Mostrando entradas con la etiqueta juventud sin futuro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juventud sin futuro. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2014

Aquellos brillantes becarios que tuvieron que marcharse de aquí

Esta foto de José Pablo en Perú me sugiere tantas cosas...

Querida María José Durán, sigo por facebook tus peripecias en el sur del sur de América Latina. Recuerdo cuando me contaste que querías marcharte a Chile y yo, que te necesito aquí para podernos dar más prisa en cambiar todo esto, no tuve más remedio que animarte a que te largaras.

He sido testigo de muchos de los cabezazos contra la pared que te pegaste antes de tirar la toalla. He visto cómo lo mucho que vales, tu gran capacidad para hacer este país un poco mejor, no solo no fue apreciado por los indocumentados que te pagaban el sueldo sino que no pararon hasta aburrirte. Creo que hiciste bien en marcharte. Pero querida mía, yo necesito que vuelvas.

A ti, querido Enrique Carnicero, qué quieres que te diga. Una mente creativa como pocas. Durante el año que tuve la fortuna de tenerte de becario pude disfrutar de tu envidiable capacidad para traducir la vida en imágenes y planos secuencia. Las cosas que te traías entre manos siempre tenían un punto exquisito, un ángulo en el que los demás no reparábamos hasta que tú nos lo hacías ver. Ahora te disfrutan en Irlanda. Allí consigues salir adelante haciendo lo que te gusta después de haber llamado aquí a mil puertas sin que nadie supiera entenderte o dispusiera del presupuesto necesario para lanzarse contigo a una aventura de éxito seguro.

Yo quiero que vuelvas, Enrique, y quiero que sepas que, por lo que a mi respecta, pienso hacer todo lo posible para que te vayan haciendo sitio.

En cuanto a mi querida Patricia Calderón, a ver cómo te lo cuento: He visto a poca gente con tan excelente disposición, tan buen humor, tan poco miedo a aceptar desafíos. ¿Recuerdas cuando, sin aviso previo, te propuse hacer aquella salidilla en San Fernando en plena huelga de Astilleros? Los neumáticos ardían detrás tuyo y Manolo Garrido, desafiante, te apuntaba con la cámara. Te dio igual, lo resolviste como si llevaras toda la vida en haciendo información en directo. Ni un segundo de duda, había que hacerlo y lo hiciste. Fenomenalmente, además. Nunca olvidaré lo mucho que nos peleamos y nos reímos juntos porque conectar contigo era muy fácil. Ese pundonor con el que te ponías a la tarea, esa energía pura es la que necesitamos aquí para doblarle el pulso a quienes están usando el poder para fulminar nuestras esperanzas.

Pero te has ido. Andas por esas Europas, ahora creo que en Alemania, en busca de ese hueco que aquí no encontraste. Como también hizo nuestra amiga Rocío Martínez o nuestra otra María José, Morón, con José Pablo, su pareja quienes, hartos de contratos basura, de promesas incumplidas, expectativas fallidas y todo tipo de coitus interruptus laborales, decidieron irse a tomar... por mundo. Así han llamado a su blog y a su página de facebook, en las que cuentan sus peripecias mientras recorren el mundo con un presupuesto de veinte euros diarios. Seguro que los amortizan porque son envidiablemente creativos, osados... y muy capaces.

Os necesitamos aquí María Josés, Enrique, Patricia, José Pablo. Os necesitamos para construir ese país que quienes nos gobiernan no quieren que tengamos. Entiendo que os hayáis marchado. Y por eso entiendo como un desafío para los que aún estamos aquí luchar para darle a esto el vuelco suficiente para que volváis a tener aquí vuestro lugar. Para que os animéis a regresar y no se marche nadie más, para que cese una sangría que nos descapitaliza y ensombrece las perspectivas de futuro.

Vosotros hacéis falta aquí. Mucha falta. Quienes sobran son ese diez por ciento de depredadores, mentecatos, arribistas y especuladores que han dejado esto hecho unos zorros. Por vosotros, por los que os fuisteis, vamos a intentar que podáis poner pronto fecha a ese billete de vuelta que lleváis, seguro, en vuestros bolsillos.

Este país no se puede convertir en lo que quiere Botín, en lo que quieren esos contables que nos gobiernan en nombre de la troika. Este país tiene que ser como queramos el noventa por ciento de sus ciudadanos, que queremos reformar el código penal para meter en la cárcel a los defraudadores, para que, como dice el amigo Iglesias, los policías le pongan las esposas de una vez a los responsables de la crisis.

J.T.


lunes, 15 de abril de 2013

Hay hambre de caras nuevas, de mensajes frescos, de siglas distintas, de nuevas experiencias...


Si los miembros de la todavía existente Casa Real están haciendo todo lo posible por liquidarla ellos solitos, los políticos que calientan sillones en Consejos de Gobierno y Parlamentos varios de este país no parecen quedarse atrás a la hora de desacreditar también su propia imagen y su cada vez más escaso prestigio. Las encuestas ya le otorgan menos del cincuenta por ciento de los apoyos electorales a los dos partidos mayoritarios... ¡juntos!

Hay hambre de proyectos nuevos, de siglas distintas, de caras inéditas, de mensajes frescos; hay ganas de nuevas experiencias, de escuchar propuestas diferentes, de cerrar capítulo, de pasar página. Mientras los partidos "tradicionales" chapotean desesperados para mantenerse a flote el hueco que van dejando, enorme socavón ya, pide a gritos que venga alguien y lo rellene cuanto antes. ¿Quién será? 

Para que esta patética e incierta travesía del desierto no la acabe capitalizando un populista, es imprescindible que exista quien tire del carro cuanto antes. Al rebufo de la mágica irrupción del 15M, cercano ya su segundo aniversario, plataformas como "Afectados por la hipoteca" o "Jóvenes sin futuro" entre otras muchas han conseguido que sus mensajes y actuaciones adquieran un notable eco, seduzcan a unos y provoquen las reticencias de otros. Eso entre la izquierda. Porque en la derecha, adelantándose a la jugada por si acaso algo cuaja, se ha abierto la veda y ya van a degüello.

Pero no acaban de cuajar. El carácter asambleario que aspiran a mantener estos movimientos les impide crecer, les hace poco operativos y permite al adversario prever las jugadas. Es imprescindible que los movimientos ciudadanos que, desde sensibilidades de izquierdas, han surgido durante los dos últimos años se doten de los mejores reflejos para el combate.

Lo están poniendo en bandeja a inoperatividad de la clase política y las constantes agresiones a los más débiles por parte del gobierno Rajoy y de Europa.  Hay que recoger ese testigo. No puede ser que movimientos ciudadanos cargados de razón no acaben cuajando por cogérsela con papel de fumar cada vez que hay que tomar una decisión. No pueden acabar cayendo en lo mismos errores que los partidos políticos y demás instituciones tradicionales.

Por eso 
- Han de tener líderes, caras nuevas cuanto antes
- Han de aplicar todas las técnicas de comunicación que se sabe son efectivas
- Y lanzar cada día mensajes machacones, cortos, contundentes, que conecten con aquellos problemas del día a día que preocupan a la mayor parte de la población
- Y hay que exprimir internet hasta la extenuación

Todo ello procurando huir de dogmatismos y demás prácticas añejas que ralentizan la acción: Hay que actuar de manera urgente, rápida, eficaz y contundente.

Se puede. Y como no quieren, se debe

J.T.
Foto de Alfonso Tejada

lunes, 8 de abril de 2013

Españoles por el mundo, ¿se van o los echan?

- Papá, me voy a Alemania

Corría el verano de 2008 cuando mi hija mayor me dijo esta frase que tantos españoles de mi generación hemos escuchado de boca de nuestros hijos en algún momento de los últimos cinco años. Le gustaba Berlín, había decidido hacer allí su máster y luego ya vería. Ese "luego ya vería" se convirtió en que comenzó a trabajar allí cuando terminó los estudios y ya va camino del quinto año fuera de nuestro país.

Desde entonces su majestad el skype nos ha mantenido en contacto, yo he ido a verla cuando he podido y ella ha venido también (más veces que yo allí) con la frecuencia que le ha sido posible. Sobre su estado de ánimo no voy a contar nada aquí porque corresponde a su esfera personal. Hablaré de mí, de cómo vivo yo la historia y de lo que me parece que le está pasando a la gente joven de nuestro país.

A mí me satisface que mi hija se esté abriendo camino en la vida, y me da igual donde sea. Pero no puedo evitar que me asalte una terrible asociación de ideas: el recuerdo de las lágrimas que, cuando yo era niño, presenciaba cada vez que desde mi pueblo de la Alpujarra almeriense veía partir un autobús repleto de lugareños para ganarse en Alemania el jornal que en España no podían. Porque la situación actual, salvando las distancias, empieza a tener demasiadas similitudes con aquella.


Como me ocurre a mí, los hijos de muchos de mis amigos inundan en estos momentos no ya el mapa de Europa sino del mundo entero. Bangkok, Durban, Doha, Seatle o Wellington acogen ahora mismo en sus calles y plazas a hijos de amigos míos que se ganan la vida con mejor o peor fortuna. El denominador común de nuestras vidas es la cuenta de skype y el rastreo de billetes de avión comprados con antelación para poder ir a visitarlos a precios asequibles.

Así estamos, según los datos, aproximadamente unas 400.000 familias en toda España. Con nuestros hijos desparramados por  Ámsterdam,  Bruselas, Buenos Aires, Copenhague, Dublín, Lisboa, Londres, Munich, Nueva York, París, Roma, Santiago de Chile, Berlín o Viena. Muchos de ellos salieron este domingo siete de abril a la calle con una pancarta cuyo rotundo lema "no nos vamos, nos echan" unos podemos compartir más que otros, pero es cierto que la frase define un estado de ánimo que afecta a un buen porcentaje de los jóvenes españoles que viven y trabajan fuera de nuestro país.

Salieron a la calle en 33 ciudades de todo el mundo para secundar la iniciativa puesta en marcha por la plataforma "Juventud sin futuro". 33 ciudades donde jóvenes españoles denunciaron la falta de expectativas profesionales que España les ofrece. Y que si están fuera no es precisamente porque les vaya bien sino porque entienden que al menos serán capaces de sobrevivir mejor que aquí. 

Es cierto que ha cambiado la actitud de quien se marcha fuera. Hasta hace cinco-seis años podían hacerlo, como ha ocurrido toda la vida, porque era una posibilidad  que estaba ahí y que si se querían se aprovechaba. Pero ahora se marchan fundamentalmente por exclusión, porque no tienen más remedio, porque aquí en España tienen muy poco, o nada, que hacer. Entre los menores de 25 años hay un 57,6 por ciento de paro.


Por eso no se puede tolerar que a Marina del Corral, secretaria general de Inmigración y Emigración, no se le cayera la cara de vergüenza cuando hace unos días atribuyó la marcha de jóvenes españoles al extranjero "al impulso aventurero de la juventud". La señora del Corral  considera "desvirtuados los discursos que sostienen que la salida de trabajadores cualificados españoles está estricta y únicamente vinculada a la situación de crisis". Es decir, que el barco se hunde y los pasajeros no tienen más remedio que tirarse al agua, pero hay muchos a los que le gusta nadar. Y se queda tan pancha.

A pesar del brillante dictamen de la eminente secretaria general de Inmigracion y Emigración, para un joven español marcharse al extranjero ha dejado de ser una opción y se ha convertido prácticamente en una obligación. Ahí está el quid. O te mueres de asco o te vas.

Claro que marcharse no significa que no te vayas a morir de asco igualmente. Como nos recuerda en alguno de sus editoriales la página web de Juventud sin Futuro, "la precariedad es un mal endémico en toda Europa, y se sufre igual en inglés, alemán o francés que en español. Muchos de los jóvenes que se han marchado fuera pasarán un largo periodo encadenando trabajos temporales, poco relacionados con su cualificación, carentes de derechos y con salarios ínfimos".  Y luego ya veremos porque eso de que se trata de una situación pasajera, y que en breve quien quiera podrá regresar porque volverá a haber trabajo aquí, eso... está por ver.

Mientras tanto muchos de mis amigos y yo, que aún recordamos aquellas maletas de cartón con las que tantos de la generación que nos precedió se marcharon a Alemania, nos seguiremos apuntando al skype y a la búsqueda de vuelos baratos al tiempo que terminamos de ver crecer a los hijos más pequeños que aún tenemos en casa. Haciendo votos porque si también deciden marcharse, que sea porque lo eligen libremente. No porque no les quede otro remedio.

J.T.