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martes, 3 de febrero de 2015

Esto no es periodismo. Esto es una vergüenza

Me produce infinito bochorno que gentes que dicen ser de mi oficio sean capaces de urdir informaciones torticeras con portadas tan atroces como ésta

No os quiero contar la enorme vergüenza que me produce que diarios como El País sean capaces de sacar a primera una información insuficientemente contrastada como la del currículum de Monedero que, pocos días después, obliga a la "defensora" de los lectores de ese periódico a reconocer su falsedad


Y ni que decir tiene que portadas como la de "La Razón" del 27 de enero me producen pena y preocupación por la deriva del oficio periodístico y la cada vez mayor dificultad con la que nos encontramos los profesionales de la información para hacernos respetar


En "Dios mío, pero ¿qué te hemos hecho?", de Philippe Chauveron, la película que en 2014 consiguió en Francia el mayor éxito de taquilla, un joven de raza negra es perseguido y espiado por la desconfiada y racista familia de la mujer (de raza blanca) con la que va a casarse. Un buen día, ¡bingo! consiguen "cazarlo" paseando arrobado con otra joven a la que sonríe y abraza sin disimulo. Incluso llegan a fotografiarlos entrando juntos a un hotel. 

- Es su hermana, idiotas, que ha venido de visita, les suelta la novia a los avispados paparazzi, sus cuñados, cuando estos le enseñan orgullosos las pruebas del "delito" con el que pretendían torpedear la boda. 

No puedo evitar asociar esta escena con el ridículo que casi a diario hacen muchos periódicos en nuestro país cuando se ponen a buscar como locos por dónde puñetas meterle mano a los "chicos de Podemos" y no acaban de conseguirlo. Chasco tras chasco, los sabuesos que andan hurgando por hemerotecas y registros en busca de muertos en los armarios de esos osados profesores universitarios que el pasado sábado llenaron la Puerta del Sol de ciudadanos que quieren un cambio, van quedando más en evidencia cada día que pasa y, como los cuñados del joven negro de la película, no hay día que no acaben con el rabo entre las piernas.

Aún así, inasequibles al desaliento, magnifican asuntos que en cualquier otro caso apenas pasarían del carácter de anécdota y se columpian una vez tras otra. No desfallecen, hay que desacreditar a esos bolivarianos sea como sea, esos proetarras no pueden llegar vivos a tantas elecciones como tenemos en el horizonte, y si para ello hay que disparar con la artillería más pesada posible, se hace y punto. Así que a magnificar, a repetir, repetir, mentir, mentir... que algo quedará.

Que ABC o La Razón usen esta técnica a muerte me produce bochorno, como decía antes, pero al fin y al cabo es algo que va en su ADN. Los pobres no lo pueden evitar. Pero que periódicos como El País entren también en ese juego y compitan, además, llevando incluso a portada noticias que son directamente mentira, como el intento de desacreditar el currículum del doctor Monedero, me produce directamente vergüenza infinita. 

"El afán investigador es básico en el periodismo, pero debe apoyarse en la prudencia a la hora de dar por ciertos los hallazgos, y valorarlos sobre esa base. Cuando no se aplica este criterio, pueden producirse errores como los que presentaba la noticia que publicó este diario el miércoles 28 de enero sobre Juan Carlos Monedero" se vio obligada a reconocer en "El País" Lola Galán, Defensora del Lector, en su edición del domingo 1 de febrero.

"¿Qué puso a El País -se pregunta Galán- sobre la pista de las hipotéticas falsedades del currículo del número tres de Podemos? Olaya lo explica así: “Quien exagera una vez, puede hacerlo dos o más. Cuando se conoció que Monedero no había trabajado para el BCE, como afirmaba en su currículo, sino que había elaborado un informe de 80 páginas, a medias con otro especialista, pensé que podía haber maquillado su vida docente en más ocasiones. Comenzamos así a llamar a los lugares donde supuestamente había sido profesor invitado..." 

Sin comentarios

La metedura de gamba de El País fue tan descomunal que Galán no tuvo más remedio que concluir así su alegato: "Para cuestionar el currículo del número tres de Podemos habría que haberse apoyado en algo más sólido que la memoria de un profesor de 75 años o los datos de una empleada del departamento de pagos de una universidad, dada la complejidad del entramado de relaciones docentes entre los centros. En estas circunstancias, llevar el tema a portada era muy arriesgado. La única forma de atenuar el error hubiera sido publicar adecuadamente la puntualización y la carta de la Universidad de Puebla. Lamentablemente, no se hizo". 

Ni se hizo ni se pidió perdón, pero el daño ya estaba hecho y la contribución a la desaforada ceremonia de la confusión con la que nos desayunamos cada mañana se había consumado, por mucho golpe de pecho que Galán se infligiera cuatro días después.

Mientras ellos continúen con sus zafiedades, hay que continuar con las denuncias. Mil veces si es necesario. A base de repetir ellos mentiras, no pueden conseguir que nos cansemos y los demos por imposible. Hay que estar al pie del cañón para denunciar tanta caradura, amoralidad y desvergüenza cuantas veces sea necesario.

Yo no me pienso acostumbrar a esas primeras páginas de escarnio y oprobio porque soy de los que creen firmemente en que el buen periodismo tiene salvación y futuro. No, no nos vamos a relajar, no nos vamos a acostumbrar a las frikadas, manipulaciones y propagandas baratas. No vamos a dejar de poner de manifiesto la gravedad que tiene usar un medio de información como descarado vehículo de propaganda. No vamos a dejar de darle importancia a todo esto porque la tiene, y mucha. 

¿Es que no hay en las redacciones alguien que pueda parar tanta insensatez? ¿Tan irremisiblemente colonizados estamos? ¿Tan acojonados tienen a tanto buen profesional como, me consta, hay en esos periódicos cuyas primeras páginas parecen últimamente manuales de despropósitos? Yo hago aquí votos por la defensa de una información honesta, creíble, contrastada, veraz y con datos. Reclamo y exijo que la información libre y plural siga existiendo en los kioskos. Reivindico con todas mis fuerzas la decencia en el periodismo. Esto no puede seguir así ni un día más.

J.T.


jueves, 12 de septiembre de 2013

El ridículo cabreo del consejero andaluz de Justicia

Emilio de Llera Suárez-Bárcena, 62 años, consejero andaluz de Justicia e Interior

Hartito estoy de soportar a políticos que quieran llevarnos a los periodistas el manillar de la bicicleta. Pero que muy harto de tanto descolocado prepotente que piensa que los tentáculos de su poder están en condiciones de abarcarlo todo.

Yo entiendo que Esperanza Aguirre, por ejemplo, monte en cólera cuando llega a un sitio de incógnito, se encuentra un equipo de Telemadrid y acto seguido se permita, no solo preguntarles qué hacen allí, sino echarles un broncazo por estar en un sitio en el que a ella no le interesaba contar con cobertura periodística. Entiendo que Aguirre se atreva a estas cosas porque de una persona como ella lo que resultaría ingenuo sería esperar lo contrario.

También entiendo que Fidel Castro viaje a España, le pregunten en rueda de prensa una presunta indiscreción fuera de guión y conteste exaltado: ¿Y cómo tú lo sabes? Lo que quería decir en realidad es "cómo te atreves", pero los reflejos le debieron hacer caer en la cuenta de que no estaba en su país y que aquí, al menos sobre el papel, la prensa todavía pregunta lo que le da la gana.

Pero lo que no puedo entender, ni admitir bajo ningún concepto, es que un consejero socialista andaluz ("socialista", esa etiqueta que antes servía para denominar a un político de izquierdas), titular de la cartera de Justicia e Interior, se cabree porque una colega suya llamada Mercedes Alaya le reviente la fiesta de toma de posesión y eso lleve a Emilio de Llera, que así se llama el consejero, a meterse en camisa de once varas.

Cuando, tras la presentación pública del flamante gobierno andaluz, vio venir en tromba hacia él micrófonos y cámaras lo que menos podía imaginar es que iban a contarle que Alaya acababa de hacer público un auto en el que "empuraba sin empurar" a Chaves, Griñán y cinco ex altos cargos más de la Junta por el inacabable asunto de los Eres.

- ¿De verdad lo ha sacado hoy? preguntaba un estupefacto de Llera, que empezaba a sospechar que se había metido en un charco atendiendo a los periodistas. La vanidad le había impedido maliciarse que podía tratarse de un marrón y ahí estaba ahora el hombre procurando que no se le notara demasiado el desconcierto:

- Será otra casualidad, decía, increíble que haya elegido para hacer público el auto el día de la toma de posesión del nuevo Gobierno.

Y entonces fue cuando, de todas las opciones que un político tiene para salir de un jardín como ese, Emilio de Llera Suárez-Bárcena eligió la peor:

- No vamos a hablar más de la juez, proclamó rotundo. Hoy el protagonismo es del Gobierno, y vamos a hablar del Gobierno, que es mucho más importante que cualquier juez que haya en Andalucía. 

¡Ea! Otro político más empeñado en arrogarse la potestad de ser él quien atribuye el grado de importancia a los asuntos de actualidad. Otro Mariano. Otro Umbral dispuesto a liarla parda si no se habla de su libro. ¡Qué cruz!

Señor de Llera, le invito a que repita conmigo cinco cositas. Es fácil, a ver:

1. En España existe la libertad de prensa, aunque muchas veces no lo parezca.

2. En Andalucía, como en todo el Estado español, los periodistas preguntan lo que les da la gana a los políticos. Ustedes, por supuesto, pueden responder lo que les parezca, que es lo que hacen.

3. El periodismo consiste esencialmente en tocar las narices al poder. Contar lo que el poder quiere que se cuente se llama propaganda, no periodismo.

4. Que los periodistas sean incómodos para los políticos es una necesidad y una garantía para los ciudadanos, que al fin y al cabo son quienes pagan las nóminas de quienes les gobiernan.

5. Igual que la realidad se empeña en estropearnos buenos reportajes a los periodistas, también a veces se empecina en destrozarles a los políticos las fiestas de toma de posesión.

La vida es dura, consejero de Llera, pero créame, no caiga más en la tentación de matar al mensajero ni de indicarle por dónde tiene que ir su trabajo. No vuelva a hacer el ridículo recurriendo a tópicos tan manidos como que "hay cosas muy graves en la sociedad y mucha gente pasándolo muy mal para hablar ahora de lo que ustedes me preguntan". 

Yo entiendo que debe joder mucho estar esperando toda la vida salir en las primeras páginas de los periódicos, que ese día llegue y que cuando te las estabas prometiendo felices porque pensabas ya en los marcos que le ibas a poner a las fotos y dónde las ibas a colgar, a los periodistas les dé por atribuirle más importancia a un auto judicial con nombres tan sonoros que acaban robándote el protagonismo de las portadas y desplazándote a páginas interiores:

- Lo importante es el gobierno, repetía desesperado de Llera ante los pocos micrófonos que iban quedando a su alrededor desde que dijo que no pensaba hablar más del Auto de los Eres. No se fijen ustedes en otros detalles de muchísima menos relevancia..."

Así que "Nuevos Tiempos", ¿no, presidenta Díaz?

J.T.


viernes, 5 de abril de 2013

Límites a la libertad de información. Ignacio González asoma la patita


Ignacio González, ese señor al que pillaron por Cartagena de Indias con bolsas de contenido desconocido y que figura como dueño de un imponente ático en la Costa del Sol, cree que no estaría mal poner límites a la libertad de información para que no salgan a la luz las cosas que le perjudican.

Como hubiera quedado fatal que lo hubiera dicho cuando se trataba de sus asuntos, ha aprovechado las fotos en yate de Núñez Feijóo confraternizando hace años con un narcotraficante para soltar el desahogo que debía llevar ya meses carcomiéndole las entrañas.

- Pobre Alberto, ha dicho su amigo Ignacio, lo que le hacéis a mi colega no tiene nombre, con lo bueno que es el el chico. Es que le estáis haciendo sufrir mucho, y eso no es justo.

Me sabe fatal ponerme doctrinal, y más con todo un presidente de comunidad autónoma, pero no tengo más remedio que recordarle aquí a Ignacio González que precisamente eso, que su amigo Alberto o él mismo se pongan de los nervios cuando unos profesionales de la información hacen su trabajo, es lo que dota de sentido al periodismo.

El periodismo se hace más grande en la medida en que mejor toca los huevos. Su objetivo no es tocar los huevos exactamente, pero mucho menos lo es arredrarse, achantarse o autocensurarse por miedo a que un poderoso se cabree con lo que publicamos.

Hay que recordarle al desenvuelto preboste de la comunidad de Madrid que en el ADN del trabajo periodístico está evitar la impunidad del poderoso, que éste no deje de sentir en el cogote nuestro aliento para que no olvide nunca que gestiona un poder delegado y que esa gestión no es una patente de corso como me consta que muchos tienen la tentación de pensar.

Los poderosos tienden a perder la perspectiva, a laminar de su entorno las voces críticas y a rodearse de turiferarios. Sobre todo si tienen "caca". Y por eso, cuando por la mañana se desayunan con una información que les incomoda estallan en cólera. No soportan que los pillen en bragas.

Por eso se esfuerzan en comprar medios, en "marionetear" directivos, en distribuir doctrinas y argumentarios entre sus tertulianos y comentaristas paniaguados. Pero no le pueden poner puertas al campo y lo saben.

Da cierta pereza constatar esto a diario en los despachos mañaneros de cualquier jerifalte, ya sea político, empresario, o cabeza visible de cualquier institución.

- Ese periodista es un hijo de puta, braman cuando una información no les favorece.

Puede que en alguna ocasión lleven razón, porque en todas las profesiones cuecen habas. Pero no me imagino a Obama imprecando de ese modo a un periodista cuando una información le incomoda. Ni a Clinton, ni siquiera a los Bush. Y no me los imagino porque, en los países democráticos serios, sus presidentes no retransmiten sus comparecencias por plasma, ni convocan ruedas de prensa sin preguntas, ni hacen lo imposible por eludir la justicia  -cuando no mangonearla-, ni huyen del Senado y de los hoteles por las puertas traseras, ni esconden la cabeza bajo el ala durante meses cuando las cosas no pintan bien.

El presidente madrileño, como su ínclito y sórdido jefe de filas, como tantos otros responsables de instituciones en nuestro país deben entender ya de una vez por todas que la mejor garantía para la supervivencia de un sistema democrático es la existencia de una prensa libre. Los límites a la información no los marcan los políticos. ¡Pesaos, que sois unos pesaos!

J.T.

jueves, 31 de enero de 2013

10 motivos para no abandonar el periodismo, y mucho menos en estos momentos


En un día como hoy, a mi juicio importantísimo para el periodismo en nuestro país, me permito rescatar de este mismo blog el siguiente decálogo que publiqué hará un año y medio:

Razones para no abandonar el periodismo:

1. Es lo que quieren, luego no

2. Lo complicado es más interesante

3. Es el mejor oficio del mundo sí o sí

4. En ningún otro trabajo pagan de manera más miserable ¡pero pagan por lo que te gusta hacer!

5. Ser testigo de lo que ocurre es un privilegio

6. Actúa como freno a la impunidad de los poderosos, a pesar de todo

7. Porque, dado que peor ya no nos puede ir, esto tendrá que mejorar algún día

8. Para no darle el gusto a quienes esperan que nos rindamos más pronto que tarde

9. Porque sólo permaneciendo se puede pelear para que las cosas cambien alguna vez

10. Porque huir es de cobardes

Aquí dejo el link con la información que este jueves publica "El País" sobre la cuentas manuscritas de los tesoreros del Partido Popular entre 1990 y 2008 en la que se reflejan pagos periódicos, trimestrales o semestrales, a toda la cúpula del partido (secretarios generales y vicesecretarios generales).

Gracías, compañeros que habéis trabajado esta información (J.M. Romero, Francisco Mercado, Miguel Jiménez, Carlos E. Cué, con Javier Casqueiro al frente). Gracias por reafirmar mi idea de que no hay que ceder a la tentación de abandonar el periodismo por mal que estén las cosas. Y ahora, menos que nunca.

J.T.

domingo, 26 de agosto de 2012

¡¡¡NO A LAS DECLARACIONES ENLATADAS!!!


No les basta con “intereconomizar” Televisión Española. 

Les parece insuficiente la babosa sumisión de tantas radios, revistas, teles… de tantos periódicos cuyo impresentable trabajo sucio avergüenza a los profesionales del oficio periodístico, pero cuyos gestores están dispuestos a lamer todo lo que haya que lamer a cambio de esos siempre intangibles platos de lentejas que son las inserciones publicitarias. 

Ni aún así se fían. 

Y ahí hemos tenido últimamente, por ejemplo, a la inefable Fátima Báñez remitiendo, muy ufana ella, declaraciones enlatadas para hablar de la prórroga de los cuatrocientos euros de marras a los parados de larga duración antes que se conociera la letra pequeña del farragoso y marrullero asunto. Las razones por las que Fátima y otros devotos ministros optan por las declaraciones enlatadas las conocemos todos, o nos las imaginamos: miedo a las preguntas, inseguridad a la hora de saber salir de según qué atolladeros, engreimiento, suficiencia, equivocada interpretación de lo que significa una mayoría absoluta… Pero da igual. 


Lo grave no es que se atrevan a enlatar declaraciones y enviarlas a los medios, que lo es y mucho. Lo grave es que luego vayan muchos de esos medios y las emitan sin precisar siquiera que el contenido –que puede tener interés periodístico, no digo que no- está elaborado con técnicas puramente propagandísticas y al margen de lo que es una de las más irrenunciables conquistas de la vida en democracia: el cara a cara entre el gestor público y el periodista que puede y debe preguntarle –mire usted por dónde- justo lo que el político quiere evitar que se le pregunte. 

Esto no puede continuar así 

A las ruedas de prensa sin preguntas, a la señal realizada por ellos mismos de buena parte de los actos que celebran, viene a sumarse ahora esto: las declaraciones enlatadas. Insisto: en democracia, queridos y nunca suficientemente bien ponderados políticos españoles, las reglas del juego en materia de comunicación son que el periodista cuenta y pregunta lo que él, el profesional de la información, entiende interesante. Y el político, si no le gusta lo que se le pregunta, tiene todo el derecho a poner mala cara, a cabrearse, a insultar si quiere, pero tiene que asumir que las cosas son como son y no como él quisiera que fueran. Por mucho que mande. Por poderoso que sea. 

Creedme que me produce cierto hastío, y hasta cierta vergüenza tener que estar repitiendo siempre lo mismo. Pero visto lo visto, me temo que tendré que continuar dando la tabarra con este asunto una y otra vez. 

Continuaré haciéndolo tantas veces como ellos pretendan cercenar la innegociable libertad que necesita el oficio periodístico para vitaminar la vida en común. Muchos quieren directa y descaradamente, sin ningún pudor, acabar con esa libertad. 

Saben que no lo conseguirán, pero como no van a dejar de poner empeño en ello nosotros tampoco podemos bajar la guardia ni un solo minuto. 

¿Qué tal si empezáramos por devolver a su remitente las declaraciones enlatadas, por abandonar las ruedas de prensa en las que no se admitan preguntas, por no aceptar señales de actos en cuya realización audiovisual no intervenga ningún profesional del medio que ha de emitirlas? 

J.T.

martes, 31 de mayo de 2011

Cómo informar de la violencia machista


Detesto el enfoque con el que la mayor parte de las televisiones tratan aquellas noticias cuyos ingredientes básicos son la sangre o la violencia.

Lamento profundamente que tal deriva se haya impuesto hasta el extremo de solapar, desplazar e incluso ignorar las informaciones económicas, políticas o sociales propias de un telediario.

En muchas reuniones de escaleta se busca la sangre allá donde esté, y cuando se trata de un caso de violencia machista, éste cuenta con muchas posibilidades de convertirse en noticia de apertura

Todo eso es verdad

Pero en ningún caso justifica el intento de descarada censura que los/las responsables gubernamentales de Igualdad han osado poner en marcha.

Pajín y Aído han elaborado un documento en el que se atreven a

1. Estipular la duración que debe tener una noticia sobre violencia machista (20-30 segundos, dictaminan)
2. Determinar cómo tiene que estar redactado el comienzo de esa noticia
3. Recomendar qué verbos y adjetivos hay que usar y elaborar una lista con los que no
4. Opinar sobre lo que es pertinente y lo que no, sobre lo que tiene interés o no

Y todo esto proponen, además, aplicarlo durante dos o tres meses, cual experimento de laboratorio, a ver "si surte efecto". Se callan, claro está, su intención final, aquella que de poder realizar impunemente lo harían sin dudarlo: prohibir la emisión de las informaciones que no les gustan, y punto.

Como nos recuerda mi querido y respetado profesor Román Gubern, "cualquier jurista recién diplomado podría explicar que de los dos bienes jurídicos que se desea proteger, el de la hipotética protección contra la violencia de género y la libertad de información, el segundo prevalece en un ordenamiento jurídico democrático".

Pero los/las gestores/as de Igualdad se creen con legitimidad moral para...

Pues no, queridos y queridas míos y mías: no la tenéis

Estáis desvariando

Lo que proponéis es abiertamente inconstitucional

Por poco que me guste cómo enfocan determinados medios las informaciones sobre violencia machista, por mucho asco que me dé, que me lo da, defenderé siempre con uñas y dientes el derecho que tienen a sacarme de mis casillas

Defender ese derecho suyo es defender también los míos, los de todos...

No por tópico ni manido está de más repetirlo: 

Las censuras se sabe siempre cómo comienzan, pero nunca cómo acaban.

J.T.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Marruecos: Al periodista español, ni agua


No sé de qué se extrañan los compañeros que llevan una semana intentando informar de lo que ocurre en El Aaiún sin conseguirlo.

Los políticos y la policía marroquí nunca han tratado bien a la prensa española.

Si en tu pasaporte o en la tarjeta que has de rellenar para entrar en Marruecos has cometido la ingenuidad de poner periodista cuando te preguntan la profesión, date por jodido.

Te retendrán horas en la frontera con cualquier excusa, ya entres por tierra, por mar o por aire, meterán tu nombre en todos los ordenadores posibles y ya te tendrán fichado para la posteridad, marearán la perdiz hasta hacerte perder la paciencia y sólo un billete de cincuenta euros discretamente colocado entre las páginas del pasaporte pueden empezar a hacerte la vida algo más fácil.

Más tarde, cuando ya circulas por el país, si te paran en la carretera y te ven una cámara profesional de televisión en el coche pueden ocurrir dos cosas: que se conformen con otros cincuenta euros o que te quiten el objetivo de la cámara que con suerte recuperarás cuando salgas del país. ¿Las protestas? Al maestro armero.

Pides amparo al llamado ministerio de la comunicación y te encuentras con unos señores muy amables que hablan correcto español, pero que no te solucionan nada. Teóricamente están para ayudarte a resolver problemas, a que no te encuentres con obstáculos, pero ahí están estos días todos los informadores españoles, que no hay manera de que ninguno consiga llegar al Sahara bien desde Rabat bien desde Casablanca y nadie les explica por qué mientras van encontrándose con trabas y excusas cada vez más ridículas. Lo de siempre en Marruecos: Al periodista español, ni agua. Sólo que ahora se les nota más.

Siempre igual: unos pesados, unos impresentables.

Hace poco más de un año acompañé al presidente andaluz José Antonio Griñán en su viaje oficial a Marruecos. Nada más llegar al país nos endiñaron la primera en la frente en el mismo aeropuerto.

Todos los periodistas que acompañábamos a Griñán tuvimos que irnos desde Casablanca hasta Rabat ya de madrugada y tras interminables horas de espera dejando en tierra a los compañeros de Canal Sur Televisión. ¿La razón? Que llevaban una cámara de televisión, instrumento sospechoso donde los haya para todo policía marroquí. A pesar de ser la televisión pública que acompañaba al presidente de una autonomía del país vecino en visita oficial, las vejaciones fueron continuadas e impresentables:

Siempre faltaba un papel: si enseñaban el rosa faltaba el amarillo. Y si se presentaba el amarillo hacía falta uno blanco. Cuando acababan con el arco iris empezaban con los faxes: fax de la embajada solicitando..., fax de la corresponsalía en Rabat de la cadena acreditando..., fax de la sede central en Sevilla confirmando... Y todo eso un domingo por la noche.

Una humillación en toda regla que el séquito de Griñán no supo ni pudo solventar. Y cuando acabó resolviéndose, vaya usted a saber por cuántos euros, prefirieron pasar página y ni siquiera formular protestas. Nada raro por otra parte, a tenor de la actitud que hemos visto estos días entre la mayoría de los políticos españoles ante la intolerable agresión de Marruecos a los saharauis en El Aaiún.

Protestan con la boca chica y, por supuesto, no condenan.

No condenan ni lo que ocurre allí ni las dificultades con las que los periodistas españoles se encuentran para poder llegar hasta el lugar de los hechos y hacer su trabajo que consiste, simple y llanamente, en estar en el sitio donde suceden las cosas y contarlas.

Marruecos, siempre Marruecos, ¡qué pereza!

J.T.

domingo, 4 de julio de 2010

Apuntes de periodismo, 5. Contarlo o no contarlo

(Primera publicación: 28 de enero de 2010)


¿Se debe revelar, si se conoce, la identidad de un paciente trasplantado de cara?

Eso es delito, Juan , me decía Alfredo Martínez cuando le pregunté qué le parecía que Diario de Sevilla hubiera dado detalles de la primera persona que recibe en Andalucía una intervención de este tipo.

Yo no pienso contarlo, apostillaba Paz Mediavilla, mientras lo comentábamos con Taite, jefa de prensa de la consejería andaluza de salud, que nos anticipó que el hospital virgen del rocío tiene la intención de actuar judicialmente contra quienes revelen datos que atenten a la privacidad tanto de la persona trasplantada como del donante.

Pues a mi me han mandado al pueblo que aparece en la información del diario para grabar ya unas imágeneses, comentaba Rocío Martínez.

Una vez más nos encontramos ante el eterno dilema. ¿Debe un periodista guardarse una información que conoce? ¿Es éste un debate profesional, ético o judicial?


El doctor Tomás Gómez, jefe del equipo que ha realizado este 27 de enero en el hospital Virgen del Rocío el primer trasplante de cara en Andalucía y el noveno en el mundo

Porque si el debate acaba siendo judicial, y a tenor de lo ocurrido recientemente con dos periodistas de la Ser a propósito de la publicación en Internet de una lista de afiliados al PP –como se sabe han sido condenados y hasta el fiscal general del Estado ha dado la razón en parte al juez que firma el auto- si la solución de este tipo de dilemas, digo, es recurrir a las togas entonces… que el señor nos pille confesaos

Os cuento mi postura: Si creo que tengo que darlo, lo daré, sin más limitaciones que mi sentido profesional de la utilidad de esa información. Soy yo quien decide si los datos que manejo para elaborar una información aportan algo o no a la historia que finalmente cuento y divulgo.

Quien permite que yo conozca algo que no debería conocer según él pero a pesar de todo me lo cuenta, se expone inmediatamente a que eso sea conocido si mi criterio me lleva a publicarlo. Porque su obligación es intentar impedirme que yo lo conozca y la mía, él lo sabe, es publicar aquello que he conseguido saber.

¿La ley? Pues claro que hay que cumplirla. Pero se supone que yo ya la conozco y que ejerzo mi trabajo con sentido de la responsabilidad ¿o no se supone?.¿Delito dar un nombre? Pero por favor, ¿de qué estamos hablando? Otra cosa es que, conociéndolo yo, decida no publicarlo.

Creo que la consejería de salud hace mal con amenazar y aún peor si finalmente lleva a los tribunales el asunto. Recurrir al juzgado, por muy en desacuerdo que se esté con el ejercicio de la libertad de expresión, es pan para hoy y hambre para mañana en materia de libertades en general. Y los políticos que hoy recurren a eso corren el riesgo de probar más pronto que tarde su propia medicina.

J.T.
28 de enero de 2010

lunes, 28 de junio de 2010

Apuntes de periodismo, 6. De Larra a David Trueba pasando por Cebrián


Así describía Mariano José de Larra hace casi doscientos años el oficio de periodista:

"...un deseo de saberlo todo que nació conmigo, que siento bullir en todas mis venas, y que me obliga más de cuatro veces al día a meterme en rincones excusados para escuchar caprichos ajenos, que luego me proporcionan materia de diversión para aquellos ratos que paso en mi cuarto y a veces en mi cama sin dormir; en ellos recapacito lo que he oído, y río como un loco de los locos que he escuchado".


Nos lo recordaba este martes Juan Luis Cebrián en el colofón del discurso que pronunció durante la entrega de los premios Ortega y Gasset, edición vigésimo séptima. Una pieza oratoria que tituló "En defensa de una libertad frágil" reproducida íntegra a doble página en El País del miércoles y en la que el autorreflexionaba sobre el periodismo y el futuro de los periódicos. Entre sus apuntes destaco:


1. Quizás desaparezcan los diarios, pero no han de hacerlo los periodistas

2. El periodismo tiene que volver a sus fuentes: verificar y contar la verdad

3. Somos sólo intermediarios, la información es de la comunidad

4. El poder tiende a ver conspiración donde hay disentimiento

Pues del derecho a disentir, mire usted por dónde, hacía uso este viernes David Trueba en la columna que habitualmente firma en el mismo periódico del que Cebrián es consejero delegado.

Dado que Cebrián había hablado en defensa de una libertad frágil durante la entrega de los premios Ortega y Gasset y habida cuenta que uno de los galardones había recaído en el equipo de investigación del propio periódico por su trabajo en torno al caso Gürtel, Trueba se despachaba de esta guisa:

"Si pillo un buen patrocinio para montar los premios David Trueba me otorgaré a mí mismo el justo galardón al Estúpido del Año. Antes voy a esperar a que el príncipe de Asturias reciba el Príncipe de Asturias"


¿Temeridad por parte del escritor y director de cine soltar este obús contra la política del mismo periódico que le publica cinco columnas a la semana, entre ellas la de este viernes, titulada "El premio" y en la que incluye la frase que reproduzco en el párrafo anterior?

¿Será la libertad tan frágil como Cebrián dice temer y acabaremos viendo aTrueba de patitas en la calle más pronto que tarde?

Vuelvo a Larra: "...recapacito lo que he oído, y río como un loco de los locos que he escuchado"
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Esta entrada fue publicada por primera vez en "Las carga el diablo" el 7 de mayo de 2010




J.T.