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viernes, 5 de febrero de 2016

Assange, la canallada continúa

Mi familia, producto típico de la moral judeocristiana posguerra civil española, se empeñó en educarme para hacer de mí una persona decente. El catecismo les echaba una buena mano:"dios premia a los buenos y castiga a los malos"; los tebeos del Capitán Trueno y El Jabato reforzaban esa convicción y el Hollywood en blanco y negro de los 50-60 ponía la guinda: películas todas con final feliz en las que el bueno siempre ganaba y el malo recibía su merecido.

Cuando crecías, salías a la vida e intentabas aplicar esas bienintencionadas enseñanzas, empezabas a recibir tortazos a diestro y siniestro y así era como la realidad se encargaba de aclararte las cosas: mentir y robar siempre fue mucho más rentable que decir la verdad y ser honrado. Los malos pocas veces pagan por sus fechorías y a los que se empeñan en ser buenos, con el tiempo se les acaba poniendo cara de tonto.

El dilema llega cuando es a ti a quien te toca educar: "¿Cómo le cuento yo esto a mis hijas?". En mi caso, cuando llegó el momento, decidí optar por la media ponderada, usar ejemplos, dar pistas, hablar de pros y contras de una y otra opción y dejar finalmente que las conclusiones las sacaran ellas. Pero, como casi siempre suele suceder en las relaciones paternofiliales, nunca sabré si acerté o no.

Los casos de Assange y de Snowden me han servido para tener algunas conversaciones con ellas sobre la conveniencia o no de ser coherente y honesto en la vida: dos personas perseguidas por el aparato judicial y político del país más poderoso del planeta porque decidieron hacer lo que ellos creían que era justo: sacar a la luz pública las maldades, traiciones y mentiras por las que se rigen buena parte de los poderosos que mueven los hilos del mundo. "Creí que sabía cómo funciona el mundo. Nada me preparó para lo que me he encontrado", dijo Assange en octubre de 2010.

Seguramente Assange, Snowden y el soldado Manning, este último condenado a treinta y cinco años de cárcel, tuvieron unos padres parecidos a los míos. Puede que actúen convencidos de que el bien triunfa, que la denuncia de la injusticia acabará convirtiéndonos a todos mejores personas, con más criterio y capacidad para hacernos una idea aproximada de la verdadera manera en que funciona el mundo... A fe que están pagando cara su ingenuidad. Son el crudo símbolo viviente del encanallamiento en que vivimos.

Hablamos poco de ellos. Parecemos haber decidido mirar para otro lado entre avergonzados y resignados, es decir: cobardes. Y callarnos. Ahora, tras el anuncio hecho público por la ONU calificando de ilegal la situación en que se encuentra Assange y pidiendo que pueda abandonar su refugio en la embajada de Ecuador en Londres sin que el gobierno británico lo detenga, vuelve a ser actualidad una surrealista situación que dura ya cuarenta y cuatro meses, más parecida a una pesadilla que a algo que realmente esté sucediendo.

Pasarán unos días y nos volveremos a callar, nos olvidaremos, volveremos a ponernos de perfil ante esta flagrante canallada. Evidenciaremos nuestra impotencia desbordados por una situación que nos pone ante el espejo de nuestras propias contradicciones y nos deja todas las vergüenzas (las pocas que nos queden) al aire. No, Capitán Trueno, no es verdad que gane el bueno. No, querida familia, no es bueno que te llamen "buena persona" cuando lo que quieren llamarte es tonto.

En sus particulares confinamientos, admiro la fortaleza moral de Snowden y de Assange. Ellos, con Manning, son el símbolo de nuestra gran mentira diaria. Les debemos mucho a su trabajo y a su capacidad de resistencia, porque a medida que transcurran los años, más importancia irá adquiriendo lo que hicieron. Conviene, ahora que están vivos y que continúan resistiendo, no solo no olvidarlos, sino buscar la manera de rendirles el homenaje que se merecen.

J.T.

sábado, 28 de junio de 2014

Quien tiene un teléfono móvil, tiene un arma


El periodismo consistió y consistirá siempre en contar historias, en explicar a la gente lo que le pasa a la gente. Esa es la esencia, sí, pero también puede que sea lo único que no vaya a cambiar nunca. Todo lo demás es ya distinto desde hace tiempo, aunque muchos de los que nos dedicamos a esto parece como si no quisiéramos enterarnos.

Lo que el periodismo de toda la vida no acaba de asimilar es que la mitad larga de los ciudadanos, en los jóvenes el porcentaje sube mucho más, va por la vida llevando en su bolsillo un smartphone con grabadora incorporada, además de bloc de notas, máquina de fotos y cámara de video. Todo ello listo para ser usado en cualquier momento y con la capacidad de difundirlo al instante. Un arma de difusión masiva que convierte al testigo de cualquier acontecimiento en comunicador.

A pesar de esta evidencia irrefutable, los medios de comunicación tradicionales continúan aferrados a los esquemas de toda la vida: las televisiones públicas, por ejemplo, intentan continuar ocultando información, manipular lo que cada vez es menos manipulable y produciendo a costes insostenibles piezas informativas de minuto y medio que cualquiera con un smartphone y un programa de edición puede elaborar en su casa por un precio veinte veces menor. Y con la misma calidad y competencia profesional.

La prensa de papel busca la manera de reinventarse mientras los datos de difusión, cada vez más crueles, les ponen a diario frente a una realidad que todavía se resisten a admitir: están agonizando. Las redacciones de los medios albergan licenciados en periodismo, con su correspondiente carné profesional y al corriente de pago en la asociación de la prensa de su provincia, que calientan sillas durante ocho horas cortando y pegando teletipos de agencias con los ojos pegados al ordenador, mientras el periodismo lo hace en la calle quien está en el momento justo en el lugar adecuado y tiene los reflejos de ponerse a grabar aquello de lo que es testigo. Sea periodista o sexador de pollos.

Avances tecnológicos + agonía de los medios + precariedad laboral + escasez de presupuesto es una complicada ecuación que nos insta a ponernos las pilas y cambiar el chip. El periodismo exige estar en los sitios donde pasan las cosas, pero no hay dinero para pagar los taxis. El periodismo exige desplazamientos y una cierta paciencia cuando se trata de verificar datos, pero no hay dinero para hoteles. Al final, después de intentar sobrevivir a base de eres, explotando al personal, cargándote la mitad de las informaciones para no molestar a los anunciantes y explotando vilmente una docena o dos de becarios por redacción, los medios acaban sucumbiendo y cayendo en manos de bancos y de fondos de inversión.

Víctor Sampedro, en su libro "El cuarto poder en red" lo dice muy claro: "Hay que transformar los medios para retomar sus fines, porque el periodismo no da cuenta de la realidad y lleva mucho tiempo creando una ficción paralela. Blinda a los actores sociales más fuertes y desprotege a los más débiles".

Que el periodismo está, sin más, al alcance de quien anda por la calle con un móvil en la mano lo demuestran algunos de los vídeos que el compañero Héctor Juanetey ha subido estos días a su cuenta de you tube: en uno de los dos más recientes se observa cómo varios policias nacionales arrebatan una bandera republicana a una mujer el pasado día 19 y en el de este viernes 27, se evidencia la carga policial contra ciudadanos que protestaban por un sangrante desahucio en Madrid. Este último, según cuenta Juanetey en twitter, fue emitido por varias televisiones. Gratis total. Solo una empresa, tve, se puso en contacto con él para pagarle por la emisión.

Parece claro que vivimos tiempos muy poco definidos, tiempos ambiguos, tiempos de transición. Parece obvio que el periodismo de calle se puede practicar sin tener que desplazarse con sofisticados equipos de grabación... y para el periodismo de investigación basta en muchos casos con un ordenador conectado a internet y la determinación de buscar donde nadie busca: cientos, miles de datos públicos están esperando on line, en abierto o encriptados, que para eso están los hackers, para  quien quiera procesarlos, sacarle punta e infestar los medios, analógicos o digitales, de titulares con incontestable calidad periodística. Como también dice Sampedro "al informador le pagan por construir esfera pública, por crear condiciones y oportunidades de debate con datos y argumentos. Cualquiera, con ganas y conectado a internet, puede hacerlo". Llevo mucho tiempo diciéndolo: "quien tiene un móvil, quien tiene un ordenador, tiene un arma".

El periodismo consistió y consistirá siempre en contar historias, sí. Pero hay que adaptarse a los tiempos. Lo más interesante de todo es que nadie tiene ni puñetera idea, y el que diga lo contrario miente, de cómo será todo esto dentro de algunos años. Más bien pocos.

J.T.                                                                                              



miércoles, 16 de abril de 2014

"El fútbol es así"


En la medida en que menos cosas interesantes tienes que decir, más micrófonos te ponen alrededor para que hables. En la medida en que más cosas puedes aportar con tu trabajo a que la gente aprenda, piense, o se entere de algo que le pueda resultar útil… menos repercusión tendrá lo que digas y lo que pienses. No por nada. Sencillamente, nadie te buscará para que lo cuentes. 

Yo no digo que los boletines horarios de la radio, por ejemplo, tengan que estar dando cuenta de manera permanente de los últimos avances científicos en materia de células madre, ni que me endilguen sin anestesia una crítica literaria sobre la última novela de Milan Kundera a las primeras de cambio. Tampoco es eso. Pero si yo sintonizo un informativo y me están contando lo negras que están las cosas en Ucrania, las últimas decisiones de la dichosa troika o el incendio de Valparaíso… ¿es de recibo que de súbito me corten el rollo, cambien de registro y me coloquen a traición un total de Ancelotti y otro del Tata Martino soltando insustancialidades, perogrulladas y lugares comunes a propósito del partido que sus respectivos equipos van a jugar este miércoles? No que ya han jugado, no: que van a jugar! 

¿No hay suficientes espacios deportivos en las parrillas de programación de las teles y las radios? ¿No sacrifican ya bastantes horas de programas tipo “Hora 25″o “La linterna” para retransmitir partidos varias noches a la semana? ¿Es necesario también invadir el remate de cada boletín horario? ¿Es necesario que nos tengan al tanto, minuto a minuto, de cómo va la rodilla de Cristiano Ronaldo o de la recuperación de Carles Pujol? Nos lo sueltan, casi sin respirar, a renglón seguido y en el mismo tono en el que segundos antes nos estaban hablando de la prima de riesgo o del ridículo duelo a primera sangre que se traen entre manos desde hace días los socios del gobierno andaluz. Antes que te dé tiempo a cambiar el dial, ya te han colocado el parte médico completo del deportista de turno. Me sé mejor los partes médicos de los futbolistas que los de mi madre, y mira que está pachucha la pobre. 

A mí me gusta el fútbol, sí. Pero el fútbol. Como me gustan las motos, la fórmula uno, el baloncesto o el tenis. Soy capaz, llegado el caso, de tragarme sin rechistar un partido entero de cinco sets de Rafa Nadal. Es mi opción, como irme al cine o a la ópera. Pero para disfrutar de un espectáculo, no para que me hablen de esguinces, de rótulas malheridas ni de cláusulas de rescisión. 

Me gusta el fútbol, sí. Pero no la información presuntamente deportiva. ¿Por qué me tienen que martirizar mañana, tarde y noche con las aventuras y desventuras de jóvenes que no es que me caigan mal, no, pero cuya vida y milagros (lo que ganan, cuándo se les acaba el contrato vigente o qué equipo los quiere fichar) no me interesa en absoluto? 

No hay nada más predecible, ni más aburrido, que el recital de tópicos de un chavalín veinteañero cuando le meten micro al finalizar un partido: 

- Sí, el fútbol es así, hay que seguir trabajando, lo importante es el próximo rival, hay que ir partido a partido… 

Acto seguido se ducha, se atavía cual metrosexual y, a bordo de su imponente bólido, abandona el lugar entre vítores o vituperios, según el caso. Mientras tanto, centenares de jóvenes y desconocidos científicos, en cientos de laboratorios y universidades de todo el mundo, realizan calladamente su trabajo intentando discretamente ver cómo mejoran nuestra vida o incluso cómo cambian el mundo sin que nadie tenga ni idea de sus progresos ni de la duración de sus contratos. 

No me entendáis mal. No abogo por convertir los informativos en aburridos referentes científicos, pero… ¿no hay manera de encontrar un término medio, un cierto equilibrio? ¿me tengo que topar mientras me afeito por la mañana, cuando me tomo el aperitivo a mediodía o cuando regreso a casa después del trabajo siempre con informaciones sobre las insustancialidades que sueltan veinteañeros ricachones, o peor, ceñudos entrenadores que raro es el día en que no están cabreados con el mundo mundial? 

No me contestéis, que las razones por las que las cosas son así las conozco sobradamente. De lo que yo quiero dejar constancia aquí es de mi absoluto convencimiento que tanto empacho de evidencias evitables, además de molestarnos a muchos, a quienes las protagonizan tampoco les aporta nada. 

Conste que tengo en excelente consideración a algunos de estos “héroes”, como sin duda creo que son personas tan entrañables como Íker Casillas, Andrés Iniesta, Xabi Alonso o Xavi Hernández. Pero aún estarían mejor considerados, pienso, si no les obligáramos tanto a abrir la boca cuando no tienen nada que decir, que es la mayor parte de las veces. Lo suyo son los pies ¿no? Pues que hablen con los pies y dejémosles en paz. Que nos asombren en el campo, que es donde tienen que hacerlo. Empezando por esta misma noche de miércoles en Valencia.

J.T.

jueves, 3 de abril de 2014

Los astronómicos recortes en el Observatorio de El Calar Alto


¿Sabrá Mariano Rajoy qué es y dónde está el Calar Alto? La verdad es que cuando alguien se pasea por el mundo con el Marca en la mano, no sería extraño que desconociera que el Calar Alto es un observatorio astronómico hispano alemán que, ya a mediados de los años setenta del siglo pasado, puso a Almería y a España en el mapa de la astronomía europea y planetaria.

Contar entre los activos de tu país con un observatorio como el Calar Alto es, francamente, para sacar pecho sin ningún recato. Su prestigio, sus observaciones, sus descubrimientos y el reconocimiento internacional del centro, algo que se puede verificar pinchando en enlaces como éste, permitirían  a cualquier gobernante con mínimas inquietudes intelectuales presumir de ello en los foros internacionales con incontestable autoridad moral.

Tampoco se puede decir que los predecesores de Rajoy le hicieran nunca demasiado caso al observatorio astronómico de El Calar Alto, situado a 2.168 metros de altitud en la sierra de los Filabres, y donde las excepcionales condiciones meteorológicas garantizan más de 200 noches de observación al año. Un centro de investigación cuyos telescopios e instrumentos asociados han alimentado con datos, durante los últimos cuarenta años, miles de publicaciones científicas y centenares de tesis doctorales. Hay pocos así en el mundo.

Pero esta caterva de depredadores (Guindos, Montoro, Báñez, Soria, Mato,Wert...) que capitanea Rajoy parece que ha decidido, no sólo no hacerle ni puñetero caso al observatorio astronómico almeriense, sino que son capaces hasta de cargárselo directamente. Cerrojazo y punto. En el proceso de acoso y derribo al que este gobierno pp está sometiendo todo aquello que huele a cultura, investigación, ciencia o desarrollo, parece obvio que enclaves como El Calar Alto no les hacen ninguna falta a estos avariciosos indocumentados. Se trata de una verdadera joya, pero a estos acólitos de los dictámenes neoliberales les importa un verdadero pimiento.

¿Cuánto cuesta el mantenimiento anual del observatorio más puntero de Europa? Hace varios años, eran cuatro millones de euros, cinco mil veces menos que el dinero inyectado a Bankia; el ocho por ciento del dinero descubierto a Bárcenas en Suiza; una cantidad inferior incluso al precio del ahora embargado palacete de los Urdangarín en Pedralbes...


Hace algo más de un año se dispararon las alarmas: Los ocho astrónomos del observatorio almeriense y el personal que les ayuda a que su trabajo sea posible, unas cincuenta personas en total, empezaron a intuir que sus patronos podrían acabar, más pronto que tarde, dejándolos tirados. Los alemanes (Max Plank) y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), socios propietarios del centro a través de la empresa Centro Astronómico Hispano Alemán (CAHA) firmaron un convenio en el que se comprometían a mantener operativas las instalaciones hasta 2018 -lagarto, lagarto, ¿y después qué?- pero eso sí, a cambio de tijeretazos en el presupuesto verdaderamente astronómicos, nunca mejor dicho.

Llegaron a proponer hasta el  setenta y cinco por ciento de recortes. Luego se quedó en el sesenta, y este año 2014 el Calar Alto está resistiendo, mal, con poco más de dos millones de euros. Es decir, casi la mitad del presupuesto de antes. Ya han dimitido dos directores y entre los trabajadores los primeros en caer han sido el personal de limpieza y cocina, ocho personas que ya han dicho adiós y cuyo trabajo ahora lo realizan empleados de una empresa externa. Por menos de la mitad del medio millón de euros que los propietarios aseguran que costaba antes. Pésimo síntoma. Una vez cortadas las primeras ocho barbas, el resto de trabajadores ha puesto las suyas a remojar. Este jueves han finalizado una primera semana de huelga, durante la que han protestado en Madrid frente a la sede del CSIC, en Granada ante el Instituto Astronómico de Andalucía y en Almería ante las oficinas de la empresa CAHA.

He seguido con interés esas manifestaciones; he constatado, contrariado, la escasa repercusión que han tenido en los medios, incluidos los locales y autonómicos; he percibido desánimo e impotencia entre los profesionales que, a fecha de hoy, continúan siendo el soporte de un enclave científico puntero en todo el mundo. Pero lo que más me ha llamado la atención, lo que realmente me ha abierto las carnes, es que en su protesta había carteles y eslóganes pidiendo que "solo se les recorte el 25 por ciento". Me he tenido que frotar los ojos varias veces para verificar que estaba leyendo bien.

Pero vamos a ver, compañeros, que vuestros sueldos, yo lo sé, son más bien normalitos ¿cómo es que admitís entonces una rebaja del 25 por ciento? ¿cómo que aceptaríais de buen grado un tijeretazo que fuera "sólo" de la cuarta parte de vuestros actuales ingresos? ¿Significa eso que asumís la machacona y tendenciosa propaganda del gobierno que sostiene que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? ¿tanto ha calado la mentira de que la culpa de la crisis es nuestra? ¿tan inevitable veis el cierre? ¿tanto miedo tenemos ya en el cuerpo? ¿tan negro lo vemos todo que ya no salimos a la calle para exigir mejoras, para mantener nuestras conquistas, para reclamar el derecho a prosperar, sino que lo hacemos para que, dado que -con perdón- nos la van a meter hasta el fondo, al menos acabe siendo solo "la puntita nada más"?


Como avisa Juan Carlos Monedero en su libro Curso urgente de política para gente decente,  "el capitalismo necesita una sociedad de individuos que no tengan más remedio que vender su mano de obra en el mercado de trabajo al precio que éste le ofrezca". Así que, lo que modestamente creo que nos toca, es no permitir que esa humillación acabe siendo inevitable. Como sucede tantas veces en la vida, toda renuncia a derechos, toda capitulación frente a quienes aprietan las tuercas solo sirve para que se abra la veda. Para que, más tarde o más temprano, vuelvan a apretárnoslas hasta que reventemos. Nunca estarán satisfechos. Siempre querrán más. Veremos qué ocurre con los observatorios de Canarias. O con el que los aragoneses están ultimando en Teruel.

No podemos tolerar que se carguen el Calar Alto. No podemos dejar que un proyecto científico pionero, con más de cuarenta años de éxitos, pase a dormir el sueño de los justos. ¿Serán capaces Rajoy y su cohorte de liquidarse este observatorio, a pesar del valor añadido que tiene, del prestigio que aporta a nuestro país? Por favor, que alguien le esconda el Marca aunque sea un ratito, imprima unos pocos folios con alguno de los links de este post y se los ponga en la mano a Mariano aunque sea resumiditos y bien señalados con marcadores de colores. Para que no le cueste mucho al muchacho enterarse de la película. Claro que tendrán que aprovechar un hueco en el que no estén poniendo algún partido en la tele.

J.T.


domingo, 2 de junio de 2013

Estoy en Berlín, luego estoy "en casa" según González Pons


Paseo con mi hija mayor, 29, por el barrio berlinés de Mitte, donde hace casi cinco años que se instaló. He venido a visitarla y nos estamos poniendo al día. Hoy nos hemos acordado de aquellos amigos míos cuyos hijos tienen más o menos la misma edad que ella. 

Mi amigo Juan Ramón y su mujer, le cuento, dividirán sus vacaciones de verano entre Francia y Suecia; su hija mayor trabaja en Estocolmo y el pequeño en París. José Manuel y Pilar tienen ya los billetes para Bangkok: 15 días en agosto con su hija pequeña, que lleva allí seis meses y le quedan otros tantos. La mayor está a punto de aceptar una oferta en Australia; Enrique tiene a su hijo en Argel, Gregorio en Bruselas... 

Yo a mi hija la veo contenta con su trabajo y con su vida aquí en Berlín, la verdad. Y para mí supone un alivio que sea así, pero me niego a aceptar, no puedo tolerar de ninguna manera que eso sea utilizado como coartada por el gobierno del pp para aliviarse ellos, para minimizar la importancia de su incompetencia a la hora de ofrecer oportunidades profesionales a la juventud, para trivializar el trágico e incesante goteo que está vaciando las ciudades españolas de sangre joven. 

González Pons tendría autoridad moral para argumentar que trabajar en la Unión Europea es trabajar “en casa” si a continuación pudiera añadir que hay muchos jóvenes noruegos, suecos, alemanes y holandeses que también trabajan en España. Pero la libre circulación de profesionales se produce en un solo sentido: nuestros hijos se están largando y en España no se instala ni dios porque, además, con la que tenemos encima… sólo faltaría eso. Hay muchos que volverían apenas pudieran pero falta sitio, falta actividad, faltan oportunidades. 

Esa entregada Fátima Báñez a quien se le llena la boca hablando de movilidad exterior; esa orgullosa Aguirre, ufana ella de lo bien y mucho que valoran a nuestros jóvenes talentos en otros países... una y otra pasan sospechosamente por alto la tragedia que supone vaciar las universidades, las empresas y los laboratorios españoles de gente joven que pueda perpetuar una excelente siembra de decenios hecha ahora añicos en cuatro días. Un destrozo dañino y cruel para las generaciones que vienen detrás. Una ruina. 

Escucho estos días en Berlín conversaciones entre jóvenes treintañeros... Hablan de sus problemas en el trabajo, no de sus problemas para encontrar trabajo. Hablan de los precios de los pisos, de turnos, de libranzas... Algunos incluso se han casado ya y pasean en carrito, tanto por las calles de Berlín como por las de media Europa, bebés alemanes, holandeses o noruegos cuyos abuelos son españoles, italianos o portugueses. 

No están de paso, no han ido a formarse como argumenta el irrepetible Wert. Han ido para quedarse durante mucho tiempo. Para gastar allí sus horas, su capacidad, su formación: su vida. 

A los centros de trabajo, a las industrias, a las ciudades españolas cada vez les faltan más jóvenes bien formados que hablen idiomas, que tengan imaginación, energía y ganas de prosperar. Los teníamos pero han huido. Habíamos invertido en ellos pero esa inversión está siendo rentabilizada por otros países que los reciben con los brazos abiertos, encantados de no haberse tenido que gastar ni un céntimo en su formación. 

Ni ellos se esperaban un chollo tal, ni nosotros tal desmadre. Sobre todo porque estos insensatos que nos gobiernan ven cómo nos vamos hundiendo y siguen actuando como entregados palmeros de aquellos que nos ponen el pie encima a ver si nos ahogamos del todo. 

Claro que según González Pons, siempre nos quedará Alemania, que es como "estar en casa".

J.T.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks ha tomado precauciones


Ayer mismo tuve ya respuesta a mis dudas del día anterior: El intrépido Assange ha tomado sus precauciones.    

En una entrevista digital canalizada por el diario británico "The Guardian", que según aseguran estuvo plagada de reveses técnicos, se encontraba la revelación que daba respuesta a mis preguntas del día anterior.

No, no es un suicida Assange. Ha tomado sus precauciones:

"Wikileaks -ha dicho- posee información adicional a la ya filtrada, que ya ha puesto en circulación con un código encriptado  "imposible de descifrar". Esa "póliza de seguro", según su propia descripción, saldrá a la luz si algo le sucede a Assange o a algún otro responsable del portal de internet que dirige.

Y este domingo le cuenta a Joseba Elola en "El País" que ha recibido cientos de amenazas de muerte por parte de soldados del ejército de los Estados Unidos  y que hay algo que le resulta más preocupante: los llamamientos sin tapujos al asesinato, secuestro o ejecución de los responsables de wilkileaks  por parte de las élites de la sociedad estadounidense.

Especifica el fundador de Wikileaks que este tipo de sugerencias directas han ido desde la iniciativa de un senador para intentar declarar al díscolo sitio web "amenaza transnacional" hasta los llamamientos al asesinato de Assange y los suyos que han realizado, entre otros, el elemento que le escribía los discursos a George W. Bush cuando éste era presidente o uno de los presentadores de informativos de la Fox más conocidos, por ejemplo.

Conforta saber que Assange ha tomado sus precauciones. Y acto seguido me pregunto: O sea, ¿que hay bombas informativas todavía más gordas que no desvela y que sólo conoceremos en el caso de que lo asesinen? ¡Uf!

J.T.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Es Assange un suicida?


Me pregunto yo, ¿no podría nuestro envidiado Assange haber dosificado más tantísima información?

Se suele decir que un periodista vale más por lo que calla que por lo que cuenta. Al lado del festín que nos proporciona Assange desde el lunes a través de cinco cabeceras informativas europeas, el volumen de información que maneja cualquier periodista, por bueno que sea, queda ridículo.

Si cualquier especialista en periodismo de investigación, de las primeras cosas que aprende es a dosificar la información de la que dispone y a guardarse incluso una buena parte como instrumento de trabajo (sea para garantizar su seguridad, sea para evitar la tentación de revancha de aquellos a quienes investiga), ¿por qué en este caso tanta información y toda a la vez?

Los poderosos no suelen perdonar que se les ponga en jaque. Y Assange no me parece precisamente un suicida. ¿Por qué pone pues la sabrosa mina de oro que ha descubierto, toda por entero, a disposición del golpe de click de cualquier internauta del mundo mundial?. ¿Todo puede ser así de simple?

A juzgar por la envergadura de lo que ha conseguido el fundador de Wikileaks no estamos precisamente ante un ingenuo, luego cabe preguntarse si todo queda resuelto así, con abrir la compuerta del pantano donde estaba toda la información y anegar nuestra capacidad de asombro o, por el contrario, hay algo más.

Yo creo que en esta asombrosa novela que estamos viviendo desde el lunes pueden quedar más capítulos que añadir a los doscientos cincuenta mil "cables" difundidos.

¿Se puede considerar que Assange se da por satisfecho simplemente con informar y al precio de jugarse con ello literalmente la vida? Yo creo que no.

J.T.

domingo, 24 de octubre de 2010

"No creas a nadie. Te estarán mintiendo"


                       Julian Assange

Es la frase final de la entrevista a Julian Assange que este domingo publica el País. Se la dice a Joseba Elola, el compañero que lo ha entrevistado en secreto, porque este hombre ha osado mojarle la oreja a los poderes más intimidadores y, por supuesto, a todos los medios de comunicación.

Julian fundó hace menos de cuatro años Wikileaks, el sitio web  especializado en publicar de forma anónima documentos secretos o delicados. Ha inventado un sistema que preserva y oculta las fuentes. Se trata de una conexión cifrada que nos permite a cualquier usuario subir documentos sin que eso nos comprometa. Assange y su Wikileaks nos garantizan que a través de su página no dejamos rastro.

Resultado: la salida a la luz de documentos comprometedores. Los más graves: los que evidencian la guerra sucia de las tropas de Estados Unidos en Irak, asesinatos y torturas incluidos.

Assange está en el punto de mira de aquellos poderes que no están dispuestos a tolerar ni su trabajo ni la existencia de la página que inventó.

A mí me parece fascinante que la existencia de Wikileaks ponga tan de los nervios a quienes siempre han estado acostumbrados a funcionar con absoluta impunidad. Por eso me parece importante, y me voy a limitar a ello, resaltar algunas de las frases que pronuncia en la entrevista de este domingo en El País.

"Dado el estado de impotencia actual del periodismo, me parecería ofensivo que me llamara periodista"

"Periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados"

"Creí que sabía cómo funciona el mundo. Nada me preparó para lo que me he encontrado"

"El entorno de los medios sinternacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno"

Para abrir boca no está nada mal, ¿verdad?

Aquí tenéis el link de la entrevista completa. Yo ya la he leídc, pero me la pienso empapar una y otra vez. Hay muchas cosas que asimilar en lo que nos cuenta Asssange. Para que los mensajes que nos llegan queden bien asimilados, no está de más repetírnoslos de vez en cuando. Eso es también lo que Assange practica cuando se despide de Elola. Tres veces le repite el último de los consejos que le da: "No creas a nadie. No creas a nadie. No creas a nadie. Te estará mintiendo"

J.T.

Foto de Carmen Valiño en El País Domingo

miércoles, 11 de agosto de 2010

Un poco de luz para quienes padecen enfermedades raras

Quizás no sea una noticia de primera página... de momento. Pero lo que Andalucía puso en marcha hace unos meses tiene un recorrido tan prometedor como envidiable.

Se trata, ni más ni menos que de un estudio cuyo objetivo es tener descifrados, en unos tres años, aquellos genes que son responsables de la mayor parte de las enfermedades raras de base genética que se conocen.

Me alegra comprobar cómo en el campo de la genética, Andalucía puede presumir de ir muy por delante. Desde que se facilitó a Bernat Soria investigar aquí en la época en que éste se tuvo que marchar a Singapur porque Aznar no le dejaba trabajar en España hasta hoy, el recorrido de los científicos andaluces en el campo de la genética es interesantísimo.

Bernat Soria

En los últimos cinco años Andalucía ha visto nacer el banco de células madre de Granada o el Cabimer (Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa) en Sevilla. Y doctores como Antiñolo, López Barneo o Joaquín Dopazo han promovido iniciativas que han acabado teniendo repercusión internacional y reseñadas en las más prestigiosas revistas mundiales de investigación médica.

Guillermo Antiñolo

José López Barneo

La iniciativa más reciente fue presentada este jueves en el parlamento andaluz: Veinticuatro millones de personas que, tan sólo en Europa sufren alguna enfermedad rara, pueden salir beneficiadas.


En una segunda fase, también será útil para diabéticos, hipertensos, enfermos de cáncer, Alzheimer, Parkinson...

Como creo en las posibilidades de este camino y de quienes trabajan en él, me alegro mucho. Y espero poder celebrarlo cuando acabe siendo, que lo será, noticia de primera página.


J.T.