domingo, 10 de mayo de 2026

45 años del "caso Almería"

Lo voy a contar una vez más, ahora que se cumplen 45 años de aquel crimen imperdonable. Un joven almeriense que trabajaba en Santander llamado Juan Mañas decidió acudir en mayo de 1981 a la celebración de la primera comunión de su hermano pequeño, y aprovechó la ocasión para invitar a dos de sus amigos a conocer la tierra donde nació. 


Mientras atravesaban en coche la península de norte a sur, en Madrid tres militares mueren tras sufrir un atentado en la calle Conde de Peñalver esquina Goya. En algún lugar, alguien decidió que las caras de dos de los presuntos autores que aparecían en los periódicos ilustrando la noticia eran idénticas a las de dos de los tres jóvenes que viajaban de Santander a Almería. Ya en su tierra, Juan apenas tuvo tiempo de presentar la familia a sus amigos, Luis Cobo y Luis Montero, y dar una vuelta con ellos porque la guardia civil no tardó en detenerlos. Al poco tiempo, en el desierto de Tabernas-Gérgal y cercano a una carretera, apareció carbonizado el coche en el que llegaron a Almería con los cuerpos de los tres jóvenes destrozados y prácticamente irreconocibles. 


El teniente coronel Castillo Quero, que así se llamaba el jefe de la Comandancia provincial, y sus hombres declararon que cuando se proponían trasladar a Madrid a los tres detenidos, al poco de iniciar el viaje se vieron obligados a disparar a las ruedas del coche para que estos no escaparan; el automóvil cayó por un terraplén y, tras incendiarse, los tres murieron sin que ellos pudieran hacer nada por salvarlos. La explicación no podía ser más burda para un asunto tan espantoso. 


Una patata caliente más para el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) en aquella primavera de 1981, año que ya venía de por sí bastante cargadito: en enero había dimitido Adolfo Suárez, al mes siguiente tuvo lugar el intento de golpe de Estado en el Congreso de los Diputados (23F); poco después el Banco Central de Barcelona fue asaltado por un grupo armado que, tras encerrarse con casi trescientos rehenes, pedía la liberación de Tejero y de varios golpistas más; además, una intoxicación masiva producida por el consumo de aceite de colza causó la muerte de trescientas personas y afectó, con graves secuelas en algunos casos, a más de veinte mil…


Cuando Juan José Rosón, ministro del Interior, se vio obligado a comparecer para explicar qué demonios había pasado en Almería, lo calificó de “trágico error” y se quedó tan pancho. Costó mucho trabajo que la cosa no quedara ahí, dado que los intentos por correr un tupido velo desde instancias oficiales fueron muchos. Darío Fernández, el abogado que se hizo cargo del caso en nombre de las familias de las víctimas (consiguió que al teniente coronel y a dos de sus hombres se les condenara por tres delitos de homicidio) fue sometido a todo tipo de presiones y amenazas durante el tiempo que duró la instrucción del caso. 


Aunque los jueces denegaron la reconstrucción de los hechos, en la sentencia quedó probado que “el teniente coronel Castillo y sus hombres torturaron hasta la muerte a los tres detenidos en un cuartel abandonado llamado Casasfuertes y que posteriormente, y con el fin de intentar eliminar evidencias, despeñaron su vehículo por un terraplén, le dispararon numerosas veces y le prendieron fuego”.


Imagínense la sensación de impotencia de las familias de Cobo, Montero y Mañas. Durante un tiempo se llegó a insinuar que, aunque había sido un error, se trataba de delincuentes comunes. Cuando faltaban solo unos meses para que el PSOE llegara al poder, se intentó organizar un festival para recaudar fondos con los que ayudar a pagar los gastos judiciales. Entre otros, iban a actuar Paco Ibáñez y Carlos Cano, pero el gobernador civil de Almería prohibió el concierto. Así estaban las cosas en España cuando hacía ya casi siete años que había muerto Franco y la celebrada Transición estaba a punto de acabarse. 


Hasta 1999 no supimos que los tres condenados -por homicidio, que no por asesinato- estuvieron cobrando durante años con cargo a los fondos reservados. Y hasta enero de 2023, es decir, hasta hace solo tres años, a las familias no se les pidió nunca perdón. Les pedimos perdón “desde el corazón del Estado”, les dijo el secretario de Estado de Memoria Democrática tras entregarles tres diplomas de reparación en una acto celebrado en la Subdelegación del Gobierno de Almería. “No cabe justificación”, añadió la directora general de la Guardia Civil, “aquellos terribles hechos no deberían haberse producido jamás”“Demasiado tarde”, comentó Francisco, el hermano de Juan Mañas que iba a celebrar su primera comunión aquel 10 de mayo de 1981 y que ya cuenta cincuenta y cinco. 


Desde luego, es demasiado tarde para casi todo, pero no para luchar contra el olvido. En el lugar del crimen, un pequeño monumento recuerda lo sucedido, como lo hace también la película que Pedro Costa Musté dedicó al caso (protagonizada por Iñaki Miramón, Juan Echanove y Antonio Banderas, que se puede ver en Filmin), o los libros de Antonio Ramos Espejo, “Mil kilómetros al sur” y “Abierto para la historia”. 

Abierto sigue, dado que aquel juicio cerrado en falso (entre otras razones porque en los hechos participaron once guardias civiles y solo fueron juzgados tres) acabó –técnicamente- con la posibilidad de que algún día pueda saberse la verdad de lo que ocurrió y por qué ocurrió. Por eso este 10 de mayo, 45 años después, lo vuelvo a contar. Lo seguiré contando.


J.T.

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