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sábado, 27 de julio de 2013

El desguace programado de tve


El desdichado episodio de la noche del 24 de julio ha dejado con las vergüenzas al aire a tve y ha evidenciado las carencias en las que se desenvuelve una televisión pública cuya existencia carece de sentido si cuando tiene que ser útil no lo es.

La escandalosa envergadura del ridículo que hicieron en la cobertura del accidente de Santiago ha llevado tanto al Consejo de Informativos como a los sindicatos a publicar sendas notas informativas criticando lo que pasó. Lo que ocurre es que, tras conocer su contenido, a mi me quedan bastantes dudas. Veamos:

Dice el Consejo de Informativos, tras darse algún que otro golpe de pecho y dejar toda la responsabilidad en el tejado del staff de la cadena, que espera que la experiencia sirva "para elaborar un protocolo para casos de emergencia o delimitar claramente las funciones de coordinación" Vamos a ver, ¿me estáis diciendo que eso no estaba hecho? ¿Me estáis diciendo que con la pasta que nos cuesta mantener ese medio de propaganda al servicio del gobierno, ese aparato para cuyo mantenimiento la excusa es que se trata un servicio público, cuando llega el momento de funcionar como tal resulta que no existe un protocolo que contemple esa posibilidad?

Me estáis diciendo que tenéis un canal de 24 horas que cuesta diez veces más de lo que costaba cnn+, un canal cuya esencia ha de ser la rapidez y los reflejos ante lo imprevisto, y que a pesar de todo os faltan medios, personal y protocolos?


Acto seguido disparan: "El trágico accidente de Santiago ha puesto en evidencia las consecuencias de la gestión de los responsables de informativos, hablamos en este caso de TVE. Sus cada vez más demostradas graves carencias y sus graves errores de gestión nos han colocado en un mal lugar, no hemos sabido cumplir con nuestra obligación de prestar el servicio público de calidad que se nos exige y que es la esencia de nuestro trabajo".

Y rematan: "Los recientes cambios anunciados en distintas responsabilidades de las distintas áreas de informativos para la nueva temporada parecen guardar una intencionalidad que en nada es compatible con las necesidades reales que tienen los servicios informativos de TVE"

Llevan toda la razón en lo que dicen. La nueva dirección de tve deja cada vez más en evidencia la política de desguace programado que los ultraliberales que nos gobiernan practican descaradamente con la empresa. Hasta que no acaben con ella no pararán, para luego privatizarla por cuatro duros. Todo eso es verdad, es denunciable, y hay que hacer todo lo posible por evitar que lo consigan.

Pero hay momentos en los que, cuando ocurren cosas como las del 24 de julio, alguien tiene que decir algo más. Con el mayor espíritu constructivo, créanme los que me lean, yo pienso que es bueno matizar y puntualizar algunas cosas, a riesgo de que hacerlo pueda ser considerado poco corporativo y políticamente incorrecto.

Quien haya trabajado en un canal de información continua sabe que actuar con rapidez y dar información de primera mano no es solo cuestión de dinero ni de protocolos sino de pundonor, ganas y un cierto punto de insensatez. Cuando ocurre un desastre como el de la noche del miércoles 24 en Santiago de Compostela primero se pone uno en marcha y después pide permiso. Los criterios informativos han de primar por encima de los burocráticos sin perder ni un solo minuto en la duda sobre si saltárselos o no. Hay que saltárselos, aunque el que mande no tenga sangre en las venas.Cuando está en juego tu prestigio profesional no te tiene que importar la bronca que te puede caer por hacer las cosas como crees que debes. Igual fue así como actuó la infantería de a pie, en cuyo caso me la envaino, pero convendrán conmigo que si esa fue la actitud no consiguió tener ningún reflejo.

Sin ánimo de darle lecciones a nadie, era muy fácil haber quedado bien el día 24: se interrumpe la programación habitual, por lo civil o por lo militar, se pone alguien en plató, se hacen conexiones telefónicas, fotos, referencias de tuitter, yo qué sé, pero se informa. Se dan teléfonos útiles, se invita a alguien urgentemente a plató, se pide a todo espectador que tenga una imagen que la mande por email y se emite inmediatamente. ¿O eso solo se puede hacer con las postales de "El tiempo"? Si es necesario se hace radio televisada, no pasa nada, pero se informa y se demuestra que, salvo imponderables, todo lo que humanamente se puede hacer se está haciendo.

Hay momentos en la vida donde uno no puede ir de agraviado. Pero no todas las responsabilidades son siempre del poder. Pegarse latigazos sacando un comunicado que atribuye a la falta de medios el mayor porcentaje del fracaso no creo que zanje la cuestión de fondo. 

Los sangrantes recortes han dejado la casa como un erial, sobre todo en los centros territoriales, es verdad. 
Pero mucho me temo, conociendo la caradura de los prebostes, que van a intentar darle la vuelta a lo que ocurrió para utilizarlo en beneficio de sus mezquinos objetivos. Si la televisión pública, con lo que cuesta -argumentarán-, no sirve ni para dar el do de pecho en noches como la del 24, ¿para qué mantener tanto gasto? 

Y continuarán con el desguace hasta conseguir privatizarla y ponérsela en bandeja al Vasile de turno, quien proclamará también sin pudor alguno que las televisiones no necesitan periodistas, sino comunicadores.

J.T.


jueves, 25 de julio de 2013

La vergüenza de las televisiones la noche del 24


La noche del 17 de diciembre de 1983, cuando un incendio en la discoteca Alcalá 20 de Madrid sembró el pánico y 78 jóvenes murieron antes de conseguir salir de la ratonera en que se convirtió el local, unos compañeros de televisión española, la única que todavía existía en España, se enteraron de la tragedia mientras tomaban unas copas. Sin dudarlo un instante corrieron a Torrespaña para conseguir una cámara y poder cubrir la noticia, pero en seguridad les dijeron que necesitaban una autorización para sacar material profesional del edificio. 

Treinta años después de aquello, lo que ocurrió este miércoles en Santiago a la hora de informar del siniestro del tren Alvia no es que haya sido igual: ha sido mucho mucho peor porque hace mucho tiempo que existen decenas de canales televisivos que el 24 de julio no sirvieron para nada. En 1983 no sabíamos lo que era un teléfono móvil y las cámaras de vídeo pesaban una burrada además de necesitar un carrito BCN-20 para transportar la cinta grabadora. En 2013 hay un smarthpone casi en cada bolsillo, existe el streaming, las minicámaras, las unidades móviles que se desplazan en un plis plás... Pues nada. Casi, casi como en Alcalá 20. 

Sin interrumpir la programación habitual, un banner daba cuenta en algunas cadenas de la tragedia que se estaba viviendo a las puertas de Santiago tras descarrilar un tren en el que viajaban más de doscientas personas. A medida que transcurrían los minutos aumentaba el número oficial de víctimas pero las televisiones ni brindaban imágenes ni informaban en directo.

Las redes ganaban por goleada: periódicos digitales, páginas webs, facebook ... y sobre todo twitter. En facebook pude leer cómo un periodista de tve se lamentaba de lo que ocurría en la casa para la que trabaja con estas palabras: "En 5 minutos de twitter me he informado mejor que en 15 minutos del informativo 24 horas de Tve (tramo 22h 35m - 22h 50m)" 

La televisión, todas las televisiones, las públicas y las privadas, perdieron la batalla del 24 de julio a manos de twitter... y de la sempiterna radio, que es el medio que nunca nos falla. Cuando apenas media hora después del accidente escuchaba en la Ser a un redactor gallego narrar in situ, emocionado y atropellado, todo lo que veía con sus propios ojos tras haberse colado con el grupo de seguridad de una autoridad de la zona, cuando escuchaba a los policías echarlo del lugar desde donde se había convertido en la referencia informativa de media España, me sentí orgulloso y hasta “envidioso” de ese trabajo periodístico al tiempo que no me explicaba cómo, en pleno año 2013, la televisión en nuestro país continúa sin ofrecer el servicio para el que se supone que está concebida cuando llegan momentos importantes. 

Había hasta cadenas extranjeras retransmitiendo, en los time lines de las redes no se hablaba de otra cosa y hasta las ultramontanas tedetés le acabaron mojando la oreja a las llamadas televisiones generalistas. Especialmente sobrecogedor fue el tuit de quien contaba cómo, mientras sacaba un cadáver del vagón, el teléfono móvil de la persona fallecida no paraba de sonar en su bolsillo. 

Las redes hervían, la CNN y la BBC retransmitían... mientras las televisiones españolas, todas, estaban a por uvas o sirviendo una información nefasta, escasa, torpe y casi inútil como en el caso de tve y su pariente pobre 24 horas. Me gustaría que el problema hubiera sido sólo la impresentable burocracia, como ocurrió en 1983 a quienes quisieron ir a por una cámara para cubrir la tragedia de Alcalá 20 y no se les permitió cogerla. Pero cuando la burocracia ahoga la eficacia es porque hay alguien que lo permite, o que por lo menos no tiene entre sus prioridades preocuparse porque esas dificultades no existan. 

¿Acaso había que controlar ahí algún plano de Rajoy? ¿No? Pues entonces, para qué ibamos a preocuparnos ¿Había que manipular algún total donde alguien metiera caña al gobierno? ¿Tampoco? Pues entonces tranquilos. Mañana sería otro día. 

La televisión de la propaganda ha abdicado de la apuesta por la noticia, se ha desentendido de la información, que es el principal sentido de su existencia. Pero no solo eso: es que en casos como el de este miércoles-noche había números de teléfono que repetir mil veces por su utilidad, había llamamientos urgentes que propagar para donar sangre cero negativo, eran muchos los allegados de los presuntos afectados por el accidente que estuvieron huérfanos de datos y a los que una televisión pública competente podía haberles sido de muchísima utilidad... Las televisiones, el miércoles por la noche, dejaron pasar la mejor oportunidad de ser útiles que han tenido en mucho tiempo. 

No estuvieron a la altura  las cadenas públicas ni tampoco las privadas. Claro que después de haber leído, justo 24 horas antes en El País cómo el mandamás de Tele5 proclamaba con absoluta desvergüenza que en los informativos de sus cadenas no hay periodistas sino comunicadores, todo se entiende mucho mejor.

¿Informar la noche del 24, ser útiles? ¡Quita, hombre! ¿Explotar el morbo inherente al suceso al partir del día siguiente sin ningún tipo de rubor mañana, tarde y noche? Por supuesto, todo lo que se pueda y más.

J.T.