. Como sea. No se puede tolerar su triunfo.

La PAH es la organización que tras el 15M, fecha de la que este jueves celebramos su tercer aniversario, más visibilidad y más éxitos ha conseguido a la hora de pegarle un meneo a esto, la que más autoridad moral gana a medida que  más movilizaciones ciudadanas promueve contra los desahucios, contra la injusta y abrasante actuación de los bancos, contra todos aquellos que engañaron y estafaron sin pudor en la época de las vacas gordas a cuanto incauto encontraron en su camino.

Los escraches son salud en sí mismos. Han contribuido y contribuyen a revitalizar la salud democrática porque conectan con la indignación a la que lleva esa sensación de impotencia que a veces nos agarrota y demuestran que protestar es útil, que "sí se puede", que las batallas se ganan cuando se libran con argumentos, paciencia y constancia...

Estos últimos días, junto a otros colectivos sociales, la PAH ha dado un paso más: ha presentado una denuncia ante distintas instituciones internacionales como la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) por la vulneración de derechos humanos que entienden se lleva a cabo en nuestro país. Se trata de un documento en el que explican los efectos, en mucho caso trágicos, que sobre miles de personas han tenido y tienen en España los desalojos despiadados, los desahucios sin alojamiento alternativo... algo que, argumentan, supone una violación flagrante de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

¿Extraña pues que el pp no los pueda ver ni en pintura, que a la menor oportunidad todos sus palmeros en redes, periódicos y televisiones varias se lancen al ataque al grito de "a los de la PAH, ni agua"?  Y más aún cuando, para rematar la faena en su denuncia internacional, los Afectados por la Hipoteca explican cómo en varias comunidades autónomas, casi todas ellas peperas, se están vendiendo miles de viviendas públicas, con sus inquilinos dentro, a corporaciones-buitre como Goldman Sachs o Azora para que puedan especular con ellas a mayor gloria de sus beneficios y menor oportunidad para quienes siguen buscando desesperados un techo bajo el que vivir en paz?

Que la PAH esté adquiriendo tanto protagonismo y que sus iniciativas acaben siendo un éxito es lo que estos desprejuiciados que nos gobiernan y sus cavernícolas adláteres no parecen dispuestos a tolerar. De ahí que a las primeras de cambio apuesten por endiñarle leña al mono. Pero esta vez han patinado. Los Tertsch, Sansebastianes y voceros varios del pp esta vez se han columpiado con todo el equipo. Insisten en no enmendar el error, y ni por asomos se plantean pedir disculpas, pero si alguien albergaba alguna duda sobre la necesidad urgente que tienen de clavarle a la PAH ese cuchillo que siempre llevan entre los dientes, con el triste episodio de León la cosa ha quedado pero que muy clara.

Qué pena que un jubilado aburrido contribuyera a la rápida detención de la presunta asesina y de su hija. Qué pena que la principal encausada haya declarado que actuó por inquina personal. Se quedaron sin coartada los peperos y sus palmeros. Miedo me da imaginarme de qué estaríamos hablando ahora si a estas alturas, y en plena campaña electoral, no existiera aún detención ni confesión alguna.

J.T.