Los incautos, abducidos o no por Vox y demás fascistas, sueñan con una España sin inmigración. Limpia, ordenada, católica, nada sentimental y fea, muy fea, claro está. Un país donde solo suene el castellano de toda la vida (en Catalunya gritarían “habla en cristiano” a quienes se expresasen en catalán), un mundo donde en los bares los camareros fueran genuino producto nacional (bruto) y donde todos fuéramos blancos blanquísimos. Los he llamado incautos porque, si esto fuera así, según un informe de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE), esa España que creen idílica sería en realidad un geriátrico.
He escuchado esta mañana el resumen de este informe en la Cadena SER, y si se redujeran solo un treinta por ciento los flujos migratorios, en el año 2075 España tendría quince millones de habitantes menos. Eso significaría menos gente en edad de trabajar, más jubilados por cada cotizante, colegios cerrados en los pueblos, hospitales que no encontrarían médicos y hectáreas y hectáreas de terreno agrícola que se quedarían sin manos para recoger la aceituna o la fresa, por ejemplo. El Producto Interior Bruto (PIB) anual bajaría dieciocho mil euros por habitante, un veintidós por ciento. Con un treinta por ciento menos de inmigrantes, cada trabajador tendría que cotizar dos mil euros más al año para sostener, y con dificultades, las pensiones y el Estado del bienestar.
Quienes propugnan políticas racistas lo saben, aunque callan: los inmigrantes, en su conjunto, aportan más de lo que consumen. Llegan en edad de producir, cotizan, consumen, pagan impuestos y son el oxígeno que evita que el sistema se colapse por pura demografía. Los necesitan, pero debajo de los invernaderos durante el día. A la noche, que desaparezcan.
España lleva décadas con la natalidad en mínimos, 1,2 hijos por mujer, y a su vez con una de las esperanzas de vida más altas del planeta. El saldo natural (nacimientos menos muertes) es negativo desde hace años. Sin inmigración, la población estaría ya cayendo en picado desde hace mucho tiempo. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha repetido hasta la saciedad que sin saldo migratorio positivo, hacia 2070-75, seríamos un país envejecido, con menor dinamismo, menos innovación, menos vida en las calles, menos profesores, menos cuidadores para nuestros mayores…
Los que agitan el fantasma de la “invasión” y emplean el termino “avalancha” para referirse a la llegada de inmigrantes suelen callar cuando se les recuerda que, muchas de esas personas, son los que a día de hoy sostienen la hostelería, la construcción, los cuidados a domicilio y la agricultura de exportación. Negar la evidencia demográfica y económica por puro prejuicio ideológico es, además de insolidario e inviable, completamente suicida.
El informe de la ONPE es un ejercicio de prospectiva serio y sus conclusiones confirman la percepción diaria de cualquier ciudadano que no se deje llevar por prejuicios ni veleidades discriminatorias. Sin inmigración neta, este país sería más pobre, más viejo y estaría mucho más aislado. Quien quiera ponerle puertas al campo lo tiene crudo, por muy fascista que sea.
J.T.

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