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martes, 21 de marzo de 2017

Pedir amparo a la APM es perder el tiempo

Aplaudo la decisión de la dirección del diario Público. Recurrir a las asociaciones de la prensa para que te amparen no sólo es perder el tiempo, sino correr el riesgo de llevarte un enorme disgusto. El periodismo es un oficio insolidario. Existe, eso sí, y no siempre, una cierta complicidad con el compañero de la mesa de al lado, o con aquellos con quienes coincides a diario en las coberturas callejeras. Pero hasta ahí. Todo lo demás es indefensión.
No defiendo el sectarismo que practican algunos colegios profesionales, y menos la impunidad con la que en ciertos casos llegan a blindar a sus asociados, pero cuando un arquitecto, un abogado o un médico tienen problemas, por lo general cuentan con un sólido colegio profesional detrás que les apoya y defiende. De las Ascociaciones de la Prensa no puede decirse lo mismo. Si el periodismo necesita reinventarse, las asociaciones de periodistas lo precisan mucho más.
Como en tantas otras instituciones del país, en las Asociaciones de la Prensa, la dejadez, las dichosas inercias y la existencia de oscuros intereses con los que no se pudo, o no se quiso, acabar en su momento, mantuvieron para sus directivos durante décadas costumbres y prebendas heredadas del franquismo ¿El precio? La docilidad. Tardaron demasiado tiempo en entender las Asociaciones, algunas todavía no lo han entendido, que su verdadera función, la razón de su existencia, es defender a los profesionales. De lo contrario, más vale que desaparezcan.
La APM continúa sin entenderlo. Nunca se me ocurrió recurrir a ella cuando tuve problemas con la justicia a lo largo de mi vida profesional, y eso que hubo momentos en que llegué a sumar más de cien expedientes judiciales abiertos, principalmente en juzgados de Barcelona, pero también en la Audiencia Nacional. Siempre tuve claro que, a pesar de estar asociado y pagar religiosamente mi cuota trimestral, nunca se preocuparían por mis problemas. Era algo que podía entenderse apenas pisabas sus alcanforadas dependencias.
Continúan siendo acólitos del poder como en tiempos del abuelo de Aznar o de aquel fascista llamado Juan Aparicio (que no se me enfaden las excepciones, pero esas excepciones saben perfectamente que lo son, y desde aquí mi reconocimiento una vez más a su lucha, casi siempre estéril).
Claro que, incluso a la hora de relacionarse con el poder, también parecen usar diferentes varas de medir. Cuando a Manuela Carmena se le ocurrió poner en marcha una web para informar sobre asuntos del ayuntamiento de Madrid, faltó tiempo para que la APM y la Federación de Asciaciones de la Prensa (FAPE) elaborasen un comunicado haciendo pública su más enérgica protesta.
Algún despistado puede argumentar que acaban de amparar a varios profesionales que se quejaban de ser presionados por personas afines a Podemos, pero ese despistado me va a permitir que me desahogue dedicándole una sonora carcajada.
Me cuesta aceptar que al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid se encuentre una persona como Victoria Prego, a quien en otro tiempo tanto admiré. Me cuesta entender el papel que desempeñan en la junta directiva respetados amigos y compañeros como Jesús Maraña o Antonio San José. No sé si en sus manos estará hacer algo contra las presiones a las que está siendo sometido el diario Público desde que comenzó a sacar a la luz los trapos sucios de las cloacas del ministerio del Interior. Pero cuando, sin orden judicial, la policía se presentó un día de fiesta en la redacción exigiendo las grabaciones publicadas por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, el periódico no obtuvo ningún amparo por parte ni de la APM, ni tampoco de la FAPE.
Por eso entiendo a Ana Pardo de Vera, cuando a las preguntas este martes de Fernando Berlín sobre su intención de pedir amparo a la asociación, tras haber denunciado en el periódico amenazas directas a miembros de su redacción, responde que no. Toda mi solidaridad, directora. Para ti, para Patricia y para Carlos Enrique.

sábado, 21 de marzo de 2015

Ingenio y lucidez de Moncho Alpuente

La lucidez le valía para escapar a tiempo de las trampas, y el ingenio para sortear las zancadillas con tal arte,  que conseguía sacarles una sonrisa incluso a sus propios autores.

Pero Moncho Alpuente tenía un problema. Que no se contentaba con plantar cara a las tropelías y las injusticias, ni tampoco con ser solidario y cómplice con las víctimas de los desmanes de los poderosos. Decidió además, el muy impertinente, ser consecuente en su vida diaria con esa manera de entender las cosas.

Era un tipo brillante y, en consecuencia, incómodo. Fue mi jefe hace casi cuarenta años y a sus órdenes conocí mediocres y trepas que algún tiempo después pudieron ayudar, y no lo hicieron, a un Moncho cuya coherencia le llevá a cantar, contar y gritar las verdades del barquero a todo bicho viviente. Consecuencia: le costaba ganarse la vida mucho más de lo que su talento se merecía.

Él se ha muerto sin saberlo, pero sus reflexiones se encuentran entre las que, a lo largo de mi vida, me ayudaron a reforzar mis convicciones.

– La única manera de que no te tengan pillado por los huevos, Juan, es descolocarlos, que no te encasillen.

Me decía esto en uno de sus saltos del periodismo a la canción, cuando decidió que no quería dedicarse a ir de jefe por la vida, a pesar de haber pilotado la sección de Cultura de El Periódico de Madrid con una solvencia que no he vuelto a ver en ninguna otra parte desde que Asensio decidiera cerrar aquel diario.

Ser polifacético fue su repuesta a la hostilidad de los mundos en que se movió: el teatro, la tele, la radio, la escritura, la música… Hace solo seis años, durante un fin de semana en el que coincidimos en Carmona, me contaba sus proyectos con esa mezcla de entusiasmo y escepticismo que tuvo siempre.

Las dos últimas temporadas hemos sido compañeros en Público. Todo un honor para mí ver colocadas en portada sus columnas junto a las mías. Algún pantallazo hice de esas coincidencias que, a partir de ahora, conservaré como una entrañable reliquia.

Siempre quiso escapar de las etiquetas Moncho. Arruinaban la creatividad, me decía. Pagó un precio por ser como era. Pero no en afectos, en cuya lista quise estar siempre y quiero estarlo hoy, cuando muchos de los que lo putearon soltarán sin escrúpulo alguno esas lágrimas de cocodrilo tan habituales en estos casos.

Yo no voy a llorar por ti, Moncho. Voy a brindar por tu lucidez y por tu ingenio, que tanto nos iluminó y estimuló. Y a pesar de los muchos años que llevo sin hacerlo, hoy me voy a fumar un cigarro a tu salud.

J.T.

jueves, 12 de marzo de 2015

La información electoral en Canal Sur TV


Siempre fue complicado hacer buen periodismo en una televisión pública. Incluso periodismo lisa y llanamente, aunque no sea bueno. Intentar hacer entender a un político que la tele pública se llama "pública" precisamente porque es un medio al servicio de toda la ciudadanía, y no un instrumento de propaganda a disposición del gobierno de turno, parece una guerra perdida.

Las teles públicas las pagamos todos, pero las usan los gobiernos como les da la gana. Esto es una tropelía inadmisible, pero los años pasan, los gobiernos también y los desmanes continúan. Es verdad que en unos casos más que en otros. Pero son pocos, por no decir ninguno, los gabinetes de comunicación de un ministro o de un consejero que resisten la tentación de levantar el teléfono para presionar, manipular, censurar o meter broncas cuando no les gusta lo que se ha contado en "su" televisión.

El director de informativos de una tele pública que decida actuar al margen de estas presiones comprobará, más pronto que tarde, cómo su sillón se va convirtiendo en un potro de tortura. Insisto: es muy difícil, y muy duro, intentar hacer periodismo decente en una tele pública.

En los informativos públicos suele ser muy corriente que el tiempo de presencia en pantalla de los representantes de los partidos políticos esté vinculado al número de escaños que ese partido tiene en el parlamento de turno. Se mire como se mire, esto es una aberración. Una aberración que se convierte directamente en gamberrada cuando los responsables de esos informativos se olvidan que alguna vez fueron periodistas y se convierten directamente en comisarios políticos al servicio del gobierno del momento. Pero en esa dinámica andamos y no parece, a tenor de cómo está el patio, que la cosa tenga pinta de mejorar a corto plazo.

Pues bien, si esto funciona así en circunstancias "normales", es decir, durante los cuatro años que dura una legislatura, cuando llegan las campañas electorales los informativos de las teles se convierten en un producto directamente infumable.

Cuando las campañas electorales entran por la puerta de las televisiones públicas, el poco periodismo que en algún momento puede llegar a practicarse en ellas sale directamente por la ventana.

Aunque es algo probablemente sabido, pienso que nunca está de más recordar cuál es el criterio a la hora de informar de los actos electorales de los partidos durante una campaña. La cosa funciona así: se establece un estricto y proporcional reparto de tiempos entre las formaciones que tuvieron representación parlamentaria en la legislatura recién finalizada y al resto, ni agua. O sea, premios y primas para los de siempre y chinas en el zapato a los "advenedizos" que aspiran a disputarle las poltronas.

No importa lo que diga el clamor popular, no importan los resultados que arrojen encuestas y sondeos, los que tienen la sartén por el mango difícilmente van a tolerar que haya que repartir la tarta entre más y mucho menos quedarse sin ella. Se defenderán como gatos panza arriba para intentar evitarlo. Solo cuando las Juntas Electorales intervienen, como ha ocurrido en la campaña andaluza, la cosa cambia algo. En esta ocasión, Canal Sur se ha visto obligada a incluir información de los actos electorales de UPyD y Podemos, pero porque los partidos han recurrido y hasta la Junta Electoral Central les ha dado la razón.

En pocas palabras, que no solo el periodismo sale por la ventana durante las campañas electorales, sino que los profesionales que trabajan en los medios ven cómo su cometido deja de ser contar las cosas como ellos las ven, y se ven obligados a contarlas como los políticos quieren que se cuenten y durante el tiempo, cronometrado al segundo, que ellos quieren que se haga.

Una verdadera vergüenza para el periodismo a la  que los profesionales de algunas teles públicas, cada vez que hay unas elecciones, llevan tiempo combatiendo de la única manera que pueden: haciendo público su desacuerdo; contando en los informativos, antes de hablar de la campaña, que lo de los bloques electorales se elabora según al reparto que hace la Junta Electoral de turno y desmarcándose de algo que no tiene nada que ver ni con su oficio ni con su trabajo. 

En esa tesitura están estos días en Andalucía, donde el Consejo Profesional de Canal Sur Televisión ha hecho pública una nota de la que voy a reproducir los párrafos a mi juicio más interesantes:

"Con motivo del inicio de la campaña electoral en Andalucía, el Consejo Profesional de Canal Sur TV quiere expresar su rechazo al habitual formato de “bloques” con el que se obliga a cubrir la información electoral a los medios públicos.

Por más que se hayan convertido en una tradición asumida por la Junta Electoral, este reparto estricto de tiempos entre los partidos con representación parlamentaria no aparece legislado en ninguna parte. La ley solo exige el respeto al pluralismo político y social, así como la igualdad, proporcionalidad y neutralidad informativa.

A esto se suma la intromisión de los partidos políticos en el tratamiento de la información, encorsetando a los profesionales en señales realizadas, declaraciones editadas o las lamentables ruedas de prensa sin preguntas. Todo con un diseño propio de la propaganda y alejado del concepto mismo de información.

Al trasladársenos la obligatoriedad de optar por los tradicionales bloques férreamente minutados y repartidos, hemos acordado con la Dirección de Informativos que durante la emisión de dichos bloques los espectadores podrán leer el siguiente texto: 

 “Los Consejos Profesionales de la RTVA manifiestan su desacuerdo con el orden y duración de estos contenidos que obedecen a criterios impuestos por la Junta Electoral y no a criterios periodísticos.” Este texto también será leído por los presentadores/as antes de dar paso al bloque electoral.

 Además, se elaborará un vídeo explicativo sobre cómo se asignan los tiempos, quiénes lo deciden, qué criterios se siguen, y dando cabida a voces disconformes con dicho procedimiento como es este órgano de representación de los profesionales".

Repito: que los profesionales del periodismo tengamos que vernos obligados a actuar así es una vergüenza. Creo que urge no dejar pasar más tiempo, coger el toro por los cuernos y reivindicar de manera contundente la dignidad del oficio periodístico frente a la tropelía de los políticos cada vez que llegan fechas electorales.

De no hacer algo pronto, no quiero ni imaginarme cómo serán las cosas en Televisión Española durante la campaña de las municipales y  autonómicas del mes de mayo. En otras convocatorias, con la anterior dirección, se actuaba de manera similar a como estos días se está haciendo en Andalucía. Pero mucho me temo que esta vez los talibanes que llevan el timón en Torrespaña lo van a poner muy difícil. Me gustaría equivocarme.

J.T.

domingo, 8 de marzo de 2015

En TVE solo quieren adhesiones inquebrantables

A mi compañero Alejandro Torrús, encargado en Público de la información sobre televisión, se le amontona el trabajo solo con el interminable culebrón que se vive en TVE. Nunca el ente público llegó a caer tan bajo como lo está haciendo ahora ni jamás la vileza de sus gestores pudo llegar a mayor altura.

No contentos con los vergonzosos ejercicios de manipulación diaria, insatisfechos con los resultados de la pertinaz caza de brujas que han practicado los últimos tres años, temerosos con que la entrada por la puerta trasera de once contratados para articular en informativos una redacción paralela no surta el efecto deseado, los comisarios políticos que han destrozado TVE han decidido subir más aún el listón de sus fechorías. Buscan ahora la adhesión inquebrantable a la causa pepera de todos aquellos que trabajan para los informativos, la peor humillación que puede sufrir un profesional del periodismo.

Uno a uno, los escasos vestigios que aún quedaban en pie de le época anterior, la que más prestigio le proporcionó a TVE en toda su historia, han ido desapareciendo o han caído literalmente destrozados. Ni rescoldos quedan ya de aquella televisión apreciada por la audiencia, premiada y reconocida internacionalmente de la que pudimos disfrutar hasta comienzos de 2012.

No haya piedad para quien se empeñe en hacer una pieza sobre Gürtel y colocarla arriba en la escaleta, aunque la noticia sea que el juez instructor del caso ha decidido abrir juicio oral a cuarenta presuntos delincuentes. Unas colas al final del informativo y vas que te matas. ¡Ay de quien se atreva a no abrir un telediario con informaciones a la mayor gloria del gobierno del pp y su excelente gestión!

Aprended del ABC y copiad párrafos textuales de sus informaciones, que no pasa nada; ofreced como noticia –y si hace falta, en plan copia y pega- los comunicados que nos mandan desde Moncloa; aprended de las tertulias y dejad de protestar , que ahí sí que saben hacer las cosas. Pudiendo contar con excelentes periodistas del ABC, la Cope, La Razón, Telemadrid… ¿para qué queremos otros? ¿Pluralidad? Sí, pero “nuestra pluralidad”, que ya está bien de infiltrados. ¿Al Consejo de Informativos? ¡Ni agua! Y el tal Fran Llorente (director de informativos hasta la victoria del PP) ¿cómo es posible que no se aburra y resista el tío sin marcharse de la empresa a pesar de las putadas que le hacemos?

Hacednos caso, porque todos los que nos ayuden a retorcer la información serán generosamente recompensados. Obedeciéndonos y abandonando la resistencia os irá mejor a todos y lo sabéis. ¿Miedo a lo que pase después de las elecciones? Que nadie tema por su puesto de trabajo, porque vamos a continuar gobernando cuatro años más y sabremos recompensar bien los servicios prestados. ¿Por qué tenemos que andar cogiéndonosla con papel de fumar? ¿No os dais cuenta que no nos podemos permitir que esto se nos vaya de las manos? Aprended del eficaz Sergio Martín en su ejemplar espacio “24 horas”. Así os queremos a todos, malandrines. A ver si entendéis de una puñetera vez que TVE es un objetivo estratégico para el PP.

¿Televisión pública? ¿Acaso no es para todos los públicos? Si los rojos no la quieren ver, que no la vean, pero los nuestros tienen que estar contentos con lo que les contamos. Nuestra clientela tiene que ver y escuchar las cosas que le gustan, tenemos que reforzarlos para que el día de las elecciones salgan todos a la calle blandiendo sus papeletas como quien, espada en mano, se dirige al campo de batalla.

Queridos tertulianos del ABC y demás medios afines, continuad con vuestra excelente labor, que lo estáis bordando. Querida redacción paralela de informativos, que no os amedrenten esos cuatro incautos que todavía no han entendido que vamos a hacer con TVE lo que nos salga de las narices. Sea todo perpetrado a mayor gloria del PP. Ya sabéis: los dóciles seréis premiados; los díscolos ya podéis iros preparando porque, nunca mejor dicho, os quedan tres telediarios.

J.T.

martes, 10 de febrero de 2015

Cuando TVE se pudre, algo nuestro se pudre



La protesta este lunes de los trabajadores de informativos de tve fue algo más que una protesta. Darle la espalda a los comisarios políticos contratados para asegurarse la manipulación en tiempos electorales es un gesto cargado de simbolismo que escenifica el hartazgo de unos profesionales a los que se les ha agotado la capacidad de aguante.

Yo no sé si esa protesta llegará a buen puerto, pero de lo que no me cabe ninguna duda es que ése es el camino para reivindicar una dignidad profesional a la que de ninguna manera se puede renunciar. Al margen de los argumentos internos sobre la existencia de suficiente plantilla para llevar a cabo la carga de trabajo que se incrementa ahora con los procesos electorales, al margen de la letra pequeña sobre la pertinencia o no de once contrataciones -algo que abogados y sindicatos habrán de dilucidar-, lo que subyace en toda esta operación es la urgencia del poder pepero en no dejar ninguna grieta a la hora de propagar los mensajes que a ellos les interesan y solo los mensajes que a ellos les interesan.

Cantos y loas a los éxitos del pp, mas una política donde se mezcle el ninguneo y la diatriba diaria hacia el resto de las fuerzas políticas, especialmente hacia aquellas que las encuestas se empeñan en dar una carta de naturaleza impensable hace solo unos meses. Crece la metástasis en las televisiones públicas a medida que disminuye la vergüenza de sus gestores para ser desinhibidas correas de transmisión del gobierno al que obedecen ignorando sin pudor que su trabajo se debe a los ciudadanos y no a los políticos.

Sánchez y Gundín, los nuevos mandamases de tve, no se fían un pelo de la gente que tienen a sus órdenes, a pesar de que entre ellos existen muchos Gilgados entregados a la causa de pies y manos. Pero quieren más. Moncloa y Génova no están dispuestos a dejar ningún resquicio suelto.Y lo más práctico es tirar por la calle de enmedio, contratar incondicionales colegas curtidos en Intereconomía y la Cope, y así asegurarse la muerte de la información y el éxito de la propaganda.

La vergüenza es tal, el oprobio es de tales dimensiones que a los trabajadores no les quedaba otra opción que estallar. Sobre su memoria planea el deshonroso final de Canal Nou, con sus trabajadores admitiendo haber sido cómplices de la manipulación, y el desmantelamiento de Telemadrid tras múltiples humillaciones apenas denunciadas.

Donde ha habido alternancia en el poder, siempre se ha reflejado en una purga de profesionales en la televisión pública, sustituidos por otros que, tras tomar posesión, no  se han andado con chiquitas a la hora de ir a saco contra todo lo que tuviera que ver con la gestión anterior. En aquellas televisiones públicas como Canal Sur, donde el gobierno siempre ha sido del mismo color, no ha habido necesidad de hacer crisis. Bastaba con purgar a los díscolos y así los cuadros de siempre no precisan de instrucciones ni de vetos. Saben muy bien lo que tienen que hacer desde hace veintiséis años y eso hace innecesario que ningún consejero se tenga que molestar en levantar teléfonos.

La protesta de los trabajadores de tve está cargada de simbolismo, decía más arriba, porque escenifica, no ya solo el hartazgo de los profesionales de la información de una cadena pública, sino el estado de ánimo de una ciudadanía que está hasta las narices de que quienes nos gobiernen traten a los medios de comunicación como un cortijo de su propiedad. Por eso dejó el domingo Esperanza Aguirre con la palabra en la boca a Jordie Évole en "Salvados". Porque estaba claro que no podía ordenar su despido, como a ella le estaba pidiendo el cuerpo, porque ella quería hablar de su libro y el muy "insolente" de Évole no la dejaba.

Esos son los tics, pero no solo de Aguirre, sino de cualquier mindundi con poder, que no está dispuesto a que ningún plumilla le toque los cojones en una entrevista en televisión, y menos ahora que las elecciones están ya a la vuelta de la esquina.

Este es el mundo en que vivimos, queridos amigos. Es tal el miedo que tienen a verse obligados a dar explicaciones sobre las fechorías perpetradas en los últimos tres años que quieren reducir al mínimo el riesgo de tener que responder por ellas. Por eso creo que somos muchos los ciudadanos que nos sentimos representados por ese plante de los trabajadores de tve.

No desfallezcáis, compañeros. Es ahora o nunca. La manipulación informativa es violencia. Y la violencia hay que denunciarla porque ellos aprietan y apretarán más fuerte cada dia que pase. Enhorabuena y ánimo en una lucha desigual, pero cargada de razón. Creo que a la ciudadanía en general, como este lunes hicísteis vosotros en la redacción de informativos del Pirulí, lo que nos queda también es plantarles cara... dándoles la espalda. Con el voto entre los dientes y esperando a que abran las urnas.

J.T.

sábado, 7 de febrero de 2015

Por un periodismo decente


No conozco oficio más insolidario que el periodismo. Es cainita, nada cómplice y ridículamente competitivo. Todo para acabar repartiéndose pura miseria, porque miseria es el trabajo que ofrecen, a día de hoy y en el mejor de los casos, a cualquiera que acepte formar parte de una redacción. ¿Cómo es posible que el oficio periodístico haya podido caer tan bajo? ¿O somos nosotros quienes hemos caído tan bajo, quienes, con tal de ganarnos la vida (es un decir) en este mundillo, con tal de formar parte de cualquier plantilla de mala muerte estamos dispuestos a tragar carros y carretas en medios que han hecho de la manipulación su bandera y de la mentira su santo y seña? 

Para pasearse por el dial de las radios a primera hora de la mañana hay que tener el corazón a prueba de sobresaltos. Si te acuestas tarde y has de madrugar, lo peor que puedes hacer al levantarte es poner la radio. Las emisoras están copadas por telepredicadores que dibujan un panorama tan espantoso y estresante que te dan ganas de volver a meterte en la cama con la manta hasta la cabeza. El uno insulta, el otro vocifera, el de más allá proporciona altavoz a la noticia más manipuladora con la que hayan abierto los periódicos del día, otro anuncia directamente el apocalipsis... ¡Socorrooo! 

Los que gritan son, por lo general, estrellas de la radio con salarios de jugador de fútbol puntero, a quienes rodean profesionales que se pasan la noche en vela por sueldos de verdadera miseria. 

En cuanto a los periódicos, veamos. ¿Es posible que leyéndolos consigamos estar bien informados? Para lograrlo, antes solía ser suficiente con ver cómo abordaban una noticia dos periódicos de diferente sesgo. Pero ahora ya no hay sesgo en los kioskos. Hay unanimidad completa y periodismo "de carril". Ya no se "levantan" temas de impacto, no se investigan asuntos que nos ayuden a todos a construir una sociedad mejor y a denunciar a los que torpedean esas aspiraciones. Ahora las energías se destinan a buscar trapos sucios que permitan hacerle agachar la cabeza a cualquier recién llegado que se atreva a proponer públicamente distintas maneras de hacer las cosas. 

Trabajar en un medio de comunicación es hoy una verdadera heroicidad. Al sueldo de miseria y a los horarios de juzgado de guardia hay que añadir un bochorno añadido: comprobar a diario cómo la línea del periódico, la radio o la televisión para la que trabajas, los temas por los que apuestan y deciden llevar a primera página suelen ser, por lo general, atentados mortales al periodismo en el que tú siempre creíste. 

¿Qué hacer cuando formas parte de una redacción cuyo staff ha decidido descaradamente hacer de todo con el periódico menos periodismo? ¿Te rebelas? ¿Manifiestas abiertamente tu disconformidad? ¿O sencillamente aplicas mentalidad práctica, te resignas y hasta colaboras si entiendes que no te queda otro remedio? ¿Qué hacer cuando trabajas en una televisión pública y compruebas cómo los puestos de responsabilidad están ocupados por comisarios políticos que elaboran las escaletas tras despachar directamente con Moncloa o con el consejero de turno en el gobierno autonómico correspondiente? 

Hay muchas opciones, pero la triste puesta en escena de los trabajadores de Canal Nou lamentando haber hecho un periodismo manipulador y denunciando las presiones a las que estuvieron sometidos durante años.... una vez que se había decretado el cierre de la cadena, sirvieron de aviso a caminantes para tantos otros como se encuentran en la misma situación en tantas televisiones, radios y periódicos de España. El periodismo en nuestro país tiene una asignatura pendiente que cada día que pasa se hace más urgente aprobar: hay que rescatar la esencia del oficio, pelear por ella y denunciar a quienes no manifiestan ningún interés por respetar la obligación que tenemos de ser honestos a la hora de informar. 

Los periódicos y los informativos de radio y televisión salen adelante gracias a los periodistas. Gracias a esos mismos periodistas entre los que hay quien siente vergüenza cuando comprueba la manera tan desprejuiciada y torticera con la que acaba llegando al lector, el radioyente o el espectador el resultado de su trabajo. Cada día que pasa estoy más convencido que la excusa para aguantar todo esto no puede ser que de algo hay que comer. Es cierto que todos trabajamos en lo que podemos y muy pocos en lo que queremos. Probablemente no sea nada fácil conseguir trabajar en lo que queremos, pero tiene que haber un límite. Debe ser posible no prestarnos a realizar trabajos que no nos sintamos en condiciones de defender. 

¿Soluciones? El primer paso, no prestar tu nombre ni tu firma a un trabajo profesional con el que no estés de acuerdo. El siguiente paso habría que planteárselo cuando los jefes o los dueños de los medios se pasan de la raya. Tiene que haber líneas rojas en las que al profesional del periodismo le tiene que asistir el derecho a no prestarse al juego de sus jefes y a sentirse protegido si decide actuar así. A ver, sindicatos, asociaciones de la prensa, ¿vais a decidiros a espabilar de una vez? ¿vais a continuar pertrechados en el mundo de las prebendas? ¿vais a continuar empeñados en invocar la coartada de ese corporativismo mal entendido que se suele resumir con la frase "perro no come perro"?

Me consta la vergüenza de muchos trabajadores de ABC, La Razón, ahora también de El País, o de Televisión Española, Canal Sur y demás televisiones autonómicas. Muchos se marchan cada tarde a su casa abochornados por formar parte de medios que han hecho de la manipulación y la mentira su manera habitual de funcionar. Esto tiene que ser denunciable. Esto se tiene que acabar. 

Ha llegado el momento en que los profesionales debemos preguntarnos si nuestro silencio y nuestro, a mi juicio mal gestionado instinto de supervivencia, son actitudes con las que no estamos tirando directamente a la basura nuestro propio futuro. Si no sabemos defender la decencia en nuestro oficio, no podremos quejarnos cuando los indecentes, después de humillarnos cuanto les haya dado la gana, decidan propinarnos una patada en el culo el día que les convenga. En ese momento no será ya el tiempo de llorar. 

Vivir con miedo es la mejor manera de acabar pagando las consecuencias de tenerlo. Solo quienes plantan cara acaban encontrando caminos que parecían no existir. Los periodistas de a pie, los del trabajo en la sombra, los que permitimos que los medios funcionen, tenemos que decidir si queremos dejarnos sujetar, con los resultados que vemos a diario, o debemos ponernos manos a la obra para conseguir corregir una situación viciada, y que de tan intolerable, resulta directamente pornográfica.

J.T.

martes, 3 de febrero de 2015

Esto no es periodismo. Esto es una vergüenza

Me produce infinito bochorno que gentes que dicen ser de mi oficio sean capaces de urdir informaciones torticeras con portadas tan atroces como ésta

No os quiero contar la enorme vergüenza que me produce que diarios como El País sean capaces de sacar a primera una información insuficientemente contrastada como la del currículum de Monedero que, pocos días después, obliga a la "defensora" de los lectores de ese periódico a reconocer su falsedad


Y ni que decir tiene que portadas como la de "La Razón" del 27 de enero me producen pena y preocupación por la deriva del oficio periodístico y la cada vez mayor dificultad con la que nos encontramos los profesionales de la información para hacernos respetar


En "Dios mío, pero ¿qué te hemos hecho?", de Philippe Chauveron, la película que en 2014 consiguió en Francia el mayor éxito de taquilla, un joven de raza negra es perseguido y espiado por la desconfiada y racista familia de la mujer (de raza blanca) con la que va a casarse. Un buen día, ¡bingo! consiguen "cazarlo" paseando arrobado con otra joven a la que sonríe y abraza sin disimulo. Incluso llegan a fotografiarlos entrando juntos a un hotel. 

- Es su hermana, idiotas, que ha venido de visita, les suelta la novia a los avispados paparazzi, sus cuñados, cuando estos le enseñan orgullosos las pruebas del "delito" con el que pretendían torpedear la boda. 

No puedo evitar asociar esta escena con el ridículo que casi a diario hacen muchos periódicos en nuestro país cuando se ponen a buscar como locos por dónde puñetas meterle mano a los "chicos de Podemos" y no acaban de conseguirlo. Chasco tras chasco, los sabuesos que andan hurgando por hemerotecas y registros en busca de muertos en los armarios de esos osados profesores universitarios que el pasado sábado llenaron la Puerta del Sol de ciudadanos que quieren un cambio, van quedando más en evidencia cada día que pasa y, como los cuñados del joven negro de la película, no hay día que no acaben con el rabo entre las piernas.

Aún así, inasequibles al desaliento, magnifican asuntos que en cualquier otro caso apenas pasarían del carácter de anécdota y se columpian una vez tras otra. No desfallecen, hay que desacreditar a esos bolivarianos sea como sea, esos proetarras no pueden llegar vivos a tantas elecciones como tenemos en el horizonte, y si para ello hay que disparar con la artillería más pesada posible, se hace y punto. Así que a magnificar, a repetir, repetir, mentir, mentir... que algo quedará.

Que ABC o La Razón usen esta técnica a muerte me produce bochorno, como decía antes, pero al fin y al cabo es algo que va en su ADN. Los pobres no lo pueden evitar. Pero que periódicos como El País entren también en ese juego y compitan, además, llevando incluso a portada noticias que son directamente mentira, como el intento de desacreditar el currículum del doctor Monedero, me produce directamente vergüenza infinita. 

"El afán investigador es básico en el periodismo, pero debe apoyarse en la prudencia a la hora de dar por ciertos los hallazgos, y valorarlos sobre esa base. Cuando no se aplica este criterio, pueden producirse errores como los que presentaba la noticia que publicó este diario el miércoles 28 de enero sobre Juan Carlos Monedero" se vio obligada a reconocer en "El País" Lola Galán, Defensora del Lector, en su edición del domingo 1 de febrero.

"¿Qué puso a El País -se pregunta Galán- sobre la pista de las hipotéticas falsedades del currículo del número tres de Podemos? Olaya lo explica así: “Quien exagera una vez, puede hacerlo dos o más. Cuando se conoció que Monedero no había trabajado para el BCE, como afirmaba en su currículo, sino que había elaborado un informe de 80 páginas, a medias con otro especialista, pensé que podía haber maquillado su vida docente en más ocasiones. Comenzamos así a llamar a los lugares donde supuestamente había sido profesor invitado..." 

Sin comentarios

La metedura de gamba de El País fue tan descomunal que Galán no tuvo más remedio que concluir así su alegato: "Para cuestionar el currículo del número tres de Podemos habría que haberse apoyado en algo más sólido que la memoria de un profesor de 75 años o los datos de una empleada del departamento de pagos de una universidad, dada la complejidad del entramado de relaciones docentes entre los centros. En estas circunstancias, llevar el tema a portada era muy arriesgado. La única forma de atenuar el error hubiera sido publicar adecuadamente la puntualización y la carta de la Universidad de Puebla. Lamentablemente, no se hizo". 

Ni se hizo ni se pidió perdón, pero el daño ya estaba hecho y la contribución a la desaforada ceremonia de la confusión con la que nos desayunamos cada mañana se había consumado, por mucho golpe de pecho que Galán se infligiera cuatro días después.

Mientras ellos continúen con sus zafiedades, hay que continuar con las denuncias. Mil veces si es necesario. A base de repetir ellos mentiras, no pueden conseguir que nos cansemos y los demos por imposible. Hay que estar al pie del cañón para denunciar tanta caradura, amoralidad y desvergüenza cuantas veces sea necesario.

Yo no me pienso acostumbrar a esas primeras páginas de escarnio y oprobio porque soy de los que creen firmemente en que el buen periodismo tiene salvación y futuro. No, no nos vamos a relajar, no nos vamos a acostumbrar a las frikadas, manipulaciones y propagandas baratas. No vamos a dejar de poner de manifiesto la gravedad que tiene usar un medio de información como descarado vehículo de propaganda. No vamos a dejar de darle importancia a todo esto porque la tiene, y mucha. 

¿Es que no hay en las redacciones alguien que pueda parar tanta insensatez? ¿Tan irremisiblemente colonizados estamos? ¿Tan acojonados tienen a tanto buen profesional como, me consta, hay en esos periódicos cuyas primeras páginas parecen últimamente manuales de despropósitos? Yo hago aquí votos por la defensa de una información honesta, creíble, contrastada, veraz y con datos. Reclamo y exijo que la información libre y plural siga existiendo en los kioskos. Reivindico con todas mis fuerzas la decencia en el periodismo. Esto no puede seguir así ni un día más.

J.T.


lunes, 26 de enero de 2015

Los periódicos de papel, ¿tebeos, panfletos o revistas satíricas?

¿Habrán decidido los directores de los periódicos de papel que los lectores  pierdan ya por completo el poco respeto que aún nos tenían a los profesionales de la información? Llego al kiosko a primera hhora. Me encuentro con tebeos, panfletos, revistas satíricas... ¿Dónde han colocado este lunes los periódicos? No me puedo creer lo que veo.

Decididamente, el inclasificable Francisco Marhuenda incrementa sus ya muchos méritos para dirigir "El Jueves" o cualquier otra revista satírica. Me niego a pensar que, si queda en él algo de periodista, haya podido parir la portada que este lunes luce el periódico que dirige sin haber recurrido a ningún tipo de ayuda química.

"DESGRECIA", titula "La Razón" en mayúscula y con el cuerpo de letra de las grandes catástrofes, para resumir la victoria electoral de Alex Tsipras en su país. "Los helenos -remata en el subtítulo- se lanzan al abismo populista" Abismo. Ahí es nada. Ha llegado el apocalipsis, señores, y este sesudo rotativo alerta de ello a sus católicos lectores para que vayan poniéndose al día y el cataclismo los pille debidamente confesados y comulgados.

Hay que reconocerle a este ubicuo tertuliano, otrora mano derecha del todavía presidente del gobierno, que sus  desmesuras han conseguido crear escuela. Su colega Bieito Rubido no se ha querido quedar atrás tampoco este lunes y usa el ABC para asustar también a su parroquia con una priomera que roza el esperpento:

Titular sobre una foto de Tsipras con los brazos abiertos: "El populismo se apropia de Grecia" Subtítulo "La victoria de los radicales de Syriza abre una etapa de incertidumbre en el conjunto de Europa" Solo le falta añadira algo así como "Huyamos, sálvese quien pueda"  ¿Se puede ser más catastrofista?

¿Se puede rozar más el esperpento? Pues parece que sí. Antonio Caño, en "El País", dispuesto a quitarle tanto a Rubido como a Marhuenda todos los hooligans que pueda tras comprobar cómo pierde a diario centenares de sus lectores de tantos años, hace hoy méritos más que sobrados para que nos cueste trabajo decidir a quién le otorgamos el premio al mayor desatino del día:

"La victoria de Syriza anticipa un período de agitación en Europa", titula "El País" a cuatro columnas en primera. "Agitación" Ahí es nada. Viva el alarmismo.

Antetítulo: "Fuerte mensaje contra la austeridad en las elecciones de Grecia"
Subtítulo: "Rajoy advierte a España de "no jugar a la ruleta rusa" con Podemos" ¡Ea! Todo bien mezcladito, para que en el insidioso cóctel no falte de nada. Pero ¡qué histeria, por favor! ¡Penita de periódico "global", antes "independiente".

Tampoco se queda atrás el suplente de Pedrojota desde hace un año:
"Grecia desfaía a la Troika", titula "El Mundo" a cuatro columnas.
Y entre los subtítulos: "Alemania avisa: "No habrá ayudas si Atenas no cumple"
Ya tenemos otro país "bestia negra" que añadir a la lista: Cuba, Venezuela, Corea del Norte... y ahora Grecia. ¡Uf! ¡Que no farte de ná!

El monárquico incondicional que dirige "La Vanguardia" tampoco podía permanecer al margen:
"Grecia desafía a Merkel" titula en primera a toda página, aunque como sucede con el resto de los periódicos de fuera de Madrid, los subtítulos sí son información y el listón de la crispación baja sensiblemente.

Lo más grave de las primeras páginas de los periódicos de este lunes en España no es la orientación ideológica, con la que ya contamos. Tampoco el abuso de adjetivos. Lo verdaderamente triste es la ausencia de información y la apuesta por la opinión sin anestesia. Todos violentan y transgreden el mandamiento principal que un profesioanl del periodismo no debería olvidar jamás a la hora de contar un hecho: informar con un sujeto, un verbo y un predicado, huir de los adjetivos y presentar los datos de la mejor pmanera posible para permitir al lector obtener sus propias conclusiones.

Periodismo no es inducir, no es tratar como tontos a los lectores, no es tampoco abusar de la miel... ni de la hiel. Los lectores buscan los periódicos porque quieren información. Unos les gustan más que otros y por eso los eligen, para nutrirse y dotarse de argumentos. Pero este zafio periodismo de brocha gorda, ofensivo con el adversario y genuflexo con el poder, los está desmotivando como, trimestre a trimestre, demuestra el descenso en las cifras de venta.

Están desorientados, acojonados, no saben cómo evitar la sangría de lectores y no se les ocurre otra cosa que recurrir a la banalización, el periodismo de trinchera y la traición a la esencia del oficio.

Son bastantes años ya, demasiados, dando palos de ciego, pero la deriva que los periódicos de papel han tomado en los últimos meses es trsite y alarmante. Solo vaticina una catástrofe irreversible que desacredita nuestro oficio y nos pone cada día más difícil mantener la credibilidad y el interés por las historias que contamos.

Con esta manera de enfocar la información en primera página, ¿para qué queremos las páginas de opinión? ¿para qué los editoriales? ¿para qué las viñetas de humor? Hoy, las primeras páginas de la información en papel certifican más que nunca la alarmante agonía de los periódicos.

J.T.







sábado, 11 de enero de 2014

El pp quiere una tve mucho más facha

De izquierda a derecha Julio Somoano, director de Informativos de tve, Leopoldo González-Echenique, presidente de rtve y Mariano Rajoy

Igual que la gestión de Rajoy, a medida que transcurren los días, va haciendo que la de Aznar parezca menos terrible, la de Somoano en los informativos de tve está haciendo añorar ya la época de un Urdaci al que creíamos insuperable en materia de manipulación. 

Quien fuera el hombre del PP en tve durante la época de Aznar nunca osó llegar tan lejos como está llegando el mosquita muerta de Julio Somoano con la ayuda de José Gilgado, su implacable y férrea mano derecha: se han fumigado hasta “Informe Semanal” llenándolo de fachas incompetentes, cargándose el prestigio del programa e intentando esconderlo en la parrilla de programación. 

Ha sembrado Somoano los centros territoriales de zafios comisarios políticos cuyo burdo proceder suscita vergüenza ajena, ha trufado las tertulias de encefalogramas planos con alguna que otra coartada light para que nada sobresalga, nada exalte a nadie, nada despunte… Practican en tve con esmero la más eficaz técnica de manipulación: dormirlo todo, aburrir hasta a las ovejas, borrar del mapa la sensación de conflicto y de existencia de problemas justo cuando más conflictos y más problemas tenemos. 

Insisto. Somoano, como Rajoy, mueve los hilos con la misma técnica que su amado presi: ¿Llueve? Ya escampará. El día de su más reciente cumpleaños, allá por los comienzos del pasado otoño, mi amigo Pablo Iglesias fue invitado como tertuliano a “24 horas“. Nunca más volvió. Mucho me temo que quien cometió la osadía de llamarlo, el torpe que apostó por la pluralidad, fuera ipso facto seriamente reconvenido y que desde entonces, si no ha sido laminado ya, sea carne de purga apenas cometa otro mínimo desliz. 

Cada día que pasa parece más evidente que Telemadrid fue un laboratorio de pruebas donde se experimentaron todas las técnicas de manipulación que los mismos sicarios practican ahora en tve con tanto éxito para las intenciones peperas como fracaso para los índices de audiencia. Que en los próximos veinte meses esté previsto un mínimo de tres convocatorias electorales lleva a las huestes marianas más fundamentalistas a no dejar ningún cabo suelto y a atar la televisión pública estatal lo más en corto posible. ¿Criterios periodísticos? ¿eso qué es? Al enemigo, ni agua. 

El único reducto donde aún se intentaba hacer un periodismo mínimamente decente era el área de Nacional de los informativos y esta semana ha saltado definitivamente por los aires. Su responsable, Cristina Ónega, ha tirado la toalla aburrida y hastiada de presiones, puentes y desautorizaciones. Cinco minutos antes de que la echaran, se ha buscado la vida y se ha marchado al gabinete de comunicación del Consejo General del Poder Judicial. Alguien que lea esto podría deducir que en el área de Nacional se le estaban tocando las narices al PP. Ni por asomos. Sencillamente era el único reducto que quedaba en el que, muy de vez en cuando, aparecía alguna información mínimamente decente, entendiendo por decente la aplicación de esos criterios profesionales tan denostados que consisten en que, al elaborar una información, intervengan para dar su opinión todas las partes implicadas en ella. 

Claro que eso de “todas las partes” es un decir. Porque nunca se da la voz a las plataformas ciudadanas ni a los movimientos sociales, por ejemplo. Únicamente, y no siempre, se cuenta con los partidos políticos que tienen representación parlamentaria. Bonito tema éste para dedicarle una columna en breve. A ver si me animo y la escribo un día de estos. 

El caso es que ni Somoano, ni el pp, ni los demoscópicos afines que se dedican día y noche a hacer cuentas de cara a las próximas convocatorias electorales estaban dispuestos a permitir la, a su juicio, tímida y escasa manipulación que practicaba el área de Nacional de los telediarios. Así que, para sustituir a Ónega, han echado mano de Luis Javier Alcalá, hasta ahora jefe del área de Local de los informativos de Radio Nacional en Madrid. Para que nos vayamos haciendo una idea de la que nos espera con este nota, en Rne se le llama “Franquito”, que por lo visto es el apodo que más se ajusta a su manera de entender la comunicación. Más madera, que es la guerra. 

Y a todo esto el psoe, ¿qué es lo que hace? ¿dónde están las denuncias de manipulación? ¿dónde las peticiones de comparecencia parlamentaria pidiendo explicaciones? ¿dónde la exigencia pública de pluralidad, aunque sea de lo que ellos entienden por pluralidad? ¿están tan dormidos que no tienen a nadie en Ferraz viendo los telediarios y tomando nota de lo que están haciendo con la televisión pública estos desalmados? ¿o es que Rubalcaba se conforma con salir él en pantalla de vez en cuando y todo lo demás se la trae al pairo? 

Entre Somoano y Rajoy van a acabar con las existencias nacionales de anestesia. Han apostado por la sedación en materia informativa confiando en que, combinada con el miedo, pueda surtir efectos letales en una población hastiada y desanimada que puede que quiera creerse las mentiras que le cuentan y pensar, mientras cada día que pasa les sigue yendo peor, que las cosas van a mejorar y pronto. 

Al lado de Somoano y Rajoy, Urdaci y Aznar eran unos aprendices.

J.T.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Responsables de prensa, ¿periodistas o guardaespaldas?

Fernando Llorente y Marc Bartra durante la "accidentada" rueda de prensa en Guinea el 14.11.13

- Señor Rajoy, en mi aula somos 38 alumnos y estamos un poco apretados, ¿usted cree que con esto de la reforma en la educación corremos el riesgo de ser todavía más?
- Cuando yo estudiaba en Pontevedra éramos 40, le contesta el presidente, pero cuando tengamos dinero seréis menos.

La escena tiene lugar en palacio de la Moncloa durante una conversación de escolares con el principal inquilino del edificio. El chaval, dado el buen rollo que parece haber en el ambiente, pretende hacer otra pregunta, esta vez sobre la privatización de la sanidad.

- Pero la periodista no me dejó, le contaba el chico el pasado miércoles a Javier Casal durante la desconexión madrileña de "La Ventana", en la Cadena Ser. Me dijo que esas cosas no me interesaban,
- ¿Y tú estabas interesado?, le pregunta Casal
- Claro, yo estoy muy preocupado por lo que me pueda pasar si me pongo enfermo.

Escena dos: Guinea Ecuatorial. Rueda de prensa de dos veinteañeros, un vasco y un catalán, jugadores de la selección española de fútbol. Se les pregunta qué les parece jugar en un país sin libertades donde gobierna un dictador. Interviene la "periodista" del departamento de Comunicación de la Federación:

- Ellos no están aquí para hablar de esas cosas

Se arma el guirigay en la sala de prensa. Ante la insistencia de quien preguntó, los jóvenes Bartra y Llorente acaban soltando una atropellada respuesta intentando salirse por la tangente, lo que les cuesta que haya incluso quien los ponga a parir.

En las dos escenas, presuntos/as periodistas hacen lo contrario de lo que se supone que tendrían que hacer si realmente son periodistas. En Moncloa cortan a un chaval de instituto que le pregunta al presidente por la sanidad y en Guinea cortan a profesionales que preguntan a jugadores de fútbol sobre el país donde van a jugar. ¿Periodistas? Más bien cancerberos. El problema es que esto no sucede solamente en la Moncloa o en la Federación Española de Fútbol: periodistas que le cortan el rollo a periodistas los hay a miles. Ahora que se ha lesionado Víctor Valdés, seguro que hay algún "periodista-cancerbero" que podría competir con el bueno de Pinto para defender la portería del Barça con similar solvencia. Presuntos/as periodistas de muchos gabinetes de prensa y departamentos de comunicación harían bien en dedicarse al fútbol, al parapente o al aeromodelismo.

Yo no discuto la necesidad de ese cometido, pero para eso están los guardaespaldas, no los periodistas. Cuando un chaval, tras visitar la Moncloa, sale diciendo que una "periodista" no le ha dejado preguntarle a Rajoy por la privatización de la sanidad, vamos mal. Muy mal. Cuando, como en el caso de Bartra y Llorente, quien impide sus contestaciones a un periodista es otro periodista, algo falla.

Los periodistas que trabajan como asesores en los gabinetes de comunicación, si quieren ser llamados periodistas, tienen que comportarse como tales. Tienen que apostar por la transparencia y no por el oscurantismo. A ningún asesorado le ayuda que sus gentes de comunicación actúen de guardaespaldas. Un periodista de gabinete administra la información y, por supuesto, nadie puede esperar de él que actúe en contra de los intereses de quien le paga. Pero si se va a dedicar a entorpecer el trabajo de sus compañeros de oficio, más vale que se quite de en medio. Esa labor no la puede desempeñar alguien que se llame periodista. Que se llamen relaciones públicas, jefes de protocolo, responsables de marketing o comunity manager, pero periodistas no.

Un periodista no puede hacer lo mismo que aquel calvo alto y fornido que, como nos recuerda en su post de este domingo mi compañero Aníbal Malvar, apareció en un documental del Canal Plus francés echando el aliento y empujando a una periodista francesa para impedir que le preguntara a Felipe de Borbón por su cuñado Iñaki Urdangarín.

El periodista tiene que instruir y aleccionar a su asesorado, pero no puede ser su cancerbero. No puede hacer de guardaespaldas. Yo entiendo que el curro está muy difícil y que hay muchos periodistas que se ganan/nos ganamos la vida como podemos: a veces como agentes inmobiliarios, como camareros, o como dependientes de una carnicería. Pero cuando se dedican/nos dedicamos a estos menesteres los clientes no salen diciendo que el piso se lo ha vendido, o que la cerveza se la ha servido un "periodista" como sí contó el escolar de la Moncloa cuando salió dela visita.

Es verdad que al periodismo se dedican muchos piratas impresentables y que hay medios que denigran la dignidad de profesionales en programas y en informativos que producen vergüenza ajena. Pero eso... lo voy a dejar para otro día.

J.T.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Quién mató Canal Nou?


Las televisiones públicas son tan necesarias como lo es que quien las administra deje de utilizarlas en provecho del partido que gobierna.

Las televisiones públicas nacieron con la intención, y en la intención se quedaron, de llevar a los ciudadanos esa información a la que no tienen acceso por otras vías, ese conocimiento de su tierra del que las televisiones privadas no suelen ocuparse.  Que exista televisión pública estatal, autonómica o local es la única posibilidad que teóricamente nos queda de evitar que todo lo acaben mangoneando las cuatro empresas líderes del Ibex 35. Teóricamente. 

A medida que fueron naciendo, y antes de cumplir tres-cuatro años de vida, las televisiones autonómicas ya habían conseguido reproducir todos los defectos, y casi ninguna de las virtudes, de una televisión estatal que durante más de treinta años campó por sus respetos como visitante única de bares y salas de estar en todo el país. En manos de gestores politizados y pelotas, los medios técnicos y humanos de las televisiones autonómicas dedicaron desde el primer día sus esfuerzos y su celo a cantar las alabanzas del correspondiente gobierno de la comunidad para mayor gloria del presidente de turno y sus consejeros, y descomunal cabreo de los partidos de la oposición.

Es así. En todos sitios, sea cual sea el color que gobierne. Aunque como en todo, siempre hay grados. Unos, sin duda, tienen más pudor que otros, pero tampoco tanto. Ningún gobierno autonómico ha sido capaz de resistir la tentación de aprovecharse de las ventajas de tener una televisión a su disposición. Impagable juguete con el que satisfacer la vanidad, ensalzar los logros, ocultar las pifias, influir en la intención de voto... un chollo, vamos. Y tampoco vamos a hacer el tonto, ¿no?

Nacieron las autonómicas cuando, tanto los profesionales del medio como los políticos, conocíamos sobradamente los vicios, defectos y componendas de tve. Bastaba con haber hecho lo contrario de lo que hacía tve y se hubiera acertado. Pero eso no ocurrió. A medida que pasaron los años, las plantillas de las autonómicas fueron aumentando al ritmo que lo hacía también el descaro en la manipulación. No, definitivamente no se había aprendido nada de los problemas de tve.

Cuando empezaron a dispararse los costes, cuando el asunto empezó a tener pinta de burbuja condenada a explotar más pronto que tarde, alguien tenía que haber pegado un puñetazo encima de la mesa. Alguien o álguienes tenían que haberse puesto a buscar soluciones razonables entre todos. Soluciones para preservar la indiscutible utilidad que para los ciudadanos supone contar con una televisión pública autonómica bien gestionada. Alguien tenía que haber dicho "¡Basta!" antes que el dinero de todos se usara para financiar programas como "Tómbola", "Se llama copla", promoviera caridades televisadas, o suplantara las agencias matrimoniales dedicándose a emparejar ancianos solitarios.

Lamento muy seriamente el trágico desenlace de Canal Nou, pero pienso honestamente que el grito en el cielo y los golpes de pecho tenían que haber empezado mucho antes que el gobierno valenciano, amparándose en una decisión judicial, se cargara de un plumazo veinticuatro años de historia atreviéndose a justificarlos con la excusa de que, si no actúa así, podría verse obligado a cerrar algún colegio o algún hospital. Como si no se los estuvieran cargando ya sin piedad alguna. Les da igual con televisión o sin ella. Y como si no estuviera claro que, más pronto que tarde, la Comunidad Valenciana tendrá televisión autonómica... privada.

Tiempo le ha faltado al preboste madrileño para sumarse al carro y amenazar a los trabajadores de Telemadrid que aún quedan vivos con similares medidas a las de Valencia si no se portan bien. Es decir, conflictividad cero y sumisión infinita. Cuando una tele pública se quema, algo nuestro se quema. Y las autonómicas llevan ya ardiendo demasiado tiempo.

J.T.


lunes, 4 de noviembre de 2013

El incierto futuro de "El Correo de Andalucía"


Que levante la mano el periodista que no haya trabajado alguna vez para algún desaprensivo. Que levante la mano quien, contando con una excelente información en su poder, no haya tenido que envainársela porque publicarla hubiera comprometido a quien le estaba pagando la nómina.

Que levante la mano quien haya conseguido permanecer en el oficio periodístico un tiempo razonable, pongamos cinco años, sin tener que renunciar a tratar algún tema peliagudo... "El Correo de Andalucía" un periódico con más de cien años de historia y cuyos periodistas saben mucho de estas cosas, vive una insoportable agonía desde hace ya varios años. Sus competentes, entregados y sufridos profesionales no se merecen el calvario que llevan vivido. De un tiempo a esta parte ven cómo año tras año, mes tras mes, día tras día el medio para el que trabajan, referente informativo en la comunidad andaluza durante decenios, se va apagando sin remisión.

El periodismo en Andalucía no sería lo que es si "El  Correo", semillero de periodistas que ahora enriquecen el panorama informativo de toda la Comunidad, no hubiera existido. Pero los últimos diez-quince años han sido muy tristes: de revés en revés hasta la ruina casi definitiva. Cambios de propiedad, despidos, eres que han ido adelgazando la plantilla, más despidos, rendición de quienes, como su penúltimo director, han intentado salvar los muebles hasta que, ya sin fuerzas, han acabado tirando la toalla y dimitiendo...

Un euro.

El propietario anterior lo vendió hace unos días por un euro y le ha endosado el marrón de la deuda y el incierto futuro del periódico y de quienes se han dejado la piel en él a un personaje cuando menos controvertido que ya sabe lo que es acudir esposado a los juzgados. El que se marcha por la puerta de atrás, un tal Gallardo, era un hombre de negocios que se hizo cargo del periódico porque esperaba a cambio prebendas de la Junta que nunca llegaron... 

Por los medios de comunicación, como por los equipos de fútbol, merodean muchos arribistas y vocacionales del pasteleo que usan el periodismo o el fútbol como medios para hacer prosperar sus empresas. El caso de "El Correo de Andalucía" no es más que uno de los muchos ejemplos tanto de eso como del traumático cambio de ciclo que viven los medios de comunicación no ya en España, sino en el mundo entero. 

A los propietarios de los medios de comunicación, a quienes controlan la mayoría de ellos, les importa un pimiento la información, el derecho del lector, el radioyente o el telespectador a estar bien informado o cualquier otra premisa que tenga que ver con la deontología periodística. El gestor de telecinco declaró hace poco sin cortarse un pelo que él no tiene periodistas en su cadena, sino "comunicadores"; otro gestor -¿o era el mismo?- presume de ser un vendedor de publicidad que rellena con entretenimiento los huecos que le quedan vacíos...

Como dice Aidan White, ex secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, el ambiente en el que trabajan los periodistas no facilita que cumplan la función que tradicionalmente se les atribuye. Producir buenas historias, investigar, reunir información precisa, y trabajar con independencia resulta mucho más difícil cuando los empresarios de la comunicación no solo no invierten ya en periodismo, sino que ni siquiera creen en él. Hace ya un tiempo que a los empresarios les parece que el periodismo no es una buena inversión. Cientos de cabeceras han cerrado en Estados Unidos y en todo el mundo durante los últimos años...

Mis queridos amigos y compañeros de El Correo de Andalucía inician este lunes cinco días de huelga con la que luchan por la salvación de un entrañable producto periodístico al que han acabado haciendo trizas entre muchos. Me encanta que no se den por vencidos. Como ellos, yo reivindico la existencia de un periodismo vivo y libre: en los periódicos, en las revistas, la radio, la televisión, internet, por activa, pasiva o reflexiva... hasta que demos con la tecla.

Queridos amigos de El Correo de Andalucía, vuestra lucha no solo no es en vano sino que supone todo un aldabonazo para que los demás espabilemos y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que nuestro trabajo deje de depender de desaprensivos, para que podamos contar sin miedos ni cortapisas todo lo que investiguemos y para que no le tengamos miedo a esos amos que son capaces de dejarnos tirados y vendernos por un euro al peor postor cuando descubren que poner dinero en un medio de comunicación no les ayuda a conseguir, por ejemplo, la licencia para un oleoducto.

J.T.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El "patio" periodístico necesita un buen meneo


La connivencia entre los políticos y los periodistas en España es una de las distorsiones que más ha perjudicado a la tarea de comunicar en nuestro país. Las bibliotecas contienen decenas de volúmenes escritos por periodistas en los últimos decenios donde se demuestra cómo esa relación, tan jugosa para quienes la protagonizan como perjudicial para la esencia del trabajo informativo, se ha practicado desde los comienzos de la llamada Transición hasta nuestros días. 

No hubo entonces línea divisoria entre hacer pasillos en el Congreso, codearse con sus señorías en el baño o tomando un café… y el desenfadado compadreo que acababa derivando no en cuidar las fuentes, sino en publicar solo aquello que esas mismas fuentes consideraban apropiado. 

Se instaló en la práctica diaria del periodismo en nuestro país el nefasto “off the record”: tú, periodista, tienes el privilegio de contar con una información que yo te doy, pero sólo te la doy a cambio de que no la publiques. No a cambio de no citar la fuente, no, lo que sí sería legítimo, sino a cambio de que no la publiques, a cambio de que estafes al destinatario último de la razón de tu trabajo.  
Esto convirtió, y continúa convirtiendo, a muchos profesionales de la información en España en silenciosos cómplices de verdaderas bombas de relojería. Durante años algunos se dejaron utilizar, muchos abandonaron la crónica, la entrevista y el reportaje para transmutarse en opinadores “bien informados” y mejor pagados… y otros se convirtieron lisa y llanamente en comerciales de publicidad o empresarios de la comunicación. 

Todas las fronteras acabaron transgrediéndose con los directores de los medios a la cabeza y cuando llegaron los tiempos de la televisión privada, aquello fue ya “puro lejano oeste”. El sistema de concesión de canales fue, y continúa siendo, tan perverso como el resto de las relaciones entre políticos y periodistas. Uno de los episodios que más perjudicó a la libertad de expresión y que más propició el mamoneo entre periodistas y políticos. 

Quien quiera puede consultar en algunos de los libros escritos por Pedrojota, por ejemplo, cómo se jacta de haber sido mentor y tutor de Aznar antes que éste llegara al poder. Luis María Anson poseía ya un amplio currículum de “conspirador” cuando encabezó con Camilo José Cela en 1994 en Marbella el nacimiento de la AEPI (Asociación de Periodistas Independientes), un grupo de comunicadores beligerante con la situación política de aquellos momentos y que acabó siendo conocida como”el sindicato del crimen”. 

Cebrián, competente como director de periódico, hizo bueno el principio de Peter cuando abandonó esta tarea para empezar a meterse en todos los charcos, a no dejar de tocar palos diferentes hasta conseguir alcanzar su propio nivel de incompetencia, fumigarse el imperio Polanco y verse obligado a ponerlo en manos de fondos de inversión americanos y algún que otro desaprensivo buitre añadido. 

Son solo algunos ejemplos, dado que esto es un post y no una tesis doctoral. Nombro a algunos de los jerifaltes, pero la lista engorda, y mucho, a medida que repasas los escalafones y las nóminas de asesores y tertulianos. 

Esto en cuanto a los medios privados porque, como se sabe, los nombramientos de los responsables de los medios públicos son designaciones políticas que, cuando han recaído -escasas veces- en profesionales teóricamente neutrales han derivado en patéticos episodios con desenlaces traumáticos. Vamos, que han acabado como el rosario de la aurora. 

Parece evidente que todo este patio necesita un buen meneo. En plena prehistoria de la era digital (en el primer minuto del partido, como ha dejado dicho alguien) ya parece atisbarse que las connivencias entre políticos y periodistas lo tienen un poco más crudo para monopolizar y canalizar una información que ahora, desde mil frentes distintos, consigue llegar sin trabas al gran público, a todo bicho viviente esté donde esté. 

Esta novedosa y revolucionaria coyuntura podría propiciar la recuperación del auténtico sentido del periodismo, que viene obligado a reinventarse y replantearse todo: desde sus fuentes de financiación hasta lo que significa estar permanentemente expuesto a ser juzgado por tu trabajo, conocer lo que opina sobre su contenido quien se interesa por él y entender que la llamada “interactividad” ha llegado para quedarse. 

Las connivencias quizás no desaparezcan nunca, como lo demuestra la pugna por contar con webs y periódicos digitales que existe en estos momentos en todas las organizaciones, instituciones y demás entidades habituadas a mangonear en los medios. Pero esta nueva manera de llegar al gran público deja también abiertas las puertas, de par en par, al periodismo en estado puro para quien sepa y quiera practicarlo. Esa manera de trabajar tiene que encontrar su modo de sobrevivir, es verdad, pero en igual tesitura se encuentran quienes durante años impusieron y rentabilizaron la connivencia, el “off the record”, la conspiración y las informaciones privilegiadas.

J.T.

lunes, 14 de octubre de 2013

Esa perversión llamada periodismo "declarativo"


Los redactores jefes que permanecen de guardia los días festivos en los medios, sobre todo en los medios públicos y en las agencias, saben bastante de la tortura que puede llegar a suponer esa funesta modalidad periodística que en el oficio damos en llamar periodismo de declaraciones o periodismo “declarativo”.

Este insalubre subgénero se subdivide a su vez en múltiples modalidades de las que se usa y abusa a diario. Esta que describo a continuación es una de las más peligrosas: 

- Riiiing, oye soy el jefe de prensa de… Mira, que queremos hacer unas declaraciones. Se trata de… 

No es que tú los llames porque ha saltado un asunto de actualidad y a tu juicio estaría bien contar con su opinión. No: llaman ellos, o sus jefes de prensa 

a) porque saben que los días de fiesta cuesta rellenar planillos y escaletas 

b) porque los de algún otro partido han soltado una andanada y quieren replicar 

c) porque, y éste es el peor supuesto pero se da bastante sobre todo el los medios de titularidad pública, se creen con el derecho 

El periodismo declarativo, para empezar, ni siquiera es periodismo. Yo sostengo, contra el criterio de muchos de mis colegas, que no lo es en ningún caso pero muchísimo menos, por supuesto, cuando se trata de una declaración que no hemos ni pedido ni buscado. 

La cosa va así: alguien decide soltar cualquier burrada que, en la sequía informativa del día de fiesta, con un poco de suerte puede acabar siendo titular y garantiza cierta preeminencia en los diarios del día siguiente. Luego los matinales radiofónicos, que se alimentan en buena parte de lo que traen los diarios, le dan bola… y así, rodando-rodando, la susodicha burrada “declarativa” se acaba convirtiendo en carnaza para las cada vez más numerosas tertulias de mañana, tarde y noche en todo tipo de medios analógicos y digitales. 

Medios que han descubierto el chollo que supone para la cuenta de resultados rellenar parrilla de programación a costa de poner cuatro o cinco tertulianos a discutir por cuatro euros… o gratis. Tertulianos que se gritan y vituperan mutuamente a partir de unas declaraciones que un escasamente escrupuloso redactor jefe de fin de semana, necesitado también de carnaza, puso en circulación la víspera tras la llamada de un político avispado. 

El periodismo declarativo es perverso en sí mismo. Los gabinetes de algunos políticos se atreven a rizar aún más el rizo, y ya no hace falta ni que sea festivo: se graban ellos mismos por sus propios medios las dos o tres o frases que quieren difundir y las envían a las agencias, los periódicos y las televisiones: en betacam, dvcpro, dvd, pendrive o un simplemente un link por mail para que te las bajes tú mismo de la red. Acto seguido tiene lugar la llamada del jefe de prensa: 

- Oye, te he mandado unas declaraciones de fulano. Ya verás, están de puta madre, son una bomba. 

Y tanto que son una bomba, una bomba para el futuro del oficio periodístico y para el derecho ciudadano a recibir una información veraz, contrastada, imparcial, profesional y libre.

J.T.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El periodismo de sucesos


La triste y misteriosa muerte de la pequeña Asunta Basterra posee todos los ingredientes precisos para que los buitres carroñeros hagan su agosto. Y a fe que lo están haciendo. Para vergüenza de la profesión periodística, del mundo de la comunicación y del género humano. Como se trata de un asunto que provee de material suficiente para toda una tesis doctoral, hoy me quiero referir a él mínimamente recordando cómo me he aproximado a este tipo de información bien cuando he estado al frente de una redacción o bien cubriendo yo mismo una historia. 

¿Qué es lo que hay que hacer? 

1. Lo primero es patearse los sitios donde han ocurrido los hechos y no hablar de oído en ningún caso. Premisa absolutamente imprescindible. 

2. Tomar todas las imágenes posibles. Sí, todas. Otra cosa es el uso que haremos de ellas. Pero las tenemos que tener, como las tiene la policía o el forense y no por eso hacen uso público de ellas. Fundamental para hablar con propiedad de la historia que vamos a contar.

3. Hablar con el mayor número de personas posible en el entorno de los afectados por los hechos. Tomar nota de todo, no creerse nada y contar hasta cien antes de dar por válido un testimonio sin haberlo contrastado suficientemente. 

4. La policía nos tiene que que contar cosas y confirmar las que ya sabemos. Es uno de nuestros mejores aliados, y nos respetarán por la solvencia de lo que contemos. Callaremos lo que no tengamos suficientemente contrastado y eso nos permitirá no caer en ninguna trampa, que nadie nos utilice como portavoz de sus intereses y que nuestras informaciones y nuestra firma se respeten. 

5. Hay que tener acceso a sumarios y declaraciones judiciales. ¿Cómo? Buscándonos la vida.

6. Hay que tragar saliva y echarle sangre fría, pero hay que tener línea directa con los más allegados a la víctima o víctimas cuya información estamos cubriendo. No solo anotar números de teléfono sino dar los nuestros y hacer entender a ese entorno que contar con nosotros puede resultar útil.

7. Ojo con los abogados. Con los mediáticos porque te la meten doblá con tal de chupar cámara y con los reticentes porque nuestro reto ha de ser convertir su desconfianza, su timidez o su agresividad en un instrumento de trabajo que podamos usar para informar lo mejor posible.

8. Después de una crónica viene otra. Al día siguiente o a la hora siguiente. Eso quiere decir que hay que ofrecer lo que tenemos de la mejor manera posible. ¿Que nos ha faltado algo por confirmar o por saber? Apenas terminemos un envío nos pondremos a trabajar para incluirlo en el siguiente.

9. Procurar no dejarse llevar por lo que se escucha en el lugar de los hechos entre los compañeros de cobertura. Muchas inercias o vicios adquiridos pueden derivar en que nos preocupemos por anécdotas con el consiguiente riesgo de perder tiempo y perspectiva de cara a lo verdaderamente sustancial de la información. Nosotros, por nuestro camino.

10. El periodismo de sucesos hace información y utiliza para ello las mismas herramientas que cualquier otra sección: seriedad, rigor, contraste de fuentes, concisión, datos y claridad en la redacción.

¿Qué es lo que NO hay que hacer? 

Desde que los programas de entretenimiento de muchas televisiones son capaces de matar por una décima de audiencia a costa de lo que sea, los sucesos han pasado a formar parte de sus contenidos prostituyendo la esencia del trabajo informativo. Como yo apuesto y apostaré siempre por la información (los sucedáneos, como tales, acabarán desapareciendo o reconvirtiéndose) he aquí lo que a mi juicio no debe hacer nunca un periodista en la cobertura de un suceso. 

1. No hay que hacerse eco de informaciones escabrosas sin haberlas contrastado más de una vez. Y aún así, aproximarse al hecho contándolo de manera aséptica, sin juicios de valor y sin adjetivos. 

2. No hay que dar cancha a los típicos testimonios histéricos de los espontáneos de la zona donde ocurre los hechos y que buscan su minuto de gloria 

3. No se debe faltar el respeto a los afectados por un suceso irrumpiendo en su intimidad. Basta con volver la oración por pasiva e imaginarnos que somos nosotros los afectados para entenderlo. El rigor informativo es mucho más solvente y respetable en la medida en que tras él existe el respeto hacia las personas que han sido víctimas de los hechos que contamos. 

4. No hay que hacer espectáculo. Sí, ya sé: complicado. Pero si nos dedicamos al periodismo de sucesos lo que tenemos que hacer es información. El espectáculo corresponde a los programas de entretenimiento, género tan respetable como discutible puede ser el tratamiento que dispensa a algunos de los asuntos que incluye en sus escaletas. 

5. No hay que precipitarse. Es preferible una bronca del redactor jefe porque le parezca escasa la información que ofrecemos, que arrepentirnos por haber cedido a las presiones y soltar algo que aún no habíamos podido verificar. El patrimonio de un periodista es lo que hace y firma él, y cuando la cargas la cagas tú, no quien te presionó para cagarla. 

6. No intimar con las fuentes. En la medida en que menos compadrees con ellas, más te respetarán 

7. No caer en la tentación de hacer valoraciones: datos, datos, datos. 

8. No copiar a otros. Y si lo hacemos los citaremos siempre. 

9. No apostar por el mal rollo. La competencia es sana; los codazos y los pisotones, no. 

10. No ser buitre. El periodista de sucesos no es un buitre, por mucho que haya de ocuparse de temas escabrosos.

Todo esto lo aprendí viendo trabajar y leyendo a Margarita Landi, Pedro Costa Muste, Emilio Lahera, Paco Pérez Abellán, Julio César Iglesias, Jesús Duva... y muchos más. Estos días, viendo el tratamiento del caso de la pequeña Asunta, los echo mucho de menos.

J.T.