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domingo, 27 de diciembre de 2015

Ada Colau, Susana Díaz y el café para todos

Lo recordaba Ada Colau hace unos días: "Solo hay una receta: respeto y fraternidad". Dos ingredientes imprescindibles para seducir votantes y crear "sólidas alianzas en todo el Estado".
Todo lo contrario al estrés y la crispación que transmite Susana Díaz cada vez que habla. No, Susana, no. No quiero que me salven políticos como tú, crecidos en la desconfianza y curtidos en la conspiración.

No, Susana, España no es como tú ni como según qué miembros de tu partido, todo el día con la faca en la mano izquierda y con la derecha santiguándoos. No. Susana, no. España no se va a romper porque haya más democracia, ni porque la gente reclame derechos legítimos, ni porque se abran las urnas para conocer cómo, una parte de sus ciudadanos, quieren que sea su futuro. No, Susana, no, el camino no es ni que os despellejéis dentro de tu crispado partido ni que demonicéis a quienes no piensen como vosotros.

Quizás convenga recordar, oh Susana, que has llegado donde estás porque te colaste por la puerta trasera, por una carambola a tres bandas que pasó por la huida de Chaves, la marcha forzosa (por un asunto de presunta corrupción relacionado con su mujer) de Rafael Velasco como secretario de organización del psoe andaluz, la dimisión que te aupó y te dejó el camino libre, y finalmente el cansancio de Griñán. Las urnas llegaron mucho después que tus primeros paseos por Ferraz sacando pecho.

Como andaluz, humildemente me permitiría pedirte que apostaras por la humildad. No me siento representado por tu soberbia y tu prepotencia, que me producen verdadera vergüenza ajena. No sé qué guerras te traes con Pedro Sánchez, y la verdad es que me interesarían muy poco si no fuera porque, en momentos como éste, esas trifulcas nos afectan a todos y desvían el tiro de a donde verdaderamente debería dirigirse.

En nombre del tradicional espíritu progresista de tu partido, en nombre de la esencia que lo dota de sentido, en nombre de las veces que gente como yo os votó en otro tiempo, te pediría que reconsiderases planteamientos frentistas y guerracivilistas como los que últimamente vienes manifestando.

Que Podemos quiere romper España, dices. No te lo crees ni tú. Me gustaría verte defender esa hipótesis en un debate con Pablo Iglesias. O con Teresa Rodríguez, a quien tu Canal Sur por cierto, aferrándose a la legislación vigente, le prohibió medirse contigo en la campaña electoral andaluza del pasado mes de mayo.

El futuro de este país, oh Susana, no puede pasar por las tesis que tú mantienes, y menos aún si eso se hace desde un partido progresista. Es una verdadera pena que en muchos pagos se te compare con Esperanza Aguirre, que crispa, tensa y da esplendor al enredo y al embrollo como nadie. Ese no va a ser tu camino, ¿verdad?

"Ya no hay café para todos, solo para Ada Colau”, has llegado a decir. Y a mí esa frase, como a la alcaldesa de Barcelona, "me suena a vieja, me suena a pasado. La frase y la estrategia que hay detrás: confrontar pueblos para sacar rédito político. Una estrategia irresponsable -como también afirma Colau- que nos ha llevado a un bloqueo del que no saldremos con más crispación y polarización, sino con más respeto hacia la diversidad y con más fraternidad entre pueblos".

Más fraternidad, Susana, y menos "cultura de  partido", ese concepto añejo que prioriza intereses internos y se olvida de lo que verdaderamente interesa a la ciudadanía de a pie. Me gustaría saber, este lunes 28, el tiempo que le dedican en el Comité Federal socialista a preguntarse por qué su partido ha perdido millones de votos, especialmente en los barrios populares y el que emplean en dispararse dardos envenenados. Me gustaría saber cuánto tiempo le van a a dedicar a hablar de Catalunya en serio, a plantearse acabar con las puertas giratorias o con la vergonzosa dependencia de la Justicia del poder ejecutivo... y cuánto a reprocharse los unos a los otros la catástrofe electoral mientras entre todos le van haciendo la cama a Pedro Sánchez sin piedad.

No, Susana, no. Aquí nadie quiere romper España, sino que las cosas dejen de ser como siempre han sido. Es el momento del cambio protagonizado por la gente común. Hombres y mujeres, como diría Ada Colau que "quieren decidirlo todo desde abajo, y que no tienen miedo a resolver los conflictos políticos con la única solución válida en democracia: más democracia".

J.T.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Catalunya, ¿cómo acabará la película?


Mientras don Tancredo Rajoy continúa mareando la perdiz y poniéndonos a todos cada vez más de los nervios, en el parlamento catalán van haciendo, a medida que transcurren los días, exactamente lo que llevan mucho tiempo anunciando que harían. Ni más ni menos. Hasta aquí, nada extraordinario. Lo inexplicable es que las semanas hayan ido pasando y los cabezas visibles de las instituciones -Mas por un lado y Rajoy por otro- continúen dándose la espalda y tensando la cuerda cada vez más.

Saben que ponerse de acuerdo para dialogar, por mucho que hasta ahora no hayan tenido demasiado interés en ello, es inevitable. Pero no hay manera. Los unos dicen que la ley está de su parte; los otros, también. Los unos invocan el carácter democrático de todo lo que hacen; los otros, también. Pero continúan sin hablar y sin hablarse. Ahora, cuando está a punto de pillarle el toro, Rajoy decide recurrir a los líderes de los partidos políticos y de los movimientos sociales y sindicales, y los invita a charlar un rato en Moncloa. O sea, lo que tenía que haber hecho hace meses... o años. Me temo que vamos algo tarde.

Que la solución en Catalunya es un referéndum está absolutamente cantado. El "derecho a decidir" acabará imponiéndose sí o sí. Que no deben dinamitar ningún puente que les lleve a sumar y a buscar soluciones parece de absoluto sentido común. Pero a estas alturas de la película no es hora ya de preguntar quién empezó antes esta triste historia de desencuentros ni quién escuchó menos. La deriva de los últimos días empieza a adquirir tintes complicados y preocupantes:

- Sabemos lo que tenemos que hacer llegado el caso, entonan a coro Mariano y Soraya y el resto de sus adláteres, sin aclarar hasta ahora cuál es el "caso" que tiene que acabar llegando
- Se ha acabado la broma, suelta el xenófobo Albiol
- Visca la república catalana, proclama Forcadell, la flamante presidenta del Parlament en su discurso de toma de posesión
- Es una provocación, suelta Mariano de emisora en emisora
- Proponemos la "desconexión", plantean Junts pel Sí y la CUP en un borrador de resolución que registran en el Parlament. Y además, esta desconexión no se supeditará a las decisiones de las instituciones del Estado, en particular del Tribunal Constitucional.
- Con prudencia y proporcionalidad responderemos a cada desafío, repite Mariano.
- Forcadell se ha puesto al servicio de dos grupos parlamentarios, denuncia Catalunya Sí que es Pot
- ¿Qué queréis, pregunta Mas ante la discrepancia de algunos de sus consejeros, que repitamos elecciones?

Ciudadanos, PSC y PP se apresuran a interponer recursos, mientras Junts pel Sí y la CUP aprietan el acelerador
- Convocamos la junta de portavoces para votar cuanto antes el borrador de resolución ¿Cómo, que no está constituido aún el grupo popular? Da igual, yo sigo, que el reglamento me lo permite, plantea Forcadell
- Pa chula ella, chulos nosotros, fanfarronea Albiol
- El Estado no va a financiar veleidades independentistas, remata Montoro, perejil de todas las salsas

Y continúan a la greña, sin hablarse, elevando el tono y la tensión y empezando incluso a perder las maneras. ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Acaso es normal que esto funcione como una película de suspense, donde se nos mantiene como meros espectadores a quienes estamos plenamente concernidos por las consecuencias de tamaño desencuentro?

Quiero escuchar algo tranquilizador ya. No pueden pasar más días sin que sepamos cómo puñetas va a acabar todo esto. Lo saben todas las partes. Saben que la única solución es el diálogo y dejarse de postureos, órdagos, pulsos, ultimátums... Lo saben porque la otra opción sería que el enfrentamiento pasara a mayores, y los catalanes que votaron el 27 de septiembre quieren convivir en paz entre ellos y tener la mejor relación con el resto del Estado. Esa es, a mi juicio, la única interpretación posible del resultado de las votaciones. Votaron para que sus representantes se entendieran y no para que las crispación se acentuara a medida que fueran transcurriendo los días. Votaron para que los votados entendieran el mensaje, y no para que montaran el pollo que están montando, ni para que se insultaran, ni para se pusieran de los nervios ellos y de paso a nosotros...

A los políticos les pagamos el sueldo para que busquen soluciones a los problemas y no para que nos creen más complicaciones de las que ya tenemos. "Búsquennos soluciones", fue lo que los catalanes ordenaron a sus políticos el 27-S. Pues bien, ni puñetero caso les están haciendo. Es verdad que lo de Rajoy es muy fuerte, que este presidente saliente no ha sido solo un problema, sino una verdadera pesadilla. Pero su intolerancia, que tan a la ruina nos ha llevado en tantas cosas, se acaba en pocas semanas. Las opciones políticas más votadas en Catalunya no deberían estar jugando a ponerse a su altura. El proyecto que defienden se merece más respeto del que le están teniendo quienes lo encabezan. Se merece que agoten todas las vías de diálogo posibles, porque ese fue el verdadero mandato de las urnas. El gobierno del PP con Rajoy al frente tiene la mayor parte de responsabilidad, de acuerdo, pero cuando dos partes no hablan es porque ninguna de las dos quiere poner nada de su parte.

Esto no puede continuar así. No nos merecemos ni un minuto más de intranquilidad. No puede ser que nos estemos moviendo entre fanfarronadas, amenazas y discursos del miedo. Tenemos derecho a exigir comportamientos responsables, a estar gobernados por políticos que nunca olviden que su obligación es propiciar que cada noche nos vayamos a la cama tranquilos y podamos conciliar el sueño. En paz.

J.T.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La Diada solo podía ser un éxito


Esto no va a ser ya nunca más como fue. Aunque solo fuera por razones de calendario, ya tocaba un meneo del calibre del que estamos viviendo. No se le puede estar tocando al personal las narices permanentemente, como hacen Rajoy y su cuadrilla pepera, sin que eso no acabe teniendo la contestación adecuada. Han acabado con la paciencia del personal porque llevan mucho tiempo tomándose a la ligera dos de los asuntos más delicados que existen en materia de convivencia: la obligación de luchar contra la desigualdad social y el derecho de cada pueblo a decidir cómo quiere gobernarse.

Hace décadas que la desigualdad aumenta en nuestro país, que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. A más del noventa por ciento de la población las cosas le van peor que hace ocho años mientras que el número de mega-ricos ha aumentado un treinta por ciento. Inasumible. Como tampoco se puede admitir la prolongada desidia, cuando no la insidia de los gobiernos centrales, en materia de política autonómica. Que floreciera la contestación y el rechazo social era cuestión de tiempo porque, aunque el descontento lleva años siendo evidente, el actual gobierno ha cometido la irresponsabilidad de echarle aún más gasolina al fuego. El proverbial tancredismo de Rajoy ha rematado la faena y ha ido acelerando el desarrollo de los acontecimientos. No sé yo si se puede cabrear a más gente y en menos tiempo de lo que lo han hecho ellos.

El meneo tenía que llegar y es tiempo ya de abrir muchas ventanas que traigan aire limpio y fresco. A la hora de afrontar la gestión política y económica de nuestro país hacen falta caras, actitudes y esquemas mentales nuevos. Ni las aspiraciones ni la sensibilidades son las que eran hace treinta años. Cada vez que hablo de esto, tengo a gente de mi quinta que se me cabrea, pero lo siento mucho. Estoy hasta las narices de ver a ese juguete roto llamado Felipe González salir a la palestra, liarla parda y hacer que suba el pan cada vez que escribe o habla. El número que ha montado con lo de Catalunya ha sido un lamentable desatino. Y en el peor momento. No aguanto tampoco la cara de amargao de José María Aznar, otro jarrón chino incapaz de permanecer en el ostracismo y que cada equis tiempo parece que necesita montar un pollo para que no olvidemos sus desmanes. 

¿Y del todavía gobierno PP, qué me dicen? Sugiero echar una ojeada de vez en cuando a la foto oficial en las escaleras de Moncloa. Terrible. Rostros siniestros que trasmiten de todo menos tranquilidad: miedo, desconfianza, alarma, recelo... Si luego repasamos lo que han hecho, podremos constatar una vez más que sí, que es verdad aquello de que la cara es el espejo del alma. Ante tan oscuro panorama era lógico que el revulsivo llegara: en forma de opciones políticas de nuevo cuño por un lado y de grandes protestas ciudadanas por otro reivindicando el derecho a decidir cómo quieres que sea tu futuro y el de tus descendientes.

Por eso la Diada viene siendo un éxito mayor cada año que pasa. Por eso las elecciones municipales tuvieron en las comunidades históricas el resultado que tuvieron. Por eso las elecciones autonómicas del próximo 27-S en Catalunya van a ser tan importantes. Nadie sabe qué pasará, pero una cosa parece clara: esto no será ya nunca más como fue. 

JT


viernes, 14 de agosto de 2015

Ada Colau y el anhelo de soberanía


Se cumplían este jueves sesenta días de la constitución de los ayuntamientos nacidos del 24-M y parece que por fin las nuevas caras se deciden a salir a la palestra. El sábado pasado fue Kichi; este 13 de agosto, Ada Colau. La segunda semana de agosto suele ser la más huérfana de noticias políticas del año y ahí estaba ayer la alcaldesa de Barcelona, aprovechando el hueco y haciendo bolos por duplicado, en "Las Mañanas de Cuatro" y en "Al Rojo Vivo"

- Barcelona en Comú -dijo Ada Colau en ambas intervenciones y con parecidos términos- ganó las elecciones defendiendo el derecho a decidir en el sentido más amplio de la palabra. Creo que tanto yo como la mayoría de mis compañeros (hay gente que es federalista, gente que es independentista y otra parte que no considera ese tema prioritario) estamos de acuerdo en el concepto de "soberanía", en el derecho a decidir como principio democrático irrenunciable. A nadie se le escapa que estamos en un momento de una democracia claramente imperfecta, y los casos de corrupción tienen mucho que ver con esto, pero tiene que ver con algo mucho más amplio, que es esa sensación de que no estamos decidiendo nosotros. Que en los últimos años, cuando íbamos a votar, no decidíamos realmente las políticas públicas, cómo se utilizaban o gestionaban los recursos públicos, las instituciones... Hay un anhelo generalizado de soberanía, y a eso responde claramente un contexto de revolución democrática como las candidaturas municipalistas que han ganado en muchas ciudades. 

Yo nunca he sido nacionalista ni independentista -continuó la alcaldesa-, pero sí soy soberanista, sí quiero más y mejor democracia. Y sí creo que el  pueblo de Catalunya tiene todo el derecho del mundo a decidir su futuro, a decidir cómo se debe organizar. Y desde la libertad, el respeto y la normalidad democrática, deliberar y decidir cómo debe relacionarse también la institucionalidad catalana con el resto del Estado. Estamos a favor de que se pueda realizar un referéndum con normalidad, como se pudo hacer en Escocia y hemos dicho que nosotros estaríamos siempre, como capital de Catalunya, al lado del resultado de ese referéndum. Si eso finalmente se concreta en independentismo, en federalismo, o en la fórmula que sea, eso no puede plantearse en clave de preocupación ni de miedo, porque entonces estaríamos diciendo que la democracia es un problema.

En cuanto a la independencia, Colau no cree que sea un signo de bondad o de maldad. Es un instrumento, una forma de organización institucional del Estado -explica- que depende de cómo se haga, con quién se haga y cómo se diseñe. Por eso nosotros, desde la candidatura en la que participo y que ahora gobierna el ayuntamiento de Barcelona, con lo que siempre hemos tenido más sintonía es con la idea de Proceso Constituyente porque creemos que es lo que hace falta tanto en Catalunya, como en el Estado y en el resto de Europa. Es decir, un debate democrático desde abajo desde donde podamos rediscutir las reglas del juego y cómo nos organizamos institucionalmente. Porque finalmente esto ya no es tampoco una cuestión entre Catalunya y el resto del Estado, es también una cuestión europea. Lo acabamos de ver en Grecia, el ataque a la soberanía real. La soberanía tiene que ser el debate general, la soberanía tiene que ser que la ciudadanía pueda debatir y decidir la forma de organización del Estado, sea en España o en Europa.

Mientras otros dormitan, Colau espabila y aprovecha. Faltan poco más de cuarenta días para el 27-S, y cada minuto es oro.

J.T.

jueves, 31 de julio de 2014

Artur Mas en su laberinto


Este miércoles en Madrid ya le había desaparecido del semblante esa expresión de pasmo y desconcierto que no supo esconder el día anterior cuando compareció para contarnos el cuento de que Pujol había decidido arrancarse él mismo todas la medallas que tantos años llevó colgadas en la pechera.

Si la comparecencia de Artur Mas el martes se pareció a una epístola de Pablo de Tarso -con tanta pena, compasión y dolor como desplegó-, en la de este miércoles evidenció, como muy bien tituló "Público" la noticia, que su reunión con Rajoy en Moncloa había sido un "diálogo de besugos", como una de esas piezas de humor con que nos deleitara en tiempos el bueno de Armando Matías Guiu:

- Buenos días
- Buenas tardes
-¿Cómo están ustedes?
- ¿Ustedes... refiriéndose a mí?
- A usted
- Pues somos unos ustedes muy solitarios
- ¿Están ustedes solos?
- Ustedes no sé cómo estarán, yo, que soy usted, estoy más solo...

Y así, durante dos horas y media, ¡qué pereza!

- ¡Sois unos aprendices al lado de Suárez y Tarradellas!, les podía haber espetado, como poco y a la cara, María Antonia Iglesias, a quien todos hemos recordado muy especialmente este miércoles, cuando nos enteramos que la querida compañera se nos había marchado definitivamente.

En la rueda de prensa que ofreció en la sede de la Generalitat en Madrid, el "honorable" Mas ya no tenía la cara de alelao del martes, pero continuaba sin poder disimular una cierta sensación de desamparo. Tutelado hasta ayer por el tito Jordi, su padre político como él mismo admite y proclama, eso le ayudaba a pisar terreno firme, o al menos debía creerlo.

Huérfano por sorpresa del manto protector al que lo tenía acostumbrado el Gran Defraudador Confeso, a Mas le quedan ahora las muletas de Esquerra Republicana, formación que le aupó al poder en 2012, y el calor cómplice o el aliento en la nuca, según cómo se mire, de los partidos que pactaron con él la fecha y el contenido de la pregunta para la consulta del 9 de noviembre.

Tanto la rueda de prensa del martes en Barcelona como la del miércoles en Madrid han sido dos verdaderos marrones, dos compromisos que Mas ha resuelto haciéndonos tener la sensación de que ni él mismo se creía las cosas que nos estaba contando.

La manera en que Rajoy vino a dar cuenta de la reunión rozó el ninguneo, y puede que incluso el desprecio. Esta vez ni siquiera se molestó en comparecer por plasma: despachó el asunto recurriendo a twitter, para que luego digamos que no está moderno este Mariano.

Estos son los tres tuits con los que el presidente del gobierno español resumió, ya por la tarde, sus dos horas y media de conversación con el presidente catalán:

1. "Mi posición como presidente del Gobierno es clara: la consulta es ilegal y, por lo tanto, ni se puede ni se va a celebrar"

2. "Apuesto por una mayor colaboración para acelerar la recuperación económica y la creación de empleo. Es la prioridad de los ciudadanos"

3. "Mantengo mi disposición al diálogo convencido de que juntos sumamos. Debemos seguir colaborando en todo lo que beneficie a los españoles"

Antes, Rajoy había hecho comparecer en Barcelona -en rueda de prensa convocada de urgencia- a Alicia Sánchez Camacho. Quien, al parecer, ha sido investida desde este miércoles como "para-delegada" del gobierno del pp en Catalunya, se adelantó a la comparecencia de Mas e hizo público que el encuentro en Moncloa había tenido lugar dentro de la "normalidad democrática y el respeto institucional", ratificó que de la consulta, dado que es algo que está  "fuera de la ley, no hay nada que hablar porque afecta al Estado democrático y de derecho", y precisó que la postura de Rajoy es "trabajar desde el Gobierno por la convivencia y el interés general de los catalanes y españoles".


En su laberinto, Mas contó que había entregado a Rajoy un documento con 23 puntos que iban desde el ámbito social al económico y competencial, y aseguró que "hay un clima de diálogo abierto". Pero de la consulta... nada de nada.

- Ahora sólo nos falta llegar a un acuerdo con el Estado, dijo, y si no hay acuerdo con el Estado, lo haremos igualmente de manera legal.

¿Cómo lo hará? Eso, de momento, se lo reserva. Queda inaugurada, pues, la temporada de suspense hasta el 9 de noviembre. Con un mes de agosto que ya está aquí, y que no parece vaya a ser muy inhábil precisamente, y con los escándalos en torno a Pujol y su familia ocupando las primeras páginas, un asunto que ni estaba invitado a la fiesta ni se le esperaba pero que amenaza con modificar de cuajo muchas agendas en las próximas semanas.

J.T.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El envenenado halago de Anson a Susana Díaz


Nunca fueron inocentes ni gratuitos los halagos de Luis María Anson. Una lisonja de este nunca suficientemente bien ponderado prohombre no suele tener mucho que envidiarle a una maldición gitana. Si yo fuera la recién ungida presidenta de la Junta de Andalucía, me tentaría bien a fondo la ropa tras el calibre de los piropos ansonianos. 

Para muestra, este botón “No te oculto -le escribía Anson a Díaz el domingo día 6 en el diario “El Mundo“- el recelo con que acogí tu designación a dedo como sucesora de Griñán, cuando los mastines del ere mordían ya los tobillos de Andalucía. Pero resulta que tu última intervención pública ha sido sobresaliente. Has defendido lo que históricamente ha hecho siempre el PSOE: la unidad de la nación. Y has alertado sobre «la trampa del derecho a decidir» porque corresponde a todos los españoles la decisión sobre cualquier cuestión territorial que afecte a la unidad de España“. 

Desde que su estrella comenzó a ascender, no le faltan a Díaz a su alrededor profesionales de la supervivencia política y periodística haciéndole descaradamente la pelota día y noche. Pero que a esa nómina se haya incorporado con armas y bagajes el inefable Luis María Ansón es directamente para rasgarse las vestiduras, ¡Ras! 

Le han bastado a Susana Díaz dos frases mañaneras en un hotel de Madrid el pasado día 3 para ser objeto de más atención en el “foro”, y obtener más repercusión mediática fuera de Andalucía, que en los 20 largos años que lleva en política. 

En la primera de las frases arremetía contra ZP ante la estupefacción de muchos de sus correligionarios presentes en el desayuno (“…les voy a ser sincera: creo que no se acertó cuando se proclamó que se aceptaría cualquier estatuto que viniera de Cataluña”). Los socialistas catalanes están que trinan, los catalanes en general preguntándose quién demonios se cree Díaz para cuestionar su derecho a decidir, y la caverna aplaudiendo a la emergente socialista. 

En la otra frase que la catapultó a los titulares de la prensa nacional, Díaz hacía de pitonisa afirmando que veía “posible” un próximo gobierno psoe-iu en la Moncloa. Dado que Susana Díaz tiene bien acreditado ser una fajadora nata que acaba sacando adelante sus planteamientos (iu Andalucía le come en la mano, la vieja guardia del psoe de su Comunidad parece que se le ha rendido y Griñán, arrobado, ha puesto en ella todas sus complacencias) habrá que esperar acontecimientos. 

Pero de momento esta mujer de 38 años, presidenta de la Junta desde hace un mes y que en noviembre será investida “lideresa” del partido socialista de Andalucía, recibe en el resto del país más parabienes provenientes de la derecha que de la izquierda. Igual la hemeroteca me contradice, pero yo no he escuchado aún a Susana Díaz, y menos desde que preside Andalucía, pronunciarse públicamente sobre nada que tenga que ver con el 15-M. Dijo en la conferencia madrileña que en los últimos tiempos “hay más gente en las manifestaciones”, pero no precisó que son las “mareas” o los “afectados por la hipoteca” quienes llevan dos años largos haciendo en la calle lo que no hacen ni la izquierda tradicional ni los sindicatos. 

Quiero creer que cuando Susana se presenta en Madrid y proclama que “si no somos capaces de equilibrar protesta y propuesta estamos poniendo en peligro la democracia entendida como gobierno del pueblo, porque ya estamos viendo que la mera propuesta no resuelve nuestros problemas” no está regañando a quienes desde el 15 de mayo de 2011 gritan por las calles “No nos representan“. 

Quiero pensar que, tras haber toreado en Madrid con gran éxito de crítica y público… de derechas, Díaz va a tener muy en cuenta los gritos de miles de ciudadanos que, en la calle sin siglas, pugnan un día y otro por acabar con todas las mafias instaladas en la política (empresariales, bancarias, sanitarias, educativas); por meter a todos los ladrones en la cárcel cuanto antes mejor; por recuperar nuestro dinero y por mandar a su casa a tanto político apoltronado como hay por las esquinas fumando puros y sin hacer ni el huevo. 

No creo que Susana Díaz deje de tener en cuenta, ahora que tanto analista coincide en lo ascendente de su estrella, el profundo significado de la indignación que desde hace dos años y medio late en la calle. Me gustaría oírla pronunciarse sobre ello con tanta claridad como lo ha hecho con zetapé para afearle su gestión con el Estatut de Catalunya. 

Estoy seguro que, desde su probada habilidad política, Díaz sabe que es imprescindible para el futuro de la izquierda de este país atraer y convencer a quienes hoy por hoy no se fían ni un pelo de los políticos tradicionales. 

Cuando se está en tareas de tal envergadura sobran, estorban y rechinan -mucho- adulaciones de personajes como Luis María Anson.

J.T.

martes, 7 de mayo de 2013

Si los catalanes quieren decidir, decidirán


Agita la caverna estos días las aguas del anticatalanismo a propósito de la Primera Cumbre sobre el Derecho a Decidir celebrada este lunes en el Palau de la Generalitat: ¡Secesión!, ¡Que vienen los independentistas! ¡A las barricadas! Siempre el miedo, la crispación, la demonización de lo que, lisa y llanamente, se limita a ser el normal funcionamiento de las instituciones democráticas de las que nos hemos dotado en este país. Pero cuando de Catalunya se trata, siempre aparece alguien interesado en que la tensión se dispare y todo acabe encanallándose.

Nunca entendí por qué tantas cosas de las que rodean a Catalunya ponen tan de los nervios a determinados sectores del resto del país. El pueblo de Catalunya es un pueblo sabio y currante que siempre ha tirado del carro y que ha acogido afectuosamente a cientos de miles, millones de foráneos que durante décadas se han ganado la vida allí, que allí han acabado instalándose y que ahora son padres o abuelos de catalanes cuyo presente y futuro son estricta y únicamente catalanes.

En ese contexto es en el que Catalunya puso hace un tiempo sobre la mesa el llamado “derecho a decidir”. 86 de los 135 diputados que componen la cámara autonómica pertenecen a partidos para los que ese derecho es una apuesta indiscutible (50 de CiU, 21 de ERC, 13 de ICV-EUiA y 3 del CUP) Solo los 28 escaños que suman el PP (19) y Ciutadans (9) están claramente en contra. Porque los 20 diputados del PSC andan de broncas y presionándose entre ellos y, en consecuencia, mareando la perdiz: consulta, sí; pacto por el derecho a decidir, no; independencia, caca; federalismo, guai…

En la Cumbre sobre el Derecho a Decidir celebrada este lunes 6 de mayo en Barcelona quedaron claras las muchas discrepancias entre los representantes políticos catalanes sobre la manera en que se debe recorrer el camino. El PSC, ya hemos visto, no se aclara; Quim Arrufat, (CUP), quiere más sangre en las venas y menos brindis al sol; Joan Herrera, (ICV), cree que la reunión solo sirvió para llenar titulares y portadas; Jordi Turull, (CiU) apuesta por implicar a la sociedad civil que es a la que, c omo dice Oriol Junqueras (ERC), “corresponde el protagonismo”.

En una palabra, que se lo están currando. Plantean lo que creen que tienen que plantear porque pueden y quieren hacerlo. Son la mayoría amplia de los representantes del pueblo catalán y su debate hay que situarlo en un contexto de aspiraciones legítimas e incuestionables. Lo que se propone en Catalunya, con sus tiras y aflojas, sus discrepancias y hasta sus ambigüedades no puede ser considerado tabú por ni para nadie. No puede ni debe poner de los nervios a nadie. Es una lícita iniciativa política sobre la que toca pensar, reflexionar y sacar respetuosas conclusiones. Sin rasgarse las vestiduras, sin caer en esos tópicos ni animadversiones que los fabricantes de crispación se ocupan de generar, alentar y difundir.

J.T.
Publicado también en la sección de "Opinión" de publico.es