Ya que va usted de petulante, Gabriel, (“más cabeza y menos pureza”, admoniza hoy desde su cuenta de X), espero que no le parezca mal que en estas líneas nos pongamos a su altura por unos instantes ¿A qué pureza se refiere, a la de las 155 monedas de plata, a la de aparecer en el hemiciclo con una fotocopiadora bajo el brazo o a la de darle cancha a activistas ultras a las puertas del Congreso?
Hay que reconocerle que vende usted bien la moto: se prepara sus intervenciones, es directo, contundente y resulta eficaz la pátina con la que reviste sus argumentos. Es más, tiene razón muchas veces y le dice a sus adversarios políticos lo que mucha gente en la calle querría decirles, pero nada de eso le dota de autoridad moral para menospreciar a quienes no piensan como usted.
“Quien no vea que hay que hacer algo, o no ve bien o ya le va bien que no lo haya”, pontifica. Imagino que contempla la posibilidad de que haya a quien no le dé la gana de verlo como usted sin pertenecer a ninguna de esas dos categorías. “Los tuits, artículos o especulaciones contra mí no van hacer que PP y VOX dejen de sumar 200 diputados”, añade ¿Y los escritos a su favor sí?
Menos pureza, propone, ¿me puede decir dónde pone usted el listón? ¿Hasta dónde estará dispuesto a bajarlo para impulsar su particular Sumar 2.0? Quiero recordarle una fábula que seguro conoce: la del cuervo y la zorra. Subido a la rama de un árbol, el cuervo tenía un trozo de queso en el pico y la zorra no conseguía quitárselo. Así que esta optó por la adulación: qué guapo eres, querido cuervo, me han dicho que cantas muy bien, cantarías para mí? Henchido de autoestima, el cuervo se dispuso a cantar, abrió el pico y… el queso cayó al suelo para regocijo de la zorra.
Me temo que usted ya ha soltado el queso, Gabriel. El cuervo se dio en seguida cuenta de que le habían engañado, usted anda todavía encantado con los halagos. No le quieren bien quienes le dicen qué guapo eres y qué bien hablas. Ya le han ha dado calabazas Bildu, BNG, IU y hasta en su propio partido (ERC) descartan la candidatura plurinacional que plantea.
¡Ay, la vanidad, los estragos que ha hecho en la historia! Ya está más cerca de que alguien le devuelva su propio tuit histórico: Aunque en esta ocasión no creo que lleguen a 155 las monedas de plata.
J.T.


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