sábado, 20 de junio de 2026

El periodismo ha de ser testimonio y criterio


En las tertulias radiofónicas y televisivas, en las columnas de opinión y en los programas informativos se empeñan en continuar defendiendo que todas las opiniones han de tener cabida. Equilibrio, lo llaman, pero es mentira. Ese supuesto equilibrio no es periodismo sino más bien teatro bufo para no molestar a nadie ni poner en peligro el puesto de trabajo. Ahora que en algunos medios se están produciendo sospechosos y nada halagüeños movimientos de tierra conviene ser rotundos y dejar esto claro.


Que no se nos olvide nunca aquello que dijo Sandro Pertini: “Todas las ideas hay que respetarlas; el fascismo, no. Porque el fascismo, añadía, no es una idea sino la muerte de todas las ideas.” Darle cancha a la ultraderecha en nombre de un supuesto equilibrio es ponernos la soga al cuello nosotros mismos. No existe el periodismo neutral, el verdadero periodismo consiste en contar lo que se ve y explicarlo con datos sin faltar al respeto a quien nos lee o nos escucha. Punto. 


Lo que sí hay que reivindicar cada minuto que pasa es el periodismo honesto. Para ello basta que, con los datos que le proporcionemos el lector, el oyente o el televidente puedan extraer sus propias conclusiones. Eso no significa que detrás de cada noticia o cada crónica no haya una mirada o una postura ante la vida. Quienes nos leen o escuchan tienen derecho a saber desde qué trinchera se les habla. La imparcialidad absoluta es un mito porque el periodista es un ser humano con ojos, memoria y criterio.


Según estudios del Reuters Institute sobre el grado de confianza de la ciudadania en los medios de comunicación, esta valora más la claridad y la honestidad que la supuesta neutralidad. Cuando un medio dedica el mismo tiempo y tono a una corrupción demostrada que a un bulo no está siendo equilibrado, sino equidistante con la mentira y la verdad. Intolerable.


La equidistancia suele encubrir miedo o interés. El periodista que no toma partido ante una dictadura, una corrupción sistémica o una injusticia flagrante es cómplice por omisión. Contar las dos versiones de un asunto no significa que haya que otorgarles el mismo peso. El lector no es tonto y sabe distinguir entre propaganda y opinión razonada. Necesita datos, contexto, rigor en los hechos y, sí, también una voz que no se esconda. El periodismo honesto no teme mostrar su esqueleto ideológico porque confía en la inteligencia de quien lee. 


El periodismo ha de ser testimonio y criterio. Que cada uno firme con su nombre y su mirada, que los hechos manden, pero que la pluma no se amordace por miedo a parecer “parcial”. Y en cuanto a las tertulias, apostar por una política de cuotas es devaluar el interés de lo que se hablará en ellas porque las hace completamente previsibles. Propiciar esto es, por un lado darle al fascismo más alas de las que ya posee y por otro olvidarnos del carácter de servicio publico que siempre tuvo y ha de continuar teniendo el oficio periodístico.  


J.T.

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