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viernes, 3 de julio de 2015

Cuando, hace treinta años, teníamos treinta años



La Comisión anti-OTAN, las protestas antinucleares, el movimiento pacifista, las asociaciones ecologistas... Aquello hervía a comienzos de los ochenta cuando, en el diario "Pueblo", coordinaba yo un suplemento semanal llamado "Páginas Verdes". Daba gusto escucharlos y era un privilegio, que debo a mi director José Antonio Gurriarán, haber podido escribir y publicar lo que ocurría en ese mundillo por aquellos años.

Cobertura tras cobertura, tuve la suerte de ir conociendo a puntales del mundo alternativo como Humberto da Cruz, Artemio Precioso, Martínez Salcedo, Luis Alberto Sanz o el recientemente desaparecido Ladis Martínez. También me hice amigo de Gerardo, un cerebrito. Machacón. Contundente. Eficaz. Toda su adolescencia la había gastado luchando contra el sistema y en su juventud más correosa combatía con solvencia las políticas del gobierno de UCD, en plena transición, dejando en evidencia las enormes contradicciones del poder y abanderando la lucha contra la injusticia, la desigualdad, la pobreza, el abuso de los ricos y de los bancos, siempre amparados estos por el poder...

No tardaron los socialistas de su barrio en echarle el ojo a Gerardo y pusieron en marcha una estrategia de seducción, de acoso y derribo en definitiva. Mi amigo tragó. Entró en la dinámica. Él se consideraba antisistema, sí, pero los colegas de la agrupación que le echaron el lazo le argumentaron que, en el partido, hasta habían puesto en marcha una organización pacifista, el MPDL (Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad) y que los postulados verdes -como podía comprobarse en el programa- iban a formar parte de las prioridades socialistas apenas llegaran al gobierno.

Así que mi amigo concluyó que existen momentos en la vida en los que hay que pedir carta, pasar de los dichos a los hechos, de la teoría y la protesta a la gestión. Al fin y al cabo, el profesor Tierno Galván, por entonces alcalde de Madrid, solía decir que "en todo intelectual hay un hombre de acción y en todo hombre de acción hay un intelectual". Por coherencia con sus ideas, un buen día decidió aceptar su primer cargo en la agrupación".

El tiempo transcurría y él se iba distanciando de sus amigos de toda la vida (ecologistas, pacifistas y demás ralea). Pero no pasaba nada. Sería útil desde dentro. Se trataba de cambiar las cosas y él, la verdad, era un tío competente. Muy válido. Tanto, que apenas el PSOE ganó las elecciones lo hicieron director general. Y llegaron las miserias, las zancadillas, las dobleces y toda la prosa de la gestión política diaria. Así que cuando tropezó con todo esto tuvo dos opciones: tragar o levantarse de la poltrona y marcharse. Decidió tragar. A los amigos nos lo vendió argumentando que era la mejor de las opciones posibles, pero el caso es que tragó: coche oficial, prebendas variadas, divorcio, novieta nueva... ¡viva la revolución!

Veinticinco años tardaría en salirse del engranaje. Fue de cargo en cargo, de consejo de administración en consejo de administración... y eso que aún no se había inventado el concepto "puertas giratorias". La lucha ecologista, como sus otrora furibundas diatribas anti OTAN,  pasaron a ser historia en su vida. Durante años me habló de lo imprescindible que le resultaba leer "El País" por la mañana, de cómo las reuniones del partido funcionaban igual que los consejos de administración de las empresas, porque cada cuál ponía encima de la mesa los votos conseguidos en sus circunscripciones como si fueran acciones...

Iba cambiando de manera de hablar, de actitud ante la vida, de gustos y de compañías casi sin darse cuenta. Y los amigos como yo, lo escuchábamos... y callábamos como se hace cuando continúas queriendo a alguien con quien cada vez compartes menos cosas. Los últimos años solo hablábamos ya de fútbol, de literatura, de chicas, de asuntos familiares... De política, nada.

Hace un par de años que no lo veo, pero me acuerdo a diario de él. Sobre todo últimamente, cuando la vida me ha vuelto a poner en la órbita de treintañeros resueltos, con muchas ganas de cambiar las cosas. Gente capaz y competente que lucha contra las injusticias, la desigualdad, los privilegios de los ricos y de los bancos a los que ampara un gobierno mediocre y agresor. Luchan como entonces lo hacía aquel mi brillante colega al que ahora, con toda razón, llaman "casta". Ahora que hace treinta años que él y yo teníamos treinta años. Me pregunto cómo será el cuento... dentro de otros treinta.

J.T.

miércoles, 10 de julio de 2013

Concha García Campoy


Llegó a Torrespaña cuando faltaban quince meses para el referéndum de la OTAN. 

Enric Sopena, tercer director de Informativos de la era Calviño, le había dado un vuelco en enero del 85 a la manera de hacer los informativos. Y ella se convirtió en el santo y seña de aquella apuesta por el cambio de la única televisión que entonces existía en España. 

Manuel Campo Vidal, que había presentado el informativo de la noche los dos años anteriores, fue su compañero en el Telediario de las tres, la pareja televisiva de Concha García Campoy, 26 años, recién llegada de Ibiza donde mi amigo Juan Carlos Muntaner, que había formado parte del tribunal que había aprobado su ingreso en el centro regional de Baleares, me avisó ya que se trataba de una verdadera fuera de serie. 

El informativo de las nueve tardó en dar con la pareja que les replicara: Pasaron Amalia S. Sampedro, Pepe Navarro, Carlos Herrera... hasta que cuajaron Ángeles Caso y Paco Lobatón. Memorables también los fines de semana de Felipe Mellizo y más tarde de Luis Carandell.

Cuando dejaron de encargarme reportajes en Informe Semanal donde se hablara de la OTAN, Concha se indignó, me manifestó su solidaridad y juntos nos desahogamos criticando aquel lamentable e inevitable impuesto revolucionario que vivíamos tan de cerca.

No era Concha un florero precisamente. Por eso le molestaba tanto que los jefes le dijeran qué guapa eres y se quedaran ahí. Parecía claro que les gustaba su estilo pero quizás no tanto su sólido criterio. Aún así, los presentadores de aquella histórica añada remataron un proceso que había empezado en la época de Castedo, Balbín y de Enrique Vázquez, en el que los "bustos parlantes" de antaño habían ido dejando su lugar a profesionales que sabían muy bien de qué te estaban hablando. ¡Tiempos!

Como todo espíritu inquieto, Concha era culo de mal asiento. Cuando tuvo la oportunidad de poner en marcha un espacio radiofónico de carácter informativo los sábados y domingos por la mañana no se lo pensó dos veces y tiró palante. El parto del magazine "A vivir que son dos días" fue en la primavera de 1988. Tras seis largos años "viviendo" el programa, transmitiendo a los oyentes que el título no era una casualidad, siguió su camino por radios y teles exprimiendo cada experiencia.

Primero junto a Lorenzo y más tarde con Andrés vivió su vida y la compatibilizó con su trabajo. Se quejaba poco cuando las cosas no le salían como quería y se manejeaba con el arte suficiente para, siendo tan estrella como la que más, no ejercer nunca de tal. De ahí el buen rollo que transmitía y que le llegaba a tanta gente como este miércoles está lamentando su muerte.

Los que tienen clase lo demuestran sobre todo en su manera de afrontar y gestionar los contratiempos más graves. En eso, como en tantas otras cosas, Concha también ha sacado matrícula de honor.

J.T.

viernes, 2 de julio de 2010

Tve, la Otan y el "estilazo" de Enrique Vázquez como director de informativos




Corría el año 84 del siglo pasado y los socialistas llevaban año y medio en el poder. Antes de marcharse el gobierno anterior su presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, había dejado los “deberes” hechos y nos había metido en la Otan sin anestesia.

Así que los socialistas se encontraron con el trabajo sucio resuelto cuando ganaron las elecciones del 82 y pudieron permitirse el lujo de mantener una postura -estética, que no ética- aparentemente beligerante con nuestra pertenencia a la alianza atlántica.

Primero en la oposición y luego durante los primeros meses de gobierno se mantuvo un cierto equívoco a propósito del referéndum prometido en campaña para continuar en la Otan.

Sin duda Felipe y Guerra tenían sobre la mesa un serio marrón que resolver y lo primero que decidieron cuando llegaron al gobierno fue dejar pasar el tiempo: se celebraría el referéndum prometido, sí, pero cuanto más tarde mejor. Ya veríamos hacia el final de la legislatura (acabaría celebrándose en marzo del 86).

Así que había que empezar a calentar el ambiente: Estábamos en la Otan ya y se tendía a pensar que el referéndum sería para meternos en la alianza. No: se trataba de quedarnos, no de entrar. (en campaña habían prometido un referéndum pidiendo el sí para salir y acabaron casi rogando el sí, pero para quedarnos, que fue lo que ganó).

En Informe Semanal de Tve, donde yo trabajaba como reportero por aquel entonces, se planteó un reportaje para contar los hechos consumados ya y que el común de los españoles desconocía.

A saber: que teníamos ya en Bruselas un embajador español para representarnos específicamente ante la Otan (Jaime de Ojeda), que había altos mandos de los tres ejércitos trabajando allí, que teníamos ya en la capital belga, desde hacía más de un año, decenas de despachos ocupados por diplomáticos y militares españoles que hacían su trabajo diario en Bruselas como sus colegas de cualquier otro país de la alianza…

Todo eso había que contarlo en clave periodística y el trabajo se me encargó a mí: casi una semana en Bruselas de rodaje y varios días de montaje en Torrespaña al regresar.

El día anterior al sábado en que se emitiría el reportaje Ramón Colom, por entonces director de “Informe” estaba de viaje fuera de España. Jesús Ortiz, responsable en su ausencia, me sugirió que llamáramos a nuestro director de informativos, Enrique Vázquez, para que lo visionara antes de emitirlo: se trataba de un tema delicado y él iba a ser el responsable último de lo que contáramos.

Desde su despacho, en la planta superior a nuestra redacción y por teléfono, Enrique -uno de los más sólidos y discretos directores de informativos que ha tenido tve, ni fotos suyas he encontrado en el google-, sólo nos hizo dos preguntas:

1. ¿Lo habéis hecho vosotros?
- Sí
2. ¿Os lo ha encargado Ramón?
-Sí
Pues entonces no tengo nada que visionar, nos dijo. Ya lo veré en mi casa mañana cuando se emita.

J.T.