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sábado, 15 de marzo de 2014

Rajoy y la pasión “digital” del pp


Si digital viene de dedo, los que mejor han entendido el mundo en que vivimos son sin duda los miembros del partido popular. ¡Viva el vino, que diga el dedo! ¡Viva lo digital! Mucho mejor que la analógica costumbre de elegir entre todos. ¿Democracia? La imprescindible. O la inevitable, oiga, sin pasarse. ¿Primarias? ¿Pero qué dice usted, buen hombre? 

Se adaptan así a la modernidad “digital” sin verse obligados a romper con tradiciones tan entrañables como la pleitesía al dedo divino. Allá por 1989, veinticinco años ha, fue el dedo índice del venerable Manuel Fraga el que señaló a un bigotudo joven treintañero para regir los destinos de una formación política que hasta entonces no se comía un colín. Atrás quedaba el fiasco Hernández Mancha, la indisimulable decepción de aspirantes como Isabel Tocino que se creían con posibilidades… 

El hijo muy amado en quien Fraga decidió poner todas sus complacencias, un tal José María Aznar, creyó conveniente escenificar entonces, durante el congreso celebrado en Sevilla su agradecimiento, docilidad y sometimiento: entregó al amado líder una carta sin fecha con su dimisión para que el fundador del partido, que entonces iniciaba su retirada, pudiera regresar cuando le diera la gana si un buen día decidía cambiar de opinión. Sabido es que Fraga rompió esa carta y sabido es también que Álvarez Cascos recogió los pedacitos y la recompuso. 

Pero Aznar decidió llevar su sentido de la lealtad hasta las últimas consecuencias y, una vez ungido, entendió que la mejor manera de homenajear a su mentor era continuar utilizando sus mismas armas, su mismo método. Es decir, el dedo índice. Primero lo utilizó para indicarle la puerta de salida a los hasta entonces dinosaurios del partido y poco después empezó a regar ayuntamientos y autonomías de candidaturas digitales. De nombramientos realizados con el mismo dedo cuya huella figura en su carnet de identidad. 

El dedo índice, el que nos metemos en la nariz, el que más usamos en el móvil y en el ordenador, el del trasiego en la intimidad… ese es el dedo que Aznar usó para señalar a Rajoy en 2004 como Fraga lo había señalado a él quince años antes. Entrañable tradición, vive dios. A un lado la libreta azul, al otro ese dedo que toma el bolígrafo y anota. Ese dedo que repasa las páginas, tacha, vuelve a escribir… Y esa embriagadora sensación de poder, de jugar al suspense, de tener a todo el mundo pendiente de tu decisión, esa excitante certeza de saberla inapelable, ese subidón que proporciona tener el destino de la gente en tus manos. 

Si de tu dedo depende que alguien acabe en el FMI o sea candidato a las generales, ¿cómo vas a renunciar a ese privilegio por las buenas? ¿estamos locos o qué? Si gracias a que un día alguien te señaló con el dedo puedes ahora dedicarte tú a hacer lo mismo, ¿cómo te vas a privar sin más de ese placer? 

El pp andaluz ya sabe lo que significa la pasión digital de Rajoy. José Luis Sanz, presunto líder cantado, comprobó estupefacto hace unos días cómo Mariano se sacaba un conejo de la chistera apellidado Moreno, procedió a ungirlo con su mágico dedo y lo colocó en su lugar. La cara que se le quedó a Sanz recordaba, y mucho, la que en su día le vimos a Rato cuando Aznar decidió escoger a Rajoy o a Tocino cuando supo que el elegido por Fraga era Aznar y no ella. 

¡Ay, el peso de la tradición! Ahora toca elegir al candidato a las europeas y ahí nos tiene Mariano a todos, con Cañete al frente, en un sinvivir mientras él disfruta en secreto del excitante placer de los prolegómenos. Yo creo que Rubalcaba le tiene envidia, y puede que hasta Cayo Lara y su laberíntico aparato, tan enzarzado en luchas cainitas para conseguir tocar algo de pelo, que una cosa es la conciencia y otra la supervivencia. 

Quizás por eso Rajoy, rey de los másters en salir airoso de trances comprometidos, apueste por perpetuar el legado de sus antepasados. Donde esté un dedo índice bien puesto que se quiten unas primarias, que ya se sabe que esas cosas las carga el diablo. Así lo decidió Fraga padre, así lo perpetuó Aznar hijo y así lo mantiene Mariano espíritu santo. Por los siglos de los siglos, viva la costumbre digital. Amén.

J.T.

jueves, 13 de marzo de 2014

Federico Quevedo pide perdón


Como esto de pedir disculpas hay tan poca gente que lo hace, vaya por delante mi reconocimiento hacia el gesto de Federico Quevedo quien este miércoles, sin llegar al extremo de aquellos policías ucranianos que recientemente pidieron perdón de rodillas a la población por haber actuado violentamente contra ella, se ha autoflagelado públicamente por tierra, mar y aire y ha solicitado la absolución por haberse dedicado durante años a dar pábulo a la teoría de la conspiración sosteniendo que, tras los atentados del 11M, estaba Eta. 

Si bien es cierto que hace ya un tiempo que dio marcha atrás, no lo es menos que ha sido en este décimo aniversario de aquella horrible tragedia cuando los golpes de pecho de Federico han conseguido sonora trascendencia mediática. Entre otras cosas porque él ha puesto en ello el suficiente empeño para que así sea. 

Reconozco que me ha reconfortado leer en su columna habitual de "El Confidencial" párrafos como éste: “Yo pido perdón en primer lugar a las víctimas del 11-M, a las que no pueden escucharme ni leerme porque ya no están entre nosotros, porque sacrificaron su vida en un acto cruel y bárbaro y lo hicieron sin querer hacerlo en defensa de nuestro modo de vida, de nuestro sistema de convivencia brutalmente atacado por un grupo terrorista de origen islamista que golpeó en España como antes lo había hecho en Estados Unidos. Y les pido perdón porque si esa fue la naturaleza de su sacrificio, el hecho de haber puesto en duda el origen y el sentido de esos atentados, inevitablemente invalidaba el alcance heroico de su entrega y las convertía en un mero instrumento al servicio de una mentira cuya vileza todavía alcanza nuestros días” 

Quevedo pide disculpas también a las víctimas vivas, a los familiares de las que fallecieron, a las fuerzas de seguridad, a los jueces y fiscales… y a “quienes se sintieron perseguidos un día tras otro por acusaciones terribles de manipulación y destrucción de pruebas” Reconoce haber aireado ”una gran mentira que nunca tuvo ni pies ni cabeza por muchas kangoos y muchos skodas y muchas mochilas que podamos esgrimir como argumento” y remata reconociendo que “lo único que se pretendía era buscar los pasos de una trama que solo existió en la mente perversa de unos cuantos desalmados”. 

Imagino que entre aquellos a quienes pide disculpas Federico Quevedo habrá quien se las acepte y quien no. Las víctimas, sus familiares, los jueces, fiscales, abogados y demás destinatarios de sus diatribas son muy dueños de gestionar esto como mejor entiendan. Pero hay un ángulo, desde el punto de vista del oficio periodístico, sobre el que a mí me interesaría detenerme unos instantes: 

¿Puede un profesional de la información divulgar durante un largo período de tiempo noticias y opiniones como él lo hizo y, pasado el tiempo, intentar zanjar su fechoría rasgándose las vestiduras públicamente y a otra cosa mariposa? ¿En base a qué material, a qué documentación, a qué datos sostuvo Quevedo unas tesis que más tarde reconocería que no tenían ni la solidez ni la solvencia necesarias y que en su columna de este miércoles las califica de “burda concatenación de hechos irrelevantes elevados a la categoría de pruebas irrefutables”? 

Como periodista yo lo siento mucho, pero a mí no me vale que alguien que actúa así aspire a que los profesionales de la información pasemos página y… miel sobre hojuelas. Desde un punto de vista moral, político, civil y hasta militar lo que él quiera: disculpas aceptadas. Pero desde un punto de vista periodístico esto no se puede “finiquitar” así, sobre todo cuando hay comunicadores que siguen aún con el raca-raca, en la misma línea, destrozando con su chulería y su petulancia el poco crédito que nos va quedando a los periodistas. Mucho me temo que para que los lectores, los radioyentes, los televidentes vuelvan a confiar en las cosas que les contamos hace falta mucho más que la autoflagelación pública de alguien que reconoce haber contribuido a “construir una de las mayores estafas de nuestro tiempo”. 

No pongo en duda la valentía que hace falta para dar el paso que en su día dio Quevedo y que tanta repercusión ha tenido en este décimo aniversario del 11M. Pero de momento, que yo sepa, no le sigue nadie más. No estaría nada mal que sus “colegas” de aquella pertinaz conspiranoia levantaran el pedal de una maldita vez y dejaran de dar la barrila con lo de las montañas lejanas, la autoría intelectual desconocida, los “oscuros objetivos de poder” y demás zarandajas. 

Este 11M supuso un cierto alivio porque, por un lado, escuchamos a un ministro del Interior del pp afirmar que Eta no fue la causante de los atentados y que es “evidente” que la masacre fue ejecutada por terroristas yihadistas. Y por otro lado, volvimos a ver juntas a todas la víctimas después de siete largos años de desencuentros. Tras la inmolación pública de Quevedo solo falta que continúe el desfile: Acebes, Zaplana, Aznar, Rouco, Pedrojota… A ver cuándo se animan y son capaces de reconocer, como hace él, que participaron “en una instrumentalización de las víctimas que no buscaba la verdad”.

J.T.

martes, 26 de noviembre de 2013

No diga mediocridad, diga Rajoy


Que "el tiempo nos premiará con creces" el sufrimiento que nos producen las putadas que él nos está haciendo, va y dice el tío en su cada día más atrevida escalada de descaros.

Conozco a miles de “mosquitas muertas”, mucho más listos/as de lo que parecen, que descubrieron a tiempo la rentabilidad de la mediocridad para prosperar en la vida, pero la verdad es que nadie lo borda como Mariano. 

Cuando un sumiso consigue llegar arriba, gracias entre otras cosas a no haber sacado nunca los pies del tiesto antes de tiempo, lo habitual es que más pronto que tarde acabe soltándose el pelo para asombro y estupefacción sobre todo de quien lo promocionó pensando que era tonto. La mayoría de los mediocres son listos. Por eso el inteligente, si no es tan vivo como el mediocre, acabará estando en inferioridad de condiciones y tendrá muchas más papeletas para acabar fuera de la circulación. Que se lo digan si no a quienes se quedaron en el camino a costa de Rajoy. Que se lo digan a tantos como, presuntamente más brillantes que él, no consiguieron tener tan engañado al jefe como para que éste los designara a ellos en lugar de a este insustancial e insípido trilero. 

Si uno es mediocre pero sabe humillarse, al final lo consigue todo, decía Pierre de Beaumarchais doscientos años antes de que nacieran Aznar o Rajoy. La literatura le ha dedicado centenares de textos a este fenómeno, inspirados en la vida misma desde que el mundo es mundo, pero que si quieres arroz: no ha servido de nada. Quienes, llegado el día de ceder el testigo de su poder sea en una empresa, una secta, un partido político o una asociación de numismática tengan que decidir quién los sustituye será difícil, si depende de ellos, que no acaben optando por quien crean que les permitirá continuar mangoneando en la sombra o les transmita la tranquilidad suficiente para creer que lo dejan todo “atado y bien atado”. Luego, claro está, todos acaban saliéndole “ranas” a sus antecesores y negándolos tres veces antes que cante el gallo. 

Sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento, dejó dicho Somerset Maugham. Porque la mediocridad, es cierto, supone una excelente inversión para quien sabe administrar la paciencia con la misma pericia que la falta de escrúpulos. Solo quien tiene práctica en ejercer de don nadie durante años es capaz de actuar, una vez en el poder, como lo hace Rajoy. Sólo desde la mediocridad se explica esa caradura y ese incondicional sumisión a los bancos, a los empresarios, a los designios europeos… 

El mediocre suele preferir que otro dé la cara por él. Por eso Rajoy acaba hablando de la lluvia cuando tiene que salir al paso de cualquier “patata caliente” informativa: porque tarda en darse cuenta que, por mucho que mire a su alrededor, es a él a quien le toca torear ese toro antes o después. Y claro, acaba mintiendo descaradamente, legislando sin pudor, faltando a todas sus promesas y cabreándonos a todos menos a los bancos, a quienes el próximo viernes les va a regalar por la cara otros treinta mil millones de euros. Y además no se le mueve un músculo de la cara cuando admite, como ha hecho este martes, que lleva dos años puteándonos, sí, pero que el tiempo nos lo devolverá con creces. 

Nadie acaba siendo más dañino que aquel cuyo peligro no ves hasta que las cosas ya no tienen remedio. Debió humillarse tanto para estar donde está que él sí que se lo está cobrando con creces.

J.T.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Las memorias de Rajoy, ¿para cuándo?


Estoy deseando leer las memorias de Rajoy. Por eso quiero que se vaya cuanto antes. 

Tengo miedo que se pase la moda de las memorias de expresidentes, que dejen de hacer furor los libros de antiguos inquilinos de la Moncloa y ya no haya ningún editor dispuesto a soltarle una pasta a Mariano para que escriba obviedades trufadas con alguna que otra insolencia y las remate, como sus antecesores, traicionando confidencias a cambio de dinero. 

Deseandito estoy de ver cómo replica Rajoy a las descalificaciones de su otrora mentor. Quiero ver cuanto antes cómo ejerce de jarrón chino, aunque se forre haciendo bolos "everywhere" y ocupando cargos en agradecidos consejos de administración siempre dispuestos a recompensar servicios prestados. 

Cuando ya le hayan/hayamos dado la patada quiero ver cómo explica los tejemanejes de los extesoreros de su partido. Quiero saber cómo fueron esos largos ocho años que transcurrieron desde que José María lo ungió como sucesor, en detrimento del ahora denostado Rato, hasta que consiguió llegar al poder. Quiero saber cómo fue esa travesía del desierto, cómo salió airoso a pesar de perder dos elecciones y haberse despedido prácticamente en una de ellas desde el balcón de Génova. Quiero saber qué fue haciendo para cabrear cada vez más a su padre político. 

Quiero que se vaya Rajoy, quiero que se vaya ya porque no puedo estar más tiempo sin saber lo que pasaba en esos garajes de los hoteles o del senado por los que huía despavorido de los periodistas. Quiero saber cómo justifica todas las putadas que nos ha gastado: si obedecen a una vergonzosa y sumisa docilidad ante las instituciones europeas o, como le pasa al escorpión cuando pica, es que su carácter es ese y no puede evitar ser como es. 

Quiero saber si es capaz de explicar por qué traicionó su programa electoral, por qué prometió hasta que metió y, como suelen hacer los seductores baratos, "una vez metido, no cumplió nada de lo prometido". Quiero comprobar si de verdad no le da vergüenza haber proclamado a los cuatro vientos, con grandes portadas en la prensa amiga, que no tocaría la sanidad, la educación ni las pensiones, y luego montar la que ha montado. 

Yo por unas memorias de Rajoy, es que ma-to. 

Necesito que me cuente qué se había tomado el día que se puso a elegir su equipo de gobierno. Necesito que me diga con cuántos whiskies encima llegó a la conclusión de que personajes como de Guindos, Montoro, Gallardón o Fernández Díaz iban a ser "la caña". La caña de España. ¿O era algo más fuerte que el whisky? Porque para meter en la lista a Wert, Mato, Báñez o Margallo no sé yo si basta con estar bebido. 

Que se vaya ya Rajoy. Fuera. Pero no por lo que ha hecho, pobre, que seguro que él no quería y no ha tenido más remedio. Lo que quiero es que me lo cuente. Que me lo cuente en un libro como Felipe, como Aznar, como Zapatero, o como Fernando Ónega que va por ahí escribiendo ahora sobre el tiempo que pasó junto a Adolfo Suárez. 

Lo va a petar Mariano cuando cuente sus paseos en barco con Merkel por Chicago, sus flirteos con Obama o sus despachos con el rey tras saltar por los aires el tabú informativo de tantos años sobre la Casa Real. Y cuando saque a la luz toda su correspondencia íntima con Bárcenas, ¿qué me decís? Sus comparecencias en plasma, al lado de todo esto, van a quedar a la altura del betún, como su patético intento de censura a la entrevista que le hicieron en Bloomberg. 

No puedo vivir más tiempo sin que Rajoy me cuente por qué cree él que cayó en desgracia con pedrojota; estaré en un sinvivir hasta que me explique qué le llevó a promover una reforma laboral tan guai; no lograré conciliar el sueño hasta que no me pormenorice cómo consiguió bordar el gobierno más fascista y retrógrado desde que se murió Franco. 

Quiero que Rajoy se vaya ya. Ni él ni los editores deben desaprovechar la excelente racha por la que atraviesan las memorias de los expresidentes. Sería una pena que dejaran pasar ese tren. Aunque siempre, eso sí, lo podríamos tener de comentarista deportivo en el "Marca", su publicación de cabecera y junto a los sudokus, su distracción favorita.

J.T.

sábado, 20 de julio de 2013

La justicia se empeña en no hacerse respetar


¿Cómo es posible que personas que tienen en sus manos la capacidad de meternos en la cárcel o de firmar una sentencia obligándonos a pagar un multón del carajo, estén dedicando parte de su ya de por sí ocupadísimo tiempo a montar la que están montando?

¿Cómo es posible que ni siquiera la institución judicial se haya podido quedar al margen de los pestilentes líos en los que nos venimos moviendo desde hace un tiempo y que han acabado cargando el aire de nuestro país hasta el punto de hacerlo prácticamente irrespirable? Estamos perdiendo hasta la fe en la justicia porque los mismos jueces parecen empeñados en ello.

Hace mucho que vivimos instalados en la desconfianza. Nadie se cree ya nada de lo que dice el gobierno; los políticos y los partidos a los que estos pertenecen atraviesan una etapa de desprestigio ganada a pulso con méritos más que sobrados; quien tiene cuatro duros teme dejarlos en el banco y prefiere gastárselos o esconderlos en el colchón como en tiempos... 

Acabaremos por no fiarnos ni de los bomberos, ni del médico que nos va a operar o el piloto del avión en el que viajamos. Todo es inseguridad ¿Con qué ánimo pones tú ahora una querella en el juzgado de lo civil o de lo mercantil de tu barrio cuando ves todos los días en los telediarios a los jefes de los que te van a juzgar tirándose los trastos a la cabeza los unos a los otros, ajustándose cuentas entre ellos y entreteniéndose en feroces diatribas en lugar de espabilar y meterle el turbo a casos que se eternizan y pasan años sin que se resuelvan?

- ¿Qué es eso de que el presidente del Tribunal Constitucional, tribunal de tribunales, el "masca" de todos los "mascas", se descubra que es militante del pp (tras haberlo ocultado en la comisión de nombramientos del Senado, previa a su designación) y se empeñen en hacernos comulgar con ruedas de molino minimizando la importancia de un hecho que ellos mismos saben que es de suma gravedad?

- ¿Por qué van a empurar al juez que metió en la cárcel a Miguel Blesa, ex presidente de Cajamadrid y amigo (¿o ex amigo?) de José María Aznar?

- ¿Qué significa eso de que el juez Ruz, el que ha metido en la cárcel a Bárcenas, no se sepa si va a seguir o no con el caso porque es juez sustituto y cuando llegue el titular ya veremos qué pasa?

- ¿Por qué tantas chinas en el zapato al juez que lleva el asunto Urdangarín y compañía?

- ¿Qué ocurre con el caso de los eres andaluces y el desesperante ritmo de Mercedes Alaya con la instrucción del sumario? ¿cuántos años de guardia le quedan a mis compañeros a las puertas de los juzgados de Sevilla cubriendo esta información y viendo cómo entran y salen testigos o imputados en el asunto?

- ¿Cómo es posible que el juez que consiguió acojonar a Pinochet, que encarceló a decenas de etarras y acabó con la impunidad de narcotraficantes de medio mundo, sus propios compañeros no hayan parado de buscarle las cosquillas hasta conseguir quitarlo de la circulación hasta el 2023?

Aunque solo fuera por una mera cuestión estética, digo yo que no estaría mal cortarse un poco. El mundo entero nos está mirando con lupa y la imagen que estamos dando, entre unas cosas y otras, es de verdadera vergüenza.


J.T.

lunes, 8 de julio de 2013

Peor que en 2015, dice el tío


Ni para replicarle a su crítico predecesor se apea el peligroso Mariano de su manida y cansina cantinela:

-Estamos haciendo lo que hay que hacer
-Nadie podrá decir que no estamos tomando decisiones
-Los balances se hacen al final

Tuvo, eso sí, un ligero atisbo de socarronería cuando remedó aquel manoseado "España va bien" y lo convirtió en un atrevido "España va mejor". Y ese cachondo que Rajoy lleva dentro, según mi amigo Javier B. y algunos otros incondicionales del todavía presidente, remató con una osadía más:

- Estamos peor que en 2015

En la Fundación FAES, terreno hostil, Mariano fue soltando lindeza tras lindeza durante veinte minutos este domingo. Lo hacía mirando al tendido mientras a su izquierda, con ese aire de inspector de Hacienda que esgrime desde que en 1976 aprobara las oposiciones, su antecesor no movía ni uno solo de sus trabajados músculos y mantenía esa mirada fría y autosuficiente de jarrón chino que se resiste a convertirse en florero.

Se veían en persona por primera vez desde la teledirigida reprimenda televisiva. Mes y medio ha transcurrido desde la entrevista a Aznar en Antena 3 Televisión y Rajoy quiso aprovechar para replicarle pasando lista: “Solo en el último mes el Consejo de Ministros ha aprobado entre otras, y digo entre otras... la ley de educación, la de emprendedores, la reforma de la Administración, la autoridad fiscal independiente, la ley de unidad de mercado, la de morosidad, las soluciones para Ayuntamientos y universidades con problemas financieros, y la creación de la comisión de expertos para reforma sistema tributario"

En lugar de avergonzarse del terrible listado de tropelías perpetradas, va el tío y se pone a presumir de lo mucho que machaca a los ciudadanos. A tenor del lugar donde lo hacía, podría entenderse como una rivalidad de patio de colegio en la que los más gallitos compiten por ver quién es el más perverso, el más malvado, el más cabrón en definitiva. Y la verdad es que, a lo tonto, el gafotas de la barba le va ganando terreno al chulo bajito de bigote afeitado: "Te jodes, Josemari, parece que pensara, en un año y medio me he llevado por delante más derechos laborales, sociales y ciudadanos que tú en dos legislaturas, con todo lo malísimo que te las das de ser"

No sólo se limitó Rajoy en FAES a enumerar fechorías ya consumadas sino que sacó pecho para presumir de los próximos machaques que nos esperan: "En breve -añadió- vamos a aprobar la reforma energética, la racionalización de la Administración local, la ley de telecomunicaciones, la reforma de las pensiones, y haremos un informe de evaluación de la reforma laboral que puede llevar o no a decisiones”. 

No se quedó ahí porque también insinuó la posibilidad de una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral, que es lo que quiere Bruselas, y también la patronal. Así se entiende lo del "estamos peor que en 2015": nos va metiendo de lleno en la mierda para luego poder vender como mejora que nos presta una manguera para ducharnos.

Aznar y Rajoy este domingo en Guadarrama, con su estudiado look veraniego y sus tintes de pelo al día, se habían desayunado con los primeros trinos procedentes de Soto del Real. Se exhiben en el estrado pero se escabullen en los pasillos (nunca un periodista a menos de tres metros de distancia) mientras en los calores carcelarios se va cociendo a fuego lento el hombre que durante veinte años los tuvo a salvo de preocupaciones económicas. El nombre y los números de Bárcenas sobrevuelan en cada lugar en el que uno u otro aparecen en público.

-  Estamos peor que en 2015

Sobre todo estamos peor, Mariano, quienes aspiramos a que para esa época Bárcenas haya cantado ya todas las óperas de Verdi juntas y eso signifique que tú y muchos de los tuyos nos hayáis dejado en paz de una puñetera vez.

J.T.

viernes, 14 de junio de 2013

Aznar y la vanidad


En "El secreto de sus ojos", el violador y asesino de la historia se mantiene firme durante todo el interrogatorio hasta que a la oficial se le ocurre dudar del tamaño de su pene.

- Este no ha podido ser, le dice a su compañero, la profundidad de las lesiones vaginales permite inducir que el atacante era un hombre muy bien dotado. Obviamente, no se refieren a este microbio que debe tener un maní quemado.

El violador, en ese momento, se desenmascara y canta. Se abre la bragueta, presume de dimensiones y dice:

- Acá tenés, conchuda, a ver si te gusta este pedazo. ¿Hormona me falta, puta de mierda? ¿Sabes cómo me la cogía esa hija de puta? ¡Bien cogida que me la cogía la yegua esa!

Le propina un bofetón a quien había osado dudar de su "dotes" y remata la confesión:

-Vos no tenés ni idea de lo que le hice a esa roñosa... Lo que lloró... Lo que pidió...

La vanidad, siempre la vanidad

En realidad lo que Eduardo Sacheri hizo en su novela con este episodio, que Juan José Campanella inmortalizaría en una excelente película, fue actualizar la fábula en la que Esopo cuenta cómo un zorro consigue el trozo de carne (en la versión de Samaniego es un queso) que un cuervo tiene en el pico poniendo en duda la capacidad del pájaro para cantar.

"Mataiotes mataioteton, ta panta mataiotes" (ματαιότης ματαιοτήτων τὰ πάντα ματαιότης‏), puede leerse en el capítulo 12, versículo 8 de El Eclesiastés: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Cuando aplicas esta fórmula entiendes mejor muchos aspectos del comportamiento humano a los que sería difícil encontrarle explicación bajo cualquier otro prisma.

Herir la vanidad de alguien es apostar por su enemistad. Halagarle es garantía de complacencia. Los pelotas lo saben bien, prosperan gracias a ello. Los represaliados también: cuando buscan explicaciones a sus desdichas basta con que recuerden en qué momento no supieron halagar lo suficiente la vanidad de aquel en cuyas manos estaba su destino.

La historia de la humanidad está llena de vanidosos que decidieron montar pollos infames cuando alguien les tocó la moral poniendo en duda su inteligencia, su belleza, sus conocimientos o las dimensiones de su pene.

Mucho me temo que el verdadero problema que tenemos con Aznar es ese: que él entiende que se están poniendo en duda sus méritos, que ya no lo halagan lo suficiente ni aquellos que a su entender se lo deben todo. Es más: lo ningunean. Para llamar la atención decidió el hombre cultivar una envidiable tableta, dejarse el pelo largo, esconder las canas, afeitarse el bigote... y no había manera de que le hicieran caso. Ni siquiera ese desagradecido sucesor que, si ha llegado a ser quien es, es solo gracias a que él lo decidió.

Tampoco le reconocen ni valoran, debe pensar, que decidiera irse voluntariamente después de ocho años. Ha estado cómodo y callado, haciendo bolos por el mundo y montándose en el dólar hasta que a alguien se le ha debido ocurrir dudar de algo que le ha tocado la moral.

¿Quién ha sido el incauto del pp que le ha quitado el trozo de carne de la boca a Aznar? ¿o ha sido queriendo? ¿Quién ha osado dudar de su capacidad para liarla parda? ¿o es precisamente eso lo que quieren, que monte un pifostio del carajo la vela? Por lo que más queráis, peperos todos, no me lo sigáis picando no vaya a ser que un día, como en el interrogatorio de Ricardo Darín y Soledad Villamil al asesino de "El secreto de sus ojos", nuestro arrogante prohombre se caliente tanto que acabe bajándose la cremallera de la bragueta.

J.T.