domingo, 15 de marzo de 2026

40 años de traición: el chantaje de Felipe y la OTAN que nos sigue colonizando




El domingo 9 de marzo de 1986, tres días antes del referéndum que el gobierno socialista convocó para quedarnos en la OTAN, Felipe González apareció en televisión serio y solemne. Manuel Fraga había anunciado que su partido, Alianza Popular, se abstendría, y eso obligaba al PSOE a poner toda la carne en el asador. No le podían fallar a Ronald Reagan, el amo del chiringuito. Tampoco podía quedar mal con los países europeos que en junio de 1985, menos de un año antes, habían acogido a España en la que por entonces se llamaba Comunidad Económica Europea. Jacques Delors, François Mitterrand, Helmut Köhl, Bettino Craxi y Margaret Thatcher no estaban para bromas. Se cobrarían el favor sí o sí, así que Felipe, ya te espabilarás, tú sabrás cómo lo haces pero España se queda en la OTAN por lo civil o por lo militar.


Aunque González estaba entregado de pies y manos a la causa Atlántica (no creo que ningún lector lo dude a estas alturas) y había postergado casi cuatro años un referéndum que jamás quiso convocar, no tuvo más remedio que jugársela. Así que decidió tirar de carisma y de cara dura a la vez, y a través de la única televisión que por entonces existía en España lanzó el órdago, cara o cruz:


- Si gana el No, dijo, que piensen los ciudadanos quién va a gestionar esa política del no. O sea, que “ si no hay Casera, me voy”


Descarado chantaje de libro, más grave aún si se tiene en cuenta que buena parte de los votos de su abrumadora victoria del 28 de octubre los ganaron porque prometieron que convocarían un referéndum para sacarnos de la OTAN en la que nos había metido Leopoldo Calvo-Sotelo, con secretismo y alevosía, el 30 de mayo de 1982. Cuando Felipe González y Alfonso Guerra, parejita ideal por aquel entonces, llevaban ya cuatro meses gobernando, el vicepresidente ratificó esta idea en una entrevista televisiva que Victoria Prego le realizó el 11 de abril de 1983: “


- Hay que preguntar a los españoles si quieren salir de la OTAN o no, proclamó impávido un Guerra todo vestido de blanco.


Pues señoras y señores, donde dije digo, digo Diego: la consulta se dilató en el tiempo todo lo que técnicamente fue posible y cuando no quedaba apenas legislatura fijaron fecha y mandaron imprimir las papeletas para la votación. El texto no podía ser más retorcido y farragoso. Antes de la pregunta se incluía un preámbulo con las tres condiciones que el Gobierno consideraba debían regir la permanencia en la Alianza Atlántica. Decía así:


“El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica, y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos:

1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada.

2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español.

3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España."


Y después de este rollo patatero (que nadie se creyó nunca, por cierto) venía la estudiada pregunta:


«¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?" 


El Sí significaba quedarse; el No, irse, pero como lo complicaron todo tanto y no las tenían todas consigo, pusieron en marcha su poderosa maquinaria propagandística para evitar el "susto". Aparte de llenar el país entero con letreros de vota SÍ en interés de España, por las cabinas de la tele, un entrañable periodista que había llegado a Torrespaña desde El País se paseaba, convertido ahora en comisario político, supervisando los montajes de las noticias que los informativos iban a emitir sobre el referéndum y suprimiendo toda imagen donde apareciera un soldado, un tanque o cualquier tipo de armamento militar.


En Euskadi, Navarra, Canarias y Catalunya no se dejaron engañar y ganó el NO. Cuando en Ferraz a medianoche empezaron a descorchar botellas de cava para celebrar el 56,85 por ciento de Síes que habían obtenido en el cómputo general del Estado con una participación del 59 por ciento (se abstuvo el 41 por ciento de la población con derecho a voto), yo me encontraba en la sala central tomando notas y preparando entrevistas para el reportaje que Informe Semanal emitiría ese sábado. Mientras conversaba con un grupo de miembros de UGT se acercó Alfonso Guerra y comenzó a repartir abrazos: 


- Quiero daros las gracias, compañeros, sin el trabajo que habéis hecho en el sindicato, este referéndum no lo habríamos podido ganar.


Cuarenta años han transcurrido y esto fue lo que pasó. De aquellos polvos, estos lodos. 


J.T.

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