viernes, 19 de junio de 2026

Feijóo y su estrecha relación con la mentira



Lo único cierto que Alberto Núñez Feijóo dijo el miércoles 17 de junio en El Hormiguero fue que sigue sin saber inglés. Al menos durante unos segundos, abandonó la tortuosa relación que mantiene con la verdad y ofreció un dato comprobable. También es cierta su contrastada capacidad, marca de la casa, para soltar cifras falsas, datos manipulados y afirmaciones imposibles de sostener. Con un interlocutor como el turiferario Pablo Motos ningún problema, nada que ver con aquella Silvia Intxaurrondo de tan infausto recuerdo. Nada de repreguntar, nada de ponerlo en aprietos, pista para el artista. Motos es un empresario y un showman, pero de periodista tiene lo que servidor de astronauta. Por eso le gusta tanto a Feijóo este entregado presentador que se postra de hinojos sin pudor ante él, con ese alma de avispado inversionista que le ha hecho millonario.


Pero quiere más. Por eso no desmintió a quien no es presidente porque no quiere cuando este proclamó que más de 500.000 inmigrantes cobran el Ingreso Mínimo Vital sin haber trabajado el último año. Una mentira de dimensiones pornográficas que Motos no discutió. Los datos oficiales sitúan el número real en torno a los 150.000 pero no es cuestión de dejar que la verdad arruine un buen bulo. Igual ni lo sabía, el pobre. Feijóo sí, pero mintió a conciencia porque sabe de la rentabilidad de la exageración, máxime cuando esta se difunde a través de un programa televisivo de audiencia contrastada. 


Quienes nos tomamos la molestia de desmontar falsedades no podemos competir con la velocidad a la que estas se difunden. No por eso hay que desistir a la hora de desenmascarar a este torpe vendedor de crecepelo. Se autovendió como un gobernante impoluto que atravesó catorce años de poder en Galicia sin que la corrupción le rozara la chaqueta. La realidad es que hubo investigaciones, escándalos y condenas que afectaron a personas de su entorno político, pero Feijóo domina un arte que perfeccionó durante años, no decir exactamente la verdad sin llegar tampoco a mentir de forma frontal. Aunque cuando hay que mentir, miente, como cuando aseguró que el PSOE nunca había cosechado peores resultados en Andalucía, Extremadura y Aragón. Resultó que en Aragón era mentira pero daba igual. La frase ya había hecho el viaje completo desde el plató hasta los titulares y las redes sociales.


Volvió a jugar de manera torticera con los datos la deuda pública y tuvo además el cuajo de afirmar que la sanidad está peor que nunca obviando el saqueo a que la someten aquellas comunidades autónomas donde gobierna el PP. Insistió una vez más en que nunca se habían pagado tantos impuestos y, sin que se le moviera una ceja, aseguró que construirá un millón de viviendas cuando gobierne, ahí queda eso! 


La entrevista-masaje, realizada en un programa cuyo espíritu cuando nació fue ofrecer entretenimiento, desenfado y diversión a toda la familia, dejó una imagen bastante precisa de la catadura de Núñez Feijóo. Un personaje dispuesto a decir cualquier cosa que encaje en el relato que quiere construir aunque los datos afirmen exactamente lo contrario. Mentir, mentir y nada de rectificar. 


Quizá por eso, que admitiera su incapacidad para aprender inglés (eso sí, echándole la culpa a las escuelas rurales, que también hacen falta bemoles), fue la excepción que confirmaba la regla. El único momento de la noche en que Feijóo dejó de interpretar un papel y dijo algo inequívocamente cierto. Quedó tan en ridículo que igual Pablo Motos está aún lamentando haberse atrevido a sacar el tema.


J.T.

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