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miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Podría el “caso Soria” acabar con Rajoy?

La provocación que supuso proponer a José Manuel Soria para director ejecutivo del Banco Mundial no fue una equivocación más de Mariano y sus muchachos, porque el asunto lleva ya camino de acabar convirtiéndose en La Gran Equivocación. Cinco años mintiendo como bellacos, tratándonos como tontos y administrando el poder como si el país fuera un cortijo privado a su entera disposición, y mira tú por dónde lo que puede acabar con Rajoy va a ser esta “tontería” con trazas de bola de nieve.
Porque tontería fue el momento escogido para el anuncio, justo al final del fallido debate de investidura, tontería las burdas explicaciones posteriores de Rajoy y de Guindos, – “decisión técnica y no política”, “si un funcionario no puede ser funcionario,entonces… ¿esto qué es?”- y tontería también fue, sin duda, no abandonar la soberbia ni la chulería cuando por fin entendieron que no tenían más remedio que dar marcha atrás.
Una tontería que en el Partido Popular ha puesto de los nervios a mucha gente y ha roto el tradicional cierre de filas en torno al hierático líder. Demasiado cachondeo ya, incluso para la ilustres tragaderas de sus señorías peperas. Tras los cabreos públicos expresados en días anteriores por Feijóo, Cifuentes, Monago, Herrera, Moreno y compañía, y una vez tomada la decisión de obligar a Soria a quitarse de enmedio, hacía gracia escuchar la mañana de este miércoles a Jesús Posada afirmar que la rectificación “es la mejor solución posible y lo mejor para todos”, a Andrea Levy asegurar que “lo importante es que al final las cosas se han hecho acertadamente”, o a Javier Maroto recurrir al “rectificar es de sabios” añadiendo además, sin asomo de rubor, que “cuando uno toma una decisión, la recapacita y rectifica y, además, lo hace en la buena dirección, hay que aplaudirlo”. ¡Ahí queda eso!
El “affaire” Soria tiene pinta de bola de nieve porque, si en el horizonte hubiera podido existir la remota posibilidad de contar con once abstenciones en octubre para hacer presidente a Rajoy, ¿quién va a ser ahora en el PSOE, después de la última gamberrada rajoyniana el guapo, o la guapa, que va a atreverse a proponer echarle una mano al PP? Los de Ciudadanos, por su parte, están que se suben por las paredes porque se les ha quedado cara de tontos y lo saben. “Hay algunos que no tienen remedio”, comentó Rivera cuando se enteró de lo de Soria el viernes por la tarde tras la sesión de no-investidura, apenas una hora después de haber sido víctima de la mala educación de Rafael Hernando y sin haber tenido la oportunidad de contestarle.
En resumen, que la tontería Soria ha destrozado cualquier expectativa de posibles apoyos para octubre y que, llegados a este punto, parece difícil que todo continúe como hasta ahora. La capacidad de aguante de Rajoy empieza a agotar la paciencia de sus todavía leales compañeros de partido, y la hipótesis de que no sea el actual presidente en funciones quien encabece las listas si hay terceras elecciones parece que empieza a ser plausible.
A pesar de lo acostumbrados que están a mentir y hacer siempre lo que les ha dado la gana sin que nunca pase nada, esta vez parece que no ha colado. Un retiro dorado más, como los de Wert, Ana Mato o Cañete, pues va a ser que no. Al vaso de las provocaciones ya no le caben más desvergüenzas y se ha desbordado. Para Rajoy y para el PP, el “affaire” Soria puede que no haya sido simplemente una equivocación más. Puede que acabe convirtiéndose en “La Gran Equivocación”.


J.T.

jueves, 16 de junio de 2016

Las gamberradas de Albert Rivera

En todo político suele existir por lo general un cierto punto gamberro. Y como ocurre con el punto de sal en las comidas, pocas veces se acierta con la dosis justa. La política es un campo abonado para que broten los gamberros y a fe que aquí hemos tenido excelentes cosechas durante años. El gamberro de moda se llama Albert Rivera, un maestro de la mentira y la infamia que deja pequeños a muchos de sus ilustres predecesores. Gamberro fue Felipe, como el tiempo se ha encargado de demostrar sobradamente; gamberros fueron Cascos y Aznar, que apenas sabían disimilar lo que les divertían sus propias travesuras; gamberro fue y continúa siéndolo Alfonso Guerra, quien hubo un tiempo en que hasta cayó simpático como le ocurría también a otro ilustre osado, Adolfo Suárez. La desvergüenza seduce y, si la política es seducción, la caradura parece imprescindible como instrumento de trabajo para quien elige este oficio.

Gamberro fue, es y será el gallego Rajoy, y gamberros son buena parte de la cohorte que le rodea. Cuando ves, por ejemplo, a Rafael Hernando cerca de una alcachofa a punto de conceder un canutazo, te preparas ya para escuchar una gamberrada, y percibes, por la expresión de su rostro, cómo disfruta con su peculiar manera de ganarse la vida, buscando titulares a base de a ver qué bellaquería suelto hoy, cómo retuerzo la realidad, cómo eludo la evidencia, cómo provoco al rival y le hago entrar en mi juego...

Con Albert Rivera, a todos les ha salido un discípulo aventajado. Tras vender en Catalunya odio y enfrentamiento durante casi dos décadas, saltó a la política nacional apadrinado por  quienes necesitaban con urgencia un Podemos de derechas, armado de una cara de niño bueno que, cada día que pasa, engaña a menos incautos.

Rivera vende nada envuelto en el celofán de una habilidad dialéctica moldeada a fuego lento en las olimpiadas universitarias de debate. Como gamberro supera a los otrora llamados tahúres del Missisipi, gana por goleada a quienes no les importó nunca que el gato fuera blanco o negro, sino que cazara ratones; o a aquellos otros que hablaban catalán en la intimidad. Ya se le vio el plumero al líder de Ciudadanos en la recta final de la campaña pasada, donde consiguió treinta escaños menos de los que llegaron a otorgarle algunas encuestas para el 20-D, y en esta ocasión vuelve por sus fueros mintiendo y calumniando desde el minuto uno. No es verdad, por ejemplo que Ada Colau sea independentista por mucho que él lo repita día tras día, ni tampoco que Podemos esté por la salida del euro. Pero sigue con el raca-raca sin ninguna vergüenza. Los gamberros suelen contar con la mala memoria y la falta de información del ciudadano medio, y en muchas ocasiones la jugada les sale bien. Vende mejor la maldad, la perversión, la astucia... Veremos qué pasa este 26-J.

J.T.





lunes, 9 de noviembre de 2015

Pobreza en España. Ustedes son formidables

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Cada viernes por la mañana, antes de irse a trabajar, mi padre preparaba unas cuantas monedas de perra gorda, en ocasiones de dos reales, destinadas a los pobres que una vez a la semana tocaban el picaporte de la puerta de nuestra casa para recoger su limosna.

Éramos pobres, pero ellos eran más pobres todavía. Eran "nuestros pobres": La "Muda", cargada de hijos y de moratones cuyo autor, su marido, claro, tenía como única ocupación arrear los caballos del coche fúnebre cada vez que alguien del pueblo pasaba a mejor vida; Ramona, una viuda mayor cuya sonrisa de agradecimiento al recibir la limosna nunca se me olvidará; el "Matamoros", un entrañable anciano, impedido, que debía su apodo a haber estado combatiendo en Marruecos...

Por la noche, década de los cincuenta, primeros sesenta, en mi remoto pueblo de la Alpujarra almeriense escuchábamos Radio Intercontinental, Pepe Iglesias "El Zorro", Matilde, Perico y Periquín... y en la Ser "Ustedes son formidables", un programa de incuestionable éxito cuya sintonía eran los primeros compases del cuarto movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak. Lo conducía un monstruo de la radio, Alberto Oliveras, tan eficaz en su trabajo como inconsecuente -al menos así me lo pareció a mi siempre- entre lo que predicaba y lo que practicaba. 

Oliveras vivía en París a todo lujo y cada semana se trasladaba a Madrid para conducir un programa de radio en el que ¡pedía limosna! 

Primero se presentaba el caso: alguien que necesitaba unas simples muletas para caminar, o dinero para ser operado de un tumor, o muebles por haber sido víctimas de una inundación... Se abrían los teléfonos y gente a la que en muchos casos le faltaba para cubrir sus necesidades más primarias se desprendía de unas cuantas pesetas entre lágrimas, emoción y aplausos, y se comprometía a ingresarlas en la cuenta de "Ustedes son formidables". 

Caridad, beneficencia, compasión. Ese era el mundo que, desde hace ya un par de décadas largas, habíamos dejado atrás hasta la reciente aparición de bochornosos programas en la televisión pública afortunadamente eliminados ya de la parrilla. Pero no, parece que volvemos: Overbooking en los comedores sociales; caridad, no derechos; limosnas, no posibilidades de tener trabajo; favores, no conquistas sociales.

La Red Europea de Lucha contra la Pobreza calcula que hay más de trece millones y medio de personas en riesgo de pobreza y exclusión en España en estos momentos. En un año se han sumado más de ochocientas mil personas a este grupo de exclusión; más de un treinta y cinco por ciento de los menores de edad en nuestro país se encuentran en riesgo de pobreza; de cada cien personas con empleo son ya catorce quienes, ni trabajando, consiguen salir del umbral de la pobreza dada la miseria de sueldos que cobran...


El programa de Alberto Oliveras resolvía problemas que tenía que resolver el Estado, pero el Estado estaba, como parece que vuelve a estar, más interesado en blindar los privilegios de los poderosos que por ocuparse de los problemas de los más desfavorecidos. 

Los ricos, para sentirse verdaderamente ricos, han de mantener "sus pobres" a los que graciosamente socorrer para así poder garantizarse que los tienen pillados por los huevos, serviles y agradecidos. 

Que el fantasma del programa de Alberto Oliveras vuelva a planear sobre nuestras cabezas -lo que significa que los pobres volvemos a ayudarnos los unos a los otros mientras los ricos nos sacan la sangre- es un trágico síntoma de que no sólo vamos para atrás como los cangrejos, sino de que quienes últimamente han estado a cargo del chiringuito nunca tuvieron interés alguno en que las cosas fueran mejor. Hasta que ha llegado el momento de pedir el voto. Y ahora, sin pudor alguno, vuelven a salir de sus cuarteles a cazar incautos prometiendo, mintiendo y asegurando, sin que se les caiga la cara de vergüenza, que las cosas están empezando a mejorar .¿Será posible que les vuelva a funcionar el timo de la estampita? "Ustedes son formidables", decía Oliveras. Lo que somos es gilipollas.

J.T.

sábado, 20 de junio de 2015

Mariano el radical



durisimo-rifirrafe-entre-rajoy-y-sanchez-por-los-pactos-con-podemos-6052019Que personajes de la catadura de Mariano Rajoy tilden a sus advesarios políticos de “radicales” no deja de ser todo un piropo para los destinatarios de tal calificativo habida cuenta que eso que él y los suyos llaman radicalidad consiste básicamente en preocuparse por los problemas de los más débiles y hacer lo posible por eliminar la desigualdad.
Si el vocablo radical posee alguna connotación peyorativa, si esta derecha histérica que teme disolverse como un azucarillo lo emplea para estigmatizar a aquellos que no piensan como ellos, tal práctica nos dota pues de autoridad moral para, volviendo la oración por pasiva, aplicarle a su comportamiento las connotaciones más perversas de dicha palabra.
Ser radical es ir metiendo miedo a la ciudadanía intentando hacer creer que si la gobernabilidad cambia de manos y ellos dejan de partir el bacalao, nos esperan las siete plagas de Egipto y todas las maldiciones bíblicas juntas.
Ser radical es mentir sin pudor, engañar sin vergüenza, negar las evidencias de tus fechorías, comparecer en las ruedas de prensa para decir lo contrario de lo que vas a hacer, vacilarnos en definitiva con la suficiencia del soberbio acostumbrado a funcionar con impunidad y patente de corso.
Ser radical es dificultar el derecho a la educación pública sembrando de obstáculos el camino de la gratuidad y poniéndole alfombras a la iniciativa privada, lo que redunda en propiciar la renuncia de los desfavorecidos y el destrozo del principio de igualdad de oportunidades.
Ser radical es transmitir inseguridad al ciudadano medio en su rutina cotidiana: que cada vez se tema más la llegada de cualquier contratiempo, que no se sienta mínimamente cubierto ante la enfermedad, la vejez o los tropiezos laborales.
Ser radical es robar a manos llenas aprovechándose del cargo público que se ostenta, llevárselo crudo ya sea en sobre, comisiones, prebendas o demás variedades de la mayor de las delincuencias: la de quedarte con el dinero de los contribuyentes, que son quienes te votaron confiando en ti y pensando en que te preocuparías por mejorar su futuro.
Ser radical es amenazar a quien no piensa como tú, a quien lo expresa libremente, y ponerle cortapisas con leyes que atentan directamente contra un derecho irrenunciable  y universalmente reconocido, como es la libertad de expresión.
Ser radical es despreciar al inmigrante, ponerle cortapisas al refugiado, reprimir manifestaciones, contestar con malos modos cuando te exigen exxplicaciones por tu errática y represora manera de manera de gobernar.
Ser radical es practicar el juego sucio en las trastiendas  de los pactos electorales cuando las cartas no has podido marcarlas como te hubiera gustado y el resultado de las votaciones no es precisamente aquel con el que tú contabas.
Ser radical es pasar de los pobres y postrarse ante los ricos, desahuciar sin piedad y plegarse a los dictados de la banca y de la troika.
Ser radical es usar el nombre de Eta y de Venezuela en vano cuando te quedas sin argumentos.
Ser radical es manipular descaradamente la televisón pública, ofreciendo información sesgada y partidista afín solo a los intereses de Moncloa y olvidándote del carácter innegociable de servicio público, que es lo único que dota de sentido a la existencia del medio.
Ser radical es tachar de radicales a quienes reivindican los derechos humanos y reclaman tenerlos en cuenta como prioridad básica a la hora de gobernar.
Además de radicales, en el peor sentido del término, estos del PP hace tiempo ya que están siendo muy torpes y bastante estúpidos. Pasan los días, las semanas y los meses y continúan sin entender ni admitir que las cosas ya no son como eran. Que ya no cuela amenazar con la llegada de los malos que van a quitar casas, violar monjas y quemar iglesias. Que ya no cuela aquello de “o yo o el caos”, que hay mucha gente a la que no se le puede amenazar con que le van a quitar lo que tiene porque ya no tiene nada: o los han desahuciado, o les han hecho pagar medicians que antes no pagaban, o los tienen en el paro sin subsidio y sin esperanza, o les pagan una puñetera miseria cuando encuentran algún subempleo…
Así que, cuando percibes lo alejados que están de la realidad, cuando constatas que no tienen ni idea de lo que pasa en la calle no tienes más remedio que reírte y a veces, por extraño que parezca, hasta sentir pena por ellos. Ni todo el dinero que han robado les vale para salir de la peor pobreza: la pobreza de espíritu.
J.T.


                                

sábado, 7 de febrero de 2015

Por un periodismo decente


No conozco oficio más insolidario que el periodismo. Es cainita, nada cómplice y ridículamente competitivo. Todo para acabar repartiéndose pura miseria, porque miseria es el trabajo que ofrecen, a día de hoy y en el mejor de los casos, a cualquiera que acepte formar parte de una redacción. ¿Cómo es posible que el oficio periodístico haya podido caer tan bajo? ¿O somos nosotros quienes hemos caído tan bajo, quienes, con tal de ganarnos la vida (es un decir) en este mundillo, con tal de formar parte de cualquier plantilla de mala muerte estamos dispuestos a tragar carros y carretas en medios que han hecho de la manipulación su bandera y de la mentira su santo y seña? 

Para pasearse por el dial de las radios a primera hora de la mañana hay que tener el corazón a prueba de sobresaltos. Si te acuestas tarde y has de madrugar, lo peor que puedes hacer al levantarte es poner la radio. Las emisoras están copadas por telepredicadores que dibujan un panorama tan espantoso y estresante que te dan ganas de volver a meterte en la cama con la manta hasta la cabeza. El uno insulta, el otro vocifera, el de más allá proporciona altavoz a la noticia más manipuladora con la que hayan abierto los periódicos del día, otro anuncia directamente el apocalipsis... ¡Socorrooo! 

Los que gritan son, por lo general, estrellas de la radio con salarios de jugador de fútbol puntero, a quienes rodean profesionales que se pasan la noche en vela por sueldos de verdadera miseria. 

En cuanto a los periódicos, veamos. ¿Es posible que leyéndolos consigamos estar bien informados? Para lograrlo, antes solía ser suficiente con ver cómo abordaban una noticia dos periódicos de diferente sesgo. Pero ahora ya no hay sesgo en los kioskos. Hay unanimidad completa y periodismo "de carril". Ya no se "levantan" temas de impacto, no se investigan asuntos que nos ayuden a todos a construir una sociedad mejor y a denunciar a los que torpedean esas aspiraciones. Ahora las energías se destinan a buscar trapos sucios que permitan hacerle agachar la cabeza a cualquier recién llegado que se atreva a proponer públicamente distintas maneras de hacer las cosas. 

Trabajar en un medio de comunicación es hoy una verdadera heroicidad. Al sueldo de miseria y a los horarios de juzgado de guardia hay que añadir un bochorno añadido: comprobar a diario cómo la línea del periódico, la radio o la televisión para la que trabajas, los temas por los que apuestan y deciden llevar a primera página suelen ser, por lo general, atentados mortales al periodismo en el que tú siempre creíste. 

¿Qué hacer cuando formas parte de una redacción cuyo staff ha decidido descaradamente hacer de todo con el periódico menos periodismo? ¿Te rebelas? ¿Manifiestas abiertamente tu disconformidad? ¿O sencillamente aplicas mentalidad práctica, te resignas y hasta colaboras si entiendes que no te queda otro remedio? ¿Qué hacer cuando trabajas en una televisión pública y compruebas cómo los puestos de responsabilidad están ocupados por comisarios políticos que elaboran las escaletas tras despachar directamente con Moncloa o con el consejero de turno en el gobierno autonómico correspondiente? 

Hay muchas opciones, pero la triste puesta en escena de los trabajadores de Canal Nou lamentando haber hecho un periodismo manipulador y denunciando las presiones a las que estuvieron sometidos durante años.... una vez que se había decretado el cierre de la cadena, sirvieron de aviso a caminantes para tantos otros como se encuentran en la misma situación en tantas televisiones, radios y periódicos de España. El periodismo en nuestro país tiene una asignatura pendiente que cada día que pasa se hace más urgente aprobar: hay que rescatar la esencia del oficio, pelear por ella y denunciar a quienes no manifiestan ningún interés por respetar la obligación que tenemos de ser honestos a la hora de informar. 

Los periódicos y los informativos de radio y televisión salen adelante gracias a los periodistas. Gracias a esos mismos periodistas entre los que hay quien siente vergüenza cuando comprueba la manera tan desprejuiciada y torticera con la que acaba llegando al lector, el radioyente o el espectador el resultado de su trabajo. Cada día que pasa estoy más convencido que la excusa para aguantar todo esto no puede ser que de algo hay que comer. Es cierto que todos trabajamos en lo que podemos y muy pocos en lo que queremos. Probablemente no sea nada fácil conseguir trabajar en lo que queremos, pero tiene que haber un límite. Debe ser posible no prestarnos a realizar trabajos que no nos sintamos en condiciones de defender. 

¿Soluciones? El primer paso, no prestar tu nombre ni tu firma a un trabajo profesional con el que no estés de acuerdo. El siguiente paso habría que planteárselo cuando los jefes o los dueños de los medios se pasan de la raya. Tiene que haber líneas rojas en las que al profesional del periodismo le tiene que asistir el derecho a no prestarse al juego de sus jefes y a sentirse protegido si decide actuar así. A ver, sindicatos, asociaciones de la prensa, ¿vais a decidiros a espabilar de una vez? ¿vais a continuar pertrechados en el mundo de las prebendas? ¿vais a continuar empeñados en invocar la coartada de ese corporativismo mal entendido que se suele resumir con la frase "perro no come perro"?

Me consta la vergüenza de muchos trabajadores de ABC, La Razón, ahora también de El País, o de Televisión Española, Canal Sur y demás televisiones autonómicas. Muchos se marchan cada tarde a su casa abochornados por formar parte de medios que han hecho de la manipulación y la mentira su manera habitual de funcionar. Esto tiene que ser denunciable. Esto se tiene que acabar. 

Ha llegado el momento en que los profesionales debemos preguntarnos si nuestro silencio y nuestro, a mi juicio mal gestionado instinto de supervivencia, son actitudes con las que no estamos tirando directamente a la basura nuestro propio futuro. Si no sabemos defender la decencia en nuestro oficio, no podremos quejarnos cuando los indecentes, después de humillarnos cuanto les haya dado la gana, decidan propinarnos una patada en el culo el día que les convenga. En ese momento no será ya el tiempo de llorar. 

Vivir con miedo es la mejor manera de acabar pagando las consecuencias de tenerlo. Solo quienes plantan cara acaban encontrando caminos que parecían no existir. Los periodistas de a pie, los del trabajo en la sombra, los que permitimos que los medios funcionen, tenemos que decidir si queremos dejarnos sujetar, con los resultados que vemos a diario, o debemos ponernos manos a la obra para conseguir corregir una situación viciada, y que de tan intolerable, resulta directamente pornográfica.

J.T.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Qué tiene que pasar para que las cosas cambien?


¿Cómo se estudiará este momento que estamos viviendo en los libros de Historia? ¿Cómo le contarán los textos de la era “post- digital” a los estudiantes del año 2525, por ejemplo, que hubo una vez un tal Mariano Rajoy que presidió un gobierno que nos hizo perder la soberanía mientras ellos iban perdiendo la vergüenza y la decencia (la poca que les quedaba cuando llegaron al poder)? 

Perdieron los papeles, perdieron el norte y se aplicaron en mentir con tal perseverancia y caradura que sus comparecencias se convirtieron de hecho en puras representaciones teatrales. Era tan impensable que fueran tan sinvergüenzas que su propio descaro acabó dotándoles de credibilidad. No, no era posible que fueran tan sinvergüenzas, ergo lo que nos contaban tenía que ser verdad. 

En los futuros libros de Historia donde se cuente lo que ahora estamos viviendo en este país, se ponderará la “habilidad”, la maña y la destreza con la que cuatro facinerosos, cuando se vieron con el Boletín Oficial del Estado entre sus manos, consiguieron destrozar, en poco más de tres años, los avances sociales de cuatro décadas: la educación, la sanidad, la atención a los dependientes, el apoyo en la compra de medicamentos, los ánimos para emprender, la posibilidad de contar con créditos para poner en marcha proyectos… 

He tratado a muchos políticos europeos, los he visto moverse por los pasillos de Bruselas y Luxemburgo, he seguido su trabajo, su trayectoria… y sí, sinvergüenzas haylos, claro que sí, y mentirosos también. Muchos. De un político europeo de derechas sabes lo que puedes y lo que no puedes esperar; de uno de izquierdas igual, pero aquí en nuestro país no es tan fácil. Todo está mucho más mezclado, más confuso, más… viciado. 

¿Qué defiende un español de derechas? Fundamentalmente su estatus y sus prebendas, el “ande yo caliente y ríase la gente…” Aunque es cierto que hay muchos obreros a los que en un momento dado se les ha ido la olla y han votado a la derecha, ellos sabrán por qué. 

¿Qué defiende un español de izquierdas? El derecho a que las cosas cambien, a que exista menos desigualdad, a que nadie viva con sensación de desamparo, a luchar contra las injusticias… 

En este momento aquí, donde hay votantes del pp que han sido víctimas de desahucios y votantes del psoe que viven como dios, parece que la cosa está pelín confusa ¿Qué es lo que está pasando? Pues que después de treinta y siete años existe, por una parte, un enorme cansancio y por otro una gran decepción porque muchos políticos en los que tuvimos la debilidad de creer alguna vez nos acabaron saliendo ranas. Hubo un momento en que creímos que era verdad que se trataba de gente dispuesta a cambiar las cosas, pero no fue así. Claro que como la condición humana no escarmienta y le gusta soñar, hay ganas de algo nuevo y cierta sensación de que esta vez sí, que esta vez lo podemos lograr con las nuevas caras y formaciones que desde hace unos meses han irrumpido en la escena política española como un torbellino. 

Pero para que llegue algo nuevo es preciso perder el miedo al cambio. Hemos perdido el miedo a protestar, a manifestar nuestra indignación, a denunciar a los intocables, hemos empezado a perderle el respeto a quienes nunca lo merecieron: muchos presidentes de bancos y entidades varias, miembros de la hasta hace muy poco intocable casa real… hemos empezado a ver claro que nos mentían y a cabrearnos cuando constatamos que continúan haciéndolo. A cabrearnos. Ahí está la clave. Para que las cosas cambien el cabreo tiene que estar por encima del miedo. 

Para que haya cambio hemos de hacerles entender a los de siempre que hace tiempo que las cosas dejaron de funcionar como antes, que decretar la caza y captura de quien no te gusta hurgando en su pasado a ver qué trapos sucios encuentras ya no cuela. Durante este 2015 nos vamos a enterar de toda la vida y milagros de aquellos que han puesto en evidencia las trampas de los poderosos. Produce vergüenza ajena ver cómo escudriñan y manipulan sin pudor informaciones sobre Iglesias, Errejón, Sánchez o Monedero en las que apenas hay donde rascar, pero cuyos titulares son un verdadero monumento a la tergiversación periodística más burda y rastrera. 

Los promotores de estos linchamientos, de este juego tan sucio como inútil, son políticos acojonados y sus correspondientes mamporreros a sueldo, desertores del periodismo que andan desparramados por periódicos, radios y televisiones propagando infundios para poder seguir comiendo. Los pobres.

De que caigamos en las trampas de esta gente o no, dependerá lo que estudien los jóvenes del año 2525 en los libros de Historia. Este país tiene que dar un vuelco ahora o nunca. En este 2015, repleto de citas electorales, no van a faltar oportunidades para conseguirlo.

J.T.

Publicado en http://www.publicoscopia.com/opinion-politica/item/3124-que-tiene-que-pasar-para-que-las-cosas-cambien.html

sábado, 13 de diciembre de 2014

Las amenazas navideñas de Mariano


"Primeras navidades de la recuperación", dice que van a ser el muy jeta. Tres años mintiendo sin parar le han proporcionado tal soltura y desparpajo para las burradas que ni se inmuta ya, por muy gordas que las suelte. Esto es como el rascar, una vez que empiezas...

Que "la crisis ya es historia del pasado", remata este hosco y desabrido zombie que, por muy en su mundo feliz que viva y por poco caso que haga a los datos, tiene sobre la mesa las cifras de la verdad, las que le recuerdan que esto es un desastre y que estas navidades habrá en nuestro país mucho Carpanta soñando que come un pavo que no podrá comprar.

Tú y los tuyos sí podréis, Mariano. Podréis comprar pavo, langosta, bogavante, percebes, langostinos... Tus chicos del gobierno y tus compadres de la CEOE no tendréis reparo en poneros púas como siempre, porque vosotros no tenéis ni puta idea de lo que es pasar necesidad. Descorcharéis botellas de cava a tutiplén para celebrar el "éxito" de esas medidas que han sido nuestra ruina, que han aumentado la pobreza, la inseguridad, la ansiedad y el miedo al futuro de cientos de miles de jóvenes, ancianos, padres de familia, trabajadores precarios e indefensos...

"Primeras navidades de la recuperación", afirmas que serán. Anda, Mariano, márcate un detalle, deja de decir tonterías y date el piro ya. Qué bonito regalo navideño sería! Haz como los del anuncio del turrón "El Almendro" y vuélvete a la Pontevedra de tus amores. No nos estropees más el chiringuito, que nos va a costar un huevo recomponer el desaguisado que estás dejando.

En los tres años que lleváis gobernando para Lehman Brothers, la troika y para Angela, esa testaruda alemana que te tiene comido el coco, os habéis cagado y meado en nuestros derechos, en nuestro sentido común y en nuestra inteligencia. Estáis protagonizando la legislatura más triste y abominable que ha habido en España desde 1978. Y mira que, para ser el peor, te habían colocado el listón bien alto algunos de tus predecesores.

Con vuestra incompetencia habéis puesto en bandeja la convulsión que ha caracterizado este 2014 y que se ha llevado por delante a Rubalcaba, al rey, a Cayo Lara, ha destapado la verdadera cara de Pujol y ha propiciado en Catalunya un pifostio de dos pares de narices. Y ahora, cuando surge una formación nueva que os saca los colores y le ves las orejas al lobo, no dudas en extorsionar a empresarios y banqueros para que no se les ocurra darles cancha. "Hay algunas fuerzas -has dicho-que están contando con apoyos tan sorprendentes como inexplicables", Lo que faltaba, ¿te vas a meter a mafioso también ahora? ¿O ya viniste mafioso de casa?

Sabéis que pilotáis un barco a la deriva, un desastre descomunal y os rasgáis las vestiduras en la intimidad ante tanto contratiempo producto de vuestros desatinos. Pero eso sí, mantenéis el tipo en público entre mentiras y amenazas. "La crisis ya es historia del pasado", dices, cuando sabes perfectamente que ni es verdad ni es plausible. Ni a propósito se puede destrozar tanto un país ni tener más cabreados a sus ciudadanos. Sois profesionales de la supervivencia, vividores, indecentes, pero lo peor de todo es que sois unos puñeteros torpes. Tenéis que iros ya.

Disfruta de estas "primeras navidades de la recuperación", anda, Mariano. Muchos querrán que te atragantes con las uvas o con los mantecados, pero yo solo quiero que te vayas. Tú y los tuyos. Con viento fresco. Ya. Que ni coméis ni dejáis comer. Feliz "Navidad de la recuperación", cómete el turrón y vuelve a casa vuelve, a tu Pontevedra querida, para nunca más volver. Largaos ya todos y todas con vuestras corrupciones, vuestras mentiras y vuestras miserias, pero no os vayáis muy lejos que más pronto que tarde tendréis que empezar a desfilar por los juzgados.

Estáis dejando el país siniestro total  y nos va a costar tela reconstruirlo, Mariano. Así que hazte a un lado ya y deja sitio, anda, que hay pendiente mucha tarea. Urgente.

J.T.


jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Alguien conoce algún artículo de la Constitución que se cumpla?


Además de cerrar en falso una ruinosa etapa que dio en ser llamada “Transición“, cuyos polvos han acabado trayendo estos lodos, la Constitución que cumple ahora 35 años ha sido un verdadero fiasco. 

A estas alturas, no entiendo a qué viene tanto ruido para cambiar una norma que nadie cumple. Solo se explica acudiendo al viejo dicho que defiende que sin la existencia de la norma no existe el placer de la transgresión. Se conoce que pisotear, ignorar e incumplir los 169 artículos vigentes les sabe ya a poco después de haberlos ultrajado, los mismos que la consensuaron, legislatura tras legislatura desde 1978. Necesitan cambiar leyes para, :una vez cambiadas, experimentar el sacrosanto placer de no hacerle ni punto caso a lo legislado. 

Como han hecho con el texto vigente, del que me voy a permitir a continuación poner sólo 15 ejemplos: 

1. “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes” (artículo 15) 

2.” Ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal” (art.16) 

3. “La detención preventiva no podrá durar más del tiempo estrictamente necesario” (art. 17) 

4. “Se garantiza el secreto de las comunicaciones” (art. 18) 

5. “Se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción” (art. 20) 

6. “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión” (art.24) 

7. “Todos tienen derecho a la educación. Ser reconoce la libertad de enseñanza” (art. 27) 

8. “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad” (art.31) 

9. “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo” (art. 35) 

10.”Los poderes públicos realizarán una política orientada al pleno empleo” (art.40) 

11.” Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad” (art. 41) 

12. “El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero y orientará su política hacia su retorno” (art. 42) 

13. “Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho” (art. 44) 

14. “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho” (art. 47) 

15.” Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad.” (art. 50) 

Voy a parar ya, que me parece que por hoy es suficiente. 15 citas para abrir boca y aquí el link para quien se quiera ilustrar a fondo y constatar la caradura de estos vocacionales del robo y la mentira que ahora proponer modificar la norma para que todo siga igual. 

Quienes no se hayan molestado nunca en abrir un ejemplar de la Constitución pueden pensar que exagero. Pues no, queridos, podéis comprobarlo vosotros mismos. A los que os gustan los relatos de ciencia ficción os va a encantar. Y no os digo nada a los que queráis olvidar por un rato vuestras penas: mejor que muchas revistas de humor. 

.T.

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Somos todos unos corruptos?


La tolerancia con la picardía, la complacencia con el tramposo, hacerse el tonto cuando descubrimos, o incluso convivimos, con una irregularidad… Ese es el problema que tenemos en nuestro país con la corrupción: nuestro problema es la actitud. 

En su post de este lunes en “Público” Tica Font explica que, para que en un colectivo se instale la cultura de la corrupción, es preciso que exista consenso social, que mayoritariamente la población considere que “aprovecharse de la posición en beneficio propio es normal“. Quizás derivado de un comportamiento de siglos, elocuentemente descrito en “El Lazarillo“, “El Buscón” y otras obras maestras de la novela picaresca española, nuestro problema es la actitud. 

- ¿Cómo iba yo a decirle que no al duque de Palma? Si quien me lo proponía era el duque de Palma! explicaba hace unos meses con aire candoroso Jaume Matas en un programa de televisión para justificar que el duque se lo llevara crudo a costa de las arcas públicas de Baleares, la comunidad que Matas presidía y por cuya controvertida gestión sigue visitando juzgados y recibiendo condenas. 

- ¿Cómo que lo que hacemos es ilegal? solía preguntarle Jesús Gil a sus acólitos. Capullos, que sois unos capullos: de la cárcel se sale más fácil que de la miseria. Sois unos pringaos y como no espabiléis lo vais a ser toda vuestra vida. Y claro, con ese tipo de arenga, ¿quién no se pone inmediatamente a la faena, llámese Julián, Isabel o Marisol? 

- ¿Cómo, qué me pagas un sobresueldo en negro? Muchas gracias, tío… Luis 

- ¿Cómo, que me piensa pagar parte del sueldo en negro y si no busca a otro que lo acepte? ¿Doce horas de trabajo pero contrato de media jornada? Bueno, vaaale. 

- ¿Cómo, que me cobra el doble si me hace factura? Bueno, pues sin factura. 

- ¿Cómo, que has echado del despacho a ese constructor que nos podía haber sacado de pobres? – le podría decir su pareja al concejal o concejala que llega a casa contando orgulloso que ha sido capaz de rechazar un soborno-. Pero ¿tú eres gilipollas o qué? Niños, espero que vosotros no seáis tan tontos cuando os hagáis mayores. 

Urdangarín seguro que tenía miedo el pobre a que le regañaran en casa si no le sacaba partido al braguetazo como es debido. Y además, puede que le dijera algún amiguete, o se dijera él a sí mismo, no seas tonto, ¿no sabes lo que Peñafiel ha contado de tu suegro, del céntimo que cobraba por cada barril que entraba de Arabia Saudí tras su gestión durante la crisis del petróleo de 1973? Se lo puso Franco y se lo mantuvieron, por lo menos, Adolfo Suárez y Felipe. Pues total, tú lo que tienes que encontrar es la manera de hacer algo parecido. Y el muchacho parece que se lanzó. Sin paracaídas. El pobre. 

Del rey abajo ninguno nos libramos. Es como si estuviera en nuestro adeene, como si no lo pudiéramos evitar. Ni escarmentamos ni queremos escarmentar. Para eso hace falta contar con una conciencia de transgresión que parece que no tenemos demasiado desarrollada. No he cubierto información en ningún juzgado de España, y he visitado muchos, donde el alcalde detenido por presunta corrupción no haya gritado a voces su inocencia antes de que lo empuraran. Y como recuerda Tica en su post, en muchos casos continúan votándolo. 

Lo verdaderamente trágico es que no haya institución que se salve: ni empresarial, con un presidente de la patronal en la cárcel; ni sindical, con un secretario general recién dimitido, ni política, cuya relación completa más que un post necesita las páginas de un vademécum. Hasta al cura del pueblo del famoso “Ecce homo” lo han pillao con el carrito del helao. 

La mucha porquería acumulada durante decenios va saliendo a la luz poco a poco. Pero muy poca aún. Tiene razón Tica Font cuando sostiene que “regenerar la cultura de la corrupción implica regenerar la cultura de todo el mundo“. Es algo que se dice poco y que yo creo que hay que repetir mucho. Todas las veces que lo repitamos serán pocas. Por eso me he permitido escribir este post, al hilo de sus reflexiones. Los corruptos tipo Mario Conde o Javier de la Rosa que roban millones, y más si meten la mano en los dineros públicos como Munar, Fabra o Roldán, tienen que pagar por ello con muchos años de cárcel y devolviendo, por supuesto, todo el dinero trincado. Pero admitamos, si queremos plantearnos de verdad cómo acabar con esto, que “la diferencia entre nuestras actitudes cotidianas y las prácticas de políticos y empresarios, aunque eso no signifique poner ningún tipo de paño caliente, radica en las cuantías“. 

Nos tenemos que regenerar todos para que esto no continúe siendo la misma aburrida y vergonzosa historia otros quinientos años más. Se trata de no dejar pasar ninguna conducta irregular a tu alrededor, por nimia que sea. De lo contrario, tanta vestidura rasgada se quedará siempre en un mero ejercicio de hipocresía y como Lázaro de Tormes, seguiremos comiéndonos las uvas del ciego de tres en tres cuando él lo haga de dos en dos. Eso sí, arriesgándonos a que si nos pillan, del pedazo de tortazo que nos calcen acabemos con el ojo a la virulé y los dientes por el suelo. Pero mientras tanto…

J.T.

martes, 26 de noviembre de 2013

No diga mediocridad, diga Rajoy


Que "el tiempo nos premiará con creces" el sufrimiento que nos producen las putadas que él nos está haciendo, va y dice el tío en su cada día más atrevida escalada de descaros.

Conozco a miles de “mosquitas muertas”, mucho más listos/as de lo que parecen, que descubrieron a tiempo la rentabilidad de la mediocridad para prosperar en la vida, pero la verdad es que nadie lo borda como Mariano. 

Cuando un sumiso consigue llegar arriba, gracias entre otras cosas a no haber sacado nunca los pies del tiesto antes de tiempo, lo habitual es que más pronto que tarde acabe soltándose el pelo para asombro y estupefacción sobre todo de quien lo promocionó pensando que era tonto. La mayoría de los mediocres son listos. Por eso el inteligente, si no es tan vivo como el mediocre, acabará estando en inferioridad de condiciones y tendrá muchas más papeletas para acabar fuera de la circulación. Que se lo digan si no a quienes se quedaron en el camino a costa de Rajoy. Que se lo digan a tantos como, presuntamente más brillantes que él, no consiguieron tener tan engañado al jefe como para que éste los designara a ellos en lugar de a este insustancial e insípido trilero. 

Si uno es mediocre pero sabe humillarse, al final lo consigue todo, decía Pierre de Beaumarchais doscientos años antes de que nacieran Aznar o Rajoy. La literatura le ha dedicado centenares de textos a este fenómeno, inspirados en la vida misma desde que el mundo es mundo, pero que si quieres arroz: no ha servido de nada. Quienes, llegado el día de ceder el testigo de su poder sea en una empresa, una secta, un partido político o una asociación de numismática tengan que decidir quién los sustituye será difícil, si depende de ellos, que no acaben optando por quien crean que les permitirá continuar mangoneando en la sombra o les transmita la tranquilidad suficiente para creer que lo dejan todo “atado y bien atado”. Luego, claro está, todos acaban saliéndole “ranas” a sus antecesores y negándolos tres veces antes que cante el gallo. 

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento, dejó dicho Somerset Maugham. Porque la mediocridad, es cierto, supone una excelente inversión para quien sabe administrar la paciencia con la misma pericia que la falta de escrúpulos. Solo quien tiene práctica en ejercer de don nadie durante años es capaz de actuar, una vez en el poder, como lo hace Rajoy. Sólo desde la mediocridad se explica esa caradura y ese incondicional sumisión a los bancos, a los empresarios, a los designios europeos… 

El mediocre suele preferir que otro dé la cara por él. Por eso Rajoy acaba hablando de la lluvia cuando tiene que salir al paso de cualquier “patata caliente” informativa: porque tarda en darse cuenta que, por mucho que mire a su alrededor, es a él a quien le toca torear ese toro antes o después. Y claro, acaba mintiendo descaradamente, legislando sin pudor, faltando a todas sus promesas y cabreándonos a todos menos a los bancos, a quienes el próximo viernes les va a regalar por la cara otros treinta mil millones de euros. Y además no se le mueve un músculo de la cara cuando admite, como ha hecho este martes, que lleva dos años puteándonos, sí, pero que el tiempo nos lo devolverá con creces. 

Nadie acaba siendo más dañino que aquel cuyo peligro no ves hasta que las cosas ya no tienen remedio. Debió humillarse tanto para estar donde está que él sí que se lo está cobrando con creces.

J.T.

viernes, 22 de noviembre de 2013

10 leyes que el PP nunca promulgará


Desaforados. Están desaforados. La semanita que llevamos, la del 38 aniversario del 20N, ha sido de aúpa. Nostálgicos quizás -dadas las fechas- de aquellos tiempos tan rentables y gozosos para sus papás, sus abuelitos y para ellos mismos, que continúan ahora perpetuando la casta, estos herederos de los golpistas que en su día nos metieron en esa trágica ruina llamada guerra civil van terminando de arrinconar su molesto disfraz de demócratas y mostrando ya sin rubor alguno sus verdaderas caras.

Tras dejar, en dos años de gobierno, el universo de los derechos laborales hecho unos zorros, tras no dejar vivo ni un solo derecho social, tras volver a hacernos sentir como antaño, con miedo a no poder pagar el médico si tenemos una enfermedad, con miedo a no poder pagar una medicina imprescindible, con miedo a que nos quiten la casa, con miedo a que nuestros hijos no puedan estudiar, con miedo a quedarnos sin pensión... se disponen ahora a rematar la faena cuestionando libertades innegociables.

¿Que nos hacen escraches? Ley para acabar con ellos
¿Que convocan movilizaciones por internet? Ley para que se les caiga el pelo a los promotores
¿Que graban y fotografían a honrados policías en el noble ejercicio de sus funciones de apalear manifestantes? Ley de Seguridad Ciudadana para meterles un puro a quien ose hacerlo
¿Que los barrenderos me montan huelgas que ponen las calles de Madrid hechas un asquito? Ley de Servicios Mínimos para que eso no vuelva a suceder.

A propósito de "mínimos" y de "seguridades", y con la ingenuidad que me caracteriza, me voy a permitir aquí sugerir "diez leyes, diez" que los ciudadanos estamos necesitando ya. 

1. Ley de Decencia Mínima cuando se gobierna
2. Ley de Cumplimiento Mínimo del programa electoral y contra la mentira
3. Ley de Vergüenza y Honestidad Mínimas en el ejercicio del poder
4. Ley de Caradura gubernamental Máxima
5. Ley de Servicios Mínimos al Ciudadano
6. Ley de Distancia Mínima entre el gobierno y los bancos
7. Ley de Mamoneo Máximo entre empresarios y gobernantes
8. Ley de Seguridad Ciudadana contra políticos trincones
9. Ley de Seguridad Ciudadana contra especuladores, ladrones y "sobrecogedores" varios
10. Ley de Preocupación Mínima por solucionar los problemas reales de los ciudadanos

Dado que tienen mayoría absoluta no les costaría nada hacerlo, digo yo. Claro que luego es capaz de llegar otro gobierno y tumbarlas como hizo el "desconsiderado" Zapatero con esa ley de Aznar en la que podían caerle cinco años de cárcel a quien se atreviera a promover un referéndum.

J.T.


lunes, 23 de abril de 2012

Lo peor es lo mal que mienten


Cada viernes, antes de que comiencen las comparecencias ante la prensa tras la celebración de los Consejos de Ministros me viene a la memoria el retintín chirriante de la sabionda Soraya cuando el 30 de diciembre pasado anunció los primeros desmanes de los muchos que el gobierno Rajoy tenía planeado perpetrar.

- Y esto es solo el inicio del inicio, dijo con cara de niña traviesa y listilla a la que el profe ha dejado en su ausencia a cargo de la clase.

En este país menguante y bamboleante en el que sobrevivo un probo, gris y escurridizo registrador de la propiedad lleva ya cuatro meses registrándonos o, más bien, robándonos literalmente las carteras. Y lo hace con tanta cara dura que encima nos lo pretende vender como un favor

- Si lo hago por vuestro bien, tontos. Si no lleváis ningún dinero encima no podréis ceder a la tentación de gastar por encima de vuestras posibilidades

Rapiña aquí, rapiña allá... Como el ladrón borracho que sabe que quiere robar pero que no acaba de decidir a quíén hacerlo. Y mientras va dando tumbos y haciendo "eses" de lado a lado de la calle proclama reivindicativo y vociferante:

- Yo no improviso. Lo tengo todo pensado hasta el verano

Cada vez que me anuncian nuevos recortes, proclamas xenófobas u homófobas, juego a imaginarme que soy el ministro que tiene que justificar esas medidas y en seguida se me ocurren argumentos menos burdos y menos descarados de los que ellos utilizan.

Hay una razón: Cuando yo juego a ser cínico procuro contar siempre con la inteligencia de quien me escucha. Ellos ni eso. Ellos nos tratan directamente como tontos. 

Y así Wert, Mato, Montoro, Báñez, Gallardón, Cospedal o Soraya acaban resultando patéticos porque en el fondo hasta ellos mismos constatan que nadie se está tragando sus mentiras.

Hay uno que no miente. Uno que me da miedo. Se llama de Guindos y es el verdadero presidente del gobierno, el Joseluismoreno ventílocuo que maneja a su antojo su Macario-Rockefeller-Rajoy y al que parece tenerlo amenazado con meterlo en la maleta si no hace y dice lo que el representante en España de sus majestades los mercados han decidido que aquí se haga y se diga.

J.T.