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lunes, 1 de diciembre de 2014

Morbo y política


Hubo un tiempo en que algún que otro redactor jefe coñazo instaba a los encargados de las ediciones digitales de los periódicos a colar en los titulares vocablos como "sexo", "desnudo" y similares para garantizarse así un mayor número de pinchazos y aumentar la cifra de visitas a las webs. Ya no hace falta.

Ahora basta con recurrir a términos como "Podemos" o a nombres propios como "Pablo Iglesias" para que el número de pinchazos en las noticias donde titules con ellos se dispare automáticamente. Las teles descubrieron pronto que hablar de Podemos, bien para darles cancha, bien para ponerlos a parir, aumentaba inmediatamente el share de los programas donde aparecían. Para "La Sexta Noche" y "Las Mañanas de Cuatro" han sido providenciales. Cuentan que algún ejecutivo de Mediaset llegó a comentar, antes incluso del espectacular número de votos que la formación obtuvo en mayo, que habían descubierto a su nueva Belén Esteban: Pablo Iglesias.

Tras los resultados de las europeas todo se removió. El mundo político tardó en asimilar -todavía creo que no acaba de entenderlo del todo- lo que había pasado y, torpeza tras torpeza, cada día que pasaba se lo iban poniendo más a huevo a los muñidores de la "fuerza emergente" con ataques sin piedad por todos los flancos y desde todos los colores . Fue entonces cuando apareció en escena el factor definitivo: el "morbo". El morbo iba convirtiendo, sin discusión, en líder de audiencia a todo aquel programa en el que intervinieran no solo Pablo Iglesias, sino también Monedero, Errejón, Bescansa, o Alegre.

De ninguneado hasta el 25 de mayo, el fenómeno Podemos empezó, a partir de entonces y hasta hoy, a llenar portadas, nutrir tertulias, ser foco de atención nacional e internacional y pasto incluso de furibundas diatribas y desaforados editoriales. Seis meses llevamos así. El vocablo "Podemos" en el titular y... garantizado el incremento inmediato de los shares en las teles y de los pinchazos en internet. El morbo vende.

Es verdad que interesa lo que dicen, que hay mucha gente desesperada que quiere creer que Podemos puede ser la solución a sus problemas, que existe un enorme porcentaje de cabreados que busca nutrirse de argumentos para consolidar su decisión de votarlos. Pero el motor no es ese interés, el motor es el morbo. Morbo por escuchar cómo responden a los ataques o por divertirse viendo cómo atacan ellos. Morbo porque, con tan enorme sobreexposición mediática, son muchos los que esperan que llegue el día en que metan la pata hasta el corvejón. Unos lo esperan para comprobar hasta qué punto son capaces de levantarse, otros para frotarse los manos y buscar la manera de hacer toda la sangre posible, otros para soltar aquello de "ya lo decía yo"... Dado el escaso acceso que existe en la actualidad a espectáculos de boxeo o a corridas de toros en los medios de comunicación, no está mal esto de Podemos para meterle un poco de vidilla a nuestro por siempre valleinclanesco ruedo ibérico.

Ellos, que parecen aspirar a salir por la puerta grande, saben que si quieren conseguirlo han de vestirse de luces y aparecer en la plaza dispuestos a que el toro les pegue unos buenos revolcones durante la lidia. Incluso a acabar en la enfermería con cornadas de varias trayectorias. Son las reglas, las aceptan y se entregan a la causa. Eso es lo que percibe el público y por eso los sigue de manera abrumadora. Quieren verlos triunfar o darse la hostia, pero no quieren perderse el espectáculo. ¿El mensaje? ¿El programa? Eso, al menos por ahora, es lo de menos.

Los toreros de siempre, los de toda la vida, los que repartían sobres a los críticos especializados, observan ahora con estupor cómo estos recién llegados llenan las plazas y no acaban de entenderlo. No entienden que generen tanta expectación, que vendan periódicos que ya no se vendían, que aumenten audiencias, ni que haya redactores jefe que se olviden hasta de incluir vocablos como "sexo" o "desnudo" en los titulares para incrementar el número de pinchazos...

Por cierto, ¿habéis visto que en el título de este post no he empleado ni el término Podemos ni el nombre de Pablo Iglesias? Desprendido que es uno porque, si lo hubiera hecho, seguro que el número de visitas habría sido mucho mayor.

J.T.

viernes, 22 de octubre de 2010

"Sexo, política y protesta", el lema de la revista "Penthouse"



Entre las muchas "muescas" que jalonan mi curriculum hay una de la que estoy especialmente orgulloso. Se lo debo a Antonio Asensio y al grupo Zeta, en el que trabajé durante media docena de memorables años. Compró Asensio los derechos para España de la revista Penthouse y yo tuve el honor de figurar entre sus colaboradores.

Corrían los últimos setenta del siglo pasado en nuestro país. Transición pura y dura. La revista Penthouse era en aquel entonces un símbolo de transgresión, y aunque lo que a mi me hubiera gustado de verdad hubiera sido formar parte de la plantilla de fotógrafos, tampoco estaba nada mal colaborar con informes y reportajes y firmar en aquellas páginas.



Yo sabía de sobra que quienes compraban aquella revista (pensada fundamentalmente para ejecutivos y hombres de poder adquisitivo medio-alto), las posibilidades de que leyeran mis "sesudos" trabajos entre tanto muslamen de concurso era muy pocas. Pedagógica cura de humildad que siempre agradecí porque creo que a un periodista le viene bien acostumbrarse cuanto antes a que en el mundo de la comunicación somos sólo un ingrediente más y no precisamente el más importante. En el caso de Penthouse, no creo que haya muchas dudas sobre eso.

Yo estaba orgulloso: publicaba en la versión española de una revista políticamente incorrecta, provocadora y transgresora conocida en todo el mundo, una publicación que compitió duramente con Playboy hasta encontrar un espacio que finalmente consiguió a juzgar por los millones de dólares que acumuló Bob Guccione, su dueño y fundador.

Hoy  cuentan los periódicos que Guccione nos ha dejado. Su revista hacía tiempo que también naufragó. Pero yo aprovecho esta ocasión para ponerle un modesto altavoz a lo que fue el santo y seña de una revista que nunca dejó a nadie indiferente: "Sexo, política y protesta".

               Bob Guccione

"Sexo, política y protesta" era el lema de Penthouse. No creo que existan tres razones mejores para movilizarse, aunque sea dedicándose al periodismo. Por eso, y por otras cosas fácilmente adivinables, estoy convencido que fue un privilegio tener la oportunidad de escribir para la revista de Guccione.

J.T.