jueves, 19 de febrero de 2026

El periodismo madrileño, on fire



No sé qué va a pasar el sábado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde está previsto que se presente la nueva alianza de los partidos que conforman Sumar para las elecciones generales, pero veo mucho más entusiasmados a los medios de comunicación que a los propios protagonistas. El Madrid periodístico que hierve y desquicia busca desesperadamente que sus sueños húmedos se hagan realidad.


El Madrid periodístico no se resiste a ser lo que tiene que ser (testigo de lo que ocurre y punto) y se empeña en ser protagonista de lo que sucede o quieren que suceda. Desde Pedrojota a Juan Luis Cebrián hace ya demasiado tiempo que viene siendo así, por no hablar de Luis María Ansón. Desde 1993, año en que fundaron aquel grupo autodenominado Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI), más conocido como Sindicato del Crimen, los "divinos" del periodismo madrileño han ido a más y tanto ellos como sus sucesores continúan creyéndose los reyes del mambo, intentando quitar y poner peones (lo consiguen en muchas ocasiones) porque cuentan con demasiados miembros de la clase política que les bailan el agua encantados.


Conspirar para desconcertar, intrigar para confundir, malmeter para influir, estos son los principales objetivos de personajes del Madrid periodístico que nunca tuvieron suficiente con dirigir un periódico. Pedrojota ya presumió en un libro de haber sido el creador de Jose María Aznar y Cebrián se jactaba de poner y quitar gobiernos. Sus herederos, eficaces aprendices de todas sus malas artes, han encanallado la convivencia mucho más de lo que ya estaba. Su presencia en las tertulias pontificando con argumentarios claramente guionizados de antemano, son directamente vomitivos. Eso en las derechas. Y en las presuntas izquierdas, lo que quieren es hacer el ruido justo, es decir, ninguno. Por eso a unos y a otros les gusta la aventura de Rufián, por eso le hacen la pelota y ponderan su debut con picadores anoche en la sala Galileo, como en su día se la hicieron a Yolanda en Magariños o a Errejón con las magdalenas.


La mayoría de la “casta” periodística madrileña sabe de sobra que ni del Galileo ayer ni del Bellas Artes este sábado saldrá nada potable, pero les hacen creer a los ingenuos que están poniendo la cara que un proyecto de izquierdas como el que preconizan tiene futuro. No entiendo cómo hay tanto personal inmerso en este distópico juego, no me explico cómo todo el mundo calla y nadie dice en voz alta, como el niño del cuento "El traje nuevo del emperador", que el rey que camina montado a caballo va completamente desnudo.


Toda opción de izquierdas que se empeñe en salir adelante ninguneando o prescindiendo de lo que es y lo que significa Podemos está llamada al fracaso. Lo saben, pero insisten. ¿Hasta cuando, Rufián; hasta cuando Yolanda, o como se llame la persona que te va a sustituir? Si es que te sustituyen.


Todos invocando al miedo al fascismo, todos apostando una y otra vez por el mal menor. Todos dispuestos, como es su día explicaba José Luis Sampedro, a que te torturen y machaquen con tal de que no te maten y te dejen vivo. Sin dignidad, pero vivos. Sin sacar nunca nada en claro, pero manteniendo vivo el circo. Ya se sabe: Te show must go on.


J.T.


 

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