Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de octubre de 2015

333 historias de la Transición y 333 butacas del Ateneo

Tuvo algo de mágico la presentación del libro de Carlos Santos en el Ateneo madrileño. Un libro en el que el autor repasa, con su gancho habitual, "333 historias de la Transición", muchas de ellas inéditas hasta ahora. Un manual sin desperdicio para quien quiera entender muchas de las cosas que ocurrieron en aquellos años tan ponderados ahora por unos y tan cuestionados por otros.

Sea como sea, la presentación tuvo algo de mágico porque el libro de Carlos nos cuenta a muchos nuestra propia vida y nos refresca la memoria a la manera en que lo hacían los álbumes de fotos cuando existían los álbumes de fotos y no el alquiler de gigas en las nubes de internet. Muchas de las cosas que cuenta Carlos en "333 historias..." no es que las haya vivido yo: es que incluso las he protagonizado, porque mi querido amigo me ha hecho el honor de contar con mi memoria para confirmar algunas de las anécdotas que refiere en este libro coral con el que nos invita a cuestionarnos seriamente si nosotros, los de entonces, continuamos siendo los mismos o si, por el contrario, apenas quedan vestigios de quiénes éramos y cómo nos sentíamos.

Confieso que a mí, la puesta en escena de la presentación me removió muchas cosas, algunas porque las conocía y otras porque las había olvidado... pero también me reveló historias de las que nunca hasta ahora tuve ni remota noticia. Como ha de hacer todo lector que se precie con los libros de los amigos, compré "333 historias.." el mismo día en que llegó a las librerías y eso me permitió acudir a la presentación con las 454 páginas ya leídas, algunas incluso releídas. Carlos podía perfectamente, si hubiera querido, haberme puesto a prueba y tomarme la lección.

Pero no fue necesario. En el estrado lo arroparon Imelda Navajo, Forges, Manuel Campo Vidal, Fernando Reinlein y Alberto Ruiz Gallardón. Y en el repleto salón de actos del Ateneo madrileño nos encontrábamos un buen número de amigos y compañeros. Estaba mi querido José Antonio Gurriarán, también José María de Juana, Mercedes Jansa, Alicia G. Montano, Nieves Concostrina, Jesús Pozo, Fernando Palacios, Giorgina Cisquella...

A todos consiguió emocionarnos el muy tunante de Carlos, con una presentación trufada de piezas musicales que le sirvieron para ilustrar lo que nos contó sobre el libro y su elaboración, sobre lo que fueron unos años irrepetibles, sacralizados por unos y ahora demonizados por otros. Ni lo uno ni lo otro, creo yo. Quizás, con la perspectiva del tiempo y amortizadas sus virtudes, estemos todos ya en condiciones de ponernos de acuerdo sobre las carencias de aquella etapa, como por ejemplo la falta de protagonismo de la sociedad civil en la Transición y la urgente necesidad de jubilar la Constitución vigente. O los desaciertos a la hora de dibujar el mapa autonómico, o la dramática ausencia de mecanismos preventivos frente a la corrupción... O incluso, como el propio autor señala en el epílogo, sobre "la renuncia a depurar las Fuerzas de Seguridad y la Administración franquista, y el mantenimiento de núcleos de poder de la dictadura como elementos intocables del sistema".

Es bueno refrescar y analizar aquellos años y es bueno que libros como el de Carlos Santos contribuyan a hacerlo en los tiempos que corren. Sobre todo porque lo que se cuenta en sus páginas ocurrió. Absolutamente todo. Es bueno que quienes por edad no lo vivieron se acerquen a ese tiempo a través las 333 historias de este ameno "manual", y que quienes apuestan/apostamos por superar aquella época lo hagamos partiendo de un cabal diagnóstico de dónde se encontraba exactamente cada pieza por entonces. De dónde estaban incluso las piezas que faltaban y continúan faltando.

Hay que cambiar muchas cosas y es urgente hacerlo. Estamos en el momento. Como digo, creo que el libro de Carlos Santos puede ayudar a ello, se esté de acuerdo con su criterio y con su enfoque o no. La necesidad de menear esto de una vez se respira en el ambiente y quizás sea esa la razón por la que en la presentación madrileña se colgó el cartel de "No hay billetes", como creo que ocurrirá allá donde "333 historias..." y su autor decidan ir de bolos.

Al finalizar el acto, Carlos se acercó a los trabajadores del Ateneo para mostrarles su agradecimiento.
-¿Sabe usted -le dijeron- cuál es el aforo de este salón de actos? ¡333butacas!

J.T.

Las fotos son de Jesús Pozo

miércoles, 24 de junio de 2015

La muerte de la enseñanza de la literatura

Se cargaron el latín por lo militar. Ni los curas saben ya qué significa "Introibo ad altare Dei", ni mucho menos el "Suscipiat" o el "Orate, fratres". El latín ayudaba a pensar, un peligro, ponía en orden la mente, peor aún, te ayudaba a entender mejor tu propio idioma, a expresarte en él con mayor corrección... Mucho riesgo para el poder, en manos de inseguros desconfiados e indocumentados, sobre todo en el ministerio mal llamado de Educación, desde hace tantos años.

Luego devaluaron la enseñanza de la filosofía. Descartes, Kant, Feuerbach, Schopenhauer... al baúl de los recuerdos, uhúu... Se empieza por Platón y se acaba con Marx y Engels y... claro, luego te salen listillos y cualquier pimpollo es capaz de montarte un Podemos apenas te descuidas.

Más tarde le llegó el turno a la música. Despreciaron su importancia y relegaron la enseñanza de esta disciplina robándole a los alumnos su derecho a disfrutarla y a mejorar su sensibilidad. A ser cultos, en definitiva. Una de las secuencias más impactantes de la película franco-mauritana Timbuktu, dirigida en 2014 por Abderrahmane Sissako es cuando los islamistas radicales torturan a quienes osan escuchar música a hurtadillas. Pues eso.

Ahora le toca el turno a la Literatura. A partir del próximo curso, dos horas a la semana y vas que te matas. Además, no contarán para la nota de selectividad ni entrarán en las futuras reválidas que prevé la ley Wert. Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) la llaman. ¿Se puede tener más cara? ¿Se puede ser más desaprensivo?

Arrancar de cuajo las humanidades de la enseñanza es privar a las generaciones que ahora crecen en nuestro país de un instrumento imprescindible para amueblar sus mentes y reforzar su sensibilidad. Es una verdadera pena constatar cómo la capacidad de expresión de muchos jóvenes es ya inversamente proporcional a la habilidad que poseen para escribir mensajes en sus teléfonos "inteligentes" a toda velocidad. Teléfonos que incluso les corrigen vergonzosas faltas de ortografía producto de una educación directamente denunciable.

Lo único que leen son los mensajes del "guasap". O los tutoriales de internet para aprovechar al máximo las capacidades de la aplicación de moda. ¿El Arcipreste de Hita? ¿El Cantar del Mío Cid? ¿El Lazarillo? ¿La Celestina? ¿Cervantes? Bueno, Cervantes sí, pero porque estos días han hablado mucho en la tele del hallazgo de sus presuntos restos. Todavía los veinteañeros quizás sepan que Cervantes fue el autor de "El Quijote" y hasta es posible que alguno, por equivocación o por obligación, se haya tomado la molestia de leer alguno de sus pasajes. A partir del próximo curso escolar, se acabó. Ni Galdós, ni Clarín, ni Valle Inclán, ni mucho menos García Márquez.

El acoso y derribo a la cultura y al conocimiento es tan escandaloso como el escaso nivel de protesta ciudadana ante tamaña fechoría.

Saldremos muy tocados de los desmanes de Wert y sus antecesores al frente de Educación. Es uno de los cambios fundamentales que hay que hacer apenas la gente decente recupere el poder. Será complicado evitar el daño en alguna generación, pero si algo debemos a quienes vienen detrás nuestro es dejarles un panorama mejor que el que nosotros recibimos. Y eso, que no está ocurriendo en casi ningún ámbito, en el mundo de la cultura, en el de la educación... es todavía peor sin que sepamos hasta cuándo.

Le hemos dado nuestra lengua a más de quinientos millones de personas en el mundo y nosotros, quienes la parimos, somos los que peor la hablamos, los que menos recursos lingüísticos demostramos, los que usamos un vocabulario más pobre y escaso, los que nos expresamos con menos riqueza de léxico y de matices... Y para redondear la faena Wert, en estos sus eternos días de una despedida que no llega, nos añade una amarga píldora más a su nociva y vomitable herencia: una enseñanza devaluada de la literatura, a la que hay que sumar las tropelías cometidas antes con la historia de la filosofía, la música o el latín.

J.T.

  

viernes, 30 de septiembre de 2011

Aciertos y errores de Artur Mas a propósito de la lengua española

“Estos niños sacrificados bajo el durísimo yugo de la inmersión lingüística en catalán sacan las mismas notas de castellano que los de Salamanca, de Valladolid, de Burgos y de Soria; y no le hablo ya de Sevilla, de Málaga, etcétera, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende”

No hay discusión: Artur Mas se pasó trescientos treinta y tres pueblos mínimo cuando pronunció la frase con la que comienza este post, frase de la que es propietario absoluto. Se ha pasado desde el punto de vista político y se ha pasado también desde el punto de vista de la necesidad de apostar por una convivencia pacífica y civilizada.

Pero su afirmación, por mucho que nos rasguemos las vestiduras, sobre todo en lo que concierne a la dificultad para entender a los andaluces tiene, queramos o no, lo que yo llamaría una "base de trabajo constatable".

El que sale todos los días a la calle con un micrófono lo sabe. Ahora que están tan de moda en radios y televisiones las encuestas callejeras con cualquier pretexto, quienes salen/salimos a la calle a conseguir declaraciones sabemos que cuando llegamos al montaje y hemos de elegir, entre la docena de entrevistados que traemos grabados- un par de totales en condiciones, es muy probable que la mitad haya que descartarlos simplemente porque son inentendibles.

Probablemente en Madrid, Salamanca o Barcelona eso suceda también. Pero hay que admitir que Andalucía los problemas son mucho mayores. Los andaluces hablaremos mejor o peor y depende de comparado con qué y con quién, pero hay un hecho incontestable: en muchas ocasiones no se nos entiende. Y en eso tiene razón el presidente catalán.

Quizás lo que habría que decirle a Artur Mas es que lo suyo tampoco le permite presumir. Hay muchos catalanes cuyo soniquete resulta patético, el vocabulario escaso y los giros lingüísticos incorrectos. Tanto ellos como el resto de los ibéricos hispano hablantes resisten poco la comparación cuando nos damos una vuelta por cualquier país sudamericano y nos limitamos a sintonizar la tele.

Un reportero de México, Ecuador, Bolivia, y no te digo ya de Chile o Argentina tiene muchísimos menos problemas para escoger totales cuando sale a la calle a grabar una encuesta que nosotros.

Llama poderosamente la atención la riqueza de léxico y la corrección con la que usan la sintaxis hasta los mendigos cuando les ponen un micrófono delante.

Es verdad, Mas, los andaluces hablamos mal. Pero todos los españoles, incluidos los catalanes, tenemos que cuidar nuestra lengua mucho más de lo que lo hacemos. Hace ya un tiempo considerable que estamos quedando en ridículo ante lo hispanohablantes americanos. Y más pronto que tarde, si no está pasando ya, quedaremos en ridículo ante nosotros mismos: andaluces, catalanes y españoles en general.

A la lengua española, ese precioso instrumento con el que nos comunicamos, le debemos un respeto que no le tenemos prácticamente nadie. Usted tampoco.

J.T.

domingo, 10 de abril de 2011

10 recomendaciones para informarse sin perder el tiempo



1. Procurar leer siempre al revés cualquier declaración que haga un político
- Si hay un "no" en la frase que pronuncian, eliminarlo
- Si no existe ese "no", añadirlo
Ejemplo 1: "No está prevista una subida en las tarifas eléctricas". Traducción: "Os vais a enterar en el siguiente recibo de la luz. Os vamos a meter un palo que os vamos a dejar temblando"
Ejemplo 2:  "Todo está controlado" Traducción: "Esto se nos está yendo de las manos y además no no se nos ocurre nada para controlarlo"

2. Sabremos hacia dónde "escora" un medio según la información que falte
Ejemplo: Las escandalosas ausencias en las televisiones autonómicas de informaciones que son de primera página y de apertura en los demás medios pero que si afectan negativamente al gobierno de la comunidad, o directamente no aparecen, o cuando lo hacen se tratan de manera breve y lo más abajo en la escaleta que sea posible.

3. Poner siempre en cuarentena los datos de audiencias y de tiradas que cada medio publicita de sí mismo
Con esto sucede como con las lecturas que los partidos políticos hacen de los resultados tras los escrutinios electorales. Todos ganan siempre, ¿no es maravilloso?

4. Detenerse en las noticias que aparecen escondidas, a una columna y en página par
Suelen estar ahí porque quien las publica tiene poco interés en que se vean. Ergo... tienen interés

5. Dejar inmediatamente de leer, escuchar o ver una información apenas detectemos que contiene un juicio de valor o un adjetivo
No me refiero a los guiños que buscan la complicidad con el lector, oyente o espectador mientras se va desgranando un relato... esos adornos que algunos informadores, reporteros sobre todo, bordan literalmente cuando cuentan una historia. A eso no me refiero.

6. Hacer oídos sordos y pasar página o cambiar de frecuencia cuando alguien a quien acaban de dar paso para desarrollar una información comienza diciendo "Efectivamente..." o "Como tú bien has dicho..."
Quien usa esas muletillas no tiene nada de interés que decir y además es muy probable que no sepa ni decirlo.

7. No leer ni atender a entrevistas vinculadas a la promoción de un libro, un disco, una película o cualquier tipo de espectáculo 
Son publicidad, no información. Así es por mucho que para promocionar un producto de envergadura comprobemos que han recurrido a un personaje (carismático o simplemente famoso) a quien siempre quisimos escuchar o que en alguna ocasión de nuestra vida nos planteamos que nos gustaría saber cómo piensa. Esto puede ocurrir, es verdad. Pero pocas veces.

8. No volver a leer, ver ni escuchar a quien abusa de nuestro tiempo, nos explica mal las cosas y que, cuando decide dar por terminado lo que quería contarnos, nos deja preguntándonos qué era lo que quería decir exactamente
O peor: nos deja preguntas sin contestar. Lo más probable es que ni él mismo supiera de qué estaba hablando si no lo supo explicar. Eso suele suceder cuando no se lo ha preparado, se lo ha preparado mal o le ha pillado el toro y ha tenido que entregar el material sin poderlo revisar.

9. Como una información no es una tesis doctoral, apenas nos hayan contado lo que nos interesa, saltamos a la siguiente 
El tiempo es oro y las informaciones que conocer, muchas.

10. Los columnistas más interesantes no siempre están en las páginas de política o cultura, ni en las tribunas de opinión
Eduardo Haro Tecglen supo convertir en columna de culto la reflexión diaria que "El País" le publicó durante muchos años en las páginas de televisión. Junto a la programación de películas, partidos de fútbol, noticiarios y reality shows, el gran maestro impartía a diario, en su rincón de la penúltima página del periódico, impagables lecciones de política, de periodismo y de vida.

J.T.

sábado, 12 de febrero de 2011

Nefertiti parece más contenta


Nefertiti está hoy muy contenta. A Nefertiti, como diría mi amigo Rafa de Miguel, se le ha puesto una sonrisa que recuerda la de la Gioconda.

Las medidas de seguridad que rodean la sala del museo Neues de Berlín donde se encuentra desde hace apenas un año parecen este sábado un poco más relajadas.

El sábado pasado estaba más seriota, como si en su expresión pudiera reflejarse la incertidumbre que estaba viviendo su amado país. ¡Quién le iba a decir a ella que más de tres mil años después de su muerte, el Egipto de su alma iba a estar en el punto de mira del mundo entero porque las protestas pacíficas de la gente de la calle iban a conseguir finalmente acabar con treinta años de dictadura y opresión!.

Este sábado, Nerfertiti parece celebrar con su expresión lo que está pasando en la tierra que ella tanto amó. Hasta su vaciado ojo izquierdo parece estar menos vacío. 

Seguro que Nerfertiti ha escuchado las múltiples comparaciones que se han hecho en esta últimas veinticuatro horas entre la caída del régimen de Mubarak y la caída del muro de Berlín. El Museo Neues donde ella se encuentra, la isla de los museos, está en lo que fue Alemania del Este hasta 1989. Así que ella sabe bien lo que significó que el muro acabara derrumbándose por la fuerza de los hechos: sin disparos, sin violencia, sólo por la presión de la gente, como ahora sus paisanos del 2011 han hecho en la plaza de la Liberación de El Cairo.

Nefertiti está contenta. Nefertiti sonríe, es verdad, querido Rafa de Miguel. Ya no es sólo la Gioconda en el Louvre. Desde ahora, también Nefertiti, en el Neues Museum de Berlín, esbozará una sonrisa que, seguro, quien sepa captar el guiño, la verá.

Analizo un poco más su expresión y capto su sonrisa, sí, pero también su preocupación. Porque ni siquiera ella sabe muy bien cómo puede acabar todo esto.

J.T.

domingo, 6 de febrero de 2011

El desánimo de mis amigos profesores


Entre quienes un día fueron mis compañeros de estudios, un buen porcentaje de ellos se dedica a la enseñanza. Imparten clases en institutos y universidades de distintas ciudades en este país. Son profesores de materias de ciencias, de letras, especialistas en comunicación, en literatura o en matemáticas.

Llevo más de treinta años escuchándolos -desde que mi vida derivó hacia el periodismo y las suyas maduraron en el mundo académico- y he compartido la evolución que han experimentado desde el entusiasmo de sus primeros años de docencia hasta el pasotismo en el que muchos de ellos sobreviven ahora. 

Unos tardaron más y otros menos en desilusionarse. ¿Por qué? Las razones quizás son complicadas de resumir, pero cuando converso con gente recién salida de la universidad cada vez entiendo mejor a mis amigos de siempre.

Cuando leo o escucho que esta generación de jóvenes españoles es la mejor preparada en mucho tiempo no acabo de entenderlo. Puede que sean, no lo discuto, los mejor preparados en el manejo de la p2p, la play station o los más habilidosos para piratear en un plis plas una filmoteca entera. Pero cuando deciden abrir la boca lo más probable es que te espantes. 

Al menos a mí me sucede: milagroso es que un adolescente emplee un adjetivo con cierta precisión, o que exprese una idea con la suficiente claridad. Y no te digo ya si de lo que se trata es de mantener una mínima conversación sobre geografía, historia o literatura. Momentos he vivido en los que, llegado el caso, no recordaban -o quizás no supieron nunca- ni cuál es la capital de Portugal.

Les importa un comino la actualidad, no compran un periódico ni locos, revientan durante horas el tuenti o el facebook pero, por muchas horas que malgasten frente al ordenador, no se les ocurre ni por casualidad mirar una página web que les ponga al día de por dónde va el mundo. Y cuando  se equivocan y se paran en un quiosco, como mucho compran el " Marca" o el "Mundo Deportivo".

Estos jovenzuelos, carne de botellona y maestros del victimismo, son los que tienen desalentados y desanimados a aquellos amigos míos que se dedican a la enseñanza. 

La coartada es la falta de expectativas, la dificultad para abrirse paso en la vida, la crisis... Puede ser, pero lo que yo creo es que nos encontramos en un infernal círculo vicioso donde las causas y los efectos se confunden y el resultado está siendo una generación desmotivada que refleja en las aulas su caótico y desinflado estado de ánimo.

En esas aulas donde mis amigos de siempre consumen los cursos comprobando cómo la "cosecha" de cada año acaba haciendo buena la anterior, que ya era para tirarse de los pelos.

J.T.

viernes, 4 de febrero de 2011

La información cultural en los medios


Repaso con mi amigo Fernando Valls la información cultural en los medios españoles y eso me lleva a algunas reflexiones. Empezaremos por los suplementos culturales de los periódicos: quien busque en ellos neutralidad, ecuanimidad, pluralidad u objetividad, que se olvide: cada suplemento sirve a los intereses de la editorial del periódico que lo publica. A los libros y autores relacionados con periódicos rivales, ni agua. Como si no existieran.

Eso en los periódicos que cuentan con suplementos culturales porque la mayoría de los medios impresos se limitan a ningunear o reducir a la mínima expresión todo lo que tenga que ver con libros, pintura. música o teatro. A lo sumo entremezclan la información cultural con la de espectáculos y en la misma página te puedes encontrar con suerte algo de información sobre un estreno de ópera, pero junto a la promoción, por ejemplo, del último disco de Bisbal o Bustamante.

En las radios, los espacios culturales, que no menudean precisamente a pesar del elevado número de frecuencias que pueblan el dial, poseen un cierto halo de impuesto revolucionario y son tan sectarios como los de los periódicos. 

Y en cuanto a la televisión, quizás ilustre cómo está el patio la cariñosa reconvención que mi querido Luis Felipe Torrente me hizo llegar el día en que un tema cultural se cayó de la escaleta del informativo porque un directo mío había sido demasiado largo: en lugar de treinta y cinco segundos hablé casi minuto y medio. Y claro, el vídeo de la sección de Cultura, cuyo jefe era Luis Felipe, como siempre va al final del informativo,  no se emitió por falta de tiempo. Porque Cultura, claro, va siempre en la cola.

Querido Luis Felipe, quiero que sepas que nunca me perdonaré aquel desliz. Cómo me gustaría que alguna información cultural abriera un informativo de vez en cuando (los obituarios no cuentan). Si los sucesos estuvieran colocados al final de la escaleta igual algún día me habría enrollado adrede en un directo para ver si caía la breva y se quedaba fuera alguno de esos turbios, escabrosos, malolientes y superficiales asuntos que de un tiempo a esta parte han laminado el rigor y el interés de la información televisiva.

J.T.