Mostrando entradas con la etiqueta Reino Unido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reino Unido. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de agosto de 2013

¡Qué pereza con Gibraltar!


Muy cansino esto de Gibraltar, de verdad. 

Vamos a ver: Como se empeñan en que hablemos de Gibraltar, habrá que hablar de Gibraltar hasta que consigamos desenmascarar la patraña. Me arriesgaré a que los muchos trolls alineados con esta peligrosa insensatez de Rajoy y sus muchachos me vuelvan a poner a parir, como cada vez que toco este tema en el blog. Pero si ellos se ponen pesados, no queda sino ponernos pesados nosotros también. 

Premisa básica: Ni Margallo, ni Fernández Díaz, ni Rajoy tienen razón. Una de dos: o usan a conciencia manidos argumentos que rayan en el tópico, o son unos perfectos indocumentados. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, la verdad es que no sé con qué quedarme. Lo digo en serio. Cuando los escucho hablar de Gibraltar pienso, como la mayoría de los ciudadanos de la zona, que o me he metido sin saberlo en el túnel del tiempo o estoy en manos de unos verdaderos irresponsables que se creen con derecho a ir repartiendo por ahí certificados de españolidad. 

Sacar a pasear el fantasma de la "pérfida Albión", responder a una gamberrada como si fuera la mayor de las provocaciones, buscar a ver por dónde pueden justificar las ganas de tocar los huevos... solo es propio de chulos o de desesperados. O de chulos desesperados. Ni arreglan el paro, ni aplacan la recesión, ni saben cómo tapar la escandalosa corrupción que durante tantos años se ha gestado en los despachos de gerencia y tesorería de su partido... en resumen, inutilidad total. 

Así que pensaron que con lo de los bloques de hormigón de los gibraltareños les había venido dios a ver. Como los días pasan y nadie traga, insisten y buscan hasta dar con otra intolerable ofensa que añadir a su patético memorial de agravios: la construcción de un nuevo espigón sobre el que los gibraltareños planean edificar un hotel y 2.500 apartamentos. 

¿Recuerdan “Casablanca”? 
- “Cierren inmediatamente este local, le dice en el café de Rick el mayor alemán Strasser al capitán francés Renault cuando se cabrea porque el personal está cantando “La Marsellesa” 
- ¿Con qué pretexto?, le pregunta el complaciente prefecto. 
- Búsquelo”

Y van y lo buscan, estos peligrosos bienmandados. 

Repito una vez más: la convivencia en la zona de la Bahía de Algeciras, desde los tiempos de Maricastaña, no se entiende sin la tolerancia mutua. ¿Cuántas veces habrá que decírselo a quienes hablan de oído y mueven ficha sin salir de los despachos madrileños? Moratinos, que lo tenía claro, puso en marcha uno de los pocos caminos posibles para ir buscando una salida que por supuesto , llevaría su tiempo, dado que estamos hablando de un asunto que dura ya trescientos años. Y ahora van estos y se permiten despreciar todo un duro y serio trabajo de mucha gente durante bastante tiempo tachándolo de “blandengue” y de “buenismo”. Pero ¿será posible? 

Me parece intolerable el tratamiento que los periódicos fachas están otorgando al asunto Gibraltar. Pero tampoco me parece aceptable la manera con que lo abordan los medios "no afines" al marianismo: al seguirles el juego, están cayendo en la trampa. No hay que picar ni seguirles el juego contestando o intentando rebatir sus falaces argumentos. 

La cuestión es que han dado con una excusa para poner en marcha una maquinaria que olvida que es la tolerancia mutua, desde tiempos inmemoriales, la que permite que los habitantes de la zona vivan y se mezclen en paz. No se entiende la convivencia en el campo de Gibraltar sin esa tolerancia mutua, insisto una vez más. 

Los trescientos mil habitantes de la zona tienen la sensación de que lo que cuentan en los periódicos y en las radios españoles es chino mandarín. Esas portadas con soflamas patrióticas que remiten a pretéritos y teóricamente olvidados tiempos, esos vergonzosos argumentos desgranados en tertulias por atrevidos indocumentados que jamás pisaron la zona pero que se permiten pontificar como si hubieran crecido en ella... nada tienen que ver con la realidad que se palpa nada más pisar el Campo de Gibraltar. Una vez más, tirios y troyanos parecen empeñados en que se cumpla el viejo adagio: "no dejar que la realidad estropee un buen titular o una buena portada". 

A mí me escandaliza que Cameron haya decidido recurrir a Europa antes que Rajoy. Se le ha adelantado en la jugada, aunque quizás a Mariano y a sus chicos ni se les había pasado por la cabeza, ni maldito el interés. En todo caso tenía que haber sido al revés, se tenía que haber empezado por ahí cuando sucedió lo del hormigón: recurriendo a Europa si se consideraba que había razón para ello en lugar de sacar pecho, amenazar, vociferar que se había acabado el recreo y tocarle los cojones a centenares de automovilistas cada día. 

Me da pereza tener que hablar una y otra vez de lo mismo, de verdad. Pero la única manera de contrarrestar tanta propaganda torticera y manipuladora es no dejar que, por mucho que repitan mentiras, acaben teniendo razón. Si hay que ser pesado se es, porque no tienen razón. Y tantas veces se empeñen ellos en mentir, nos empeñaremos nosotros en desenmascararlos. 

Nada de lo que están montando en Gibraltar tiene razón de ser, de verdad. Se están sacando las cosas de quicio, nos estamos complicando todos la vida y se le está poniendo el futuro más difícil aún a miles de familias que no pueden evitar asociar ideas y recordar lo mucho que Franco les jodió la vida cuando les cerró la verja en el 69. Les jodió la vida pero no a los yanitos, no, sino a los ciudadanos de la Línea, que tuvieron que huir de la zona en masa para poder comer. Me repito, lo sé, pero es que ellos se repiten también. Y no se les puede dejar que ganen por pesados. 

Y a todo esto, La Junta de Andalucía continúa a por uvas y sin dar señales de vida. No me lo puedo creer.

J.T.

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Por qué no nos deja en paz con Gibraltar, señor Rajoy?


Se había propuesto el escurridizo Rajoy que los titulares de los periódicos y las aperturas de los informativos tras la audiencia del Rey en "la isla de Palma" no fueran sobre el caso Bárcenas y a fe que lo ha conseguido.

Desde el día siguiente a su comparecencia en el Senado/Congreso empezaron a soplar decenas de cañones por banda, viento en popa a toda vela, portadas de ardor guerrero y hazañas bélicas en la prensa afín. Margallo, por su parte, hablaba de recreos que se acababan en Gibraltar y el mismísimo Mariano, en su línea habitual, ofrecía su diferente y particular versión "gallito" de una conversación telefónica con Cameron sobre el "conflicto" con la Roca.

Conflicto de 300 largos años que los gobernantes españoles de turno sacan a pasear cada vez que necesitan distraer la atención.¡Qué pereza!

Que piensa hacer todo lo posible para defender los intereses de los españoles, dice el nota. Sí, claro, como los ha defendido con la reforma laboral, los recortes de derechos y de sueldos o el desmantelamiento del estado del bienestar. Miedo me da.

No tiene autoridad moral Rajoy para pelearse con Gibraltar en nombre nuestro. No tiene autoridad moral ni tampoco argumentos. Porque no hay nada que esté pasando estos días en Gibraltar que sea específicamente nuevo. Cuando uno quiere ver agravios en los comportamientos del vecino los ve. Y cuando no quiere verlos, se dedica a vivir y dejar vivir. Como en cualquier terreno con problemas de lindes, solo la cordura permite la convivencia. No sé por qué he asociado ideas con la tragedia de Puerto Hurraco, cuando dos enajenados organizaron, hace ahora 23 años, una terrible tragedia por un quítame allá unos cuantos metros cuadrados de propiedad.

Tanto el presidente del gobierno español como su ministro de Asuntos Exteriores saben que 

- Lo de Gibraltar es para toda la vida 
- Que han pasado trescientos años en los que sólo desde la buena vecindad las cosas se pueden sobrellevar. 
- Que para los habitantes de la Bahía de Algeciras, como yo contaba aquí el otro día, las cosas no son como se ven desde un despacho en Madrid o en Londres. 
- Que, como escribe Moncho Alpuente en su columna "Cabeza de ratón" de "Público" Gibraltar pertenece, pese a quien pese, al Imperio Británico como Ceuta y Melilla pertenecen a España, sin olvidarnos de la rabiosa españolidad de la Isla de Perejil". 
- Que como escribe Juan José Téllez en "Corazón de olivetti", también en "Público", "La Moncloa podría empezar por reclamar mejores prácticas a nuestros mayores bancos presentes en el centro financiero gibraltareño on shore: que se retirase el Santander o el BBVA, sin ir más lejos”.

Y saben también Margallo y Rajoy, como lo sabemos todos los que nos hemos pateado Gibraltar y tenemos amigos allí, que el final del cuento será que los británicos no les harán ni puto caso. Eso es así y ellos lo saben. Por eso no me puedo creer que se empeñen en estirar el chicle tanto tiempo.

Aplicar la legalidad, ha dicho el presidente en Mallorca ¿Qué legalidad? ¿La que hasta ahora no se le había ocurrido aplicar? Y eso de medidas "aleatorias"... ¿cómo se come? Diálogo. Pues claro que sí. Mucho y todo el tiempo. Como siempre. Buscando cómo hacerlo mejor, vale, pero no desacreditando foros ni consensos anteriores. Eso atrasa el reloj. Y el enfrentamiento, también lo saben Margallo y Rajoy, es estéril, ridículo, inútil y cada vez engaña a menos gente, por más que se apele a los viejos fantasmas que el franquismo inoculó en nuestros subconscientes. No se puede ser tan torpe... ni tan malvado, como para resucitar esos fantasmas: "Gibraltar español", "a los ingleses ni agua", "pérfida Albión"... ¡qué pereza más grande!

Por mucho pecho que saque, Rajoy sabe que el final de la película es envainársela. Como han hecho todos sus antecesores en los últimos 300 años. Por muy chulo que se ponga y por muy insensato que sea, que lo es, no creo que decida, al son de la música de Wagner, que diría Woody Allen, "invadir Polonia". Así que como no va a tener huevos, más vale que se calle de una vez. Y que se dedique a defender los intereses de los españoles como dice, empezando por los de los ciudadanos de la Línea que trabajan en Gibraltar, a los que tiene bien jodidos y preocupados.

J.T.