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jueves, 11 de agosto de 2016

¿Por quién llora Albert Rivera?


Hartazgo, desidia, cabreo... En su comparecencia de este miércoles, tras su entrevista-tongo con Rajoy, el siempre impoluto y atildado Rivera dijo entender que los ciudadanos estemos ya hasta las mismísimas narices de todos ellos. Y añadió: llevan razón. Con la chapucera puesta en escena de un acuerdo más que cocido, PP y Ciudadanos intentan adornar de ridículo suspense un timo de manual. Buscan coartadas infantiles con las que tapar sus vergüenzas y no pueden evitar, o les da igual, que les veamos el plumero.

Recurre Rajoy a Rivera para quitarse de encima dos de sus más incómodos marrones: Rita Barberá y... José María Aznar, que tendrá que acudir a declarar. Y sobre los demás, "ya veremos". Remedando a la irrepetible duquesa de Alba, el líder catalán de Ciudadanos asegura salir todos los días "llorado de casa" intentando justificar así los voluminosos sapos que a diario engulle a dos carrillos. Pero... ¿por quién llora Albert Rivera? ¿por los votos que sabe que perderá? ¿por el daño que le producen los hilos de marioneta a los que le tienen atado? ¿por la coña marinera que se traen con él víctimas suyas como Rosa Díez? ¿por la vergüenza perdida? Desde luego, por quienes no llora es por todos aquellos a los que engañó consiguiendo sus votos para luego usarlos según para dónde sople el viento.

¿Llora quizás de orgullo porque de verdad se ha creído que es el perejil de todas las salsas? ¿llora tal ve de emoción porque ve la posibilidad de tocar pelo en breve? ¿O quizás le tiemblan las piernas porque intuye el precio que tendrá que pagar? ¿De dónde saca pa tanto como destaca? El apuesto y encorbatado Rivera intenta utilizar a su favor, a sabiendas de que puede salir trasquilado, todos los fuegos y tormentas que suceden a su alrededor, la corrupción del PP, la discordia en el PSOE, el shock de Podemos... Quiere recoger todos los peces posibles en un río revuelto sin calma a la vista. Él sabrá.

Quien suspire aliviado por la irrupción en escena de Ciudadanos se equivoca. Están cumpliendo la misión para la que fueron creados: hacer el trabajo sucio necesario para que nada cambie, para que el amenazado bipartidismo renazca de sus cenizas, para que en nombre del "hartazgo, la desidia y el cabreo" saturen de demagogia los informativos de Agosto.

Rivera y los suyos siguen al dictado, y a la perfección, la hoja de ruta para la que fueron diseñados. Quienes los crearon, acertaron.

J.T.












jueves, 16 de junio de 2016

Las gamberradas de Albert Rivera

En todo político suele existir por lo general un cierto punto gamberro. Y como ocurre con el punto de sal en las comidas, pocas veces se acierta con la dosis justa. La política es un campo abonado para que broten los gamberros y a fe que aquí hemos tenido excelentes cosechas durante años. El gamberro de moda se llama Albert Rivera, un maestro de la mentira y la infamia que deja pequeños a muchos de sus ilustres predecesores. Gamberro fue Felipe, como el tiempo se ha encargado de demostrar sobradamente; gamberros fueron Cascos y Aznar, que apenas sabían disimilar lo que les divertían sus propias travesuras; gamberro fue y continúa siéndolo Alfonso Guerra, quien hubo un tiempo en que hasta cayó simpático como le ocurría también a otro ilustre osado, Adolfo Suárez. La desvergüenza seduce y, si la política es seducción, la caradura parece imprescindible como instrumento de trabajo para quien elige este oficio.

Gamberro fue, es y será el gallego Rajoy, y gamberros son buena parte de la cohorte que le rodea. Cuando ves, por ejemplo, a Rafael Hernando cerca de una alcachofa a punto de conceder un canutazo, te preparas ya para escuchar una gamberrada, y percibes, por la expresión de su rostro, cómo disfruta con su peculiar manera de ganarse la vida, buscando titulares a base de a ver qué bellaquería suelto hoy, cómo retuerzo la realidad, cómo eludo la evidencia, cómo provoco al rival y le hago entrar en mi juego...

Con Albert Rivera, a todos les ha salido un discípulo aventajado. Tras vender en Catalunya odio y enfrentamiento durante casi dos décadas, saltó a la política nacional apadrinado por  quienes necesitaban con urgencia un Podemos de derechas, armado de una cara de niño bueno que, cada día que pasa, engaña a menos incautos.

Rivera vende nada envuelto en el celofán de una habilidad dialéctica moldeada a fuego lento en las olimpiadas universitarias de debate. Como gamberro supera a los otrora llamados tahúres del Missisipi, gana por goleada a quienes no les importó nunca que el gato fuera blanco o negro, sino que cazara ratones; o a aquellos otros que hablaban catalán en la intimidad. Ya se le vio el plumero al líder de Ciudadanos en la recta final de la campaña pasada, donde consiguió treinta escaños menos de los que llegaron a otorgarle algunas encuestas para el 20-D, y en esta ocasión vuelve por sus fueros mintiendo y calumniando desde el minuto uno. No es verdad, por ejemplo que Ada Colau sea independentista por mucho que él lo repita día tras día, ni tampoco que Podemos esté por la salida del euro. Pero sigue con el raca-raca sin ninguna vergüenza. Los gamberros suelen contar con la mala memoria y la falta de información del ciudadano medio, y en muchas ocasiones la jugada les sale bien. Vende mejor la maldad, la perversión, la astucia... Veremos qué pasa este 26-J.

J.T.





jueves, 26 de mayo de 2016

Parecen empeñados en que gane Podemos

¿A qué demonios ha ido en realidad Albert Rivera a Venezuela? Si yo estuviera en el lugar de este atildado jovenzuelo catalán, ponía inmediatamente de patitas en la calle a mi asesor de imagen ¡Menudo ridículo! Parecía un representante de comercio de los de antes, de aquellos que iban en Seat Seiscientos de pueblo en pueblo con el muestrario de botones, carretes de hilo, ovillos de lana y cremalleras anotando pedidos por las mercerías y las tiendas de ultramarinos mientras ponía los dientes largos a los lugareños hablándoles de los progresos y los inventos modernos que ya disfrutaban en la capital.
Si el líder de Ciudadanos buscaba cabrear a alguien, lo único que ha conseguido es dar pena. Vergüenza ajena. Si buscaba los votos de los 400.000 españoles de allí, mucho me temo que fácil no se lo va a poner la maquinaria burocrática que maneja el PP, por mucho que Margallo les haya devuelto el embajador ¿Aumentar votos aquí con ese viaje? No se lo cree ni él.
Por eso tiene que despedir a su asesor de imagen, porque a cambio de una rentabilidad más que dudosa, ha hecho el ridículo más espantoso. Como Pedro Sánchez, que lleva dando palos de ciego desde el otoño pasado y cada vez nos pone más difícil entender a qué juega desde entonces. De torpeza en torpeza hasta el desastre final. Fichajes a bombo y platillo como Irene Lozano o la comandante Zaida Cantero duermen ya el sueño de los justos. Se le va Chacón, rescata a Margarita Robles y a… Josep Borrell, denigrado en su día sin piedad por FelipeAlmunia y todo el aparato de Ferraz. Renovación pura y dura, sí, señor.
Escuchando los discursos de Sánchez me parece estar oyendo a los futbolistas cuando los entrevistan al final de un partido. Previsible y repetitivo: “la política es así”, “unas veces se gana y otras se pierde”, “hay que tener mentalidad positiva”“seguiremos trabajando hasta conseguir nuestros objetivos”… Ahí está, quemándose a fuego lento mientras en su entorno los buitres permanecen al acecho. Lo tienen sentenciado, y pareciera que están más interesados en acabar con él que en conseguir el 26 de junio un buen resultado electoral.
Y del PP… ¿qué me dicen? Aznar y Rajoy están como Mourinho y Guardiola en Manchester. Uno de los dos sobra en esta ciudad, forastero, parecen decirse, menuda guerra se traen. Los del aparato no quieren ni ver a Josemari en los mítines, que bastante tienen ya con torear la embestida judicial de cada día. Y el todavía presidente de honor del partido contraataca organizando para el 27 de junio, día de la resaca electoral, el comienzo en El Escorial de los cursos de verano de la Fundación FAES.
Rivera a por uvas en Venezuela, Sánchez en la inopia mientras a su vera se reparten ya sus despojos, y Mariano con el aliento de su otrora mentor en la nuca. Decididamente, están empeñados en que gane Podemos.
J.T.

domingo, 28 de febrero de 2016

PSOE. Siempre les quedará Huesca

Las reconquistas siempre empiezan por el norte. El 56,7 por ciento de los militantes socialistas de Huesca que han participado en la consulta de Pedro Sánchez le ha dicho que NO. No es mal sitio Huesca para iniciar la recuperación del perfil izquierdista del PSOE, no es mal sitio para reivindicar el verdadero ADN del partido. Chapeau por Huesca, y por Aragón en general, que ha sido la comunidad autónoma donde menos le han seguido la corriente a una apuesta contra natura como la firmada el pasado miércoles entre el PSOE y Ciudadanos.

El 48,4 por ciento de la militancia socialista se ha abstenido a la hora de votar para respaldar o no el pacto de Sánchez con Rivera. Del 51,6 por ciento que ha votado, dos terceras partes lo han hecho a favor. 75.000 respaldos que habrán permitido respirar aliviados a Felipe, Guerra, Leguina, Corcuera, Susana, Page, Lambán... Todo en orden. Viva la tranquilidad. Que las cosas continúen siendo como han sido hasta ahora. Nada de experimentos arriesgados, nada de poner en peligro el modus operandi de los últimos 40 años. Nada de mosquear a los acreedores europeos, nada de sacar los pies del tiesto. Somos un país de ley, y aventuras las justas, que no está el horno para bollos.

Espero estar equivocado, y que todas estas maniobras orquestales en la oscuridad no desemboquen en un gobierno PSOE-Ciudadanos con la abstención del PP. Si eso ocurre, el voto en contra de los oscenses acabará siendo algo más que una excepción o una anécdota. En el fondo se han expresado como probablemente muchos de los que se abstuvieron hubieran deseado hacerlo.

Pero ¿por qué se abstuvieron? Nunca permanecer callados fue la mejor opción, ni ahora tampoco. En el ADN del militante socialista están las ganas de cambiar las cosas, de luchar contra la injusticia, eliminar la desigualdad, de pararle los pies a los bancos y a la iglesia, verdaderos artífices de la mayor parte de las desgracias que ocurren en nuestro país; en el ADN del militante socialista de base está luchar con todas sus fuerzas por acabar con ese tipo de atropellos. Y esa es la óptica con la que una parte de la ciudadanía decide apoyar a los socialistas con su voto cuando hay convocatorias electorales. Pero por alguna razón que desconozco, aunque pueda sospecharla; por alguna razón que los mandamases del PSOE sí que deben conocer bien, van pasando los años, y las décadas, y nunca acaban de rematar la faena. ¿O sí?

Predican una cosa y hacen otra por sistema pero en las urnas, aunque pierdan votos, continúan amasando respaldo. Son el mal menor frente al PP, piensan unos; hacen lo que pueden, piensan otros; han mejorado nuestra vidas, argumentan ciertos estómagos agradecidos... ¿Y eso, en el caso de que fuera cierto, los dota de autoridad moral para pactar ahora con una derecha como Ciudadanos, más peligrosa que el mismísimo PP, y caminar hacia la investidura confiando en la abstención de una derecha corrupta que cada vez que gobierna nos deja el país hecho unos zorros?

Cuando pasen las semanas, los meses, los años y vayamos descubriendo, si el pacto anti natura sale adelante, hasta qué punto eso no ha servido para que vivamos mejor, ni para que dejen de apretarnos las tuercas, ni para que disminuya la desigualdad, ni para que vuelva el trabajo digno, ni los sueldos dignos, ni los despidos justos; cuando continúen los recortes, los desahucios, las dificultades para llegar a final de mes, cuando empiece a faltar dinero para las pensiones y para el desempleo, cuando todo eso ocurra, habrá que felicitar a tanto militante socialista satisfecho con los pactos entre Pedro y la peor de las derechas por el ojo clínico que tuvieron.

Cuando comprobemos cómo la dichosa troika y sus palmeros, la sombría Bruselas, la gran banca y las pornográficas grandes fortunas continúan llevándonos al huerto y riéndose de nosotros en nuestra cara, cuando todo eso ocurra y lleguen los lamentos, los golpes de pecho y los cargos de conciencia, cuando eso suceda también en el seno de un PSOE cada vez más enrocado y exiguo, quizás algunos de ellos recuerden que, al menos en Huesca, un buen día decidieron sacar tarjeta roja a un pacto contra natura.

Cuando se descubran las verdaderas dimensiones del pactus interruptus... al menos siempre les quedará Huesca.

J.T.

martes, 22 de diciembre de 2015

Merkel quiere volver a acariciar a Rajoy

Merkel no sabe aún a quién felicitar, la pobre; Aznar reaparece en carne mortal con cara de pocos amigos, Susana saca pecho, Fernández Vara marca líneas rojas, Page también, Artur Mas parece feliz con este río revuelto, Luena se trastabilla prometiendo "votaremos no a Rajoy, votaremos no al PP..." ¡Qué digestión más pesada, por favor!

Con el aliento en la nuca de muchos de "los suyos", y sin que hubieran transcurrido ni veinticuatro horas de la derrota, los perdedores Sánchez y Rajoy anuncian que volverán a presentar sus candidaturas para continuar liderando sus respectivos partidos; el perdedor Rivera no acaba de asumir que sus resultados no le sirven ni para tonto útil, al perdedor Garzón ni está ni se le espera y el perdedor Iglesias cierra puertas antes de empezar a hablar con nadie. Cuarenta y ocho horas ya, y la pesada digestión continúa. Solo falta Esperanza Aguirre soltando alguna de sus insolencias habituales.

Los titulares de los periódicos evidencian su desorientación, los columnistas aplican plantillas de análisis trasnochadas. Se habla de pactos en la misma clave de siempre, como si el domingo no hubiera pasado nada. Se hacen cálculos, se elucubra, se realizan prospecciones sin tener en cuenta que ya nada es como era. Que hayan perdido todos es el mejor síntoma de que han ganado los ciudadanos. Pero la casta periodística, mucha de ella acostumbrada a alquilarse al mejor postor durante décadas, continúa utilizando el lenguaje de siempre, las muletillas de siempre, las mismas gafas de culo de vaso de siempre para analizar un panorama que ya es otra cosa. Nada que ver con lo que ha venido pasando tras las elecciones generales de los últimos treinta y ocho años.

No hay nada que celebrar y sí bastante de lo que hablar. Hay que hablar de Catalunya y mucho, entender el mensaje de una ciudadanía que certifica con sus votos una realidad plurinacional a la que hay que buscar con urgencia la mejor de las soluciones; hay que hablar de cómo blindar los derechos sociales para que desaparezcan los recortes, los desahucios y los abusos medioambientales; hay que ponerse de acuerdo para  acabar para siempre con las puertas giratorias, con las intromisiones en el poder judicial, en la fiscalía general del Estado, en Televisión Española... Hay que sacudirse la dependencia de la troika, el chantaje de los mercados, las presiones de esos poderes acostumbrados a llevar siempre la batuta...

Los políticos que votamos el domingo tienen que ganarse el sueldo desde ya, reuniéndose, hablando, resolviendo, acordando... La aritmética no puede funcionar como coartada para justificar desencuentros, sino que ha de ser una oportunidad para demostrar imaginación y ganas de buscar soluciones ¡Qué menos se puede pedir a quienes se han postulado para gestionar nuestros intereses durante los próximos cuatro años!

Nuestros intereses, no los de los grupos de presión ni los de las bolsas, que este lunes no perdieron ni un minuto en desmoronarse como primer aviso para que nos entre el canguelo. Ya han sacado  a pasear hasta el fantasma de la subida de la prima de riesgo. Se van a dejar la piel en presiones, amenazas, extorsiones... Ya que esta vez no han conseguido que votemos con miedo, habrá que acojonar a quienes hemos elegido para que ni se les ocurra intentar cambiar desde dentro las reglas del juego. Reglas como la de esos cheques en blanco al portador en que acaba convirtiéndose ser titular de un escaño, o la inexistencia de rendición cuentas hasta que no termina la legislatura. Ya es hora de introducir mecanismos de corrección ciudadana que liquiden la distancia sideral existente entre los ciudadanos y sus representantes políticos.

Resuenan los tambores de guerra, las amenazas con el llanto y crujir de dientes, proliferan los voceros de la catástrofe y los promotores de la gran coalición PP-PSOE: editoriales de periódicos, columnistas paniaguados, presidente de la patronal... y Berlín. Dando la vara a coro desde el minuto uno. Merkel quiere tener cuanto antes a quien felicitar. Y sabemos muy bien quién quiere que sea. Para volver a acariciarle la mejilla y consolarle del disgusto que se ha llevado el pobre perdiendo sesenta y tres diputados. ¡Qué mal nos está sentando la digestión a todos! ¡Feliz navidad!

J.T.




viernes, 27 de noviembre de 2015

Unos de bolos, y otros en casa de Bertín

¿Se imaginan ustedes un panorama político en el que los dos líderes más votados fueran Iglesias y Rivera? Se imaginan un parlamento con el pp y el psoe como fuerzas residuales y una nueva hegemonía protagonizada por Ciudadanos y Podemos? ¿Cómo actuarían el pp y el psoe tras un castigo en las urnas que los acabara convirtiendo en fuerzas residuales? No sería mala cura de humildad, ¿verdad?

Tras el éxito de público obtenido por el debate de este viernes entre Rivera e Iglesias en la Universidad Carlos III de Madrid (1.500 personas), y tras el récord de audiencia que consiguió "Salvados" cuando los enfrentó en la Sexta, la conclusión es que la foto mola, y que lo que transmiten los asistentes a este tipo de actos es la ilusión de que el vuelco se puede producir. Porque, descartados los dos barandas actuales del bipartidismo, ¿con quiénes cuentan el PSOE o el PP que, discrepando como discrepan Rivera e Iglesias, transmitan cuando se enfrentan esa sensación de normalidad, de frescura, de novedad? ¿Con Susana Díaz, con Pablo Casado? ¡Amos, anda!

¿Se imaginan a Iglesias gobernando y a Rivera dándole la vara en la oposición? O viceversa: ¿Rivera gobernando e Iglesias metiéndole caña mientras Sánchez y Rajoy chupan banquillo en el Grupo Mixto? No está siendo mal formato el debate Iglesias-Rivera en esta precampaña del 20-D. Yo quitaría ya los atriles y las sillas vacías, lo patentaría y me iría de gira por todo el país. ¡Pedazo de campaña sería! Sin mítines, discutiendo a pelo cada día en una ciudad distinta. Lo petarían. Que Sánchez y Rajoy se vayan de bolos juntos por un lado y Rivera e Iglesias otro. A ver quién llena y quién no. A ver cuál de los dos formatos convoca más público en los auditorios y levanta más audiencias en las teles.

No, no se atreverá el bipartidismo a librar esa apuesta. Se encerrarán  en la casa de Bertín, manda narices, y a la hora de debatir jugarán a pelearse los dos solitos y juntitos en tve. Con las preguntas pactadas y sin hacerse sangre, encorsetados por bloques, sin espontaneidad alguna y pactando los segundos de intervención de cada uno, los turnos de palabra y hasta la temperatura del aire acondicionado. Frente a la frescura con la que debaten Iglesias y Rivera, lo de Rajoy y Sánchez no tiene color.

Parece claro ya que las caras, los nombres y la manera de enfrentarse a la actividad política pueden ser distintas, nuevas, diferentes. Cuando los líderes de Ciudadanos y Podemos, tan antagónicos ellos en sus ideas y en la manera de entender la vida, aparecen juntos en un escenario y se ponen verdes, por lo general la ciudadanía pone en valor la posibilidad que tienen, por primera vez en nuestra historia reciente, de disfrutar con esta hasta ahora inédita manera de encarar el ejercicio de la política. Dos treintañeros que son capaces de llenar enormes recintos para hablar... ¡de política!

Dos treintañeros que nos están haciendo soñar que el cambio es posible. Y no queremos soñarlo más. Queremos que se haga realidad. Queremos que nuevos estilos y nuevas actitudes acaben imponiéndose. No es un asunto cosmético, aunque nos temamos que al final acaben siendo los mismos perros con distintos collares. Pero estamos en ese momento justo en el que existe una oportunidad irrepetible para jubilar no solo caras y nombres sinos modos de entender el oficio político antipáticos y trasnochados.

No sé si cuánto tardarán Rivera e Iglesias en defraudarnos y hacernos pensar que son más de lo mismo. Probablemente poco, pero me da igual. Quiero caras, modos, estilos y maneras distintas. Ahora o nunca. Y si no me gustan, a la próxima los echamos y punto, Pero nos habremos dado el gustazo de probar. Insisto: el bipartidismo necesita esa cura de humildad y los ciudadanos esa alegría. Que pp y psoe muerdan el polvo y busquen la manera de reinventarse. Si es que son capaces.

J.T.





lunes, 19 de octubre de 2015

Albert y Pablo. Apuntes sobre un debate

Son tantas las cosas positivas que vi en el debate del domingo por la noche en la Sexta entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, que me parece que lo de menos es quién ganó o quién perdió.

Ganaron los dos, por apostar por una fórmula nueva.

Ganaron los dos, por dotar de naturalidad, y hasta de un punto de complicidad, algo hasta ahora anquilosado y ridículamente solemnizado.

Ganaron los dos, Alberto y Pablo, por aceptar un planteamiento abierto sin corsés, sin reglas y sin engolamientos ni liturgias innecesarias.

Ganaron los dos por entender que los tiempos han cambiado y por saber transmitirlo.

Ganaron los dos porque dejaron en evidencia las comparecencias por plasma, los merodeos ridículos y a quienes se empeñan en cogérsela con papel de fumar.

Ganaron los dos porque se comportaron como dos jóvenes normales, del tiempo en el que estamos, nacidos ambos cuando la Constitución del 78 estaba ya cocinada.

Ganaron los dos porque supieron transmitir frescura, interés por el cambio, preocupación por el futuro y un mensaje: va siendo hora de pasar página.

Genial la conversación en la furgoneta en la que Rivera recoge a Iglesias para encontrarse con Évole. Ese punto de humanidad, cuando Iglesias le pregunta a Rivera por su hija de cuatro años y éste le cuenta cómo para poder verla cuando le toca, la lleva a los mítines acompañada por sus padres o su actual pareja, fue un momento de televisión en estado puro.

Bravo por esa naturalidad

Bravo por aceptar el reto

Bravo por dejar claro que las cosas se pueden hacer de otra manera

Bravo por los promotores de la idea, con Jordi Évole al frente

Nuevos tiempos televisivos y nuevos tiempos políticos. Con el mono que tengo de ambas cosas, no puedo menos que ceebrarlo. Aún así, voy a poner tres pegas:

1. Desde el momento en que empieza el debate, ya sentados en el bar, yo creo que hubiera quedado mejor ofreciéndolo del tirón, sin ningún tipo de edición ni montaje.

2. Évole tiene que pillar más práctica en esto de moderar. En algún momento no evitó que se cortaran el uno al otro, lo que impidió que algunas frases se escucharan con claridad ,y en algún otro creo que se olvidó de que en esta ocasión él era solo el moderador.

3. Lo del café con leche en vaso de caña quedó algo light. No digo yo que hubiera que ir directamente al gin tonic, pero ¿no habría estado mejor un vino o una cervecita con berberechos o algo? Digo yo.

Espero que esto no sea flor de un día. A ver si son capaces de continuar así de guais cuando consigan tocar pelo. Esa será la verdadera prueba del nueve.

J.T.

martes, 12 de mayo de 2015

Ciudadanos y los "españolazos"

El españolazo es ese tipo de ciudadano, por lo general enamorado de “Ciudadanos” que ni sabe, ni parece que le importe mucho, lo que en verdad se esconde tras la piel de corderito de ese joven catalán felizmente “nacido en democracia” y que atiende al nombre de Albert Rivera.
El españolazo medio ha sido o continúa siendo “muy fan” del PP y parece haberse resignado, con el paso del tiempo, a que los rojos existan y hasta ocupen escaños y desempeñen cargos en las instituciones. Pero por muchos años que pasen, lo que el españolazo medio no parece dispuesto a entender es la personalidad propia de territorios históricos como Euskadi o Catalunya entre otros.
El españolazo suele poner a caldo cualquier tentación de admitir  que este país es una suma de maneras muy distintas de entender la vida,  que aplicarles un mismo patrón es andar equivocado ya desde el minuto uno. Al españolazo le gusta dividir, enervar y por lo que suele decir y hacer, no parece que lo suyo sea construir, entenderse, dialogar, pactar…
Hay españolazos horteras, españolazos rudos, españolazos violentos… y luego están los españolazos cultos, que son los peores porque a sabiendas manipulan, argumentan de manera torticera (y anticonstitucional) sobre el funcionamiento del estado de las autonomías e intoxican alentando el sentimiento anticatalanista y antivasco por las cuatro esquinas del ruedo ibérico.
Responden al patrón de insignes españolazos, por ejemplo, el avezado demócrata Herman Terstch o los reconocidos intelectuales Arcadio Espada y Federico Jiménez Losantos.
El españolazo, en estos tiempos electorales, está curiosamente más callado que de costumbre. Afila cuchillos para el domingo 24, dispuesto a ensañarse sin piedad, desde esa misma noche, con aquellos partidos y territorios donde los resultados le suministren la carnaza adecuada.
El españolazo no es que no quiera que se hable de independencia o de derecho a decidir. Es que beligera frontalmente con los movimientos que lo propugnan. El españolazo suele ser cruel con quien no piensa como él, intolerante con quien no comparte sus postulados, y excluyente hasta desembocar, en muchos casos, directamente en la xenofobia.
El españolazo no solo anida en los viveros del PP, sino también en los del PSOE y, de un tiempo a esta parte, nutre en tromba a esa especie de coche-escoba llamado “Ciudadanos” que va recogiendo por los caminos todo el lastre que el bipartidismo ha ido dejando en la cuneta.
Aviso a caminantes: “Ciudadanos” es un partido españolazo puro y duro. En Catalunya lo saben bien y en el resto del país, como no andemos espabilados, lo vamos a acabar sabiendo todavía mejor.
Quienes también lo saben, y están aparentemente encantados con este súbito regalo caído del cielo, son los capitostes de la CEOE, los conspiradores del IBEX-35 y todos aquellos que ven en esta fértil y urgente cosecha de españolazos una oportunidad de oro para poder chafar cualquier expectativa de cambio.

J.T.