Lo peor que le ha pasado a 2025 ha sido Donald Trump. No hay guerra, crisis económica ni catástrofe natural que iguale el daño humano, político y moral que supone que el hombre más poderoso del planeta haya vuelto a ser este fanfarrón sin modales, sin empatía ni respeto alguno por la verdad. Un personaje que confunde gobernar con amenazar, negociar con chantajear y liderar con humillar. No hay hecho más luctuoso, ni noticia más deprimente para quienes aún creemos en la dignidad de las instituciones, que ver cómo este matón de patio ha regresado a la Casa Blanca y vuelve a tener a su cargo la maleta nuclear. Un espanto.
Este primer año de su segundo mandato ha sido un máster acelerado en degradación democrática. Trump ha vuelto para vengarse y para exhibir su catálogo de bajezas. Hemos ido viendo, con estupefacción y asco infinito, sus bravuconadas diarias en redes sociales, donde confunde la geopolítica con un programa de telerrealidad de ínfima categoría; también chantajes inquietantes a los aliados de la OTAN y amenazas comerciales al mundo entero con los dichosos aranceles cuyos porcentajes cambiaban en función de su estado de ánimo. Un sinvivir.
Sus discursos son cada vez más una sucesión de mentiras descaradas, medias verdades y exageraciones grotescas. No parece que tenga el más mínimo interés en parecer un estadista. Cada amenaza lanzada contra algún aliado, cada insulto a organismos internacionales, cada gesto de desprecio hacia los derechos humanos refuerza una idea devastadora: que la amoralidad tiene premio, que las normas son un estorbo y que el poder solo lo merece quien se atreve a usarlo sin complejos.
¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí? ¿Qué hemos hecho para merecernos esto? Horrible el efecto dominó que ha generado el proceder de este chulo de discoteca. Su regreso solo ha servido para encanallar mas aún las relaciones internacionales, institucionalizar la crispación y reírse en la cara del mundo entero al tener la desfachatez de reclamar el premio Nobel de la Paz. Desde las capitales europeas hasta el Cono Sur, los aprendices de dictador andan envalentonados desde su regreso. Si el jefe del imperio insulta, ellos ladran; si él desprecia los derechos humanos, ellos los trituran.
El primer año de esta segunda era Trump ha sido una sucesión de ataques a la prensa, purgas en la administración y un uso del poder tan zafio que se agotan los calificativos cuando nos ponemos a hablar de ello. Y todavía nos quedan tres años! Feliz 2026, queridos lectores!
J.T.

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