J.T.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Responsables de prensa, ¿periodistas o guardaespaldas?
J.T.
miércoles, 23 de octubre de 2013
El "patio" periodístico necesita un buen meneo
lunes, 6 de agosto de 2012
Apuntes de periodismo, 15. La transparencia informativa en la era de internet
miércoles, 22 de febrero de 2012
Los palos de la policía a los estudiantes de instituto valencianos, una ruina para los asesores de imagen del Partido Popular
sábado, 31 de diciembre de 2011
Si lo que pretendían era asustar, con esas caras, la verdad es que lo han conseguido
miércoles, 8 de junio de 2011
7 argumentos que ponen en valor a un periodista
Hoy toca una de autoestima, que tampoco es cuestión de "flagelarse" todos los días.
Una americana llamada Matylda Czarnecka de Poynter ha desarrollado en su blog su manera de entender por qué las empresas necesitan contratar a un periodista para que se relacione con los medios y, de esta manera, difundan sus productos.
Estas son sus siete razones:
1. Los periodistas se vuelven expertos en los temas que cubren.
La comprensión del mercado y el conocimiento de las personas claves son importantes para el éxito de cualquier negocio. La mayoría de los periodistas tienen la ventaja de tener los conocimientos sobre determinados temas que los convierten en especialistas.
2. Los periodistas son buenos investigadores.
La mayoría de los periodistas son ingeniosos, y decubren información que por lo general es difícil de conseguir. También tienen una habilidad especial para encontrar a las personas que puedan responder a las preguntas específicas.
3. Los periodistas tienen contactos.
Muchos empresarios tienen poca experiencia con los medios de comunicación y no saben cómo lograr que un diario cubra sus eventos y lanzamientos de productos. Si bien existen diferencias significativas entre el periodismo y las relaciones públicas, conocer a los periodistas es un gran activo empresarial.
4. Los periodistas son buenos redactores y editores.
Gran parte del trabajo en una empresa implica escribir. Los empresarios necesitan contratar a personas que redacten bien para producir y editar blogs, comunicados de prensa, piezas de marketing, tweets e incluso emails.
5. Los periodistas hacen buenas preguntas. Las buenas preguntas son importantes para encontrar respuestas concretas o que ofrezcan una visión mucho más amplia sobre las motivaciones, opiniones o el razonamiento detrás de una respuesta. Estos factores juegan un papel importante en cualquier tipo de decisión, incluso si se utiliza o no el producto.
6. Los periodistas brindan recursos.
O si no los tienen, los encuentran. Los empresarios necesitan personas para puestos de trabajo específicos. La experiencia de los periodistas en la búsqueda de fuentes es muy útil para estos casos. Los periodistas quizá no conozcan a la persona adecuada directamente, pero saben cómo llegar a ella.
7. Los periodistas están acostumbrados a las críticas.
Los fundadores de nuevas empresas escuchan “no” con frecuencia, sobre todo de los clientes que no están interesados en el producto y de los inversores que no están convencidos del potencial de la empresa. Los periodistas están acostumbrados a las respuestas negativas de los editores o comentarios insultantes de los lectores, y saben cómo manejarlos.
Por la transcripción
J.T.
domingo, 8 de mayo de 2011
Bien por "Sin preguntas, no hay cobertura"
Y se crecen, se vienen arriba a medida que más inexpugnables se creen. A medida que más poder acaparan. Sólo los pelotas empiezan a parecerles soportables. Situación ideal para el político feliz: cero críticas, cero malas caras, cero peros, cero sinembargos...
Veo entre sus promotores a colegas y amigos muy respetados.
Me gusta que al menos se haya puesto sobre la mesa la evidencia de algo que no debemos tolerar más. Y me gustaría celebrar el éxito de esta batalla que ahora empieza: no acudir a aquellas convocatorias de políticos en las que no se acepten preguntas. O abandonarlas. Suena muy bien. Tan bonito que, me váis a perdonar, me cuesta trabajo creérmelo.
J.T.
martes, 1 de marzo de 2011
El Ayuntamiento de Sevilla me alegra el día
sábado, 19 de junio de 2010
Los asesores de imagen
Los asesores de imagen suelen tener estudios de periodismo, publicidad, relaciones públicas y algunos hasta un bonito master perpetrado en algún país de habla inglesa.
Hay muchas clases de asesores de imagen: Los que están dispuestos a decirle a su asesorado todo lo que le conviene aunque no quiera oírlo y los que no están dispuestos a poner en peligro su amado salario contrariando con una mínima inconveniencia a quien le paga, que suele ser el asesorado mismamente.
Es en esta segunda categoría donde empiezan los problemas: para el asesorado y para quienes vivimos de las facilidades o dificultades que nos ponga el asesor para relacionarnos con su asesorado.
Problemas para el asesorado –que suele ser alguien con poder, con dinero o con las dos cosas- porque tarde o temprano acaba creyéndose el rey del mambo, se distancia de la realidad y se acostumbra tanto a estar rodeado de pelotas que se vuelve patética y penosamente irascible apenas le llevan la contraria en cualquier nimiedad.
Los otros problemas que crean los asesores sumisos nos los crean a los comunicadores: el buen asesor te vende la moto con elegancia; el mal asesor te presiona. El buen asesor nunca se mete en tu trabajo. El mal asesor acaba cayendo en la tentación de hasta mandarte eseemeeses sugiriéndote veladamente por dónde le gustaría que titularas una noticia que concierne a su patrocinado
El buen asesor traga saliva y frena las tentaciones del asesorado para hacer o decir inconveniencias
El mal asesor, con tal de no llevar la contraria, se acaba metiendo en farragosos charcos donde queda lastimosamente en evidencia
El buen asesor sabe ser cómplice de los comunicadores aunque actúe, como es su obligación, de parapeto para su cliente
El mal asesor es directamente un antipático valladar que jamás te facilitará la tarea
El buen asesor traga saliva antes de levantar un teléfono para montar un pollo ante el responsable de un medio que ha publicado algo que no le ha gustado o no le convenía
El mal asesor monta el pollo sin pensárselo dos veces: presiona, amenaza, vocifera
El buen asesor se toma dos copas contigo y hasta las paga
El mal asesor se toma dos copas contigo, las pagas tú y desde entonces se cree amigo tuyo de toda la vida y dueño de tu página para intentar venderte motos de lo más impresentable.
El mal asesor cada vez abunda más
Porque el buen asesor, más pronto que tarde, acaba hastiado de intentar lo imposible: que su señorito acepte de buen grado los comentarios que no le gusta oir .
J.T.

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