domingo, 24 de mayo de 2026

El secuestro de la película “Rocío” de Fernando Ruiz Vergara. Un escándalo olvidado


La película Rocío (1980) fue secuestrada en plena democracia. Su autor, Fernando Ruiz Vergara, pagó con la censura, la ruina económica, el exilio y un final solitario en una residencia portuguesa haberse atrevido a tocar el tema como lo hizo. Como apenas se conoce esta historia, por eso este lunes en que los almonteños andan por las marismas y por la ermita saltando la verja como locos, he pensado que puede ser un buen día para recordarla. 


Quien piense que la romería del Rocío se limita a ser solo una explosión de fe popular está muy equivocado. Nada más lejos. La célebre romería es un entramado de poder, clase y memoria manipulada que tanto Ana Vila, autora del guión del documental, como Ruiz Vergara en la dirección, quisieron contar al mundo acudiendo allí con sus cámaras un día como hoy de hace casi cincuenta años. Se limitaron a mezclarse con la gente y a rodar todo lo que veían sin dejarse atrapar por el síndrome de Estocolmo que parecen padecer la mayoría de periodistas y cronistas que por estos días suelen andar por allí. Nada que ver con el histórico documental en el que Ana y Fernando nos explican cómo los poderes eclesiásticos, económicos y políticos acabaron apropiándose de la romería del Rocío, en sus comienzos ligada a la expresión popular, hasta convertirla en lo que es hoy. Juerga, sexo, alcohol y un histérico fervor religioso al que unos llaman devoción y otros superchería. 


Además de exponer todo esto de manera descarnada, el trabajo de campo que hicieron y sus conversaciones con los lugareños llevaron a Ruiz Vergara y a Vila a descubrir nexos históricos con la represión franquista en Almonte. Recogieron testimonios donde se contaba cómo al llegar la República, aunque en ningún momento se puso en cuestión la celebración de la romería, algunos almonteños retiraron del ayuntamiento un azulejo con la imagen del Rocío en cumplimiento de la legislación laica vigente. Los poderosos y los rancios del lugar lo consideraron una ofensa intolerable y cuando llegó el golpe de estado del 36 promovieron una revancha ejecutada por falangistas, miembros a su vez de la hermandad matriz de Almonte. Con la medalla del Rocío al cuello algunos, y a la luz de los faros de un camión, fusilaron en la noche a un centenar de paisanos algunos de cuyos cadáveres todavía andan buscando a día de hoy. Algún entrevistado señalaba con nombre y apellidos a responsables concretos de aquella masacre y todo esto aparece en el documental. 


Nunca se lo perdonaron. Fue la primera película que, ya con la Constitución del 78 en vigor, acabó secuestrada judicialmente. Solo sucedió algo similar con “El crimen de Cuenca”, de Pilar Miró, un caso que sí tuvo mayor repercusión. Menos mal que estábamos en los años de la llamada Transición. Hubo juicio y Ruiz Vergara decidió asumir toda la responsabilidad para exculpar a sus colaboradores y entrevistados. Fue condenado a dos meses de arresto, una multa de cincuenta mil pesetas y una indemnización descomunal de diez millones. Sucedía esto en 1984, fíjese el lector bien en la fecha: 1984, cuando el Partido Socialista de Felipe González y compañía llevaba ya más de un año en el poder. No hubo piedad, el Tribunal Supremo ratificó la sentencia. 


Fernando Ruiz Vergara terminó sus días en Portugal, lejos del ruido y de cualquier tipo de reconocimiento. No hubo nunca reparación ni restitución pública alguna. Apenas algún homenaje tardío y el trabajo de personas como José Luis Tirado, que en otro documental titulado El caso Rocío reconstruyó en 2013 la magnitud de aquella injusticia y la soledad final de un hombre derrotado. Es desalentador imaginar a Ruiz Vergara acabando sus días en una residencia portuguesa mientras tanto mediocre que no molesta nunca a nadie acaba condecorado por cualquier tontería a las primeras de cambio.


La romería del Rocío continúa siendo, a día de hoy, un territorio blindado para el pensamiento crítico. No hay problema si lo que se quiere es hablar de su impacto económico, de sus trajes o de la cantidad de famosos y famosas que “peregrinan” allí cada año. Pero sigue costando horrores analizar qué representa social y políticamente esa fiesta gigantesca, qué relación mantiene con determinadas estructuras de poder andaluzas o cómo conviven en ella el desmadre y eso que llaman devoción. Todo eso fue lo que Ruiz Vergara retrató con una claridad que jamás se ha vuelto a hacer. Este lunes 25 de mayo, en el que cientos de miles de peregrinos conviven apiñados entre la aldea y las marismas, invito al lector a que anote el nombre del documental y lo vea cuando pueda. Rocío se encuentra en youtube y es de libre acceso. 


Produce vértigo imaginar qué ocurriría si esta película se hubiera estrenado a día de hoy por primera vez. Probablemente estaría siendo víctima de furibundas campañas de linchamiento digital, denuncias organizadas y encendidas soflamas proferidas por histéricos tertulianos televisivos exigiendo su cancelación. Pero al menos existirían espacios, aunque fueran pocos, donde defenderla. En 1980 apenas había refugio para quien osaba meterse en según qué charcos. Estamos en deuda con Ruiz Vergara. Casi cinco décadas después, la romería del Rocío sigue siendo lo que era, pero corregido y aumentado. Alguien tendría que atreverse y volver a contar (con imágenes, claro) lo que realmente pasa allí.


J.T.


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