Mostrando entradas con la etiqueta programación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta programación. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de noviembre de 2013

No a la caridad televisada

Toñi Moreno, conductora del programa "Entre todos"

Cada viernes por la mañana, antes de irse a trabajar, mi padre preparaba unas cuantas monedas de perra gorda, alguna vez de dos reales, para los pobres que una vez a la semana tocaban el picaporte de la puerta de nuestra casa en busca de su preceptiva limosna.

Éramos pobres como ratas, pero ellos eran más pobres todavía. Eran "nuestros pobres": La "Muda", cargada de hijos y de moratones cuyo autor, su marido, claro, tenía como única ocupación arrear los caballos del coche fúnebre cada vez que alguien del pueblo pasaba a mejor vida; el "Matamoros", un entrañable anciano, impedido, que debía su apodo a haber estado combatiendo en Marruecos...

Por la noche, década de los cincuenta, primeros sesenta, escuchábamos Radio Intercontinental, Pepe Iglesias "El Zorro", Matilde, Perico y Periquín... y en la Ser "Ustedes son formidables", un programa de incuestionable éxito cuya sintonía eran los primeros compases del cuarto movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak. Lo conducía un monstruo de la radio, Alberto Oliveras, tan eficaz en su trabajo como inconsecuente -al menos así me lo pareció a mi siempre- entre lo que predicaba y lo que practicaba.Oliveras vivía en París a todo lujo y cada semana se trasladaba a Madrid para conducir un programa de radio en el que ¡pedía limosna!

Primero se presentaba el caso: alguien que necesitaba unas simples muletas para caminar, o dinero para ser operado de un tumor, o muebles por haber sido víctimas de una inundación... Se abrían los teléfonos y gente a la que en muchos casos le faltaba para cubrir sus necesidades más primarias se desprendía de unas cuantas pesetas entre lágrimas, emoción y aplausos, y se comprometía a ingresarlas en la cuenta de "Ustedes son formidables".

Hace algún tiempo que hablé de este asunto en mi blog, antes de comenzar a escribir en "Público". Hoy me permito rescatarlo tras conocer la exigencia que el Consejo General del Trabajo Social ha hecho a tve: suspender inmediatamente la emisión del programa "Entre todos", que la cadena pública emite en la sobremesa de los días de diario, una réplica cutre del "Ustedes son formidables" de Alberto Oliveras perpetrada cuarenta años después.

Los trabajadores sociales exigen la retirada del programa porque consideran “inadmisible -palabras textuales- que la televisión pública estatal vulnere de una forma tan evidente la dignidad de las personas, mediante un periodismo de lo más amarillo y rancio que llama al llanto y potencia la lástima hacia la persona necesitada. Rechazamos esa actitud, en tanto en cuanto defendemos la igualdad y dignidad social”.

Caridad, beneficencia, compasión. Ese era el mundo que, desde hace ya un par de décadas largas, habíamos dejado felizmente atrás. Pero no, parece que volvemos: Caridad, no derechos. Limosnas, no posibilidades de tener trabajo. Favores, no conquistas sociales. Y si para dar más pena hay que utilizar a niños, pues se hace.

La Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, por su parte, ha denunciado el espacio al Defensor del Pueblo por utilizar menores para "despertar la solidaridad y generosidad de los telespectadores". El Psoe ya se ha subido también al carro y ha registrado en el Congreso una proposición no de ley en la que insta a RTVE a tomar medidas para "evitar la vulneración de la Ley de Protección Jurídica del Menor" en programas como "Entre todos".

Comparto plenamente el planteamiento de los trabajadores sociales: la ayuda nunca debe sustituir el sistema público de protección social, como está ocurriendo. Los recortes y eliminación de las partidas sociales en los presupuestos (como el plan concertado), el endurecimiento de los requisitos para obtener ayudas y los cambios legislativos aplicados (muy patentes en la Ley de Dependencia) y los que están en trámite parlamentario (la reforma de la Administración Local eliminará los servicios sociales municipales) son algunos ejemplos del inadmisible desmantelamiento del Estado del Bienestar y bajo ningún concepto estos derechos pueden ser sustituidos por pornográficos programas de televisión basados en la piedad, la lástima y la explotación sin pudor de las miserias más íntimas del ser humano.

El programa de Alberto Oliveras buscaba solucionar problemas que tenía que resolver el Estado en una época de carencia de libertades en la que la dictadura se dedicaba a blindar los privilegios de los poderosos y se despreocupaba de los problemas de los más desfavorecidos. Que eso vuelva a suceder cuarenta años después es para que se disparen todas las alarmas. No se puede tolerar una vuelta atrás en el tiempo tan escandalosa. 

Los banqueros y los políticos tendrían que explicar por qué su gestión está claramente encaminada a favorecer a los que más tienen, esa desprejuiciada casta de amorales que, para sentirse verdaderamente rica, ha de tener "sus pobres" a los que graciosamente socorrer y así poder garantizarse que los tienen pillados por los huevos, serviles y agradecidos.

Que el fantasma del programa de Alberto Oliveras vuelva a planear sobre nuestras cabezas mientras las políticas del gobierno del PP nos va desangrando es un trágico síntoma de que no sólo vamos para atrás como los cangrejos, sino que quienes están a cargo del chiringuito no tienen ningún interés en que mejoren las cosas. A este paso, no tardaremos en volver a ver a los mendigos pidiendo limosna de puerta en puerta.

J.T.

lunes, 27 de mayo de 2013

De Belén Esteban a Marhuenda


Cuando en los bares y en los patios de vecinos se empieza a hablar más de Marhuenda que de Belén Esteban, cuando oyes más comentarios sobre Wyoming que sobre Jorge Javier, y las frikadas de Cantó son más trending topic que las de CR7... cuando compruebas que esto es así tú, por muy fundamentalista antitele que seas, no tienes más remedio que envainártela y volver a recuperar la antigua relación sofá-televisor.

Hace años ya que el ordenador le quitó a la tele el protagonismo en mis rutinas diarias. Ni siquiera el fútbol lo veo en casa porque, aunque sea en abierto, el cubata que te tomas viendo una final de copa del rey, o de champions, en el bar de la esquina sienta mucho mejor que el que te preparas en casa. 

Cuando María Antonia Iglesias, Enric Sopena y Urdaci, tres ex directores de informativos de tve, comenzaron a participar en shows televisivos de prime time en las teles privadas, yo me rasgué directamente las vestiduras, lo reconozco. Cuando Bono accedió un día a ser entrevistado en uno de estos programas de sábado noche, yo estaba que no daba crédito. Escandalizado. 

Me dediqué a estigmatizar a quienes acudían a esos programas sin caer en la cuenta que quien propiciaba esto tiene una calculadora de audiencias en la mente y había intuido un nuevo filón con suculento futuro. El tiempo les ha dado la razón a los programadores de la política-show porque han conseguido poner realmente de los nervios a los partidos políticos, que han entendido que sus vergüenzas, aireadas en prime time, son perjudiciales para sus intereses. Sobre todo si no salen al paso y optan por esconderse. 

La verdad es que yo creo que no fue una genialidad de los Vasiles varios, sino que estos vieron cómo las digitales fachas les estaban pegando un buen bocado con tanto politiqueo y decidieron ponerse ellos también a la faena a su manera. Hasta el extremo que hoy por hoy, según un reportaje deYolanda Veiga publicado estos días por los periódicos de Vocento, el pp está de los nervios con los programas de Tele5 y la Sexta donde se habla de política. Y hay órdenes de no acudir a plató… de momento. 

Dos o tres años después de manifestar públicamente mis reticencias hacia este tipo de programas, en los que la participación de políticos y periodistas me parecía bochornosa, me la envaino, como decía.

La información política interesa a las "audiencias" por su carácter morboso por un lado y por otro por los enormes deseos del personal de intentar entender qué puñetas va a pasar con sus vidas, con su futuro… con nuestros desangelados y depauperados bolsillos. Estamos acojonaos, necesitados de luz, de consejos y ánimo de alguien que nos haga creer que esto tiene solución. Cuando cunden estos estados de depresión y ansiedad colectiva es cuando las sectas religiosas suelen ponerse las botas pescando adeptos. Y parece que también es un buen “caladero” para que las teles pesquen nuevos espectadores. 

No quedan ya televisiones generalistas ni franjas horarias huérfanas de programas o tertulias políticas. Sea cual sea el momento en que enciendas la tele, algo encuentras. Y los sábados y los domingos… ya es la caña. El prime time, “asaltado” por la política y en lo que concierne a “Salvados”, en la Sexta, batiendo records de audiencia. La manera de trabajar de Évole y su equipo ha conseguido abrirse paso a codazos y evidenciar que cuando las cosas están bien contadas funcionan. Bofetón en toda la boca a los defensores de lo superficial y la horterez. 

Que yo me haya caído ahora del caballo significa que me siento obligado a seguir estos programas y darle vidilla de nuevo al sofá del salón, que me echaba mucho de menos, el pobre. Me libré de Belén Esteban pero de Marhuenda no sé si voy a poder. 

J.T.

P.D. Cuánto echo de menos mi querida CNN+, y no te digo ya mi “Informe Semanal” de toda la vida. Cuarenta años de prestigio que el equipo de dirección actual ha conseguido triturar en cuatro días.