viernes, 20 de febrero de 2026

El Juan Luis Cebrián de Telemadrid y “The Objective”


Hablamos de Felipe González, pero Juan Luis Cebrián también está por lo que vale. Me pregunto muchas veces qué extraño virus ha hecho mella en esa generación de ochentañeros que en su día nos encandilaron para que hayan acabado dónde y cómo lo han hecho ¿Cómo nos pudieron tener engañados a tantos durante tanto tiempo? ¿Nos engañaron o han transmutado? ¿Estaba desenfocada nuestra manera de ver las cosas por aquel entonces? No puedo dejar de recordar la ilusión con la que tantas mañanas abría el diario El País, hace ya casi cincuenta años, para disfrutar de un periodismo que hasta entonces no habíamos conocido. He de admitir la ilusión con la que asistí a tantos mítines de Felipe, entre los que destaca aquel en la Ciudad Universitaria madrileña durante el cierre de campaña en octubre de 1982.


Estaba claro que éramos felices, pero a día de hoy parece claro que nos faltaba información. O la teníamos, pero no la valorábamos. Porque es cierto que pronto supimos que entre los accionistas del diario de Prisa había personas entonces tan dispares como como Manuel Fraga o Ramón Tamames. El uno era ministro del Interior con Arias Navarro y el otro estaba en la cárcel por rojo. La empresa editorial los exhibía como coartada para presumir de pluralidad. Con el tiempo ya hemos visto en qué ha derivado la cosa: Tamames, el otrora comunista, más de derechas a día de hoy que el grifo del agua fría, y el joven director de aquella nave convertido en un millonario que ha decidido entregar el otoño de sus días a las tertulias de la Telemadrid de Ayuso y a escribir columnas de opinión en ese infame digital ultra llamado “The Objective”.


¿Alguien entiende algo? Yo confieso andar bastante desconcertado, no puedo concebir a qué juegan Felipe y Cebrián (por no hablar de Guerra, Ibarra, Redondo, Leguina y tantos otros que ya les vale) en un momento político como el que estamos viviendo. En una coyuntura donde lo que nos estamos jugando es que irrumpa la ultraderecha en el poder y arrase con todos los derechos que hemos conquistado con nuestra pelea de muchos años, con nuestra lucha y nuestra determinación. 


No me resigno a perder mi derecho a la libertad de expresión, ni a que no me cuiden en un hospital público si me pongo enfermo, reclamo poder cobrar la pensión digna que durante tantos años me gané a pulso, que se pueda estudiar sin ser hijo de rico o que me puedan operar aunque sea pobre. Me resisto a perder eso, como tampoco estoy dispuesto a que me vuelvan a cantar el cara al sol por las calles ni a que las mujeres a las que quiero les quiten el derecho a ser dueñas de sus cuerpos, abortar cuando lo vean oportuno o a ir vestidas como les de la gana.


Tanto Felipe González como Juan Luis Cebrián están propiciando con sus actitudes que vuelva el fascismo y lo saben. Que Felipe haga lo que quiera, que además ya lo tenemos suficientemente calado y glosado, causa perdida, pero que un periodista como Cebrián, referente durante años de tantos como creímos en él y en su trabajo, ande fajándose a estas alturas por infames predios fascistas, me descompone. No nos merecemos acabar así. A ver si me ayudan ustedes, porque yo tengo dificultades para encontrar una respuesta cada vez que me pregunto cómo es posible que, a estas altura de la película de nuestra vidas, estemos donde estamos. 


Solo sé una cosa. Nos vamos al carajo como no espabilemos, y aquellos que creíamos ayudaban a que esto no sucediera jamás son a día de hoy, mire usted por dónde, quienes están en primera línea contribuyendo a que todo acabe como el rosario de la aurora. Es lo que hay.


J.T.

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