Mostrando entradas con la etiqueta denuncia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta denuncia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de enero de 2015

Yo con Facu



¡Qué pereza tanta pamplina! Me tienen harto los fachas. Mucho. Me parece muy grave la campaña contra Facu Díaz. Es verdad que soy amigo suyo y que me preocupa su suerte, pero en este caso más que la suerte de mi colega -tiene buenos abogados y él tampoco se achanta tan fácilmente-, lo que me parece más alarmante aún es el síntoma, lo que significa que en un régimen de libertades, escribir y protagonizar un sketch humorístico pueda acabar con tu culo calentando un banquillo de la Audiencia Nacional.

Me preocupa el carácter de precedente que tiene, a estas alturas de la película en nuestro país, que alguien a quien no le gusta una broma tuya pueda buscarle las vueltas hasta conseguir meterte un puro importante. Me preocupa que ese alguien, que representa una asociación de víctimas del terrorismo, en realidad actúe de manera paragubernamental. En nombre de un gobierno que lleva tres años poniéndose morado triturando libertades y que no encuentra manera de pararle los pies a gentes que, como Facu, se limitan sencillamente a ejercer la libertad de expresión a través del humor.

Me preocupa que para hacer humor en este país haya que plantearse cogérsela con papel de fumar o, de lo contrario, poseer acreditada madera de héroe. O de irresponsable. Los que no hemos nacido con la capacidad de hacer reír a los demás nos dividimos en dos tipos de personas: quienes nos morimos de sana envidia hacia los que tienen esa capacidad y nos divertimos con ella y aquellos que directamente no soportan según qué gracietas y se cabrean. Hasta ahí bien, pero ¿qué ocurre cuando quien no soporta esas gracietas es alguien con poder? 

Nada más molesto para esta gente que un cachondo mental dotado de la capacidad de poner, tan solo con un chiste, tus vergüenzas y tus miserias al descubierto. Nada más enervante que un espejo cuando te enseña una imagen de ti mismo que no te apetece reconocer. El mundo está lleno de madrastras de Blancanieves que dedican su vida a buscarle la ruina a quien se atreve a decirle lo que no quiere oír, y más si es capaz de hacerlo con gracia.

Los poderosos tienen en el humor su verdadera prueba de fuego. Hay quienes saben asumirlo, los menos, y quienes a las primeras de cambio no resisten la tentación de cortarle los huevos al osado bufón que se atreve a rebasar según qué líneas rojas. Que para eso son ellos los que mandan, qué cojones.

Hasta hace muy poco en nuestro país la iglesia, o la monarquía, no tenían necesidad ni de tomar represalias contra los humoristas porque, sencillamente, abordar según qué temas era directamente tabú. Nunca agradeceremos suficiente el accidente de Botswana en 2012. Y aún así, una portada de El Jueves caricaturizando el relevo real el pasado mes de junio acabó con el autosecuestro de la edición por parte de la empresa editora y la marcha de la revista de buena parte de su histórica plantilla.

Sin ser capaces de reírnos de nosotros mismos estamos perdidos. El humor es terapia, es pedagogía, y al contrario de lo que suele suceder, por escaso debería ser un bien protegido. Desde Aristófanes sabemos que sin humor no hay vida, ni libertad, ni progreso. Por eso, como ya explicaba en este mismo blog el mes pasado. me parece tan importante y tan admirable el trabajo de mi amigo Facu y sus compañeros de La Tuerka News. 

No me imaginaba entonces, cuando escribí aquel post, que la cosas acabarían yendo, apenas un mes después, por los derroteros que van hoy. Espero que la obligada visita de Facu a la Audiencia Nacional este jueves acabe siendo un mero trámite y punto. Sin más consecuencias. Que toda esta aventura, y su desmesura, le valga a mis amigos como espaldarazo, les suponga el reconocimiento que su esfuerzo merece y nada más.Y espero también, a ver si hay suerte, que ningún malfollao sin sentido del humor les vuelva a tocar las narices por hacer su trabajo.

J.T.

lunes, 20 de octubre de 2014

El homenaje de Podemos a Lluís Llach y "L'estaca"


Desde que, allá por 1968, Lluis Llach la compusiera con solo veinte años de edad, "L'Estaca" se convirtió inmediatamente en el símbolo de la lucha contra la opresión, la intolerancia, los abusos del poder y la ausencia de libertad.

"Siset, que no veus l'estaca on estem tots lligats? 
 Si no podem desfer-nos-en mai no podrem caminar!"

Siset, ¿no ves la estaca a la que estamos todos atados?
Si no conseguimos deshacernos de ella nunca podremos andar!

Siete años antes de la muerte del gran sátrapa, estos versos eran cantados y coreados ya en todo el país. En pocos meses la canción había conseguido sortear la censura pero no del todo: poco después se prohibiría al autor cantarla en sus actuaciones. Pero ya era tarde: todo el mundo se sabía el estribillo de memoria y lo coreaba a voz en grito en manifestaciones y protestas antifranquistas:

Si estirem tots, ella caurà i molt de temps no pot durar, 
segur que tomba, tomba, tomba ben corcada deu ser ja. 

Si tiramos fuerte, la haremos caer. Ya no puede durar mucho tiempo.
Seguro que cae, cae, cae, pues debe estar ya bien podrida

Todo el mundo conocía el estribillo, sí, pero su autor... no podía cantarla. El absurdo llegó a tal extremo que, en un recital el año 69 en el Palau de la Música, en Barcelona, con Llach en silencio en el escenario por orden gubernativa, la canción se interpretó... porque fue el público quien la cantó:

Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà, 
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí,
seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar

Lluís Llach siempre mantuvo su nivel de compromiso. Su música y su poesía forman parte de la memoria política, cultural y sentimental de este país: de Catalunya y de España entera. Pagó un alto precio por ello: prohibiciones, exilios, multas y detenciones. En 1975, pocos meses antes de morir Franco, Llach fue detenido y multado con 100.000 pesetas por Rodolfo Martín Villa, entonces gobernador civil de Barcelona, más tarde ministro durante toda la Transición y hasta no hace mucho presidente de empresas como Endesa o Sogecable.

En marzo de 1976, con Juan Carlos cinco meses ya en la jefatura del Estado, Llach fue literalmente expulsado de Tenerife, donde tenía dos recitales programados, por orden de Manuel Fraga. Quien años más tarde se convertiría preclaro líder de los populares, era por aquel entonces ministro de Gobernación en el gobierno de Arias Navarro.

El autor de "L'Estaca", y de tantas otras creaciones memorables, fue de los pocos "artistas" que no pastelearon con los socialistas cuando estos llegaron al poder. En 1986 tuvo las santas narices de interponer una demanda contra Felipe González por transgresión de compromiso electoral: el PSOE había ganado prometiendo que haría un referéndum para sacarnos de la OTAN... y acabó haciendo el referéndum, sí, pero para dejarnos metidos dentro para siempre.

Entre las composiciones más conmovedoras de Llach está "Campanades a mort", su particular denuncia de los sucesos de Vitoria en mayo de 1976: cinco muertos y más de ciento cincuenta heridos a manos de las fuerzas de Seguridad del Estado que dispararon contra los huelguistas encerrados en una iglesia tras hacerles salir de ella con gases lacrimógenos. Una matanza por la que el Estado nunca pidió perdón ni reconoció los hechos, como solía recordar el cantante antes de interpretar "Campanades..." y recitar a voz en grito:

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries

Asesinos de razones, de vidas
que nunca tengáis reposo en ninguno de vuestros días
y que hasta la muerte os persigan nuestras memorias

Por todas estas cosas, y por muchas más, cuando Juan Carlos Monedero anunció la tarde de este domingo en Vistalegre que el cierre musical de la Asamblea Ciudadana de Podemos iba a ser "L'Estaca", la fibra de muchos de los más veteranos presentes en el acto quedó literalmente tocada. Pude ver cómo algunos de ellos se secaban disimuladamente lágrimas inevitables apenas sonaron los primeros compases, mientras que otros se dedicaban a contarle a la gente más joven lo que Llach y "L'Estaca" llegaron a significar y significan aún en la pelea que tenemos pendiente. Cuarenta y tantos años después seguimos en las mismas: en lucha contra la opresión, la intolerancia y los abusos del poder que Llach denunciaba en "L'estaca"

Por eso me he decidido a escribir este post, porque como dice también la canción...

I mentre passen els nous vailets estiro el coll per cantar 
el darrer cant d'en Siset, el darrer que em va ensenyar:

Si jo l'estiro fort per aquí i tu l'estires fort per allà, 
segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

Y cuando pasan los nuevos muchachos, alzo la voz para cantar 
el último canto de Siset, el último que él me enseñó:

Si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí,
seguro que cae, cae, cae, y nos podremos liberar.

J.T.

viernes, 18 de julio de 2014

Esperanza Aguirre, ¿candidata del PP en las generales?

Desde que la policía municipal la pilló in fraganti habiendo aparcado en el carril bus mientras sacaba pasta de un cajero; desde aquella tarde de abril en que decidió huir precipitadamente del lugar y acabó arramblando con todo lo que encontró en su camino, Esperanza Aguirre ha vuelto por sus fueros y está tan desatada como en sus mejores tiempos. Ha vuelto a “divertirnos” a diario con su acreditada locuacidad porque no se calla ni debajo del agua. Cualquier comparecencia pública le vale para soltar el titular del día y los medios, siempre ávidos de carnaza, picamos el anzuelo y acabamos proporcionándole con creces la cancha que ella anda buscando.
Si algún observador extranjero, poco ducho en el devenir de nuestro día a día, hubiera llegado a este país hace solo un par de semanas la impresión que tendría, si no cuenta con demasiada información anterior, es que la persona que parte el bacalao en la derecha española se llama Esperanza Aguirre. Pensaría que esta mujer parece la única persona resuelta a pararle los pies a los de Podemos sea como sea, bien acusándoles de encarnar la maldad misma, bien haciendo un llamamiento a sus huestes para escudriñar en el pasado de sus caras visibles a ver si dan con algún muerto en sus armarios de perroflautas.
Que Esperanza habla y se comporta como aspirante a gobernar este país podría ser, sin duda, la conclusión de un visitante extranjero con pocos días en España. Se trataría de un análisis que coincide con la certeza que muchos de quienes vivimos aquí tenemos desde hace ya bastante tiempo: Aguirre, por ser presidenta… MA-TA. Y los que realmente mandan, esos que nunca se presentan a las elecciones pero que son los que mueven los hilos desde la trastienda, harían palmas con las orejas si ocurriera.
- Ya va siendo hora de que presida el gobierno una Esperanza Aguirre que pegue duro y sin contemplaciones. Ya está bien de melifluos bienmandandos -deben pensar en la banca, la iglesia, la ceoe… los verdaderos dueños del cotarro-. Aguirre es claramente de los nuestros, una liberal pata negra que además vende el producto de puta madre. Mariano ya nos ha hecho el trabajo sucio y ahora, con nuestra particular “dama de hierro” en el poder, en la troika hasta nos harían la ola.
Y la augusta dama, encantada con la posibilidad, les refuerza las ilusiones dedicándose, cada vez que le ponen una “alcachofa” delante, a repartir mandobles cuyos efectos solo le benefician a ella, a su predicamento y a su proyección política. La denuncia de Podemos a la controvertida lideresa por haberles relacionado con el terrorismo ha venido a reforzar ese punto broncas que tiene esta mujer quien, entre otras castas, pertenece a la de quienes se crecen con el castigo.
Desde hace varias semanas, en la mirilla de la escopeta dialéctica de Aguirre estáPablo Iglesias como prioridad número uno, y esa batalla retroalimenta a ambos en detrimento de todos los demás. La formación de Cayo Lara no levanta cabeza,Rosa Díez parece desaparecida en combate, los vascos están a verlas venir y los catalanes, demasiado enfaenados con las “vísperas” de la consulta. Para Aguirre, nada de esto es relevante… de momento. Ahora solo existen Iglesias, Podemos y la irrefrenable necesidad de ponerlos a parir día sí, día no y el de en medio también. AlPSOE, como si no existiese, salvo para llamar guapo a su recién llegado secretario general y pasar rápidamente de nuevo a echar pestes de Podemos.
Y mientras tanto, Rajoy, apoltronado en el tendido como es su costumbre, continúa puro en mano sin bajar a la arena y sin que parezca preocuparle cómo crece el protagonismo de la persona de su partido que más quebraderos de cabeza le lleva dados en su vida política. Una guerrera nata que nunca tira la toalla y que puede haber visto en los ataques a Podemos su oportunidad para estar de nuevo en todas las salsas y quizás, por qué no, volver a postularse para ser lo que siempre soñó: presidenta del gobierno de este país.
Entonces ya podría aparcar en el carril bus tranquilamente.
J.T.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Pues a mí, el “Salvados” del domingo me decepcionó


Vaya por delante mi reconocimiento a la arquitectura periodística de un programa como “Salvados” y a la pedagogía social que supone su emisión en una cadena de televisión generalista. 

Quede constancia también de mi innegociable afecto hacia Arturo Pérez Reverte, en su día compañero casi de pupitre y objeto de maledicencias e improperios que jamás tolero en mi presencia a envidiosos, difamadores ni papagayos varios. 

Una vez dicho esto: A mí el programa-debut de temporada de “Salvados” el pasado domingo me dejó cierta sensación de “coitus interruptus”. Esperaba más de él. Esta primera entrega, en la que se desmenuzaba la situación del barrio con más desahucios del país, y que servía como paradigma de lo que vivimos en todas partes, creo que contuvo una enjundia inferior al volumen de las expectativas que había generado. 

¿Lo mejor del programa? Que todavía, habida cuenta del casposo panorama mediático que sufrimos, sea posible emitir una hora de televisión como esa, donde el espectador puede reconocer su vida misma, su propia cotidianeidad. “Salvados” transmite verdad y eso es ya tan excepcional que hay que celebrar su existencia y brindar para desearle larga vida. 

Pero a mí la entrega del domingo me decepcionó. Era todo demasiado previsible. “Salvados” siempre transmitió un punto de tensión que eché en falta en el programa del día 27. El simpático gamberro que era Jordi Évole, cuyas inocentes insolencias nos hicieron pensar tantas veces que en cualquier momento le iban a romper las gafas de un tortazo, es ya un personaje cuyo tirón convierte a veces a sus entrevistados en admiradores arrobados, encantados del privilegio de compartir plano con tan elogiado héroe televisivo.

Habían promocionado el programa anunciando aumento de presupuesto, lo que ya es un notición en los tiempos que corren. Espero que se note en posteriores entregas, porque las localizaciones en Ciudad Meridiana no creo que pusieran de los nervios al jefe de producción del programa. Yo pensé que igual se habían ido por el mundo con Pérez Reverte para rememorar sus tiempos de reportero pero no, me lo encontré sentadito, con chaqueta y bebiendo agua mineral. 

Las intervenciones del experto que habló en el centro comercial, del responsable de la asociación de vecinos, del amigo Pérez Reverte, la directora del colegio o la simpática “monja-borroka” no fueron, a mi modesto entender, para tirar cohetes ni para tanta lisonja como he podido leer y escuchar estos días. Insisto, el principal mérito creo que reside en que cosas así, bien empaquetadas y seleccionadas, se puedan emitir todavía. A lo sumo hubo media docena de titulares: 

-“Vengo a las reuniones de la asociación y cuento mis problemas. ¿O qué voy a hacer, tirarme por el balcón como hacen tantos o ponerme para que me pille un coche?” –decía uno de los vecinos. 
-“Soy partidaria de la ocupación de pisos que los bancos tienen vacíos si no se tiene donde vivir”, reinvindicaba la “monja-borroka”. 
-“Me preocupa que los niños a los que alimentamos aquí no coman los fines de semana”, contaba la directora del colegio público. - también de “chapeau” las referencias de Reverte a Trento y a la guillotina, avanzadas ya en las promos del espacio, además del crudo broche final instando a Évole a no empeñarse en buscar soluciones a todo. 

Pero yo no pensaba, igual estoy equivocado, que “Salvados” era un programa para pontificar. Empachados de tertulias como estamos, la media ponderada del espacio del pasado domingo destilaba un cierto efluvio tertuliano aunque eso sí, progresista y de denuncia, algo a lo que ya tampoco estamos acostumbrados ni siquiera en la Sexta, en cuyos debates cada vez hay más fachas, se dicen menos cosas interesantes y se grita más. 

Luego, estaba la ausencia de tensión: la única ocasión en la que pareció existir algo de tirantez fue cuando irrumpió en plano, durante una entrevista al responsable de la asociación del barrio, una señora que cuestionaba lo que contaba el entrevistado de Évole. A partir de ahí se fue creando un corro de vecinos y la escena empezó a cobrar vida. Pero la imposibilidad, imagino que técnica, de mantener todo el plano-secuencia y recurrir a la edición acabó derivando en la devaluación del conflicto latente: el anciano xenófobo que despotricaba contra los inmigrantes aparecía unas veces con carrito y otras sin él, la irrupción del vecino que se quejaba de tener que pagar la luz y el agua de los okupas pareció como si hubiera ocurrido tras recibir órdenes de un regidor… 

Buen trabajo, sí. Pero de ahí a elevar a las alturas el programa y llamar “maestro de la televisión” a su conductor… Lamento discrepar. Yo esperaba y espero más de “Salvados”. Quizás sea injusto, pero el listón lo tenían ya mucho más alto de lo que yo vi el domingo y eso dota al espectador de argumentos para aumentar sus expectativas. Y si además este año cuentan con más pasta, eso se tiene que notar más. Elegir bien un tema y enhebrar una buena historia a partir de las personas que hablan sobre él es un aceptable comienzo. Pero no la bomba, como nos han querido vender.

J.T.

P.D. Mi reconocimiento al trabajo de edición, imagen y sonido. Magnífico.

viernes, 15 de marzo de 2013

Necesitamos muchas Candelas Peña


Este domingo se cumple un mes del aldabonazo que Candela Peña soltó la noche de los premios Goya 2013. Soy de los que piensan que los altavoces están para utilizarlos y eso fue exactamente lo que hizo la catalana de Gavá, reconocida aquella noche como mejor actriz de reparto por su interpretación en "Una pistola en cada mano", de Cesc Gay.

¿Os acordáis? Candela aprovechó su turno de palabra tras recoger el galardón para denunciar la carencia de mantas y de agua en un hospital público, el hospital donde falleció su padre. Sé de lo que habla. Por razones que me gustaría no estar viviendo, frecuento hospitales con cierta asiduidad en los últimos meses y compruebo cómo, a medida que transcurre el tiempo y se suceden las estancias, la carencia de medios es más ostensible.

Hace unos dos meses, en una de mis últimas visitas,encontré en la pared de la habitación del hospital un aviso de los trabajadores pidiendo disculpas si se percibían desatenciones en algún momento. Lo atribuían a la reducción del número de enfermeras por planta que acababa de producirse. En Urgencias, el pasado martes, tuve que ejercer de camillero desde la sala de espera hasta la consulta porque los auxiliares eran menos de los necesarios y estaban desbordados. La carencia de agua que denunciaba Carmela hace tiempo que no la percibimos, pero porque somos nosotros mismos quienes nos hemos ido surtiendo de existencias en una máquina expendedora convenientemente colocada en el pasillo. Eso sí, los vasos de plástico hay que perseguirlos, o traérselos directamente de casa porque los administran con cuentagotas.

De momento, si se nos apura, estamos hablando de asuntos ciertamente menores, pero nada permite deducir que las cosas vayan a mejorar a corto plazo. Son señales, señales de que hemos iniciado una cuesta abajo que, si continúa así, pronto amenazará seriamente la calidad de una sanidad pública que ha sido ejemplar durante muchos años.

El gobierno del PP tiene muy claro que quiere darle un golpe de timón al funcionamiento de la sanidad. La privada tiene que comerle terreno a la pública por civil o por lo militar. En el caso de Andalucía, donde todavía gobierna la izquierda, se resisten como gato panza arriba a que eso suceda, pero sobre su gestión pende la amenaza de la ausencia de "combustible". El grifo del dinero lo tienen al otro lado de Despeñaperros, donde es un hecho que la asistencia pública disminuye por días en favor de los centros privados y concertados. Y peor todavía: quienes tiene la potestad de abrir o cerrar ese grifo, a veces lo abren para pagar directamente a proveedores del gobierno andaluz dejando a éste a los pies de los caballos.

Por eso cuando alguien denuncia públicamente algo, como fue el caso de Candela Peña en la ceremonia de entrega de los premios Goya 2013, lo importante no es la literalidad de la denuncia sino la fuerza y la repercusión que puede llegar a adquirir si se elige un entorno oportuno y un momento adecuado.

Y a fe que lo fue, a tenor de las furibundas reacciones que se produjeron descalificando y hasta insultando a la atribulada actriz. Candela Peña, tras un atril en los premios Goya denunciando que su padre murió en un hospital en el que faltaban mantas y agua es demasiada verdad desnuda, demasiada vida real, de la de a pie de calle, puesta en evidencia en un entorno todo él  fashion y glamuroso.

Parece evidente que les rechinó, les irritó, les violentó tanta verdad, tanta vida real. Por eso me pareció oportuno.Y efectivo. Quienes estamos viviendo en los últimos meses experiencias hospitalarias sabemos bien hasta qué punto llamadas de atención como la de Candela, aldabonazos como el suyo en un escenario donde lo que se dice obtiene trascendencia, son más útiles que muchos manifiestos, incluso que muchas denuncias en los juzgados.

J.T.