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jueves, 2 de marzo de 2017

Cernuda, García Montero, Sabina y las medallas

En la ceremonia de entrega de las medallas de Andalucía, el poeta Luis García Montero, granadino que vive en Madrid, flamante hijo predilecto andaluz, concluía su discurso de agradecimiento el pasado martes recordando esta frase de su tocayo Cernuda:

“Confesaré que solo encuentro apetecible un edén… que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía”

Perfecto, suena de maravilla si no fuera porque… el poeta sevillano se marchó de Andalucía para siempre con 26 años de edad. Murió a los 61, en México.

Mucho te quiero, perrito, pero pan poquito. El planeta entero está lleno de Cernudas que aman con locura Andalucía, pero que se marchan, nunca más vuelven y se mueren bien en México como el autor de “Los placeres prohibidos”, bien en Buenos Aires, Carolina del Norte o Astaná, capital de Kazajistán. ¿Por qué hay tanto andaluz que se marcha de su tierra si, como también cantaba Cernuda, Andalucía “es un edén donde el tiempo se desliza insensiblemente entre las hojas de las palmas y el lánguido aroma de las flores meridionales”?

Tener tan buen clima y tantos kilómetros de costa parece que no es suficiente. Ni tampoco tanto arte, ni tanto salero, a juzgar por el generoso porcentaje de artistas agraciados con las medallas 2017. Si dejamos las instituciones al margen, entre el resto de premiados este año había una actriz, una cantante, un cantaor, un guitarrista flamenco, una gimnasta, una compositora, dos escritores y un periodista (al que incluyo en este apartado porque al personaje, la verdad, se le puede considerar un verdadero “artista”) Nueve de doce. A los tres restantes, un científico jiennense especializado en inteligencia artificial, un ingeniero experto en robótica y un empresario turístico malagueño les tocó la pedrea, así que no sé de qué nos quejamos.

Sin cuestionar los méritos de los galardonados, y sin entrar a analizar el carácter perverso de este tipo de parafernalias, que acaban siendo una cuestión de escalafón porque los años pasan y a veces cuesta encontrar candidatos, ¿de verdad no hay más andaluces que estén haciendo cosas importantes en el mundo de la ciencia, de la investigación, de la industria, de la agricultura que merezcan las medallas? ¿solo el veinticinco por ciento del total? Si los hay y no son premiados, malo. Y si no los hay, pues… qué quieren que les diga!

Para intentar entenderlo, mejor le pido unos ripios prestados al también exiliado Joaquín Sabina, hijo predilecto andaluz un año antes que su compadre García Montero (el escalafón corre, ya saben), de entre los que el cantante de Úbeda pronunció durante su discurso de agradecimiento, todo él en verso:

“pa ser buen andaluz no es necesario 
tocarle tantas palmas al ombligo, 
mejor pasar a limpio los pecados, 
los eres, la ignorancia, el desempleo, 
Andalucía sabe demasiado 
lo ingrato que es bailar con el más feo”

jueves, 20 de agosto de 2015

En la tumba de Antonio Machado


Nunca hasta ahora había estado en Colliure y nunca me alegraré lo suficiente de haber encontrado por fin la ocasión. En el centro de este precioso pueblo del sur de Francia, apenas a doscientos metros del mar, está el cementerio antiguo. Y allí, nada más entrar, como bien sabéis quienes la habéis visitado, se encuentra la tumba de Antonio Machado.

Necesité permanecer en el lugar más de media hora para poner en orden las muchas cosas que me venían a la memoria nada más pisarlo. Hace más de cincuenta años que la obra de Machado forma parte de mi vida. Muchas de las reflexiones de Juan de Mairena, el más conocido de los heterónimos apócrifos de Machado, las tuve tiempo escritas en un papel y colgadas con chinchetas en la pared de la habitación de mi colegio mayor.

Como nos ocurre a tantos, puedo recitar de memoria muchas de sus composiciones poéticas y algunas, gracias a Joan Manuel Serrat, también cantarlas. Machado ocupa un lugar privilegiado entre quienes me enseñaron a pensar, a sentir, a encontrarle sentido a la lucha, a creer y a no creer, a soñar y a tener los ojos bien abiertos...

Aquel mediodía de este mes de agosto en que estuve en el cementerio de Colliure recordé olores y sabores de etapas de mi vida ya muy amortizadas y llegué a sentir ese alivio de quien por fin consigue saldar una deuda. No muy lejos está la pensión donde murió, tres días después que su madre y cuando apenas hacía un mes que ambos habían conseguido pasar la frontera de Port Bou huyendo de las tropas franquistas. Ligeros de equipaje y con una enorme pena en el alma. Como el más de medio millón de personas que huyeron de España a Francia, camino del exilio, en los dos primeros meses de 1939. Intentando imaginar esta atmósfera me vinieron efluvios de "Soldados de Salamina", la conocida novela de Javier Cercas.

Efluvios enriquecidos, un par de días después de pasar por Coliure, por una visita que hice también a Agullana, el pueblo ampurdanés cercano a La Jonquera donde recalaron, al final de la guerra, antes de rebasar el paso fronterizo, tanto Negrín como Azaña, Martínez Barrio, Companys o Aguirre. Allí estuvo el famoso oro de Moscú, la sede de la embajada rusa y la de algunos ministerios del gobierno republicano. Días de dramático trasiego cuyo recuerdo estremece a medida que te acercas al paso fronterizo, apenas a cinco kilómetros de Agullana.

Un paso fronterizo en tiempos de guerra es como un "match point", que diría Woddy Allen. A un lado la muerte en el paredón o en la cuneta. Al otro, un futuro incierto que reiniciar con lo puesto. Aún así, a Machado no le dio tiempo. El tabaco y la pena lo acabaron matando en pocas semanas. Y ahí está, en Colliure, siempre con flores frescas y mensajes cariñosos en su tumba, con un incesante goteo de visitantes del que doy fe y del que me alegro mucho porque no podemos olvidarnos nunca de él ni de su doctrina.Volviendo a "Soldados de Salamina", uno siempre está vivo mientras exista alguien que lo recuerde.

Entre los centenares de frases de "don" Antonio Machado que podría haber elegido para finalizar este post, he decidido apostar por ésta: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".

Y el que pueda entender, que entienda.

J.T.

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La foto es de Alicia G. Montano

lunes, 20 de octubre de 2014

El homenaje de Podemos a Lluís Llach y "L'estaca"


Desde que, allá por 1968, Lluis Llach la compusiera con solo veinte años de edad, "L'Estaca" se convirtió inmediatamente en el símbolo de la lucha contra la opresión, la intolerancia, los abusos del poder y la ausencia de libertad.

"Siset, que no veus l'estaca on estem tots lligats? 
 Si no podem desfer-nos-en mai no podrem caminar!"

Siset, ¿no ves la estaca a la que estamos todos atados?
Si no conseguimos deshacernos de ella nunca podremos andar!

Siete años antes de la muerte del gran sátrapa, estos versos eran cantados y coreados ya en todo el país. En pocos meses la canción había conseguido sortear la censura pero no del todo: poco después se prohibiría al autor cantarla en sus actuaciones. Pero ya era tarde: todo el mundo se sabía el estribillo de memoria y lo coreaba a voz en grito en manifestaciones y protestas antifranquistas:

Si estirem tots, ella caurà i molt de temps no pot durar, 
segur que tomba, tomba, tomba ben corcada deu ser ja. 

Si tiramos fuerte, la haremos caer. Ya no puede durar mucho tiempo.
Seguro que cae, cae, cae, pues debe estar ya bien podrida

Todo el mundo conocía el estribillo, sí, pero su autor... no podía cantarla. El absurdo llegó a tal extremo que, en un recital el año 69 en el Palau de la Música, en Barcelona, con Llach en silencio en el escenario por orden gubernativa, la canción se interpretó... porque fue el público quien la cantó:

Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà, 
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí,
seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar

Lluís Llach siempre mantuvo su nivel de compromiso. Su música y su poesía forman parte de la memoria política, cultural y sentimental de este país: de Catalunya y de España entera. Pagó un alto precio por ello: prohibiciones, exilios, multas y detenciones. En 1975, pocos meses antes de morir Franco, Llach fue detenido y multado con 100.000 pesetas por Rodolfo Martín Villa, entonces gobernador civil de Barcelona, más tarde ministro durante toda la Transición y hasta no hace mucho presidente de empresas como Endesa o Sogecable.

En marzo de 1976, con Juan Carlos cinco meses ya en la jefatura del Estado, Llach fue literalmente expulsado de Tenerife, donde tenía dos recitales programados, por orden de Manuel Fraga. Quien años más tarde se convertiría preclaro líder de los populares, era por aquel entonces ministro de Gobernación en el gobierno de Arias Navarro.

El autor de "L'Estaca", y de tantas otras creaciones memorables, fue de los pocos "artistas" que no pastelearon con los socialistas cuando estos llegaron al poder. En 1986 tuvo las santas narices de interponer una demanda contra Felipe González por transgresión de compromiso electoral: el PSOE había ganado prometiendo que haría un referéndum para sacarnos de la OTAN... y acabó haciendo el referéndum, sí, pero para dejarnos metidos dentro para siempre.

Entre las composiciones más conmovedoras de Llach está "Campanades a mort", su particular denuncia de los sucesos de Vitoria en mayo de 1976: cinco muertos y más de ciento cincuenta heridos a manos de las fuerzas de Seguridad del Estado que dispararon contra los huelguistas encerrados en una iglesia tras hacerles salir de ella con gases lacrimógenos. Una matanza por la que el Estado nunca pidió perdón ni reconoció los hechos, como solía recordar el cantante antes de interpretar "Campanades..." y recitar a voz en grito:

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries

Asesinos de razones, de vidas
que nunca tengáis reposo en ninguno de vuestros días
y que hasta la muerte os persigan nuestras memorias

Por todas estas cosas, y por muchas más, cuando Juan Carlos Monedero anunció la tarde de este domingo en Vistalegre que el cierre musical de la Asamblea Ciudadana de Podemos iba a ser "L'Estaca", la fibra de muchos de los más veteranos presentes en el acto quedó literalmente tocada. Pude ver cómo algunos de ellos se secaban disimuladamente lágrimas inevitables apenas sonaron los primeros compases, mientras que otros se dedicaban a contarle a la gente más joven lo que Llach y "L'Estaca" llegaron a significar y significan aún en la pelea que tenemos pendiente. Cuarenta y tantos años después seguimos en las mismas: en lucha contra la opresión, la intolerancia y los abusos del poder que Llach denunciaba en "L'estaca"

Por eso me he decidido a escribir este post, porque como dice también la canción...

I mentre passen els nous vailets estiro el coll per cantar 
el darrer cant d'en Siset, el darrer que em va ensenyar:

Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà, 
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

Y cuando pasan los nuevos muchachos, alzo la voz para cantar 
el último canto de Siset, el último que él me enseñó:

Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí,
seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar.

J.T.

viernes, 11 de julio de 2014

4 apuntes al natural de la España real, no la del PP

Me llama mi amigo Carlos, de La Línea de la Concepción. Su mujer trabaja en una tienda de ropa de Gibraltar y su hija mayor en una gasolinera también del Peñón. Él perdió su trabajo hace cinco años, tiene ahora 49, y no encuentra curro ni a este lado de la verja ni al otro. Parado, desesperado y criminalizado por los voceros del pp.
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- Desde que gobiernan estos peperos, querido Juan, me dice, temblamos cada vez que llega el verano. Con tal de tocarle los cojones a los gibraltareños, al final nos acaban acojonando a nosotros. Leemos a sus portavoces, el ABC o La Razón, y se nos abren las carnes con sus clarines de guerra. ¿Por qué no se dan una vuelta por aquí, en lugar de escribir desde Madrid, y hablan con nosotros y ven cómo sobrevivimos? ¿Tan difícil es darse cuenta que si no fuera por Gibraltar, miles de españoles de la Bahía de Algeciras estaríamos muertos de hambre, porque no hay manera de encontrar trabajo en ninguna parte? Al menos así a mi hija la tengo cerca, porque si no tendría que haberse ido ya al extranjero. Ella o todos con ella, como le pasó a tanta gente cuando Franco cerró la verja, ¿te acuerdas? De tener casi cien mil habitantes, La Línea pasó a quedarse con sesenta mil. Otra vuelta de tuerca y aquí solo quedarán los que se dedican a la droga o al contrabando de tabaco. Toda la vida llevamos así, amigo, y lo peor es que sabemos que seguirán ladrándose y pegándose patadas en nuestros culos por los siglos de los siglos.
Hablo con Rafa, amigo de Ceuta desde los tiempos de Perejil:
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- Esto está mucho peor que cuando tú andabas por aquí, Juan. ¿Has visto la última EPA? Treinta y dos por ciento de paro en Ceuta, que se duplica en el caso de los menores de 25 años, ¡sesenta y tres coma cuatro por ciento de jóvenes sin trabajo! El CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) siempre lleno, el paso fronterizo cada vez más conflictivo y para remate lo de los sirios, ¿no te has enterado? Como unos cien ciudadanos de aquel país, familias enteras, que llegaron hace meses huyendo de la guerra de Siria y que reclaman ser tratados como refugiados. En el CETI no quieren estar y no les dejan pasar a la península. Se han instalado en la plaza de los Reyes, delante de la Delegación del Gobierno y ahí están, formando parte del paisaje desde hace más de dos meses y sobreviviendo gracias a la ayuda de la gente de Ceuta. No tienen trabajo, pero les prestan las tiendas de campaña y hasta comparten con sirios la comida de la que disponen. Pero las autoridades ni puto caso. Ni para echarlos, ni para solucionarles el problema.
Mi colega Ángel, de Sevilla, tiene muchos motivos para estar indignado, pero el que le ocupa últimamente es el de la corrala Utopía y la suerte de aquellas familias que fueron desalojadas por la policía un domingo por la mañana de hace tres meses.
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- ¿Te acuerdas, Juan, de la que se montó aquel día tras el desalojo y de la solución que se le dio al asunto? Los rifirrafes entre unos partidos y otros, la criminalización de algunos de los okupas, las críticas al realojo provisional a las familias que estaban en riesgo de exclusión? Un pollo del carajo que casi estuvo a punto de hacer saltar por los aires hasta la coalición de gobierno… Pues bien, ahora, tres meses después, resulta que todo estaba bien hecho, el TSJA(Tribunal Superior de Justicia de Andalucía) avala el realojo y descarta rotundamente que tuviera significación penal, pero nadie se hace eco de esta resolución. Como si no hubiera pasado nada. No existían ni motivos para el follón que se montó, ni razones para criticar la solución, ni argumentos para estigmatizar a algunos de los vecinos como se hizo. Pues bien, ahora silencio. La cagaron y nadie pide perdón, ni dice “lo siento, me he equivocao”, algo…” A quién se le ocurre, con la que está cayendo, reivindicar –y hasta intentar practicar- una política social decente, le contesto.
Mi querido Jesús, en Almería, me cuenta que está contento con el Economato Solidario que han montado entre cuatro pueblos de su comarca, el bajo Andarax.
- Parece un buen invento, me dice. Las familias que no tienen un trabajo y que cobran un subsidio, tienen la opción de llenar el carro de la compra con alimentos básicos por unos doce o quince euros, la cuarta parte del precio de lo que adquieren. No es el gratis total de otros proyectos de Cáritas, pero se pueden proveer cuando lo necesitan y no solo cuando hay reparto. Además, les permite sentirse mejor, con su dignidad quizás algo menos tocada. Acuden, por ejemplo, familias que pidieron préstamos para que su negocio no se fuera a pique, esperando remontar con el paso de los meses, y que al final lo perdieron todo. O familiares de dependientes que vivían del dinero que les adjudicaban para cuidar al enfermo y que, cuando éste finalmente muere, se quedan sin recurso alguno para comer salvo el subsidio cuando existe…
Estas cuatro conversaciones las mantuve entre el miércoles y el jueves de esta misma semana. Es mi particular y modesta radiografía del país, realizada a través de las cosas que me cuenta gente cercana. Me he limitado a transcribirlas tal cual. Resumidas, claro. He omitido, entre otras cosas, los insultos a Montoro, quien por los mismos días en que yo conversaba con mis colegas, el todavía ministro de Hacienda se permitía hablar de “círculos virtuosos”, “asombro al mundo” y hasta proclamaba ufano el advenimiento de los días en que manará leche y miel porque, según él, la crisis ya ha terminado.
J.T.