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lunes, 3 de febrero de 2014

Carta abierta a Alberto, el del aborto


Que no, Alberto, que no. Que no nos vas a volver a meter en aquella España siniestra. 

Que no, Alberto, que ni tu suegro siguiendo “el ejemplo” de Blas Piñar ni tú reivindicando la faceta más negra del pasado de tu padre asustáis ya a nadie. 

Entre tu estomagante voz de pijo, Alberto, y tu mensaje añejo e intolerante has acabado siendo clavadito a aquel entrañable guiñol tuyo del Plus que tanto añoramos. Como decía Picasso, todos acabamos pareciéndonos a nuestras caricaturas. Pero tú es que la has bordao. 

Nos costó mucho, Alberto, sacudirnos las pezuñas de tu gente y no te vamos a consentir que te pases “ni mijita” intentando resucitar viejos fantasmas. Nadie salvo Rouco, tú y unos cuantos meapilas más continuáis obsesionados en este país con los asuntos del bajo vientre, Alberto. Vosotros sabréis por qué. Porque pese a las muchas carencias y a las putadas de órdago que nos gastáis, hace mucho tiempo que este país vuela libre y emite en una longitud de onda distante años luz de tu chirriante discurso. 

Que no, Alberto, que no. Que los fachas como tú ya no dais miedo. Aunque si te esmeras, por el camino que vas no tardarás en acabar dando pena. Cada vez que te escucho, empeñado en no bajarte del burro, me acuerdo de “Don erre que erre”, aquel obstinado y patético personaje que tan magistralmente interpretó Paco Martínez Soria, aquel testarudo comerciante que jamás daba su brazo a torcer porque siempre estaba convencido de ser él quien tenía la razón. 

Parece mentira que un tío culto como tú, que de tan culto llegas a relamido, apuestes por la obstinación y con tu cabezonería nos recuerdes a tus facciosos antepasados cuando en sus tiempos gloriosos, esos que tú tanto pareces añorar, incapaces de explicar sus felonías y mucho menos de argumentar las razones por las que ordenaban tantas cosas absurdas, apostaban por zanjar cualquier atisbo de debate con un grito histérico y un puñetazo encima de la mesa: 

- Esto se hace así porque lo digo yo. S’ha acabao. 


Parece mentira, Alberto, lo engañado que tenías al personal hasta que por fin te has soltado el pelo y has decidido salir del armario. No vamos a parar, Alberto. El domingo fue Femen lanzándole braguitas manchadas de rojo a Rouco Varela. El sábado fue “El tren de la libertad” que llevó a Madrid a decenas de miles de mujeres de toda España para gritar contra ti y tu inaceptable intención de reformar la vigente ley del aborto. Hace unos días el “New York Times” nos sacaba los colores por tu culpa y Europa entera no acaba de darle crédito a tanta chorrada como se te oye decir… 

No lo vas a conseguir, Alberto, y tú lo sabes. Te queda poco tiempo para una retirada honrosa. Del proyecto o, ya puestos, de tu misma mismidad directamente. Así que aprovéchalo. Aprovecha ahora que se marcha Rouco y vete con él. Recógete en un monasterio y dedícate a rezar por la salvación de nuestras almas. Te quedaremos eterna y sagradamente agradecidos.

J.T.

jueves, 10 de octubre de 2013

Las tetas como arma


Me ha parecido genial

El golpe de efecto de las tres activistas de Femen este miércoles en el Congreso de los Diputados tiene un recorrido “icónico”, que dirían los cursis, espectacular.

Las tetas al aire desaletargan. Espabilan. Generan tensión, como bien argumentan las activistas de Femen. Y si en el pecho desnudo se puede leer con claridad que “El aborto es sagrado”, el mazazo acaba teniendo un efecto indiscutible.

Con acciones así es como hay que tratar a sus apoltronadas señorías. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, lo que quedará para siempre en nuestras retinas es la imagen de esas tres admirables jóvenes encaramada una a la columna, aferrada otra a la barandilla y una tercera cabalgando sobre el pasamanos gritando con todas sus fuerzas y desembarazándose de unos ujieres cuyo exceso de celo para acabar con la protesta hizo temer al presidente de la Cámara por un accidentado desenlace.

Han dado en la tecla con este tipo de protesta las activistas de Femen. No pasará desapercibida. Ni sus protesta ni las anécdotas durante el desalojo: ese zapato que casi le cae en la cabeza a alguien del pp, esa cara de alelao jugando a impenetrable jugador de póker de Gallardón o la expresión de abuelete preocupado de Posada, “no fuera que le pasara algo a las niñas”.

O esa ujier que para desalojar a la más irreductible de las tres le estuvo metiendo mano en las tetas hasta la saciedad…

¡Chapeau por ellas! Estos son los mensajes que calan. Estas son las acciones que tienen repercusión. Hasta el lema de la protesta, “El aborto es sagrado”, es un verdadero hallazgo. No sé cómo no se le había ocurrido a alguien antes. Es un pedazo de frase que espero perdure en el tiempo. Como espero que perdure también la estupefacción de Gallardón, que a punto estuvo de rasgarse las vestiduras allí mismo en el escaño por lo que le parecia un sacrilegio y por los aplausos de Izquierda Plural.

Pero ni esa oportunidad saben aprovechar los Cayo Lara y compañía. Están tan instalados en lo políticamente correcto que no han sido capaces de decir que la protesta de Femen les parecía poco para lo que en realidad se merecen sus señorías. Se han limitado a los aplausos y a una escasamente agresiva réplica a Gallardón, a quien por cierto cada vez se le ve más cara de acabado: si antes de ser ministro le gustaba a poca gente, ahora ya no le gusta a nadie y él lo sabe. Y menos que a nadie a sus propios correligionarios.

Sí, Gallardón, sí: el aborto es tan sagrado como el derecho de los ciudadanos a exigiros que gestionéis para servir y no para putear. “Falta de respeto a la soberanía popular”, dices que ha sido la protesta en el Congreso de las tres jóvenes de Femen. Pero… ¿tendrás cara? Sabes de sobra que la primera falta de respeto es la vuestra, que tras conseguir esos votos soberanos, no habéis hecho más que faltar sistemáticamente a todas vuestras promesas, no parar de asustar, de mentir, de amenazar…

Bravo por Femen y por su contundente protesta llevada a cabo donde hay que hacerla: en el seno del Congreso de los Diputados.

No ha sido una protesta más. Ni una mera anécdota. Ha sido un verdadero acierto, una iniciativa genial en su concepción y en su desarrollo.

J.T.