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martes, 23 de febrero de 2016

Por qué acosan tanto a los ayuntamientos del cambio

A Kichi lo tienen frito en el Diario de Cádiz. A Santisteve le buscan las cosquillas hasta con los utensilios que usa en el baño de su despacho en la alcaldía de Zaragoza. A Joseba Asirón, el Diario de Navarra lo enfila día sí día no. Ahora la han tomado contra su intención de poner en marcha dos ikastolas más en Pamplona, polémica que acaba de saltar a la palestra nacional a través del diario El Mundo... Noriega en Compostela y Ferreiro en A Coruña sufren la tensión añadida de la cercanía de unas elecciones autonómicas donde el PP puede perder la Junta... A Colau le faltan horas en el día para despejar balones y Carmena... bueno, de Carmena no hace falta que os cuente, porque cada vez que se mueve una mosca en Cibeles ya están los lacayos peperos de Torrespaña abriendo los telediarios para todo el país con el asunto, por nimio que sea.

- No acaban de asumir que ya no tienen el poder, me decía el domingo Joseba Asirón en Madrid, en el acto de clausura del Plan B, donde Varoufakis y otros muchos promotores de la iniciativa, como contaba Marià de Delàs aquí en Público, recordaban la urgente necesidad que tiene la izquierda de ganar terreno electoral y aumentar cuotas de poder para plantar cara a esos burócratas europeos que gobiernan nuestras vidas a pesar de que nadie nunca los eligió.

Ahí está la clave de todo: los no elegidos por nadie se mueven estos días a la desesperada usando todos los instrumentos de presión de los que disponen para conseguir que en España gobierne la gente de orden, como está mandado, y los perroflautas dejen de incordiar y acaben mordiendo el polvo como les corresponde.

Desde su proverbial y cincelada caradura, a Rajoy se le escapó el pasado sábado esta frase: "Mucho bla, bla, bla, muchas ruedas de prensa larguísimas para explicar que no han llegado a ningún acuerdo y para acabar cansando a la gente. Antes me criticaban a mí por comparecer poco" -ponderó desde su infinito cinismo- Y remató: Pronto me pondrán como ejemplo.

Continúa expresándose Mariano con esa seguridad que sin duda debe proporcionar saber que cuenta con un nutrido manojo de incondicionales: el respaldo incondicional de los tiburones europeos responsables de nuestra ruina, la comprensión de esos buenos chicos que son los de Ciudadanos, la tolerancia de una buena parte del psoe de toda la vida y la complicidad aritmética de unos endiablados números parlamentarios.

Por eso sus huestes mediáticas continúan acosando por tierra, mar y aire a los alcaldes del cambio: Televisión, radio, periódicos nacionales, regionales y locales... Por eso el Diario de Navarra, o el de Cádiz, no levantan pedal en su acoso a Asirón o a Kichi. De ahí las extorsiones para continuar teniendo la mayor tajada del pastel publicitario institucional, por eso se fijan en la gomina del cuarto de baño del despacho de Santisteve...

No es solo, pues, a Colau o a Carmena. Se trata de un asedio coral en toda regla que forma parte de una estrategia a varias bandas, con Bruselas al frente, para hacer más imposible aún de lo que ya está, ese pacto de izquierdas con el que tanto ingenuo lleva soñando los últimos dos meses.

J.T.










                 

jueves, 5 de febrero de 2015

Las presiones del PP a Cuatro y La Sexta


Llevamos tres años largos llamándoles mentirosos y puede que lo que ocurra sea, sencillamente, que estén ciegos. Los pobres. Pero ciegos de soberbia, porque como todos los que andan por la vida encantados de haberse conocido, los peperos parecen víctimas del síndrome de la madrastra de Blancanieves.

La ceguera de los poderosos tiene mucho peligro, porque éstos no suelen soportar lo que les cuenta el espejo mágico, no dan crédito a insolentes sondeos que hablan del imparable ascenso del Coletas y su banda, esos “impresentables” a los que primero ningunearon y despreciaron, luego insultaron y vituperaron sin éxito pero no consiguieron tumbarlos porque ninguna táctica les funcionó. Así que ahora que llega la hora de la verdad, hay que acabar con ellos sin contemplaciones. Como sea. La guerra es la guerra y hay que dejarse de mariconadas, que no hay tiempo que perder.

¿Quién tiene la culpa de que haya crecido ese monstruo llamado Podemos –se preguntan airados y desconcertados en los cuarteles generales del PP? ¿nosotros? Por supuesto que no. La culpa la tienen las televisiones, que no hacen más que darle cancha a diario a esos cuatro perroflautas que se revuelven como gatos panza arriba en las tertulias y le comen el coco al personal con frases hechas, demagogias baratas y doctrinas trasnochadas. Un peligro con el que hay que acabar.

Pocos días antes de su muerte, el editor José Manuel Lara, dueño de Antena Tres y la Sexta, recibió un recado directo de Esperanza Aguirre en el plató de Susana Griso: yo no entiendo –soltó la descarada lideresa- cómo en esta empresa se le da tanta cancha a Podemos. Y, como ocurre siempre que larga una de sus andanadas, esta vez tampoco se le cayó la cara de vergüenza. Que pregunten en Telemadrid cómo se suele gastar esta señora.

La gente de Cospedal tomó hace pocos meses al asalto Televisión Española porque según los estudios de Arriola las huestes de Echenique y Somoano no estaban manipulando los cerebros del personal con la suficiente pericia. Ahora les estorba hasta la representante en la UER (Unión Europea de Radiodifusión), a quien han purgado por no ser suficientemente afecta (perteneció al equipo directivo de Fran Llorente) a pesar de que la expulsada detentaba la presidencia del comité de noticias de la institución, un cargo para el que la votaron 73 miembros internacionales. Pues nada, prefieren quedarse sin representante a mantener en el cargo a una “sospechosa”. Ni un cabo suelto en el campo de batalla.

Desde que Soraya le cortó la cabeza a Pedrojota y consiguió el cambio de dirección en el País y la Vanguardia, la omnipotente vicepresidenta del gobierno respira mejor y se mueve más a sus anchas en las dependencias de su despacho monclovita. La Razón y el ABC, siempre incondicionales, le comen en la mano y cumplen a la perfección su papel de mamporreros haciéndole a diario el trabajo sucio. Como la Cope, como Onda Cero, como también la Ser, menos guerrera cada día que pasa… 

Pero todo esto no les parece suficiente a las tres madrastras de Blancanieves. Quieren más. Esperanza, Cospedal y Soraya quieren que se acabe de una vez el cachondeo en Cuatro y la Sexta y dejen de darles cancha al Coletas y su banda. Ya está bien. No, espejito mágico, no puede ser que se nos ponga a parir en las televisiones por la cara y que eso no solo les salga gratis sino que pueda acabar perjudicándonos a nosotros. Ni en broma.

Así que buscando-buscando la manera de neutralizar la presencia de Podemos en las escasas televisiones que les dan bola, el siniestro trío de la benzina parece que ha encontrado la piedra filosofal: Veamos, amigos ejecutivos de Mediaset (empresa de Cuatro y Telecinco) y de Atresmedia (empresa de la Sexta y Antena 3): vosotros sabéis que al eliminar la publicidad en Televisión Española, salisteis muy beneficiados en vuestras cuentas de resultados. Vamos, que os lo estáis llevando crudo por la cara a costa de que, para manipular a gusto en la pública, nosotros tengamos que poner más pasta de la que sería necesaria.

¿Verdad que entendéis que eso es un favor que nos debéis? ¿verdad que os acojonaríais si volviéramos a abrir el grifo de la publicidad en Televisión Española? Pero no os preocupéis. Todo tiene arreglo, vosotros le vais cortando las alas a los proetarras esos de Podemos y nosotros sabremos ser generosos.

Paz por manipulación. Sin anestesia.

Esa es la jugada para cortar la sangría de votos que les indican las encuestas. Una jugada que el psoe censuraría con la boca chica y que conseguiría acabar de una vez con tanto coñazo bolivariano como el que venimos aguantando en los últimos meses. Que una cosa es jugar a hacer programas de televisión de contenido político a mitad de la legislatura y dejarle una silla en los debates a algún matao que otro, y otra muy distinta es que nos toquen las narices en pleno año electoral poniendo en riesgo nuestro bien amado y mejor armado chiringuito. Hasta ahí podíamos llegar.

J.T.

domingo, 27 de abril de 2014

Por qué los periódicos se nos caen de las manos


La vida real es mucho más interesante que las películas. Las cosas que nos pasan a diario suelen esconder historias de bandera, historias de primera página que, por lo general, los periodistas de los medios tradicionales ni las huelen: ni las olemos. O nos las comemos con patatas.

La mayoría de los medios de comunicación parecen más interesados en competir con las novelas y con el cine que en rescatar la única e insustituible esencia del oficio periodístico, que es ir a un sitio, ser testigo de lo que ocurre, hablar con cuantos más protagonistas del asunto, mejor… y acto seguido, contarlo antes y mejor que nadie. ¿A que parece que está tirado? Pues nada: en la mayoría de los medios tradicionales ni se va a los sitios donde pasan las cosas, mucho menos se buscan historias propias; ni se habla con protagonistas, ni tampoco se tiene ninguna prisa en contarlo cuanto antes. ¿Mejor que nadie? Pero si muchos se limitan a cortar y pegar, sin detenerse siquiera a revisarlo por si existe alguna falta de ortografía… Un desastre. 

¿Por qué sucede esto? Hay quien lo achaca a la convulsión que ha supuesto internet, pero mucho antes de la aparición de la Red, los periódicos ya habían renunciado a su verdadero cometido. Hace muchos decenios que la colonización publicitaria convirtió en imposible indagar en las tripas de aquellas instituciones o empresas que financian la supervivencia de los medios. A los políticos, claro, se los llevaban los demonios porque mientras a ellos los medios los ponían a parir, a las empresas anunciantes nadie les metía mano. Hasta que alcaldes, ministros y presidentes de la diputación descubrieron que las subvenciones eran mano de santo: subvención al papel, ayuda a las cuotas de la seguridad social, subvención por difusión, contratación de propaganda y publicidad institucional… 

El tiempo ha ido pasando y la conjunción astral ha sido tal que la libertad de información, sobre todo en los grandes conglomerados de medios, se ha convertido en una verdadera quimera. Entre la crisis global, la revolución digital, la agonía del papel impreso, la diversificación de la oferta, el adelgazamiento de las plantillas, el teletrabajo y las megadeudas, cada vez parece que es más difícil contarle a la gente lo que le ocurre a la gente. Acabamos contando auténticos cuentos chinos: yo, banquero dueño de un medio, te cuento lo que me interesa contarte y me la trae al pairo que te lo creas o no. Lo que realmente me importa es mantenerte al margen de mis manejos, conchabeos y corruptelas varias. 

Sobre el futuro del periodismo se sabe muy poco. Existe la certeza de que las cosas dejarán muy pronto de ser como son. Pero nadie sabe cómo serán. Los grandes periódicos pierden los lectores, las televisiones la audiencia y los periodistas el trabajo. Y para sobrevivir, mientras las cosas se aclaran, las empresas periodísticas, unas más entrampadas que otras, se han entregado atadas de pies y manos a los bancos y a los patrocinadores. Ya apenas existen los editores vocacionales como Antonio Asensio, Jesús de Polanco o Juan Tomás de Salas, por ejemplo. Ahora la propiedad de buena parte de los medios está en manos de bancos, fondos de inversión, multinacionales… Vocacionales estos de la cuenta de resultados y punto. ¿Qué para eso hay que hacerle la pelota hasta la saciedad al gobierno de turno? Se le hace. Que todo el problema sea ese. 

Con este panorama, ¿qué margen le queda al periodista profesional para desempeñar su oficio honestamente? En los últimos meses, los tres periódicos más importantes de España han cambiado de director. Los anteriores no le gustaban a Soraya Sáenz de Santamaría, espada flamígera de Rajoy en materia de medios de comunicación. A Pedrojota Ramírez no le perdonaron que aireara en “El Mundo”, el periódico que dirigió durante casi veinticinco años, los mensajes que el presidente del gobierno intercambiaba con Bárcenas, el corrupto tesorero del pp, y en los que le instaba a ser paciente y le aseguraba que “estaba haciendo lo que podía”. 

En Moncloa decretaron la sentencia del siempre controvertido director y la empresa editora de “El Mundo” no dudó en servir su cabeza en bandeja de plata para que el gobierno levantara pedal, se apiadara de ellos y decretara el final de la asfixia financiera. En “El País”, tres cuartos de lo mismo: con más de tres mil millones de deuda, los dueños han sabido entender, perfectamente también, la voluntad de Soraya: colocar un director de fiar que les permitiera dormir tranquilos y tener cubierto ese flanco a conveniencia de los intereses gubernamentales y del partido que los sustenta. En “La Vanguardia” su propietario, el conde de Godó, fue en su momento convenientemente llamado al orden porque tenía un director, Josep Antich, demasiado alineado con las tesis independentistas catalanas. Moraleja: fuera Antich y dentro Màrius Carol, probado hombre de bien que durante años se dedicó a la información institucional y mantiene excelentes relaciones hasta con Zarzuela. 

Así es como funciona la cosa. Esto es lo que hay. Verifíquenlo ustedes mismos. Abran su periódico favorito (local, regional, nacional, da igual) por cualquier página y comprueben cómo se parece cada día más a los boletines institucionales o a los catálogos comerciales. Son cada vez más turiferarios del poder y menos servicio público, menos contadores de historias, menos denunciadores de injusticias, más propicios a los ajustes de cuentas… El propietario de una cadena andaluza de periódicos suele proclamar sin reparos que él no quiere tristezas en portada, ni inmigrantes, ni desahuciados, ni pobres, ni descamisados ni gente con problemas. Esos no compran periódicos, suele decir. A mí ponedme noticias de empresas y de empresarios en primera, que esos son lo que nos compran. ¿Se trata de una excepción? Ni mucho menos. Ese es el comportamiento habitual, que unos reconocen en voz alta y otros no. 

Por eso los periódicos se caen de las manos. Por eso cada vez se acerca menos gente al quiosco a comprarlos ni siquiera para envolver el pescado del día siguiente. Porque no contienen historias, porque dentro no se le cuenta a la gente las cosas que le pasan a la gente, sino solo aquellos asuntos que el poder y el dinero no tienen inconveniente en que salgan a la luz. O peor aún, tienen mucho interés en que aparezcan, en cuyo caso, como se sabe, no estamos hablando de periodismo ni de información, sino de propaganda o de publicidad. Las cifras de difusión de los periódicos de papel van cuesta abajo y sin frenos y los que queremos continuar dedicándonos a contar historias intentamos como locos descubrir cuanto antes por dónde demonios irá el periodismo en el futuro. Mientras tanto, vamos pedaleando como podemos para evitar caernos de la bicicleta.

J.T.

(Publicado en "Público" y, bastante más ampliado, en el número uno del periódico "De-Cerca", de El Ejido (Almería) dirigido por José Antonio Gutiérrez)

miércoles, 23 de octubre de 2013

El "patio" periodístico necesita un buen meneo


La connivencia entre los políticos y los periodistas en España es una de las distorsiones que más ha perjudicado a la tarea de comunicar en nuestro país. Las bibliotecas contienen decenas de volúmenes escritos por periodistas en los últimos decenios donde se demuestra cómo esa relación, tan jugosa para quienes la protagonizan como perjudicial para la esencia del trabajo informativo, se ha practicado desde los comienzos de la llamada Transición hasta nuestros días. 

No hubo entonces línea divisoria entre hacer pasillos en el Congreso, codearse con sus señorías en el baño o tomando un café… y el desenfadado compadreo que acababa derivando no en cuidar las fuentes, sino en publicar solo aquello que esas mismas fuentes consideraban apropiado. 

Se instaló en la práctica diaria del periodismo en nuestro país el nefasto “off the record”: tú, periodista, tienes el privilegio de contar con una información que yo te doy, pero sólo te la doy a cambio de que no la publiques. No a cambio de no citar la fuente, no, lo que sí sería legítimo, sino a cambio de que no la publiques, a cambio de que estafes al destinatario último de la razón de tu trabajo.  
Esto convirtió, y continúa convirtiendo, a muchos profesionales de la información en España en silenciosos cómplices de verdaderas bombas de relojería. Durante años algunos se dejaron utilizar, muchos abandonaron la crónica, la entrevista y el reportaje para transmutarse en opinadores “bien informados” y mejor pagados… y otros se convirtieron lisa y llanamente en comerciales de publicidad o empresarios de la comunicación. 

Todas las fronteras acabaron transgrediéndose con los directores de los medios a la cabeza y cuando llegaron los tiempos de la televisión privada, aquello fue ya “puro lejano oeste”. El sistema de concesión de canales fue, y continúa siendo, tan perverso como el resto de las relaciones entre políticos y periodistas. Uno de los episodios que más perjudicó a la libertad de expresión y que más propició el mamoneo entre periodistas y políticos. 

Quien quiera puede consultar en algunos de los libros escritos por Pedrojota, por ejemplo, cómo se jacta de haber sido mentor y tutor de Aznar antes que éste llegara al poder. Luis María Anson poseía ya un amplio currículum de “conspirador” cuando encabezó con Camilo José Cela en 1994 en Marbella el nacimiento de la AEPI (Asociación de Periodistas Independientes), un grupo de comunicadores beligerante con la situación política de aquellos momentos y que acabó siendo conocida como”el sindicato del crimen”. 

Cebrián, competente como director de periódico, hizo bueno el principio de Peter cuando abandonó esta tarea para empezar a meterse en todos los charcos, a no dejar de tocar palos diferentes hasta conseguir alcanzar su propio nivel de incompetencia, fumigarse el imperio Polanco y verse obligado a ponerlo en manos de fondos de inversión americanos y algún que otro desaprensivo buitre añadido. 

Son solo algunos ejemplos, dado que esto es un post y no una tesis doctoral. Nombro a algunos de los jerifaltes, pero la lista engorda, y mucho, a medida que repasas los escalafones y las nóminas de asesores y tertulianos. 

Esto en cuanto a los medios privados porque, como se sabe, los nombramientos de los responsables de los medios públicos son designaciones políticas que, cuando han recaído -escasas veces- en profesionales teóricamente neutrales han derivado en patéticos episodios con desenlaces traumáticos. Vamos, que han acabado como el rosario de la aurora. 

Parece evidente que todo este patio necesita un buen meneo. En plena prehistoria de la era digital (en el primer minuto del partido, como ha dejado dicho alguien) ya parece atisbarse que las connivencias entre políticos y periodistas lo tienen un poco más crudo para monopolizar y canalizar una información que ahora, desde mil frentes distintos, consigue llegar sin trabas al gran público, a todo bicho viviente esté donde esté. 

Esta novedosa y revolucionaria coyuntura podría propiciar la recuperación del auténtico sentido del periodismo, que viene obligado a reinventarse y replantearse todo: desde sus fuentes de financiación hasta lo que significa estar permanentemente expuesto a ser juzgado por tu trabajo, conocer lo que opina sobre su contenido quien se interesa por él y entender que la llamada “interactividad” ha llegado para quedarse. 

Las connivencias quizás no desaparezcan nunca, como lo demuestra la pugna por contar con webs y periódicos digitales que existe en estos momentos en todas las organizaciones, instituciones y demás entidades habituadas a mangonear en los medios. Pero esta nueva manera de llegar al gran público deja también abiertas las puertas, de par en par, al periodismo en estado puro para quien sepa y quiera practicarlo. Esa manera de trabajar tiene que encontrar su modo de sobrevivir, es verdad, pero en igual tesitura se encuentran quienes durante años impusieron y rentabilizaron la connivencia, el “off the record”, la conspiración y las informaciones privilegiadas.

J.T.

viernes, 1 de julio de 2011

Así se hace una campaña de imagen


Desde que hace más de cinco años Juan Ignacio Zoido fue designado candidato por el pp a la alcaldía de Sevilla, no ha habido un solo día que haya parao quieto.

Adoquín a adoquín, socavón a socavón, tasca a tasca y rincón a rincón se pateó Sevilla entera y lo hizo sin olvidar un detalle fundamental: documentar gráficamente todo lo que hacía.

Detrás de ese trabajo, que tuvo su reflejo y sus frutos en las publicaciones locales sevillanas y regionales andaluzas muchísimas veces, estaba la inteligencia y la habilidad que mi amigo Santiago Martínez Vares tiene en materia de comunicación.

Pasó un año entero, el primero, hubo elecciones municipales en 2007 y Zoido ya fue el candidato más votado aunque no consiguió los apoyos necesarios para gobernar.

No importó.

Zoido y mi colega Santiago continuaron con su estrategia, inasequibles al desaliento: Una foto al día, por lo menos.

Y claro, a la segunda arrasaron. Objetivo conseguido

Objetivo conseguido, sí, pero nada de bajar la guardia

Desde que Zoido ejerce como alcalde de Sevilla, su agenda continúa incluyendo la foto del día. Pero fotos que dicen algo. Y algo distinto, no sólo fotos institucionales, de conferencias, inauguraciones y fastos varios que, por lo preceptivo, ahí están también, claro.

Buscar la otra cara de las cosas, buscar algo distinto... ¡eso es saber de qué va esto de la comunicación!


Las fotos de Zoido en el Vacie, sentado en una mesa rodeado de gitanos, publicada este jueves, o la de su visita a un colegio de barrio que necesita subvenciones que ha aparecido este viernes son toda una lección de márketing que me han llevado a escribir estas líneas.

Enhorabuena, Santi; enhorabuena, querido alcalde. Estáis dando una lección de cómo se hacen las cosas en materia de comunicación y, como profesional del asunto al que le gusta valorar y reconocer las cosas bien hechas, me vais a permitir que me quite el sombrero.

J.T.

domingo, 27 de marzo de 2011

La funesta, y peligrosa, manía de prohibir

Boxeo. Prohibido informar

Toros. Prohibido retransmitir

 Tabaco y licores. Prohibido hacer publicidad

Internet. Prohibido descargar

Campañas electorales. Prohibido minutar la información con criterio periodístico


¿Cuál será la próxima prohibición?


J.T.