La “Desbandá” ¿Eso que es?
Nos lo sigue preguntando mucha gente al vernos pasar. Procuramos contarle algo de aquella terrible historia de la manera más breve posible y sus comentarios suelen ser casi siempre muy parecidos. Aquella matanza de niños, mujeres y ancianos por la carretera de Málaga a Almería durante la guerra civil continúa siendo la gran desconocida.
- No tenía ni idea, suelen comentar. Por lo general ponen cara de póker salvo escasas excepciones.
- O sea, ¿qué fue otra matanza como la de Gernika?, puede que llegue a insinuar algún otro.
- Peor que Gernika, les contestamos mientras continuamos nuestro camino.
Vamos por la carretera de Málaga a Almería recordando lo que sucedió aquí por estos mismos días de febrero de 1937. Homenajeamos así a las decenas de miles de personas que perdieron la vida en cualquiera de estas curvas entre la montaña y el mar bombardeados por aviones italianos o atacados desde el mar por barcos de la armada rebelde. Una ratonera.
Es el décimo año que tiene lugar esta marcha. En 2017, un centenar de personas la hicieron por primera vez y en 2026 somos ya casi trescientos. Diez días, doscientos veinte kilómetros. Nos creemos que se ha contado mucho, pero me temo que no lo suficiente. Fue uno de los episodios más devastadores de la Guerra Civil española y continúa siendo el gran desconocido. Aquella carnicería no puede ser olvidada. Hay que reivindicar todo lo posible la memoria de aquella masacre contra civiles indefensos que huían del avance de las tropas del general Queipo de Llano intentando llegar a zona republicana. Hay que insistir, porque se trata de una verdad que muchos niegan, porque nunca se hizo justicia y porque jamás hubo reparación.
Para entender en qué condiciones salió la población de la capital malagueña, a la que hay que sumar quienes había llegado hasta ella huyendo desde el Campo de Gibraltar, la serranía de Ronda o varias comarcas granadinas, ayuda leer el libro de Lucía Prieto y Encarnación Barranquero “Población y Guerra Civil en Málaga”. Ahí se cuenta cómo las primeras miles de personas que iban llegando hasta la ciudad fueron acogidas en casas particulares por gentes dispuestas a ayudar y compartir lo que tenían con quienes huían del fascismo.
Pronto no quedó sitio, se ocuparon toda clase de albergues, después todos los conventos y finalmente todas las iglesias, catedral incluida. La falta de comida, de agua, de higiene, causó numerosas epidemias que se cebaron sobre las personas más débiles, niños y niñas de corta edad, incluso recién nacidas. Bronconeumonía, Gastroenteritis, Sarampión, Difteria, Tifus, Tuberculosis, Raquitismo… provocadas por las condiciones insalubres, el hacinamiento, el desbordamiento de hospitales… La resistencia de las milicias republicanas, que sufrieron numerosas bajas, permitió retener a las tropas italianas el tiempo suficiente para que las decenas de miles de personas que decidieron continuar la huida desde Málaga por la carretera de la costa camino del este pudieran pasar de Torre del Mar, zona costera de Vélez, antes de que las tropas rebeldes la ocuparan. Sin que eso significara que los aviones y los barcos cesaran en su persecución ni en sus bombardeos.
Ayer domingo, en este décimo homenaje, salimos de Almuñécar y llegamos a Salobreña. Cuarta etapa de una caminata bien pasada por agua este año, hasta llegar al río Guadalfeo. Quienes en 1937 conseguían llegar hasta aquí con vida ya estaban cerca de la zona republicana, pero tenían que pasar el río. Aquel día también estaba lloviendo mucho y el agua bajaba con fuerza desde las montañas. El puente había sido destruido para obstaculizar la entrada de las tanquetas italianas y era necesario buscar zonas, río arriba, donde hubiera vados asequibles para pasar. Pensaron que lo conseguirían, pero muchos murieron ahogadas. Otros resolvieron que daban por terminada su aventura y prefirieron volver sobre sus pasos ocurriera lo que ocurriera.
Hace dos años nos acompañó por primera una señora de 45 años llamada Ana Isabel que nos refirió una historia estremecedora. Su abuela, Francisca, que sobrevivió porque logró pasar el río Guadalfeo, le contó que antes de hacerlo vio cómo una niña de doce años, completamente desconsolada porque había perdido a su madre, se dejó llevar por el agua hasta que el río la engulló. Lo peor fue cuando apareció una señora buscando a su hija de doce años, porque Francisca no tuvo valor para contarle lo que había sucedido a pesar de que ella había hecho todo lo posible por intentar salvarla.
En Nerja nos visitó el viernes una superviviente llamada Armonía, 93 años y una gran vitalidad. Ella está viva todavía porque un joven que huía mientras iba sorteando cadáveres la escuchó llorar debajo de algunas personas que acababan de morir por el impacto de una bomba. Alguien que vivía por la zona se hizo cargo de ella, tenía tres años, y mucho tiempo después pudo reencontrarse con la parte de su familia que se había salvado gracias a que la pequeña supo contar que se había criado en Ronda.
Vuelvo a decirlo. La Desbandá fue uno de los hechos más sangrientos de toda la guerra civil española y sin embargo, durante décadas fue silenciado. Haya sido por miedo de los supervivientes a represalias, o por indiferencia de los vencedores hacia el sufrimiento de los vencidos, el caso es han pasado décadas sin que habláramos de esto.
Cuento con que usted, amable lector/lectora ya lo sabe, pero cuéntelo, por favor. Repitámoslo todo lo que podamos. Hasta que no quede nadie que cuando le hablemos de aquella tragedia ponga cara de póker y acabe preguntando: “La Desbandá”, ¿Eso qué es? Mientras tanto, seguiremos caminando.
J.T.

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