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miércoles, 14 de octubre de 2015

Rajoy no se atreverá a debatir

No se atreverá. Mariano Rajoy no debatirá, no tendrá narices de hacerlo si el "combate" no está amañado de antemano. Campeón mundial del escaqueo, esto de dar la cara a pecho descubierto no fue nunca, ni lo es ahora, precisamente lo suyo ¿Debatir? ¡Anda ya! Y además, con advenedizos y perroflautas, pero ¿qué se han creído estos niñatos? Ni borracho.

Acostumbrado al plasma y a huir por los garajes, a entrevistas-lametones de entregados a la causa como Herrera y Lomana, a ponerse de perfil desde que era presidente de la Diputación de Pontevedra hace treinta y dos años, salir ahora a la palestra a batirse el cobre, y además con principiantes como Sánchez, Iglesias, Rivera o Garzón, le suena casi a cachondeo. Pero ¿qué se han creído? Con Sánchez y en formato blindado podría ser, ¿pero con los demás? ¡Anda ya!

Él, que desde que llegó a la presidencia del gobierno no ha tenido más remedio que tomar dolorosas medidas por nuestro bien; él, que ha evitado el rescate y obtenido el reconocimiento de su admirada Ángela y demás prebostes europeos, que lleva cuatro años codeándose con lo más granado del mundo mundial... quieren ahora que se rebaje a miserables debates con cuatro donnadies ¿Estamos locos?

Al menos él, cuando en 2008 se enfrentó a Zapatero dos veces, tenía un currículum detrás, ministro de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, Interior, Presidencia, portavoz del gobierno, vicepresidente... trayectoria ésta que le avalaba para poder hablar de no sé que niña durante aquel dichoso debate, aunque tan imaginativa ocurrencia no le sirviera para ganar.

Él, que en 2011 tuvo de contrincante nada menos que a Rubalcaba, ¿quieren ahora que se ponga a pelear con cuatro advenedizos? Además, su otrora admirado José María Aznar no se prestó a debatir siendo presidente del gobierno y le fue bien ¿Por qué ha de hacer él otra cosa? De los cinco debates entre aspirantes a la Moncloa que han tenido lugar desde 1978, tres los ha protagonizado él, Mariano Rajoy Brey ¿no es suficiente? Los otros dos Aznar, en 1993, y los perdió. Siguió gobernando Felipe hasta que en 1996 el PP ganó las elecciones sin necesidad de debates ni gaitas. Además ¿qué culpa tiene él, pobre, de haberse visto obligado a gobernar en tan complicados tiempos de crisis?

Total, que no, que no debatirá. No debatirá y, si pudiera, cortocircuitaría cualquier posibilidad de darle voz a esas pertinaces "moscas cojoneras" que, por haber conseguido cinco diputados en Europa o veinticinco en Catalunya se creen ya los reyes del mambo. Ya le hacen el trabajo sucio las televisiones públicas escondiéndolos todo lo que pueden, y periódicos como El País demonizándolos, pero no es suficiente.

Andan por ahí recitando un interminable memorial de agravios contra mí y encima tienen labia, los cabrones. Menos mal que los espacios gratuitos de propaganda electoral se reparten en función de los resultados anteriores en las urnas y ahí no existían ni Ciudadanos, ni Podemos, ni la madre que los trajo. Por eso se empeñan en debatir, pero se van a quedar con las ganas.

No, no se atreverá. Lleva demasiados años en esto y aunque no sepa por qué llueve, ni si los catalanes son europeos o no, lo de evaluar pros y contras a la hora de tomar decisiones lo tiene claro. Y sabe que bajando a la arena de los debates tiene mucho que perder y poco que ganar. A menos que se trate de enfrentamientos encorsetados y en clave bipartidista. Eso puede que le mole, como hizo Susana Díaz en Canal Sur en las últimas elecciones autonómicas andaluzas, con IU de convidado de piedra. ¿Pero formato abierto sin temas cerrados y pactados y con preguntas ciudadanas desconocidas de antemano? ¡Ni borracho! ¿Estamos locos?

J.T.

jueves, 12 de marzo de 2015

La información electoral en Canal Sur TV


Siempre fue complicado hacer buen periodismo en una televisión pública. Incluso periodismo lisa y llanamente, aunque no sea bueno. Intentar hacer entender a un político que la tele pública se llama "pública" precisamente porque es un medio al servicio de toda la ciudadanía, y no un instrumento de propaganda a disposición del gobierno de turno, parece una guerra perdida.

Las teles públicas las pagamos todos, pero las usan los gobiernos como les da la gana. Esto es una tropelía inadmisible, pero los años pasan, los gobiernos también y los desmanes continúan. Es verdad que en unos casos más que en otros. Pero son pocos, por no decir ninguno, los gabinetes de comunicación de un ministro o de un consejero que resisten la tentación de levantar el teléfono para presionar, manipular, censurar o meter broncas cuando no les gusta lo que se ha contado en "su" televisión.

El director de informativos de una tele pública que decida actuar al margen de estas presiones comprobará, más pronto que tarde, cómo su sillón se va convirtiendo en un potro de tortura. Insisto: es muy difícil, y muy duro, intentar hacer periodismo decente en una tele pública.

En los informativos públicos suele ser muy corriente que el tiempo de presencia en pantalla de los representantes de los partidos políticos esté vinculado al número de escaños que ese partido tiene en el parlamento de turno. Se mire como se mire, esto es una aberración. Una aberración que se convierte directamente en gamberrada cuando los responsables de esos informativos se olvidan que alguna vez fueron periodistas y se convierten directamente en comisarios políticos al servicio del gobierno del momento. Pero en esa dinámica andamos y no parece, a tenor de cómo está el patio, que la cosa tenga pinta de mejorar a corto plazo.

Pues bien, si esto funciona así en circunstancias "normales", es decir, durante los cuatro años que dura una legislatura, cuando llegan las campañas electorales los informativos de las teles se convierten en un producto directamente infumable.

Cuando las campañas electorales entran por la puerta de las televisiones públicas, el poco periodismo que en algún momento puede llegar a practicarse en ellas sale directamente por la ventana.

Aunque es algo probablemente sabido, pienso que nunca está de más recordar cuál es el criterio a la hora de informar de los actos electorales de los partidos durante una campaña. La cosa funciona así: se establece un estricto y proporcional reparto de tiempos entre las formaciones que tuvieron representación parlamentaria en la legislatura recién finalizada y al resto, ni agua. O sea, premios y primas para los de siempre y chinas en el zapato a los "advenedizos" que aspiran a disputarle las poltronas.

No importa lo que diga el clamor popular, no importan los resultados que arrojen encuestas y sondeos, los que tienen la sartén por el mango difícilmente van a tolerar que haya que repartir la tarta entre más y mucho menos quedarse sin ella. Se defenderán como gatos panza arriba para intentar evitarlo. Solo cuando las Juntas Electorales intervienen, como ha ocurrido en la campaña andaluza, la cosa cambia algo. En esta ocasión, Canal Sur se ha visto obligada a incluir información de los actos electorales de UPyD y Podemos, pero porque los partidos han recurrido y hasta la Junta Electoral Central les ha dado la razón.

En pocas palabras, que no solo el periodismo sale por la ventana durante las campañas electorales, sino que los profesionales que trabajan en los medios ven cómo su cometido deja de ser contar las cosas como ellos las ven, y se ven obligados a contarlas como los políticos quieren que se cuenten y durante el tiempo, cronometrado al segundo, que ellos quieren que se haga.

Una verdadera vergüenza para el periodismo a la  que los profesionales de algunas teles públicas, cada vez que hay unas elecciones, llevan tiempo combatiendo de la única manera que pueden: haciendo público su desacuerdo; contando en los informativos, antes de hablar de la campaña, que lo de los bloques electorales se elabora según al reparto que hace la Junta Electoral de turno y desmarcándose de algo que no tiene nada que ver ni con su oficio ni con su trabajo. 

En esa tesitura están estos días en Andalucía, donde el Consejo Profesional de Canal Sur Televisión ha hecho pública una nota de la que voy a reproducir los párrafos a mi juicio más interesantes:

"Con motivo del inicio de la campaña electoral en Andalucía, el Consejo Profesional de Canal Sur TV quiere expresar su rechazo al habitual formato de “bloques” con el que se obliga a cubrir la información electoral a los medios públicos.

Por más que se hayan convertido en una tradición asumida por la Junta Electoral, este reparto estricto de tiempos entre los partidos con representación parlamentaria no aparece legislado en ninguna parte. La ley solo exige el respeto al pluralismo político y social, así como la igualdad, proporcionalidad y neutralidad informativa.

A esto se suma la intromisión de los partidos políticos en el tratamiento de la información, encorsetando a los profesionales en señales realizadas, declaraciones editadas o las lamentables ruedas de prensa sin preguntas. Todo con un diseño propio de la propaganda y alejado del concepto mismo de información.

Al trasladársenos la obligatoriedad de optar por los tradicionales bloques férreamente minutados y repartidos, hemos acordado con la Dirección de Informativos que durante la emisión de dichos bloques los espectadores podrán leer el siguiente texto: 

 “Los Consejos Profesionales de la RTVA manifiestan su desacuerdo con el orden y duración de estos contenidos que obedecen a criterios impuestos por la Junta Electoral y no a criterios periodísticos.” Este texto también será leído por los presentadores/as antes de dar paso al bloque electoral.

 Además, se elaborará un vídeo explicativo sobre cómo se asignan los tiempos, quiénes lo deciden, qué criterios se siguen, y dando cabida a voces disconformes con dicho procedimiento como es este órgano de representación de los profesionales".

Repito: que los profesionales del periodismo tengamos que vernos obligados a actuar así es una vergüenza. Creo que urge no dejar pasar más tiempo, coger el toro por los cuernos y reivindicar de manera contundente la dignidad del oficio periodístico frente a la tropelía de los políticos cada vez que llegan fechas electorales.

De no hacer algo pronto, no quiero ni imaginarme cómo serán las cosas en Televisión Española durante la campaña de las municipales y  autonómicas del mes de mayo. En otras convocatorias, con la anterior dirección, se actuaba de manera similar a como estos días se está haciendo en Andalucía. Pero mucho me temo que esta vez los talibanes que llevan el timón en Torrespaña lo van a poner muy difícil. Me gustaría equivocarme.

J.T.

martes, 3 de febrero de 2015

Esto no es periodismo. Esto es una vergüenza

Me produce infinito bochorno que gentes que dicen ser de mi oficio sean capaces de urdir informaciones torticeras con portadas tan atroces como ésta

No os quiero contar la enorme vergüenza que me produce que diarios como El País sean capaces de sacar a primera una información insuficientemente contrastada como la del currículum de Monedero que, pocos días después, obliga a la "defensora" de los lectores de ese periódico a reconocer su falsedad


Y ni que decir tiene que portadas como la de "La Razón" del 27 de enero me producen pena y preocupación por la deriva del oficio periodístico y la cada vez mayor dificultad con la que nos encontramos los profesionales de la información para hacernos respetar


En "Dios mío, pero ¿qué te hemos hecho?", de Philippe Chauveron, la película que en 2014 consiguió en Francia el mayor éxito de taquilla, un joven de raza negra es perseguido y espiado por la desconfiada y racista familia de la mujer (de raza blanca) con la que va a casarse. Un buen día, ¡bingo! consiguen "cazarlo" paseando arrobado con otra joven a la que sonríe y abraza sin disimulo. Incluso llegan a fotografiarlos entrando juntos a un hotel. 

- Es su hermana, idiotas, que ha venido de visita, les suelta la novia a los avispados paparazzi, sus cuñados, cuando estos le enseñan orgullosos las pruebas del "delito" con el que pretendían torpedear la boda. 

No puedo evitar asociar esta escena con el ridículo que casi a diario hacen muchos periódicos en nuestro país cuando se ponen a buscar como locos por dónde puñetas meterle mano a los "chicos de Podemos" y no acaban de conseguirlo. Chasco tras chasco, los sabuesos que andan hurgando por hemerotecas y registros en busca de muertos en los armarios de esos osados profesores universitarios que el pasado sábado llenaron la Puerta del Sol de ciudadanos que quieren un cambio, van quedando más en evidencia cada día que pasa y, como los cuñados del joven negro de la película, no hay día que no acaben con el rabo entre las piernas.

Aún así, inasequibles al desaliento, magnifican asuntos que en cualquier otro caso apenas pasarían del carácter de anécdota y se columpian una vez tras otra. No desfallecen, hay que desacreditar a esos bolivarianos sea como sea, esos proetarras no pueden llegar vivos a tantas elecciones como tenemos en el horizonte, y si para ello hay que disparar con la artillería más pesada posible, se hace y punto. Así que a magnificar, a repetir, repetir, mentir, mentir... que algo quedará.

Que ABC o La Razón usen esta técnica a muerte me produce bochorno, como decía antes, pero al fin y al cabo es algo que va en su ADN. Los pobres no lo pueden evitar. Pero que periódicos como El País entren también en ese juego y compitan, además, llevando incluso a portada noticias que son directamente mentira, como el intento de desacreditar el currículum del doctor Monedero, me produce directamente vergüenza infinita. 

"El afán investigador es básico en el periodismo, pero debe apoyarse en la prudencia a la hora de dar por ciertos los hallazgos, y valorarlos sobre esa base. Cuando no se aplica este criterio, pueden producirse errores como los que presentaba la noticia que publicó este diario el miércoles 28 de enero sobre Juan Carlos Monedero" se vio obligada a reconocer en "El País" Lola Galán, Defensora del Lector, en su edición del domingo 1 de febrero.

"¿Qué puso a El País -se pregunta Galán- sobre la pista de las hipotéticas falsedades del currículo del número tres de Podemos? Olaya lo explica así: “Quien exagera una vez, puede hacerlo dos o más. Cuando se conoció que Monedero no había trabajado para el BCE, como afirmaba en su currículo, sino que había elaborado un informe de 80 páginas, a medias con otro especialista, pensé que podía haber maquillado su vida docente en más ocasiones. Comenzamos así a llamar a los lugares donde supuestamente había sido profesor invitado..." 

Sin comentarios

La metedura de gamba de El País fue tan descomunal que Galán no tuvo más remedio que concluir así su alegato: "Para cuestionar el currículo del número tres de Podemos habría que haberse apoyado en algo más sólido que la memoria de un profesor de 75 años o los datos de una empleada del departamento de pagos de una universidad, dada la complejidad del entramado de relaciones docentes entre los centros. En estas circunstancias, llevar el tema a portada era muy arriesgado. La única forma de atenuar el error hubiera sido publicar adecuadamente la puntualización y la carta de la Universidad de Puebla. Lamentablemente, no se hizo". 

Ni se hizo ni se pidió perdón, pero el daño ya estaba hecho y la contribución a la desaforada ceremonia de la confusión con la que nos desayunamos cada mañana se había consumado, por mucho golpe de pecho que Galán se infligiera cuatro días después.

Mientras ellos continúen con sus zafiedades, hay que continuar con las denuncias. Mil veces si es necesario. A base de repetir ellos mentiras, no pueden conseguir que nos cansemos y los demos por imposible. Hay que estar al pie del cañón para denunciar tanta caradura, amoralidad y desvergüenza cuantas veces sea necesario.

Yo no me pienso acostumbrar a esas primeras páginas de escarnio y oprobio porque soy de los que creen firmemente en que el buen periodismo tiene salvación y futuro. No, no nos vamos a relajar, no nos vamos a acostumbrar a las frikadas, manipulaciones y propagandas baratas. No vamos a dejar de poner de manifiesto la gravedad que tiene usar un medio de información como descarado vehículo de propaganda. No vamos a dejar de darle importancia a todo esto porque la tiene, y mucha. 

¿Es que no hay en las redacciones alguien que pueda parar tanta insensatez? ¿Tan irremisiblemente colonizados estamos? ¿Tan acojonados tienen a tanto buen profesional como, me consta, hay en esos periódicos cuyas primeras páginas parecen últimamente manuales de despropósitos? Yo hago aquí votos por la defensa de una información honesta, creíble, contrastada, veraz y con datos. Reclamo y exijo que la información libre y plural siga existiendo en los kioskos. Reivindico con todas mis fuerzas la decencia en el periodismo. Esto no puede seguir así ni un día más.

J.T.


martes, 27 de enero de 2015

No hay que abrir la puerta a desconocidos

Después de ver ese anuncio del pp en el que Mariano Rajoy va por el mundo dando las gracias al personal, espero que mis hijas hayan entendido por fin por qué siempre les dije que no abrieran nunca la puerta de casa sin comprobar antes quién estaba llamando. Aunque bien es verdad que yo nunca me pude imaginar que el peligro fuera de tal calibre. Mis hijas, que ahora ya están pelín creciditas, no sé qué cara pondrían si de pronto llamaran a la puerta y se encontraran por la mirilla con el careto de Rajoy, su canosa barba recortada, el pelo teñido y esa sonrisa de sátiro vendemantas.

- Hola, solo venía a daros las gracias

- ¿Cómo? ¿Encima recochineo? Yo no sé cómo reaccionarían mis hijas, porque son bastante comedidas y de contar hasta cien antes de pasar a la acción, pero sé de algún hijo de amigos, y de algunos amigos también que, si Rajoy tuviera el valor de llamar a su puerta, el atildado presidente pepero se quedaba directamente sin piños a las primerqs de cambio. Sin anestesia.

Por muy poco lumbreras que sean los lumbreras del pp, no me puedo creer que no hayan reparado en la escasa verosimilitud del spot. El propio Rajoy, que no es capaz de dar dos pasos si no está rodeado de guardaespaldas, no creo que ande tan escaso de luces como para atreverse a irrumpir así como así en la intimidad de cualquier hogar, en la paz de una biblioteca o el sagrado relax de un bar cuando tú estás tan tranquilo tomándola con los amiguetes.

- Vengo a daros las gracias. Gracias de verdad.

- ¿Pero tú estas chalao? Anda. pírate de aquí cagando leches si no quieres que te inflemos a hostias.
Rajoy y los suyos saben de sobra, por muy tontos que sean, que existen muchísimas probabilidades de que lo linchen si osa andar por cualquier calle de este país a pecho descubierto. Sobre todo porque si estás en casa en horario laboral, lo más probable es que seas un parado, un recién despedido o un joven que está pensado en largarse al extranjero después de haber perdido las esperanzas de encontrar aquí trabajo. El porcentaje de darse de bruces con una víctima de los desmanes del gobierno  es tan alto como la probabilidad de que ese puteado o puteada no resista la tentación de desquitarse. No, no creo que hubiera compañía de seguros dispuesta a sucribir una póliza ante tamaña temeridad.

o-RAJOY-facebookLas familias visitadas por Rajoy en el spot del pp tienen una sonrisa tan forzada que ni siquiera los actores que han contratado para hacer el paripé han conseguido que no se note lo poco que se creen su papel. Que Rajoy llame a las puertas de los españoles es un ejercicio de tanto riesgo que seguro que los expertos en seguridad del ministerio del interior no le darían el visto bueno. ¿Qué cara se le pondría a usted si el amigo que le estafó, el vecino que lo denunció por un injusto contencioso doméstico o el primo aquel que un día le pidió tres mil euros y nunca se los devolvió llamara un día a su puerta y le soltara de sopetón "gracias por todo"?

Hay dos tipos de personas capaces de hacer esto, los sinvergüenzas profesionales y los que no tienen conciencia del mal que hacen. ¿De qué material hay que estar hecho para, tras haber estado dando literalmente por culo al personal durante tres largos años, tener ahora la osadía de ir puerta por puerta, no ya pidiendo perdón por el mal causado sino... dando las gracias. ¿Dando las gracias por qué? ¿por no haber quemado la Moncloa? ¿por haber sido civilizados, creer en la democracia y esperar pacientemente con el voto preparado para, apenas se abran las urnas, mandar a Rajoy y a toda su cuadrilla a freir puñetas?

- Muchas gracias por todo lo que habéis hecho

- Vale, Mariano, te perdonamos la vida, pero lárgate de aquí lo más lejos que puedas. Tú y todo tu consejo de ministros. Que no volvamos a ver nunca más en nuestra vida vuestros patéticos caretos de cemento armado.
Definitivamente, no. El anuncio no es verosímil y los lumbreras de propaganda del pp lo saben de sobra. Así que una de dos, o se quieren vengar de Rajoy haciéndolo pasar por el más comprometido de los ridículos, o le han dicho al cámara que procure evitar en el plano a los guardaespaldas que acompañaban durante el rodaje al gallego agradecido. Ni cuando los testigos de Jehová nos venden la vida eterna, ni cuando el niño del vecino viene a vendernos participaciones de la lotería para el viaje de estudios recuerdo yo haberme visto nunca en un compromiso similar al que supondría encontrame a Rajoy tocando el timbre en casa. Así que cuidado, queridos todos que me hacéis el honor de leer esto: no lo olvidéis nunca, no hay que abrir nunca la puerta a desconocidos.

J.T. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

El PSOE apuesta por la telebasura

La irrupción telefónica presuntamente espontánea que Pedro Sánchez protagonizó este miércoles en "Sálvame" ha servido entre otras cosas para proporcionar a este presunto programa televisivo una aureola de reconocimiento que no se merece en absoluto. Yo no pensaba terciar en este asunto, pero tras veinticuatro horas escuchando barbaridades he llegado a la conclusión de que también tengo derecho a expresar las mías.

La célebre, y a mi juicio desafortunada, llamadita no debería apartar el foco de lo sustancial, algo que casi todos los medios han dejado de lado a la hora de hacerse eco de la anécdota. Y lo sustancial es que ese espacio en el que Sánchez se puso a hablar contra los toros para rescatar el voto de su presentador es uno de los estandartes de la telebasura de este país. Telebasura, sí; no programa de entretenimiento como de pronto han empezado a llamar a este vergonzoso patio de vecinos y vecinas donde todo el mundo grita y se insulta a propósito de la nimiedad más anodina protagonizada por gentes cuya vida personal al parecer interesa, inexplicable y lamentablemente, a una numerosa audiencia. 

Dicen que la desesperación es enemiga de la prudencia y Sánchez, la verdad, da la impresión de estar bastante desesperado. Necesita darse a conocer sí o sí y... como si de un Jimmy Jump se tratase, 
parece decidido a aparecer allá donde encuentre un hueco que pueda proporcionarle una mínima notoriedad. Jump, aquel célebre intruso con barretina, ¿recuerdan?, solía escoger escenarios de tronío para sus irrupciones: los premios Goya, la Fórmula Uno, el festival de Eurovisión... pero Sánchez no parece dispuesto a hacerle asquitos a nada: la España de Belén Esteban y de Kiko Rivera está llena de presuntos votantes a los que no dejar escapar y si para eso hay que llamar a "Sálvame", se llama a "Sálvame". La guerra es la guerra.

- Yo te aseguro, Jorge Javier, que no me verás nunca en una corrida de toros. Y eso del toro de la Vega, apenas gobierne acabo con el asunto, te lo prometo.

- Vale, te devuelvo mi voto, Pedro. Pero vigilaré de cerca.

En el mundo del periodismo del corazón, a quien no entra en el juego se le suele dejar en paz. Hay muchos famosos para quienes su intimidad y su vida privada no son negociables y se mantienen de por vida fuera de ese circuito. Otros acceden amablemente de manera ocasional y marcan límites. Luego existe una tercera categoría: la de los que cobran por aparecer y contar sus cosas. Quienes entran en esa dinámica quedan atrapados y acaban siendo pasto de la telebasura más despiadada. Sánchez llamó a Telecinco para contar sus cosas, recuperar el voto de Vázquez y de paso intentar ganar algunos más. Una manera distinta de cobrar, pero un cobro al fin y al cabo.  

Imaginándome estoy el ataque de celos de Toñi Moreno, con su flamante programa en la Uno a la misma hora, suspirando ingenua por una llamada de Sánchez (ella igual ignora que sus jefes la censurarían). O a Juan y Medio con sus abuelitos casaderos en Canal Sur, preguntándose qué tendrá Jorge Javier que no tenga él. 
Como se ponga de moda, vamos a tener a todos los presentadores de la tele intentando buscarle las cosquillas a Pedro Sánchez a ver si acaba picándose, los llama por teléfono, les hace una promesa de esas que antes se hacían en los mítines e incluso en el parlamento, y de paso les sube la audiencia. Porque todos se sentirán con derecho. ¿Acaso ese tipo de llamadas sorpresa van a ser exclusivo patrimonio de Vasile y su berlusconiano equipo?

Para mí que esto de la llamada lo ha copiado Sánchez del papa Francisco, que de vez en cuando telefonea a conventos de monjas como el de Lucena o a curas de pueblo italiano que le quieren regalar su Renault Cuatro Latas. O igual a quien quiere emular es al anterior rey, entusiasta también en sus mejores tiempos de este tipo de "espontaneidades".

Porque esa es otra: ¿fue todo espontáneo o, por el contrario, pudo existir un guión minuciosamente preparado? En televisión, y más en un programa en directo donde los realizadores se ponen de los nervios si todo no está previsto en la escaleta, las casualidades son muy difíciles. Y que el resultado salga tan redondo, más difícil todavía. Para "Sálvame" fue un verdadero pelotazo. Para el PSOE, una apuesta a cara o cruz. Son pocas las apuestas que no contienen un importante componente de cálculo. Ellos sabrán. 

Creo que le estamos haciendo un favor dando por supuesto que aparecer en un programa de telebasura fue producto del azar. Ahora bien, tanto si fue casualidad como si estuvo diseñado al milímetro, imagino que a Sánchez y a su equipo no se les escapa que eligieron para condenar brutalidades el tipo de programa televisivo que más embrutece.

J.T.
 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El periodismo y "la otra cara de la luna"


Queridos becarios recién llegados a esto de la información y a los que de vez en cuando dedico alguna de las entradas en mi blog. Permitidme hoy que vuelva de nuevo a las andadas con otra de mis reflexiones sobre nuestro oficio:

Periodismo es, queridos amigos, buscar "la otra cara de la luna"

Justo lo contrario de lo que hacen los periódicos de este país cuando se muere un banquero o un preboste de grandes almacenes. 

Justo lo contrario de lo que practican aquellos cuya manera de abordar la información los convierte de facto en portavoces de uno u otro partido político.

Justo lo contrario de lo que hacen tantos medios cuya supervivencia depende de las subvenciones de la autonomía, la diputación o el ayuntamiento de turno.

Periodismo es, queridos como decía George Orwell, molestar al poder. Cuando el poder está contento con la actuación del periodista, entonces éste debe hacérselo mirar porque lo que está haciendo no es periodismo: es propaganda.

Periodismo es contar historias, no opinar sobre las historias.

Periodismo es dirigirse a la inteligencia de quien te lee y no insultarla con textos manipulados ni titulares valorativos.

Quien busca "la otra cara de la luna" en periodismo no suele tener una vida cómoda, pero es que informar honestamente suele ser, por lo general, muy incómodo. Si buscáis comodidad, os habéis equivocado de oficio, a menos que queráis pareceros a aquellos que a diario prostituyen su esencia.

El periodismo será eterno porque eterna será la necesidad de contar con quien explique justo lo contrario de lo que suele explicarse. Lo he dicho ya otras muchas veces: la esencia del periodismo es tocar las narices.

Fuera ya los periodistas que escriben al dictado
Fuera ya los periodistas vendidos
Fuera ya los periodistas comisarios políticos
Fuera ya los periodistas con miedo a los comisarios políticos
Fuera ya los trepas, aquellos que utilizan este oficio como palanca de prosperidad 
Fuera ya los periodistas que aceptan prebendas
Fuera ya los periodistas que piensan antes en sus intereses que en los de los lectores

El periodismo en este país necesita un profundo, intenso y rotundo lavado de cara. Desprende un agudo tufo a servilismo, genuflexión y mamoneo. Con la inaceptable excusa de que "de algo hay que vivir", muchas de sus vacas sagradas y menos sagradas llevan décadas vendiéndose al esponsor de turno, al gobierno de turno, al partido político o la institución pública de turno. O lo que es peor, confundiéndose con ellos en próspera simbiosis hasta tal extremo que resulta muy difícil discernir en su trabajo dónde termina la política y dónde empieza la información o viceversa.

¡Basta ya! Si en la política de este país hace falta una revolución, no te digo ya en el periodismo.

Nuestra obligación, amigos periodistas que empezáis en esto, es buscar las miserias y denunciarlas. Enseñar, al desnudo, "la otra cara de la luna". Y momentos como el que estamos viviendo son claramente propicios para ponernos a ello de una puñetera vez.

¿Seremos capaces de aprovechar esta ocasión o nos pasará como a los políticos, que no queremos enterarnos de que el cuento del que hemos vivido casi cuarenta años ya no da más de sí?

J.T.


domingo, 27 de abril de 2014

Por qué los periódicos se nos caen de las manos


La vida real es mucho más interesante que las películas. Las cosas que nos pasan a diario suelen esconder historias de bandera, historias de primera página que, por lo general, los periodistas de los medios tradicionales ni las huelen: ni las olemos. O nos las comemos con patatas.

La mayoría de los medios de comunicación parecen más interesados en competir con las novelas y con el cine que en rescatar la única e insustituible esencia del oficio periodístico, que es ir a un sitio, ser testigo de lo que ocurre, hablar con cuantos más protagonistas del asunto, mejor… y acto seguido, contarlo antes y mejor que nadie. ¿A que parece que está tirado? Pues nada: en la mayoría de los medios tradicionales ni se va a los sitios donde pasan las cosas, mucho menos se buscan historias propias; ni se habla con protagonistas, ni tampoco se tiene ninguna prisa en contarlo cuanto antes. ¿Mejor que nadie? Pero si muchos se limitan a cortar y pegar, sin detenerse siquiera a revisarlo por si existe alguna falta de ortografía… Un desastre. 

¿Por qué sucede esto? Hay quien lo achaca a la convulsión que ha supuesto internet, pero mucho antes de la aparición de la Red, los periódicos ya habían renunciado a su verdadero cometido. Hace muchos decenios que la colonización publicitaria convirtió en imposible indagar en las tripas de aquellas instituciones o empresas que financian la supervivencia de los medios. A los políticos, claro, se los llevaban los demonios porque mientras a ellos los medios los ponían a parir, a las empresas anunciantes nadie les metía mano. Hasta que alcaldes, ministros y presidentes de la diputación descubrieron que las subvenciones eran mano de santo: subvención al papel, ayuda a las cuotas de la seguridad social, subvención por difusión, contratación de propaganda y publicidad institucional… 

El tiempo ha ido pasando y la conjunción astral ha sido tal que la libertad de información, sobre todo en los grandes conglomerados de medios, se ha convertido en una verdadera quimera. Entre la crisis global, la revolución digital, la agonía del papel impreso, la diversificación de la oferta, el adelgazamiento de las plantillas, el teletrabajo y las megadeudas, cada vez parece que es más difícil contarle a la gente lo que le ocurre a la gente. Acabamos contando auténticos cuentos chinos: yo, banquero dueño de un medio, te cuento lo que me interesa contarte y me la trae al pairo que te lo creas o no. Lo que realmente me importa es mantenerte al margen de mis manejos, conchabeos y corruptelas varias. 

Sobre el futuro del periodismo se sabe muy poco. Existe la certeza de que las cosas dejarán muy pronto de ser como son. Pero nadie sabe cómo serán. Los grandes periódicos pierden los lectores, las televisiones la audiencia y los periodistas el trabajo. Y para sobrevivir, mientras las cosas se aclaran, las empresas periodísticas, unas más entrampadas que otras, se han entregado atadas de pies y manos a los bancos y a los patrocinadores. Ya apenas existen los editores vocacionales como Antonio Asensio, Jesús de Polanco o Juan Tomás de Salas, por ejemplo. Ahora la propiedad de buena parte de los medios está en manos de bancos, fondos de inversión, multinacionales… Vocacionales estos de la cuenta de resultados y punto. ¿Qué para eso hay que hacerle la pelota hasta la saciedad al gobierno de turno? Se le hace. Que todo el problema sea ese. 

Con este panorama, ¿qué margen le queda al periodista profesional para desempeñar su oficio honestamente? En los últimos meses, los tres periódicos más importantes de España han cambiado de director. Los anteriores no le gustaban a Soraya Sáenz de Santamaría, espada flamígera de Rajoy en materia de medios de comunicación. A Pedrojota Ramírez no le perdonaron que aireara en “El Mundo”, el periódico que dirigió durante casi veinticinco años, los mensajes que el presidente del gobierno intercambiaba con Bárcenas, el corrupto tesorero del pp, y en los que le instaba a ser paciente y le aseguraba que “estaba haciendo lo que podía”. 

En Moncloa decretaron la sentencia del siempre controvertido director y la empresa editora de “El Mundo” no dudó en servir su cabeza en bandeja de plata para que el gobierno levantara pedal, se apiadara de ellos y decretara el final de la asfixia financiera. En “El País”, tres cuartos de lo mismo: con más de tres mil millones de deuda, los dueños han sabido entender, perfectamente también, la voluntad de Soraya: colocar un director de fiar que les permitiera dormir tranquilos y tener cubierto ese flanco a conveniencia de los intereses gubernamentales y del partido que los sustenta. En “La Vanguardia” su propietario, el conde de Godó, fue en su momento convenientemente llamado al orden porque tenía un director, Josep Antich, demasiado alineado con las tesis independentistas catalanas. Moraleja: fuera Antich y dentro Màrius Carol, probado hombre de bien que durante años se dedicó a la información institucional y mantiene excelentes relaciones hasta con Zarzuela. 

Así es como funciona la cosa. Esto es lo que hay. Verifíquenlo ustedes mismos. Abran su periódico favorito (local, regional, nacional, da igual) por cualquier página y comprueben cómo se parece cada día más a los boletines institucionales o a los catálogos comerciales. Son cada vez más turiferarios del poder y menos servicio público, menos contadores de historias, menos denunciadores de injusticias, más propicios a los ajustes de cuentas… El propietario de una cadena andaluza de periódicos suele proclamar sin reparos que él no quiere tristezas en portada, ni inmigrantes, ni desahuciados, ni pobres, ni descamisados ni gente con problemas. Esos no compran periódicos, suele decir. A mí ponedme noticias de empresas y de empresarios en primera, que esos son lo que nos compran. ¿Se trata de una excepción? Ni mucho menos. Ese es el comportamiento habitual, que unos reconocen en voz alta y otros no. 

Por eso los periódicos se caen de las manos. Por eso cada vez se acerca menos gente al quiosco a comprarlos ni siquiera para envolver el pescado del día siguiente. Porque no contienen historias, porque dentro no se le cuenta a la gente las cosas que le pasan a la gente, sino solo aquellos asuntos que el poder y el dinero no tienen inconveniente en que salgan a la luz. O peor aún, tienen mucho interés en que aparezcan, en cuyo caso, como se sabe, no estamos hablando de periodismo ni de información, sino de propaganda o de publicidad. Las cifras de difusión de los periódicos de papel van cuesta abajo y sin frenos y los que queremos continuar dedicándonos a contar historias intentamos como locos descubrir cuanto antes por dónde demonios irá el periodismo en el futuro. Mientras tanto, vamos pedaleando como podemos para evitar caernos de la bicicleta.

J.T.

(Publicado en "Público" y, bastante más ampliado, en el número uno del periódico "De-Cerca", de El Ejido (Almería) dirigido por José Antonio Gutiérrez)