jueves, 12 de marzo de 2026

Àngels Barceló en Tel Aviv o cuando ir pa ná es tontería



La esencia del periodismo es ir allá donde suceden las cosas, ver lo que pasa, escuchar, hablar con la gente y contarlo. Ser testigo de lo que sucede es lo que dota de sentido el oficio periodístico. Testigos “privilegiados”, pequeño matiz que no podemos olvidar, porque viajamos y contamos para quien no lee, quien nos oye, quien nos ve. El nervio de un buen profesional se demuestra así y Ángels Barceló lo ha hecho muchas veces, yendo por ejemplo a Ucrania, a Valencia y recientemente a Grazalema. Contar lo que pasa en Oriente Medio desde allí en estos momentos es algo que, en principio, también es una buena iniciativa profesional. La cuestión, en este caso, es qué lugar eliges para hacerlo y a quién le pones el micrófono para que hable.


Elegir Israel ahora es optar por el lugar del agresor y contar con sus parabienes para hacerlo. Eso, en momentos como este, tiene un precio que dificulta emitir un programa en directo sin convertirte en portavoz de quien te proporciona las facilidades. No es exactamente periodismo de guerra, es crónica desde la óptica del agresor por mucho que intentes evitarlo. 


La tormenta desatada en redes a propósito de esta iniciativa ha sido furibunda. Mientras algunos consideran que informar desde el terreno tiene un mérito indiscutible, otros interpretan la iniciativa como una forma de normalizar o “blanquear” la narrativa del Estado de Israel. Abundan especialmente las acusaciones de blanqueo, las que argumentan que al emitir desde Tel Aviv, Barceló ha normalizado la ocupación israelí y humanizado solo un lado del conflicto, justo el del que lo inició. Invitar a según que analistas acaba para algunos con la imparcialidad porque eso es legitimar al agresor. Otras voces han argumentado que el desplazamiento de la directora de “Hoy por hoy” a Israel no blanquea el sionismo, sino que lo que hace es mostrar el sufrimiento de ciudadanos israelíes atrapados por políticas sionistas extremas. 


Otro enfoque es el que se ha realizado desde perspectivas pro-israelíes como ACOM, una organización española que promueve la relación entre España e Israel y lucha contra el antisemitismo: la han atacado por “demonizar” Israel y la han llamado miserable por hablar de apartheid y genocidio al tiempo que se beneficia de su “democracia” para informar libremente. La Cadena SER, por su parte, ha presentado el especial como una cobertura "de primera mano" del conflicto en Oriente Próximo enfatizando el ruido de misiles interceptados y el ambiente de normalidad forzada en Tel Aviv. Barceló relató en directo cómo ella y su equipo tuvieron que refugiarse tras sonar alarmas antiaéreas, explicando que se escuchaban “los misiles interceptados” tras un ataque iraní. 


El objetivo declarado de la emisora era ofrecer análisis y testimonios desde el terreno en medio de la escalada bélica, pero si eso no se hace equilibrando las miradas dejamos cojo el sentido de nuestro trabajo. En este caso, eso estaba difícil. Sin olvidar que el ecosistema mediático hegemónico tiende estructuralmente a reproducir la agenda de las potencias y de sus aliados. Desde un punto de vista estrictamente periodístico, un profesional debería evitar entrar en ese juego. Está muy bien ir, faltaría más pero, como decían aquellos, “ir pa ná es tontería”. A menos que el objetivo fuera ir para lo que se fue.


J.T.

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