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miércoles, 31 de agosto de 2011

Hace sólo treinta y un días...



- Mourinho todavía no le había metido el dedo en el ojo a Tito Vilanova

- Irene era sólo un nombre de mujer

- El Barça tenía dos copas menos

- A Benedicto todavía no le había pillado la tormenta de Cuatro Vientos

- Los confesionarios efímeros del Retiro aún estaban sin usar

- DSK era un presunto violador

- Los contratos temporales de dos años no eran encadenables

- Nos acababan de presentar a la famosa "prima de riesgo" y un mes más tarde parece como si fuera de la familia de toda la vida

- ZP no se hablaba con Rajoy y ahora se besan en los morros

- Rubalcaba todavía se hablaba con ZP

 J.T.




viernes, 24 de junio de 2011

Cospedal y Zoido, de tiros largos

Toledo, 23 de junio. Cospedal sale del armario
Sevilla, 23 de junio. Zoido, vitoreado por sus fans en la procesión del corpus

Lo primero que han hecho ha sido ponerse el chaqué, la  mantilla y ¡hasta la peineta!

Zoido y Cospedal, Cospedal y Zoido 

Las dos picas más notables que el pp ha colocado en el Flandes del 22 de mayo, los dos bastiones más importantes de las elecciones municipales y autonómicas.

Toledo y Sevilla, Sevilla y Toledo

Cospedal y Zoido, Zoido y Cospedal 

Un mes después de su triunfo y con el sillón y el bastón de mando recién estrenados, el calendario les ha brindado una oportuna, una providencial -nunca mejor dicho- procesión de corpus en las que lucir sus mejores galas.

Cospedal en Toledo y Zoido en Sevilla son los símbolos más elocuentes del cambio en Castilla la Mancha y en Andalucía. Los incautos socialistas llegaron a decir en la precampaña que ni la autonomía manchega ni el ayuntamiento sevillano acabarían en manos del pp, que sin estas dos plazas, una autonómica y otra municipal, los peperos se quedarían sin poder escenificar la victoria con la que soñaban. 

Pues toma del frasco. La han escenificado, y ¡cómo la han escenificado! En la procesión del corpus, con mantilla, peineta y chaqué. Todo ello aderezado con los aplausos del personal, una tropa que llevaba decenios esperando este momento.

Porque los que van a la procesión del corpus sí que llevaban tiempo indignados: año tras año, cuatrienio tras cuatrienio votando pp para luego tener que tragarse a un sociata presidiendo el cortejo. 

Pero ya todo está en orden. Tranquilos, queridos losantistas, davilistas y pedrojotistas todos: ya habéis alcanzado vuestros objetivos. Y los adversarios, cautivos y desarmados, más incluso de lo que os podíais imaginar, se lamen las heridas por las esquinas.

Que el señor nos pille confesados

J.T. 

domingo, 17 de abril de 2011

Domingo de Ramos

Me gusta “vivir” los aires del domingo de Ramos en Sevilla. Eterno forastero en esta ciudad a la que llegué de paso para un breve paréntesis que se fue prorrogando, creo que soy un afortunado por vivir aquí esta semana grande que empieza hoy. Trece años ya. Trece años que, cuando llegan estos días y salgo a la calle, soy feliz. Feliz porque veo a la gente feliz; feliz porque estos días en Sevilla son, sin ninguna duda, toda una fiesta para los sentidos. 

Desde hoy me siento espectador privilegiado por lo que veo, por lo que oigo, por lo que saboreo, por lo que toco, por lo que huelo... El carácter religioso de la jornada la verdad es que me la repampinfla. Pero lo que ocurre en las calles de Sevilla cada año en estas fechas a mí no me deja indiferente.


Huele a azahar y a ganas, muchas, de vivir;  las tardes son más largas desde que cambiaron la hora y la gente, mucha gente, para muchos demasiada gente, se lanza a la calle con ganas de sentir y de estrenar. Me gusta el trasiego de gentes de toda edad y condición con esa reconocible expresión en la cara de quien ha llegado hasta el teatro y espera ya que pronto comience la función.

Me gustan los grupos de chicas jóvenes y la alegría que transmiten. Esa alegría con la que adornan su ropa recién comprada, sus zapatos que cuando llegue media tarde llevarán en las manos porque ya no aguantan más en los pies tras osar estrenarlos en esta jornada de tanto vaivén.

Pasear por Sevilla los domingos de ramos es un ritual al que me confieso adicto desde que llegué aquí. Creo que para todo el mundo existe una fecha, una jornada, o un momento que se repite cada cierto tiempo y que le sirve para hacer cálculos mentales sobre cuántas jornadas como esa podrá disfrutar en lo que le queda de vida. Por muchas que calculemos siempre serán pocas. ¿Sesenta, setenta, para los más jóvenes? ¿Veinte, treinta para los ya talluditos? Hay que bebérselas hasta la última gota. 

Para unos estas fechas clave suelen ser los cumpleaños, para otros la feria del pueblo, o la nochevieja. Para mí el Día con mayúscula es el domingo de ramos, el día en el que explotan las flores y revientan las adolescentes enfundadas en su ropa nueva; el día que simboliza el regreso de las jornadas luminosas y se le da carpetazo a las frías y oscuras tardes de invierno; el día en el que vuelve uno a sentir cómo calienta el sol en la cara y cómo los besos de los niños son más frescos que nunca anunciando playa, verano y alegría.

Todo huele tan bien en esta semana de fiesta que ahora empieza… Estamos vivos, hemos superado un invierno más y ahora toca celebrarlo, disfrutarlo, exprimirlo hasta que los zapatos nuevos de la ilusión nos desuellen los pies de la vida y, con ellos en la mano, como las jovencitas sevillanas que estrenan calzado este domingo de ramos, caminemos descalzos pero exultantes por el empedrado de una realidad a la que hoy me apetece, más que nunca, verle la mejor cara posible.

J.T.

La foto es del compañero José Manuel Vidal

lunes, 31 de enero de 2011

"Las Setas" de la Encarnación y la resistencia de los sevillanos a cualquier cambio en su ciudad

Así será la vista aérea de la plaza de la Encarnación de Sevilla
cuando el proyecto Metrosol-Parasol esté terminado 

Si hay un lugar en el mundo donde se palpa a diario hasta qué punto la naturaleza humana es reticente a los cambios, ese lugar es Sevilla.

En los doce años que llevo disfrutando de la vida en este estupendo lugar del mundo hay algo a lo que jamás he conseguido, ni creo que conseguiré, acostumbrarme: se trata de la capacidad que tienen mis queridos convecinos para escandalizarse ante la amenaza de la más mínima perspectiva de cambio en su entorno de siempre.

Las cosas son como son porque llevan siglos siendo así  y así deben continuar estando per secula seculorum, parecen decir: la estética de la queja, de la prevención, de la oposición por sistema frente a cualquier propuesta estética que signifique modificar algo.

¿Que alguien quiere modificar algo? Pues se monta una campaña para que la idea se encuentre con mil obstáculos antes de prosperar.

He vivido en estos doce años campañas, por ejemplo, contra la peatonalización del centro, contra el carril bici, contra el tranvía. Feroces y machaconas diatribas recogidas y avivadas por cierta prensa local con el objetivo de machacar la iniciativa, de cargársela a cualquier precio.

Quieren hacer una torre más alta que la Giralda en la isla de la Cartuja -la torre Pelli, cuyos cimientos comienzan ya a tomar cuerpo- y ya se están rasgando las vestiduras los sevillanos de pro entre copita y copita en la bodega Morales, en el Becerra o el Capitol.

El lugar donde se construye la torre Pelli junto a una recreación 
de cómo quedará cuando esté terminada

Luego ocurre que, cuando aquello contra lo que despotricaban se termina y se inaugura, pasa inmediatamente a usarse, a disfrutarse y se presume ante las visitas con el mismo desparpajo con el que antes se abominaba de ello; como si la idea hubiera sido de los mismos que la criticaban: lo he visto, ha pasado con las nuevas calles peatonales, con el carril bici, con el servicio de bicicletas, con el tranvía... Ahora todo está de puta madre para los mismos que durante las obras salían con pancartas a la calle para intentar pararlas.

 Bicicletas y carril bici junto al puente de la Barqueta
La peatonalizada Avenida de la Constitución, junto a la sevillana Catedral

No sé si sucederá lo mismo con la construcción del Metrosol-Parasol de la plaza de la Encarnación, a trescientos metros escasos de la conocida "Campana", el enclave en torno al que gira la vida de la ciudad.

Metrosol-Parasol es un proyecto vanguardista e innovador que apura ya su última fase de construcción después de cinco años y que revitalizará de una manera revolucionaria uno de los enclaves más clásicos y tradicionales del centro de Sevilla. Una zona que ha permanecido abandonada treinta años largos y a la que este proyecto, sin duda, dotará de una vida extraordinaria: moderno mercado de abastos, cafeterías, restaurantes, museo, centro comercial, zonas de paseo y esparcimiento...

Estas dos fotos de las obras de Metrosol-Parasol las tomé el pasado 25 de enero

Bien es cierto que el ayuntamiento, promotor e impulsor del proyecto Metrosol-Parasol, conocido popularmente como "Las Setas", ha ofrecido suficientes argumentos a los detractores por la lentitud en la ejecución de las obras y la manera como se ha disparado el presupuesto inicial. Eso es verdad.

Pero tengo para mi que cuando "Las Setas" estén acabadas, quienes han proferido los mayores vituperios contra ellas serán los primeros en ufanarse de contar con una obra que dotará a la ciudad de un emblema más con el que ser reconocida en el mundo.

J.T.

martes, 25 de enero de 2011

Copa del Rey. Las cuatro ciudades de mi vida, en semifinales


En Almería nací y allí me crié  
    En Barcelona estudié y comencé a trabajar


En Madrid gasté veinte años de mi vida profesional

 En Sevilla vivo desde hace doce años

      
En las semifinales de la Copa del Rey de esta temporada tengo el corazón dividido en cuatro partes.

¿Que quién querría que llegara a la final y la ganase si tuviera que elegir sólo a uno?

El Almería, por supuesto.


J.T.

domingo, 29 de agosto de 2010

Aquel reportaje sobre la tomatina de Buñol que hizo Javier Basilio


Cada verano, cuando me topo con el preceptivo reportaje de la tomatina de Buñol en todas las teles del mundo mundial, me acuerdo del primero que se hizo contando esta historia: lo elaboró mi compañero y amigo Javier Basilio para Informe Semanal allá por 1983, cuando aún no existían las televisiones privadas ni las autonómicas y la Uno conseguía los sábados por la noche audiencias que superaban los veinte millones de espectadores durante la emisión de nuestro programa.

Basilio, cojo redomado, era la simpatía hecha persona. Como soy cojo tengo que ser simpático, decía. Era tan agradable y tan buena gente que hasta cuando se quejaba, y se quejaba mucho, resultaba difícil tomárselo en serio. Tenía un problema cayéndole bien a tanta gente, sobre todo a las tías: le caía bien a tantas que claro, casi todas acababan cabreadas con él.

Entre novias despechadas y alguna que otra sangrante pensión alimenticia transcurría la vida de Javier Basilio. Así que por mucho que intentaba ahorrar con las dietas, apenas le llegaba para cubrir necesidades. Cuando Jesús Hermida inventó el matinal en 1986 se fue con él para ganar algo más, creó el personaje de Don Basilio que le hizo más famoso que sus sesudos reportajes… y apenas llegaron las televisiones privadas se dejó querer por tele5 donde alcanzó notoriedad en programas de variedades, el de más éxito uno que copresentó con Loreto Valverde.

Pero a pesar de que los platós fueran su solución económica durante los últimos años de su vida –nos dejó en el 92- Javier Basilio nunca se desprendió del cuchillo entre los dientes que siempre lleva consigo todo buen reportero.

Fue un depredador nato que sabía darle su toque personal a lo que hacía, ya fueran entrevistas en la Vuelta Ciclista a España o reportajes memorables para el Informe…

El tiempo que trabajamos en la misma redacción yo procuraba ponerme lo más cerca posible suyo. Me gustaba empaparme de sus técnicas y de sus trampas, de los incontables trucos y recursos que desplegaba para conseguir sus objetivos. Me dejó sacar copia de sus herramientas para el oficio y con ellas continúo por el mundo unas veces apretando tuercas y otras intentando sacarle punta a la actualidad con el cuchillo lo mejor afilado posible.

Me acuerdo cuando se marchó a rodar la tomatina: yo me quería ir con él, con los ayudantes Eduardo Casanova y Laureano González y con el cámara Nicolás Marín: pero me tuve que conformar viendo cómo disfrutaban minutando el material que trajeron, y luego montándolo con Rafael Antolín, mientras nos contaban las mil anécdotas que habían vivido durante el rodaje. El reportaje impactó.

Hoy la tomatina es ya una cobertura de oficio, fija en el calendario: se ruedan -o se graban, como se dice ahora- siete planos, se montan en media hora y se emiten en 50 segundos.

Nada que ver ni por asomos con el cuarto de hora que duraba aquel reportaje (pincha aquí si quieres verlo) de Javier Basilio en 1983. Un trabajo que continúa siendo un verdadero referente.

J.T.

jueves, 22 de julio de 2010

La bandera mañana, ¿será republicana?

Durante muchos años de mi vida, la bandera roja y gualda ha estado asociada a la idea de represión, intolerancia, fascismo... Herederos y cachorros varios de los insurrectos del 36 la enarbolaban como instrumento de agresión hacia todo aquel que no pensaba como ellos.

Desde que está vigente la constitución por la que nos regimos hace casi 32 años, la bandera retiró de sus colores el símbolo (un águila) franquista y apostó por la que representaba la monarquía que habíamos aceptado en referéndum

Por eso entiendo que a mi amigo Alzina le rechine que el otro día, y a propósito del uso masivo que se hizo en nuestro país de los colores rojo y amarillo para celebrar las victorias de la selección española de fútbol, yo escribiera una entrada viéndole al asunto la parte positiva.

Lo hacía por dos cosas, y me explico, como le prometí a Alzina cuando le contesté a su comentario:

Una: Casi treinta y cinco años después de la muerte del dictador que se mantuvo en el poder desde el golpe de estado que encabezó en 1936 hasta su muerte en 1975, los herederos y beneficiarios de aquella felonía se veían por fin desprovistos de unos emblemas que ellos habían usufructuado y utilizado como instrumento de agresión cada vez que les venía en gana. Por una vez se les estaba diciendo a tanto facha como nos ha torturado durante años: oye, tú, que la bandera no es sólo vuestra, que parece que es de más gente…

Segunda razón: Lo que yo pude ver por las calles de Madrid -me pilló allí y lo disfruté-, en el metro, en los autobuses, en los barrios mejor o peor acomodados durante las dos últimas semanas de fervor mundialista era una cosecha de adolescentes, veinteañeros y gente joven en general que habían nacido no sólo ya después de la muerte de Franco sino incluso después de aprobada la Constitución… Y si me apuráis, venidos al mundo ya cuando el psoe estaba a punto de finiquitar sus primeros 13 años en el poder: una caterva de jóvenes desprovistos de complejos y demás gaitas que, probablemente porque carecen de información suficiente o porque simple y llanamente se las trae al pairo, exhibían ufanos los colores de un equipo que les permitía sentirse orgullosos porque unos cuantos chicos de su edad les habían mojado la oreja al mundo mundial jugando al fútbol y se habían convertido en campeones planetarios del deporte más universal.

Así que para certificar la euforia, la gente decidió uniformarse y envolverse en los “controvertidos” colores de la bandera que nos representa. La lectura positiva que yo hago de todo esto, que no la única, querido Alzina, es que hemos avanzado un pequeño paso en una batalla de desencuentros, ambigüedades y tibiezas que dura ya demasiado. Eso es lo que quiero decir

¿En la dirección correcta hemos dado ese paso?

Pues la verdad es que yo no lo sé muy bien

Pero si por falta de información o de interés la gente joven y menos joven que ha tomado las calles varios días de los meses de junio y julio envueltos en rojos y amarillos carece de memoria sobre lo que nos pasó, la responsabilidad probablemente sea más nuestra que suya: nos hemos dedicado a reivindicar la memoria histórica con la boca chica, ahí está la monarquía heredada de franco a la que nadie parece tener interés en cuestionar con seriedad, ahí están muchas estructuras organizativas de nuestro país funcionando como hace cincuenta años porque reformar en lugar de romper, apostar por la reforma y no por la ruptura, nos llevó a hacer las cosas con excesivos miramientos. Tan paso a paso que quizás por eso queden aún tantos frentes abiertos.

Existen muchos tabués todavía en nuestro país, no sólo la bandera: lo que ha pasado con Garzón es de juzgado de guardia, lo que ha pasado con el Constitucional y el sarao impresentable en torno al estatuto de Cataluña es un sainete vergonzoso, las dificultades para aplicar la ley de la memoria histórica me dan grima cada vez que me entero de algún obstáculo nuevo, todavía “es noticia” cada vez que se quita una estatua de franco, hay muchas águilas anticonstitucionales que aún no han sido retiradas de edificios públicos... En fin...

La república, el orden establecido democráticamente antes del golpe de estado del 36, tenía como símbolo un bandera tricolor –rojo, amarillo, morado- que nos representaba y que no parece reivindicarse ahora con la fuerza ni con la convicción suficientes.

Pero es que, compañero, quedan muchos ”libros por leer”. Lo que ha pasado en comunidades autónomas como Cataluña, el País Vasco, Galicia o Baleares durante los partidos de la selección en el mundial y sus correspondientes celebraciones es algo que debemos analizar con tranquilidad.

Quizás deberíamos aprender de los chicos del autobús, los 23 jugadores que ganaron el trofeo: Villa iba envuelto en la bandera de Asturias, Silva en la de Canarias, Puyol cambió la toalla blanca con la que recibió a la reina por un senyera cuando ganó el campeonato. Junto a esto, Iniesta se acordaba de su amigo Daniel Jarque y Sergio Ramos de Antonio Puerta, compañeros que perdieron la vida recientemente en los campos de fútbol.

Todos iban juntos en el autobús con sus símbolos y sus homenajes. Todo iba en el mismo paquete. Y con ellos, la copa del mundo y la bandera de España. La bandera constitucional que un día, si todos lo queremos, por qué no, puede ser tricolor.

Yo, una vez ganada la partida a los fachas, y esa la hemos ganado creo, la verdad es que desdramatizaría un poquito el asunto. No pienso que suponga una traición a la memoria levantar un poco el pedal por unos días.

Y como símbolo de esa desdramatización me quedaría, porque me ha parecido estupendo, la verdad, con el hecho de que muchas banderas rojas y amarillas tuvieran estampado el toro y punto.

J.T.

martes, 13 de julio de 2010

El "humilde speaker" Pepe Reina


No jugó ni un minuto.

No juega en un equipo español

Chupó banquillo los siete partidos

Y, sin embargo, cuando llegó al escenario de la explanada madrileña donde aparecieron como campeones del mundo tras cuatro horas de paseo triunfal por las calles de Madrid, fue el nombre más coreado y la intervención más solicitada

No defraudó

La presentación de sus 22 compañeros y la de su jefe Vicente fue posiblemente lo más emocionante de la jornada.

Su figura y su actitud rezuman probablemente ese misterioso y envidiable espíritu que sin duda anida en la trastienda de la convivencia de estos 23 chavales allá donde no llegan las cámaras y pasan esas cosas que nadie sabe pero que sin duda han hecho de este grupo lo que es.

El “humilde speaker” don José Reina, Pepe para los amigos, portero suplente junto a Víctor Valdés del increíble Íker Casillas, dio una soberbia lección de comunicación a tanto cantamañanas como gira en torno a un espectáculo donde los protagonistas, además de jugar al fútbol como los ángeles, se saben vender a sí mismos mejor de lo que lo hace nadie. ¡Chapeau!

J.T.

13 de julio de 2010

lunes, 12 de julio de 2010

Estampas del día después

"Después de escalar una colina, uno se encuentra sólo con que hay muchas más colinas que escalar" (Nelson Mandela, artífice clave de la Sudáfrica que conocemos hoy)

domingo, 11 de julio de 2010

A vueltas con la bandera de España


Os contaba yo aquí el otro día la aventura de mi amigo Rafa, que tiene un bar en Sevilla, cuando decidió poner la bandera de España bajo el televisor de su chiringuito y a los pocos días decidió quitarla para evitar problemas con la clientela.

Cuando escribí aquello nuestra selección de fútbol sólo llevaba un partido jugado en el Mundial de Sudáfrica (contra Suiza) y además lo había perdido uno cero.

Han pasado muchas cosas desde entonces: cinco partidos consecutivos ganados, la final a pocas horas vista y en el horizonte cercanísimo, la posibilidad que tienen los representantes de nuestro país en la competición de ser campeones del mundo por primera vez en la historia de nuestro país.

Los balcones, los bares y lo coches de todas las ciudades españolas se han ido poblando de banderas como referente cómplice de lo que unos cuantos veinteañeros de nuestro país, a quienes en menos de un mes los hemos empezado a querer como si fueran de nuestra familia, están haciendo en Sudáfrica donde sin duda se han confabulado para asombrar al mundo.

Está claro que la bandera de España, por fin y después de muchos años, significa estos días lo que siempre tuvo que significar y punto.

A mí me parece una catarsis saludabilísima. El fútbol siempre contuvo un cierto efecto balsámico sobre distintos ámbitos de la vida corriente. Un efecto adormecedor denostado en su día no sin falta de razón.

Pero lo que estás pasando estos días a mi me parece, por encima de todo, higiénico.

Si el fútbol consigue que nos dejemos de gilipolleces a la hora de enarbolar el símbolo de este complejo, complicado e interesante país, habrá que celebrarlo.

Además de celebrar, por supuesto, la victoria frente a Holanda este domingo once de julio por la noche.

J.T.

11 de julio de 2010

domingo, 4 de julio de 2010

La Sevilla de Antonio Guerra

(Primera publicación: 27 de marzo de 2010)


Según mi admirado Antonio Guerra que Cernuda, Machado o Blanco White se tuvieran que marchar de Sevilla define lo complicada que es la supervivencia en esta ciudad. Me he "bebido" la entrevista con el maestro Guerra que Carlos Mármol ha publicado este sábado en el Diario de Sevilla. Me la he bebido con muchas ganas y mayor interés. Tanto que admito que me ha hecho reflexionar mucho.

Y discrepo. Veamos:

Sevilla es un excelente lugar para perderse, refugiarse, incluso para pasar desapercibido si así lo deseas. Cargadísima de historia como está, es muy complejo reducirla a una sola manera de verla o de intentar comprenderla.


Antonio Guerra. Foto de J.C. Muñoz

Ahora que estamos en los días grandes de la ciudad es quizás un buen momento para proponerse entenderla. Yo me limito a salir a la calle y a que me llegue hasta lo más adentro todo lo que pasa en ella. Lo hago perdiéndome entre sus gentes en las esquinas más insólitas, en los barrios más alejados, en los callejones más solitarios o en las bullas más apretadas.

No voy a los palcos, ni a los lugares donde hay que saludar: son a mi juicio días para vivir Sevilla a pie de obra.

Lo que me llega de Sevilla visto así, como forastero que vive desde hace doce años aquí y no quiere irse, es una manera de entender la vida que me interesa. Te dejan vivir si tú dejas vivir y es verdad, como dice Antonio, que puede que se interesen más por tu procedencia que por tus perspectivas. Pero para que eso ocurra tienes que ponerte a tiro. Y creo que no es imprescindible ponerse a tiro.

Cuando te enamoras de alguien no echas de menos lo que no te da, sino que te preguntas qué puedes hacer tú por esa persona. Y disfrutas de lo que te encuentras. Me parece legítimo echar de menos cosas. Pero entonces, creo, será que falta amor. Santa Teresa sería muy santa, pero se fue de Sevilla resentida porque no le dejaron fundar un convento: quiso imponer su manera de entender el amor, pero sólo estaba dispuesta a darlo si recibía a cambio lo que quería. Y la ciudad se le cerró. Al marcharse se sacudió, cuentan, hasta el polvo de sus zapatillas.

Es verdad que eso hace pensar a los que ya en la madurez nos instalamos aquí. Como también le he dado vueltas muchas veces a lo de Machado o Cernuda, y ahora o lo del propio Antonio Guerra que, como cuenta en la entrevista, con su manera de hacer las cosas chocó frontalmente en su día con los usos y costumbres de la ciudad.

Quizás lleve razón Antonio Guerra cuando defiende que para disfrutar plenamente de todo lo que ocurre en Sevilla hay que estar muy adentro. No lo discuto, pero a mí se me ocurre que quizás haya otra manera: limitarse a sentirse un visitante privilegiado, un forastero en permanente estado de provisionalidad. Así me siento yo desde hace casi doce años y me gusta mucho la manera en que me dejan vivir.

J.T.

martes, 22 de junio de 2010

Aznalcóllar sin feria



- A mí la feria me da igual. Yo lo que quiero es que mis hijos coman.

Suena tópico, recurrente, manido... pero es textual. Así me lo soltó un ciudadano de Aznalcóllar el otro día, mientras volcaba mezcla de cemento en el pavimento de una calle de su pueblo, cuando le pregunté qué le parecía que el ayuntamiento hubiera decidido suspender la feria de este año.

- No tenemos para pagar las nóminas, así que el dinero de la feria nos hace mucha falta -me contó el delegado de festejos

El nombre de Aznalcóllar sonó mucho hace doce años, cuando una balsa de residuos de minería reventó y contaminó seriamente el río Guadiamar y una parte del parque nacional de Doñana.
La empresa sueca responsable, Boliden, cerró y dejó a medio pueblo en la calle.

No han levantado cabeza aquí desde entonces. Las indemnizaciones y compensaciones, muy por debajo de lo que ellos esperaban, han paliado algo la situación durante un tiempo, pero el caso es que doce años después, y con la que está cayendo, a Aznalcóllar no le sobran los setenta mil euros que cuesta la feria de san Juan.

- Sólo podemos gastar en aquello en lo que nos ayuda la diputación o la Junta, pero nosotros no tenemos ni un duro -me decían también en el ayuntamiento

Estuve hablando con los funcionarios que cobran con dos meses de retraso, con algunos trabajadores, con los que se llevan a casa un jornal gracias a esas peonadas del Per que para algunos políticos son perfectamente suprimibles...

Tengo a mi alrededor -en mi vida personal y laboral- muchos argumentos para calibrar las dimensiones de la crisis, pero en Aznalcóllar le vi a estos momentos de apuro una cara mucho más preocupante aún.

A la gente de este pueblo quedarse sin feria, sin casetas, sin tiovivos, sin coches de choque... le parece, lógicamente, una nimiedad.

Sus problemas son mucho más serios.


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Esta entrada se publicó por primera vez en el antiguo blog " "Las carga el diablo" el 28 de mayo de 2010

J.T.

domingo, 20 de junio de 2010

Mi amigo Rafa y la bandera de España

Mi amigo Rafa tiene un bar
Mi amigo Rafa es progresista, de izquierdas y del Sevilla de toda la vida
Desde el triunfo de la selección española de fútbol en la Eurocopa de hace dos años entendió mi amigo Rafa, como tantos de sus amigos entre los que me cuento, que por fin la bandera española dejaba de usarse como instrumento de agresión o de división entre ciudadanos de este país y pasaba a significar algo más lúdico, menos estigmatizado que hasta entonces.
Se enarboló la bandera española en muchos lugares de este país durante el verano de 2008 como representación de una alegría colectiva por una victoria de la que estábamos tan sorprendidos como orgullosos.
Muchos creímos entonces, al comprobar que la esgrimían tanto jóvenes como menos jóvenes, que el éxito de la selección estaba contribuyendo a despojar la bandera de connotaciones chuminosas y a marcar un antes y un después en materia de desencuentros por el color de un mero trozo de tela.
Entre los que creyó esto se encontraba mi amigo Rafa
Así que estos días, bajo el televisor de plasma del bar en el que tantas mañanas desayuno, había colocado una bandera española. Una bandera para crear ambiente en la retransmisión de los partidos del mundial de Sudáfrica
La ha tenido que quitar
Mi amigo Rafa ha tenido que quitar la bandera que había puesto junto a la tele en la que disfruta de los partidos para evitarse quebraderos de cabeza
Quebraderos de cabeza de la siguiente guisa:
- Ahí tienes que poner la bandera republicana, le dice uno mientras reclama la tostada con aceite
- Ahí sobra el escudo que lleva. Tienes que colgar la del águila, le espeta otro mientras da cuenta del descafeinado con sacarina de todas las mañanas.
Mi amigo Rafa no quiere perder clientes. No está el horno pa bollos
Mi amigo Rafa no quiere pelearse con los clientes. Con la que está cayendo, no se puede permitir que mengüe la caja diaria.
Así que mi amigo Rafa, progresista, de izquierdas y del Sevilla de toda la vida, ha decidido quitar la bandera que había colgado bajo la tele para evitarse problemas.
Va a ser que lo pensábamos hace dos años igual no era como creíamos
J.T.