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viernes, 26 de diciembre de 2014

Historias de navidad

Lunes 22. Me chupo la retransmisión de la lotería navideña junto a mi madre en la residencia de ancianos donde la atienden. Emoción en la sala porque el gordo tarda en salir, pero observo que hay menos ambiente que el año pasado. Muchos de los compañeros no están. Han vuelto a casa, me cuentan, porque sus hijos y sus nietos necesitaban recuperar la pensión para cuadrar las cuentas en casa. Un pequeño tirón hasta que la cosa mejore, como aseguran en la tele el pp y sus voceros. Algunos, nos recuerdan, se volvieron a casa hace cinco años y no han vuelto más. Unos han muerto ya y otros continúan creyendo en la llegada de los brotes verdes.
Martes 23. Este es también el quinto año en que, por estas fechas, me llama siempre mi director de sucursal bancaria pelín desesperado.
– Juan, ¿por qué no metes algo más de dinero en el plan de pensiones, hombre, que todo son ventajas?
El año pasado me regaló una mantelería, pero éste no veo en el despacho ni almanaques de la entidad.
– ¿Por qué no le dices a tu hermano que domicilie la nómina con nosotros? Dile que le regalamos una batería de cocina.
Cada año le aumentan las canas y los quilos. Y cada año también, desde hace cinco o seis, me transmite un diagnóstico de amigo que negará ante los clientes habituales:
– ¿Mejora la cosa, Miguel?
– Como mucho te puedo decir que permanecemos estables dentro de la gravedad.
O sea, que el banco anda fatal.
Miércoles 24. Mi amigo Faustino no pasa la Nochebuena este año en Almería con su madre y sus hermanos
– Nos vamos a Madrid con la niña, Juan
La niña tiene 30 años, un contrato en precario que no sabe si renovará en mayo y, mira por dónde, le ha tocado trabajar este día de Nochebuena hasta las nueve pm. Así que Faustino y su mujer no lo han dudado: a Madrid con la niña. Tienen otra, pero en Chile. Este verano, harta de ir de contrato basura en contrato basura como si se tratara del juego de la oca, decidió aceptar una oferta con buena pinta en Santiago, donde estos días pasa calor y les felicita las pascuas a sus padres por skype.
Jueves 25. Comida anual de antiguos alumnos del internado. Cada año buscamos sitios con caterings más baratos, pero aún así hoy hay más escaqueados que otras veces. La mayoría esgrime excusas que los asistentes simularnos creernos. El año que viene quién sabe si no seremos nosotros los que estaremos contando cualquier cuento chino para no acudir. Eduardo no, Eduardo nos ha contado la verdad. No está el horno para bollos. Le avaló un crédito a su hijo para un negocio que fue una ruina. Puede llorar con un ojo, porque gracias a la ayuda de otros familiares se ha salvado por la campana de que el banco lo desahucie. Busca ahora soluciones como loco para devolver poco a poco el dinero que le han prestado.
Viernes 26. Se casan unos amigos. Más que amigos, son familiares para mí. Viudos ambos. Invitados: quince personas, los más allegados y punto pelota. Contentos y felices, nos vamos a celebrarlo. Hemos encontrado un bonito restaurante con excelente relación calidad-precio. Brindamos, nos besamos y a media tarde nos despedimos. Tienen que contarle al resto de su familia que se han casado.
Sábado 27. Aprovechando que estamos todos estos días en Almería con nuestras familias he quedado con algunos amigos de toda la vida que andamos desparramados durante el resto del año. ¿Comida? Mejor tapeo, ¿no? Por la tarde hay quien propone ir al cine, pero no parecemos del todo decididos…
– Oye, nos recuerda Ángel, no sé si sabéis  que a partir de los sesenta hacen descuento
Así que nos vamos al cine. No deja de ser un consuelo haber cumplido sesenta años.

J.T.

lunes, 21 de octubre de 2013

Y ahora, ¿qué vamos a hacer con tanto dinero?



- Ya no tenemos la casa, Juan. La malvendimos en 2010 porque no podíamos pagar la hipoteca y con lo que nos quedó después de liquidar llevamos tres años malviviendo. Tuvimos que cerrar la empresa, los niños cambiaron de colegio y aquí estamos, de alquiler en Aravaca, haciendo cuentas a ver si aguantamos hasta la jubilación o ni eso. 

Malvender para malvivir. Empresas cerradas, hijos cuyas expectativas académicas han quedado truncadas, años que van pasando en los que acabas valorando de manera positiva no haberte hundido del todo y haber conseguido salvarte mínimamente de la quema. 

Luis y Ana me cuentan esto cuando los llamo, durante los días que paso en Madrid, porque me he llevado un tremendo chasco: se me había ocurrido darles una sorpresa presentándome en su casa sin avisar y los nuevos dueños, muy amables ellos, me han dicho aquello de “estos señores ya no viven aquí”. 

De vuelta al metro, decido parar en el bar donde tantas veces tomábamos el aperitivo: me lo encuentro cerrado, desvencijado y con un cartel de “Se vende”. Igual que el videoclub y la tienda de informática que había al lado. Decido dar un paseo por la zona y compruebo que apenas sobrevive algún negocio de los de hace quince años, cuando yo hacía por allí parte de mi vida: quedan una papelería, un gimnasio y, eso sí, media docena de tiendas de alimentación regentadas por chinos en cien metros a la redonda. 

Llamo a Jesús, compañero de toda la vida. Oye, tengo unos amigos que alquilan una habitación de su casa, me dice. Necesitan ayuda para pagar la hipoteca. Si conoces a alguien… o si te vas quedar un tiempo en Madrid igual te interesa a ti. 

Repaso con Carlos, otro compañero, la situación de muchos amigos comunes y la conversación se convierte en un memorial de contratiempos y desgracias. Muchos colegas a los que siempre les fue de fábula las están pasando verdaderamente canutas. Terrible. 

Todo esto en Madrid, donde yo pensaba que las cosas estaban bastante mejor que en la Andalucía de la que provengo porque, empezando por el índice de paro, 35 por ciento, la precariedad económica en la que sobreviven buena parte de los andaluces es llana y directamente pornográfica. 

Mucho más grave aún cuando esto que cuento me ocurre la misma semana en que un desvergonzado banquero tiene las narices de proclamar en el extranjero que de tanto dinero como está llegando a nuestro país ya casi ni nos cabe. La misma semana en que todo un ministro de Hacienda osa decir en el parlamento que los sueldos no están bajando, pocos días después de que la vicepresidenta del gobierno criminalice a los parados… 

No acierto a asimilar tanto desatino. ¿Dónde guardan ese dinero que está llegando a espuertas? En Andalucía, no; en Madrid ni por asomos… ¿En Euskadi? Parece que tampoco. O que se lo pregunten si no a los casi seis mil empleados de Fagor cuyo trabajo en Mondragón pende de un finísimo hilo. ¿En Catalunya? Que se lo pregunten a los siete mil trabajadores de Panrico víctima de un fondo buitre cuya avaricia se ha cargado sin remedio la emblemática empresa de los donuts, tal como explica con detalle Esther Vivas en su blog. 

¿Dónde está ese dinero, señor Botín? ¿En sus sucursales, semillero de directores estresados y ansiosos, obligados a mentir a sus clientes y sometidos a la desesperada búsqueda de objetivos tan imposibles que acaba con muchos de esos gestores sumidos en depresiones de caballo? ¿En sus bancos en el extranjero, donde empiezan a tener como clientes a jóvenes españoles que se marcharon cuando vieron claro que aquí no iban a encontrar trabajo? 

¿Dónde están metiendo el dinero esos “amables” inversores que, según usted, nos honran con atención? Sin préstamos a las pequeñas empresas para que puedan levantar cabeza ni a los ciudadanos para que puedan acceder a una vivienda ahora que valen la tercera parte que hace seis años lo que está haciendo usted, señor banquero, es ponérselo en bandeja a todo buitre viviente que quiera hacer su agosto apareciendo por aquí con dinero fresco. 

Se harán con ladrillos a la tercera o cuarta parte del precio que tenían hace unos años y volverán a llevárselo crudo vendiéndolos por el doble de lo que los pueden comprar ahora. Y sólo entonces, cuando los buitres se hayan puesto las botas y los precios hayan vuelto a subir, volverá el triunfalista Botín y el resto de sus congéneres a abrir el grifo del crédito para pescar de nuevo ingenuos o desesperados que no tengan más remedio que caer en la trampa. 

La noria seguirá dando vueltas, ustedes poniéndose las botas y los botines y nosotros, incautos, aplaudiendo como capullos porque querremos creer, necesitaremos creer, que por fin llegaron los brotes verdes y el dinero a espuertas a este país de desesperados.

J.T.

jueves, 8 de agosto de 2013

Historias de treintañeros machacados por la crisis


M. Sandra, 36 años. Ganaba dos mil euros y hace tres años se metió en un piso de 165.000. Le dieron 195.000 de hipoteca a 40 años. Paga 750 euros al mes. Hace poco más de un año que se quedó en el paro: 900 euros. Para poder comer hace chapuzas en negro, entre ellas organiza reuniones tipo tuperware y vende material de sex-shop. Está sin pareja, sin hijos y sin perspectiva de tenerlos. 

María S., 34 años. El mismo día que su pareja y ella firmaban ante notario el hipotecón que los mantendría "unidos" durante los próximos 35 años empezaron los movimientos en su empresa que derivarían en absoluta inestabilidad y flagrante amenaza para sus dos mil cien euros de sueldo. Un mes antes se había planteado la posibilidad de quedarse embarazada. Le espera el paro o trabajar lo mismo por la mitad de lo que cobra ahora. 

M.L. Fernández, 37 años. Hipoteca a 30 años de 900 euros largos al mes. Ganaba 2.200. Su pareja, autónomo, no vende una escoba desde hace un año. Ella se acaba de quedar en el paro justo cuando deshojaba la margarita de si quedarse embarazada o no. 

A.N. Gómez, 35 años. Lo han puesto de patitas en la calle con su mujer embarazada de su segundo hijo y obras en una casa de la familia donde ella piensa abrir un pequeño negocio: préstamo para la obra, por supuesto, mas hipoteca a veintimuchos años de la casa donde viven. 

Estas cuatro historias, que conté en mi blog hace ya casi dos años y medio (el 3 de marzo de 2011) no tuve que salir a buscarlas a la calle. Las tenía muy cerquita mío. Se trataba de la situación por la que estaban pasando cuatro personas a las que quiero mucho. 

¿Cómo diréis que están hoy, 8 de agosto de 2013, dos años y medio después, esas cuatro personas? 
Pues os cuento: 

A M.Sandra, que está a punto de cumplir 39 años, le quedan todavía 35 de hipoteca. Con lo que gana ahora trabajando a salto de mata apenas si le llega para cubrir la cuota. Así que ha decidido alquilar una de las habitaciones del piso y, por supuesto, sigue vendiendo material erótico de casa en casa. Continúa sin pareja, sin hijos y sin perspectiva de tenerlos. 

María S. tiene un trabajo para ir tirando en el que le pagan bastante menos de lo que cobraba antes. Ahora está de baja porque, valiente ella, acaba de ser madre. Desde que ha vuelto de la clínica su pareja y ella no paran de hacer cuentas. Del todo, la verdad, no les salen. 

M.L. Fernández se cambió de ciudad para ganar cuatrocientos euros menos que antes en un trabajo que no le gusta y que no sabe cuánto le durará. Se ha separado y se ha visto obligada a rebajar sus expectativas tanto personales como económicas. Cuando llega fin de mes y comprueba que le han ingresado la nómina, respira aliviada. Muy aliviada. 

A.N. Gómez, desde que fue padre por segunda vez, empleó la mayor parte de su tiempo en ayudarle a su mujer en el negocio recién abierto y en ocuparse de los niños. La prestación por desempleo que cobraba se le acabó y ahora va de chapuza en chapuza, con algún contrato a tiempo parcial que, cuando dura un mes, lo celebra con los amigos. 

Hace dos años y medio, cuando conté estas historias, confieso sinceramente que abrigaba la esperanza de celebrar con ellos, a estas alturas ya, la alegría de haber dejado atrás tanto machaque. ¡Iluso de mí! A día de hoy los cuatro deben prácticamente lo mismo, son más mayores, tienen más obligaciones y cobran mucho menos. 

Cobran mucho menos... desde nuestro punto de vista, porque desde el del FMI o la Comisión Europea aún hay que rebanarles los sueldos un diez por ciento más.

J.T.

lunes, 15 de abril de 2013

Hay hambre de caras nuevas, de mensajes frescos, de siglas distintas, de nuevas experiencias...


Si los miembros de la todavía existente Casa Real están haciendo todo lo posible por liquidarla ellos solitos, los políticos que calientan sillones en Consejos de Gobierno y Parlamentos varios de este país no parecen quedarse atrás a la hora de desacreditar también su propia imagen y su cada vez más escaso prestigio. Las encuestas ya le otorgan menos del cincuenta por ciento de los apoyos electorales a los dos partidos mayoritarios... ¡juntos!

Hay hambre de proyectos nuevos, de siglas distintas, de caras inéditas, de mensajes frescos; hay ganas de nuevas experiencias, de escuchar propuestas diferentes, de cerrar capítulo, de pasar página. Mientras los partidos "tradicionales" chapotean desesperados para mantenerse a flote el hueco que van dejando, enorme socavón ya, pide a gritos que venga alguien y lo rellene cuanto antes. ¿Quién será? 

Para que esta patética e incierta travesía del desierto no la acabe capitalizando un populista, es imprescindible que exista quien tire del carro cuanto antes. Al rebufo de la mágica irrupción del 15M, cercano ya su segundo aniversario, plataformas como "Afectados por la hipoteca" o "Jóvenes sin futuro" entre otras muchas han conseguido que sus mensajes y actuaciones adquieran un notable eco, seduzcan a unos y provoquen las reticencias de otros. Eso entre la izquierda. Porque en la derecha, adelantándose a la jugada por si acaso algo cuaja, se ha abierto la veda y ya van a degüello.

Pero no acaban de cuajar. El carácter asambleario que aspiran a mantener estos movimientos les impide crecer, les hace poco operativos y permite al adversario prever las jugadas. Es imprescindible que los movimientos ciudadanos que, desde sensibilidades de izquierdas, han surgido durante los dos últimos años se doten de los mejores reflejos para el combate.

Lo están poniendo en bandeja a inoperatividad de la clase política y las constantes agresiones a los más débiles por parte del gobierno Rajoy y de Europa.  Hay que recoger ese testigo. No puede ser que movimientos ciudadanos cargados de razón no acaben cuajando por cogérsela con papel de fumar cada vez que hay que tomar una decisión. No pueden acabar cayendo en lo mismos errores que los partidos políticos y demás instituciones tradicionales.

Por eso 
- Han de tener líderes, caras nuevas cuanto antes
- Han de aplicar todas las técnicas de comunicación que se sabe son efectivas
- Y lanzar cada día mensajes machacones, cortos, contundentes, que conecten con aquellos problemas del día a día que preocupan a la mayor parte de la población
- Y hay que exprimir internet hasta la extenuación

Todo ello procurando huir de dogmatismos y demás prácticas añejas que ralentizan la acción: Hay que actuar de manera urgente, rápida, eficaz y contundente.

Se puede. Y como no quieren, se debe

J.T.
Foto de Alfonso Tejada