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viernes, 27 de septiembre de 2013

10 preguntas a Martínez Camino


"¡Qué quiere usted que le diga!"

Desaparecido en combate como está desde hace un tiempo, el todavía portavoz de la Conferencia Episcopal se vio obligado a comparecer este jueves en Tarragona para presentar un multitudinario acto previsto en la ciudad para el 13 de octubre. A la única pregunta con interés periodístico que se realizó en la rueda de prensa -qué le parece la opinión del papa sobre el aborto y los homosexuales-, Martínez Camino respondió textualmente:

- Me parece muy bien, ¿qué me va a parecer? ¿cómo...? ¿qué quiere usted que le diga? Me parece muy bien. 

"¡Qué quiere usted que le diga!" 

Esa es la frase que delata el desconcierto del otrora altivo Martínez Camino, su descoloque, su contrariedad y su esfuerzo por el autocontrol ante una pregunta incuestionablemente incómoda tanto para él como para su jefe Rouco quien, desde el 13 de marzo, fecha en que Francisco apareció en el balcón del Vaticano, tampoco da muchas señales de vida.

Pues, señor Martínez Camino, le voy a especificar aquí algunas de las cosas que "queremos que nos diga"

1.- Queremos que nos diga qué le parece que tantas diatribas como se marcó usted durante años hayan quedado desautorizadas.

2.- Queremos que nos diga qué le pareció la proclama que Francisco hizo en Julio en Lampedusa contra el comportamiento hipócrita ante la inmigración.

3.- Queremos que nos diga qué le parecen las declaraciones de Pietro Parolin, que el próximo 15 de octubre relevará como número dos del Vaticano al controvertido Tarsicio Bertone en la Secretaría de Estado, afirmando que el celibato no es un dogma y que se puede discutir porque se trata de una tradición.

4.- Queremos que nos diga, como portavoz que es de la Conferencia Episcopal, su opinión y la de sus compañeros sobre lo que Francisco le dijo a los nuncios de todo el mundo cuando los reunió allá por junio, ¿se acuerda? Les dijo que los obispos tienen que estar menos por las pompas y más por el trabajo a pie de calle; más por la austeridad y menos por ir de "príncipes" por la vida.

5.- Tampoco estaría de más que valorara la visita que Bergoglio realizó del pasado día 22 a Cerdeña cuando en Cagliari denunció al "sistema económico global" como la causa directa del paro y la pobreza
e invitó a la gente a unirse para hacerle frente, para luchar contra él, para desenmascararlo: una invitación clarísima a la rebelión social, a no resignarse, a no conformarse... 

6.- Y sobre la rotunda afirmación que el jefe del Estado Vaticano hizo la semana pasada proclamando que jamás ha sido de derechas, ¿qué nos dice?

7.- También nos gustaría saber cómo ve la posible presencia de mujeres entre los cardenales.

8.- Queremos su opinión sobre la manera de gestionar viajes como el del Río: mezclándose con los jóvenes, haciéndose fotos con ellos, confraternizando con los periodistas en el avión...

9.- También queremos que nos aclare si los obispos españoles van a continuar con su demencial cruzada contra el uso del condón. 

10.- ¿Y qué nos dice de esta frase recogida textualmente en unas recientes declaraciones de Francisco a la revista "Razón y Fe"?:  "No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto... no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar".

En pocas palabras, atildado monseñor, contestando a su atropellado comentario-pregunta en Tarragona ("qué quiere usted que le diga") lo que queremos es que tanto usted como su mentor Rouco sean claros por una vez en su vida: que se la envainen públicamente o proclamen sin rodeos su indisimulable mosqueo con los mensajes de un papa que nos tiene descolocados a todos, a los que seguimos sin fiarnos de él y a los que, como ustedes, nunca se fiaron ni de su sombra.

J.T.

miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Cómo hemos podido degenerar tanto?


Pero ¿qué es lo que hemos hecho con aquella hermosa libertad que empezamos a gestionar en 1976 para que casi cuarenta años después parezca, no solo que no hemos avanzado nada, sino que vamos marcha atrás?

¿En qué nos hemos equivocado para que las cosas nos hayan salido tan mal?

¿Por qué las cárceles visitadas entonces por tantos políticos que luchaban por la democracia albergan ahora políticos y empresarios corruptos de toda calaña y condición (y lo que queda)?

¿Cómo es posible que no nos haya dado tiempo de poner nuestra casa, nuestro país, mucho más en orden de lo que está?

¿Qué es lo que hemos hecho tan mal? ¿tantas heridas cerramos en falso en su día? ¿tantos frentes quedaron abiertos?

¿Cómo es posible que sigamos tan polarizados, tan cainitas, tan crispados los unos con los otros?

¿Por qué tantos avances incuestionables nos han servido de tan poco?

¿Por qué, habiendo menos analfabetos, hay menos librerías, menos cines, menos eventos culturales que muevan y motiven a la gente?

¿Por qué a pesar de los avances sociales y económicos no hablas con nadie que no le tenga mucho más miedo al futuro que hace solo unos años?

¿Cómo es posible que cada día que pasa se batan récords históricos de solicitudes de ayuda a Cáritas y oenegés varias?

¿Por qué hay que volver a buscarse la vida (la supervivencia, no la prosperidad) en el extranjero?

¿Por qué jóvenes que crecieron viendo a sus padres ir a votar van ahora por las esquinas levantando la mano cara al sol y enarbolando símbolos fascistas?

¿Cómo es que no está enterrada y olvidada la liturgia franquista? ¿Quién, cómo se dedica a reavivarla? ¿Por qué?

¿A dónde vamos tan crispados? ¿Por qué nos enconamos tanto?

¿Por qué después de tantos años trabajando por el diálogo y el entendimiento tenemos a tanto energúmeno mediático vociferando en las ondas y redactando inflamables proclamas infames?

¿Qué nos ha pasado? ¿Cuándo empezó la cuesta abajo?

¿Cómo es posible que hayamos degenerado tanto?

J.T.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Los fachas veinteañeros

Tienen veinte, treinta, treinta y cinco años… Esgrimen banderitas españolas en la muñeca, en los cuellos de sus polos y jerseys y hasta en los calzoncillos si hace falta, pero las esgrimen como amenaza frente a los presuntamente menos patriotas que ellos. Repiten como papagayos los argumentos-consigna del día que les inoculan en sus innombrables y cada vez más numerosas emisoras y pasean por las esquinas comportamientos agresivos e intolerantes.

Entran en el cada día más surrealista mundo de sus “mayores”, intentando desestabilizar sin ningún tipo de miramiento y utilizando el asunto que sea: el terrorismo y la búsqueda de la paz, la asignatura de educación para la ciudadanía, los avances médicos y sociales como investigar con células madre o los matrimonios entre homosexuales, o la memoria histórica…

Son estos niños de veintitantos o treinta y tantos años unos fachas de tomo y lomo. Pero unos fachas que me descolocan, porque uno estaba acostumbrado a plantar cara al facha mayor y carca, claro vencedor de la guerra civil, que nos tenía acojonados de pequeños cuando todavía vivía franco, acojonados de mayores cuando muerto el perro, la rabia en forma de sable y pistolas seguían teniéndolas ellos pero aliviados cuando se han ido muriendo en cómodas camas que no merecían y siendo ya apenas una caricatura de lo que fueron, patéticos cuando continuaban cantando el cara al sol brazo en alto o desempolvando camisas azul oscuro cada veinte de noviembre.

Pero estos niños fachas – algunos ya no tan niños- ¿de dónde cojones han salido? ¿Son herederos de quienes, ganadores del mal rollo aquel del 36 al 39, se forraron con prebendas y pillajes? ¿Qué les peligra? ¿Quizás un edificio de apartamentos construido con los beneficios de la venta de una tierra heredada del abuelo sin que se llegara a saber nunca muy bien como la consiguió éste, cómo tenía la escritura a su nombre? ¿Por qué son tan fachas? ¿En qué abrevaderos rumian sus consignas, sus actitudes, sus cabreos clónicos –clónicos en su insulsez, en su escasez de sustancia, en su frágil rotundidad- con los gobiernos de izquierda, ya sean estos municipales, autonómicos o estatales?


Todos estos niños fachas –ya no tan niños algunos- eran niños, o ni siquiera habían nacido, cuando yo tenía entre dieciocho y veinticuatro años, mis tiempos universitarios en la última etapa del franquismo y nos batíamos el cobre, cada cual a su modo, para recobrar la democracia y la libertad. Me suena rimbombante hasta a mí cuando lo escribo ahora, pero la cosa era así: Lo que ahora parece tan normal costó mucho. Que los fachas de hoy puedan decir ahora desde la libertad las barbaridades que dicen costó mucho.

¿Nadie en su familia se lo ha contado? ¿Nadie en su familia les ha contado que muchos de ellos se estuvieron dando durante años con un canto en los dientes porque no se imaginaron que se pudiera hacer una transición pacífica donde ellos quedaran impunes a pesar de sus felonías? ¿Que estuvieron durante bastante tiempo frotándose los ojos porque no se podían creer que los "rojos" no quisieran vengarse sino sólo recuperar las libertades y la posibilidad de luchar por construir un país moderno?

Pero ¿cómo tienen huevos de rasgarse las vestiduras porque se facilita la posibilidad de recuperar la dignidad y la memoria para aquellas familias del bando perdedor que hasta ahora no habían contado con reconocimiento ni reparación alguna?

¿Es por eso? Es por eso por lo que están mosqueados? Porque mangonear siguen mangoneando. ¿Cuándo surgirá una clase dirigente, política y económica que empiece a funcionar en clave de modernidad? ¿Cuándo va a dejársenos de caer caspa de las solapas? ¿Cuándo vamos a ser modernos de verdad? Cuándo van a asumir que llevamos ya veinticinco años en la Unión Europea?

J.T.

viernes, 9 de julio de 2010

El gran hermano nos vigila

Cada vez es más frecuente encontrarte, cuando entras en cualquier establecimiento público, esta señal


En muchos lugares matizan que lo hacen "por tu seguridad"

Por tu seguridad se están quedando con tu cara y por tu seguridad también observan tus movimientos durante todo el tiempo que te pones a tiro. Y además, los archivan.

Te controlan y te graban en centros comerciales, en tiendas grandes y pequeñas, en edificios de oficinas, en cualquier ventanilla donde vayas a resolver un papeleo, en el metro, en los hoteles, en cada vez más calles… y hasta en los taxis. Siempre por tu seguridad, eso sí.


A todo esto hay que añadir ahora el control en el centro de las ciudades de las matrículas de los coches para multarte si te entretienes más de un determinado tiempo en la zona sin ser residente (en Sevilla en breve el tope de estancia de un coche “intruso” será de 45 minutos. Al centro de Granada ya es que no te dejan ni entrar…)

Si hasta los gobiernos locales violan abiertamente la intimidad de los ciudadanos no hablemos ya en clave nacional o internacional con la neura que provocan las amenazas de bin laden y compañía.

Pero por mucha amenaza que exista, me parece muy fuerte que entre todas las cámaras que pueden llegar a grabarnos en un día se pueda recomponer lo que cualquier ciudadano anónimo haya hecho en una jornada desde que sale de su casa hasta que regresa.

¿Corren las sociedades modernas el riesgo de convertirse en Estados parapoliciales con la excusa de la amenaza terrorista? La universidad de Aranjuez ha programado durante toda esta semana un curso, que dirige mi amigo Manuel Cerdán, dedicado a profundizar en esta pregunta. Una cuestión para la que, al margen de lo mucho que el asunto se presta y se prestará al debate, me temo que lamentablemente conocemos ya alguna respuesta


El Gran Hermano, sin duda, cada día nos vigila más. Y mejor. Así que cuidadito con meterte el dedo en la nariz y hacer bolitas tan pancho o rascarte alegremente la entrepierna pensando que no te está viendo nadie. Te equivocas

J.T.