El sábado pasado Fernando Varela, en un artículo de infoLibre que debería haber hecho saltar todas las alarmas pero que pasó casi desapercibido, destapó el acercamiento entre Prisa y Atresmedia. Diario Red se ha hecho eco en un editorial, pero poca cosa más. De tener lugar, se trataría de un pacto entre titanes mediáticos que no promete nada bueno para la innegociable pluralidad que los medios necesitan para ser respetados y para la imprescindible independencia que dota de sentido al oficio periodístico.
Consta que Joseph Oughourlian, el amo de Amber Capital que maneja Prisa (y de paso una buena tajada en Indra, empresa armamentística), y Mauricio Casals, el eterno fontanero de la familia Lara en Atresmedia, se han reunido alguna que otra vez en reservados exclusivos de Madrid. Prisa tiene El País y la SER (progresismo de salón), Atresmedia controla La Razón (derecha sin complejos), Onda Cero (centro-derecha), Antena 3 y La Sexta. Juntos cubren casi todo el espectro ideológico español, una opción "progre" y otra de derechas en periódicos, radios y televisiones, lo que se traduce en una potencia de fuego brutal. Tectónica, como dice el texto original. Por la escasa repercusión que este movimiento ha tenido hasta ahora, pareciera que nadie es consciente de la dimensión de la amenaza.
Esta alianza, de producirse, es política pura y dura. Los grandes medios privados nunca han sido un buen negocio –Prisa arrastra una deuda criminal desde la infausta opa a Sogecable tras la muerte de Polanco–, pero son armas formidables para moldear la opinión pública, condicionar elecciones y proteger a las élites. En manos de millonarios (los Lara vía Planeta, Oughourlian vía Amber), un manojo de plutócratas decidiría un sustancioso porcentaje de lo que se lee, se oye y se ve en España.
El caso más sangrante es el de La Sexta. Como recuerda Diario Red en su editorial de este 10 de marzo Antonio García Ferreras, con la complicidad de Casals, difundió bulos sabiendo que lo eran. Tenían claro que eran mentira, pero los difundieron a días de elecciones para dinamitar a Podemos. Aquello abrió una vía de agua enorme en La Sexta que se tradujo en una caída de audiencias en picado entre los progresistas y la credibilidad por los suelos. Tras un tiempo largo buscando soluciones, han decidido fichar a Aimar Bretos (con permiso tácito de Prisa, según Varela) y a Marc Giró para que no sea solo Wyoming el que tape el boquete en un intento desesperado de recuperar al público de izquierdas que Ferreras espantó.
Con el tablero derechizado y Pedro Sánchez sin el "pararrayos morado" que le protegía, el objetivo es ahora el presidente del Gobierno. La profesión periodística debería estar avergonzada. El periodismo independiente se encuentra en clara minoría en un gremio precario, sectario y cada vez más corporativista donde la mayoría parece preferir el silencio cómplice.
J.T.


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