Mostrando entradas con la etiqueta asesores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asesores. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de noviembre de 2013

Responsables de prensa, ¿periodistas o guardaespaldas?

Fernando Llorente y Marc Bartra durante la "accidentada" rueda de prensa en Guinea el 14.11.13

- Señor Rajoy, en mi aula somos 38 alumnos y estamos un poco apretados, ¿usted cree que con esto de la reforma en la educación corremos el riesgo de ser todavía más?
- Cuando yo estudiaba en Pontevedra éramos 40, le contesta el presidente, pero cuando tengamos dinero seréis menos.

La escena tiene lugar en palacio de la Moncloa durante una conversación de escolares con el principal inquilino del edificio. El chaval, dado el buen rollo que parece haber en el ambiente, pretende hacer otra pregunta, esta vez sobre la privatización de la sanidad.

- Pero la periodista no me dejó, le contaba el chico el pasado miércoles a Javier Casal durante la desconexión madrileña de "La Ventana", en la Cadena Ser. Me dijo que esas cosas no me interesaban,
- ¿Y tú estabas interesado?, le pregunta Casal
- Claro, yo estoy muy preocupado por lo que me pueda pasar si me pongo enfermo.

Escena dos: Guinea Ecuatorial. Rueda de prensa de dos veinteañeros, un vasco y un catalán, jugadores de la selección española de fútbol. Se les pregunta qué les parece jugar en un país sin libertades donde gobierna un dictador. Interviene la "periodista" del departamento de Comunicación de la Federación:

- Ellos no están aquí para hablar de esas cosas

Se arma el guirigay en la sala de prensa. Ante la insistencia de quien preguntó, los jóvenes Bartra y Llorente acaban soltando una atropellada respuesta intentando salirse por la tangente, lo que les cuesta que haya incluso quien los ponga a parir.

En las dos escenas, presuntos/as periodistas hacen lo contrario de lo que se supone que tendrían que hacer si realmente son periodistas. En Moncloa cortan a un chaval de instituto que le pregunta al presidente por la sanidad y en Guinea cortan a profesionales que preguntan a jugadores de fútbol sobre el país donde van a jugar. ¿Periodistas? Más bien cancerberos. El problema es que esto no sucede solamente en la Moncloa o en la Federación Española de Fútbol: periodistas que le cortan el rollo a periodistas los hay a miles. Ahora que se ha lesionado Víctor Valdés, seguro que hay algún "periodista-cancerbero" que podría competir con el bueno de Pinto para defender la portería del Barça con similar solvencia. Presuntos/as periodistas de muchos gabinetes de prensa y departamentos de comunicación harían bien en dedicarse al fútbol, al parapente o al aeromodelismo.

Yo no discuto la necesidad de ese cometido, pero para eso están los guardaespaldas, no los periodistas. Cuando un chaval, tras visitar la Moncloa, sale diciendo que una "periodista" no le ha dejado preguntarle a Rajoy por la privatización de la sanidad, vamos mal. Muy mal. Cuando, como en el caso de Bartra y Llorente, quien impide sus contestaciones a un periodista es otro periodista, algo falla.

Los periodistas que trabajan como asesores en los gabinetes de comunicación, si quieren ser llamados periodistas, tienen que comportarse como tales. Tienen que apostar por la transparencia y no por el oscurantismo. A ningún asesorado le ayuda que sus gentes de comunicación actúen de guardaespaldas. Un periodista de gabinete administra la información y, por supuesto, nadie puede esperar de él que actúe en contra de los intereses de quien le paga. Pero si se va a dedicar a entorpecer el trabajo de sus compañeros de oficio, más vale que se quite de en medio. Esa labor no la puede desempeñar alguien que se llame periodista. Que se llamen relaciones públicas, jefes de protocolo, responsables de marketing o comunity manager, pero periodistas no.

Un periodista no puede hacer lo mismo que aquel calvo alto y fornido que, como nos recuerda en su post de este domingo mi compañero Aníbal Malvar, apareció en un documental del Canal Plus francés echando el aliento y empujando a una periodista francesa para impedir que le preguntara a Felipe de Borbón por su cuñado Iñaki Urdangarín.

El periodista tiene que instruir y aleccionar a su asesorado, pero no puede ser su cancerbero. No puede hacer de guardaespaldas. Yo entiendo que el curro está muy difícil y que hay muchos periodistas que se ganan/nos ganamos la vida como podemos: a veces como agentes inmobiliarios, como camareros, o como dependientes de una carnicería. Pero cuando se dedican/nos dedicamos a estos menesteres los clientes no salen diciendo que el piso se lo ha vendido, o que la cerveza se la ha servido un "periodista" como sí contó el escolar de la Moncloa cuando salió dela visita.

Es verdad que al periodismo se dedican muchos piratas impresentables y que hay medios que denigran la dignidad de profesionales en programas y en informativos que producen vergüenza ajena. Pero eso... lo voy a dejar para otro día.

J.T.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El "patio" periodístico necesita un buen meneo


La connivencia entre los políticos y los periodistas en España es una de las distorsiones que más ha perjudicado a la tarea de comunicar en nuestro país. Las bibliotecas contienen decenas de volúmenes escritos por periodistas en los últimos decenios donde se demuestra cómo esa relación, tan jugosa para quienes la protagonizan como perjudicial para la esencia del trabajo informativo, se ha practicado desde los comienzos de la llamada Transición hasta nuestros días. 

No hubo entonces línea divisoria entre hacer pasillos en el Congreso, codearse con sus señorías en el baño o tomando un café… y el desenfadado compadreo que acababa derivando no en cuidar las fuentes, sino en publicar solo aquello que esas mismas fuentes consideraban apropiado. 

Se instaló en la práctica diaria del periodismo en nuestro país el nefasto “off the record”: tú, periodista, tienes el privilegio de contar con una información que yo te doy, pero sólo te la doy a cambio de que no la publiques. No a cambio de no citar la fuente, no, lo que sí sería legítimo, sino a cambio de que no la publiques, a cambio de que estafes al destinatario último de la razón de tu trabajo.  
Esto convirtió, y continúa convirtiendo, a muchos profesionales de la información en España en silenciosos cómplices de verdaderas bombas de relojería. Durante años algunos se dejaron utilizar, muchos abandonaron la crónica, la entrevista y el reportaje para transmutarse en opinadores “bien informados” y mejor pagados… y otros se convirtieron lisa y llanamente en comerciales de publicidad o empresarios de la comunicación. 

Todas las fronteras acabaron transgrediéndose con los directores de los medios a la cabeza y cuando llegaron los tiempos de la televisión privada, aquello fue ya “puro lejano oeste”. El sistema de concesión de canales fue, y continúa siendo, tan perverso como el resto de las relaciones entre políticos y periodistas. Uno de los episodios que más perjudicó a la libertad de expresión y que más propició el mamoneo entre periodistas y políticos. 

Quien quiera puede consultar en algunos de los libros escritos por Pedrojota, por ejemplo, cómo se jacta de haber sido mentor y tutor de Aznar antes que éste llegara al poder. Luis María Anson poseía ya un amplio currículum de “conspirador” cuando encabezó con Camilo José Cela en 1994 en Marbella el nacimiento de la AEPI (Asociación de Periodistas Independientes), un grupo de comunicadores beligerante con la situación política de aquellos momentos y que acabó siendo conocida como”el sindicato del crimen”. 

Cebrián, competente como director de periódico, hizo bueno el principio de Peter cuando abandonó esta tarea para empezar a meterse en todos los charcos, a no dejar de tocar palos diferentes hasta conseguir alcanzar su propio nivel de incompetencia, fumigarse el imperio Polanco y verse obligado a ponerlo en manos de fondos de inversión americanos y algún que otro desaprensivo buitre añadido. 

Son solo algunos ejemplos, dado que esto es un post y no una tesis doctoral. Nombro a algunos de los jerifaltes, pero la lista engorda, y mucho, a medida que repasas los escalafones y las nóminas de asesores y tertulianos. 

Esto en cuanto a los medios privados porque, como se sabe, los nombramientos de los responsables de los medios públicos son designaciones políticas que, cuando han recaído -escasas veces- en profesionales teóricamente neutrales han derivado en patéticos episodios con desenlaces traumáticos. Vamos, que han acabado como el rosario de la aurora. 

Parece evidente que todo este patio necesita un buen meneo. En plena prehistoria de la era digital (en el primer minuto del partido, como ha dejado dicho alguien) ya parece atisbarse que las connivencias entre políticos y periodistas lo tienen un poco más crudo para monopolizar y canalizar una información que ahora, desde mil frentes distintos, consigue llegar sin trabas al gran público, a todo bicho viviente esté donde esté. 

Esta novedosa y revolucionaria coyuntura podría propiciar la recuperación del auténtico sentido del periodismo, que viene obligado a reinventarse y replantearse todo: desde sus fuentes de financiación hasta lo que significa estar permanentemente expuesto a ser juzgado por tu trabajo, conocer lo que opina sobre su contenido quien se interesa por él y entender que la llamada “interactividad” ha llegado para quedarse. 

Las connivencias quizás no desaparezcan nunca, como lo demuestra la pugna por contar con webs y periódicos digitales que existe en estos momentos en todas las organizaciones, instituciones y demás entidades habituadas a mangonear en los medios. Pero esta nueva manera de llegar al gran público deja también abiertas las puertas, de par en par, al periodismo en estado puro para quien sepa y quiera practicarlo. Esa manera de trabajar tiene que encontrar su modo de sobrevivir, es verdad, pero en igual tesitura se encuentran quienes durante años impusieron y rentabilizaron la connivencia, el “off the record”, la conspiración y las informaciones privilegiadas.

J.T.

lunes, 6 de agosto de 2012

Apuntes de periodismo, 15. La transparencia informativa en la era de internet


He visto a Félix Monteira, a Javier Valenzuela, Óscar Lobato o Eduardo Sotillos convertidos de la noche a la mañana en celosos guardianes de la confidencialidad de sus señoritos (presidentes de gobierno, subdelegados del gobierno...), "entorpeciendo" -dicho sea con el mayor cariño- el trabajo de quienes nos dedicábamos a hacer lo mismo que ellos habían hecho durante toda su vida profesional hasta el día en que optaron por pasarse "al otro lado del mostrador". A lo largo de mi vida profesional he visto actuar así no sólo a estos cuatro compañeros, sino a muchísimos más como es natural.

Cuando un jefe de prensa de un cargo político, empresarial o institucional pone trabas al trabajo de los profesionales de la información, se suele decir que "está haciendo bien su trabajo". Yo no estoy de acuerdo. Sostengo que la transparencia es "la madre de la ciencia" en esto de la comunicación. Y más a estas alturas de la película, con internet "hirviendo" las 24 horas del día.

Observo el resultado del trabajo del equipo de Obama y cada vez lo tengo más claro: en la era de internet, lo mismo que no se le pueden poner puertas al campo, los jefes de prensa no se pueden andar con secretismos infantilistas ni con sonrisas pícaras mientras obstruyen el acceso a datos cuya importancia en muchos casos es nimia o escasa. No soy tan insensato como para ignorar que hay niveles. Pero el exceso de celo no puede llevar a ningún asesor a impedir que se conozcan lo mejor posible las actividades, las ideas y hasta las "anécdotas " de sus respectivos señoritos. Su cotidianeidad. En la Casa Blanca lo tienen muy claro desde hace bastante tiempo.

Un asesor de prensa no es un perro guardián. Su trabajo es administrar la información, sí, pero sin olvidar las reglas del juego. Y las reglas del juego son, entre otras muchas, que los periodistas deben contar con las mayores facilidades posibles para hacer su trabajo... a cambio de nada. Ahí está el quid. 

La tentación de cualquier "personaje público", ya sea un político, un financiero o un presidente de club de fútbol, es intentar impedir por todos los medios que salgan a la luz asuntos que no les conviene, o simplemente no les apetece que se conozcan. Un buen asesor tiene que hacerles entender, con carácter prioritario, que las reglas del juego son las que son y que las consecuencias de que las cosas sean así es posible que en muchas ocasiones no les gusten. Se trata pues de ayudarles a asumir que hay que afrontar esta circunstancia con la mayor elegancia y naturalidad posibles, porque a la larga se sale ganando.

Claro que la culpa de que muchos casos esto no funcione como sería aconsejable no es de los asesorados. Existe un cierto tipo de prensa, cada vez más numeroso, que se dedica a hacer la ola a los personajes públicos, que han ido cediendo espacios propios de la información al halago incondicional y a la noticia  sesgada. Y claro, son muchos los casos en que la sumisión del periodista, a base de practicarla, se ha consolidado tanto ante quienes tienen el poder que estos tienden a pensar que todo el monte es orégano y que los periodistas están para comerles en la mano. Esto es terrible. Se trata de una gran amenaza para el oficio periodístico, para la supervivencia de los medios de comunicación y para el derecho de los ciudadanos a estar informados lo mejor posible.

Es imprescindible que los periodistas, se encuentren en uno u otro lado del mostrador, tengan esto bien claro: Un asesorado es alguien que se supone que necesita al asesor para que éste le diga lo que le conviene escuchar, no lo que quiere oir. Que tiene al asesor para que le diga claramente que no cuando tiene que decirle claramente que no. Aún a riesgo de jugarse soportar las malas pulgas del asesorado, o incluso su puesto de trabajo. La transparencia, a mi juicio, no solo no es mala sino que aporta valor añadido a los personajes que apuestan por ella y a los equipos de comunicación que consiguen convencerlos de sus ventajas.

J.T.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los palos de la policía a los estudiantes de instituto valencianos, una ruina para los asesores de imagen del Partido Popular





Los asesores de imagen del PP andan haciéndose el harakiri por los pasillos de sus posmodernos despachos:

¿Y para esto hemos montado nosotros un congreso tan fashion en Sevilla? -se preguntan

¿Para esto hemos revestido de un glamour que te cagas el congreso triunfal del pasado fin de semana?

¿Para esto pusimos en primera fila todas las rubias oxigenadas que tenemos en nómina vestidas de dior, perfumadas de chanel y recién salidas de la peluquería?

¿Para esto -continúan preguntándose- hemos presumido de guapos, de triunfadores, de unidos y de demócratas de todas la vida?

¿Para esto hemos hecho todo lo posible para que estén todos encantados de haberse conocido?

¿Para esto nos hemos esmerado en que todas las medidas porculeras tomadas hasta ahora sean convenientemente ensalzadas por nuestros incondicionales bulldogs mediáticos hasta conseguir que las putadas que le estamos gastando al personal se noten lo menos posible?

Los asesores de imagen del PP andan rasgándose las vestiduras por los jardines de Moncloa, por los vestíbulos de Nuevos Ministerios, asomándose a las ventanas de calle Génova gritando tierra trágame o queriendo tirarse por la ventana.

Toda nuestra operación de imagen -concluyen los asesores peperos- a tomar por culo por culpa de cuatro niñatos de un instituto de Valencia y una delegación del gobierno y una policía que se pone a pegarles palos como si se estuviera acabando el mundo. Pero serán gilipollas?

No lo han podido evitar. Ahora la imagen es la foto de Le Monde, los videos de youtube, la repercusión en medio mundo que tiende ya a equiparar lo que ha ocurrido en Valencia con revueltas graves de otros países como Grecia. Pero ¿cómo pueden llegar a ser tan torpes estos clientes nuestros? se preguntan los asesores peperos mientras se frotan los ojos para verificar que no se trata de un mal sueño.

Lo que estos asesores de imagen bien pagados y mejor mimados no parecen tener en cuenta cuando llevan a cabo estas reflexiones es que tienen unos clientes, el partido popular, cuyo ADN es el que es.

Y que por mucho que se quiera negar la evidencia, la cabra siempre tira al monte y el escorpión siempre pica a la rana en mitad del río aunque se ahogue con ella: es su carácter.

Queridos asesores de imagen del pp. Toda mi solidaridad. Lo tenéis crudo.

J.T.


sábado, 31 de diciembre de 2011

Si lo que pretendían era asustar, con esas caras, la verdad es que lo han conseguido


Este Rajoy promete ser una mina. Y eso que, al menos de momento, actúa como "desaparecido en combate"

La retahíla de muñecos -y muñecas- que ha elegido para que lo arropen son una perita en dulce que permitirá sacarle mucho jugo a sus declaraciones y a sus poses. La verdad, nos lo ha puesto Mariano pero que muy a huevo con la selección de jugadores que ha hecho para su particular "equipo de primera división".

La cara de Luis de Guindos tras el Consejo de Ministros de este viernes - compruébese- era todo un poema. Como la de Montoro, a pesar de que el nuevo responsable de Hacienda cuenta con bastante experiencia en esto de exponerse a los focos y a las comparecencias públicas. O la cara de Fátima Báñez, que transmite, o al menos a mi me lo parece, la sensación de que su dueña se encuentra como un pulpo en un garage. 

Los asesores de imagen tienen con estos chicos y chicas, sin ninguna duda, mucho trabajo. Y muy fácil lo de ganarse el sueldo porque por poco que hagan, mejorarán sin excesivo esfuerzo a sus respectivos jefes. Con toda seguridad, porque peor cara que la que tenían en su comparecencia de este viernes va a ser difícil que la tengan en adelante. ¿O no? Vete tú a saber.

Y de Ana Mato ¿qué me dicen? Esta señora, cada vez que habla sube el pan. Si  Leire Pajín, reconozcámoslo, daba facilidades y muchas para que los desaprensivos se metieran con ella, yo creo que su sucesora nos va dar bastante más juego a todos. Como decía más arriba, es una verdadera perita en dulce metiendo la pata y diciendo barbaridades. La que ha liado con las matizaciones a la hora de referirse a la violencia de género ya promete.  

Aunque la mayoría del gobierno peina canas y y ya tiene tablas en las lides del toreo mediático, continúan bajando la guardia y pierden la compostura con excesiva frecuencia. Y hasta la mesura con demasiada facilidad. Me da en la nariz que van a ser una verdadera fuente de "perlas" memorables. O bueno, igual reciben todos en grupo unos buenos cursillos que les enseñen a oír, ver y callar como hace y ha hecho siempre su jefe que en esto, la verdad, parece que les saca a toda su tropa unos cuantos cuerpos de ventaja.

Aún así creo que, por fortuna para los medios, van a suponer un jugoso semillero de titulares. Esperanza Aguirre va a tener serios competidores que pueden acabar con ese patético protagonismo que se ha ganado tan a pulso. Y por si nos faltaba algo, ahí tenemos a Ana Botella en primera línea desde el día 27. Alcaldesa de Madrid. ¡Bingo parea los devotos de las frases a enmarcar!  Como cuando se pronunció -¿recordáis?- contra el matrimonio homosexual argumentando que las peras eran peras y las manzanas, manzanas.

Lo dicho

Nos vamos a divertir

J.T.

miércoles, 8 de junio de 2011

7 argumentos que ponen en valor a un periodista


Hoy toca una de autoestima, que tampoco es cuestión de "flagelarse" todos los días.

Una americana llamada Matylda Czarnecka de Poynter ha desarrollado en su blog su manera de entender por qué las empresas necesitan contratar a un periodista para que se relacione con los medios y, de esta manera, difundan sus productos.

Estas son sus siete razones:

1. Los periodistas se vuelven expertos en los temas que cubren.

La comprensión del mercado y el conocimiento de las personas claves son importantes para el éxito de cualquier negocio. La mayoría de los periodistas tienen la ventaja de tener los conocimientos sobre determinados temas que los convierten en especialistas.

2. Los periodistas son buenos investigadores.

La mayoría de los periodistas son ingeniosos, y decubren información que por lo general es difícil de conseguir. También tienen una habilidad especial para encontrar a las personas que puedan responder a las preguntas específicas.

3. Los periodistas tienen contactos.

Muchos empresarios tienen poca experiencia con los medios de comunicación y no saben cómo lograr que un diario cubra sus eventos y lanzamientos de productos. Si bien existen diferencias significativas entre el periodismo y las relaciones públicas, conocer a los periodistas es un gran activo empresarial.

4. Los periodistas son buenos redactores y editores.
Gran parte del trabajo en una empresa implica escribir. Los empresarios necesitan contratar a personas que redacten bien para producir y editar blogs, comunicados de prensa, piezas de marketing, tweets e incluso emails.

5. Los periodistas hacen buenas preguntas. Las buenas preguntas son importantes para encontrar respuestas concretas o que ofrezcan una visión mucho más amplia sobre las motivaciones, opiniones o el razonamiento detrás de una respuesta. Estos factores juegan un papel importante en cualquier tipo de decisión, incluso si se utiliza o no el producto.

6. Los periodistas brindan recursos.

O si no los tienen, los encuentran. Los empresarios necesitan personas para puestos de trabajo específicos. La experiencia de los periodistas en la búsqueda de fuentes es muy útil para estos casos. Los periodistas quizá no conozcan a la persona adecuada directamente, pero saben cómo llegar a ella.

7. Los periodistas están acostumbrados a las críticas.

Los fundadores de nuevas empresas escuchan “no” con frecuencia, sobre todo de los clientes que no están interesados ​​en el producto y de los inversores que no están convencidos del potencial de la empresa. Los periodistas están acostumbrados a las respuestas negativas de los editores o comentarios insultantes de los lectores, y saben cómo manejarlos.

Por la transcripción

J.T.

domingo, 8 de mayo de 2011

Bien por "Sin preguntas, no hay cobertura"


Para los políticos somos moscas cojoneras, lo peor, lo inevitable.. Si pudieran nos laminaban.

Lo que peor lleva un político que se ve poderoso, rodeado todo el día de turiferarios que no paran de decirle lo alto y lo guapo que está, es verse obligado a salir a la palestra para atender a cuatro impresentables que acaban siempre tocándole los cojones con valoraciones que no quiere oír y preguntas que no quiere contestar.

¡Periodistas! ¡Malditos tocanarices!

A mí me han votado, piensa el augusto prócer, pero a ellos... ¿quién los ha puesto ahí? ¿quién les ha dado vela en este entierro? ¿con qué derecho....?

No soportan una pregunta impertinente, como tampoco soportan que a sus asesores les parezca mal algo de lo que hacen. Si él está donde está, piensa sin rubor alguno, es porque lo vale. A ver, que se pongan ellos, ¡listos! Seguro que no aguantaban ni la mitad que yo, que me la estoy siempre jugando y ellos sólo esperando a ver cuándo la cago.

¿Pero por qué les tengo que dedicar mi tiempo? Y si se lo dedico ¿por qué tengo que soportar groserías?

Y se crecen, se vienen arriba a medida que más inexpugnables se creen. A medida que más poder acaparan. Sólo los pelotas empiezan a parecerles soportables. Situación ideal para el político feliz: cero críticas, cero malas caras, cero peros, cero sinembargos...

Se olvidan de la fecha de caducidad de su situación y tienden a sentir la tentación de creerse eternos, a pensar que lo que él decide es lo único que se puede decidir y que el mundo mundial es un atajo de indocumentados a los que él,  menos mal que está él, sabe cómo tratar. Hasta que pierden el norte:

¿Por qué tengo yo que aceptar  preguntas en una rueda de prensa?

¿Por qué tengo yo que caer tan bajo? ¡Un mojón pa ellos!. A partir de ahora suelto mi rollo, y después me levanto y me voy. Que les den.

Dicho y hecho. Como dijo aquel, deciden proceder y proceden. Y nosotros, boquiabiertos, tras haber tomado nota y dejado constancia de su infumable rollo, ahí nos quedamos
Sentados
Con cara de alelaos
Con la inevitable y certera sensación de que somos una caterva de pringaos que, impotentes o cobardes,  tragamos desplantes y soberbias por un tubo sin ser capaces de reaccionar

Por eso saludo, emocionado, la iniciativa de "Sin preguntas, no hay cobertura".

Veo entre sus promotores  a colegas y amigos muy respetados.

Me gusta que al menos se haya puesto sobre la mesa la evidencia de algo que no debemos tolerar más. Y me gustaría celebrar el éxito de esta batalla que ahora empieza: no acudir a aquellas convocatorias de políticos en las que no se acepten preguntas. O abandonarlas. Suena muy bien. Tan bonito que, me váis a perdonar, me cuesta trabajo creérmelo.

Una llamada del impresentable poderoso de turno a tu jefe inmediato insinuándole que el medio en el que trabajas podría perder la publicidad institucional, y a tomar por culo la dignidad.

J.T.

martes, 1 de marzo de 2011

El Ayuntamiento de Sevilla me alegra el día

Fachada del Ayuntamiento de Sevilla

Nunca pensé que un departamento de prensa pudiera animarme una jornada como lo ha hecho este martes el del ayuntamiento de Sevilla. Deduzco que la crisis les ha dejado sin periódicos y hasta sin pilas para la radio y ahora veréis por qué.

Este uno de marzo se han cumplido dos meses justos del cierre de nuestra delegación en Andalucía, la delegación de Cuatro y CNN+. Un cerrojazo perpetrado por lo militar y sin anestesia. Del violento relevo en CNN+ por GH 24 horas hace un poquito más: han pasado dos meses y tres días.

Aún así, yo quiero agradecer que haya departamentos de "prensa" dispuestos a alegrarte la vida con sus cosas: esta mañana me han llamado a mi móvil:

- ¿Juan? Mira, soy "N...", del gabinete de prensa del ayuntamiento de Sevilla. Te llamo para actualizar vuestros datos, porque hace días que marcamos el teléfono fijo de la delegación y no lo cogéis. Le he preguntado a mi compañero D... y tampoco sabía. Continuáis en la calle Sánchez Bedoya, ¿no?

- Bueno, mira, la verdad es que... te supongo al tanto de las novedades... -le contesto

- ¡Ah! ¿sí? ¿cuáles? 

Como interpreto su aparente despiste como una broma amable, entro en el juego:

- Pues mira, Telecinco ha comprado Cuatro, y CNN+ ha dejado de emitir. Hemos cerrado la delegación y la mayoría de nosotros ya no estamos en la empresa.

Cuando noté su reacción deduje que no se trataba de una broma amable: lo que estaba pasando es que en el departamento de "prensa" del ayuntamiento de Sevilla no tenían ni idea, o si la tenían no habían asociado ideas, de qué puñetas pasó hace dos meses con Cuatro y CNN+

- ¡Ah! Es verdad -contesta recogiendo velas cuando se percata del patinazo-, lo de CNN+ ya no. Pero Cuatro...

- Están en la delegación que Telecinco tiene en Sevilla, querida amiga. Te doy el teléfono...

- Muchas gracias, Juan. Y... ¡suerte!

- De nada, compañera

Por favor, que en el ayuntamiento de Sevilla ahorren en otras cosas y que les vuelvan a comprar los periódicos a los del gabinete de prensa, porque sólo con el internet ya se sabe..., te lías, te lías y al final no hay tiempo pa tó.

J.T.

sábado, 19 de junio de 2010

Los asesores de imagen


Los asesores de imagen suelen tener estudios de periodismo, publicidad, relaciones públicas y algunos hasta un bonito master perpetrado en algún país de habla inglesa.

Hay muchas clases de asesores de imagen: Los que están dispuestos a decirle a su asesorado todo lo que le conviene aunque no quiera oírlo y los que no están dispuestos a poner en peligro su amado salario contrariando con una mínima inconveniencia a quien le paga, que suele ser el asesorado mismamente.

Es en esta segunda categoría donde empiezan los problemas: para el asesorado y para quienes vivimos de las facilidades o dificultades que nos ponga el asesor para relacionarnos con su asesorado.

Problemas para el asesorado –que suele ser alguien con poder, con dinero o con las dos cosas- porque tarde o temprano acaba creyéndose el rey del mambo, se distancia de la realidad y se acostumbra tanto a estar rodeado de pelotas que se vuelve patética y penosamente irascible apenas le llevan la contraria en cualquier nimiedad.

Los otros problemas que crean los asesores sumisos nos los crean a los comunicadores: el buen asesor te vende la moto con elegancia; el mal asesor te presiona. El buen asesor nunca se mete en tu trabajo. El mal asesor acaba cayendo en la tentación de hasta mandarte eseemeeses sugiriéndote veladamente por dónde le gustaría que titularas una noticia que concierne a su patrocinado

El buen asesor traga saliva y frena las tentaciones del asesorado para hacer o decir inconveniencias

El mal asesor, con tal de no llevar la contraria, se acaba metiendo en farragosos charcos donde queda lastimosamente en evidencia

El buen asesor sabe ser cómplice de los comunicadores aunque actúe, como es su obligación, de parapeto para su cliente

El mal asesor es directamente un antipático valladar que jamás te facilitará la tarea

El buen asesor traga saliva antes de levantar un teléfono para montar un pollo ante el responsable de un medio que ha publicado algo que no le ha gustado o no le convenía

El mal asesor monta el pollo sin pensárselo dos veces: presiona, amenaza, vocifera

El buen asesor se toma dos copas contigo y hasta las paga

El mal asesor se toma dos copas contigo, las pagas tú y desde entonces se cree amigo tuyo de toda la vida y dueño de tu página para intentar venderte motos de lo más impresentable.

El mal asesor cada vez abunda más

Porque el buen asesor, más pronto que tarde, acaba hastiado de intentar lo imposible: que su señorito acepte de buen grado los comentarios que no le gusta oir .



J.T.