La noticia en tiempo real en televisión, sin la tiranía ni en el encorsetamiento de los telediarios de media hora dos o tres veces al día y punto. Eso fue lo que inventó Ted Turner cuando fundó la CNN (Cable Nes Network). Un canal por cable pensado para ofrecer actualidad a sus abonados las veinticuatro horas del día. El principio fundacional era “democratizar el acceso a la información mediante un servicio de noticias las 24 horas del día que uniera al mundo a través de la verdad y de la paz”. Claro que una cosa son las declaraciones de intenciones y otra muy distinta la realidad, porque en los conflictos internacionales la CNN pocas veces cuestionó la postura oficial de los Estados Unidos.
Aún así, en la década de los 80, yo me quedaba enganchado en la habitación del hotel cuando me tocaba viajar a los Estados Unidos por razones de trabajo. “Te garantizan imágenes de cualquier cosa que ocurra en cualquier lugar del mundo en menos de cuatro horas”, me contaban los colegas americanos. “Y retransmiten en directo ruedas de prensa enteras”, añadían. En aquel momento, aquello suponía toda una revolución ¡Cómo me gustaría trabajar en una televisión así!, pensé. No era la inmediatez de la radio, tampoco la velocidad de transmisión de una foto, pero ya no había que esperar un día o varios para ver imágenes en movimiento de lo que estaba ocurriendo en el mundo, fuera donde fuera.
A finales de los 90 Jesús de Polanco, presidente de Canal+, decidió asociarse con Ted Turner para implantar en España una versión de CNN a la que llamarían CNN+. Cuando me telefonearon para ofrecerme la delegación en Andalucía del canal, vi por fin mi sueño cumplido y así dieron comienzo doce años inolvidables en mi carrera periodística. “Está pasando, lo estás viendo”, proclamaba el lema escogido para promocionar la cadena. No siempre era posible, pero al menos la intención era buena. El 27 de enero de 1999 salíamos al aire felices de participar en una experiencia profesional de aquella envergadura.
Trabajábamos con rigor y con voluntad de servicio público en un mercado privado, apostábamos por la información seria, por el análisis, por no tratar al espectador como si fuera menor de edad. Se lo debemos a Polanco, pero también a Ted Turner, fallecido el pasado miércoles 6 de mayo a los 87 años, casi 46 después de la fundación de su buque insignia mediático en Atlanta, lejos de los despachos neoyorquinos, con un equipo joven, apostando por la tecnología por satélite cuando pocos creían en ella. Turner rompió el monopolio de las tres grandes cadenas americanas y creó un modelo que después replicarían Fox, MSNBC y cientos de emisoras en todo el planeta.
En España, la muerte de Polanco en 2007 derivó en una serie de nefastas decisiones empresariales que supusieron el comienzo de la cuesta abajo de Prisa y Sogecable, lo que significaba una seria amenaza para la supervivencia de CNN+. Ahí Turner no tenía potestad para intervenir, así que no pudo evitar que nos vendieran a Mediaset junto con Cuatro Televisión y que en pocas semanas Silvio Berlusconi acabara con nuestros puestos de trabajo. El final fue cruel y obsceno. Al nuevo propietario solo le interesaba Cuatro y eligió la noche del 28 de diciembre de 2010, día de los Inocentes, para cerrarnos para siempre sin contemplación alguna. Le debió parecer poca humillación al italiano, porque nada más decir adiós a los espectadores desde nuestro plató de informativos, solo décimas de segundo después, apareció en pantalla el indicativo de “Gran Hermano 24 horas”. El simbolismo no podía ser más brutal ni más triste: pasaron del periodismo a la telerrealidad más grosera en cuestión de segundos.
Quince años más tarde, Ted Turner ha muerto cuando su proyecto original navega también por aguas turbulentas. Su CNN ya no es lo que era, tras haber sufrido en los últimos tiempos cambios de rumbo editoriales, la competencia feroz de redes sociales y plataformas y la degeneración de la política y el periodismo entre bulos, fake news y mentiras que el propio presidente estadounidense se encarga de alentar y promover. Así las cosas, la cadena que revolucionó la manera de hacer periodismo audiovisual enfrenta ahora su propia crisis de identidad. El fallecimiento de su fundador coincide con el momento de mayor vulnerabilidad de su legado. La CNN original lucha estos días para no ser engullida por el entretenimiento barato y la polarización extrema que todo lo infecta. Con Donald Trump en el poder, no creo que lo consiga.
En palabras de Guillermo Fesser, “la corrupción de la administración (que se hace a cara descubierta y sin ningún rubor) va a permitir que se quede con la cadena el hijo del fundador de Oracle, Larry Ellison, un multibillinario de la cuerda del presidente. Desde que en 2025 –añade Fesser-, el joven David se declarara fiel creyente y seguidor de la política de Trump y del Israel de Netanyahu, este se propone convertir su plataforma mediática en un altavoz del populismo ultra conservador.” Lo que hicieron con CNN+ en 2010 fue una humillación, sí, pero lo de la CNN matriz, si finalmente se consuma, supondrá una afrenta incalificable.
J.T.

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