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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Griñán y Chaves

Ahora que llevan unos días, pocos, en segundo plano, voy a hablar yo de ellos: durante bastantes años, más de doce, pude tratar con cierta frecuencia a Manuel Chaves y José Antonio -Pepe- Griñán. Durante mi etapa de corresponsal de CNN+ en Andalucía, tuve siempre una relación cordial con los dos. Me tocó entrevistarlos muchas veces y ese trato periódico -antes, durante y después de las entrevistas- me permitió, creo, extraer datos suficientes para hacerme una idea de la personalidad de ambos.

El único defecto, si se le puede llamar así, de Chaves, es ser más bien soso y algo estirao. Resultaba complicado sacarle una sonrisa en el día a día aunque hubo una vez, durante una comida junto a mis compañeros José María Izquierdo y Javier Casqueiro, en que pude conocer al Manolo relajado y sonriente que por lo visto Chaves suele llevar dentro, aunque tan escondido que no lo sacaba ni en la Feria, cuando aparecía los miércoles por la caseta de la Ser. Pepe Griñán me caía mejor, sobre todo cuando se arrancaba y se ponía a cantar fragmentos de ópera con cualquier pretexto. Eso en sus tiempos de consejero, porque ya como presidente recuerdo un viaje con él a Marruecos en el que andaba el hombre todo el día con aire más bien ensimismado y circunspecto. Yo creo que mantenía una relación de amor-odio con el ejercicio de la política, y a veces daba la impresión de estar preguntándose qué puñetas hacía él metido en tamaño sarao.

Una de dos: o han sabido engañarme muy bien, a mí y a otros muchos durante mucho tiempo, o ninguno de los dos es un delincuente. Ni presuntos ni leches. No lo son, y punto. Con la autoridad moral que entiendo me da no haberles dorado nunca la píldora y haber denunciado en múltiples ocasiones lo nefasto que me parece que en la Junta de Andalucía no se haya producido aún ningún tipo de alternancia política desde que llegó la democracia, quiero manifestar aquí que no me parece justo lo que les está pasando a Chaves y a Griñán. No entiendo el débil apoyo público que les están dispensando sus (antiguos) compañeros de partido, empezando por una Susana Díaz que, es bueno recordarlo, llegó a presidenta de la Junta puesta a dedo por Griñán. Se conoce que la hoy temida baronesa debió cogerle gusto al sistema "digital" y quizás pueda ser esa la razón por la que no le haría asquitos a sentarse en el sillón de Secretaria General de su partido en Ferraz de una manera parecida. 

No entiendo el silencio de quienes saben que ni Chaves ni Griñán son Jordi Pujol precisamente, aunque igual me han engañado tan bien que un buen día aparecen por ahí cuentas off shore con treinta años de antigüedad, pero no creo. Como no creo que lo piense tampoco nadie que les haya tratado, y me atrevo a incluir aquí también a sus adversarios políticos… y mediáticos.

¿Hicieron algo mal Chaves y Griñán? Por supuesto que sí. Decidieron eliminar trabas burocráticas para acudir en ayuda de los expedientes de regulación de empleo que muchas grandes empresas estaban llevando a cabo en Andalucía durante la primera década de este siglo. Compraban así paz social. A ese procedimiento se le llamó "transferencias de financiación" y fue tramitado, y aprobado, en el Parlamento andaluz. Así que, siguiendo la lógica por la que se ha procesado a Chaves, Griñán y con ellos a una veintena larga de cargos públicos más, igual tendrían que haber encausado también a todos los gobiernos andaluces en pleno habidos durante doce años. Y a todos los parlamentarios que aprobaron ese sistema. A todos.

¿Tienen responsabilidad Chaves y Griñán? Por supuesto que sí: no haberse enterado de la cantidad de sinvergüenzas que trincaron pasta merced a la ausencia de control de un dinero destinado a pagar jubilaciones anticipadas. Tienen responsabilidad por no haber sabido, o no haber querido saber, la de buitres que revoloteaban en torno suyo a cuenta de esa pasta: subordinados malversadores y prevaricadores, sinvergüenzas y cocainómanos, compañías de seguros, sindicalistas y ladrones varios tan largos de lengua como cortos de mente, y hábiles para meter la mano allá donde veían dinero con menos control oficial del recomendable. Gentes que distrajeron más de cien millones de euros que nunca se usaron para los fines para los que se había librado una partida que en total acabó superando los ochocientos.

La mayor parte de ese dinero, cuyas cifras hay costumbre de manejar en las informaciones con más desahogo y ligereza que rigor y exactitud, se empleó en pagar jubilaciones anticipadas a muchos trabajadores víctimas de Eres salvajes. Es cierto que una parte se la quedaron varias docenas de sinvergüenzas, pero me cuesta mucho creer que entre ellos se encuentren Manuel Chaves o Pepe Griñán. Al margen de la responsabilidad legal que los jueces acaben decidiendo que tuvieron o no, no entiendo que nadie salga al paso del linchamiento al que llevan siendo sometidos tanto tiempo, aunque esta última semana la cosa esté más tranquila. No entiendo tanto silencio, tampoco el de los propios afectados.

J.T.

viernes, 17 de abril de 2015

Pizarro y Zarrías, la vida sigue igual en Andalucía

A la misma hora en que, mucho más solo que Chaves dos días antes, Gaspar Zarríasenf ilaba este jueves el camino del Tribunal Supremo para declarar como imputado en el caso de los eres, Luis Pizarro, su amigo de tantos años, se batía a duelo con el PP desde la presidencia de la mesa de edad -tiene 67 años- del parlamento andaluz. Gritos y malos modos porque el PP no aceptaba, con 33 diputados, tener en esa mesa los mismos representantes que IU con 4. Pizarro no transigió: al indiferente, la legislación vigente.

Una caprichosa confluencia astral había devuelto de golpe a la actualidad a dos pesos pesados que lo fueron todo en el PSOE de Andalucía durante muchos años y sin quienes no se puede entender lo que ha pasado en esta comunidad desde 1990 para acá. Ahí siguen, incombustibles, algún ingenuo quizás llegó a creer que ahora ya sí se marcharían, pero ahí siguen. Por mucho que Susana venda renovación y fin de una época.

Si las actuaciones y decisiones del gobierno andaluz durante muchos años hubieran sido ríos, el mar se habría llamado Gaspar Zarrías. En él desembocaba todo: las delegaciones provinciales de gobierno, las agencias autonómicas, la elaboración, distribución y uso de los presupuestos, la televisión autonómica, por supuesto, medio privados generosamente subvencionados y convenientemente nutridos de periodistas orgánicos... Nada se movía sin su control y nadie prosperaba sin su visto bueno. Desde la consejería de Presidencia y más tarde desde la vicepresidencia -quince años en total- despachaba hasta el más mínimo detalle con cada consejería para preparar los Consejos de Gobierno. Y ahora se desentiende también de los eres. Sin comentarios. Si él lo dice, será así.

Luis Pizarro hacía en el partido lo mismo que Zarrías en las instituciones: no dejar, como secretario de Organización, ni un solo cabo sin atar. Todo lo que se movía en las agrupaciones provinciales, en las locales, ya fuera en el pueblo más recóndito de Huelva o en Almería, todo desembocaba en Luis Pizarro Medina

Decir Zarrías es decir Jaén, su provincia, cuyos copiosos votos socialistas Gaspar Carlos -así se llama- capitalizaba en las grandes reuniones del partido como si fueran acciones en un Consejo de Administración. Decir Pizarro es decir Cádiz. Su pueblo, Alcalá de los Gazules, era y es un feudo socialista incombustible -más del 60 por ciento de los votos consiguieron el pasado 22-M-: allí nacieron también el recordado Alfonso Perales o la ministra de ZP Bibiana Aído cuyo padre, Francisco, fue el primer alcalde democrático del pueblo.

Tanto a Zarrías, quien el próximo día 30 cumple 60 años, como a Pizarro, la sociedad civil andaluza les ha bailado el agua encantada durante una buenaq etapa: la confederación de empresarios, las centrales sindicales, los bancos, los periódicos, las cajas, la iglesia... La verdad es que hay que tener arte, capacidad de maniobra y... otras virtudes ocultas que mejor dejo a la imaginación de cada uno.

A sus pechos, sobre todo a los de Pizarro se crió Susana, quien empezó en las juventudes del partido y aprendió pronto a manejarse en las estructuras del aparato. Iba a pasar página, prometió, pero ahí
continúan ellos: abriendo telediarios y montando broncas. Y como guinda, el nuevo presidente del parlamento, el cordobés Juan Pablo Durán, de 51 años, quien reconoció ayer que está pagando a plazos una multa de 44.000 euros impuesta por el Banco de España. ¿La razón? Figurar entre los consejeros, y por lo tanto entre los responsables, de la mala gestión en su día de Cajasur, un desastre financiero más, que acabó con la intervención de la caja cordobesa por parte del banco emisor.

En resumen, que la vida sigue igual, aunque quiero terminar con una gota de esperanza: a la misma hora en que en el juzgado 35 de
Madrid se daban este jueves las últimas instrucciones para registrar la casa y el despacho de Rodrigo Rato, en el Parlamento de Andalucía tomaba posesión como vicepresidente tercero el diputado de Podemos Juan Ignacio Moreno de Acevedo, 42 años, uno de los abogados de 15MpaRato que llevó al presidente de Bankia al banquillo de los acusados. Algo es algo.

J.T.


domingo, 12 de abril de 2015

¿Hasta cuándo tendremos 17.621 aforados?


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Por muchas vueltas que le doy, no entiendo esto del aforamiento. 17.621 aforados tenemos en España, según los datos que en su día hiciera públicos Alberto Ruiz Gallardón. 17.621 personas de carne y hueso, mortales ellos, pero para quienes la justicia funciona con guante de seda. 17.621 conciudadanos que si tienen un conflicto con su pareja o son imputados por alguna causa civil o penal, no los juzga el tribunal de su ciudad, sino el Supremo en Madrid.
Desfilan estos días por los pasillos de tan alta instancia cinco políticos andaluces: dos antiguos presidentes de la Comunidad, dos consejeros de presidencia y un consejero de empleo. Para declarar por una causa –los famosos ERES- cuya instrucción lleva ya abierta más de cinco años. El triste conflicto familiar de un eurodiputado canario no lo dirime un juzgado de Las Palmas, sino el Supremo en Madrid…
¿Por qué? Pues porque, por el mero hecho de ser representantes políticos, se encuentran entre los 17.621 aforados que hay en España, cargos de responsabilidad a los que, según se argumenta, “hay que proteger de las presiones a las que puede verse sometido un tribunal ordinario cuando los juzga”. Claro que a los tribunales superiores en cuyas manos quedan los aforados, no hace falta que los presione nadie. Ya se presionan ellos solos, en función de la sensibilidad política merced a la cual cada uno de sus miembros está donde está.
Lo siento, pero a mí no hay quien me quite la impresión que lo que el aforamiento transmite es una insoportable sensación de impunidad. Es innecesario, ridículo, caro y excepcional. No hay país como el nuestro. Ni siquiera entre nuestros vecinos europeos. Solo los presidentes de la República están aforados en Italia y Portugal. En Francia, además del presidente de la República, lo están también los miembros del Consejo de Ministros. Pero hasta ahí. ¿En Alemania? No existen los aforados, como tampoco en Estados Unidos o en el Reino Unido. Aquí, 17.621… y continuamos para bingo.
Como en tantos otros asuntos, brindamos al mundo un trasnochado y decimonónico espectáculo que nadie parece tener prisa en liquidar, a pesar de que hay quienes defienden que tal estatus tiene sus inconvenientes, como que al ser juzgados directamente por un tribunal superior, los aforados pierden el derecho que  todos los ciudadanos tienen a recurrir.
Pero ahí continúa la norma y ahí continúan aforados ellos: rey en ejercicio y rey emérito mas sus respectivas consortes, diputados, senadores, miembros del gobierno central y autonómicos, jueces, fiscales, defensores del pueblo en el Estado y en las Autonomías… Para que eso dejara de ser así habría que cambiar no solo la Constitución sino todos los Estatutos de Autonomía y la Ley Orgánica del Poder Judicial. Mientras tanto ahí continúan: 17.621.
El problema es que la justicia, como defiende Jaume Asens, “es una institución endogámica, altamente politizada e incapaz de proteger la independencia de quien debe ejercerla. Con su vinculación al poder político, se ha convertido en un problema más que en la solución”. No tiene ningún sentido que la justicia dependa del poder ejecutivo, como explicó Manuela Carmena el pasado jueves en el debate de “Espacio Público” sobre la necesidad de reinventar la justicia en nuestro país. Suena a cachondeo, se mire como se mire, que Francisco Pérez de los Cobos, presidente nada menos que del Tribunal Constitucional, tenga o haya tenido carnet del PP. O que quien hasta hace poco presidía el Tribunal de Cuentas figurara en los papeles de Bárcenas como donante.
El privilegio de aforamiento, en medio de todo este pastel, hace muy difícil a los ciudadanos no vivir con una cierta sensación de desprotección. Hacen lo que les viene en gana y se van de rositas porque, en resumen, de lo que estamos hablando no es de aforamiento sino de impunidad pura y dura.
Otra cosa es la inmunidad parlamentaria, que existe en la mayoría de los países democráticos. Me convenció Alberto Garzón el otro día, cuando explicaba que esa inmunidad es la que permite, a diputados en minoría como él enfrentarse, por ejemplo, a Rajoy sin que éste le tire encima toda la batería de abogados de su partido para acogotarlo.
LOPEZAPero una cosa es la inmunidad parlamentaria y otra el aforamiento que permite que, por casos de presunta violencia de género como el de López Aguilar, o de posible responsabilidad en el mal uso del dinero público como los de Chaves y Griñán, éstos solo puedan declarar ante los Tribunales Superiores de Justicia.
Como también dice Manuela Carmena, “la justicia tendría que ser un servicio útil y no lo es. Hoy día no es el servicio que precisa la gran mayoría de los ciudadanos para resolver sus litigios” Y mucho menos, añado yo, si continuamos manteniendo a 17.621 conciudadanos aforados por la cara.
J.T.

jueves, 27 de junio de 2013

¿Qué busca Griñán con el pollo que ha montado?

Pepe Griñán, flanqueado por Susana Díaz y Mario Jiménez

Lo que ha hecho Griñán es anunciar que piensa dejar la presidencia de la Junta de Andalucía... dentro de tres años. Largo me lo fiáis, pero por inusual y atípico, el gesto la verdad es que tiene buena venta. Más pronto que tarde acabaremos enterándonos de la letra pequeña que se esconde tras la decisión, pero mientras tanto hay que reconocerle a Pepe -así le gusta que le llamen- que ha conseguido montar un bonito pollo.

Era muy elocuente ver la mañana de este miércoles en el Congreso de los Diputados cómo, desde Madina hasta Valenciano, los socialistas se escaqueaban por los pasillos para eludir los micrófonos y no tener que hacer declaraciones. Todavía más revelador ha sido escuchar a un pálido Chaves o a un parco Rubalcaba recurrir como valoración a un escueto "no pasa nada, el calendario no se altera" que no se creen ni ellos.

¿Por qué ha movido ficha Griñán de esa manera tan aparatosa y en este preciso instante?

La respuesta más fácil, como se ha apresurado a propagar en seguida la mayor parte de la derecha, es atribuirle la explicación de la anunciada renuncia al enmarañado caso de los EREs: el presidente prepara su retirada por si el asunto acaba salpicándole.

Otra de las hipótesis que se barajan es que Griñán ha calibrado el riesgo de inestabilidad de su gobierno de coalición con Izquierda Unida a medida que se vayan acercando las elecciones municipales.

Hay más: anticiparse a conspiraciones madrileñas contra él (no hay que olvidar que en el último Congreso Federal del Psoe Griñán y su gente apoyaron a Chacón frente a Rubalcaba y eso en Ferraz no lo olvidan) e incluso razones personales por enfermedades graves en su entorno familiar más cercano.

Y luego está el argumento que él mismo ha dado en el parlamento andaluz este convulso miércoles: "Sólo nuevos pilotos llevarán a nuevos horizontes", ha dicho. Quiere Pepe Griñán para Andalucía un relevo generacional que espera sea "sólido y duradero" ¿Qué significa eso? Pues que necesita darse la mayor prisa posible por amarrar la sucesión, controlar el aparato y neutralizar conspiraciones.

¿Y quién tiene todas las papeletas para ponerle nombre y cara a la sucesión? Pues la joven Susana Díaz, actual consejera de Presidencia, a quien le han crecido los dientes en el aparato del partido, es mujer y además aún no ha cumplido los cuarenta años. Entre ella y Mario Jiménez, que acaba de cumplir 42 y ostenta la vicesecretaría general del psoe andaluz, han ido laminando en los últimos cuatro años todo lo que olía a Manuel Chaves: de quienes pilotaron el psoe andaluz en los 70-80 apenas quedan cuatro gatos con poder. 

Susana y Mario, Mario y Susana han ido amarrando bien pueblo a pueblo, provincia a provincia, así que no tendrán mucho problema para conseguir en un proceso de primarias que la mano derecha de Griñán acabe siendo su relevo natural. Si alguien osa hacerle frente (por ejemplo la jiennense y antigua consejera de Bienestar Social Micaela Navarro, que el 25-M era la tapada de Rubalcaba si Griñán hubiera fracasado) necesitaría reunir 7.000 firmas.

En resumen, que Griñán lanza un órdago de aúpa, y reviste su espantá de amor a la renovación. Bien, de acuerdo, zas en toda la boca a los inmovilismos y a las pesadas rémoras del añejo "aparato". Pero, paradójicamente, lo hace usando las mismas armas porque Susana Díaz y Mario Jiménez son aparato puro y duro. De momento, lo único que los diferencia de sus antecesores es la tersura de la piel. 

Imagino que, si consiguen que se consume el relevo, estos jóvenes empezarán a asombrarnos con nuevas ideas, innovadoras propuestas e imaginativas iniciativas. No me cabe la menor duda de que comenzarán a promover debates, a abrir las puertas del partido a todo lo que está pasando fuera, a hacer de una vez lo que todos estamos esperando que se haga. ¿O no? Estoy seguro que para Pepe Griñán el relevo generacional es mucho más que un mero cambio de caras y de edades.

Si eso es así el presidente de la Junta andaluza habrá dado, con su anuncio este miércoles de renunciar a volver a presentarse, un golpe de autoridad moral. Yo quiero creerme que ha dado con la tecla de lo que se necesita para espabilar de una vez y volver a seducir a los ciudadanos. No quiero creer a quienes sostienen que esta maniobra de Pepe es una huida o un mero cálculo político, una argucia para coger con el pie cambiado tanto a IU como al PP, que a estas alturas no tienen ni idea de a quién presentarían como candidato a la Junta de Andalucía si mañana se convocaran elecciones. Una maniobra que de paso le permite tocarle bien las narices a Rubalcaba y compañía.

Quiero pensar que lo que ha movido a Pepe Griñán a desencadenar este terremoto político es realmente su voluntad de que las cosas cambien a mejor para los ciudadanos; no quiero creerme, como hay quien dice por ahí, que se trata de un golpe de mano para postularse como líder del psoe federal. 

Como ha escrito Antonio Avendaño en su twitter, Pepe Griñán, con su propuesta de relevo acelerado, "o está loco o es un genio". Igual dijeron de él el 25-M cuando se empeñó en que las elecciones andaluzas no coincidieran con las generales y entonces la apuesta le salió bien. Veremos qué ocurre ahora. 

J.T.