viernes, 26 de junio de 2026

Subtitular el habla andaluza


No sé si reír o llorar. En un documental de RTVE sobre la selección española de fútbol, subtitularon a Chari Peña, la madre del centrocampista Fabián Ruiz mientras su hijo se libraba del mismo “honor”. Grave error, han reconocido. Pero el daño ya está hecho y revela, una vez más, el complejo de superioridad del que ciertos sectores de este país hacen gala cuando de mirar hacia el sur se trata. 


El andaluz no es un dialecto exótico ni un esperanto de segunda. Es una variedad viva del castellano, rica, musical y tan legítima como el habla de cualquier otra región. Quien no lo entiende es porque no quiere, o porque su oído está acostumbrado solo al castellano neutro de los telediarios, que parece diseñado para no ofender a nadie y, paradójicamente, ofende a muchos. Subtitular el habla andaluza es tratarla como si fuera catalán, euskera o gallego oficializado, pero sin el respaldo institucional ni el respeto que se les concede a estos. Es decir: folclore pintoresco que necesita traducción para la gente “normal”.


Detrás de esta anécdota ridícula late un prejuicio profundo. El andaluz lleva décadas asociado a la risa fácil, al chiste barato, al “¡ole tú!” de la copla y la feria. Cuando un andaluz triunfa en Madrid o Barcelona, se celebra su “gracia”, pero rara vez su inteligencia o su rigor. Si habla con su acento natural, corre el riesgo de que lo subtitulen como a un indígena en un documental antropológico. Chari Peña expresaba emoción, orgullo y autenticidad y no hablaba precisamente en lunfardo ni en jerigonza.


Recuerdo cuando en los 80 y 90, en los platós de Madrid, miraban con condescendencia a los reporteros del sur. “Habla más claro, que no te entendemos”, soltaban con sorna. Hoy persiste la misma mirada en la mayoría de los medios. En el documental al que nos estamos refiriendo,TVE hizo el ridículo subtitulando la manera de hablar de millones de españoles ¿Subtitulan a los extremeños, a los murcianos o a los canarios cuando su acento se cierra? ¿O solo al andaluz, porque es el que más molesta? No volverá a ocurrir, ha asegurado José Pablo López, presidente de la Corporación y andaluz de Sayalonga (Málaga), durante su intervención este jueves en el Senado. No me cabe duda,


La cuestión es política y cultural más que lingüística. Subtitular el andaluz es una forma sutil de inferiorizarlo, es recordar que el poder cultural sigue radicado en el centro y que, desde allí, se dictan las normas de lo que es “correcto”. Andalucía, con su historia de marginación y su capacidad de resiliencia, vuelve a ser el chivo expiatorio perfecto para distraer de problemas reales como la precariedad laboral, el paro estructural, la fuga de talento o la imagen estereotipada que aún vendemos fuera.


No pedimos que nos hablen como en un seminario de la RAE. Pedimos respeto. El andaluz es patrimonio vivo, herramienta de identidad y expresión de un pueblo que ha dado a España más de lo que ha recibido. Que una madre emocionada en un documental tenga que llevar subtítulos mientras su hijo, futbolista de élite, no los necesita, dice mucho de las contradicciones de este país. Unos son carne de subtítulo, otros son imagen de marca.


Es hora de acabar con esta tontería. El andaluz se entiende perfectamente. Quien no lo entienda, que afine el oído o que reconozca su propio provincianismo disfrazado de neutralidad. Y que los medios de Madrid DF dejen de tratar a los andaluces, en su propia casa, como personajes exóticos ¿Es grave subtitular el habla andaluza? Puede que no pero patético, desde luego, mucho. 


J.T.

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