Quizá lo más interesante de los resultados electorales en Andalucía haya sido que casi nadie pudo lanzar las campanas al vuelo anoche, ni siquiera quienes comparecieron exultantes. Hubo poco champán y mucha prudencia; hicieron bien. A pesar de haber conseguido 53 escaños, Moreno Bonilla se queda a dos de la mayoría absoluta y dependerá de Vox para gobernar. El PP pierde fuelle pues, Vox posee la llave con 15 diputados, uno más de los que tenía antes; el PSOE toca fondo histórico con 28 (dos menos que hace cuatro años, a pesar de obtener sesenta mil votos más y la coalición Por Andalucía, encabezada por Antonio Maíllo, conserva de milagro los 5 asientos que ya tenía. Ni sube ni baja. En cambio, Adelante Andalucía, liderada por José Ignacio García, ha pasado de 2 a 8 escaños tras una buena campaña con mensajes rupturistas y alegres que está visto que calaron
El PP ganó, es cierto, pero la pelota de la mayoría absoluta pasó rozando el larguero y no entró. Moreno Bonilla había jugado con fuego cuando decidió apelar al voto del miedo. “Como no me ayudéis a sacar 55 diputados mínimo, será un problema”, vino a decir más o menos.
- ¿Queréis que no tengamos que depender de nadie o queréis lío?, inquirió como si se tratase de un plebiscito.
- Lío, lío, queremos lío!, decidieron los electores a quienes, visto lo visto, el desafío debió ponerles cachondos.
En el PSOE, por su parte, no estaban los pobres para bromas. Los resultados fueron tan tristes como la campaña de una María Jesús Montero a quien le hemos conocido mejores momentos. Los socialistas andaluces continúan su implacable viaje hacia la decadencia. Ni el otrora eficaz aparato del partido, ni disponer de una agrupación en cada pueblo acaba de servirles para levantar cabeza. Pierden por desgaste, por desmovilización, por ausencia… ¿quizás porque no dejan de pelearse entre ellos?
Por lo que respecta a Vox, los ultras tampoco están en condiciones de sacar mucho pecho, por muy determinantes que sean, o que se crean que son. No pueden tensar demasiado la cuerda a la hora de los pactos porque continúan siendo más perro ladrador que mordedor por mucho que incordien y descabalen. Como en Extremadura, Aragón o Castilla y León, continúan con su papel de mosca cojonera, con su viaje a ninguna parte repitiendo como papagayos “prioridad nacional”. Si Moreno acaba tragando y gobernando con ellos, Núñez Feijóo puede despedirse de ser presidente el año que viene. Igual es verdad que no quiere.
En cuanto a Adelante Andalucía, está claro que fue el equipo revelación de la jornada. Consiguió más de cuatrocientos mil votos, por encima del doble de los obtenidos en la legislatura anterior, y cuadruplicó sus escaños, de 2 a 8. Pero José Ignacio García prefirió ser cauto y bajar el balón al suelo cuando compareció: “De momento no lo hemos conseguido”, comenzó. Imagino que sabe de sobra que más de la mitad de los votos nuevos que ha obtenido su formación proceden de gente de Podemos cabreada una vez más con la humillación a la que Izquierda Unida y Sumar han vuelto a someter a los suyos quienes, al aceptar ser incluidos en las listas de Por Andalucía como estos quisieron, han acabado desapareciendo del Parlamento andaluz.
La patada que IU le dio a Podemos tras la excelente campaña de Irene de Miguel en Extremadura fue, posiblemente, una de las mayores torpezas estratégicas de la formación en mucho tiempo. En Aragón, en Castilla y León (con sus singularidades) y ahora en Andalucía, la historia se repite: Sumar no acaba de aceptar que está ya muerta y en Izquierda Unida, los pocos que aún pillan cacho no están dispuestos a soltar ni sillones ni prebendas. Una miseria, pero con que les llegue para ellos, basta. Ruina pura, bochornoso espectáculo al que las derechas asisten con indisimulada complacencia.
Ayer pareció quedar claro que hay mucha gente, nuevos votantes también, con ganas de votar izquierda. Pero ¿a quién van a poder votar cuando lleguen las municipales y las generales del año que viene? Para entonces, más les vale a todos los partidos estudiar con lupa los resultados de este domingo pasado. Las elecciones andaluzas nunca han sido unos comicios autonómicos cualesquiera y así ha quedado demostrado este 17M una vez más. Traerán cola.
J.T.

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