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jueves, 30 de marzo de 2017

Los tuits de Cassandra y el muro John Lennon de Praga



En el barrio de Malá Strana de Praga, frente a la embajada de Francia en la República Checa y muy cerca del famoso puente Carlos, que atraviesa el río Moldava, hay una pared que no es una pared cualquiera sino un muro donde, desde el día de diciembre de 1980 en que mataron a John Lennon, nunca falta una pintada dedicada a su memoria. Este miércoles me acerqué a ese lugar y pude comprobar que el carácter simbólico de protesta que ese trozo de pared tiene desde hace más de treinta y seis años, aún continúa vigente.

En ese muro, la mañana siguiente al asesinato del ex Beatle, apareció un retrato del artista y unas pintadas en su honor que los miembros del gobierno checoslovaco de entonces, a quienes Lennon les parecía un pacifista peligroso hasta el extremo de tener prohibidas en el país la reproducción de muchas de sus canciones, consideraron un desafío. La imagen del cantante y las frases escritas en su honor fueron borradas inmediatamente y el muro volvió a lucir su blanco escrupuloso… hasta la mañana siguiente en que volvían a aparecer pintadas flores, canciones de Lennon o mensajes por la paz que la policía hacía desaparecer de nuevo a las pocas horas. El toma y daca duró nueve años, hasta la caída del régimen comunista, y desde entonces el muro es considerado un monumento a la libertad de expresión que permite mantener vivo el recuerdo de aquella rebeldía.

Me conecté al wifi del restaurante John Lennon, situado justo enfrente del muro dedicado a su memoria, y fue entonces cuando me enteré de la sentencia que condena a la joven Cassandra Vera a un año de cárcel y siete de inhabilitación por varias frases humorísticas dedicadas a Carrero Blanco en su cuenta de twitter. Me acordé en ese momento de mi amigo Facu Díaz, que tuvo mejor suerte, pero a quien nadie libró en su día del mal trago de pasar por un juzgado por hacer, según la fiscalía, humor con asuntos políticamente incorrectos. Y me acordé también de la tortura a la que sometieron a Guillermo Zapata durante meses interminables por frases también escritas en twitter, y de los titiriteros…

A dos mil quinientos kilómetros de distancia, hay unos instantes en que tiendes a pensar que noticias como la condena a la joven Cassandra no pueden ser verdad, que alguien tiene el día tonto y está de broma. Pero no, no debo perder la perspectiva. Lo que ha pasado es una cosa muy seria. Es un castigo, un escarmiento, un aviso que no está dirigido solo a la joven condenada, sino que está dotado de una profunda carga simbólica. Una sentencia así ha sido posible merced a una ley pensada por el Partido Popular para cercenar la libertad de expresión, para meter miedo. Como Cassandra solo ha sido condenada a un año de cárcel, no tendrá que ingresar en prisión, pero deberá tener mucho cuidado para no ser reincidente, porque si se le ocurre “molestar” otra vez en las redes y vuelve a ser encausada entonces sí, entonces puede ir a la cárcel si vuelve a ser condenada.

Como si se tratara del túnel del tiempo, me viene al recuerdo la asfixiante atmósfera que se vivía en España el año en que mataron a John Lennon, cuando mis compañeros José Luis Morales, Xavier Vinader y tantos otros eran juzgados por los reportajes que publicaban y hasta a mí me sentaban en el banquillo por ser director de paja de una revista de tías en pelotas. Al menos entonces existía la esperanza de que la Transición acabaría con aquello, que enseguida modificarían las leyes, aunque algún que otro susto nos llevamos antes que las cambiaran. Pero ahora, en 2017, ¿qué leyes van a cambiar, si es precisamente el gobierno que está en el poder quien las ha promulgado?

La condena a Cassandra es un pésimo síntoma, cualquier cosa menos una broma. Que un fotógrafo o un cámara de televisión salgan a trabajar temiendo ser castigados por las imágenes que puedan llegar a tomar, que los dibujantes y los escritores necesiten andarse con cuidado a la hora de publicar sus trabajos, es la peor de las noticias posible para las libertades.

No se puede consentir. No se puede ceder ni un milímetro de ese espacio. Hay que insistir una y mil veces, aunque cada día te intenten borrar lo que escribes, lo que dibujas, las fotos que haces o las imágenes que tomas. Da igual. Como en el barrio Malá Strana de Praga, cada mañana las frases y las ìntadas deben aparecer de nuevo en el muro de John Lennon. Aunque las vuelvan a tapar por las tardes con pintura blanca. Siempre llega el día en el que al poderoso no le queda más remedio que marcharse.

J.T.

martes, 21 de marzo de 2017

Pedir amparo a la APM es perder el tiempo

Aplaudo la decisión de la dirección del diario Público. Recurrir a las asociaciones de la prensa para que te amparen no sólo es perder el tiempo, sino correr el riesgo de llevarte un enorme disgusto. El periodismo es un oficio insolidario. Existe, eso sí, y no siempre, una cierta complicidad con el compañero de la mesa de al lado, o con aquellos con quienes coincides a diario en las coberturas callejeras. Pero hasta ahí. Todo lo demás es indefensión.
No defiendo el sectarismo que practican algunos colegios profesionales, y menos la impunidad con la que en ciertos casos llegan a blindar a sus asociados, pero cuando un arquitecto, un abogado o un médico tienen problemas, por lo general cuentan con un sólido colegio profesional detrás que les apoya y defiende. De las Ascociaciones de la Prensa no puede decirse lo mismo. Si el periodismo necesita reinventarse, las asociaciones de periodistas lo precisan mucho más.
Como en tantas otras instituciones del país, en las Asociaciones de la Prensa, la dejadez, las dichosas inercias y la existencia de oscuros intereses con los que no se pudo, o no se quiso, acabar en su momento, mantuvieron para sus directivos durante décadas costumbres y prebendas heredadas del franquismo ¿El precio? La docilidad. Tardaron demasiado tiempo en entender las Asociaciones, algunas todavía no lo han entendido, que su verdadera función, la razón de su existencia, es defender a los profesionales. De lo contrario, más vale que desaparezcan.
La APM continúa sin entenderlo. Nunca se me ocurrió recurrir a ella cuando tuve problemas con la justicia a lo largo de mi vida profesional, y eso que hubo momentos en que llegué a sumar más de cien expedientes judiciales abiertos, principalmente en juzgados de Barcelona, pero también en la Audiencia Nacional. Siempre tuve claro que, a pesar de estar asociado y pagar religiosamente mi cuota trimestral, nunca se preocuparían por mis problemas. Era algo que podía entenderse apenas pisabas sus alcanforadas dependencias.
Continúan siendo acólitos del poder como en tiempos del abuelo de Aznar o de aquel fascista llamado Juan Aparicio (que no se me enfaden las excepciones, pero esas excepciones saben perfectamente que lo son, y desde aquí mi reconocimiento una vez más a su lucha, casi siempre estéril).
Claro que, incluso a la hora de relacionarse con el poder, también parecen usar diferentes varas de medir. Cuando a Manuela Carmena se le ocurrió poner en marcha una web para informar sobre asuntos del ayuntamiento de Madrid, faltó tiempo para que la APM y la Federación de Asciaciones de la Prensa (FAPE) elaborasen un comunicado haciendo pública su más enérgica protesta.
Algún despistado puede argumentar que acaban de amparar a varios profesionales que se quejaban de ser presionados por personas afines a Podemos, pero ese despistado me va a permitir que me desahogue dedicándole una sonora carcajada.
Me cuesta aceptar que al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid se encuentre una persona como Victoria Prego, a quien en otro tiempo tanto admiré. Me cuesta entender el papel que desempeñan en la junta directiva respetados amigos y compañeros como Jesús Maraña o Antonio San José. No sé si en sus manos estará hacer algo contra las presiones a las que está siendo sometido el diario Público desde que comenzó a sacar a la luz los trapos sucios de las cloacas del ministerio del Interior. Pero cuando, sin orden judicial, la policía se presentó un día de fiesta en la redacción exigiendo las grabaciones publicadas por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, el periódico no obtuvo ningún amparo por parte ni de la APM, ni tampoco de la FAPE.
Por eso entiendo a Ana Pardo de Vera, cuando a las preguntas este martes de Fernando Berlín sobre su intención de pedir amparo a la asociación, tras haber denunciado en el periódico amenazas directas a miembros de su redacción, responde que no. Toda mi solidaridad, directora. Para ti, para Patricia y para Carlos Enrique.

viernes, 10 de marzo de 2017

El periodismo no es oficio para miedosos


A instancias de los nazis, el amoral capitán Renault ordena desalojar el café Rick de Casablanca. Indignado por el atropello, el dueño del establecimiento, al que da vida Humphrey Bogart en la película, le pide explicaciones al prefecto francés.
- ¿Con qué derecho me cierra usted el local?, le pregunta Rick.
- ¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!, argumenta un sarcástico Renault.
El crupier llega hasta ellos y deposita unos billetes en manos del representante de la ley.
- Sus ganancias, señor
- Muchas gracias -contesta el capitán mientras se guarda los billetes y continúa despejando la sala- ¡Todo el mundo fuera!

Pues eso es, señores, ¡qué escándalo, hemos descubierto que aquí se presiona! Victoria Prego y la APM han descubierto la pólvora a estas alturas de la película! Se presiona, se ha presionado y se presionará. Aquí, en Carolina del Norte y en Ciudad del Cabo ¿dónde está la novedad? Periodismo es el arte de resistir y sobrevivir a las presiones. En cuarenta años de oficio periodístico no he vivido un solo día en que las presiones no hayan revoloteado, tercas y amenazantes, a mi alrededor. Presiona el jefe, presiona el dueño, presiona el político, presiona el tendero, el amigo, el primo, el vecino, unos para que digas y otros para que no digas, unos para que tengas cuidado con lo que cuentas y otros para que lo cuentes cuanto antes. Unos con amenazas más sutiles que otros. Y solo hay una medicina contra el defecto de presionar: la virtud de no dejarse.

Que levante la mano el periodista que no haya recibido presiones en su vida. Habremos caído o no en ellas, pero haberlas, háylas, húbolas y habralas. De toda la vida de dios y de todos los colores y procedencias. Pocos deben ser los que alguna vez no han pagado un alto precio por resistirse a ellas. ¿Por qué le ha dado entonces, precisamente ahora, a la entrañable Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), por montar el pollo que ha montado denunciando acoso y amenazas por parte de miembros de Podemos a varios periodistas cuyos nombres desconocemos?

¿Ha usado la APM a Podemos porque antes no se atrevió con ningún otro partido? ¿Ha querido aprovechar esta oportunidad para abrir la caja de los truenos y ponerle altavoz a un secreto a voces? Podría ser, pero no me lo creo. Más bien tiene toda la pinta de ser un torpe ejercicio de hipocresía cuyos efectos no calcularon lo suficiente. ¿O sí?

¿Acaso los veinticuatro miembros de la directiva de la APM no han sufrido presiones en su vida? ¿Pidieron alguna vez amparo?¿Por qué escogen a varios acojonados anónimos para rasgarse las vestiduras y precisamente ahora? ¿Nunca antes encontraron un momento propicio? Nadie acude a ellos a protestar, argumentan. Suponiendo que eso fuera cierto, ¿qué pasa, que nunca han encontrado un motivo para intervenir de oficio ante la divulgación de según qué informaciones de vergüenza? ¿Ni siquiera en TVE o en Telemadrid? Nunca me planteé recurrir a la Asociación para que me defendiera de nada y, tras este bochornoso numerito, jamás se me ocurrirá. Total, ¿qué sería de nuestro oficio si no existiera la presión? Cuando no cabreas a alguien con la información que publicas, decía Orwell, pregúntate en qué te estás equivocando.

Siempre combatí las presiones defendiendo mi independencia a codazo limpio. Mi sueño es que desaparezca toda aquella presión ejercida desde el poder y no dejaré de luchar siempre por ello con el privilegiado instrumento que tengo a mi alcance, la palabra. Peleo porque los políticos saquen de una vez sus manos de los medios públicos y porque puedan existir medios independientes sin banqueros ni fondos buitre en los consejos de administración ¿Es contra todo esto contra lo que pretende luchar la APM aunque hayan empezado la casa por el tejado. Si es así, de acuerdo, pero... ¿a que no es así, queridos escandalizados?

Hay colegios profesionales que al menos funcionan como un poderoso lobby, pero en el periodismo no valemos ni para eso. Nos asociamos para que nos den un carnet y un jamón por navidad. O para optar a unas prebendas médicas ya desaparecidas porque eran un privilegio insostenible que costaba cada año a la ciudadanía más de ocho millones de euros. Espero que no sea por esta decisión, en la que Podemos tuvo algo que ver, por lo que se actúa ahora contra ellos. No, ¿verdad que no, queridos amparadores?

No es oficio para miedosos el periodismo. No me cabe la menor duda que los presuntamente acosados y amenazados tendrán sus buenas razones para haber pedido amparo a mamá Asociación de la Prensa. Pero permitidme que os diga que, si no fuera porque el asunto se está encanallando, a mí todo esto me parece una ridícula riña de patio de colegio. Como dice mi compañero Antonio Rubio, yo lo que quiero es que me presionen. Que los poderosos se cabreen conmigo, pero no los de Podemos, que acaban de llegar y apenas han tocado pelo todavía, los pobres.

Como en las novelas de misterio, igual para entender este quilombo basta con preguntarse a quién beneficia que manden desalojar el local de Humphrey Bogart en Casablanca.

-¡Qué escándalo, aquí se juega!, ¡qué escándalo, aquí se presiona!

J.T.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Se equivoca Iñaki Gabilondo?

Esta vez, querido maestro, no puedo estar de acuerdo contigo. No entendí tu videoblog del pasado martes. Y digo que no lo entendí porque prefiero no entenderlo a entender lo que entendí.
Veamos: el lunes seis de marzo, transgrediendo el más elemental catón del periodismo, la presidenta de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) hace pública una petición de socorro de varios informadores anónimos que aseguran estar siendo amenazados e intimidados por Podemos. Acto seguido, ancha es Castilla, sin preguntarse ni quiénes son los denunciantes, ni en qué consiste la presión, ni quiénes sus autores, El País coloca en primera la información a tres columnas frotándose las manos y añade el pertinente editorial, faltaría más. Y al día siguiente, tú también decides entrar en harina dedicándole tu homilía matinal a los presuntos coaccionadores.
El introito ya me rechinó: ”Ignoro los hechos”, decías. Y añadías: “No sé si hay razón suficiente para un documento público de esa naturaleza”. “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”-escribía Wittgenstein al final de su célebreTractatus, que seguro has leído. Pero esta vez no lo hiciste. ¿Por qué?
Dijiste tres cosas:
1. “Un partido político que sale a la palestra diciendo públicamente que quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el sistema se defienda”
En palabras de una amiga mía llamada Mariate, esto “no es verdad. El llamado Sistema es el que ofrece la libertad para criticar, no para defenderse, y es el que debe ser respetado como única atmósfera politica que permite esta dialéctica. No es el Sistema, pues, el que reacciona sino el que permite la crítica en todas las direcciones; también por supuesto contra Podemos“.
2. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tantoPodemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”
Elemental, claro está, siempre y cuando no llamemos línea editorial a mentir impunemente en portada (currículum de Monedero, por ejemplo) y rectificar inexactitudes, cuando lo hacen, en letra pequeña y página par.
3. “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga” -añades
Juega, por supuesto, en el terreno democrático, pero lo hace para intentar cambiar las cosas, que es para lo que han sido votados. Además, como dice mi compañero Fernando López Agudín, “no presiona quien quiere sino quien puede, y no es Podemos precisamente quien más puede”
Acto seguido pasaste a hablar de la autocensura, recuerdas tu diagnóstico sobre este peliagudo asunto en el que atribuyes la culpa al paro, y admites resignado que eso acobarda. Pues será así, pero no tiene por qué serlo. Tú y yo estuvimos en una empresa informativa maravillosa, llamada CNN+ y allí nadie renunció nunca a su dignidad. Nos cerraron, me puedes contestar, pero sembramos una semilla que todo el mundo recuerda y que estoy seguro germinará.
“Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia” -añades. Pero vamos a ver, querido jefe, ¿tú no eres aquel director de informativos que plantó cara a los golpistas enTVE? ¿No eres aquel que dimitió porque estaba harto de llamadas de ministros y decidió dejar de ser jefe sin que eso perjudicara tu carrera profesional sino más bien al contrario? ¿Cómo es posible que ese periodista al que siempre admiré intente a estas alturas justificar la resignación cristiana?
Hablabas de todo esto partiendo de datos que dices ignorar, y admitiendo no saber tampoco si existen razones suficientes para un documento como el hecho público por Victoria Prego. Aún así, rematas tildando de pardillos a los cuadros de Podemos, a quienes atribuyes “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”, a pesar de lo “cualificados e inteligentes” que son, y lo “preparados”que están. Recurro de nuevo a mi amiga Mariate, que últimamente está sembrada en su cuenta de Facebook, cuando recuerda que “una excelente formación, en absoluto es garantía de comportamientos democráticos. La historia demuestra que se puede ser persona de gran formación y, a la vez, fascista o comunista o liberal”.
Y terminaste afirmando que los cuadros de Podemos están “equivocados”. Puede ser, Iñaki, pero me chirría verte repartiendo ese tipo de carnets, la verdad. Yo jamás osaría decir que tú estás equivocado, pero me vas a permitir que esta vez no esté de acuerdo contigo.
J.T.

viernes, 20 de mayo de 2016

Ana y su cámara, en el banquilllo



Le quisieron quitar la cámara y ella se negó. Aquel 24 de noviembre de 2012, los maderos no parecían estar dispuestos a que Ana los grabara mientras ellos actuaban en la Alameda sevillana contra los ocupantes de la corrala “La Ilusión”, en la calle Lumbreras. Ana García Benítez, reportera gráfica de televisión, treinta y cuatro años, tres menos por aquel entonces, carácter y determinación bien plantados, se negó a que los presuntos servidores públicos le impidieran hacer su trabajo. Había sido enviada a la cobertura sin compañero de equipo: ella sola, ella misma con su mecanismo ¡viva la optimización de recursos! Eso debió hacer crecerse a la pasma que, conocedora de la falta de solidaridad en este cada vez más prostituido oficio de comunicar, vio el campo libre para intimidarla. Como Ana –hay que conocer a Ana- no se amilanó, ella y su cámara acabaron en el furgón policial y mi querida cascarrabias terminó pasando veinticuatro horas en los calabozos.

Si en lugar de calabozos sevillanos hubieran sido madrileños, si en lugar de una currante precaria se hubiera tratado de un cámara “first class” pongamos de Tve, Efe o Telemadrid, el pollo que se hubiera montado podía haber llegado a tener hasta repercusión internacional. Pero esto del extrarradio es lo que tiene: muchas de las cosas que ocurren, no existen. Y si a ello le sumamos la precariedad laboral, pues nos acaba saliendo una funesta ecuación cuya resultante es ahí te pudras.

Estos días, tres años y medio después de aquellos vergonzosos acontecimientos, se “celebra” el juicio contra Ana y tienen las narices de pedirle ¡nueve meses de cárcel! Si la repercusión de su detención fue vergonzosamente escasa, la del juicio ahora no se queda atrás en desidia. Si no fuera por la Asociación de la Prensa de Sevilla, algún que otro medio andaluz y ese eficaz invento llamado Facebook, apenas nos habríamos enterado.

Ignorar el marrón que le pretenden colgar a Ana es apostar por la degradación del oficio periodístico, por la barra libre para todo aquel que nos quiera faltar el respeto, es facilitar la impunidad de aquellos a quienes molesta la presencia de testigos incómodos en lugares comprometidos. Si alguien piensa que es solo a Ana a quien están juzgando, se equivoca. Nos están juzgando a todos. Y nos están mandando avisos indisimulados del riesgo que corremos si queremos hacer nuestro trabajo, aunque sea en precario, de manera honesta y resuelta.

Con el juicio a Ana García Benítez salimos perdiendo los profesionales de la información, los ciudadanos y la libertad de expresión. Ana plantó cara y ahora quieren que lo lamente. Los medios de comunicación no lo cuentan y a muchos de los periodistas que callan esta historia no se les cae la cara de vergüenza, como tampoco se les cae cuando toleran sumisos, dóciles y genuflexos las presiones y amenazas que reciben del poder. Con su silencio certifican su cobardía.


J.T.

lunes, 23 de noviembre de 2015

En manos de Catar

¡Ay, aquellos tiempos en que la única colonización que sufrían los medios de comunicación era la publicidad! Aquellos tiempos en que existía una dirección periodística y una dirección comercial perfectamente diferenciadas en cada medio, aquellos tiempos  en que las marcas se peleaban por anunciarse en tu periódico o en tu radio cuando descubrían que en los quioscos se agotaban los ejemplares y los taxistas circulaban con tu emisora sintonizada. Aquellos tiempos en que, si lo que contabas tenía interés, te sobraban los anunciantes y hasta podías permitirte el lujo de rechazar un producto o una promoción que no fuera de tu agrado.
Todo esto se ha ido a hacer puñetas por varias razones, entre las que se encuentran las enormes deudas de la mayor parte de los medios de comunicación, la entrega de pies y manos a las instituciones en agradecimiento a esas imprescindibles limosnas llamadas subvenciones, y la atomización de la oferta desde la llegada de la era digital.
Ahora ya no estamos colonizados por la publicidad, sino por bancos y entidades tipo Telefónica desde que estas grandes empresas descubrieron que sentarse en los consejos de administración de los medios era tan buena inversión para ellos como pésimo augurio para quienes aspiramos a continuar contando historias en libertad. Hace tiempo ya que dejaron de ser nuestros clientes para pasar a ser nuestros amos.
El reto del periodismo es encontrar la manera de contrapesar esto porque evitarlo, la verdad, parece que está difícil. El consumidor de información nos cree cada vez menos y para recuperar su confianza hay que transpirar honestidad, contar historias que busquen su complicidad, que el lector, o el oyente, perciba que escribimos y hablamos pensando en él y no en nuestro jefe inmediato ni en quien le suelta la pasta a esos ejecutivos que gestionan periódicos, radios o televisiones como quien tiene una charcutería. Ejecutivos que no tienen reparo alguno en admitir que su objetivo es vender publicidad rellenada con programación basura y que, de buena gana, se cargarían los informativos. La falta de reflejos, o el desinterés, de las televisiones la noche de los atentados de París fue una verdadera vergüenza. 
Hasta ahora han sido los bancos, pero pronto será el emirato de Catar directamente, habida cuenta que acaudalados jerifaltes de este país han tomado ya posiciones en el Santander, Iberdrola o El Corte Inglés adquiriendo importantes paquetes de acciones de estas empresas. Ahora se proponen subir un peldaño más y rematar la faena comprando directamente acciones de Prisa, la empresa editora del diario El País. Las suficientes para que el mismísimo emir adquiera, con un generoso descuento, el derecho a ocupar dos sillones en el consejo de administración que mangonea Juan Luis Cebrián.El periodismo necesita ser incómodo con el poder de todos los colores. Los medios no pueden derivar, como vienen haciéndolo en España de manera cada vez más vergonzosa, en edecanes del mandamás de turno. No se puede consentir lo que han hecho Soraya, o Susana, o Artur por poner solo tres ejemplos de responsables de instituciones que han prostituido hasta la indecencia la televisión pública y repartido generosas prebendas a los medios privados que les son afines. No puede ser que los bancos quiten y pongan directores para complacer al poder y obtener así su benevolencia.
¿Quedará abierta alguna vía de escape para todo esto? El periodista no puede, ni debe, escribir con miedo. No puede acordarse de sus deudas y de su familia cada vez que abre el ordenador o la boca por temor a que le ocurra como a Miguel Ángel Aguilar, fulminantemente despedido hace unos días de El País tras declarar en el New York Times que “trabajar en ese periódico era el sueño de cualquier periodista en España, y ahora hay gente que se va incluso con la sensación de que la situación ha alcanzado niveles de censura”.
Brindo, ingenuo de mí, porque entre todos consigamos encontrar la manera de contar historias en libertad y poder así continuar mirándonos en el espejo sin que se nos caiga la cara de vergüenza.
J.T.
--
Este artículo ha sido publicado este 22 de noviembre en el primer número de "Confidencial Andaluz".

viernes, 17 de julio de 2015

La web de Carmena y los periodistas censores

Definitivamente, nos estamos volviendo locos. Nos pasamos la vida los periodistas defendiendo con uñas y dientes nuestro derecho a equivocarnos, a expresarnos en libertad sin que nadie ose insinuarnos cómo tenemos que contar las cosas, y nos empeñamos nosotros mismos en ponerle puertas al campo.

Probablemente "Versión Original", la web puesta en marcha este miércoles por el ayuntamiento de Madrid para puntualizar según qué informaciones periodísticas, no sea la mejor de las decisiones, pero lo que no tiene ningún sentido es que muchos "avezados" periodistas, ciertas asociaciones profesionales y hasta editoriales de periódicos otrora respetables se lancen a degüello, a las primeras de cambio, contra una iniciativa que, podrá estar todo lo equivocada que queramos (a mi juicio no lo está) pero a cuya difusión sus promotores tienen todo el derecho del mundo.

Probablemente Carmena no haya tomado la mejor de las decisiones; probablemente, como ella misma le ha reconocido a Antonio Miguel Carmona, desde un punto de vista político no haya sido un acierto pero... ¿por qué los periodistas nos entrometemos en este asunto y no les dejamos equivocarse en paz?

¿Por qué periódicos como "El País" tienen las santas narices de dedicarle un editorial al tema y acabar diciendo textualmente que "conviene que Manuela Carmena reconsidere la web lanzada por el Ayuntamiento madrileño y la reoriente seriamente o la retire"? ¿Por qué insistimos en querer privar de algo a quienes no les toleraríamos que nos privaran de nada?

Las reglas del juego de la comunicación no es que hayan cambiado, es que se están inventando cada día desde la aparición de internet sin que nadie se atreva a pronosticar, a fecha de hoy, dónde y cómo acabará todo esto. Y en ese mundo indefinido e impredecible tienen perfecta cabida iniciativas como "Versión Original", cuyos promotores están en su absoluto derecho de puntualizar una información que ellos creen inexacta, incompleta o sencillamente, les molesta y quieren responder valiéndose de las herramientas a su alcance, entre ellas una web en internet. En cualquiera de los casos, y por muy friki que pudiera parecernos, ¿quiénes somos los periodistas para prohibir esto?

¿Por qué nos molesta tanto que nos puntualicen, que nos corrijan, que nos enmienden la plana? ¿Por qué quienes más alzan la voz contra esto son los que más dispuestos están a fabricar primeras páginas de risa o informaciones claramente sesgadas? ¿Por qué a los periodistas que manipulan los tenemos en la misma asociación de la prensa que nunca los ha denunciado, pero que ahora se apresura a arremeter contra una triste web municipal?

¿Por qué la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa) se alinea con una señora como Esperanza Aguirre, todavía jefa de la oposición municipal madrileña, reina durante años de la manipulación y de la intromisión del poder político en la televisión pública, y que ahora tiene la caradura de promover un pleno urgente para debatir la conveniencia de que exista una web municipal como "Versión Original"?

Estoy hasta las narices de tanta hipocresía, de tanto personal rasgándose las vestiduras para provocar un ruido artificial ante algo que, si realmente está mal hecho, en el pecado llevarán la penitencia, ¿no?

¿Qué es lo que tememos de la web municipal del Ayuntamiento de Madrid? ¿Que tengan capacidad de réplica, que aporten datos...? ¿Y por qué no valoramos la parte positiva? Si ellos son una fuente, que lo son, usémosla, aprovechémonos de ella, verifiquemos lo que cuentan y si nos están engañando metámosles caña, pero dejémosles vivir, por favor ¿A dónde queremos llegar poniéndole, como decía más arriba, puertas imposibles al campo?

A la información libre solo le pueden temer sus enemigos. Y si la página web del ayuntamiento de Madrid no es información, ni es libre, ellos mismos acabarán quedando en evidencia más pronto que tarde ¿A qué viene esa prisa en cargárnosla antes de comprobar, en el día a día, cuáles son sus verdaderas intenciones? Por lo visto, ya no se trata de matar solo al mensajero, sino también al caballo del mensajero.

Como periodista, me avergüenza que la organización profesional a la que pertenezco haya decidido tomar partido en clave sectaria y prohibicionista ante una iniciativa que, podrá ser más o menos afortunada, pero tiene legítimo derecho a existir. Quien así actúe, no me representa. Nadie tiene derecho a negar la existencia de un canal de información, y mucho menos que nadie los periodistas, que nos pasamos la vida defendiendo el derecho a expresarnos en libertad y nos dejamos literalmente la vida en ello.

Promoviendo acciones como el ataque a la web del ayuntamiento de Madrid estamos legitimando y dotando de autoridad moral a quienes, en un momento dado, decidan hacer con nosotros algo parecido, que ya lo hacen, dicho sea de paso. Si alimentamos la fiera, si contribuimos a labrar nuestra propia fosa es que, repito, nos hemos vuelto definitivamente locos.

J.T.

miércoles, 14 de enero de 2015

Yo con Facu



¡Qué pereza tanta pamplina! Me tienen harto los fachas. Mucho. Me parece muy grave la campaña contra Facu Díaz. Es verdad que soy amigo suyo y que me preocupa su suerte, pero en este caso más que la suerte de mi colega -tiene buenos abogados y él tampoco se achanta tan fácilmente-, lo que me parece más alarmante aún es el síntoma, lo que significa que en un régimen de libertades, escribir y protagonizar un sketch humorístico pueda acabar con tu culo calentando un banquillo de la Audiencia Nacional.

Me preocupa el carácter de precedente que tiene, a estas alturas de la película en nuestro país, que alguien a quien no le gusta una broma tuya pueda buscarle las vueltas hasta conseguir meterte un puro importante. Me preocupa que ese alguien, que representa una asociación de víctimas del terrorismo, en realidad actúe de manera paragubernamental. En nombre de un gobierno que lleva tres años poniéndose morado triturando libertades y que no encuentra manera de pararle los pies a gentes que, como Facu, se limitan sencillamente a ejercer la libertad de expresión a través del humor.

Me preocupa que para hacer humor en este país haya que plantearse cogérsela con papel de fumar o, de lo contrario, poseer acreditada madera de héroe. O de irresponsable. Los que no hemos nacido con la capacidad de hacer reír a los demás nos dividimos en dos tipos de personas: quienes nos morimos de sana envidia hacia los que tienen esa capacidad y nos divertimos con ella y aquellos que directamente no soportan según qué gracietas y se cabrean. Hasta ahí bien, pero ¿qué ocurre cuando quien no soporta esas gracietas es alguien con poder? 

Nada más molesto para esta gente que un cachondo mental dotado de la capacidad de poner, tan solo con un chiste, tus vergüenzas y tus miserias al descubierto. Nada más enervante que un espejo cuando te enseña una imagen de ti mismo que no te apetece reconocer. El mundo está lleno de madrastras de Blancanieves que dedican su vida a buscarle la ruina a quien se atreve a decirle lo que no quiere oír, y más si es capaz de hacerlo con gracia.

Los poderosos tienen en el humor su verdadera prueba de fuego. Hay quienes saben asumirlo, los menos, y quienes a las primeras de cambio no resisten la tentación de cortarle los huevos al osado bufón que se atreve a rebasar según qué líneas rojas. Que para eso son ellos los que mandan, qué cojones.

Hasta hace muy poco en nuestro país la iglesia, o la monarquía, no tenían necesidad ni de tomar represalias contra los humoristas porque, sencillamente, abordar según qué temas era directamente tabú. Nunca agradeceremos suficiente el accidente de Botswana en 2012. Y aún así, una portada de El Jueves caricaturizando el relevo real el pasado mes de junio acabó con el autosecuestro de la edición por parte de la empresa editora y la marcha de la revista de buena parte de su histórica plantilla.

Sin ser capaces de reírnos de nosotros mismos estamos perdidos. El humor es terapia, es pedagogía, y al contrario de lo que suele suceder, por escaso debería ser un bien protegido. Desde Aristófanes sabemos que sin humor no hay vida, ni libertad, ni progreso. Por eso, como ya explicaba en este mismo blog el mes pasado. me parece tan importante y tan admirable el trabajo de mi amigo Facu y sus compañeros de La Tuerka News. 

No me imaginaba entonces, cuando escribí aquel post, que la cosas acabarían yendo, apenas un mes después, por los derroteros que van hoy. Espero que la obligada visita de Facu a la Audiencia Nacional este jueves acabe siendo un mero trámite y punto. Sin más consecuencias. Que toda esta aventura, y su desmesura, le valga a mis amigos como espaldarazo, les suponga el reconocimiento que su esfuerzo merece y nada más.Y espero también, a ver si hay suerte, que ningún malfollao sin sentido del humor les vuelva a tocar las narices por hacer su trabajo.

J.T.

domingo, 3 de agosto de 2014

Yolanda Álvarez no volverá a Gaza


A las muchas funciones de las redes sociales, entre las que se encuentran ser el origen de antológicos pollos entre parejas, provocar sonadas rupturas matrimoniales o propiciar que el personal esté al tanto de tu vida diaria aunque no seas tú quien la cuentes, este fin de semana facebook y twitter han sumado una más a su extensa lista de utilidades: servir para que la portavoz de una embajada, por ejemplo la de Israel en España, presione a aquellos medios de comunicación cuyos reporteros no le parecen suficientemente afectos a su causa.

Ya no hace falta que el embajador se moleste en llamar al ministro de Exteriores para comunicarle el cabreo de su país porque hay una reportera de la televisión pública española que no cuenta las cosas que ocurren en Gaza como a Israel le gusta. Ahora ya es suficiente con recurrir a la portavoz, en este caso llamada Hamutal Rogel, para que haga crítica televisiva en su cuenta de facebook, luego lo vincule a twitter y globalice lo mucho que les molesta que la reportera Yolanda Álvarez haga su trabajo decentemente, la muy osada.

Titulaba Rogel su escrito 'TVE en Gaza: activismo vs. periodismo", lo que permite ya extraer todas las conclusiones sin necesidad de leer el texto completo. Pero veamos: acusa Rogel a Álvarez de ser desde el primer momento, con sus crónicas en los telediarios, "correa de transmisión de los mensajes, cifras, imágenes y datos de Hamás". Se permite valorar de excesivamente "dramatizadas" las crónicas in situ de la reportera de tve y entra incluso a opinar sobre el trabajo de redacción criticando lo que su juicio es un "abuso" de los adjetivos.

Pero hay más: las puestas en escena de las informaciones le parecen "muy cuidadas", lo que le lleva a deducir que son producto de un "casting y selección de escenarios al dictado de los intereses de Hamás". Conclusión pues de la portavoz de la embajada de Israel metida a experta crítica televisiva: el trabajo de Yolanda Álvarez es, "sin más, el producto de una activista".

Yo no entiendo a los que se escandalizan porque Israel actúe así. Hace lo que siempre ha hecho. Presionar, cohibir e intentar sentar mando en plaza, que para eso son más chulos que un ocho y no hay quien tenga huevos de toserles... A esta representante diplomática creo que hay que agradecerle su ausencia de subterfugios: Caballeros, hasta aquí hemos llegado. Tienen ustedes informando del conflicto de mi país con los terroristas de Hamás a una roja peligrosa que parece su portavoz. Sepan ustedes que estamos profundamente cabreados con el asunto y entenderemos como un gesto de buena voluntad que actúen en consecuencia.

Y a la dirección de informativos de tve le falta tiempo para sacar a su corresponsal de Gaza cagando leches.

Lo de la contundencia a cara descubierta se agradece porque así nos ahorramos tener que descifrar insinuaciones. Pero sinceramente, señora Hamutal Rogel, portavoz de la embajada israelí en España, ¿no le parece a usted, y a quienes le encargaron tan amenazante escrito, que igual están intentando matar moscas a cañonazos?

Para su alivio, señora Rogel, ¿por qué no le explica a sus cabreados superiores que tve cuenta con unos gestores tan torpes que en dos años han conseguido que no la vea casi nadie, que en julio ha obtenido un miserable 8,9 por ciento de share y que se trata de una empresa a la que, por el camino que va, la amenaza de liquidación por derribo sobrevuela inclemente sobre ella; que ya no la ven  ni los rojos, ni los azules ni los amarillos y que lo que ha hecho usted con su soflama es descubrir a quienes ya habían perdido toda esperanza en la solvencia de sus contenidos que, a pesar de la presión y la vocación censora de sus mandos, aún existen trabajadores en tve que intentan -y consiguen- cumplir con las reglas de su oficio de una manera decente?

Buena la han hecho ustedes, señores de la embajada israelí en España: han vuelto a poner a tve en valor permitiendo así a los comisarios políticos que mandan en ella en nombre del pp, que saquen pecho y lo usen como coartada para presumir de pluralidad. Eso sí, de volver a meter a Yolanda en Gaza, ni hablamos.

La presión israelí esta vez no ha necesitado echar mano de sus prestigiosos y eficaces servicios secretos, ni tampoco de conspiraciones bajo cuerda: Rogel lo ha hecho a cara descubierta y a través de facebook y twitter, la manera menos discreta del mundo de comunicar y comunicarse, pero que parece estar revelándose como la más contundente. Permitidme que apueste doble contra sencillo: Yolanda Álvarez no volverá a Gaza.

J.T.

sábado, 3 de mayo de 2014

¿Volveremos a necesitar otra vez una "Radio Pirenaica"?



“Estoy muy preocupada por el futuro de mi hijo. Le veo crecer y no tengo perspectiva para él” “Dicen que en los hogares españoles de los trabajadores no falta el pan, pero mienten, ¡canallas!. Lo que no falta es el hambre y la miseria” “Salí de España de emigrante para ver si podía solucionar la situación de mi casa, pero…¿he dicho casa? Si la perdí y vivo alquilado como buenamente puedo…”

No son frases extraídas del twitter de la España de hoy día, pero podrían serlo. Está cantado establecer este paralelismo cuando repaso “Las cartas de La Pirenaica”, el último libro que me ha prestado mi amigo José María Perceval y que no sé si le devolveré. Pero no, no son frases de twitter, son fragmentos de cartas, muchas de ellas desesperadas, escritas hace más de cincuenta años y enviadas a Radio Pirenaica para que las leyeran en uno de sus programas. Para quienes no lo sepan, Radio Pirenaica era el único soplo de aire fresco, en materia de comunicación, que existía en la asfixiante España franquista. Clandestina, por supuesto, emitía desde Bucarest y se sintonizó durante años, reverencial y temerariamente y no sin dificultad, desde decenas de miles de sótanos y cuartos trasteros en todos los rincones del país.

Cuando, en mayo de 2014, busco desesperadamente en el dial alguna emisora que me proporcione las dos versiones de una información, algún medio que me deje de intoxicar y no consigo encontrarlo, este libro de Armand Balsebre y Rosario Fontova editado por Cátedra me traslada a aquellos oscuros tiempos en que era necesario recurrir a Radio Pirenaica si se quería saber algo de lo que ocurría en España, si se quería conocer “la otra cara de la luna”. “Radio España Independiente“, que era el nombre oficial de Radio Pirenaica, llegó a ser el más potente altavoz del antifranquismo entre 1941 y 1977.

Uno de los programas más célebres de este medio legendario que tutelaba el Partido Comunista en el exilio se llamaba “El Correo de la Pirenaica“. Allí se leían las cartas que llegaban a Rumanía tras un novelesco periplo que comenzaba en el periódico francés “L’Humanité”, pasaba por Moscú y
recalaba finalmente en Bucarest. Eran cartas de antiguos combatientes republicanos, de exiliados, expresos, obreros, campesinos, mineros, profesores, amas de casa, escritores, estudiantes…Todos desesperados en busca de un altavoz para sus problemas, de un lugar donde denunciar la represión, la falta de libertad y de expectativas…

Quince mil quinientas cartas, ¡15.500!, cuyos contenidos veo resumidos y seleccionados en el libro de Balsebre y Fontova y tras cuya lectura no puedo evitar asociar con buena parte de los problemas que a día de hoy viven y sufren tantos ciudadanos españoles. Problemas que los medios ningunean, que no aparecen por ninguna parte, como si no existieran. Salvo cuando quieren demonizar organizaciones como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o cuando deciden usar las televisiones públicas para recurrir a la “generosidad” de los espectadores, cuando intentan suplir con la búsqueda de caridad a través de los medios aquellas necesidades que los recortes han provocado. Caridad, sí; derechos, no. Como en el franquismo.

La precariedad y la falta de libertad son el denominador común del contenido de las cartas que Balsebre y Fontova encontraron en los archivos del PC casi por casualidad, porque tropezaron con ellas cuando buscaban material para otra investigación y comprobaron que hasta ahora nadie le había prestado a esta correspondencia ninguna atención.

¡Qué barbaridad, cómo se repite la historia! Porque precariedad y falta de libertad son los términos que mejor definen los dos años y medio de legislatura de Rajoy quien, a cambio de salvar el pellejo de banqueros, ladrones y depredadores varios, decidió desde el principio de su mandato dejarnos tirados sin trabajo, sin derechos, sin expectativas, con sueldos de miseria y con un futuro tan oscuro como indefinido.

Leo “Las cartas de La Pirenaica” y no puedo evitar un escalofrío. Demasiadas similitudes, demasiado parecido todo. ¿Qué pasa en esta dichosa España nuestra? ¿Nos hemos puesto a andar hacia atrás, como los cangrejos? La guerra civil acabó, además de con la vida de cientos de miles de españoles, con la libertad y con el bienestar de quienes sobrevivieron. Hubo después que recomponerse, con muchísimo trabajo, desde la miseria y desde el instinto de supervivencia.

Esta vez no ha habido guerra. No ha sido necesario disparar ni una sola bala. Durante años nos vacilaron gobernantes, banqueros y especuladores, inventaron un crecimiento ficticio con el que acabaron pillando por los huevos a la mayor parte de la población y ahora, tras habernos empotrado en la miseria, nos quieren convertir además en culpables de sus fechorías. Con la anuencia de la mayor parte de los medios, hurtándonos datos, escatimándonos información, haciéndonos cada día más difícil encontrar un sitio donde poder conocer “la otra cara de la luna”.

J.T.

viernes, 28 de febrero de 2014

25 deseos para Canal Sur en su 25 aniversario


1. Que algún día, antes que pasen otros 25 años, la radiotelevisión pública de Andalucía sirva para lo que se fundó: ser un servicio público.

2. Que nadie con relevancia pública o con una cierta representatividad, que ningún ciudadano con cosas interesantes que decir, gusten más o gusten menos, pueda acusar al ente de ningunearlo. En resumen, ni vetos ni listas negras que por mucho que se nieguen, como las meigas en Galicia, "haberlas, haylas"

3. Que los movimientos sociales puedan presumir de tener en la RTVA un lugar al que recurrir como altavoz. Que cuando llamen para pedir ayuda no tengan ninguna duda sobre que serán escuchados con interés y atendidos con complicidad. Que en la tele y la radio públicas andaluzas todos los sectores sociales y ciudadanos vean un instrumento útil y eficaz en el que pueden confiar como plataforma para visibilizar sus problemas.

4. Que funcione como instrumento educativo y cultural, útil para que los ciudadanos andaluces conozcan a fondo la tierra en la que tienen la fortuna de vivir. Menos programas de charanga y pandereta, por favor. Menos cerrado y sacristía, menos devoción a Frascuelo y a María.

5. Que ningún consejero, ningún cargo público, ni tampoco ninguno de sus adláteres, cedan a la tentación de levantar el teléfono para promover una cobertura o pedir explicaciones por la emisión de algo que no les ha gustado.

6. Que ningún partido político de la oposición pueda nunca demostrar trato desfavorable.

7. Que el gobierno de la Junta funcione y actúe como gestor de una televisión de TODOS/AS y no como propietaria del chiringuito.

8. Que ningún responsable informativo necesite plantearse jamás otra manera de funcionar que no sea a través de estrictos criterios profesionales.

9. Que los sindicatos defiendan con el mismo esfuerzo y entusiasmo a todos los trabajadores, sea cual sea el tipo de relación laboral que tengan con la empresa.

10. Que, dados los tiempos que corren, los curritos estables de Canal Sur admitan su situación de privilegio  y dejen de ir por ahí llorando porque no se les valora lo suficiente o recitando un interminable memorial de agravios. O las dos cosas.

11. Que lo de la austeridad se tome en serio y no sea un mero brindis al sol. Hay mucho gasto superfluo, mucha parafernalia innecesaria de la que, si se prescindiera, abarataría sensiblemente los costes de producción. Se han hecho esfuerzos, lo sé, pero se pueden hacer muchos más. Y eso lo sabemos todos ¿o no?

12. Que desaparezca esa especie de atmósfera asfixiante que preside el ambiente laboral. Ese miedo a perder prebendas, esa dificultad para expresar abiertamente lo que piensas, no vaya a ser que...

13. Que los trabajadores de la radio y la televisión pública de Andalucía recuperen las razones para ilusionarse con su cometido, motivarse y constatar que lo que hacen merece, y mucho, la pena.

14. Que la programación sea atractiva.

15. Que se apueste abiertamente por la innovación, por la renovación, por la Andalucía del futuro. Pero no en un programa, que ya, sino en el diseño, en la actitud, en la voluntad política, en la determinación profesional...

16. Que la burocracia no acabe ahogando a la eficacia.

17. Que desaparezcan los "corsés" y florezca el atrevimiento.

18. Que sea más espejo de lo que se mueve, se siente y se dice en la calle, más reflejo de los problemas ciudadanos del día a día.

19. Que se invierta más y mejor en estímulos reales para la educación de los niños y para el entretenimiento de los mayores.

20. Que se aproveche su enorme potencial para ser un referente y un bastión en la lucha contra las injusticias.

21. Que las víctimas de cualquier atropello sepan que tienen en el ente el instrumento ideal para denunciar sus problemas y defender sus derechos.

22. Que moleste al poder. 

23. Que exista un blindaje efectivo para que los profesionales que apliquen criterios estrictamente profesionales en su trabajo no tengan nunca miedo a ser depurados por hacer, justamente, aquello por lo que en teoría se les paga.

24. Que nadie que trabaje en la radiotelevisión andaluza se vea nunca en la situación sufrida por tantos de sus compañeros de Telemadrid o Canal Nou.

25. Que ninguno, tampoco, se vea jamás obligado a reconocer que hubo alguna vez una información que debió dar y no dio.

J.T.





jueves, 12 de septiembre de 2013

El ridículo cabreo del consejero andaluz de Justicia

Emilio de Llera Suárez-Bárcena, 62 años, consejero andaluz de Justicia e Interior

Hartito estoy de soportar a políticos que quieran llevarnos a los periodistas el manillar de la bicicleta. Pero que muy harto de tanto descolocado prepotente que piensa que los tentáculos de su poder están en condiciones de abarcarlo todo.

Yo entiendo que Esperanza Aguirre, por ejemplo, monte en cólera cuando llega a un sitio de incógnito, se encuentra un equipo de Telemadrid y acto seguido se permita, no solo preguntarles qué hacen allí, sino echarles un broncazo por estar en un sitio en el que a ella no le interesaba contar con cobertura periodística. Entiendo que Aguirre se atreva a estas cosas porque de una persona como ella lo que resultaría ingenuo sería esperar lo contrario.

También entiendo que Fidel Castro viaje a España, le pregunten en rueda de prensa una presunta indiscreción fuera de guión y conteste exaltado: ¿Y cómo tú lo sabes? Lo que quería decir en realidad es "cómo te atreves", pero los reflejos le debieron hacer caer en la cuenta de que no estaba en su país y que aquí, al menos sobre el papel, la prensa todavía pregunta lo que le da la gana.

Pero lo que no puedo entender, ni admitir bajo ningún concepto, es que un consejero socialista andaluz ("socialista", esa etiqueta que antes servía para denominar a un político de izquierdas), titular de la cartera de Justicia e Interior, se cabree porque una colega suya llamada Mercedes Alaya le reviente la fiesta de toma de posesión y eso lleve a Emilio de Llera, que así se llama el consejero, a meterse en camisa de once varas.

Cuando, tras la presentación pública del flamante gobierno andaluz, vio venir en tromba hacia él micrófonos y cámaras lo que menos podía imaginar es que iban a contarle que Alaya acababa de hacer público un auto en el que "empuraba sin empurar" a Chaves, Griñán y cinco ex altos cargos más de la Junta por el inacabable asunto de los Eres.

- ¿De verdad lo ha sacado hoy? preguntaba un estupefacto de Llera, que empezaba a sospechar que se había metido en un charco atendiendo a los periodistas. La vanidad le había impedido maliciarse que podía tratarse de un marrón y ahí estaba ahora el hombre procurando que no se le notara demasiado el desconcierto:

- Será otra casualidad, decía, increíble que haya elegido para hacer público el auto el día de la toma de posesión del nuevo Gobierno.

Y entonces fue cuando, de todas las opciones que un político tiene para salir de un jardín como ese, Emilio de Llera Suárez-Bárcena eligió la peor:

- No vamos a hablar más de la juez, proclamó rotundo. Hoy el protagonismo es del Gobierno, y vamos a hablar del Gobierno, que es mucho más importante que cualquier juez que haya en Andalucía. 

¡Ea! Otro político más empeñado en arrogarse la potestad de ser él quien atribuye el grado de importancia a los asuntos de actualidad. Otro Mariano. Otro Umbral dispuesto a liarla parda si no se habla de su libro. ¡Qué cruz!

Señor de Llera, le invito a que repita conmigo cinco cositas. Es fácil, a ver:

1. En España existe la libertad de prensa, aunque muchas veces no lo parezca.

2. En Andalucía, como en todo el Estado español, los periodistas preguntan lo que les da la gana a los políticos. Ustedes, por supuesto, pueden responder lo que les parezca, que es lo que hacen.

3. El periodismo consiste esencialmente en tocar las narices al poder. Contar lo que el poder quiere que se cuente se llama propaganda, no periodismo.

4. Que los periodistas sean incómodos para los políticos es una necesidad y una garantía para los ciudadanos, que al fin y al cabo son quienes pagan las nóminas de quienes les gobiernan.

5. Igual que la realidad se empeña en estropearnos buenos reportajes a los periodistas, también a veces se empecina en destrozarles a los políticos las fiestas de toma de posesión.

La vida es dura, consejero de Llera, pero créame, no caiga más en la tentación de matar al mensajero ni de indicarle por dónde tiene que ir su trabajo. No vuelva a hacer el ridículo recurriendo a tópicos tan manidos como que "hay cosas muy graves en la sociedad y mucha gente pasándolo muy mal para hablar ahora de lo que ustedes me preguntan". 

Yo entiendo que debe joder mucho estar esperando toda la vida salir en las primeras páginas de los periódicos, que ese día llegue y que cuando te las estabas prometiendo felices porque pensabas ya en los marcos que le ibas a poner a las fotos y dónde las ibas a colgar, a los periodistas les dé por atribuirle más importancia a un auto judicial con nombres tan sonoros que acaban robándote el protagonismo de las portadas y desplazándote a páginas interiores:

- Lo importante es el gobierno, repetía desesperado de Llera ante los pocos micrófonos que iban quedando a su alrededor desde que dijo que no pensaba hablar más del Auto de los Eres. No se fijen ustedes en otros detalles de muchísima menos relevancia..."

Así que "Nuevos Tiempos", ¿no, presidenta Díaz?

J.T.


domingo, 19 de mayo de 2013

Maruja Torres, espíritu libre


En el periodismo necesitan gente brillante, con ideas propias, con criterio, gente con argumentos que critique las injusticias y anime a la contestación, que no se amilane, gente cuya pluma haga temblar a los poderosos.  Pero de puertas hacia dentro, el mecanismo de los chiringuitos periodísticos funciona igual que cualquier otro: si trabajas para mi, tú calladito, sumiso y si es posible un punto pelota, que eso nunca viene mal.

Si a ese "brillante" y honesto reportero o columnista se le ocurre hacer uso de su ponderada frescura intelectual para soltar alguna inconveniencia a propósito de la casa donde trabaja, que vaya poniendo la barba a remojar. Tarde o temprano los enamorados de su indómito espíritu libre (cuando de poner a parir a los demás se trata) se la acabarán cortando. La barba.

Maruja Torres no tiene barba pero sí los suficientes redaños para no tragar con lo que no ve claro. Esta semana ha abandonado el periódico donde hace más de treinta años escribió por primera vez. Habían decidido que dejara de opinar, le abrían otras puertas pero ella ha declinado la oferta.

Ejercer la libertad de pensamiento, ser un espíritu libre suele tener un precio muy alto. Solo los coherentes están dispuestos a pagarlo. A los coherentes los llaman insensatos, pero esa insensatez es un supremo placer si uno está dispuesto a a pagar el precio. Es mejor quedarse sin follar que acostarte con quien no te gusta. Y a quien invoca que de algo hay que comer yo le digo, como creo que le diría Maruja, que este oficio cobra todo su sentido cuando no se le tiene miedo a las consecuencias de actuar y comportarte tal como crees que debes hacerlo.

En nombre de quienes mueren ejerciendo el oficio periodístico nadie debería invocar la incertidumbre ante el futuro para justificar humillaciones.Yo le debo, por ejemplo, a mi inolvidable amigo y compañero Julio Fuentes, ser coherente hasta el final. Antes de su muerte en Afganistán compartí mesa con él en Cambio16 y ya había que hablarle a voces por la sordera que había adquirido en coberturas peligrosas.

Maruja, como hoy recuerda Tomás Delclós, vio morir a Juantxu Rodríguez a su lado en una calle de Panamá abatido por un soldado estadounidense. Eso, creo, marca para toda la vida. Y aunque ella con el carácter que tiene no creo que nunca se haya arredrado, tengo para mi que aquello debió consolidar su convicción de que no hay que amilanarse ante nadie. Y menos todavía ante quienes gastan sus días pisando moqueta.

Eso sí, los vocacionales de despacho y sueldo fijo acaban quedándose y los espíritus libres marchándose. Es el precio. Pero el periodismo es ser testigo, jugársela, contar lo que ves, decir lo que piensas. Tener ese punto de insensatez que tan atractivo resulta a los de las poltronas hasta que es a ellos a quienes les tocas las narices. Entonces tardas poco en entender que más vale que te vayas planteando recoger tus bártulos e irte con tu coherencia, tu dignidad y tu música a otra parte.

Lo que me maravilla de todo este asunto es que Maruja Torres haya sido capaz de aguantar hasta ahora, que no se haya ido antes.

J.T.


sábado, 20 de abril de 2013

Libertad de expresión. ¿Volveremos a leer la columna de Manolo Saco?


Cuarenta días ya sin columna de Manolo Saco son una pésima noticia

El silencio de Manolo Saco es un dramático síntoma de la falta de aire fresco en el mundo de la izquierda

El silencio de Manolo Saco es alarmantemente ruidoso

Cuarenta días sin Manolo Saco son cuarenta días con un poquito menos de libertad

Y en este caso la culpa no la tiene Rajoy, ni los bancos, ni la prima de riesgo, ni tampoco la Merkel ni el malvado Fondo Monetario Internacional. La culpa de que, desde hace cuarenta días, Manolo Saco no escriba su columna en eldiario.es, que titulaba "NI dios, NI patria, NI rey" la tiene la impresentable pamplina en la que se mueve mucha gente de la izquierda de este país. Personas que, apenas tienen oportunidad asoman de inmediato la patita dogmática y, cuando no les gusta lo que escribe alguien que es de su cuerda, y que por tanto tendría que pensar como ellas, se rasgan las vestiduras y, escandalizadas, piden de inmediato la cabeza del "sacrílego". ¡Al infierno con él!

Os cuento: El pasado 10 de marzo, en su columna de eldiario.es, Manolo Saco glosó lo que estaba sucediendo en Venezuela como él creyó que debía hacerlo. (Si pincháis aquí lo podéis leer) Hizo uso de la libertad que siempre ha dado a quienes hemos trabajado con él -y que él usaba cuando escribía- para no dejar títere con cabeza; echó mano de la ironía que tantos ratos divertidos nos ha hecho pasar a quienes admiramos su magistral estilo literario y disparó. Analizó la muerte y sucesión de Chávez como él creyó conveniente, con la misma afilada pluma con la que lleva escritos centenares, miles de artículos que durante muchos años han puesto de los nervios a los meapilas, totalitarios, ultramontanos e intransigentes varios de este país.

Pero como la intransigencia anida en todos los tejados a Manolo, que en los medios de la derecha le han llamado desde blasfemo hasta sectario, le ha tocado ahora ser víctima de un despiadado linchamiento digital en los comentarios a su columna por parte de sus propios lectores, que se supone son de izquierdas.

Hasta ahí, si se me apura, todo estupendo. La interactividad, que a mi me parece un hermoso hallazgo, permite pulsar la reacción que tu trabajo despierta, entre quienes te leen, prácticamente al instante. Lo que pasa es que entre los lectores de eldiario.es, muchos en este caso no se han limitado a expresar su discrepancia o su desacuerdo sino que, en nombre de su rol de socios (cinco euros al mes por ayudar a sostener el proyecto) deciden, además de opinar, darse por ofendidos y pedir la cabeza de Manolo por osar pensar, y escribirlo, como a ellos no les gusta.

Triste, fatal, horrible. Si eso ocurre poniendo cinco euros, imaginaos lo que no harán los socios capitalistas de cualquier medio de comunicación cuando aparece un díscolo entre sus huestes. 

El caso es que la inédita situación, que igual hasta puede marcar un punto de inflexión en esto de la comunicación digital, debió suponer un buen quebradero de cabeza para eldiario.es Sin duda era un marrón al que había que hacer frente y a fe que se pusieron a ello. A mi juicio, han toreado con bastante arte un episodio sin duda difícil. La defensora del lector salió al paso en una columna que tituló "Hasta dónde deben condicionar las críticas" y, entre otras cosas, cuenta:

"He hablado con Manolo Saco, quien no ha querido añadir nada más que lo ya expresado en su comentario -escribe Olga Rodríguez-.  Y continúa: También he preguntado por lo sucedido al director de eldiario.es, Ignacio Escolar, y esta es su respuesta: " Manuel Saco me llamó por teléfono el lunes por la mañana para decirme que quería dejar el blog por las razones que ya ha explicado en el comentario. Le insistí en que recapacitase y le intenté convencer de que siguiese. Hablamos un buen rato. Me dijo que se lo pensaría más adelante, pero que por ahora prefería tomarse al menos un tiempo." (la respuesta entera y la columna de O. Rodríguez puedes leerla pinchando aquí)

Tengo para mí, conociendo a Manolo Saco como lo conozco desde hace tantos años, que las conclusiones que él debió sacar de todo este revuelo le debieron dejar con la mosca detrás de la oreja. No sé si contó hasta cien o hasta mil porque no he podido hablar con él, pero el caso es que la decisión que tomó fue la siguiente: usó el apartado de los comentarios a su columna, como un lector más y a modo de despedida, escribió lo siguiente el día 11 de marzo a las 13:42:

"A TODOS. 
Como columnista vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar: 
Mi columna de hoy sobre la Venezuela de Chávez ha tenido un rechazo masivo y sin paliativos por parte de socios y lectores. Y lo que es peor, por parte de muchos de vosotros a los que aprecio intelectualmente. Me preocupa sobre todo el no estar en sintonía con los socios, entregados a un proyecto, para ellos ilusionante, de periodismo de izquierda y libre. Si siempre se ha dicho que los periódicos pertenecen a los lectores, pues son finalmente los que los sustentan y los mantienen con vida, en el caso de los socios lo es doblemente, pues lo han financiado con una aportación económica.
A muchos de ellos les he leído, entre líneas, que un periódico que me mantiene a mí como columnista “ya no es su periódico”, que se habían equivocado. Y es verdad. Se habían equivocado. Uno necesita el bálsamo de la prensa amiga, y mucho más si la financia con su esfuerzo, como un lugar refugio donde confirmar a diario sus ideas vitales, sin agresiones ideológicas. Como creo en la necesidad de preservar la existencia de diarios como este y, sobre todo, en el espléndido equipo de dirección que lo alienta, os comunico a todos que desde este momento dejo de publicar en diario.es. Los lectores tenéis derecho a no correr el riesgo de sobresaltaros cada mañana, pensando que un francotirador os podría estar atacando con fuego amigo. Gracias por vuestra paciencia, y disculpad las molestias."

El revuelo que ha levantado esto, a mi juicio excesivamente discreto para la importancia que le atribuyo al sonoro silencio de Manolo se ha traducido, en las redes sobre todo, en análisis y juicios de intenciones en los que yo no pienso entrar. Al menos por ahora.

Si transcurren otros cuarenta días y Manolo continúa en silencio, lo que ahora me parece grave, empezará a parecerme gravísimo.

Repito: Cuarenta días sin columna de Manolo Saco son... no una sino cuarenta pésimas noticias.

J.T.